Esdras.

1. La Vuelta de los Primeros Cautivos (C.1-6).

El libro de Esdras puede dividirse en dos grandes partes: i) Regreso de la cautividad de Babilonia

(c.1-6). 2) Ministerio de Esdras (c.7-10). En la primera, después de señalar la esplendidez del

1275

rey, refiere el autor la constitución de la primera caravana bajo el liderazgo de Zorobabel (Sesbasar),

señala las familias que componían este primer contingente de repatriados y cuenta las incidencias

que acompañaron y siguieron a la empresa de restaurar el altar de los holocaustos, el

templo de Jerusalén y su dedicación.

Una coyuntura providencial (1:1-4).

1El año primero de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliese la palabra de Yahvé

por boca de Jeremías, profeta, excitó Yahvé el espíritu de Ciro, rey de Persia, que

hizo pregonar de palabra y por escrito por todo su reino: 2 “Así dice Ciro, rey de

Persia: Yahvé, Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha

mandado que le edifique casa en Jerusalén en Judá. 3¿Quién hay entre vosotros de

todo su pueblo? Sea Dios con él y suba a Jerusalén, que está en Judá, y edifique la

casa a Yahvé, Dios de Israel; El es el Dios que está en Jerusalén. 4Y en todo lugar

donde habiten restos del pueblo de Yahvé, ayúdenles las gentes del lugar con plata,

oro, utensilios y ganados, con dones voluntarios para la casa de Yahvé, que está en

Jerusalén.”

Empieza el libro por señalar la fecha del decreto real que abría a los judíos la esperanza de volver

a su patria. Su autor pone de relieve que este edicto se publicó “para que se cumpliese la palabra

de Yahvé por boca de Jeremías profeta,” e indica en líneas generales su contenido.

De Rey Vasallo a Monarca Soberano.

Cuando los judíos partieron para el exilio (2 Re 25:21), todo el Próximo Oriente, desde las fronteras

de Egipto hasta el Indo, se hallaba bajo el dominio de los dos grandes imperios de Babilonia

y de la Media. El rey de la Media, Ciaxares, que había contribuido eficazmente a la desaparición

del imperio asirio (614-612 a.C.), reinaba en Ecbatana sobre un vasto territorio. Sucedióle

su hijo Astiages (583-553), indolente y vicioso, que perdió el imperio en lucha contra un rey vasallo

que, a partir del año 550, fue llamado “rey de Persia.” En efecto, dentro del gran imperio

medo existían algunas tribus sobre las cuales ejercía el rey un dominio indirecto, a través de algunos

príncipes dependientes, en más o menos grado, de Ecbatana. Una de tales tribus era la de

los Pasargades, a la cual pertenecía la poderosa familia de los Aqueménidas. El primer rey de la

misma fue Teispés, hijo del legendario Aquemenes, quien, después de ocupar el territorio de

Elam en guerra contra Asurbaní-pal (Jer 25:25; 49:35-39; Ez 32:24), proclamóse rey de Anzán.

Le sucedieron Ciro I, Cambises y el gran Ciro, que subió al trono el año 559. El humilde rey de

Anzan, como se le califica en la crónica de Nabónides (Pritchard, 305), correspondiente al sexto

año del reinado de este monarca (550 a.C.), se convirtió, tres años después, en “rey de Persia,”

según testimonio de la misma crónica.

El rey medo Astiages quiso castigar la insolencia del rey vasallo, pero fue vencido en Pasargades

el año 550 y entregado por sus mismas tropas a Ciro 1. Diez años más tarde, aprovechando

Ciro el momento de reinar en Babilonia el débil y enfermizo Nabónides (555-539) dirigió

sus tropas contra aquel imperio, que cayó definitivamente en sus manos con la rendición de la

capital a las tropas persas al mando del general babilonio, desertor, Gubaru (Gobrias), el 16 del

mes tishri (septiembre-octubre) del año 539. Ciro quedó entonces dueño de un vasto imperio que

se extendía desde el Mediterráneo hasta las primeras estribaciones del Himalaya.

1276

1 A este hecho se refiere el texto del gran cilindro de Sippar, año 553, diciendo: “Los dioses suscitaron contra

él (Astiages) a Ciro, rey del país de Anzán, vasallo suyo. Con poca tropas deshizo el formidable

ejército de los medos e hizo prisionero a Astiages” (T Chard, l.c.).

2 Dice allí Ciro que Marduk “buscó un príncipe recto conforme a los deseos de su corazón” y escogió a Ciro,

rey de Anzán, “llamándole al gobierno del mundo. Marduk, el gran señor, protector de su pueblo,

miró con complacencia sus obras pías y su corazón recto. Le ordenó marchara sobre Babilonia, y marchó

él mismo a su lado, como amigo y camarada.” Hizo Marduk que Ciro “entrara en Babilonia, su ciudad,

sin batalla ni combate, preserván-dola^de disturbios. Entregó a Nabónides en sus manos, al rey que

no lo honraba. Cuando entré pacíficamente en Babilonia. Marduk, el gran señor, inclinó el noble corazón

de los hilos de Babilonia hacia mí, en tanto que yo, todos los días, tenía cuidado de venerarlo. Por

mi obra regocijóse Marduk, el gran señor, que me colmó de favores a mí, el rey que lo adora, y Cambises,

mi hijo, salido de mi carne, y a todas mis tropas. Con mucho agrado exaltamos” su divinidad. Pero

no sólo Marduk, dios de Babilonia, sino todos los otros dioses encontraron en Ciro su gran protector. “A

todos los dioses de Sumer y Akkad que Nabónides, con olera del dios de los cielos, había reunido en

Babilonia, hice, por encargo de Marduk, [ue encontraran en sus santuarios una mansión agradable a su

corazón. Que todos los dioses que yo devolví a sus ciudades hablen cotidianamente a Bel y a Nabu de

alargar mi vida, y que digan a mi señor Marduk: De Ciro, el rey que te teme, y de Cambises, su hijo.”

(Ρκιτ-, 3I5-3I6).

Política religiosa de Ciro.

Al revés de los soberanos de Babilonia y de Asiría, Ciro adoptó una política de apaciguamiento,

tolerancia y respeto hacia los pueblos vencidos. Hombre religioso, reconocía a

Ahura Mazda como dios “superior a todos los otros dioses, creador de los cielos y de la tierra,

que creó a los hombres, a los que dio su bendición” (Pritchard, 317). Pero cabe a este dios supremo

reconocía a otros dioses secundarios que le habían sido propicios en sus conquistas y le

habían abierto las puertas de las ciudades en las que eran ellos venerados. De ahí que su habilidad

política le llevara a respetar los santuarios de los diversos dioses de los países conquistados;

a contribuir a su reconstrucción en caso de haber sido damnificados por la guerra y a embellecerlos

en el supuesto de encontrarse en estado de dejadez y abandono. A todos los pueblos se les

concedía libertad de culto, presentándose a cada pueblo como servidor y enviado del dios local.

De esta manera quiso Ciro probar que era él el bienhechor y padre de todos los pueblos. De

su política de tolerancia religiosa existe una prueba en el cilindro de Rassam 2.

Por estos textos profanos aparece el celo de Ciro por reconstruir los templos y asegurar el

culto de los dioses de todos los países de su vasto imperio. Con ello creía él granjearse no solamente

el favor de las distintas divinidades, sino de los pueblos que las consideraban como dioses

propios suyos. De ahí que el autor del cilindro arriba mencionado considere a Ciro como soberano

providencial enviado por Marduk.

También Isaías celebra en términos parecidos la elección de Ciro por parte de Yahvé:

“Yo le he suscitado del septentrión, y ya llega, llamado por su nombre, del lado del levante” (Is

41:25).

“Yo digo a Ciro: Tú eres mi pastor, y él hará lo que yo quiera. Yo digo a Jerusalén que

será reedificada y que su templo será reconstruido” (Is 44:28; 45:1-4). De la manera de comportarse

Ciro con los países vencidos se explica satisfactoriamente el hecho de que autorizara oficialmente

a los judíos el regreso a su patria y la reconstrucción en Jerusalén del templo dedicado

a su dios nacional. No es creíble que, dada su amplitud de miras religiosas para los pueblos paganos,

hiciera una excepción para el pueblo judío y su Dios.

1277

El Año Primero de Ciro.

Al autor del libro no importan los veinte años que precedieron a la toma de Babilonia, por

no tener relación directa con la historia del pueblo de Israel. Sólo con la caída de Babilonia a

principios de otoño del año 539 pasaron los israelitas a ser subditos del soberano persa. De ahí

que, para el cronista, “el año primero de Ciro” corresponde al que sigue inmediatamente a la ruina

del imperio babilónico, empezando en el mes de Nisán (marzo-abril) del año 538.

Dios tiene en sus manos las riendas de la historia y dispone los acontecimientos como le

place (Is 44:24; 48:1-16; 52:1-11). Como hemos visto en los textos de Isaías (41:25; 44:28), fue

Yahvé quien suscitó a Ciro y el que le empujó a conceder la libertad a los judíos. Al inspirarle

que publicara un decreto de libertad en favor de los judíos, quiso Dios que se “cumpliese la palabra

de Yahvé por boca de Jeremías.Los profetas hablaban lo que Dios les comunicaba.

Los oráculos de los profetas debían realizarse necesariamente, por cuanto era Dios, que se servía

de ellos como de meros instrumentos para manifestarse a los hombres.

Profecía de Jeremías.

Desde el año 605 había anunciado Jeremías: “Que (Dios) hacía desaparecer de Israel los

cantos de alegría, las voces de gozo, el canto del esposo y el canto de la esposa, el ruido de la

muela y el resplandor de las antorchas. Toda esta tierra será desierto y desolación y servirán entre

los pueblos setenta años” (25:10-11). Al cabo de los mismos pedirá Dios cuentas al rey de

Babilonia. Entonces, al cumplirse el plazo señalado, “yo os visitaré y cumpliré la promesa de

traeros a este lugar” (29:10). Según estos textos, el imperio babilónico, fundado por Nabucodonosor,

se mantendrá en pie unos setenta años, al término de los cuales dejará de existir, coincidiendo

su ocaso con la libertad de los judíos cautivos.

Presenta cierta dificultad esta fecha de los setenta años, por desconocerse el término a

quo de la misma. Dos fechas señalan el principio y fin del exilio: 587 y 537 a.C. No parece que

Jeremías cuente los años a partir de la primera de las mencionadas fechas, sino a partir del año en

que anunció el oráculo. En efecto, en 605 a.C. pronunciaba el oráculo contenido en 25:11-12, y

en aquella fecha habíanse puesto los antecedentes que desembocarían en la deportación definitiva

del año 587. Jeremías pronunció su famosa profecía el año cuarto del rey Joaquín, es decir,

hacia el 606. Con este cómputo tenemos que entre 606 hasta 537 median sesenta y nueve años.

Como de costumbre, los profetas suelen emplear números redondos, ejemplo que siguió Jeremías

en nuestro caso. El P. Colunga 3 considera el número setenta como simbólico, significando “el

espacio de tiempo de la prueba más grave a que píos sometió a su pueblo” v.363). Según él, desde

el año 605 hasta el 586 fue obra de justicia; de 587 al 539, obra de penitencia; del año 538 al

398, obra de misericordia, que se inicia con el decreto de Ciro y se prolonga hasta la era mesiánica.

Aunque quepan en el texto tales interpretaciones, no vemos la razón por la cual no deba

tomarse el texto en su sentido literal y obvio. El texto masorético no autoriza la sustitución del

profeta Jeremías por Isaías, como pretende Batten.

El Decreto de Ciro.

Refiere Flavio Josefo 4 que los judíos mostraron a Ciro el texto de la profecía de Isaías en

la cual aparecía su nombre, quedando él tan impresionado que promulgó inmediatamente el

decreto de libertad. Sea lo que fuere de esta noticia, el proceder de Ciro para con los judíos

1278

concuerda perfectamente con sus métodos de gobierno. El edicto real, más que obra de Ciro, debe

considerarse como una prueba de que Dios mueve, “despierta” y “excita” el corazón de los

reyes de manera que hagan siempre su voluntad (1 Crón 5:26; 2 Crón 21:16; 36:22; Jer 55:11).

El decreto se formuló de viva voz y por escrito.

Disponían los persas de un servicio de correo bien organizado a base de cursores (aggaroi),

que corrían velozmente a pie o montados en ágiles corceles todo el imperio, proclamando

las órdenes reales o también entregando a los funcionarios públicos y a los particulares cartas,

paquetes, etc. Según se desprende de 6:2-5, una copia del decreto fue depositada en los archivos

reales de Ecbatana. Por una hipérbole muy propia de los orientales, se dice que el decreto fue

pregonado “por todo su reino,” cuando, en realidad, se dirigía únicamente a las autoridades y poblaciones

del antiguo reino de Babilonia, en donde radicaban las colonias judías.

Contenido del decreto.

Ciro se llama a sí mismo “rey de Persia.” Ciro era politeísta; admitía un dios supremo y

trascendente, Ahura Mazda, y cabe a él un ejército de dioses de rango inferior que dominaban

sobre determinadas regiones y pueblos de su vasto imperio. Estos dioses particulares facilitaron a

Ciro la derrota de sus enemigos. El mismo dios de Babilonia, Marduk, cansado y enojado con el

rey Nabónides, llamó a Ciro para que ocupara su trono. Entre los pueblos vasallos de Babilonia

había el pueblo judío que adoraba a su Dios nacional, Yahvé. También Yahvé había contribuido

al triunfo de Ciro; es probable que los judíos de Babilonia se colocaran de lado de los enemigos

de Nabónides y apoyaran la acción de Ciro. Por lo mismo, sin menoscabo del dios Ahura Mazda,

considera a Yahvé como a Dios suyo, “Dios grande, Dios del cielo y de la tierra.” La expresión

“dios de los cielos” aparece en Neh 1:5; 2:4.20 y en los papiros de la isla Elefantina.

No era propiamente Yahvé, en opinión de Ciro, el dios que le entregó “todos los reinos de

la tierra” (Is 45:1), como dice con evidente hipérbole el texto, pero contribuyó, sin duda, a su engrandecimiento

junto con los otros dioses. De ahí que Ciro ensalzara a todos los dioses según

convenía a las circunstancias y pueblos a los que se dirigía. Puede suponerse que el rey se valió

de algún personaje judío para la redacción del decreto que anunciaba su libertad.

A una orden del Dios de los judíos atribuye la voluntad de que “le edifique casa en Jerusalén,

en Judá.” Antiguos comentaristas, siguiendo a Flavio Josefo, creen que, habiendo conocido

Ciro la profecía de Isaías (44:28), quiso cumplir su voluntad con el fin de tenerlo propicio

en lo venidero. Pero puede el texto entenderse en el sentido de que quiso el soberano mostrarse

deferente con los judíos y su Dios, autorizando y contribuyendo a la edificación del templo de

Jerusalén, como había hecho con los dioses de los otros pueblos. Así leemos en su cilindro: “A

los dioses que estaban (en las ciudades en ruinas) hice que se colocaran en su lugar, construyéndoles

una mansión eterna.” Convenía a Ciro tener a los judíos propicios en el caso de que Egipto

atacara al imperio persa por el sudoeste.

Invitación a todo Israel.

Del texto del decreto se colige que Ciro se dirige a todos los judíos. Sabido es que, después

de la muerte de Salomón, el pueblo se dividió en dos reinos: el del Norte y el de Judá.

Los del Norte fueron deportados a Asiría el año 722 por Sargón II; el año 587, los de Judá fueron

conducidos cautivos a Babilonia. Con los triunfos de Ciro, Asiría y Babilonia pasaron a depender

de su autoridad. ¿Quiso referirse a todos los judíos, de uno y otro reino? Acaso no estuviera Ciro

1279

al corriente de las diferencias que dividían al pueblo de Israel; por lo mismo, las palabras “de todo

su pueblo” (micol amo) abarcan a todos los judíos que viven en el imperio persa. Las versiones

griegas han restringido el alcance de esta orden, añadiendo: “y que desean partir.” No se impone

la obligación a los exilados judíos de regresar a su patria. El que se decida a hacerlo contará

con el favor de Dios, por cuanto el motivo principal del regreso a la patria era para reedificar

el templo de Yahvé. Para Ciro, el Dios de Israel, Yahvé, tiene su morada en Jerusalén.

Solidaridad con los judíos repatriados.

“En todo lugar donde habiten restos (nistar) del pueblo de Yahvé,” dice el texto. El término

hebraico que significa resto es de uso muy común en la literatura profética (Is 51:7; 49:13),

y se aplica a los judíos que por su fidelidad al pacto de la alianza se libran de los castigos con

que Dios amenaza a los transgresores del mismo. En nuestro texto se aplica más bien a los sobrevivientes

de los que habían sido deportados a Asiría y Babilonia (Is 10:20-21).

Un viaje a Palestina requería valor y medios económicos. Muchos judíos habíanse enriquecido

en Babilonia y gozaban de una posición económica holgada (Jer 29:5; Ez 3:24; 8:1;

14:1; 33:31); pero otros vivían penosamente de su trabajo. En general fueron estos últimos los

que se aprestaron con más entusiasmo a volver a la patria de sus antepasados. Con el fin de incitarles

a emprender el regreso hace el rey un llamamiento a todos los que conviven con los judíos

a fin de que les ayuden con plata, oro, utensilios y ganados, cosas necesarias tanto para el largo

viaje cuanto para poder rehacer su vida en Judá. Esta colecta en favor de los judíos en vísperas

de su partida recuerda en cierta manera el hecho de la huida de Egipto (Ex 12:35-36). Aquí la

situación es distinta; es el rey mismo quien recomienda la caridad en favor de los judíos repatriados.

Los vecinos (1:6), principalmente los judíos que habitaban en Babilonia (15), mostráronse

generosos. Se recomendaba asimismo a todos hicieran donativos voluntarios (nedabah)

para la casa de Yahvé. El sentido técnico de la palabra hebrea (Lev 22:18) se mantiene en 3:5.

¿Es Auténtico el Decreto de Ciro?

Algunos críticos lo niegan, por las siguientes razones: 1) No se concibe que Ciro diera la

orden de edificar el templo de Jerusalén; a lo más, podía autorizar dicha construcción. 2) No es

creíble que Ciro entregara dinero para la mencionada obra. 3) Se conserva un doble texto del decreto

(1:2-4 y 6:3-5), con notables diferencias. 4) Algunas frases de sabor monoteísta no se explican

en boca de Ciro. 5) El decreto fue redactado en hebreo, lo que parece improbable.

A estas dificultades puede responderse: 1) El verbo mandar equivale en el lenguaje semítico

a permitir, autorizar (Jue 14:6; Mal 1:3-3). Un ejemplo de lo dicho hállase en 5:9, con la

traducción: “¿Quién os ha autorizado la construcción de esta casa?” Tampoco Ciro procede como

déspota ordenando a todos los israelitas que regresen a Jerusalén, sino más bien deja a todos

en libertad. No quiso el texto hacer un parangón entre la huida de Egipto? la vuelta de los sionistas

a su patria. Ciro exhorta a las gentes ciñas a que ayuden a los judíos en esta empresa, que debe

redundar en provecho del mismo rey y de su imperio. Ciro se jactaba de haber restituido a

muchos dioses en sus ciudades, esperando que con ello se mostrarán propicios. Espera que los

favorecidos “pidan todos los días a Bel y Nebo la prolongación de mis días” (Pritchard, 316). Le

convenía a Ciro llevar esta política religiosa como presupuesto indispensable para obtener la

pacificación de todos los pueblos que integraban su imperio. Aun modernamente se dan casos de

1280

que monarcas y jefes de Estado contribuyen económicamente a la ayuda de un culto no estatal

por razones políticas 3) Efectivamente, existen dos textos diferentes del decreto, con sensibles

diferencias. ¿Cuál de los dos es el auténtico? Contra el primero se oponen dos argumentos: a) no

pudo Ciro, politeísta, expresarse con frases que reflejan una mentalidad monoteísta y de formación

judía; b) el decreto no pudo ser redactado en hebreo. En cuanto al primero, se responde que

Ciro era politeísta, pues, además de Ahura Mazda, reconocía como suyos los dioses de los pueblos

sujetos a su dominio, y en el trato con cada uno de ellos se esforzaba para acomodarse al

lenguaje que exigían sus creencias. También Yahvé es Dios de Ciro, y atribuye a una inspiración

suya la idea de levantarle de nuevo su templo.

Modernamente, Bickermann ha defendido vigorosamente la autenticidad del edicto de

Ciro, exponiendo su texto en el sentido de que se trata de una proclamación hecha en hebreo por

heraldos públicos, judíos quizá algunos de ellos. De esta manera se explica el matiz hebraico del

mismo, porque, aunque emanaba de la cancillería real, su contenido fue dado a conocer por oficiales

que pensaban y hablaban hebreo. El texto de 6:3-5 es un memorándum para uso de los oficiales

y funcionarios persas. Pudo el texto original ser redactado en lengua persa o babilónica,

pero, en atención a los judíos, fue dado a conocer en su propia lengua 5.

Ofrecimiento de voluntarios (1:5).

5 Levantáronse entonces los jefes de las familias de Judá y de Benjamín, los sacerdotes

y levitas, y todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios, para subir a edificar la casa

de Yahvé que está en Jerusalén.

No todos los judíos exilados se aprovecharon de la libertad otorgada por Ciro, sino sólo aquellos

a los cuales animó e inspiró Dios. Se señalan en primer lugar los tres grupos o categorías de

voluntarios: los jefes de familia, los sacerdotes y los levitas. Se discute si el texto alude a un

cuarto grupo, al de los laicos, al decir: “y todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios.” Para

unos (Fernández), la frase es restrictiva; para otros señala un cuarto grupo (Bertheau, Pelaia). No

sirven las razones aducidas por este último en el sentido de que, faltando los laicos, daría a entender

el texto que los “laicos” no se prestaron a la invitación de repatriarse, lo que es falso.

Al autor sagrado interesa más bien señalar la conducta de los jefes de la nación, eclesiásticos y

laicos. Entre estos últimos hallamos a “los cabezas de familia,” o de los padres (aboth). Israel

dividíase en tribus, la tribu en parentela, y éstas en familias 6. Los cabezas de familia, de clan o

parentela, de las dos tribus meridionales de Judá y Benjamín dieron ejemplo al levantarse y prepararse

para, emprender el largo camino hacia la patria. Para el autor, el verdadero Israel está

formado por las dos tribus de Judá y de Benjamín (1:5; 4:1 1 Neh 11:4), siendo sospechoso de

sincretismo todo individuo procedente del reino del Norte.

Ayuda a los voluntarios (1:6-8).

6 Todos los que habitaban en derredor suyo les dieron objetos de plata y oro, utensilios,

ganados y cosas preciosas, a más de los dones voluntarios, 7El rey Ciro dovolvió

los utensilios de la casa de Yahvé, que Nabucodonosor había llevado de Jerusalén y

puesto en la casa de sus dioses. 8 Ciro, rey de Persia, hizo que los sacara Miírídates,

tesorero, que se los entregó a Sesbasar, príncipe de Judá.

Porque la empresa de estos valientes parecía arriesgada, las gentes vecinas, tanto indígenas como

judíos, apresuráronse a colmarles de bienes. El texto hebraico dice literalmente: “fortificaron sus

1281

manos” (Jue 9:24; Is 35:3; Neh 2:18), idea que puede traducirse por “los ayudaron,” tanto desde

el punto de vista moral, animándolos y alabando su decisión, como material, entregándoles todo

cuanto necesitaban para el viaje y para rehacer su vida en Jerusalén. El rey mandó que se devolviesen

los utensilios sagrados empleados en la liturgia del templo, que Nabucodonosor había

sustraído (2 Re 24:13-17; 25:13-15) y colocado parte en su palacio (2 Crón 36:7; Dan 5:2-3) y

otra en el templo de sus dioses (Dan 1:2). Jeremías predijo la restitución de estos tesoros (52:17-

23). Encargó al tesorero del templo, Mitrídates (4:7), que los entregara a Sesbasar. Mitrídates es

nombre persa que puede significar “don de Mitra” o “consagrado a Mitra”; era Mitra el dios persa

del sol. El nombre del príncipe de Judá, Sesbasar, es transcrito diversamente, lo que dificulta

el conocimiento de su etimología. ¿Corresponde este nombre al de Senasar que se lee en 1 Crón

3:18? Es indudable su origen babilónico; acaso provenga del babilónico shamash-bal-usur =

Samash protege al hijo.

Utensilios que se devuelven (1:9-11).

9 He aquí la lista de ellos: treinta fuentes de oro, mil fuentes de plata, veintinueve

cuchillos, 10 treinta tazas de oro, cuatrocientas diez tazas de plata y otros mil vasos

del segundo orden. 11 Los objetos de oro y plata eran en número de cinco mil cuatrocientos.

Sesbasar lo llevó todo de Babilonia a Jerusalén a la vuelta de la cautividad.

Hemos traducido por fuentes el término hebraico hagartal, que probablemente querrá designar

un balde, cubo o herrada que servía para las múltiples purificaciones en el templo. El texto

hebreo, así como el de las versiones, no se ha conservado fielmente en lo que se refiere al número

de utensilios. La suma de los mismos en el v.11 no corresponde a la enumeración anterior.

