07 - 12 - 2025
DOMINGO II DE ADVIENTO.
(MT. 3, 1-12.)
... Convertíos, está cerca el Reino de los cielos.
Estamos en tiempo de espera, de expectación. En este tiempo, la Iglesia pone ante nosotros textos que nos invitan a preparar una llegada, a celebrar el acontecimiento más anhelado de la historia: la venida de Dios, encarnándose en nuestra mísera condición humana. ¿Nos parece pequeño el hecho de que Dios mismo, se haga hombre?.
En el Evangelio de S. Mateo, de este 2º domingo del Adviento y de la mano de S. Juan Bautista, se nos habla de la conversión, pero, ¿OUÉ ES LA CONVERSIÓN?
La conversión es un cambio profundo de la mente y del corazón. El que se convierte se da cuenta de que algo debe cambiar en su vida, y se decide a cambiar.
La conversión a Dios, incluye apartar todo lo que aleje de Dios; obviamente, esto exige que se dé primero un arrepentimiento del pecado: Por el pecado original, la naturaleza humana ha quedado debilitada y herida en sus fuerzas naturales. No obstante, esta inclinación al mal, que todo hombre posee, se acentúa con los pecados personales y con la influencia de ambientes nada recomendables.
Convertirse es, en definitiva, cambiar de actitud, desandar el camino andado, es una vuelta a Dios, del que nos apartamos por la mala conducta, por las malas obras, por nuestras omisiones, etc. Esa vuelta a Dios, que es fruto del amor, incluirá también una nueva actitud hacia el prójimo, que también ha de ser amado.Visto así, parece una tarea de titanes, pero no hay nada como ponerse "a ello", para descubrir: primero, que no es tan difícil, y segundo, que no estamos solos, se trata de ponernos en sus manos con la confianza del niño y decir: "Señor, quiero hacer, y dar frutos de conversión", pero decírselo en serio y ponerse manos a la obra.
Precisamente, lo que Juan critica en los que se acercan a ser bautizados, es su pasividad, su no hacer nada para cambiar, el creerse "alguien", por ser descendientes de Abraham.
Nuestro mayor error sería creernos a resguardo, o eximidos de cualquier esfuerzo por ser cristianos. Nada más lejos de la realidad, se trata de preparar el extraordinario acontecimiento de la Navidad. Y "preparar" supone trabajo, renuncias, sacrificio, entrega de nuestro tiempo, dedicación etc. ¿Acaso no lo vemos así, cuando se trata de cualquier otra "preparación" que merece la pena, y en la que participemos?.
Pues, preparar la venida del Señor MERECE LA PENA, y encima va en ello nuestra felicidad.
Amigos: ¡adelante! Con esperanza e ilusión, vamos ha realizar el mejor Adviento de nuestras vidas.