¿Dónde yace el error, en la suma total o en la enumeración parcial? Probablemente en esta última,

como prueban las divergencias entre el texto hebreo y el griego. Pero no está probado que el

v.11 sea la suma de los objetos enumerados anteriormente. Conocida es la facilidad con que el

texto consonantico hebraico se ha prestado a la adulteración de los números. El encargado de llevar

todos estos tesoros a Jerusalén fue Sesbasar.

¿Quién Fue Sesbasar?

Hemos hablado de la etimología del nombre; réstanos ahora averiguar su personalidad.

Muchos autores, católicos y acatólicos, lo identifican con Zorobabel, de que se hablará en el capítulo

siguiente; otros creen que es un personaje distinto. Las razones para la identificación son:

1) Es Sesbasar el encargado de devolver a Jerusalén los tesoros robados al templo; pero Zorobabel

va al frente de los repatriados (2:2). 2) En el año segundo de Darío I (520 a.C.) era Zorobabel

peha de Judea (Ag 1:1); construye él el templo (Esdr 3:8; 5:2; Zac 4:9). Pero también es llamado

peha Sesbasar (Esdr 5:14), y se dice de él que puso los fundamentos del templo (5:16). 3) Sesbasar

es llamado nasi: príncipe de Judá (1:5), título que compete asimismo a Zorobabel por ser hijo

de Pedaya, que lo fuera de Jeconías (1 Crón 3:17-19). 4) Era común en la corte babilónica tener

dos nombres. Así, nuestro personaje pudo llamarse Sesbasar en el trato con los funcionarios gentiles

y Zorobabel al ponerse en contacto con los judíos, a los cuales repugnaba el primer nombre,

teóforo de una divinidad pagana.

No parece que tales razones zanjen la cuestión. En primer lugar, es distinta la misión que

recibe Sesbasar de la que se confía a Zorobabel. Que los dos son personajes distintos con misión

diferente se deduce de 5:14-16, en donde se habla de Sesbasar — acaso sea el mismo Zorobabel

1282

el que habla — en tercera persona, lo que es incomprensible en el caso de ser él Zorobabel. En

segundo lugar, del hecho que fuera Zorobabel peha en tiempos del profeta Ageo (520 a.C.) no se

deduce que lo fuera en 537, esto es, en tiempos de la primera caravana de repatriados. Pero aún

es probable que Sesbasar fuera el primer gobernador de Judea, siendo reemplazado más tarde por

Zorobabel. En 5:14-16 se habla de Sesbasar, como persona ausente. Fue él el primer alto comisario

del poder central, encargado de transportar el material cultual y de reedificar el templo. Al

tercer argumento cabe oponer que el título de príncipe (nasi) no prueba que descendiera de familia

real. Con el mencionado título se alude al poder político que ejercía Sesbasar (Ez 30:13; Jer

34:2). Era Sesbasar príncipe de Judá por nombramiento real, mientras que Zorobabel lo era de

nacimiento (3:2-8; 4:23; 5:2; Neh 12:1; Ag 1:1-12; 2:2-23). No cabe duda que un mismo personaje

llevaba a veces dos nombres (Dan 1:6; 2 Re 15:19), pero la dificultad radica en que un príncipe

de Judá lleve dos nombres de origen babilónico. Hemos visto el origen etimológico de la

palabra Sesbasar; Zorobabel viene de Zerbabili = simiente de Babilonia. ¿Por qué no adoptó un

nombre hebraico al contacto con los judíos? De todo lo dicho se desprende que no existen argumentos

válidos para identificar a Sesbasar con Zorobabel. En cuanto al testimonio de los antiguos,

el autor de 3 Esdr 2:11; 4:13; 43-46; 5:1-6; 68-73 distingue ambos personajes; Flavio Joseíb7

los identifica.

Regreso a la patria (2:1).

1 Estos son los de la provincia que volvieron del destierro, de los que había llevado

cautivos a Babilonia Nabucodonosor, rey de Babilonia, y tornaron a Jerusalén y a

Judá, cada uno a su ciudad.

Con la palabra provincia (medinah) se quiere establecer la distinción entre los judíos de la cautividad

y los que habitaban en Palestina. El término medinah corresponde en sentido amplio al de

región (Lam 1:1; Ez 19:8; 1 Re 20:14-17). En sentido estricto da a entender el texto que Judea

estaba constituida en provincia autónoma, independiente de Samaría, gobernada por un peha, lo

cual no tuvo lugar antes de Darío I (522-486). En el texto hebraico se emplean dos palabras casi

sinónimas para designar el destierro: shebi, golah. “El primero se toma en sentido abstracto (3:8;

8:35), es decir, refiriéndose a la situación en que se hallaba Israel, la cautividad; mientras que el

segundo puede entenderse, o bien del sitio, o bien de los desterrados (6:19-20; 8:35; 9:4). Por lo

dicho se ve que los repatriados se llamaban bene hammedinah, en cuanto se hallaban ya en Judá,

y bene haggolah, en cuanto habían estado en el destierro” (Fernández). El texto hace referencia

exclusivamente a los deportados en tiempos de Nabucodonosor. Cada uno tornó a Jerusalén y a

Judá, según eran o no sacerdotes. Estos últimos, por razón de sus funciones en el templo, habitaban

en la Ciudad Santa y en sus alrededores. Los laicos marcharon cada uno % su ciudad natal.

La llegada de los repatriados y su afincamiento en el territorio no fue nada fácil. Algunos encontraron

sus casas destruidas, sin aperos de labranza, con los campos abandonados las cuadras vacías;

pero otros ni siquiera les fue dado regresar a sus hogares ni ocupar sus campos, por haber

pasado a poder de judíos que quedaron en Palestina o que habían pasado a ser propiedad de los

paganos que se establecieron en Judea. Con tesón y dinero pudieron los repatriados volver a sus

heredades, lo que hicieron los sionistas modernos al establecerse en Palestina amparados por la

ley Balfour.

Jefes de expedición (2:2a).

2a Partieron con Zorobabel: Josué, Nehemías, Seraya, Ráelayas, Mardoqueo, Bilsán,

1283

Mispar, Bigraí, Rejum y Baana.

Esta misma lista aparece, con ligeras variantes, en Neh 7:7; 3 Esd 5:8. Zorobabel no es el mismo

personaje queSesbasar. En estos dos últimos libros se añade el nombre de Najamani entre Raelayas

(Nehemías: Raamías) y Mardoqueo, que en 2 Esdr es llamado Euenius. Con este número doce

(once en nuestro texto) se quiere aludir a las doce tribus de Israel, aunque solamente se repatriaran

familias de las de Judá y Benjamín (6:17; 8:35). El jefe de la expedición es Zorobabel, a

causa de sus cualidades y por ser descendiente del rey Joaquim (Vulgata: Jeconías), en la línea

de David (1 Crón 3:17-19). Josué era hijo de Josadac (5:2; Ag 1:1; 1 Grón 6:14) y sobrino de Sarayas,

el último sumo sacerdote del templo, muerto en Ribla, en tierras de Harnat, por Nabucodonosor

(2 Re 25; 18-21). De regreso a Jerusalén ejerció las funciones sacerdotales (3:2; 5:2). No

parece que el personaje al que se llama Nehemías deba identificarse con el autor del libro que

lleva su nombre. El padre de Esdras es llamado Serayas (7:1); en la lista de Neh 7:7, en vez de

Seraya, leemos Azaría. Raelayas (Neh 7:7: Raamías) sólo es conocido por su nombre. Mardoqueo

lleva un nombre derivado del dios babilónico Marduk; es distinto del Mardoqueo del libro

de Ester.

1 RB 63 (1956) 423-427-

2 G. Cardascia, Les Archives de Murashu (París 1951).

3 “Ciencia Tomista,” Ant. lud. 11:1:2.

4 (1914-15) 353-374-

5 Batten, 61. Defienden la autenticidad del decreto: R. De Vaux, Les décvets de y et de Darius: RB 46

(1939) 27-57; J. Bickermann, The Edict of Cyrus in Ezra I: JBL 05 (1946) 249-275-

6 Les institutions Γ17-43 .

7 Ant. lucí. 11:1:4.

Lista de Repatriados.

En el elenco de los que regresaron del exilio se observa un orden riguroso. Se mencionan

en primer término los laicos (2:2-35), siguen los sacerdotes (v.36-39), los levitas (v.4o), cantores

(v.41-42), porteros (v.42), netineos (v.43-54), hijos de los siervos de Salomón (v.55-58), los de

origen israelita dudoso (v.59-63), suma total (v.64-67).

Laicos repatriados (2:2b-35).

2b Número de los hijos del pueblo de Israel: 3 Hijos de Paros, dos mil ciento setenta y

dos. 4 Hijos de Sefatías, trescientos setenta y dos. 5 Hijos de Araj, setecientos setenta

y cinco. 6 Hijos de Pajat Moab, de los hijos de Josué y de Joab, dos mil ochocientos

doce. 7 Hijos de Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro. 8 Hijos de Zatu, novecientos

cuarenta y cinco. 9 Hijos de Zacaí, setecientos sesenta. 10 Hijos de Baní, seiscientos

cuarent y dos. 11Hijos de Bebaí, seiscientos veintitrés.12 Hijos de Azgad, mil doscientos

veintidós. 13 Hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y seis. 14 Hijos de Bigvaí,

dos mil cincuenta y seis. 15 Hijos de A din, cuatrocientos cincuenta y cuatro. 16 Hijos

de Ater, de Ezequías, noventa y ocho. 17 Hijos de Besaí, trescientos veintitrés. 18

Hijos de Jora, ciento doce. 19 Hijos de Jasún, doscientos veintitrés. 20 Hijos de Gibar,

noventa y cinco. 21 Hijos de Betlehem, ciento veintitrés. 22 De las gentes de Netofa,

cincuenta y seis. 23 De las gentes de Anatot, ciento veintiocho. 24 Hijos de Asmavet,

cuarenta y dos. 25 Hijos de Quiriat-Jearim, Que-fira y Beerot, setecientos cuarenta y

tres. 26 Hijos de Rama y Gueba, setecientos veintiuno. 27 De las gentes de Mijmas,

1284

ciento veintidós. 28 De las gentes de Betel y Hai, doscientos veintitrés. 29 Hijos de Nebo,

cincuenta y dos. 30 Hijos de Megbis, ciento cincuenta y seis. 31 Hijos del otro

Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro. 32 Hijos de Jarim, trescientos veinte. 33

Hijos de Lod, Jadid y Ono, setecientos veinticinco. 34 Hijos de Jericó, trescientos

cuarenta y cinco. 35 Hijos de Senaa, tres mil seiscientos treinta.

En la larga lista de los laicos repatriados, diecisiete de ellos se citan con el respectivo nombre de

familia; otros veintiuno, según el lugar de donde eran oriundos. A los diecisiete primeros se les

llama hijos de (bene) Paros, etc., según el nombre de su familia o clan; los veintiuno restantes

son conocidos por hombres de (anse) Gibar, etc., según las respectivas localidades de donde eran

oriundos. En el primer caso, escribe Gelin, se refiere el autor a familias pertenecientes al proletariado

(dalat haares); en el segundo, a los de posición confortable (am haares) 1. Los límites geográficos

de las localidades citadas en el v.20-35 se ciñen al reducido territorio comprendido entre

Betel y Hai, al norte; Belén y Netofa, al sur; entre Lod y Jericó, al este y oeste respectivamente.

Abren el elenco los hijos de Paros, clan que reaparece en 8:3; 10:25; Neh 3:25; 10:5. El

nombre significa “Pulga” y se ha encontrado en letras fenicias en un sello antiguo (DB 5:219).

En el v.6 hablase de los hijos de Pahat Moab. ¿Debe entenderse como nombre propio o en el sentido

de “gobernador” (peha) de Moab? Es probable que algún personaje de esta familia ejerciera

durante la dominación asiría el cargo de gobernador de Moab (1 Crón 4:22). Podemos suponer

que el personaje que se esconde bajo las palabras pahat moab fuera tan conocido que no necesitaba

ser nombrado con su nombre. De sus descendientes se habla en 8:4; 10:30; Neh 3:11; 10:15.

Sus hijos se ramificaron en dos familias, la de Josué y la de Joab (Neh 7:11). De Elam (1 Crón

8:24) se habla nuevamente en el v.31: “Hijos del otro Elam.” Según Batten, es un caso de repetición

accidental.

En la lista por localidades ofrece el texto ciertas particularidades. En vez de Gibar parece

recomendarse la lectura de gibeon (Neh 7:25), La ciudad de Gabaón, la actual el-Djib, a unos

diez kilómetros al noroeste de Jerusalén. En contra de esta identificación puede invocarse el

hecho de que en la lista se empieza con las ciudades del sur terminándose con las del norte. En

caso de tratarse de Gabaón, está el versículo desplazado de su lugar de origen. Belén pertenecía a

la tribu de Judá Que 17:7; 1 Sam 17:12), a diferencia del otro Belén, en Galilea, que pertenecía a

la de Zabulón (Jos 19:15). El poblado de Netofa no se ha identificado plenamente. Algunos (Kos,

Abel) lo emplazan en Jirbet Bedd Faíuh, a unos cuatro kilómetros al sudeste de Belén; otros

(Fernández) lo buscan en Umm Tuba, al nordeste de la mencionada ciudad, o en Ramal Raheí, a

cuatro kilómetros al sur de Jerusalén (Ubach). De Netofa era Marai, héroe de David (2 Sam

23:28). Anatot es la patria de Jeremías (Jer 1:1), a unos cuatro kilómetros al norte de Jerusalén.

Era una residencia sacerdotal (Jos 21:18; 1 Crón 6:60). Azmavet (Bet-Azmavet, Neh 7:28) se

hallaba a tres kilómetros al norte de Anatot (Neh 12:29), en el lugar conocido actualmente por

Hizma. Conocida es la ciudad de Quiriat-Jearim (Jos 9:17; 15:9, etc.), que se identifica con el

actual Abu Gosh, a catorce kilómetros al oeste de Jerusalén. Quefira (Jos 18:26) es el actual Jirbet

Kefire, a tres kilómetros al norte del anterior. En cuanto a Beerot (Jos 18:28), se identifica

con Tell el-Nasbe (Fernández) o con el Bire, a doce o dieciséis kilómetros, respectivamente, al

norte de Jerusalén.

Pertenecía Rama a la tribu de Benjamín (Jos 18:25), así como Gueba (Jos 18:24). Famosas

son las localidades de Betel (Gen 28:19) y Hai (Jos 8:1-28), Beitin y et-Tell, respectivamente,

de nuestros días, al norte de Jerusalén. Debe distinguirse el poblado de Nebo (Nob, Beit Nuba,

Niba) de la ciudad homónima de la tribu de Rubén (Núm 32:3; 38). Hemos hablado de la expre1285

sión “el otro Elam.” Tanto a éste como al que se menciona en el v.7 se asignan mil doscientos

cincuenta y cuatro repatriados. Según unos (Pelaia), es nombre de persona; para otros (Fernández),

de lugar. Dígase lo mismo de Jarim; en el v.39 reaparece el nombre como perteneciente a

familia sacerdotal. Del extremo occidental de Judá se cita Lod (Neh 11:31-35), la actual Lidda,

Ludd, y Ono (1 Crón 8:12; Neh 6:2), el actual Kefr Ana, entre Lidda y Jafa, a unos ocho kilómetros

al noroeste del primero. Por el este se menciona Jericó (Deut 37:3; Jos 6:1ss). Senaa debe

encontrarse en los alrededores de Jericó (Neh 3:3), identificándose con Magdalsenna o Sheik Terimi,

a unos once kilómetros al norte de la mencionada ciudad. Para Batten trátase de un nombre

personal.

Lista de sacerdotes (2:36-39).

36 Sacerdotes: Hijos de Jedaya, de la casa de Jesúa, novecientos setenta y tres. 37

Hijos de Immer, mil cincuenta y dos. 38 jos de Pasjur, mil doscientos cuarenta y siete.

39 Hijos de Jarim” mil diecisiete.

Los sacerdotes de la primera caravana ascendían a cuatro mil doscientos ochenta y nueve, repartidos

en cuatro familias. Los de Jedaya, Immer y Jarim representan la segunda, la dieciséis y la

tercera de las veinticuatro clases sacerdotales de David (1 Crón 24:7-18). No se especifica si son

o no familias sadocitas. Propiamente los sacerdotes “hijos de Jedaya” descendían de la familia de

Josué, que ejercía el cargo de sumo sacerdote en tiempos de la vuelta a la patria. Cinco de los

descendientes de Jarim habían contraído matrimonio con mujeres extranjeras (Esdr 10:21). Como

puede observarse, dieron los sacerdotes ejemplo de valor al presentarse como voluntarios para

regresar a la patria.

Levitas, cantores y porteros (2:40-42).

40 Levitas: Hijos de Jesúa y de Cadmiel, de los hijos de Odavías, setenta y cuatro. 41

Cantores: Hijos de Asaf, ciento veintiocho. 42 Porteros: Hijos de Salum, hijos de

Ater, hijos de Taimó, hijos de Acub, hijos de Jetita, hijos de Sobaí, todos ciento

treinta y nueve.

Trátase de tres familias distintas de levitas: Jesúa, Cadmiel y Odavías (3:9; Neh 9:5). Del primer

texto parece deducirse que de Odavías se pasaba a Cadmiel. Gelin traduce: “Los hijos de Josué, a

saber, Cadmiel, Binnoni (3 Esdr 5:26), Odavías.” Pocos fueron los levitas que regresaron, porque,

“habiendo disminuido su dignidad en la perspectiva deuteronómica y de Ezequiel (Ez 44:9-

14), tuvieron pocos deseos de regresar (8:15). Puede darse también que fueran pocos los levitas

deportados por pertenecer a una clase social pobre (dalat haares), que no interesaba al vencedor

en 587 (Gelin, Ubach).

Además de los levitas propiamente dichos, que ayudaban a los sacerdotes en el servicio

del templo, existían los cantores, cuyo oficio era acompañar con instrumentos músicos los cantos

litúrgicos (Neh 12:24-30; 1 Crón 9:33-34; 15:16). David los había distribuido en veinticuatro

clases bajo la dirección de Asaf, Hernán y Jedutún (1 Crón 15:16-17; 25:1). Constituían los porteros

la tercera categoría de los levitas (Neh 10:24-26; 13:22; 1 Crón 9:17-26; 2 Crón 8:4). Su

oficio consistía en guardar “las puertas de la casa de Yahvé y de la casa de la tienda” (1 Crón

9:23). Recogían las limosnas que se ofrecían para el templo (2 Re 22:4). Tres de los menciona1286

dos aparecen también juntos en otros textos (Neh 12:25; 1 Crón 9:17). En Jeremías se habla de

“Maasías, hijo de Salum, el guarda del vestíbulo” (35:4). Un levita llamado Acub aparece en Neh

8:7 interpretando la Ley al pueblo. De las palabras del Salmo 84:11: “Prefiero estar a la puerta de

la casa de mi Dios a morar en las tiendas de iniquidad,” deduce Batten que este oficio debía ser

considerado como una persona humilde.

Los netineos (2:43-54).

43 Netineos: Hijos de Šija, hijos de Jasufa, hijos de Tabaot 44 hijos de Queros, hijos

de Sía, hijos de Fadón, 45 hijos de Lebana, hijos de Jagaba, hijos de Acub, 46 hijos de

Jagab, hijos de Sanlaí, hijos de Janón, 47 hijos de Guidel, hijos de Gajar hijos de Reaya,

48 hijos de Resín, hijos de Necoda, hijos de Gazam, 49 hijos de Uza, hijos de Paseaj,

hijos de Besaí, 50 hijos de Asena, hijos de Meunim, hijos de Nefasim, 51 hijos de

Bacbuc hijos de Jacufa, hijos de Jarjur, 52 hijos de Baslut, hijos de Me-jida, hijos de

Jarsa, 53 hijos de Barcos, hijos de Sisera, hijos de Tamaj, 54 hijos de Nesiaj, hijos de

Jatifa.

Descendían los netineos de los prisioneros de guerra que Josué destinó a cortar leña y a sacar el

agua para la asamblea y para el altar de Yahvé (Jos 9:27). Propiamente su institución se remonta

a David (Esdr 8:9), que los sometió a las órdenes de los levitas, ayudándoles en los trabajos

más humildes de cortar leña, acarrear agua, barrer el santuario, etc. Ya desde Moisés (Núm

31:47) disponían los levitas de prisioneros como ayudantes. Su mismo nombre en hebreo, Netinnim,

y en griego, oí dedomenoi, significa los donados, los oblatos. Estos nombres reciben también

en algunas órdenes religiosas los que entran en religión con el fin de ocuparse en trabajos

ordinarios y humildes. Tanto el libro de Esdras (2:43-58-70; 7:7-22; 8:17-20) como el de Nehemías

(3:26-31; 7:46-60-73; 10:29; 11:3-21) dan mucha publicidad a estos abnegados trabajadores

que regresaron del exilio para continuar su tarea al servicio del templo. En los “hijos de Meusim”

ven algunos autores a descendientes de los maonitas o míneos, que venció el rey Azarías y puso

al servicio del templo (1 Grón 4:41; 2 Grón 26:7). Los Nefasim acaso sean descendientes de la

tribu ismaelítica de Nafis (Gen 25:15-16).

Los siervos de Salomón (2:55-58).

55 Hijos de los siervos de Salomón: hijos de Sotaí, hijos de Soferet, hijos de Peruda,

56 hijos de Jaala, hijos de Darcón, hijos de Gudel, 57 hijos de Sefatías, hijos de Jatil,

hijos de Pogueret, Asebaim, hijos de Arní. 58 Todos los netineos e hijos de los siervos

de Salomón, trescientos noventa y dos.

Con este nombre se designan los descendientes de los amorreos, jéteos, fereceos, de los jeveos y

de los jebuseos que habían quedado en Palestina y que los hijos de Israel no habían podido dar al

anatema. A todos obligó Salomón a prestación personal (1 Re 9:21-22), a la manera como hacían

los netineos (Neh 11:3).

De origen y dignidad indefinidos (2:59-63).

59 Estos son los que subieron de Tel Mela, Tel Harsa, Querub, Addán e Immer, sin

1287

poder dar Tazón de su casa paterna y de su estirpe para probar que eran de Israel.

60 Hijos de Delaya” hijos de Tobías, hijos de Necoda, seiscientos cincuenta y dos. 61 Y

de los hijos de los sacerdotes, hijos de Abaya, hijos de Cos, hijos de Barzilai, que

tomó por mujer a una de las hijas de Bar-zilai, galadita, y fue llamado con el nombre

de ellos; 62 éstos buscaron sus registros genealógicos, pero no los hallaron y fueron

excluidos del sacerdocio, 63 y el gobernador les prohibió comer las cosas santas

mientras un sacerdote no consultase los “urim” y “tummim.”

Algunos laicos no pudieron presentar pruebas de su pertenencia al pueblo judío, a pesar de llevar

algunos de ellos nombres israelitas y yahvistas. Tampoco pudieron demostrar su ascendencia sacerdotal

algunos que se preciaban de serlo. Por precaución, el gobernador les prohibió comer las

cosas santas mientras un sacerdote no consultase los urim y tummim (1 Sam 14:41; Ex 28:30;

Lev 8:8; Núm 27:21; Deut 33:8), o sea, las suertes que llevaba en su pectoral el sumo sacerdote.

Todos ellos procedían de cinco localidades babilónicas no identificadas. Puede darse que estos

hombres fueran prosélitos o descendientes de matrimonios mixtos.

De entre los tres grupos pertenecientes al sacerdocio se citan Abaya, Cos, Barzilai. Sabemos

que fue Cos el jefe de la séptima clase de los sacerdotes (1 Crón 24:10). Hablase de Barzilai

en 2 Sam 17:27; 19:32-39, por ser bienhechor y favorito de David. Una hija suya contrajo

matrimonio con un sacerdote, del cual se desconoce el nombre. A causa de querer conservar el

nombre de tan gran personaje, o porque, habiéndose extinguido la línea del padre, pasó la herencia

a las hijas, perdióse el nombre del sacerdote, adoptando sus descendientes el de la madre.

Puede darse muy bien que la hija de Barzilai hubiera sido la heredera (Núm 36:1-13). Con los

sacerdotes procedióse con rigor, tomándose todas las precauciones para no autorizar el uso de los

privilegios a unos individuos que no podían acreditar sus títulos. El tirsata, o sea el gobernador

(Neh 7:65-70; 8:9; 10:2), tomó cartas en el asunto. La solución definitiva de esta cuestión dejóse

para un tiempo en que el sacerdote consultase a Dios sirviéndose de las suertes urim y tummim.

Después del exilio cayeron en desuso; sin embargo, del texto cabe inferir que existía la esperanza

de que entrarían de nuevo en acción una vez reconstruido el templo. Según el Talmud (Yoma

21:2), faltaron cinco cosas al nuevo templo: el arca de la alianza, el fuego celestial, los urim y

tummim, la shekinah o presencia divina y el aceite santo.

Suma total (2:64-67).

64 La congregación toda entera era de cuarenta y dos mil trescientas sesenta personas,

65 sin contar los siervos y siervas, en número de siete mil trescientos treinta y

siete. Entre ellos había trescientos cantores y cantoras. 66 Tenían setecientos treinta

y seis caballos, doscientos cuarenta y cinco mulos, 67 cuatro cientos treinta y cinco

camellos y seis mil setecientos veinte asnos.

El término hebraico qahal significa la comunidad o congregación que formaban los que se habían

ofrecido voluntariamente a regresar a la patria. El término indica un cuerpo organizado, lo

cual no es estorbo para extenderlo a esta multitud pronta para partir. En el texto se habla de cantores

y cantoras, lo que pone de relieve la existencia de agrupaciones que tenían por misión alegrar

con sus cantares los banquetes o acompañar con sus lúgubres acentos las ceremonias funerarias.

Algunos exegetas encuentran exagerado el número de camellos con relación a unos pobres

exilados. Pero, dado el interés que puso el rey en formar el primer contingente, el interés de la

1288

vecindad, persa y judía, por dotar de todo lo necesario a los que partían, se comprende que tenían

necesidad de muchos animales de carga. Además, iban en la caravana mujeres y niños, que no

podían andar a pie largo trecho. Tampoco parece cierto que los repatriados fueran todos pobres.

Ofrendas para el templo (2:68-70).

68 Muchos de los jefes de familias, al llegar a la casa de Yahvé en Jerusalén, hicieron

ofrendas voluntarias para la casa de Yahvé, para reedificarla en el lugar en que

había estado. 69 Dieron para el tesoro de la obra, según sus medios, sesenta y un mil

dáricos de oro, y cinco mil minas de plata, y cien túnicas sacerdotales. 70 Los sacerdotes

y levitas y las gentes del pueblo, los cantores, los porteros y los netineos se establecieron

en sus ciudades. Todo Israel habitó en sus ciudades.

Quería Ciro que los judíos se repatriasen, con la finalidad de reconstruir cuanto antes el templo

de Yahvé en Jerusalén. Al llegar allí la primera expedición encontró el templo convertido en un

montón de escombros. Impresionados por ello, y antes de pensar en el establecimiento propio,

hicieron cuantiosas limosnas, en metálico y en especie. La moneda persa dracma o dárico (8:27)

equivalía aproximadamente a una libra esterlina. Según cálculos, la suma recaudada monta a

medio millón de dólares, “enorme suma, que estas gentes no podían entregar” (Batten). La mencionada

cantidad procedía en parte de los donativos de los ricos judíos de Babilonia. También

entre los modernos sionistas prevalece el inmigrante de clase modesta; pero, sin embargo, la

banca judía mundial provee a los repatriados de lo necesario y les entrega enormes sumas pan la

transformación del territorio que debe ser el “Hogar judío.” Un vestido sacerdotal completo

constaba de unos pantalones, túnica con mangas hasta los pies, cíngulo y turbante para la cabeza.

1 Würthwein, Der amm ha arez irn Alten Testament (Stuttgart 1936); S. Zeitlin, "e Am haarez: Jor 23

(1932-33) 45-61; E. Klamroth, Die Jüdischen Exulanten in Babylonio (.Leipzig 1912) p. 99 10-1

¿Hubo una Repatriación en Tiempos de Ciro?

Algunos críticos independientes dudan de la autenticidad de las listas de repatriados que

acabamos de ver. Sus razones, en síntesis, son: 1) Número excesivo de ellos. 2) No se comprende

el cese del sacerdocio antes de la reconstrucción del templo. 3) Hablar de la provincia (hammedinah)

de Judea en tiempos de Ciro es anacrónico. 4) El término qahal significa una asamblea o

comunidad de hombres ya organizada. 5) Nada dicen los profetas Ageo y Zacarías de una repatriación

anterior al año segundo del rey Darío (520 a.C.).

A esto cabe responder: 1) Los repatriados suman, en cifras redondas, unos cincuenta mil,

número muy insignificante si tenemos en cuenta el número de deportados en los años 598-597 y

587-586 (2 Re 24:13-16; 25:11-12). Según Van Hoonacker, el número global de deportados en

los mencionados años “sobrepasaba con mucho los doscientos mil hombres.” 2) No cabe invocar

el testimonio de 2:62; Neh 7:64, para decir que los sacerdotes no ejercían sus funciones sagradas.

Únicamente se deduce de dichos textos que se mantenían alejados provisionalmente del ministerio

los que no podían justificar su genealogía sacerdotal. 3) Hemos visto que la palabra medinah

puede tener un sentido amplio de región, como aparece en los textos ya mencionados. 4) El vocablo

qahal, además de significar comunidad organizada, admite otros más genéricos de “cualquier

muchedumbre de hombres” (Gesenius; Jer 31:8; 44:15; Ez 16:40; 23:46-47; 27:27; 32:22-

23).

1289

En cuanto a lo de Ageo y Zacarías, cabe decir que no era conveniente recordar a los judíos

de tiempos de Darío el intento fallido de restaurar el templo. Pero Ageo alude a una vuelta

del destierro, al decir: “A causa de mi casa, que está en ruinas, mientras que vosotros andáis corriendo

cada cual hacia su propia casa” (1:9), palabras que indican celo en los repatriados para

reconstruir sus casas, olvidando la de Yahvé. En cuanto a Zacarías (6:9-15), dice Van Hoonacker:

“Zacarías afirma en términos explícitos que la gola, los judíos vueltos de Babilonia, están ya

establecidos en Judea.” En conclusión: la historicidad de las listas de los repatriados en tiempos

de Ciro (Esdr 2:2-70; Neh 7:7-22) va afianzándose cada día más.

Restauración del altar y del culto (3:1-7).

1Llegado el séptimo mes, los hijos de Israel que estaban ya en sus ciudades se reunieron

como un solo hombre en Jerusalén. 2 Josué, hijo de Josadac, con sus hermanos

los sacerdotes, y Zorobabel, hijo de Saaltiel, con sus hermanos, se levantaron

para edificar el altar del Dios de Israel y ofrecer sobre él el holocausto, como está

prescrito en la Ley de Moisés, hombre de Dios. 3 Asentaron el altar sobre sus cimientos,

aunque había que temer de los pueblos vecinos, y ofrecieron en él holocaustos

a Yahvé, el holocausto de la mañana y el de la tarde. 4 Celebraron la fiesta de los

Tabernáculos, como está escrito; ofrecieron día por día holocaustos, según el número

prescrito para cada día. 5Después siguieron ofreciendo el holocausto perpetuo, los

holocaustos de los novilunios y los de todas las solemnidades consagradas a Yahvé, y

los de todos aquellos que hacían ofrendas voluntarias a Yahvé. 6Comenzaron a ofrecer

holocaustos desde el día primero del mes séptimo. Todavía, sin embargo, no se

habían puesto los cimientos de la casa de Yahvé. 7Dieron dinero a los canteros y a

los carpinteros, y comida, bebida y aceite a los sidonios y a los tirios, para que trajesen

maderas de cedro del Líbano a Jafa, según había dispuesto en cuanto a esto Ciro,

rey de Persia.

Dentro del mismo año de haber llegado los primeros repatriados celebróse una reunión “como un

solo hombre” en Jerusalén. Suponiendo que salieron de Babilonia a primeros de Nisán y calculando

unos tres meses de viaje, se deduce que dispusieron los sionistas de tres meses para establecerse,

aunque de manera provisional, en sus respectivas ciudades. Al llegar el séptimo mes, el

de tishri (septiembre-octubre), acudieron a Jerusalén. El día 10 de este mes celebrábase el día de

la expiación (Lev 23:27-32) y el 15 la fiesta de los Tabernáculos (Lev 23:33-36). No convenía

que los repatriados olvidaran que la misión primordial que les había confiado el rey era la reconstrucción

del templo.

El sacerdote Josué (2:2), ayudado por todos sus colegas en el sacerdocio, decidió reconstruir

el altar de los holocaustos. Al decir el texto “Zorobabel. con sus hermanos” quiere aludir

a los jefes de familia, de que se habló en 2:2. En muchos pasajes bíblicos (2:8; 5:2; Neh 12:1; Ag

1:12-14; 2:3-24) se afirma que Zorobabel era hijo de Saaltiel, lo que parece en contradicción con

1 Crón 3:17-19, que le llama hijo de Pedaya, hermano de Saaltiel, ambos hijos de Jeconías. La

dificultad se resuelve, o bien dudando del valor crítico de la lección del libro de las Crónicas, o

recurriendo a ley del levirato (Cornely, Schanz, Buzy, Pelaia), según la cual tomó Pelaya por esposa

a la viuda de sus hermanos Saaltiel, muerto sin hijos, que tuvo de ella a Zorobabel. En este

caso sería Zorobabel hijo natural de Pelaya e hijo legal de Saaltiel.

El altar de los holocaustos era de bronce; estaba en el atrio del templo, donde se sacrificaban

las víctimas (Ex 27:1-8). En el sacrificio de holocaustos se consumía toda la víctima, de1290

notándose con ello la total sumisión del ser humano a Dios (Lev 1:3). Todos los días, mañana

y tarde, era sacrificado un cordero en holocausto (Ex 29:38-42). En otros lugares es llamado

Moisés “hombre de Dios” (Deut 33:1; Jos 14:6; 1 Crón 23:14; 2 Crón 30:16).

No aparece claro el sentido que tiene el versículo 3 en el texto original. Fernández traduce:

“Y asentaron el altar en su propio sitio” porque se les mostraban hostiles los pueblos de la

región.” Vaccari “Y lo erigieron sobre sus bases, aunque con el terror que les infundían la población

paisana.” Gelin: “Se restableció el altar en su lugar tradicional, a pesar del temor que se tenía

al pueblo del país.” Según la primera traducción, los judíos levantaron el altar para tener propicio

a Dios, ya que los pueblos vecinos les eran hostiles. Otros exponen el texto en el sentido de

que se apresuraron a edificar el altar por temor a que, tardando más, les pusieran algún estorbo

los pueblos vecinos. Calculaban ellos que, una vez levantado, más difícil era demolerlo.

Van Hoonacker justifica el temor de los judíos por haberse levantado el altar sobre un

bamah, donde ofrecían sacrificios las gentes de los pueblos de los alrededores. Los judíos, puritanos,

no podían sacrificar sobre aquel altar sincretista y aun sacrilego, por lo cual decidieron

demolerlo y edificar otro a toda prisa. Con el nuevo altar pudieron reanudarse los sacrificios,

conforme mandaba la Ley. La fiesta de los Tabernáculos duraba ocho días, del 15 al 22 del mes

de Tishri, durante los cuales vivían en cabanas fabricadas con ramas de árboles (Lev 23:42). Los

sacrificios de los novilunios o neomenias se ofrecían al principio de cada mes (Núm 10:10). Las

ofrendas voluntarias o de devoción (nedabah) no dispensaban de ningún sacrificio preceptuado

por la Ley. Algunas ofrendas voluntarias hacíanse obligatorias cuando intervenía algún voto (neder).

Sin embargo, el simple altar no podía satisfacer las aspiraciones religiosas del pueblo, ni

agradar a Dios, ni, finalmente, ser del agrado de Ciro, empeñado en que se reconstruyese el templo

de Yahvé. A esta empresa se pensó desde los primeros momentos. Se hicieron, en primer lugar,

los preparativos que permitieran, dado un determinado momento, empezar y terminar rápidamente

la fábrica del templo. ¿Es casualidad que coincidieran estos preparativos con los del

templo de Salomón? (1 Re 5:6-12; 2 Crón 2:355). No ignoraban los judíos las incidencias de la

construcción del templo salomónico. No quisieron los repatriados que faltara al nuevo templo la

madera de cedro, tanto más que Palestina era pobre en árboles aptos para la construcción. Más

que pura casualidad, debe verse en el texto no una narración artificial inventada por el autor, sino

más bien la solicitud de los sionistas por construir un templo digno a Yahvé. Como en tiempos

de Salomón, la madera era transportada desde Fenicia al puerto de Jafa. Siendo Fenicia pobre en

agricultura, preferían sus obreros el salario en especie. Sidón fue destruida en 676 antes de Jesucristo,

pero era nuevamente dueña del mar en tiempo de los persas (Herodoto, Hist. 7:96-99). La

riqueza principal de tiros y sidonios eran los cedros del Líbano (Is 2:13; Ez 31:3).

Sacerdotes y levitas en acción (3:8-9).

8 El año segundo después de la llegada a la casa de Yahvé a Jerusalén, el segundo

mes, Zorobabel, hijo de Saaltiel; Josué, hijo de Josadac, con el resto de sus hermanos

los sacerdotes y los levitas, y todos los otros que habían venido de la cautividad,

dieron principio a la obra y encargaron a los levitas de veinte años arriba la vigilancia

de los trabajos de la casa de Yahvé. 9 Josué, con sus hijos y sus hermanos; Cadmiel,

con sus hijos hijos de Oda vías; los hijos de Jenadad, con sus hijos y sus hermanos

los levitas, se dispusieron todos a una a vigilar a los que trabajaban en la casa

de Dios.

1291

En la reunión de Jerusalén (3:1) se decidió la reconstrucción del templo. En el mes segundo

(lyyar) del año siguiente de su llegada, estaban las cosas listas para dar comienzo a la gran obra.

El verbo hebraico correspondiente a empezar (en nuestro texto: dieron principio) carece de

complemento. El texto no sugiere que empezara el mes segundo la obra material del templo. Más

bien creemos que en este tiempo comenzaron las autoridades civiles y religiosas a ocuparse de

todo lo conducente a la obra, que debía empezar a últimos de junio, una vez libre el pueblo de las

faenas del campo y con trigo para pagar a los trabajadores. La presencia de Zorobabel no es un

argumento decisivo para admitir su identificación con Sesbasar. Como los operarios debían ser

muchos, se dispuso que los levitas de más de veinte años vigilaran los trabajos. Desde los últimos

años de David no se permitió que los levitas ejercieran sus funciones antes de los veinte

años (1 Crón 23:24-27; 2 Crón 31:17). El texto original del v.6 dice: “Se dispusieron Josué y sus

hijos y sus hermanos; Cadmiel, y sus hijos, los hijos de Judá, unánimemente a vigilar a los que

trabajaban en la casa de Dios. Los hijos de Jenadad, sus hijos y sus hermanos, los levitas.” En

vez de Judá debe leerse Odavias, conforme a 2:40.

La primera piedra (3:10-13).

10 Cuando los obreros pusieron los cimientos de la casa de Yahvé, asistieron los sacerdotes

revestidos, con trompetas, y los levitas, los hijos de Asaf, con címbalos, para

alabar a Dios según la ordenación de David, rey de Israel, 11 y cantaban alabando y

confesando a Yahvé: “Porque es bueno, porque es eterna su misericordia para Israel.”

Todo el pueblo lanzaba gritos jubilosos, alabando a Yahvé, porque se ponían

los cimientos de la casa de Yahvé. 12 Muchos de los sacerdotes y levitas y de los jefes

de familias, ya ancianos, que habían conocido la casa primera, lloraban en voz alta

al ver poner los cimientos de esta obra, mientras que los demás gritaban jubilosos, 13

no pudiendo distinguirse en el pueblo entre el clamor de los gritos de alegría y el de

los llantos, porque clamaba el pueblo con júbilo, y el ruido se oía hasta lejos.

Fue un acontecimiento histórico el acto de colocar la primera piedra. Sacerdotes y levitas asistieron

a la ceremonia revestidos con los hábitos sagrados y tocando instrumentos (2 Crón 5:12-13)·

Desde Moisés, el uso de las trompetas era reservado a los sacerdotes (Núm 10:10). Los descendientes

de Asaf son los levitas cantores por antonomasia (1 Crón 25:1-2). En sus cantos se

acompañaban con címbalos. De este instrumento se habla en las Crónicas y en los libros de Esdras

y Nehemías. Era el címbalo para los levitas hijos de Asaf lo que las trompetas a los sacerdotes.

La institución ¿e los levitas cimbalistas, como los arpistas y tocadores de lira, se remonta a

David (1 Crón 25:1-6) y a los profetas Gad y Natán (2 Crón 29:25) 1.

Muchos de los repatriados, que no habían contemplado el maravilloso templo de Salomón,

lanzaban gritos de entusiasmo al ver convertido en realidad el sueño de sus ideales

yahvísticos. Con la reconstrucción del templo volvería a renacer Israel como pueblo independiente

y soberano. Los ancianos, laicos y sacerdotes, lloraban de emoción. Su llanto nacía del

recuerdo del grandioso templo salomónico convertido en ruinas.

¿Es histórica la narración de 3:1-13? Algunos exegetas independientes lo negaron en

otros tiempos, alegando 5:2 y los testimonios de Ag 2:15-18 y Zac 4:9; 8:9. Pero el primer texto

no debe aislarse de 3:7 y 5:16. Así las cosas, se comprende que la noticia de 5:2 se armoniza con

lo dicho en este capítulo. Sin embargo, parece que la obra empezada bajo Ciro fue interrumpida

muy pronto, quedando apenas rastro visible de lo hecho. “¿Qué interés podían tener Ageo y Zacarías

en volver los ojos hacia aquel episodio desgraciado, que todos los judíos debían de mirar

1292

con pena e indignación, si no es que lo habían ya casi olvidado? Por esto, aquel primer conato de

restauración era para ellos como si nunca hubiese existido” (Fernández). ¿Quiénes malograron

tan santo empeño?

1 Médiebelle; E. Gerson-Kiwi, Musique: DBS 1411-1468.

Los Samaritanos.

Llámanse así los descendientes de la mezcla o fusíon de los indígenas de Samaría con los

colonos procedentes de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Jamat y de Sefarvaím que mandó el rey

asirio para que se estableciesen en las tierras de Samaría en lugar de los hijos de Israel (2 Re

17:24-41). Más tarde, Asaradón y Asnapar (¿Asurbanipal?) mandaron nuevos colonos (Esd 4:2-

10). Con el emplazamiento de estos extranjeros en tierras de Canaán cayó el país en un caos religioso.

Los mismos israelitas, adoradores de Yahvé, dejáronse seducir por los dioses de los advenedizos,

de tal manera que, sin abandonar sus creencias yahvistas, servían simultáneamente

a sus dioses (2 Re 17:33-41). Junto a esta híbrida niezcolanza de razas, escribe Ricciotti, sobrevino

un hecho muy lógico según la antigua mentalidad oriental. Partiendo del principio de que

cada región tenía su dios local, como si fuera el numen loci, los pueblos extranjeros y alienígenas

acabaron por venerar al Dios de Samaría, Yahvé. A este fin se les envió un sacerdote que

había sido deportado para que les enseñara el culto del Dios de la region (2 Re 17:27). Los samaritanos

habían adquirido ciertos privilegios en la región a costa de los israelitas deportados a

Babilonia. Al volver éstos y reivindicar el derecho sobre sus casas, sus campos, sus haciendas, e

intentar reedificar el templo como punto aglutinante de su nueva personalidad, hirieron la susceptibilidad

de los samaritanos.

Exigencias de los samaritanos (4:1-3).

1 Cuando los enemigos de Judá y Benjamín supieron que los vueltos de la cautividad

estaban reedificando el templo de Yahvé, Dios de Israel, 2llegáronse a Zorobabel y a

los jefes de familia y les dijeron: “Queremos cooperar con vosotros en la reconstrucción,

porque también nosotros buscamos a vuestro Dios, y a él sacrificamos desde

los días de Asaradón, rey de Asiría, que aquí nos trajo.” 3 Dijéronles Zorobabel, Josué

y los demás jefes de familia de Israel: “No conviene que juntos edifiquemos la

casa de nuestro Dios; hemos de ser nosotros solos quienes la edifiquemos a Yahvé,

Dios de Israel, pues así lo ha mandado el rey Giro, rey de Persia.”

No se mencionan explícitamente los enemigos de los repatriados, pero no cabe duda que fueron

los samaritanos (Neh 4:2). El autor habla de “Judá y Benjamín,” las dos tribus que formaban

fundamentalmente el reino de Judá, considerando el templo de Jerusalén como santuario nacional.

A los repatriados llama el texto “los hijos de la cautividad.” Los samaritanos dirigiéronse a

las autoridades civiles y religiosas, pidiendo se les autorizara contribuir a la obra. Alegan ellos

que invocan a Yahvé y le ofrecen sacrificios. El texto hebraico, a causa de una corrección debida

probablemente a los masoretas, pone en boca de los comisionados las palabras: “Y nosotros

no sacrificamos.” Además de estas razones de carácter religioso, pretendían ellos otras ventajas

políticas. Al colaborar con los repatriados, adquirían un derecho sobre el templo, se les facilitaba

su presencia en Jerusalén y acaso se les abría el camino para ejercer sobre los sionistas

una especie de control y autoridad. Los jefes de los repatriados no se dejaron engañar, rechazando

el ofrecimiento por ser orden de Giro que fueran ellos solos los que edificaran el templo.

1293

Las autoridades no aducen las razones decisivas que motivaron su negativa. Fueron éstas de carácter

religioso principalmente. ¿Como podían admitir la colaboración de unos sincretistas que

“buscaban a Dios” y ofrecían al mismo tiempo sacrificios a los ídolos? ¿No era Yahvé un

Dios celoso, que no toleraba competidores? (Ex 20:5; 34:14). ¿Cómo podían autorizar esta colaboración

sabiendo que con ellos se franqueaba la puerta del santuario a gentes incircuncisas e

impuras? (Is 52:1).

Reacción samaritana (4:4-5).

4Entonces las gentes de aquella tierra intimidaron al pueblo de Judá, queriendo impedir

la construcción; 5y ganándose con dinero algunos consejeros de la corte, procuraron

hacer fracasar su propósito durante todo el remado de Ciro, rey de Persia,

hasta el reinado de Darío, rey de Persia.

La indignación apoderóse de los samaritanos, llamados aquí “pueblo de la tierra” (am haares),

no en el sentido sociológico de terratenientes (2 Re 23:30-35), en oposición a dalat haares, “los

indigentes,” sino en el sentido de las gentes que ocupaban el país a la llegada de los repatriados.

Con sus manejos impedían a los obreros que trabajaran, retrasando con ello la reconstrucción del

templo. Para su causa ganaron la voluntad de algunos funcionarios residentes en Samaría, que

paralizaron la obra del templo durante los años 538-530 de Ciro y durante todo el reinado de

Cambises (530-522), con unos quince o dieciséis años en total. Seguramente que Ciro se hubiera

opuesto a la idea de paralizar las obras, pero sus oficiales destacados en Palestina, ganados por el

dinero, se daban maña para impedir que las quejas de los repatriados llegaran a la corte imperial.

La historia conservó memoria de este primer fracaso en orden a la reedificación del templo. En

contra de lo que sucederá más tarde (Ag 1:3ss), la primera caravana de repatriados empezó la

obra con entusiasmo, pero una oposición sistemática la paralizó en sus comienzos.

El autor, que ha hablado del obstruccionismo samaritano en tiempos de Ciro (4:1-5),

abandona el orden cronológico para insistir sobre el mismo tema, aduciendo unos hechos acaecidos

bajo el reinado de Jerjes (485-465) y Artajerjes, que encontró en un escrito arameo.

En el mencionado documento se hablaba, conforme al orden cronológico (5:1-6-18), de la

reconstrucción del templo bajo el reinado de Darío (522-485), y, finalmente, de las tentativas

de levantar los muros de Jerusalén en tiempos de Jerjes (485-464) y Artajerjes (464-424). Pero el

autor invirtió conscientemente el orden con el fin de juntar 4:6-23 con 4:1-5 y reunir de esta manera

toda la documentación relativa a las intrigas de los samaritanos.

Esta inversión del texto (5:1-6:18 después de 4:6-23) obedece a la semejanza de argumento.

De hecho, tanto en la sección 4:6-23 como en 4:1-5 se habla de la paralización de las

obras por intrigas de los samaritanos, aunque en el primero de los textos se hable de la reconstrucción

de los muros en tiempos de Jerjes y en el segundo de la reedificación del templo en

tiempos de Ciro. Otras explicaciones han sido propuestas por autores católicos y acatólicos, que,

a nuestro parecer, presentan sus dificultades.

Los samaritanos durante el reinado de Asnero (4:6).

6 En el reinado de Asuero, al comienzo de él, escribieron una acusación contra los

moradores de Judá y de Jerusalén.

El tema de la oposición de los samaritanos le apasiona tanto al autor, que le obliga a dar un salto

1294

histórico. Como en tiempos de Ciro, también en los del rey Asuero se mostraron los samaritanos

hostiles a los judíos, escribiendo en contra suya una carta al monarca persa. Era éste Jerjes (485-

464), hijo de Darío, llamado Asuero en el texto hebraico (ahashverosh), y del cual se habla largamente

en el libro de Ester. Los autores de la carta eran tanto los samaritanos como las personas

que se habían afincado después del exilio en tierras de Judá y de Jerusalén. Bajo la capa de patriotismo

y adhesión al rey de Persia, escribieron una acusación a fin de conservar los derechos

adquiridos sobre las tierras y domicilios, tratando, además, de impedir sucesivas oleadas de repatriados.

Los samaritanos debían exponer al monarca el peligro que representaba la reconstrucción

de las murallas de la capital del yahvismo.

Carta a Artajerjes (4:7).

7 Y en tiempos de Artajerjes, Bislam, Mitrídates, Tabeel y el resto de sus colegas escribieron

a Artajerjes, rey de Persia. La carta fue traducida al arameo y transcrita

con caracteres árameos.

Era Artajerjes el hijo menor de Asuero, al cual sucedió en el trono (464-424) después de haber

dado muerte a su hermano mayor, Istaspes, que se lo disputaba. Durante su reinado recibió varias

acusaciones de los samaritanos contra los judíos. La primera carta fue escrita por tres personajes

conocidos, con la aprobación de todos sus colegas. Se discute si son tres o dos los firmantes de la

carta con su nombre. Algunos autores (Ricciotti, Médiebelle) interpretan el término bishlam como

equivalente al hebreo beshalom, en paz, de acuerdo, aduciendo en su apoyo la versión griega,

árabe y siríaca. Rudolph propone la lectura besahlem, birushalayim, contra Jerusalén, siendo el

sentido de la frase: “Escribieron contra Jerusalén a Artajerjes.” Bislam figura como primer promotor

de la acusación. Mitrídates es un persa establecido en Palestina, ganado por los samaritanos

a su causa. Dícese que la carta estaba escrita en arameo. Fueron los árameos tribus nómadas

que habitaban los territorios comprendidos entre Arabia y Mesopotamia, que se infiltraban, ya

sea en Siria, en TransJordania y Mesopotarnia. A últimos del siglo VIII, su lengua convirtióse en

la lengua diplomática y de las relaciones comerciales entre los pueblos del Próximo Oriente (2

Re 18:26). En el texto masorético dice la última parte del v.7: traducida al arameo. Falta esta

última palabra en e texto griego, por lo cual se ha deducido que faltaba en el original, en el que

entró por obra de un copista que quiso indicar que empezaba aquí la sección aramaica. En efecto,

a partir del v.8 empieza el texto aramaico, que se prolonga hasta 6:18. Calla el texto el éxito de la

carta. Tampoco se vislumbra en él si la letra fué escrita en arameo y traducida al persa, o viceversa.

Los samaritanos a la carga (4:8-10).

8 Rehum, el gobernador, y Simsaí, secretario, escribieron a Artajerjes, rey de Persia,

acerca de Jerusalén, esta carta: 9 “Rehum, gobernador; Simsaí, secretario, y el resto

de sus colegas, los jueces y los oficiales persas y los hombres de Erec, de Babilonia,

de Susa, de Deha, de Elam 10 y de otros pueblos que el grande y glorioso Asnapar

trasladó y estableció en la ciudad de Samaría y otros lugares del lado de acá del

río,” etc.

Quizá la carta antes mencionada (v.7) no surtió efecto, por lo cual los samaritanos ganaron para

su causa al gobernador de Samaria, Rehum (v.17), quien, a su vez, mandó otra a Artajerjes, que

firmaron las autoridades supremas de la provincia, los funcionarios persas y los jefes de los colo1295

nos que habían sido trasladados a Palestina de varias regiones. Considerando los acontecimientos

fríamente, se comprende e incluso se justifica esta conducta de los samaritanos. Desde el año 722

fué Samaría capital de una provincia creada por los reyes de Asiría. Después de la muerte de Godolías

(587), el territorio de Judá fué sometido a la provincia de Samaría. Al regresar los sionistas

a Jerusalén, encontráronse bajo el control de los samaritanos, quienes se esforzaron en mantener

sus privilegios sobre Jerusalén y Judá. Ante el conflicto entablado entre samaritanos y

sionistas, las autoridades provinciales apoyaron fuertemente los derechos adquiridos desde muchos

años por los primeros, haciendo ver al monarca las fatales consecuencias que podían derivarse

de un cambio político. La intervención personal del gobernador debía pesar mucho en el

palacio del soberano persa. Algunos autores (Fernández, Pelaia, Michaeli, Médiebelle) toman las

palabras que significan “los jueces, oficiales y delegados persianos” como nombres propios de

dineos, afarsakeos, tarpeleos, afarseos. Hanse hecho muchas conjeturas acerca del lugar de origen

de estos personajes — en el supuesto de que lo sean —. Los dineos pueden provenir de la

Media o de una región vecina al lago Van. Se identifican los afarsakeos con los habitantes de

Partasak o Partuka, tribus medas de las cuales se habla en la inscripción de Asaradón. En cuanto

a los tarpeleos, pueden identificarse, o con los tapurai, de que habla Tolomeo 2, o los tapyroi, de

Estrabón 3. Los afarseos pueden ser acaso los parsuas de los textos de Senaquerib, que habitaban

al sur del lago Urmia. Como hemos dicho, con estos nombres se designan hipotéticamente unos

colonos de Palestina procedentes de las regiones mencionadas. Pero es muy posible que se trate

de nombres de oficio. Los hombres de Erec proceden de la ciudad del mismo nombre mencionada

en Gen 10:10, hoy Warka. Los de Deha pueden identificarse quizá con los de Daai, de los

griegos 4 tribus nómadas de Persia. Asnapar es Asurbanipal (668-626), llmado Sardanápolo por

los griegos. Con la expresión “otros lugares del lado de acá del río” debe entenderse la región

que se extiende desde el Eufrates hasta la frontera de Egipto, abarcando el territorio de la quinta

satrapía (Abarnahara), llamada también Transpotamia y Transeufratena.

Contenido de la carta (4:11-16).

11 He aquí la copia de la carta que mandaron al rey Artajerjes: “Tus siervos, las

gentes del lado de acá del río, etc. 12 Sepa el rey que los judíos que de ahí salieron y

han llegado entre nosotros a Jerusalén, están reedificando la ciudad rebelde y rnala,

alzando sus murallas y restaurando los cimientos. 13 Que sepa, pues, el rey que, si esta

ciudad es reedificada y reconstruidas sus murallas, no pagarán tributo, ni impuesto,

ni derecho de peaje, y que de ello se ha de resentir el real tesoro. 14 Ahora,

pues, como nosotros comemos la sal del palacio y no creemos conveniente que el rey

sea menospreciado, mandamos al rey esta información; 15 que se investiguen los libros

de las historias de tus padres, y en ellos verás que esta ciudad es una ciudad rebelde,

funesta para los reyes y sus provincias, y que ya de antiguo se movieron en

ella revueltas, habiendo sido por esto destruida. 16 Hacemos saber al rey que, si esta

ciudad se reedifica y se levantan sus murallas, perderás con esto mismo tus posesiones

del lado de acá del río.”

En la carta se exponen fríamente los hechos. Ninguna acusación referente al templo, cuya construccion

despertaba menos recelo que la construcción o reparación de las murallas. Una ciudad

desmantelada, abierta, no puede hacer frente a un ejército; pero, en el caso de contar con potentes

fortificaciones y gruesos muros, puede resistir largo tiempo. Este es el caso de la “ciudad rebelde

y mala,” que resistió casi dos años a las tropas de Nabucodonosor. ¿Quiere ahora el rey que la

1296

historia se repita? Una vez los judíos se crean amparados por las murallas, volverán la espalda al

rey e incluso se negarán a pagarle los tributos, impuestos y derechos de peaje por las grandes vías

del imperio. Estos tributos en metálico, unidos a los impuestos que pagaban las gentes del país

en especie, contribuían a sanear el erario público.

Al fin del v.13 se lee una palabra aramaica, que algunos consideran de origen persa y

otros babilónico, traduciéndola por finalmente y en lo sucesivo, respectivamente. El texto original

puede interpretarse en el sentido de que en tiempos de Artajerjes hubo una caravana de repatriados

cuya misión era la de reconstruir 1 ciudad. Pero cabe el sentido más genérico de una repatriación

α judíos procedentes de Babilonia y de Persia, sin aludir al tiempo en que tuvo lugar. No

se conoce una repatriación en tiempos de Artajerjes.

La frase “comer la sal” puede significar que los firmantes eran asalariados del gobierno

central, o puede referirse a la existencia de una alianza entre ellos y el soberano persa semejante

al pacto de la sal de que se habla en Lev 2:13; Núm 18:19; 2 Crón 13:5. E1 contexto nos induce a

inclinarnos por el primer significado. A los firmantes de la carta, que viven de un salario, no interesa

que otros se adueñen de una situación que podría significar el cese en sus cargos. Las acusaciones

lanzadas contra los judíos tienen fundamento histórico. Un repaso de las crónicas de sus

antepasados (aramaico: “de tus padres”) confirmará las acusaciones. Los escribas reales tenían la

misión de consignar los acontecimientos que sucedían. Esta costumbre es conocida en Israel, en

donde se habla de los anales de los reyes de Samaría y de Judá.

Insisten los acusadores en decir que fue Jerusalén una ciudad rebelde y que en su recinto

se fraguaron muchas revueltas. Es muy probable que con ello hagan referencia al hecho de que

los últimos reyes de Judá (Joaquín y Sedecías) buscaran la alianza de Egipto para sacudir el yugo

babilónico. La conclusión de la carta es de amenaza, pero sigue lógicamente lo dicho en las premisas.

Mientras Jerusaíén carezca de murallas que la protejan, permanecerá fiel al gobierno central

y no se volverá contra las autoridades provinciales. Una vez se reedifiquen las murallas, puede

el rey temer que de un día a otro pierda no sólo aquella ciudad, sino todos los territorios de la

provincia transeufratena, o sea, toda la quinta satrapía.

Respuesta del rey (4:17-22).

17 Respuesta que mandó el rey a Rehum, gobernador; a Sirnsaí, secretario, y al resto

de sus colegas que habitan en Samaría y otros lugares del lado de acá del río: “Salud,

etc.18 Ahora, la carta que nos habéis enviado ha sido leída exactamente en mi

presencia. 19 Por orden mía se hicieron investigaciones, y ha sido hallado que ya de

antiguo esa ciudad se rebeló contra los reyes y que se dio a la sedición y a la revuelta.

20 Hubo en Jerusaíén reyes poderosos, dueños de toda la tierra del lado de allá

del río, a los que se pagaba tributo, impuesto y derecho de peaje. 21 Por consiguiente,

mando que cesen los trabajos de esas gentes, para que esa ciudad no sea reconstruida

sin una autorización mía. 22 No dejéis de poner en esto gran diligencia, no sea que

el mal aumente, con perjuicio de los reyes.”

El rey acusa recibo de la carta que le habían enviado desde ternaria. Los destinatarios son

Rehum, Simsaí y otras autoridades Personajes de la satrapía transeufratena. La letra impresionó

Monarca, que escuchó y meditó su contenido. Escrita en arameo, fue leída en persiano, despacio,

acentuando cada palabra disfámente (mefarash). Atendiendo a las sugerencias que le hacían la

carta, dio orden el rey de consultar las crónicas referentes a Juda, o, en general, al pueblo de Israel.

Se leía allí que en un tiempo fue un reino muy poderoso, que se extendía hasta el Eufrates, y

1297

al cual los pueblos dominados pagaban tributos, impuestos y derecho de peaje. Sólo en tiempos

de David y Salomón (2 Sam 8:6; 1 Re 4:24) conquistó Israel algunos territorios del lado de acá

del Eufrates, pero emplea el texto un lenguaje hiperbólico. En cuanto a estos documentos, que el

texto llama “memorias de los padres” cabe decir que, además de los anales de los reyes de Babilonia

1 pudo el rey persa conocer las memorias e historias de los reyes de Judá, trasladadas a Babilonia

juntamente con los deportados.

En vista de los datos históricos que confirmaban los temores expresados por el gobernador

de Samaría, dispuso el monarca el cese de los trabajos hasta que no disponga otra cosa. Artajerjes

no niega de manera definitiva la autorización de construir las murallas de Jerusalén; sólo

suspende la orden temporalmente.

Se cumple la orden real (4:23).

23 En cuanto la copia de esta carta del rey Artajerjes fue leída ante Rehurn, gobernador;

Sirnsaí, secretario, y sus colegas, marcháronse apresuradamente a Jerusalén

a los judíos e hicieron cesar los trabajos por la violencia y por la fuerza.

El texto refleja bien la tirantez de relaciones existentes entre Samaría y Jerusalén. Rehum (el gobernador,

dice el texto griego), Simsaí y sus colegas marcharon precipitadamente a Jerusalén

para hacer cumplir la orden real. Ante la resistencia de los judíos, apelaron a la fuerza y a la violencia.

¿Quién había autorizado la reconstrucción de la ciudad y de las murallas? No lo especifica

el texto. Quizá los repatriados, amparándose en el permiso de reconstruir el templo, vieron la

necesidad que tenían de protegerlo contra los ataques de los pueblos circunvecinos. De ahí que,

andando el tiempo, atreviéronse a emprender esta obra, contando con la anuencia implícita del

rey y con la indiferencia de las autoridades provinciales. Sus cálculos fallaron, teniendo que esperar

a que el tiempo hiciese factible su legítimo anhelo.

Paralización de las abras del templo (4:24).

24 Entonces se pararon las obras de la casa de Yahvé en Jerusalén, quedando interrumpidas

hasta el año segundo del reinado de Darío, rey de Persia.

Este verso sigue inmediatamente al v.5 de este mismo capítulo. La razón de su desplazamiento

radica en que el autor, enfrascado en el tema de la hostilidad de los samaritanos, intercaló en su

texto una narración antisamaritana hallada en un documento aramaico (v.6-23). Con ello pudo

hacer resaltar que la enemistad de los samaritanos contra Jerusalén continuaba año tras año y se

manifestaba todas cuantas veces intentaban los judíos emprender algo concerniente a su resurgimiento,

seguridad y progreso, en perjuicio de los samaritanos. “Como el v.24 era no sólo natural

conclusión del relato arameo paralelo a 4:1-5, sino que al mismo tiempo era oportuna introducción

a 5:1ss, por esto lo conservó, colocándolo inmediatamente antes de la segunda restauración

del templo” (Fernández). por algunos años quedaron paralizadas las obras del templo hasta los

tiempos de Darío. Entre tanto, los repatriados aprovecharon el tiempo en asegurar e incrementar

su patrimonio, mejoras de tierra, construcciones de casas confortables. ¿Ha venido para vosotros,

les dirá Ageo, el tiempo de morar en casas artesonadas, mientras está en ruinas esta casa (el templo)?

(Ag 1:4).

1298

Los profetas Ageo y Zacarías (5:1-2).

1 Ageo, profeta, y Zacarías, hijo de Ido, profeta, hablaron en nombre de Dios a los

judíos que había en Judá y en Jerusalén; 2 y entonces Zorobabel, hijo de Saaltiel, y

Josué, hijo de Josadac, se levantaron y comenzaron a edificar la casa de Dios en Jerusalén.

Con ellos estaban los profetas de Dios que los asistían.

Desde el decreto de Ciro (1:2-4) hasta la aparición de los profetas Ageo y Zacarías (520) cambiaron

las condiciones políticas del imperio persa. Ciro murió en circunstancias misteriosas. El falso

Smerdis, valiéndose de una burda estratagema, ocupó el trono de Persia desde la primavera hasta

el otoño del año 522, en que fue suplantado por Darío I Istaspe, que reinó desde 521 hasta 485

a.C. Durante este período surgieron acá y allá algunos movimientos de independencia, ciertas

actividades separatistas al margen del poder central persiano. Estos primeros síntomas de debilidad

del imperio persa debían aprovechar los judíos de Jerusalén para reemprender las obras, suspendidas

en sus comienzos a causa de la hostilidad de los samaritanos (4:5). Pero, con el correr

de los años, fueron apagándose los entusiasmos de los repatriados, que se dedicaron preferentemente

a sus intereses particulares. Jefes y pueblo acallaban sus remordimientos con el estribillo:

“. No ha venido todavía el tiempo de reedificar la casa de Yahvé” (Ag 1:2).

Dos profetas despertaron la conciencia nacional adormecida. “Año segundo del rey Darío

(520 a.C.), el mes sexto, el día primero del mes, fue la palabra de Yahvé” (Ag 1:1) a los dirigentes

del pueblo reprochándoles su pasividad en la reconstrucción del templo. Dos meses más tarde

apareció Zacarías, hijo de Baraquías, hijo de Ido (Zac 1:1), que colaboró con Ageo en promover

la rápida reedificación del santuario. El ministerio de ambos profetas fue providencial; aún más,

fue Dios mismo “que estuvo sobre ellos,” Dictándoles los oráculos que debían dirigir al pueblo.

En el texto se llama a Zacarías hijo de Ido, cuando, en realidad, lo era de Baraquías; es frecuente

en la Biblia la omisión del padre en las genealogías, dándose el del abuelo.

Según Ag 1:1, enviaba Dios al profeta “a Zorobabel, hijo de Saaltiel, gobernador de Judá,

y a Josué, hijo de Josadac”; a estas mismas autoridades civiles y religiosas fue enviado Zacarías

(1:1; 3:1; 4:6; 6:11). No sabemos cuánto tiempo fue menester a los dos enviados de Dios para

convencer a los jefes y al pueblo de su obligación para con el templo. Dice el texto que ambos

jefes comenzaron a edificar, lo cual no se opone a 3:8; 4:1-5. En primer lugar, el verbo edificar

se toma muchas veces como sinónimo de reedificar. En segundo lugar, cabe inferir del contexto

que los trabajos de construcción empezados en tiempos de Ciro fueron suspendidos al poco

tiempo, no quedando después de dieciocho años apenas vestigio alguno. Puede darse también

que la oposición de los samaritanos llegó hasta el extremo de derribar lo poco que habían levantado.

De ahí que la expresión comenzaron a edificar es tanto como decir que antes muy poca cosa

se había hecho. No habiendo sido revocado el decreto de Ciro, se empezaron los trabajos sin

previo aviso a las autoridades provinciales. Los dos profetas estuvieron en todas las dificultades

al lado de las autoridades, animando a todos a proseguir sin desfallecimiento en los trabajos empezados.

Cree Ricciotti que una nueva caravana llegó por entonces de Babilonia y que, gracias a

su ayuda en dinero, mano de obra y entusiasmo, siguió la obra adelante.

Inspección del gobernador (5:3-5).

3 Vinieron entonces a ellos Tatnaí, gobernador del lado de acá del río; Setar-Boznaí

y sus colegas, y les dijeron: “¿Quién os ha dado autorización para levantar esta casa

y levantar estos muros?”; y preguntaron: “¿Cuáles son los nombres de los que cons1299

truyen este edificio ?” 4 Entonces les respondieron, dándoles los nombres de los que

hacían la construcción. 5 Pero los ojos de Dios estaban sobre los ancianos de los judíos,

y se permitió que continuasen las obras mientras se consultaba al rey Darío,

hasta que se recibiese de él carta acerca de esto.

No fueron los samaritanos los que dieron la cara en esta circunstancia, aunque fuesen acaso ellos

los instigadores. En los documentos neobabilónicos de este tiempo se menciona a un cierto Ushtaní

como gobernador de los territorios de la provincia transeufratena. Aunque así fuera, no existe

dificultad, por cuanto puede admitirse que Ushtaní ejercía la autoridad suprema del territorio y

que Tatnaí era el peha o representante suyo en Judea. Schneider identifica a Tatnaí con Tattanu,

que en el año 502 era sátrapa de Transpotamia.

Tatnaí dirigióse a Jerusalén e inquirió las razones que tenían los judíos para comenzar las

obras del templo. Finge el gobernador desconocer el edicto de Ciro; acaso suponía que, muerto

aque monarca, cesaban automáticamente los privilegios y concesiones que había otorgado. Sin

embargo, se muestra muy comedido y ecuánime en sus intervenciones, autorizando la continuación

de las obras mientras exponga el caso a la consideración de Darío. Pregunta el gobernador:

“¿Quién os ha dado autorización para levantar esta casa y levantar estos muros?” La última palabra

es traducción del término aramaico ussharna. Según Jouon (B 22 [1941] 38-40)” el misterioso

vocablo debe traducirse por andamiaje, maderamen. Michaéli, apoyándose en el testimonio

de los asiriológos, traduce la palabra por santuario. De todas maneras, no se habla de las murallas

de la ciudad, sino del templo y sus muros.

El texto masorético del v.4 dice: “Entonces nosotros les respondimos (dándoles) los

nombres.”; muchos autores siguen el texto griego, que emplea la tercera persona del plural: “Entonces

les respondieron.” Siguiendo la lección de 3 Esdr 6:4 y ajustándose al contexto, otros autores

suprimen todo el verso (Pelaia, Gelin). Es de notar que el v.5 habla de los ancianos, que en

adelante dejarán a Zorobabel en la penumbra. Encontraron ellos gracia a los ojos de Tatnaí.

Carta a Darío (5:6-17).

6 He aquí copia de la carta que al rey Darío mandaron Tatnaí, gobernador del lado

de acá del río; Setar-Boznaí y sus colegas los persas que habitaban del lado de acá

del río. 7 Le enviaron una relación en estos términos: “Al rey Darío, salud. 8 Comunicamos

al rey que hemos ido a la provinvia de Judá, a la casa del Dios grande. Está

construyéndose en piedras talladas, y se colocan las maderas en los muros y el trabajo

se hace rápidamente y adelanta en sus manos. 9 Hemos preguntado a los ancianos

y les hemos hablado así: “¿Quién os ha dado autorización para edificar esta casa

y levantar estos muros?” 10 Les hemos preguntado también los nombres para

dártelos a conocer, y hemos puesto por escrito los nombres de los que están al frente

suyo. 11 He aquí la respuesta que nos dieron: “Nosotros somos servidores del Dios de

los cielos y de la tierra y estamos reconstruyendo la casa que fue construida muchos

años ha. Un gran rey de Israel la edificó y la terminó. 12 Pero luego que nuestros padres

irritaron al Dios de los cielos, él los entregó en manos de Nabucodonosor, rey

de Babilonia, el caldeo, que destruyó esta casa y llevó cautivo el pueblo a Babilonia.

13 Pero el año primero del reinado de Ciro, rey de Babilonia, el rey Ciro dio la orden

de reedificar esta casa de Dios, 14 y el mismo rey Ciro sacó del templo de Babilonia

los utensilios de oro y plata que Nabucodonosor había tomado del templo de Jerusalén,

llevándolos al templo de Babilonia, e hizo que fueran entregados al llamado

1300

Sesbasar, que nombró gobernador, 15 diciéndole: Torna esos utensilios y ve a llevarlos

al templo de Jerusalén, y que la casa de Dios sea reconstruida en su mismo lugar,

i6 Este mismo Sesbasar vino y puso los cimientos de la casa de Dios en Jerusalén;

desde entonces está reconstruyéndose y no se ha terminado. 17 Ahora, pues, si al rey

le parece conveniente, que se hagan investigaciones en la casa de los tesoros del rey

de Babilonia para ver si hubo una orden del rey Ciro para la reconstrucción de esta

casa de Dios en Jerusalén y que el rey nos transmita luego su voluntad en este asunto.”

Por su carta se revela Tatnaí ser hombre sereno y objetivo, que expone desapasionadamente los

hechos, sometiéndolos al criterio de Darío. La palabra del v.6 Afarsak, que hemos traducido por

“los persas,” es interpretada por algunos como nombre de un pueblo desconocido (4:9) o como

función oficial. El gobernador desea al rey Skelama kola 1. Pero el texto griego relaciona la palabra

kola con la siguiente: “Que el rey conozca enteramente que hemos ido.” Por las palabras

provincia de Judá debe entenderse la región de Judea, no la provincia en sentido técnico persiano.

Sabido es que en tiempos de Darío creóse la provincia de Judea (iehud), con plenos poderes,

separada de la de Samaría y regida por un peha o gobernador. Al referirse al templo y emplear

Tatnaí la expresión “Dios grande,” se acomoda al modo de hablar de los judíos, mostrándose

respetuoso con sus creencias. La construcción del templo se hace con material noble, en piedra

tallada (literalmente: “piedras que se hacen rodar:” eben gelal). No convienen los exegetas en el

sentido de la expresión “colocan las maderas en los muros,” que explican, o 1) por el empleo de

madera en el interior del muro; 2) por las viguetas transversales, formando pisos, 3) por el andamiaje

que se sujetaba al muro por medio de tablones. Schneider lo interpreta del revestimiento de

los muros internos con madera (Dan 5:5; Ag 1:4; 1 Re 6:15). Como hemos dicho, en adelante

desaparece Zorobabel de la escena — aunque ocupen él y Josué el primer lugar —, para ser suplantado

por los ancianos.

Los judíos respondieron que el templo fue construido por Salomón (1 Re 6:1). A la

posteridad pasó con la fama de haber sido gran rey. “Los siervos del Dios del cielo y de la tierra,”

al reconstruir el templo, tratan de poner de nuevo el gran centro religioso de Jerusalén en

condiciones de poder celebrar allí los actos de culto a su Dios, Yahvé. Propiamente la autorización

de reconstruir el templo la han recibido, dicen los judíos, de Dios, creador de todo, Señor

de los reyes, el Dios no solamente de Canaán, sino de todo el reino, al que los mismos persas

rinden o al menos autorizan el culto.

Reconocen los judíos que no fueron propiamente los soberanos de Babilonia los que destruyeron

un templo tan antiguo, sino el mismo Dios, que se sirvió de los hombres para castigar la

rebeldía de su pueblo al pacto de la alianza (2 Re 25:835). Ahora, con la expresa autorización de

Ciro, reedifican la casa del gran Dios. Los judíos suspendieron temporalmente las obras, pero

la orden del rey no fue nunca revocada. Por lo cual dicen astutamente y con fundamento real los

ancianos que “desde entonces está reconstruyéndose y no se ha terminado.” Las circunstancias

que enumeran los ancianos prueban claramente cuál era la voluntad de Ciro. ¿Qué monarca se

desprende de los tesoros de oro y plata para devolverlos al templo que otros habían expoliado?

De ahí que, continuando ellos la obra del templo, demuestran su adhesión inquebrantable al trono

de Persia. Los que impiden tal obra se oponen a las órdenes del rey. La expresión “Ciro rey de

Babilonia” se encuentra en diversos textos cuneiformes 2 y es empleada por Artajerjes (Neh

13:6). Ninguna dificultad surge de la comparación del principio y fin del v.15, ya que la frase en

boca de Ciro no podía significar que depositara Sesbasar los tesoros en un templo que no existía.

1301

No se indica el lugar provisional donde fueron colocados. Sesbasar puso los fundamentos de la

obra del templo (3:8; 4:1-5). Correctamente invita el gobernador a Darío a que se cerciore de la

existencia del derecho invocado por los judíos. Los documentos reales, el archivo de la corona,

eran conservados en un departamento de la mansión real. Sin embargo, exista o no tal documento,

lo que cuenta definitivamente es la voluntad de Darío, que puede confirmar o abrogar edictos

dados por sus antecesores o proceder según su antojo. La palabra Babilonia no estaba acaso en el

texto original.

Hallazgo en Ecbatana (6:1-2).

1 Entonces el rey Darío dio orden de hacer investigaciones en las casas de los archivos,

donde se depositaban los tesoros, en Babilonia; 2 y se encontró en Ecbatana, capital

de la provincia de Media, un rollo en que estaba escrito el memorial siguiente.

Algunos autores cambian el orden de los términos archivo y tesoro, traduciendo: “En la casa de

los tesoros, en donde se depositaban los libros,” alegando que se guardaban los libros en el mismo

lugar que los tesoros; pero éstos no se colocaban en las bibliotecas. Se discute en qué sentido

debe entenderse la palabra Babilonia. Algunos (Gelin, Kittel) la interpretan en el sentido de reino

de Babilonia. Pero puede ser que, siguiendo el rey la indicación del gobernador Tatnaí, diera orden

de que se registraran los archivos de Babilonia y, al no encontrarse allí el documento, se

buscara en otras villas reales, encontrándose en Ahmeta. Según datos de Jenofonte 1, solía Ciro

habitar en medio de su imperio, pero cambiaba de ciudad. Durante los siete meses de invierno

vivía en Babilonia; en los tres meses de primavera residía en Susa, desde donde marchaba a Ecbatana,

hoy Hamadan, para veranear allí.

Ahmeta es el nombre aramaico de Ecbatana. En las tres capitales del imperio mencionadas

existían archivos reales, donde se guardaba la relación de los hechos más salientes de la historia.

De la circunstancia de hallarse en Ecbatana el memorial de Ciro se concluye que fue promulgado

durante el verano del año 538. Según la crónica de Nabónides (Pritchard, 316), no se

hallaba en Babilonia el 4 de Nisán, presidiendo su hijo Gambises las ceremonias (529-522).

El rey invernaba en Babilonia, veraneaba en Ecbatana y pasaba en Susa la primavera. El

memorial estaba escrito en un rollo de pergamino o piel, de uso, desde muy antiguo, en Persia

(Diodoro, BibL Hist. 2:32). El término Dikronah, memorial, “es un documento que guarda el recuerdo

de un acto oficial” (Michaelí). No se reproduce el texto completo del decreto.

Extracto del decreto (6:3-5).

3 “El año primero del rey Ciro ha dado el rey Ciro esta orden respecto de la casa de

Dios de Jerusalén: Que la casa sea reconstruida para ser un lugar en que se sacrifique

y que tenga sólidos fundamentos. Tendrá sesenta codos de alto, sesenta de ancho

4 y tres hiladas de piedra tallada y una de madera nueva, siendo abonado el importe

por la casa del rey. 5 Además, los utensilios de oro y de plata que Nabucodonosor sacó

del templo de Jerusalén, trayéndolos a Babilonia, serán devueltos y llevados al

templo de Jerusalén, al lugar donde estaban, y depositados en la casa de Dios.”

El extracto del decreto de Ciro se hace teniendo en cuenta la petición del gobernador. Por lo

mismo, se indica la fecha en que Ciro dio la orden de reedificar el templo. Quería el monarca que

se ofrecieran allí sacrificios cruentos e incruentos. El texto masorético: “y sean erigidos sus fundamentos

(ussohi)” debe cambiarse por: “sus sacrificios ígneos (esshohi)” o cruentos. No quiere

1302

indicar Ciro el lugar donde debe emplazarse el futuro templo, sino hacer hincapié en que deben

celebrarse sacrificios para tener propicio al Dios de los judíos. Este Dios tenía su asiento en Jerusalén;

era necesario, pues, que se le rindiera culto en el mismo lugar que Dios había escogido.

Se añade una noticia incompleta y acaso desfigurada de las medidas del nuevo templo. Se

indican la altura y la anchura, pero nada se dice de su longitud. Comparando las medidas señaladas

por Ciro con las del templo de Salomón, aparece que éste debía ser superado por el nuevo. El

santuario salomónico contaba 6o codos de largo, 20 de ancho y 30 de altura (1 Re 6:2). Si el

nuevo tenía 6o codos de alto y 6o de ancho, ¿cuánto medía su longitud? No lo dice el texto, pero

es de suponer que superase a las otras dos medidas. Pero estas proporciones colosales del nuevo

templo contradicen al testimonio de Ageo (2:3) y de Zacarías (4:10), que hablan de un templo de

proporciones menores que el de Salomón. Es evidente que los números dados aquí no corresponden

a la realidad ni eran los que escribió el autor sagrado. La altura resultaría extraordinaria; el

ancho del templo sería tres veces mayor que el de Salomón 2.

El codo, como unidad de medida, era doble: el vulgar, equivalente a c.45 metros, y el que

se empleó en la construcción del templo, c.52. Las particularidades sobre la manera como debía

precederse en la construcción se explican por la forma administrativa del decreto. Sobre el empleo

de hiladas de piedra y de madera en las Consrucciones antiguas véase 1 Re 6:36; 7:12· La

misma construcción se observa en un muro del siglo XIV antes de Cristo en la antigua Ugarit

(Rash Shamra).

Ordenes concretas (6:6-10).

6 “Por tanto, Tatnaí, gobernador del otro lado del río; Setar-Boznaí, y vuestros colegas

de Afarsac, que habitáis al lado de allá del río, alejaos de ahí 7 y dejad que prosigan

los trabajos de esa casa de Dios y que el gobernador de los judíos y los ancianos

de los judíos la reconstruyan en su lugar. 8 Esta es la orden que os doy acerca de

lo que debéis hacer, respecto de esos ancianos de los judíos, para la construcción de

esa casa de Dios. 9 El costo, tomado de la hacienda del rey, proveniente de los tributos

de la parte de allá del río, será íntegramente pagado a esos hombres, para que no

haya interrupciones. 10 Lo necesario para los holocaustos al Dios de los cielos: novillos,

carneros, corderos, trigo, sal, vino y aceite, será entregado, a petición suya, a los

sacerdotes de Jerusalén, día por día y sin falta, para que ofrezcan sacrificios de grato

olor al Dios de los cielos y rueguen por la vida del rey y la de sus hijos.”

Indicados sumariamente los puntos claves del edicto de Giro, pasa Darío a dar órdenes concretas.

Exige en primer lugar que se deje en paz a los judíos para que prosigan la obra del templo. Tienen

los sionistas derechos adquiridos y no deben inmiscuirse en este negocio las autoridades locales

y regionales, poniendo cortapisas a la amplia concesión de Ciro. Se citan los nombres del

gobernador, Tatnaí, de Setar-Boznaí, ambos nombres asirios. La palabra Afarsac debe probablemente

traducirse por persas (5:6). La orden, pues, se dirige a los funcionarios persas de la satrapía

Abarnahara o transeufratena. A las disposiciones antiguas añade Darío muestras evidentes de

simpatía hacia la causa judía. Lejos de obstaculizar la construcción del templo, impone a las autoridades

provinciales la obligación de entregar a los ancianos de los judíos el dinero recaudado

en concepto de tributos de la provincia de Abarnahara. Debió de sospechar el rey que tenían los

judíos necesidad de dinero para esta empresa y acaso había llegado a sus oídos la noticia de

haberse paralizado las obras por falta de fondos. Ciro habíase mostrado espléndido; los amigos

de los judíos habían entregado sumas considerables (1:3-4); los judíos que quedaron en Babilo1303

nia habíanse solidarizado con sus hermanos repatriados, pero en aquellas circunstancias en que

comenzaba una vida nueva para Israel no había nunca dinero suficiente. Confirma la historia la

religiosidad de Darío y su generosidad hacia los lugares sagrados. En Egipto reparó muchos

templos, mostrándose tan religioso, que dioses y diosas le reconocieron como a hijo suyo. Restauró

el templo de Pta en Menfis, construyó el santuario en el oasis de Kargah. Uzahor, en la

descripción e Sais, dice: “Todo esto hizo Darío, porque sabía que tal era la me-r manera de dar

nueva vida a lo que estaba cayendo en ruinas, con el fin de mantener el honor de todos los dioses,

sus templos, sus rentas y la perduración de su culto con sus fiestas” (Fernández) Sus donativos

a los judíos tenían como finalidad obtener dé ellos la segundad de que en sus sacrificios se

acordarían de Darío y de sus hijos. Entre los persas existía el deber de rogar por el rey con ocasión

de los sacrificios 3. Los judíos de la Elefantina prometieron al gobernador persa de Judá,

Bagoas, ofrecer sacrificios por él, asegurándole que, si hace reconstruir su templo, alcanzará con

ello delante de Dios un mérito más grande que el ofrecimiento de holocaustos “por un valor de

mil talentos de plata.”4

Aspira Darío a obtener la bendición de Yahvé, como de todos los otros dioses, por impulsar

y ayudar la construcción de templos y contribuir a los gastos que importaban los sacrificios

(Pritchard 492). El tecnicismo cultual empleado en el texto explícase por disponer el rey de

funcionarios judíos encargados de los negocios referentes a su pueblo. Se mencionan tres clases

de sacrificios: cruentos (animales), ofrendas (cereales, sal) y libaciones (vino y aceite). La expresión

“sacrificio de grato olor” debe tomarse en sentido general, y no en el particular de ofrendas

de incienso y perfume (Lev 1:9; 2:9).

Severos castigos (6:11-12).

11 “Y ésta es la orden que doy acerca de cualquiera que traspasare este mandato: se

arrancará de su casa una viga, que se alzara, para colgarle en ella, y su casa será

convertida en un montón de inmundicia. 12 Que el Dios que hace residir su nombre

en ese lugar derribe a todo rey y todo pueblo que tienda su mano para traspasar mi

mandato, destruyendo esa casa de Dios en Jerusalén. Yo, Darío; yo he dado esta orden.

Que sea puntualmente cumplida.”

Dos penas impone el rey a los transgresores. Por la primera, los contraventores serán empalados

en una viga de su misma casa. El mismo Darío empaló a tres mil babilonios 5. No era corriente

este castigo entre los hebreos; únicamente los cadáveres eran colgados de un palo para que sirvieran

de escarmiento (Deut 21:22; Jos 10:29; Est 5:14; 6:4; 7:10; 8:7). El segundo castigo consistía

en destruir la casa del culpable y convertirla en estercolero o lugar de inmundicias (newalu,

2 Re 10:27; Dan 2:5). La expresión “que el Dios que hace residir su nombre” es de sabor deuteronómico

(Deut 12:11; 14:23; 1 Re 9:3; Jer 7:12). Su presencia en el texto sugiere la idea de que

el redactor del libro da al texto cierto colorido judaico. La maldición encaja bien con la idiosincrasia

de Darío, que en la inscripción de Behistun invoca la maldición de Ahura Mazda contra

aquel que se atreva a destruirla.

Efectividad del decreto (6:13-15).

13 Tatnaí, gobernador de la parte de acá del río, Setar-Boz-naí y sus colegas, se conformaron

puntualmente a esta orden que les mandó el rey Darío; 14 y los ancianos

de los judíos prosiguieron con buen suceso la reconstrucción, según las profecías de

Ageo, profeta, y de Zacarías, hijo de Ido; y terminaron la reconstrucción, según la

1304

orden del Dios de Israel y las de Ciro y Darío. 15 La casa fue terminada el día tercero

del mes de Adar del año sexto del reinado de Darío.

Aunque las apariencias pudieran hacer creer otra cosa, es cierto que Dios rige los acontecimientos

de la historia universal para la consecución de sus fines inefables. De esta manera vemos que

el exilio fue una medicina saludable para Israel, que reconoció sus pecados y se volvió a su Dios.

Como consecuencia, Yahvé depone su actitud airada y perdona a su pueblo. En prueba de su

amistad y benevolencia hizo surgir monarcas adictos a la causa de Israel, permitiendo y facilitando

el regreso a la patria y un nuevo resurgimiento del pueblo judío. Las autoridades provinciales

recibieron con satisfacción la orden de Darío, escudándose en ella para frenar toda actividad

hostil de parte de los samaritanos. El favor real animó a los judíos, tanto por la ayuda económica

que les prometió como por la seguridad que les garantizaba con su decreto. En estas circunstancias

pudieron los profetas Ageo y Zacarías urgir el deber que incumbía a todos de trabajar en la

obra del templo. Por un conjunto de circunstancias favorables, la obra terminóse el día tercero

del mes de Adar (febrero-marzo) del año 515. El libro 3 de Esdras (7,5) y Flavio Josefo6 señalan

el término de la obra el 23 del duodécimo mes, del mes de Adar. Kugler prefiere la data del 23,

por razón de que en aquel año el día 3 caía en sábado y el 23 en viernes. Pero es posible, dice

Médiebelle, que el término de una obra tan importante prevaleciera al reposo sabático, sobre todo

si la obra terminó a primeras horas del sábado, al caer el sol en la tarde del viernes. Los trabajos

duraron cuatro años y medio. Todos los pormenores concurren a demostrar que no pudo competir

este nuevo templo con el de Salomón, en cuya construcción invirtiéronse siete años. Sin embargo,

se procuró conseguir una reproducción del edificio anterior bastante perfecta, como se

desprende de la letra de Aristeas7. Ezequiel contempla la nueva construcción desde el punto de

vista escatológico. Este nuevo templo fue santificado por la presencia de Jesucristo, que sacó de

él, a latigazos, a los que lo habían convertido en cueva de ladrones. De este segundo templo escribió

Ageo: “La gloria de esta postrera casa será más grande que la de la primera, dice Yahvé

Sebaot, y en este lugar daré yo la paz, dice Yahvé Sebaot” (2:10).

Dedicación del templo (6:16-18).

l6 Los hijos de Israel, los sacerdotes y levitas y los demás que habían venido de la

cautividad, hicieron con gozo la dedicación de esta casa de Dios, 17 ofreciendo en la

dedicación de esta casa de Dios cien novillos, doscientos carneros y cuatrocientos

corderos; y corno víctimas expiatorias por todo Israel, doce machos cabríos, según

el número de las tribus de Israel. 18 Establecieron a los sacerdotes según sus clases y

a los levitas según sus divisiones para el servicio de Dios en Jerusalén, como está escrito

en el libro de Moisés.

Terminadas las obras, procedióse a la dedicación del templo, conforme se hizo en tiempos de

Salomón (1 Re 8:1ss; 2 Crón 5:1-7). Con ello, aquella obra se destinaba exclusivamente al culto

religioso, declarándose lugar sagrado. No se dice cuánto duró la fiesta. La pequeña comunidad

formada por los repatriados celebró el acontecimiento con todo entusiasmo. Sacerdotes, levitas y

laicos regocijáronse en este día. Para esta celebración se inmolaron un número reducido de víctimas,

que contrasta con el gran número de los tiempos de Salomón (1 Re 8:62-63). Los holocaustos

se ofrecieron a Dios en reconocimiento de su dominio universal y para darle gracias por

los beneficios recibidos; los sacrificios por el pecado eran expiatorios, conducentes a purificar al

pueblo de sus pecados (Lev c.4; Núm c.15). Aunque los repatriados fuesen pocos y pertenecien1305

tes en su inmensa mayoría a las tribus de Judá y de Benjamín, ofreciéronse doce machos cabríos,

según el número de las tribus de Israel (8:35). Aquel pequeño grupo representaba a todo Israel,

que en cierta manera había contribuido a aquella obra (1:4; 7:16; 8:33). Al edificio material siguió

la reorganización del culto en el templo. En tiempos de David (1 Crón 23:6-24; 24:1-19) se

organizaron las veinticuatro clases sacerdotales. Pero el texto invoca el “libro de Moisés,” a saber,

Núm 3:6-13; 8:6-15, en donde se habla de los sacerdotes y levitas y de sus respectivos oficios.

Con el v.18 acaba el texto aramaico. ¿Por qué no termina con el decreto de Darío? Porque

el autor del libro reproduce una fuente o documento escrito en arameo, empezando con el v.19 su

trabajo personal.

Celebración de la pascua (6:19-22).

19 Los hijos de la cautividad celebraron la pascua el día catorce del mes primero. 20

Los sacerdotes y los levitas se purificaron todos a una y todos estaban puros, e inmolaron

los levitas la pascua para todos los hijos de la cautividad, para sus hermanos

los sacerdotes y para sí mismos. 21 Los hijos de Israel que habían vuelto de la transmigración

comieron la pascua con todos aquellos que se habían apartado de las inmundicia

de las gentes de aquella tierra y se habían unido a ellos para buscar a

Yahvé, el Dios de Israel. 22 Celebraron con alegría la fiesta de los panes ácimos durante

siete días, pues los había regocijado Yahvé, disponiendo al rey de Persia a

apoyarlos en la obra de la casa de Yahvé, Dios de Israel.

Durante los ocho días que duraba la pascua, el reposo era obligatorio los días primero y último, y

se comía el pan ácimo (Ex 12:15-2). La ceremonia principal consistía en la inmolación del cordero

pascual, que se comía en familia, según un detallado ceremonial (Ex 12:1-14). Esta nueva

pascua significaba el restablecimiento definitivo de Israel. Los hijos de la cautividad se conformaron

a las prescripciones antiguas. A ellos juntáronse los israelitas que no habían sido deportados

y que se separaron de los cultos idolátricos de los pueblos paganos que poblaban la tierra.

Tras un largo paréntesis histórico, los nuevos tiempos enlazábanse con los de Moisés. La pascua

celebróse el día 14 de Nisán (Ex 13:6; Lev 23:5), a saber, el 23 de abril (Kugler) o el 21 (Parker-

Dubberstein) del año 515. La reconstrucción del templo despertó la fe dormida de los judíos que

habían quedado en el país. Se trata de israelitas y no de prosélitos, como prueba la comparación

de nuestro texto con 9; 1; 2; 10; 10; 2; 10-11; Neh 9:2; 10:29. La constancia y fe de los repatriados

no podía menos de influir en el ánimo de los judíos, que se dejaron seducir por prácticas religiosas

de otros pueblos.

Nadie que no estuviera puro podía tomar parte en la fiesta (Ex 12:2-5; Núm 9:3), sino que

debía esperar a celebrarla un mes más tarde (Núm 9:11). Según 2 Crón 30:3, bajo Ezequías celebróse

la pascua “en el mes segundo, pues no había podido celebrarla antes la otra vez por no

haberse santificado muchos sacerdotes.” En esta ocasión podía celebrarse la pascua en su día, ya

que los sacerdotes y levitas estaban purificados, pudiendo, por lo tanto, ejercer las funciones que

les señalaba la Ley. Nuestro texto es algo confuso en relación a las personas que se purificaron,

pues mientras al final del verso da a entender que solamente se purificaron los levitas a fin de

inmolar la pascua para el pueblo, para sus hermanos los sacerdotes y para sí mismos (2 Crón

30:17-19; 35:11), al principio señala que se purificaron “los sacerdotes y los levitas.” Esta purificación

hacíase con sacrificios por el pecado y por el delito o con purificaciones lústrales. La purificación

era tanto más necesaria en cuanto que, después del exilio, el cordero pascual era inmo1306

lado por los levitas en el atrio del templo, en vez de hacerlo el jefe de familia, como en otros

tiempos (Ex 12:3-7; Deut 16.2). En la celebración de la pascua en tiempos de Ezequías inmolaban

los levitas el cordero pascual “por los que no habían tenido el cuidado de santificarse para

Yahvé” (2 Crón 30:,17); bajo Josías, los levitas Desollaban las víctimas para los sacerdotes y para

ellos mismos, no teniendo los cantores y porteros que abandonar sus oficios (2 Crón 35:11-

15). Los sacerdotes esparcían la sangre al pie del altar (Lev 17, 3-6; 2 Crón 30:16; 35:11). El sacrificio

del cordero pascual revestía en carácter expiatorio para todos los que habían estado en el

exilio. Al final del capítulo se hace hincapié en la alegría que reinó en “la fiesta de los panes

ácimos durante siete días.” Esta fiesta, que en un principio era distinta de la pascua, pero unida a

ella estrechamente, duraba una semana (Ex 12:15-20; Lev 23:6-9; Núm 28:,17) celebrándose con

grande alegría (2 Crón 30:21). En el texto masorético se lee: “disponiendo al rey de Asiría,” en

vez del rey de Persia O bien es llamado así por ejercer su dominio sobre Asiría8, como Artajerjes

es llamado rey de Babilonia (Neh 13:5) y Darío rey de la misma ciudad (5:13). En la fiesta de la

pascua, los judíos tuvieron presente al rey Darío, que tan favorablemente habíase portado

con ellos.

1 Médiebelle; E. Gerson-Kiwi, Musique: DBS 1411-1468.

2 Geogr. 6:2:6.

3 Geogr. 6:8,6.

4 Heródoto, Hist. 1:125; Estrabón, Geogr. 7,3:12.

1 Jouon: Β 22 (1941) 265.

2 Pritchard, 315-316.

1 Cyr. 8,6, 22; Anab. 3:5:15·

1 RB 46 (1937) 53.

3 Heródoto, Hist. I 132.

4 A. Cowley, Aramaic Papyri 30 lin.26-28; Pritchard, 492.

5 Herodoto, Hist. III 159.

6 Ant.Iud. 11:4,

7. H. Vincent, Jérusalem d'aprés la lettre d'Aristée: 21 RB (1908) 520-532; (1909) 5557575-

8 Véase .heród oto, I 178; jenofonte, Cyr. 2:1-5.

2. Reformas de Esdras (c.7-10).

En esta segunda parte del libro ocupa Esdras el puesto central. Señala el texto su ascendencia

sacerdotal, su viaje a Jerusalén, llevando una carta de recomendación; algunos detalles sobre los

acompañantes y nuevos repatriados. Los dos últimos capítulos del libro tratan de los matrimonios

mixtos.

Genealogía de Esdras (7:1-5).

1 Después de esto, en el reinado de Artajerjes, rey de Persia, vino Esdras, hijo de Serayas,

hijo de Azarías, hijo de Helcías, 2 hijo de Salum, hijo de Sadoc, hijo de Ajitub,

3 hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Merayot, 4 hijo de Zarajías, hijo de Uzi,

hijo de Buqui, 5 hijo de Abisúa, hijo de Fines, hijo de Eleazar, hijo de Aarón, sumo

sacerdote.

Con datos concretos se prueba la ascendencia sacerdotal de Esdras = Ezrayah, nombre que significa

“al que Yahvé ayuda.” Otros personajes llevaron este nombre (Neh 12:1; 13; 33). Únicamen1307

te con este requisito podía ejercer Esdras las funciones sacerdotales en el templo (2:62). Serayas

es el último sumo pontífice del reino de Judá, muerto por Nabucodonosor en Ribla (2 Re 25:18-

21). Su pontificado fue retransmitido a Esdras a través de su hijo primogénito Josadac, padre de

Josué (5:2). Entre Serayas y Esdras hanse omitido algunos nombres. Serayas, escribe Fernández,

fue padre de Josadac, que fue llevado al destierro (1 Crón 6:10); y sus hijos, que le sucedieron en

el sumo pontificado, se hallan citados en Neh 12:10-11, de donde cabe concluir que Esdras descendía

de Serayas por uno de sus hijos menores. Queriendo el autor sagrado demostrar que Esdras

procedía de la línea de sumos sacerdotes, y entre sus progenitores el primer sumo sacerdote

era Serayas, nombró a éste, saltando a los demás intermedios, que no le interesaban. Este método

de omitir algunos nombres en las listas genealógicas es muy común en la Biblia. El género literario

genealógico expresa más bien un sistema teológico-jurídico que una encuesta biológica. Parece

que las genealogías sacerdotales se hicieron remontar hasta Aarón entre la época de Esdras

y de las Crónicas (Gelin). Entre Serayas y Esdras median unos ciento treinta y ocho años, siendo

evidente que la palabra hijo tiene aquí un sentido muy amplio· De Azarías apenas se sabe nada.

Releías era sumo sacerdote durante el reinado de Josías; en su tiempo fue encontrado el libro de

la Ley (2 Re 22:4; 2 Crón 34:9). Entre Sadoc y Ajitub ha omitido el autor el nombre de Merajot

(1 Crón 9:11). Fue Amarías sumo sacerdote en tiempos de Josafat, rey de Judá. Abisúa fue hijo

de Finés (1 Crón 5:30-31), y éste de Eleazar (Ex 6:25). A la muerte de los hijos de Aarón (Nadab

y Abiú), Eleazar sobrevivió, sucediendo a padre en el sacerdocio (Núm 20:26-28). Fue Aarón

hermano de Moisés; recibió para él y para su descendencia la dignidad del sumo sacerdocio (Ex

c.28-29), de manera que el primogénito fuera sumo sacerdote, y los otros, simples sacerdotes

(Núm 3:10). Tal dignidad se retransmitió a través de sus dos hijos Eleazar e Itamar, más del primero

que del segundo (1 Crón 24:3-6). Es de notar que el texto original no contiene ningún verbo

hasta el v.6; tanta es la atención y admiración del autor por su personaje, que incluso olvida

las reglas de la gramática, llevado por el afán de poner de relieve la ascendencia sacerdotal de

Esdras. En el v.1 se habla de que la llegada de Esdras fue “reinando Artajerjes.” Ahora bien, como

diremos más tarde, tres son los monarcas persas con este nombre: Artajerjes I Longímano

(464-424), Artajerjes II Mnemone (405-358), Artajerjes III Oco (358-337). Desde el año 515

(6:19) hasta el séptimo de Artajerjes (458) existe un espacio de cincuenta y ocho años.

En ruta hacia Jerusalén (7:6-10).

6 Venía de Babilonia, y era un escriba muy versado en la ley de Moisés, dada por

Yahvé, Dios de Israel; y corno estaba sobre él la mano de Yahvé, su Dios, el rey le

otorgó todo cuanto le pidió, 7 Muchos de los hijos de Israel, de los sacerdotes y levitas,

de los cantores, de los porteros y de los netineos, vinieron también a Jerusalén el

año séptimo del rey Artajerjes. 8Llegó Esdras a Jerusalén el mes quinto del año séptimo

del rey, 9habiendo salido de Babilonia el día primero del primer mes, y llegó a

Jerusalén el día primero del quinto mes, estando sobre él la mano de su Dios, 10 porque

Esdras había dispuesto su corazón para poner por obra la Ley de Yahvé y enseñar

en medio de Israel sus mandamientos y preceptos.

El autor sagrado ha utilizado tres fuentes de información en” estos capítulos: el archivo donde se

guardaba la genealogía sacerdotal de Esdras (1 Crón 6:29-40), un memorial de Esdras y la carta

de Artajerjes. Además de sacerdote, era Esdras un escriba versado en la Ley de Moisés. Por el

nombre de escriba (sofer) pueden entenderse aquellos funcionarios que conocían el arte de escribir

(Sal 45:2) y que prestaban sus servicios preferentemente en la corte real (2 Sam 8:17; 2 Re

1308

12:11). Del tiempo de la cautividad llámase sofer al hombre dedicado al estudio e interpretación

de la Ley (Ecl c.38-39). Parece que Esdras, a ejemplo de los colegios sacerdotales babilónicos,

formó junto al templo un colegio de soferim cuya misión era reunir las tradiciones escritas y orales,

ordenarlas y codificarlas con vistas a una futura reforma1.

Su contacto permanente con la legislación mosaica hizo de él un escriba especializado o,

como dice el texto, versadísimo en la Ley de Moisés. El término hebraico mahir significa pronto,

rápido, ágil> tanto para escribir la Ley como para interpretarla. Hasta su tiempo no existía una

codificación o colección escrita de toda la legislación mosaica, que se conocía a través de la tradición

oral o por algunas colecciones escritas incompletas. Sus muchos años de permanencia en

el palacio y su trabajo en el departamento de negocios hebraicos le familiarizaron con la Ley de

Moisés, ahondando en su espíritu y desentrañando su verdadero sentido. De ahí que puede llamarse

escriba muy versado y ágil en la interpretación de una ley que tantas veces había transcrito

y meditado profundamente. El v.10 dice que estaba Esdras dedicado a escudriñar (darash) la Ley

de Moisés con el fin de conocerla perfectamente. En los v.14 y 25 se puntualiza que esta Ley

“está entre sus manos” (v.14), que la conoce al dedillo; “según la sabiduría de tu Dios, que está

en tu mano” (v.25). Esta ciencia y sabiduría de la Ley la había asimilado él, llevándola totalmente

a la práctica. A toda ella faltaba un complemento, a saber, comunicar a otros esta ciencia y

moverlos a practicarla mediante su ejemplo.

Debía ser Esdras un hombre íntegro, fiel y hábil para granjearse la estima de sus superiores

y subditos. La afección que el rey sentía por él le impelía a concederle todo cuanto pedía.

Dios había recompensado la conducta intachable de su siervo haciendo que encontrara gracia a

los ojos del rey; de donde se decía que “la mano de Dios estaba sobre él” (7:10-28; 8:18; Neh

2-8). Aprovechó Esdras aquella coyuntura favorable para obtener una autorización para regresar

a Jerusalén él y otros que quisieron acompañarle. De seguro habría oído él que la vida de los repatriados

en Palestina no correspondía al ideal señalado por la Ley de Moisés.

¿Cuándo Partió Esdras Para Jerusalén?

Dice el texto (v.7) que fue el año séptimo de Artajerjes. Tres son los monarcas persas con

este nombre: Artajerjes I Longímano (464-424), Artajerjes II Mnemone (405-358) y Artajerjes

III Oco (358-337). Se excluye que Esdras regresara en tiempos de este último; quedan en litigio

los dos primeros. Según datos del texto, la misión de Esdras tuvo lugar el año 458, coincidiendo

con el año séptimo de Artajerjes Longímano; Nehemías llegó el año 20 del mismo monarca, es

decir, el año 445. La sentencia de Van Hoonacker, que defendieron después otros autores, hace

coincidir la fecha de la misión de Esdras con el año 398, séptimo del reinado de Artajerjes II

Mnemone. Las razones que se aducen en su apoyo kan sido indicadas en la introducción; en caso

de aceptarse, el orden de los capítulos sería el siguiente: Esd c.1-6; Neh 1-7 y 10-13; Esd 7-10 y

Neh 8-9. En el supuesto de que la misión de Esdras precedió a la de Nehemías, ¿cómo se explica

que este último silencie completamente la obra del sacerdote escriba? Además, al llegar Esdras a

Jerusalén, halló que la ciudad había sido reconstruida, lo que supone la acción anterior de Nehemías.

Por estas y otras razones considera Van Hoonacker que la llegada de Esdras es posterior a

la de Nehemías.

El autor del libro, dicen, ha sacrificado el orden cronológico de los hechos al respeto que

sentía por Esdras sacerdote, que ostentaba una dignidad superior a la del laico Nehemías. Una y

otra hipótesis presentan soluciones aceptables y dificultades.

Con Esdras llegaron sacerdotes, levitas, cantores, porteros y netineos (2:36-63). Esta no1309

ticia está relacionada con lo dicho en el capítulo anterior acerca de la dedicación del templo. La

caravana partió de Babilonia el día primero del mes de Nisán (marzo-abril) y, tras un viaje de

ciento ocho días, llegó a Jerusalén el primero del mes de Ab (julio-agosto). El día primero del

primer mes los expedicionarios concentráronse en las orillas del río Ahavá (8:15; 21; 31). Allí

esperó Esdras la concentración de nuevos levitas (8:15-20). Túvose un día de oración y ayuno

(8:21-23), partiendo definitivamente hacia el día 12 del primer mes (8:31). Dios protegió a la caravana

de enemigos y bandoleros, llegando felizmente a su destino (8:31).

l E. Dhorme: RHPHR 35 (1955) 129-143.

Carta de Artajerjes.

Encabezamiento (7:11-12).

11 He aquí la copia de la carta entregada por el rey Artajerjes a Esdras, sacerdote y

escriba, versado en los mandamientos y las leyes de Yahvé a Israel: “Artajerjes, rey

de reyes, a Esdras, sacerdote y escriba, versado en la ley del Dios de los cielos, etc.,”

El autor antepone a la carta real una corta introducción. A Esse le llama sacerdote y escriba (Neh

8:9; 12:26), aunque en el contexto se insista más en esto último. De nuevo se le califica de muy

versado en los mandamientos y leyes de Yahvé. El verso, en e1 texto original, va en hebreo, a

pesar de que la carta del rey (v. 12-26) é escrita en arameo. Es digno de notarse la repetición de

la Palabra escriba en el v.11. Artajerjes se llama “rey de reyes,” como hacían también los soberanos

asirios y neo-babilónicos (Ez 26:7; Dan 2:37), por su dominio sobre un vastísimo imperio.

Los persa daban a su dios Ahura Mazda el título de dios del cielo.

Misión de Esdras (7:13-16).

13 “He dado la orden de dejar partir a todos los del pueblo de Israel, de sus sacerdotes

y sus levitas, que hay en mi reino que estén dispuestos a ir contigo a Jerusalén.14

Tú eres enviado del rey y de sus siete consejeros para inspeccionar a Judá y a Jerusalén

respecto de la Ley de tu Dios, que está entre tus manos, 15 y para llevar allá el

oro y la plata que el rey y sus consejeros han ofrecido generosamente al Dios de los

cielos, cuya casa está en Jerusalén; 16 toda la plata y el oro que puedas reunir en Babilonia,

con las ofrendas voluntarias hechas por el pueblo y los sacerdotes a la casa

de Dios en Jerusalén.”

El rey no fuerza a nadie; deja a todos en libertad de quedarse o de partir para Jerusalén. Se menciona

a los laicos, sacerdotes y levitas. Disponía el monarca de un consejo de siete consejeros

(Est 1:14; Tob 12:15; Dan 4:14), llamados “los ojos y los oídos del rey,” que gozaban de su

máxima confianza y a los que se sometía el estudio de los negocios importantes. Componíase en

un principio de aristócratas persas (Heródoto, 3:71; 76:83-84), al que entraron más tarde nobles

medos (Est 1:14). Refiere el mismo Heródoto (3:70) y Ctesias (Pers. 14ss) que “siete príncipes

entre los persas” se conjuraron contra el falso Smerdis, siendo Darío uno de ellos.

Habían llegado a palacio noticias alarmantes sobre abusos en la vida religiosa de los repatriados,

contaminados tal vez al contacto de los “pueblos de la tierra.” La expresión “que está en

1310

tus manos,” refiriéndose a la Ley, puede significar que Esdras debe examinar la situación religiosa

existente de acuerdo con lo preceptuado en la Ley de Moisés, que él conocía a fondo. No parece

que aquí se aluda a un ejemplar escrito que Esdras llevara consigo.

Con ocasión de la primera repatriación mandó Ciro que se entregaran a Sesbasar los objetos

de oro y plata que había sustraído Nabucodonosor del templo de Jerusalén (1:7). Artajerjes

contribuye generosamente al esplendor de la casa del Dios de los cielos, que tiene su morada en

aquella ciudad. Da, además, facultad para que se hagan colectas en Babilonia y se acepten las

ofrendas voluntarias. No cabe en el texto la distinción entre las ofrendas de los paganos y las que

hicieron los judíos; fueron estos últimos los que más contribuyeron con sus donativos al esplendor

del templo.

Destino de las limosnas (7:17-20).

17 “Cuidarás de adquirir con ese dinero novillos, carneros, corderos y cuanto es necesario

para las ofrendas y las libaciones, que ofrecerás sobre el altar de la casa de

vuestro Dios e Jerusalén, 18 y con el resto de la plata y del oro harás lo que mejor te

parezca a ti y a tus hermanos, conforme a la voluntad de vuestro Dios. 19 Deposita

ante Dios en Jerusalén los utensilios que se te entregan para el servicio de la casa de

tu Dios 20 y saca de los tesoros del rey lo que sea necesario para las otras expensas

que has de hacer para la casa de tu Dios.”

Tenían fe los monarcas persas en la eficacia de los sacrificios cruentos, incruentos y libaciones.

De ahí que se indique a Esdras la obligación de destinar el dinero a la compra de lo necesario

para asegurarlos. Es posible que entre los abusos existía el de limitar el número de sacrificios e

incluso descuidarlos, alegando la carencia de dinero para la adquisición de víctimas. Si algo resta,

puede Esdras, con el consejo de sus colegas, disponer libremente de ello. Los utensilios que se

destinan para la casa de Yahvé no pueden utilizarse en usos profanos; necesariamente deberán

colocarse “delante del Dios de Jerusalén,” o sea, del Dios de Israel, que ha escogido Jerusalén

por morada. Lo que haga falta, añade el dadivoso rey, lo proporcionará el tesoro real (6:8).

Ordenes α los tesoreros reales (7:21-24).

21 “Yo, el rey Artajerjes, doy orden a todos los tesoreros de la parte de allá del río de

entregar íntegramente a Esdras, sacerdote y escriba, versado en la ley del Dios de

los cielos, todo lo que él os pidiere, 22 hasta cien talentos de plata, cien coros de trigo,

cien “batos” de vino, cien “batos” de aceite y sal a discreción. 23 Que todo cuanto está

mandado por el Dios de los cielos se haga puntualmente para la casa del Dios de

los cielos, para que no venga su cólera sobre nuestro reino, sobre el rey y sobre sus

hijos. 24 Os hacemos saber que no podrá ser impuesto tributo, ni gabela, ni derecho

de peaje a ninguno de los sacerdotes, levitas, cantores, porteros y netineos ni a ningún

servidor de esa casa de Dios.”

La provincia de Abarnahara tenía rentas propias y era independiente de la administración central

(4:10; 3:2). Las gentes pagaban impuestos y tributos al gobernador, quien retransmitía lo recaudado

al poder central. En adelante, parte de las cantidades recaudadas serán entregadas a Esdras.

En concreto, Esdras recibirá hasta cien talentos de plata (cerca de un millón de pesetas), cien coros

de trigo (unos treinta y seis mil litros), cien batos (unos cuatro mil litros) de vino, otros tantos

de aceite y sal a discreción.

1311

A estos donativos se añadía la exención de tributos, gabelas, Derechos de peaje a todos

los funcionarios del templo. En la inscripción de Gadata y otras aparece la costumbre de eximir a

los sacerdotes de los impuestos. Darío, en la mencionada inscripción, reprende a su sátrapa Gadata

por haber exigido impuestos a los Jardineros del bosque sagrado de un templo de Apolo.

Antíoco III eximió perpetuamente de impuestos a los sacerdotes, levitas y cantores del templo2.

El descuido tocante al culto podía desencadenar la ira de los dioses sobre el imperio, el monarca

y sus hijos.3

Ultimas disposiciones (7:25-26).

25 “Y tú, Esdras, según la sabiduría que de Dios, que está en tu mano, tienes, establece

jueces y magistrados que administren justicia a todo el pueblo del otro lado del

río, a todos los que conocen la Ley de tu Dios, y enséñasela a los que no la conocen.

26 Cualquiera que no guarde puntualmente la ley de tu Dios y la ley del rey, será

condenado a muerte, a destierro, a multa o a prisión.”

Los poderes otorgados a Esdras son extraordinarios, pero se limitan a los judíos que viven en Judá

y Jerusalén (v.14). Debía establecer jueces (sofetim) y magistrados (dayyanim) que le ayudaran

en su misión. La Ley de Moisés debía ser la norma de todos los judíos. Los que se negaran

someterse a ella, o serán condenados a muerte o expulsados de la comunidad judaica, a multa o

prisión. Existiendo entre Dios y su pueblo el pacto de la alianza, era lógico que no podía Yahvé

quedar satisfecho mientras su pueblo no ajustara su conducta a las prescripciones de la alianza.

Todos los judíos, que conozcan o no la Ley, por el hecho de serlo, deben vivir conforme a ella.

Para que no tengan excusa, Esdras y sus ayudantes les instruirán en la misma. Los que se negaran

a practicarla serán castigados, o con la muerte, o con la expulsión de la comunidad judaica,

siendo considerado el delincuente como excomulgado, con multa o prisión. Con pena de muerte

se castigaba la idolatría (Ex 22:19; Lev 20:2; Deut 13:6-10), el adulterio (Lev 20:10; Deut 22:22-

24). La expulsión de la comunidad judaica practicóse en tiempos de Nehemías (Neh 13:3-28). La

figura de Esdras no está aislada en la historia. En muchos rasgos se parece a la del sacerdote

egipcio Udja-Horesnet, que vivió en un tiempo en Elam y que fue enviado por Darío I en misión

oficial a Egipto para que, según reza una inscripción en su estatua, “reorganizara los muros de la

casa de vida.” En ésta fueron escritos y conservados los libros de contenido religioso. En tiempos

posteriores conserváronse en los templos4. Semejante instalación pudo haber creado Esdras en

Jerusalén (Schneider).

Acción de gracias (7:27-28).

27 Bendito Yahvé, Dios de nuestros padres, que ha dispuest el corazón del rey a glorificar

así la casa de Yahvé en Jerusalén 28 y que me hizo objeto de la benevolencia

del rey, de sus consejeros y de todos sus poderosos jefes. Fortalecido por la mano de

mi Dios, que estaba sobre mí, reuní a los jefes de Israel para que partieran conmigo.

Con el v.27 empieza de nuevo el texto hebraico. Esdras habla en primera persona del plural y

llama a Yahvé “el Dios de nuestros padres.” Le alaba no tanto por haber recibido donativos

cuantiosos cuanto por haber dispuesto el corazón del rey en favor del pueblo judío. Al conceder

el monarca autorización para que Israel viviera según sus propias leyes, ponía los fundamentos

del nuevo pueblo judío. El decreto real era la carta de fundación del judaismo. Más tarde, Antíoco

el Grande concedió “a todo el pueblo poder vivir según sus leyes antiguas”5. Esto mismo con1312

cedieron los romanos, con la limitación de que los jueces judíos no podían condenar a pena de

muerte (Jn 18:31).

l E. Dhorme: RHPHR 35 (iQSS) 129-143.

2 Flavio Josefo, Ant. lud. 12:3:3

3 D. Delorme, La religión des Achéménides: RB 22 (1913) 15-35; G. Lambert, L restauration juive sous les

rois Achéménides: “Cahiers Sioniens,” i (1947) 314-337·

4 E, Οttο, Kleines Wórterbuch der Egypyologie (1957) s.v. Lebenshaus.

5 Flavio Josefo, Ant. Lud. 12:3.3.

¿Es Auténtico el Decreto de Artajerjes?

Existen autores (Batten, Kuenen, Torrey, Holscher, etc.) que lo niegan. No es posible, dicen,

que proceda de Artajerjes un decreto que chorrea judaísmo por sus cuatro costados. Efectivamente,

quien redactó el decreto conocía bien la terminología hebraica y la Ley de Moisés; estaba

enterado de las diversas clases de sacrificios y se expresa como podía hacerlo un legislador

judío cualquiera. Además, parece improbable que el rey de Persia se mostrase tan generoso para

con Esdras y le otorgara una autoridad comparable a la de un gobernador. Sin embargo, las razones

no son de peso decisivo para dudar de la autenticidad sustancial del decreto. Es muy probable

que éste fuese redactado por un escriba judío, y aun cabe aventurar la hipótesis de que fuera

Esdras el que lo dictó. Artajerjes se muestra generoso; pero hemos visto que sus dádivas tendían

exclusivamente al esplendor del templo, para tener a Dios propicio, A Esdras le da un poder casi

absoluto sobre sus súbditos judíos; los gentiles, las gentes de la tierra, dependían directamente y

en todo de las autoridades civiles persas. Con su decreto conseguía Artajerjes tener sometido a

un pueblo que reclamaba vivir conforme a sus propias leyes, dentro, naturalmente, del inmenso

imperio persa (Neh 8:9). Con estas concesiones tenía el rey la seguridad de que tanto Israel como

su Dios no constituirían en adelante impedimento alguno para la pacífica dominación persa en

Judea y Jerusalén. No vemos, pues, mayor dificultad en que el decreto, al menos en su esencia,

sea auténtico.

Familias repatriadas (8:1-14).

1 He aquí los jefes de familias y las genealogías de los que subieron conmigo de Babilonia

en el remado de Artajerjes: 2 de los hijos de Finés, Gersón; de los hijos de Itamar,

Daniel; de los hijos de David, Jatús, 3 hijo de Secanías; de los hijos de Ρaros,

Zacarías, y con él ciento cincuenta varones registrad 4 de los hijos de Pajat Moab,

Elyoenai, hijo de Zazajías, y con él doscientos varones; 5de los hijos de Zatú, Secanías,

hijo de Jacaziel, y con él trescientos varones; 6 de los hijos de Adín Ebed, hijo de

Jonatán, y con él cincuenta varones; 7de los hijos de Elam, Isaías, hijo de Atalía, y

con él setenta varones; 8de los hijos de Sefatías, Zebadías, hijo de Micael, y con él

ochent6 varones; 9 de los hijos de Joab, Abdías, hijo de Jejiel, y con él doscientos dieciocho

varones; 10 de los hijos de Baní, Selomit hijo de Josifía, y con él ciento sesenta

varones; 11 de los hijos de Bebaí, Zacarías, hijo de Bebaí, y con él veintiocho varones.

12 de los hijos de Azgad, Jojanán, hijo de Acatan, y con él ciento diez varones; 13

de los hijos de Adonicam, los últimos; he aquí los nombres: Elifelet, Jeuel, Semeyas,

y con ellos sesenta varones; 14 de los hijos de Bigvaí, Utaí y Zabub, y con ellos sesenta

varones.

1313

En el texto se emplea la primera persona, lo cual sugiere que utiliza el cronista los apuntes o recuerdos

personales de Esdras, que inserta total o parcialmente en su libro. Entre las familias de

repatriados se mencionan en primer lugar dos de ellas unidas con la familia sacerdotal de Aarón.

Gersón desciende de él a través de Finés (Ex 6:25); Daniel, por Itamar, cuarto hijo de Aarón (Ex

6:23; Núm 26:60; 1 Crón 5:29). Es muy interesante que suba con Esdras una familia descendiente

de Itamar. Los de Itamar habían sido englobados en la desgracia de su antepasado Abiatar (1

Re 2:27), prestando sus servicios en santuarios provinciales. En tiempos del cronista representan

en Jerusalén a ocho clases sacerdotales, mientras que los descendientes de Eleazar (sadocitas)

representan a dieciséis (1 Crón 24:4). También los sumos sacerdotes posteriores al exilio descendían

de la familia de Finés (3:2; 1 Crón 5:29-41; 1 Mac 2:54).

La tercera familia representa la casa de David (1 Crón 3:22), en donde se señala a Jatús

como hijo de Secanías. La casi totalidad de nombres que se mencionan en esta lista figuran en la

de los tiempos de Zorobabel (2:2-20), de lo cual se deduce que parte de los miembros de las familias

repatriadas se quedaron en Babilonia, de donde regresaron con Esdras. De la familia de

Adonicam, 666 se enrolaron en la caravana conducida por Zorobabel (2:13)· En el texto hebreo

del v.10 falta el nombre de Baní, que figura en 3 Esdr 8:36 y en la versión griega.

La suma de los repatriados es de 1.504. Pero, si a este numere añadimos el de los sacerdotes,

levitas y netineos (8:18-20), se llega a la cifra de 1.800, sin contar las mujeres y los niños.

Una intensa muchedumbre enfervorizada regresaba a Palestina con el fin α inyectar nueva vida al

judaísmo, que, influenciado por las gentes del país, llevaba una vida religiosa languida.

Concentración de repatriados (8:15-20).

15 Los reuní cerca del río que corre hacia Aha va, y acampamos allí tres días; y

habiendo buscado entre el pueblo y los sacerdotes, no hallé ninguno de la casa de Le

vi. 16 Entonces llamé a los jefes Eliezer, Ariel, Semeyas, Jarib, Elnatán, Natán, Zacarías

y Mesulam, 17 y los mandé al jefe Ido, que habitaba en Casifía, poniendo en su

boca lo que habían de decir a Ido y a sus hermanos los netineos que había en Casifía,

para que nos mandasen servidores para la casa de nuestro Dios.18 Como estaba

con nosotros la buena mano de nuestro Dios, nos trajeron a Serebía, hombre de sentido,

de entre los hijos de Majlí, hijo de Leví, hijo de Israel, y con él sus hijos y sus

hermanos, en número de dieciocho; 19 Jasabía, y con él Isaías, de entre los hijos de

Merarí, sus hermanos y sus hijos, en número de veinte; 20 y de entre los netineos,

que David y los jefes habían puesto al servicio de los levitas, doscientos veinte netineos,

todos designados por sus nombres.

De diversas regiones del imperio persa, principalmente de Babilonia y su provincia, respondieron

al llamamiento de acompañar a Esdras. El lugar de concentración fue un sitio cercano al río que

corre junto a Ahavá. Para algunos, Ahavá es el nombre del río en cuyas orillas se concentraron

los repatriados, basando su opinión en los v.21 y 31; otros consideran Ahavá como nombre de

región; otros, en fin, ven en él una ciudad o uno de tantos canales que riegan las tierras de los

alrededores de Babilonia. No distaría mucho de esta ciudad la región, pueblo, canal o río de

nombre Ahavá, sobre “cuya identificación es inútil perderse en conjeturas, ninguna de las cuales

puede apoyarse sobre base suficientemente sólida” (Fernández). La concentración tuvo lugar del

día primero al tercero del primer mes. Habiendo pasado revista a todas las familias y después de

haberlas individualizado, comprobó Esdras con profunda pena la falta de levitas. Mandó entonces

una comisión de once personas con el encargo de presentarse a Ido, jefe de una colonia leví1314

tica de la localidad de Casifía, y retransmitirle su mensaje sobre el asunto de los levitas. Nueve

de estos mensajeros eran cabezas de familia; los restantes son llamados mebinim, los inteligentes,

los “que hacen comprender” (Neh 8:7-9; 1 Crón 25:8), los instructores, hombres encargados de

explicar la Ley, Algunos autores se basan en este término para admitir una clase especial de

maestros, distintos de los sacerdotes y levitas, encargados de explicar la Ley a los judíos de Babilonia.

No se ha identificado Casifía. Existía allí una colonia judía Importante formada preferentemente

por levitas y netineos. Acaso había allí un lugar alto, un templo, en el cual prestaban los

levitas s servicios. Los judíos de Egipto tenían sus templos; puede también darse que los exilados

de Babilonia hubiesen edificado Guarios a Yahvé. Aquel lugar debía de ser muy conocido a causa

en su carácter religioso, por lo cual Esdras, ante la carencia de levitas, pensó inmediatamente

que podría encontrarlos en Casifia. Probablemente era Ido jefe de los levitas, con los cuales convivían

los netineos. Los enviados presentáronse a Ido, le expusieron lo que les había dictado Esdras.

Pedían ellos “servidores” para la casa de Dios. El resultado fue que pocos levitas, treinta

y ocho en total y doscientos veinte netineos, se unieron a la expedición. El texto atribuye a una

intervención divina el feliz éxito de la embajada ya que anteriormente rehusaron ellos ir a Palestina,

prefiriendo la vida cómoda de Babilonia a los riesgos de un futuro incierto en Palestina. El

v.18, tal como se presenta en el texto hebraico, puede sugerir que se habla de dos individuos, a

saber, de un personaje anónimo, del cual se dice que era “hombre inteligente” (ishsekel) de los

hijos de Majlí, hijo de Leví, hijo de Israel, y de Serebía! Unos autores opinan que el nombre del

primer personaje cayó en el anonimato por obra de los copistas; otros piensan que no existe más

personaje que Serebía, del cual se dice que era hombre inteligente, en cuyo caso suprimen la partícula

waw que antecede inmediatamente al nombre: Y Serebía. Finalmente, una tercera hipótesis

une las dos palabras hebraicas ish shekel = hombre inteligente, formando el nombre propio Ishsekel.

Sabemos que los netineos se remontan a los tiempos de Josué (Jos 9:21-23; 2 Sam 21:1-

9). Supone Michaéli que la frase del v.20: “Que Daviól y los jefes habían puesto al servicio de

los levitas,” es, probablemente, una adición posterior para explicar el término netinírn = donados,

que David puso al servicio de los levitas. El carácter tardío de esta frase aparece sobre todo

por el empleo de un pronombre relativo, el único que figura en los libros de Esdras y Nehemías,

y que es de uso tardío (she).

Preparación espiritual (8:21-23).

21 Allí, cerca del río Ahavá, publiqué un ayuno de penitencia ante nuestro Dios, para

implorar de él un feliz viaje para nosotros, para nuestros hijos y para toda nuestra

hacienda. 22 Me hubiera avergonzado de pedir al rey una escolta y caballería para

protegernos del enemigo durante el camino, pues habíamos dicho al rey: “La mano

de nuestro Dios está, para bien de ellos, sobre cuantos le buscan; pero su poder y su

ira se desencadenan contra los que le abandonan.” 23 Por eso ayunamos e invocamos

a nuestro Dios, y El nos escuchó.

La fe en la Providencia divina se refleja en toda la conducta de Esdras. Los hebreos acudían al

ayuno cuando querían implorar la ayuda divina en un trance difícil (Dan 3:38; Tob 12:8; Est

4:15) La protección divina era en esta ocasión tanto más necesaria cuanto que había rechazado

Esdras la escolta que le había ofrecido el rey. Esdras habíale dicho que confiaba más en Dios que

en los hombres. Ahora bien, en caso de un asalto de parte de los bandoleros de desierto, podía

1315

Artajerjes dudar del poderío de Yahvé al abandonar a los “que le buscan” en manos del enemigo.

En cambio, ante la noticia de un viaje sin incidentes desagradables, reafirmaría su fe en el Dios

de los judíos. En el v.21 se habla del “río Ahavá,” lo cual no empecé que existiera un pueblo o

una región con este mismo nombre.

Los encargados del tesoro (8:24-30).

24 Elegí doce jefes de los sacerdotes: Serebía, Jasabía y diez de sus hermanos. 25 Pesé

delante de ellos la plata, el oro y los utensilios donados en ofrenda para la casa de

nuestro Dios por el rey, sus consejeros y sus jefes, y por todos los de Israel que habían

sido hallados, 26 y pesé en sus manos seiscientos cincuenta talentos de plata, utensilios

de plata por cien talentos, cien talentos de oro, 27 veinte copas de oro por valor

de mil dáricos y dos vasos de un hermoso bronce bruñido, tan precioso como el oro.

28 Luego les dije: “Vosotros estáis consagrados a Yahvé; estos utensilios son cosas

santas, y esta plata y este oro son ofrenda voluntaria hecha a Yahvé, el Dios de vuestros

padres. 29 Velad y guardadlos hasta que los peséis ante los jefes de los sacerdotes

y levitas y ante los jefes de las familias de Israel en Jerusalén, en las cámaras de

la casa de Yahvé.” 30Los sacerdotes y levitas recibieron a peso la plata, el oro y los

utensilios para llevarlos a Jerusalén, a la casa de nuestro Dios.

Doce sacerdotes y doce levitas compartieron con Esdras la responsabilidad de trasladar a Jerusalén

los tesoros que el rey, sus consejeros y jefes y todos los israelitas habían entregado para el

templo de Jerusalén. Los tesoros se pesaron escrupulosamente. El talento de plata equivale a

8.600 francos oro; el de oro, a 132.000; el dárico, a 37. Batten pone en duda esta fabulosa cantidad,

atribuyéndola a la fantasía popular; quizá las cantidades fueron aumentadas posteriormente

(Schneider). Esdras hace hincapié en el carácter sagrado de los tesoros. De los sacerdotes dice

Esdras: “Vosotros sois santidad de Yahvé” (qodesh layahweh), es decir, consagrados a Yahvé.

Son santos porque sus funciones tienen por objeto el culto del Dios tres veces santo. Esta

condición suya exige que su conducta moral se ajuste a su dignidad, cuidando de que todo

cuanto ha sido entregado con vistas al templo sea custodiado escrupulosamente y llegue al lugar

sagrado. Su responsabilidad durará hasta que entreguen los tesoros a las autoridades religiosas de

Jerusalén. El peso en este segundo control debía corresponder al que tenían en el momento de

recibirlos de manos de Esdras.

Viaje a Jerusalén (8:31-34).

31 Partimos del río de Ahavá, para dirigirnos a Jerusalén, el día doce del mes primero.

La mano de Dios fue con nosotros y nos preservó de ataques de enemigos y de

toda emboscada durante el camino. 32 Llegamos a Jerusalén y descansamos tres días;

33 el cuarto día pesamos en la casa de nuestro Dios la plata, el oro y los utensilios,

y lo entregamos todo a Merimot, hijo de Urías, sacerdote, que tenía consigo a Eleasar,

hijo de Finés y con ellos los levitas Josabad, hijo de Josué, y Noadías, hijo de Biní.

34 Después de recontarlo y repesarlo todo, se puso por escrito el peso total.

En las riberas del Ahavá permanecieron doce días, dedicándolos a hacer el censo de las familias,

a la busca de levitas y al peso y entrega de los tesoros a los veinticuatro escogidos entre los sacerdotes

y levitas. El día 12 de Nisán, la muchedumbre de los repatriados se puso en marcha, llevando

consigo ganado mayor y menor, bestias de carga, camellos, asnos. Penetraron en Palesti1316

na, llegando a Jerusalén el día primero del mes Ab, mes quinto, hacia el 15 de julio. Según el calendario

sacerdotal, el día 13 del primer mes era el primer día de la semana, muy apropiado para

emprender la marcha, llegando a Jerusalén en un viernes. Parece que los datos del libro de Esdras

concuerdan con este calendario sacerdotal, que se ha puesto en evidencia en los descubrimientos

de Qumrán1.

El rey tenía interés por el feliz éxito de la misión de Esdras. Las autoridades de Abarnahara

habían tomado medidas para que no ocurriera nada desagradable a la caravana. Desde el

lugar de origen, en un punto cercano a Babilonia, hasta Jerusalén, emplearon unos ciento ochenta

días. Teniendo en cuenta la distancia de unos 1.400 a 1.500 kilómetros entre ambas ciudades, se

calcula una marcha de unos quince kilómetros diarios. Pero Esdras, considerando más tarde el

camino recorrido, la multitud que se movía y el viaje sin ningún incidente serio, comprende que

todo salió a pedir de boca porque Dios les acompañó y protegió durante el trayecto. Después de

un breve descanso, los encargados del tesoro lo consignaron a las autoridades religiosas de Jerusalén.

De Merimot se habla en Neh 4:3-41. En el momento de regresar a Jerusalén tuvo dificultades

la familia a causa de no poder probar su origen sacerdotal (Neh 7:63), aunque, según 1 Crón

24:10, remontaba a la época de David.

Sacrificios en acción de gracias (8:35-36).

35 Los hijos de la cautividad vueltos del destierro ofrecieron en holocausto al Dios de

Israel doce novillos por todo Israel, noventa y seis carneros, setenta y siete corderos

y doce machos cabríos, como víctimas expiatorias, todo en holocausto a Yahvé. 36

Transmitieron las órdenes del rey a los sátrapas del rey y a los gobernadores del lado

acá del río, y éstos honraron al pueblo y a la casa de Dios.”

Fueron “los hijos de la cautividad” quienes ofrecieron sacrificios en acción de gracias y por expiación

de sus pecados. Aunque la mayoría de los repatriados descendía del reino de Judá, sin

embargo, se consideran ellos los auténticos representantes de las doce tribus de Israel (6:17). De

ahí que ofrezcan doce novillos en holocausto (Lev 1:1-9; 2 Crón 29:24); otras víctimas (8 X 12 =

96) en sacrificios latréuticos, y doce machos cabríos (Lev 4:1-5:3) en expiación de los pecados.

La frase “sátrapas del rey” es considerada corno adición posterior de un amanuense inexperto. La

palabra correspondiente a gobernador (peha) es de origen babilónico. La yuxtaposición de estas

dos palabras sugiere que se trata de una explicación del uno por el otro; pero en Ester (3:12; 8:9)

y Daniel (3:2-27) aparecen también juntas. Parece que la palabra peha se usó en la época persa

para designar a los gobernadores subalternos, dependientes de los sátrapas (Michaelí).

1 A. Jaubert, Le Calendaire des Jubiles et de la secte de Qumrán. Ses origines VT 3 (1953) 250-264; E.

Vogt, Antiquum Kalendarium sacerdotale: Β 35 (1955) 403-410 Y. Kaufman, Der Kalender und das Alter

des Priesterkodex: VT 4 (1954) 307-313; Jof Gestern, The Calendar of the Book of Jubilees, its Origin

and its Charakter: VT 5 (I955) 34-76; J. B. Segal, Intercalation and the Hebrew Calendar: VT 7

(1957) 250-307.

Los Matrimonios Mixtos (c.9-I0).

Grave Acusación (9:1-2).

1 Después de todo esto se me acercaron los jefes, diciendo: “El pueblo de Israel, los

1317

sacerdotes y levitas no han estado apartados de las gentes de esta tierra e imitan sus

abominaciones las de los cananeos, jéteos, fereceos, jebuseos, amonitas, moa-bitas,

egipcios y amorreos; 2 pues han tomado de entre ellos mujeres para sí y para sus

hijos y han mezclado su raza santa con la de las gentes de esta tierra. Los jefes y

magistrados han sido los primeros en cometer este pecado.”

Al poco de llegar Esdras a Jerusalén enteróse del clima religioso y moral de los judíos que

habitaban en la ciudad y alrededores. No será aventurado decir que la mayoría de los deportados

eran varones que buscaron mujeres entre las hijas del país. Con gran dolor supo Esdras que todos,

autoridades y pueblo, habían contraído matrimonio con mujeres extranjeras. Esta mezcla de

la “raza santa” con la de las gentes de la tierra constituía un grave pecado (Deut 7:3; Ex 23:32;

34:11-16; Neh 13:25). En Deut 7:3 había dicho Dios: “No contraigas matrimonio con ellas, no

des tus hijas a sus hijos, ni tomes su hija para tus hijos, para que no te arrastren a la idolatría.” En

el mencionado texto se citan “los jéteos, guergueseos, amorreos, cananeos, fereceos, jeveos, jebuseos,”

de los que deben apartarse los hijos de Israel. Israel debe vivir separado de los pueblos

gentiles (6:21; 10:11; Neh 9:2; 10:28). Israel pertenece a Yahvé; le pertenecía, y, por tanto, debía

ser santo. “Sed santos para mí, porque yo, Yahvé, soy santo, y os he separado de las gentes

para que seáis míos” (Lev 20:26).

Inútil buscar una indicación concreta temporal en las palabras “después de todo esto.”

¿Cuánto tiempo transcurrió entre los sucesos narrados anteriormente y el hecho que se refiere en

este capítulo? No es posible fijarlo. Algunos hacen estos cálculos: entre el día 4 del mes quinto y

la escena que aquí se narra, que sucedió cinco días antes del 20 del mes noveno (10:9), transcurren

más de cuatro meses. Lo más lógico es considerar las mencionadas palabras como fórmula

general de transición.

Esdras examinó detenidamente la situación religiosa y moral del pueblo. Como el mal

estaba muy enraizado y los culpables eran muchos y de categoría, comprendió que debía proceder

con prudencia, informándose de los abusos, identificando los culpables ganándose adeptos

para su causa y estudiando las reformas que debían llevarse a cabo. El mal había sido provocado

por el contacto con las gentes del país, envueltos en sus abominaciones idolátricas (toeboth). La

prohibición de tomar mujeres extranjeras aparece, además del citado texto de Deut 7:3, en Ex

23:32; 34:11-16. El ejemplo de Salomón causó impresión en Israel: sus mujeres extranjeras torcieron

su corazón, arrastrándole hacia los dioses ajenos (1 Re 11:3-13). Esta defección dolorosa

debía servir de lección a Israel; ella sola justificaba el rigor de la ley referente a los matrimonios

con mujeres extranjeras (Neh 13:25). El motivo de esta prohibición es religioso (9:1-11), pero

se invoca también la pureza de la raza (9:2). A la lista estereotipada de pueblos (Ex 23:23; Deut

7:2; 20:17; Gen 15:19-21; Ex 3:8. 17:33-2) se añaden los egipcios; quizá debe leerse “edomitas”

en lugar de amorreos (Mal 1:2-5; Lam 4:21). De vuelta del exilio se emplea la frase “los pueblos

del país” (Ag 2:4; Zac 7:5; Dan 9:6); pero el sentido que tenía antes cambia en Esdras y Nehemías,

en los cuales (Esdr 3:3; 9:1; 2; 11; 10:2-11; Neh 9:30; 31:32) designa a los habitantes de Palestina

que no son los judíos que obstruyen la obra de la restauración, dificultan la observancia

del sábado y con los cuales se celebran matrimonios mixtos. Se oponen al “pueblo de Judá en

Esdr 4:4, al pueblo de Israel en Esdr 9:1. Es un cambio completo del sentido de la frase con relación

al uso anterior al exilio, y se explica todavía por el sentido fundamental de la expresión. La

comunidad de los repatriados no es el “pueblo del país,” porque no se rige por el estatuto político

que había reconocido a los samaritanos, amonitas, moabitas; éstos son “los pueblos del” o “de

los países.” De esta manera se prepara la tercera significación de la época rabínica: “pueblo del

1318

país” son los que ignoran la Ley o no la practican 1.

Muestras de dolor (9:3-5).

3Al oír esto rasgué mis vestiduras, mi manto, y me arranqué cabellos de mi cabeza y

de mi barba, y me senté desolado. 4 Juntáronse conmigo todos los temerosos de las

palabras del Dios de Israel por la prevaricación de los hijos de la cautividad. Yo estuve

desolado hasta el sacrificio de la tarde; 5y luego, al tiempo de la ofrenda de la

tarde, me levanté de mi humillación y, con mis vestidos y mi manto rasgados, póstreme

de rodillas y, tendiendo a Yahvé, mi Dios, mis manos, dije:

Una vez examinado el estado religioso de los repatriados, que forman la golah (Neh 10:6; 8; 16),

percatóse de la magnitud que el abuso de los matrimonios mixtos había alcanzado, con los consiguientes

efectos religiosos. Su alma sacerdotal sintióse transida de dolor, y así la expuso públicamente.

No cabe hablar de un acto de debilidad senil, sino más bien de una manifestación

previamente calculada. Desgarró Esdras la túnica y el manto, las dos prendas principales del vestido

judío (Gen 37:29-34; Lev 10:6; Jos 7:6; Am 8:10; Mt 26:65). Al decir que se arrancó cabellos

de su cabeza, acaso quiere aludir al hecho de raparse la cabeza, como solía hacerse en señal

de pena o dolor (Jer 7:29; Miq 1:16). Lo mismo solía hacerse con la barba, signo de distinción

y virilidad (2 Sam 19:24; Jer 41:5). Muchos judíos contemplaron las muestras de dolor de Esdras;

unos siguieron su camino, otros se unieron a su empresa. No dice el texto cuándo empezaron

estas muestras externas de dolor, pero asegura que duraron hasta las tres de la tarde (la hora

nona), en que se ofrecía el sacrificio vespertino (Ex 29:38-41). Fue entonces cuando Esdras, con

la túnica y el manto rasgados, oró en voz alta al Señor, consiguiendo con ello impresionar a

gran muchedumbre de gentes, que derramaron lágrimas (10:1). No indica el texto que Esdras

rasgara los vestidos por segunda vez.

Israel ha pecado (9:6-7).

6¡Dios mío! Estoy confuso y avergonzado, Dios mío, y no me atrevo a levantar a ti mi

rostro, porque nuestras iniquidades se han multiplicado por encima de nuestra cabeza,

y nuestros delitos suben hasta el cielo. 7Desde los días de nuestros padres hasta

hoy hemos sido muy culpables; y por nuestras iniquidades, nosotros, nuestros reyes

y nuestros sacerdotes hemos sido entregados a las manos de los reyes extranjeros, a

la espada, a la cautividad, al saqueo, a la vergüenza que cubre nuestro rostro.

Con dos expresiones hiperbólicas (Sal 38:4; 36:6) confiesa que Israel ha amontonado pecados

sobre pecados. Esta apostasía de Israel no tenía justificación alguna, por lo cual, avergonzado

(10:1-6; 1 Re 8:23), no se atreve a levantar la cabeza delante de Dios ofendido. Pero estas

prevaricaciones no quedarán impunes. Por el pacto de la alianza se compromete Dios a velar por

la prosperidad e independencia de Israel; si éste prevarica, Dios se desentiende de él y le castiga

entregándole en manos de los enemigos. Aun en la actualidad, parte del pueblo judío vivía

en el exilio, bajo el dominio de los reyes de Persia. Cuando cese el pecado y vuelva Israel a su

Dios, se acabará el estado ignominioso actual y se reanudarán plenamente las relaciones amistosas

entre Yahvé y su pueblo.

1319

El Dios de misericordia (9:8-9).

8“Con todo, Yahvé, nuestro Dios, acaba de hacer con nosotros misericordia, dejándonos

un resto de libertad y dándonos refugio en su lugar santo, para hacer brillar

nuestros ojos y darnos un poco de vida en nuestra servidumbre; 9 porque esclavos

somos pero, en medio de nuestra esclavitud, Dios no nos ha abandonado. Nos ha

conciliado la benevolencia de los reyes de Persia conservándonos la vida para que

pudiéramos edificar la casa de nuestro Dios, levantando sus ruinas y dándonos un

refugio seguro en Judá y en Jerusalén.

Dios castigó a Israel entregándole en manos del enemigo. Sin embargo, Dios, de repente, ablanda

el corazón de los reyes de Persia para que traten con benignidad a su pueblo, autorizándole incluso

el regreso a la patria. De ahí que, por un acto de misericordia de Yahvé, un resto (peleta),

una porción escogida se ha salvado del naufragio general. Este resto será la simiente de la cual

surgirá el nuevo Israel.

Permitió Dios que su pueblo fuera probado en el crisol de la cautividad y que la vergüenza

cubriera su rostro, pero no permitió la ruina total. La nueva comunidad instalada en Palestina

ha sido purificada por la prueba, pero a ella está vinculada la promesa de un futuro glorioso (Is

1:9; 4:23; 7:3; 10:21-22). El texto hebraico usa la siguiente imagen: “Y dándonos una estaca de

tienda (yetad) en su lugar santo” (v.8). Con una imagen sacada de la vida nómada dice que Dios

ha concedido al resto de los exilados el privilegio de fijar su tienda, o lo que es lo mismo, de establecerse

de nuevo en Jerusalén. Pero esta tienda puede arrancarse y ser transportada a lejanas

tierras en el caso de que los repatriados imiten la conducta de sus antepasados. Con la expresión

“hacer brillar nuestros ojos” se expresa la nueva inyección de vida, de fuerza y energía (1 Sam

14:27). No goza Israel de completa independencia política, pero dentro de la esclavitud se le

conceden privilegios inauditos, que sólo se explican por la acción de Dios en el corazón de los

reyes de Persia. Ciro permitió a los cautivos regresar a su patria (1:2-4); Darío atajaba las intrigas

de los samaritanos y contribuía con fondos del peculio real a la reconstrucción del templo (6:6-

12); Artajerjes (7:12-26) hizo otro tanto. Dios ha conservado la vida de los repatriados para que

éstos reedifiquen el templo, “dándonos un refugio seguro en Judá y en Jerusalén.” El término

refugio es una traducción de la palabra hebraica gader. Ordinariamente significa muralla, muro

de protección de un campo, viña, ciudad (Núm 22:24; Prov 24:31; Ez 42:7-10; Is 5:5). Los que

admiten la prioridad de la llegada de Nehemías a Jerusalén toman el término en el sentido obvio

de la muralla que levantó Nehemías en torno a la Ciudad Santa; los partidarios del orden Esdr as-

Nehemías interpretan gader en sentido traslaticio de refugio, abrigo, protección (Ez 13:5; 22:30;

Os 2:8). Este último sentido recomienda el contexto al hablar de un refugio en Judá, ya que no

cabe la idea de una muralla protectora del territorio de Judea 2.

Nuevas transgresiones (9:10-15).

10 ¿Qué podemos, pues, decir después de todo esto, oh Dios nuestro? Pues hemos

abandonado tus mandamientos, 11los que nos prescribiste por medio de tus siervos

los profetas, diciendo: “La tierra que vais a poseer es una tierra manchada por las

abominaciones de los pueblos de esas regiones, que del uno al otro cabo la han llenado

de sus inmundicias; 12 no deis vuestras hijas a sus hijos, ni toméis sus hijas para

vuestros hijos, ni os cuidéis nunca de su prosperidad ni de su bienestar, y así vendréis

a ser fuertes y comeréis lo mejor de los frutos de la tierra, y la dejaréis a vues1320

tros hijos en heredad para siempre.” 13 Después de todo lo que nos ha sucedido por

nuestras maldades y grandes pecados que hemos cometido, porque tú, Dios nuestro,

no nos has castigado en proporción de nuestras iniquidades, 14¿vamos a comenzar

de nuevo a traspasar tus mandamientos, a emparentar con esos pueblos abominables?

¿No se ensañaría contra nosotros tu cólera hasta destruirnos del todo, sin dejar

ni resto ni escape? 15 Yahvé, Dios de Israel: Tú eres justo, pues que hemos quedado

hoy un resto de escapados. Henos aquí ante ti como culpables, sin poder por

eso permanecer en tu presencia.”

La oración de Esdras se parece algo a un sermón. De ahí que no debe extrañarnos que alegue el

Deuteronomio y los profetas. Estos, aunque no condenaron explícitamente los matrimonios mixtos,

señalan la contaminación de la tierra por los ídolos (Jer 12:6). En la época de Esdras denuncia

Malaquías (2:10-12) estas uniones (Gelin). Esdras no se inspira en el espíritu cultual y formalista

del código sacerdotal, sino en las palabras de los profetas, de los cuales el mayor de todos

fue Moisés. Ninguna oposición entre la Ley y los Profetas: Moisés fue un legislador porque fue

profeta. No cita un texto determinado, pero resume las enseñanzas contenidas en Ex 34:16; Lev

18:25-27; Deut 7:1-3; 23:6; 2 Re 17:23; 21:10; 24:2. El mayor pecado que puede cometer Israel

es la idolatría, crimen que se caracteriza por las palabras niddah — mancha (Lev 18:25), to ebah

= abominación, turna = impureza. Israel debe cumplir los mandamientos de Dios, que señalaron

los profetas, incluyendo en primer lugar el de servir a Dios con exclusión de los ídolos. Teniendo

una experiencia de muchos años, sabiendo que el alejamiento de los mandamientos de Dios acarrea

los males que sufre el pueblo, ¿querrán los repatriados, los que forman parte del resto de Israel,

excitar de nuevo la ira de Yahvé y atraer sobre sí nuevos castigos? Los matrimonios mixtos,

¿no constituyen el primer peldaño que conduce necesariamente a la idolatría?

Estamos en un momento definitivo, viene a decir Esdras, momento en que se juega la supervivencia

de Israel como pueblo de Yahvé. Si los escogidos, el resto (Is 11:11; 28:5; Jer 31:7;

50:20); si los que han sido salvados (peleta; 9:8; 13-15) delinquen, no quejará ni resto ni escape.

Al término de la oración pone Esdras de relieve la justicia de Dios, que equivale a su voluntad

salvífica y que le inclina a la misericordia, como demostró al reservarse el resto “En la salvación

de unos pocos pueden considerarse dos aspectos misericordioso, en cuanto que éstos fueron

realmente salvados justiciero, en cuanto que sólo éstos se salvaron, mientras que todos los otros

perecieron” (Fernández). No quiere Dios que Israel, a pesar de sus graves pecados, desaparezca

de la faz de la tierra. Pero exige que el pueblo pecador se arrepienta y confiese sus pecados,

abandonando las sendas del mal para andar por los caminos que señalan los mandamientos de

Yahvé. Esdras se incluye entre los pecadores por formar parte del pueblo judío, aunque individualmente

llevara una vida perfecta.

Oración provechosa (10:1-4).

1 Mientras que Esdras lloraba postrado ante la casa de Dios y hacía esta plegaria y

esta confesión, habíase reunido junto a él una gran muchedumbre de gentes de Israel”

Hombres, mujeres, niños y todos derramaban abundantes lágrimas. 2 Entonces

Secanías, hijo de Jejiel, de entre los hijos de Elam, tomando la palabra, dijo a

Esdras: “Hemos pecado contra Dios tomando mujeres extranjeras de entre los pueblos

de esta tierra, pero Israel no queda por esto sin esperanza. 3 Hagamos pacto con

nuestro Dios de echar a todas esas mujeres y a los nacidos de ellas, según el parecer

de mi señor y de cuantos temen los mandamientos de nuestro Dios, y que se cumpla

1321

la Ley. 4 Levántate, pues, ya que esto cosa tuya es. Nosotros seremos contigo. Ten

valor, y a la obra.”

A medida que prolongaba Esdras su oración, fue congregándose una gran multitud, que se contagió

por las lágrimas del gran celador de la Ley, prorrumpiendo todos en llanto. El lugar de la

oración era público; de boca en boca corrió la noticia de la profunda desolación de Esdras. Entre

los curiosos que acudieron cita el texto a Secanías, quien, impresionado por la actitud de Esdras

y teniendo en cuenta el perdón que tenía Dios prometido a los que de verdad se arrepintiesen

(Deut 30:1-10), le asegura que existen fundadas esperanzas de arreglo. Si hay penitencia, hay

esperanza. Reconoce Secanías que el pecado existe; que los matrimonios mixtos están prohibidos

por la Ley (Ex 34:16; Deut 7:1-3), y, por lo mismo, quienes han contravenido esta Ley, han delinquido.

¿Cómo reconciliarse con Dios? Con una medida radical: echar a todas las mujeres extranjeras

y a los nacidos de ellas. No es partidario de una solución media, sino radical: romper

desde el primer momento con todo aquello que esté contra la Ley. “Propuesta drástica, que tronchaba

muchas vidas, deshacía muchos hogares y echaba a la aventura a muchas gentes, pero necesaria

para el renacimiento religioso y moral del nuevo pueblo: a grandes males, grandes remedios”

(Pelaia). Secanías, portavoz en esta ocasión del pueblo, se pone incondicionalmente a las

órdenes de Esdras; lo que éste diga se hará. La conducta de Secanías es tanto más admirable

cuanto que, descendiente de Elam e hijo de Jejiel, pertenecía a una familia que se había contagiado

con los matrimonios mixtos (10:27). Pospone sus intereses personales al cumplimiento escrupuloso

de la Ley.

Primeras medidas (10:5-8).

5 Levantóse Esdras e hizo jurar a los jefes de los sacerdotes, de los levitas y de todo

Israel que harían lo que se acababa de decir, y ellos lo juraron. 6Después se retiró

Esdras de la casa de Dios y se fue a la cámara de Jojanán, hijo de Elíasib; pero no

comió allí pan ni bebió agua, porque estaba en gran desolación por el pecado de los

hijos de la cautividad. 7 Se publicó por Judá y Jerusalén a todos los hijos de la cautividad

que se reuniesen en Jerusalén, 8 y que, si alguno no se presentaba dentro de

los tres días, conforme al acuerdo de los príncipes y de los ancianos, le fuesen confiscados

todos sus bienes, y él excluido de la congregación de los hijos de la cautividad.

La buena disposición manifestada por Secanías debía consolidarse con el juramento de todos los

jefes de los sacerdotes, levitas y pueblo, porque fácilmente podían desvanecerse los buenos deseos

concebidos en un momento de entusiasmo. Tomado el juramento, retiróse Esdras a una de

las dependencias del templo, que llevaba el nombre de Jojanán, hijo de Elíasib, por haber morado

él mucho tiempo allí, donde pasó la noche. Fue tanta la emoción que le produjo la defección del

pueblo, que no pudo tomar bocado. No menos debía contribuir a esta inapetencia la idea del

triunfo conseguido y la buena voluntad del pueblo, que se aventuró a tomar trascendentales

decisiones para mantenerse fiel a la Ley.

¿Quién era Jojanán, hijo de Elíasib? Algunos niegan que se trate del sumo sacerdote Jojanán,

el cual, según Neh 12:10-11; 22-23, era hijo del sumo sacerdote Joyada y nieto de Elíasib,

que ejerció el pontificado en Jerusalén el año 410, como consta del testimonio de un papiro de

Elefantina 1. Fernández anota que Esdras fuese a la cámara de Jojanán y que allí no comió pan ni

bebió agua. “Si en dicho aposento se hallaba el mismo Jojanán, y Esdras fue allá para tratar con

él del asunto de los matrimonios, ¿es posible que el autor sagrado, ni entonces ni después, dijera

1322

una palabra del sumo sacerdote? Cierto, tal proceder no deja de ser extraño. Tal dificultad se

desvanece por completo si Jojanán indica no la presencia del sumo pontífice, sino únicamente el

aposento que de él había tomado el nombre” (211). “El aposento mencionado en Esdr 10:6 era

conocido con el nombre de Jojanán, hijo de Elíasib, y por este nombre lo designa el autor, que

escribía bastante tiempo después de Esdras” (ibid., 209).

Los partidarios del orden Nehemías-Esdras identifican a este Jpjanán con el sumo sacerdote,

hijo de Joyada. Según Neh 3:1, en tiempo de la primera misión de Nehemías (año 445 a.C.)

era sumo ;acerdote Elíasib. A él sucedió Joyada, que ejerció el cargo del año 432 hasta 415. De

este año empiezan las funciones de Jojanán como sumo sacerdote. Los partidarios de esta tesis

hacen coincidir la actividad de Jojanán con la de Esdras, que ellos suponen empezó el año 398, el

séptimo de Artajerjes II.

Aprovechando el entusiasmo del momento, convocó Esdras una asamblea general para

plantear el problema de los matrimonios mixtos. El poder de que gozaba y su reconocido celo

sacerdotal eran garantía del éxito de la convocatoria. A los reacios se les confiscaban los bienes

en favor del templo (Lev 27:28; Núm 18:14; Ez 44:29) y se les borraba de la comunidad de Israel,

con todas sus consecuencias (Ex 12:15; Jn 9:22; 12:42; 16:2). Siendo muy reducida el área

geográfica de la nueva comunidad de repatriados, eran suficiente tres días para que todos pudiesen

asistir a la asamblea.

Asamblea en Jerusalén (10:9-17).

9 Todos los hombres de Judá y Benjamín se reunieron en Jerusalén dentro de los

tres días. Era el día veinte del noveno mes, y todo el pueblo estaba en la plaza de la

casa de Dios temblando con motivo de aquel negocio y a causa de la lluvia.

10Levantóse Esdras, sacerdote, y dijo: “Habéis prevaricado tomando mujeres extrañas,

añadiendo prevaricaciones a la iniquidad de Israel. 11 Dad ahora gloria a Yahvé,

el Dios de vuestros padres, y cumplid su voluntad. Apartaos de los pueblos de esta

tierra y de las mujeres extrañas.” 12Toda la asamblea respondió a una y en alta

voz: “Hágase así, conforme a tu palabra. 13Pero como el pueblo es muy numeroso y

está el tiempo de lluvias, no siendo posible permanecer al descubierto; y como, además,

no es cosa de un día o dos, por ser muchos los que de nosotros han pecado en

esto, 14 que sean nuestros jefes los que en lugar de la asamblea toda se queden; y a

todos los que de nuestras ciudades han tomado mujeres extrañas, les hagan venir en

tiempos determinados con los ancianos y los jueces de cada ciudad, hasta que la encendida

cólera de nuestro Dios se aparte de nosotros en cuanto a esto.” 15 Jonatán,

hijo de Azael, y Jajzía, hijo de Tecua, apoyados por Mesulam y por Sabtaí, levitas,

fueron los únicos que se opusieron a este parecer.16 Pero los hijos de la cautividad

obraron según se les había dicho. Se eligió a Esdras, sacerdote, y a algunos de los jefes

de las casas paternas, todos designados por sus nombres, y éstos se sentaron para

resolver el asunto el día primero del mes décimo. 17 El día primero del mes primero

acabaron de juzgar a todos los que habían tomado mujeres extrañas.

La casi totalidad de los repatriados pertenecía a las tribus de Judá y Benjamín, que moraban en la

capital y pueblos de los alrededores (2:20-35). Esta proximidad facilitó la concentración dentro

del plazo señalado. El mes noveno era el de Kisleu, correspondiente a noviembre-diciembre. El

día 20 coincide aproximadamente con el 5 de diciembre. Hacía cuatro meses que Esdras encontrábase

en Jerusalén (7:8). Por este tiempo empiezan las grandes lluvias, que a menudo duran

1323

días enteros, siguiendo, por consiguiente, una baja notable de la temperatura. Por razones atmosféricas,

y mucho más por la gravedad del asunto que se iba a ventilar, el público, congregado

quizá en la puerta de las Aguas (Neh 3:26; 8:1), estaba temblando. Algunos dudan de que el autor

sagrado asociara una causa rnoral con otra física; por lo cual, siguiendo la sugerencia de

Jouon 2, cambian el texto de la manera siguiente: “Y todo el pueblo estaba temblando. a causa

del granizo (baradh en lugar de haddabar = asunto) y de las lluvias.” Hipótesis ingeniosa, pero

no necesaria. Una vez reunidos, Esdras se levantó a hablar. De sus palabras da un resumen el autor

sagrado. Empieza por denunciar el hecho de que muchos son los que se han unido en matrimonio

con mujeres extranjeras, lo cual es una prevaricación más en la larga cadena de las que

cometió Israel. Pero existe una posibilidad de justificarse, confesando el pecado ante Yahvé y

reparándolo (Jos 7:19; 1 Re 6:5; Jer 13:16; Mal 2:2). Se imponía, por consiguiente, la necesidad

de quitar aquella abominación de Israel, lo que equivalía a la obligatoriedad de despedir a las

mujeres extranjeras. El pueblo manifiesta su conformidad con las propuestas de Esdras (2 Sam

15:23; 1 Re 8:55; 2 Crón 15:14; 20:19). El mismo Esdras se percató de que las condiciones climatológicas

no permitían permanecer al descubierto y de que las negociaciones serían largas. Por

lo mismo creóse una comisión de jefes encargada de tramitar los asuntos y de llamar a cada uno

de los culpables a medida que se ventilaba su caso. Al culpable acompañarían los ancianos de

cada ciudad y sus jueces a fin de discutir con la autoridad central el expediente y asegurar de esta

manera un veredicto justo e imparcial. El v.15 se interpreta de varias maneras. Puede el texto

significar que Jonatán y sus compañeros se encargaron de llevar adelante la propuesta. Se obtiene

este sentido tomando la partícula hebraica ak en sentido aseverativo (Gen 26:9), siendo el sentido:

“Sólo Jonatán y Jojzías insistieron sobre este punto, y Mesulam y Sabtaí los apoyaron”

(Médiebelle). Sin embargo, la mayoría de los exegetas modernos dan a la mencionada partícula

un sentido adversativo, viendo en el texto una oposición por parte de cuatro individuos. ¿En qué

discrepaban los de la oposición? Puede entenderse el texto en el sentido de que no aprobaban la

solución propuesta por Esdras sobre la formación de un tribunal, por creer que este proceder sería

demasiado lento. Puede también interpretarse el texto en el sentido de que se opusieron a la

idea de expulsar a las mujeres extranjeras. La frase siguiente induce a creer que los disidentes

eran judíos que habían quedado en Palestina y de que habían sido influidos por las gentes del país.

Al frente de la comisión fue colocado Esdras. El texto puede traducirse: “Esdras el sacerdote

escogió” (wayyabdel lo, 3 Esd 9:16; LXX), o: “Se escogió a Esdras el sacerdote.” Puesto que

Esdras dio la orden, s lógico que escoja sus colaboradores; conocía él la Ley (7:6) y estaba investido

de plenos poderes (7:25). Las reuniones empezaron el primer día del mes décimo, el de Tebet

(diciembre-enero), y se acabaron el primero de Nisán (marzo-abril); tres meses se necesitaron

para estudiar el asunto de los matrimonios.

Los sacerdotes culpables (10:18-22).

18 De entre los sacerdotes fueron hallados que habían tornado mujeres extrañas: de

los hijos de Josué, hijo de Josadac, y sus hermanos: Maasías, Eliezer, Jarib y Godolías,

19 que se comprometieron, dando su mano, a echar a sus mujeres y a ofrecer un

carnero por su pecado; 20 de los hijos de Immer, Jananí y Zebadías; 21 de los hijos de

Jarim, Maasías, Elías, Se-meyas, Jejiel y Ozías; 22 de los hijos de Pasur, Elyoenai,

Maasías, Ismael, Natanael, Jozabad y Elasa.

Diecisiete habían pecado. Josué había regresado del exilio en la primera expedición, junto con

Zorobabel (2:2; 5:2). Josadac fue llevado a la cautividad de Babilonia (1 Grón 5:40-44). El acto

1324

de dar la mano equivale a comprometerse, obligarse a despedir a sus mujeres (2 Re 10:15; Ez

17:18). Conforme a Lev 5:15, ofrecen un carnero para expiar su pecado.

Elenco de los levitas pecadores (10:23-24).

23 De entre los levitas, Jozabad, Simeí, Quelaya, que es que-lita; Petajya, Judá y

Eliezer. 24 De entre los cantores, Elíasib. De entre los porteros, Salum, Telem y Urí.

Seis fueron propiamente los levitas que incurrieron en el pecado, pudiéndose enumerar también

entre ellos un cantor y tres porteros. Quelaya, probablemente, es el mismo que asistió a Esdras en

el momento de leer la Ley al pueblo (Neh 8:7; 10:11).

Los códicos (10:25-44).

25 De entre los hijos de Israel: de los hijos de Paros, Ramia, Jiziya, Malquiya, Miyamim,

Eleazar, Malquiya y Benaya; 26 de los hijos de Elam, Matanías, Zacarías, Jejiel,

Abdí, Jeremot y Elías; 27 de los hijos de Zatu, Elyoenai, Elíasib, Matanía, Jeremot,

Zabad y Aziza; 28 de los hijos de Bebaí, Jojana, Ananías, Jabdu y Atlaí; 29 de

los hijos de Baní, Mesuíam, Maluc, Adaya, Jasub, Seal y Jerirnot; 30 de los hijos de

Pajat, Moab, Adna, Quelal, Banayas, Masías, Matanías, Besaleel, Biní y Manases; 31

de los hijos de Jarim, Eliezer, Jisjiya, Malquiya, Semeyas, Simeón, 32 Benjamín, Maluc

y Semaría; 33 de los hijos de Ja-sum, Matnaí, Matata, Zabad, Elifelet, Jeremaí,

Manases y Se-meí; 34 de los hijos de Baní, Madaí, Amram, Uel, 35 Benayas, Bedia,

Queluyas, 36 Vania, Meremot, Elíasib, 37 Matanías, Matnaí, Jasaí; 38 Baní, Biní, Semeí,

Selemías, Natán, Adayas, 40 Macnadbaí, Sasaí, Saraí, 41 Azareel, Selamías,

Semarías, 42 Salum, Amarías y José; 43 hijos de Nebo, Jeiel, Matatías, Zabad, Zebina,

Jadar, Joel y Banayas. 44 Todos éstos habían tomado mujeres extranjeras y muchos

tenían ya hijos de ellas.

Son ochenta y seis. Comparando el número de los culpables con los datos de 9:1-2, se vislumbra

que no hay proporción entre el número exiguo de delincuentes y la gran masa de que se habla en

el texto mencionado (9:1-2). El redactor que encontró las listas en los archivos no ha reproducido

quizá el nombre de todos los pecadores. De muchos de los que se mencionan tenemos noticia en

otras partes del libro (2:3-35; 8:3-14) y en el de Nehemías.

El v.44 tiene sus dificultades. En el original hebraico se dice: “Hubo entre ellas mujeres

que habían parido.” Hemos seguido la traducción de 3 Esd 9:36 por ajustarse más al contexto.

Comentando esta firmeza por parte del pueblo, dice Flavio Josefo: “Pusieron la observancia de la

Ley por encima de los objetos más queridos.”3 La reforma de Esolras representa una resolución

con enormes repercusiones en Israel y entre las “gentes del país.” De no haber contado Esdras

con el apoyo decidido del soberano persa, difícil hubiera sido conseguir la implantación de una

ley tan revolucionaria. Los judíos, y más concretamente el resto, se pusieron a las órdenes de Esdras,

ya por el temor de las sanciones (10:4), ya por celo religioso. Sentíanse ellos orgullosos de

pertenecer al pueblo elegido y tenían conciencia de ser el plantel y la simiente de donde brotaría

ufano el árbol frondoso del judaísmo. Digna de admiración es la prudencia y energía de Esdras

en esta gigantesca obra de reforma. Supo él aprovechar las buenas disposiciones de un grupo

selecto para ganar la voluntad de todos (Médiebelle). Puso Esdras las bases del nuevo Israel,

que iba a consolidarse todavía más por obra de Nehemías.

1325

1 De Vaux, Les Institutions De I'Anden Testament I 112-113.

2 “Bíblica,” 12 (1931) 85.

3 Ant.Jud. 11:5-4.

Nehemías.

Encabezamiento del libro (Neh 1:1).

1a Palabras de Nehemías, hijo de Helcías:

El autor del libro ha utilizado ampliamente las memorias que escribió Nehemías, y que se reconocen

por el empleo de la primera Persona (1:1-5; 10:30b-40; 12:31-13:31). Es la única vez que

el título Palabras de (dibre) aparece en libros históricos; es frecuente, sin embargo, en los escritos

proféticos (Jer 1:1; Am 1:1) y sapienciales (Ece 11; Prov 30:1). La traducción más fiel parece

ser: “Memorias de Nehemías,” y no: “Historia de las gestas o actos de Nehemias. La palabra Nehemías

significa “Yahvé consuela” y únicamentyte aparece en nuestro libro. Se añade “Hijo de

Helcías” para distinguirlo de otros personajes que llevaron el mismo nombre (Neh 77) Nehemías

no fue sacerdote, en contra del texto de la Vulgata en 2 Mac 1:21: “lussit sacerdos Nehemias,”

traducción errónea del texto griego original.

Malas noticias (1:1-3).

lb En el mes de Casleu del año veinte, estando yo en Susa, en la capital, 2 llegaron de

Judá Jananí y uno de mis hermanos con algunos otros. Yo les pregunté por los judíos

que habían sido libertados, los restos de la cautividad y por Jerusalén. 3 Ellos me

respondieron: “Los restos de la cautividad están en la provincia en gran miseria y

afrenta. Las murallas de Jerusalén están todavía en ruinas, y sus puertas quemadas

por el fuego.”

Al hablar el texto del año veinte, sin especificar el origen de este cálculo, parece que haga referencia

al reinado de Artajerjes, como sugiere la lección de 2:1. El rey Artajerjes Longímano sucedió

a Jerjes el año 464, reinando hasta 424. Según el cómputo babilónico, que empieza el mes

de Nisán de 464, el año 20 del reinado de aquel monarca corresponde a 445. El mes de Casleu es

el nono del calendario, correspondiente a la mitad de los meses de noviembre-diciembre. Después

del exilio se designan los meses con los nombres del calendario asiro-babilónico (2:1; Esdr

6:15). Comparado el v.1 con 2:1, surge una dificultad cronológica. En efecto, según el texto que

comentamos, llegó Jananí de Jerusalén el mes de Casleu del año veinte del reinado de Artajerjes

I Longímano; por otra parte, en 2:1 se habla del primero de Nisán del mismo año. Algunos comentaristas,

como Fernández, zanjan la dificultad alegando la manera diversa con que se computaba

el principio del año. Sin embargo, no parece probable que un mismo autor emplee en el

mismo libro diversos sistemas de computación. Por lo mismo, cabe suponer que existe una adulteración

de los números: año veinte en vez de diecinueve (1:1)1 y veinte en vez de veintiuno en

2:1, o una trasposición de los meses (Casleu, 1:1; Nisán, 2:1; Schneider).

La escena tuvo lugar en la ciudadela (hahbirah) de Susa. Según las excavaciones practicadas

por M. Dieulafoy (1884-1886) y por otros arqueólogos más modernos, birah era la acrópolis

de Susa. Al norte de la misma se encontraba un palacio con la grande sala del trono (apada1326

na), rodeado de jardines. Al este estaban los departamentos reales, de sus colaboradores y del

gineceo. Rodeada de recias murallas, estaba protegida en el ángulo sudoeste por una ciudadela.

Hacia el año 440, un violento incendio redujo a cenizas tan suntuoso lugar1. Los reyes de Persia

invernaban en Susa (Est 1:2-5; 3:15) Por el texto no es posible determinar si Jananí era hermano

carnal de Nehemías o un pariente suyo. “Aunque la palabra hermano es de significación muy

vaga, aquí, empero, debe tomarse en el sentido estricto de hermano propiamente dicho o al menos

de pariente, pues tal es su alcance en 7:2 (Fernández). La palabra peleta, resto, los que se han

salvado, designa a los judíos repatriados que se encontraban en Jerusalén. A este resto se le promete

la participación en los beneficios de la elección (Is 10:20-21; Jer 23:3). Vimos las dificultades

que experimentaron los repatriados de parte de las gentes del país. A pesar del apoyo prestado

por los monarcas persas, el resto se encontraba aislado en medio de un pueblo que veía en los

recién llegados a enemigos que intentaban desplazarlos. Con el dinero recogido en Babilonia pudieron

poco a poco reconstruir sus casas, procurarse tierras de cultivo, proveerse de ganado mayor

y menor, etc. A duras penas habíase reedificado el templo, dejando para más tarde la reconstrucción

de las murallas de Jerusalén. A este lamentable estado material de los repatriados

debe añadirse que ellos, al contacto con las gentes del país, dejáronse seducir, renegando de su fe

yahvista. Muchos llegaron a esta situación por culpa de sus mujeres paganas. Esdras había conjurado

la situación consiguiendo que los judíos despidieran a las mujeres extrañas, pero al poco

tiempo volvieron a las andadas. La alusión a las murallas de Jerusalén puede referirse a su destrucción

por Nabucodonosor o, lo que es más probable, a la que siguió al recibirse la carta de Artajerjes

(Esd 4:7-23). Verdad es que no habla el texto explícitamente de que se destruyera la parte

de las murallas que se había levantado, pero deja vislumbrarlo (Esdr 4:19-23). El dolor que

causa a Nehemías la noticia sobre las murallas sugiere que se trata de una destrucción reciente.

Consternación y plegaria de Nehemias (1:4-11).

4 Cuando oí esto, sentéme y lloré, y estuve por muchos días desolado. Ayuné y oré

ante el Dios de los cielos, 5 diciendo: “Ruégote, Yahvé, Dios de los cielos, Dios grande

y terrible, que guardas tu alianza y haces misericordia con los que te aman y guardan

tus mandatos, 6 que esté atento tu oído y abiertos tus ojos para escuchar la oración

que tu siervo te dirige ahor, día y noche, por tus siervos los hijos de Israel, confesando

los pecados de Israel, nuestros pecados contra ti, porque yo y la casa de mi

padre hemos pecado, 7 te hemos ofendido y no hemos guardado los mandamientos,

las leyes y los preceptos que tú prescribiste a Moisés, tu siervo. 8 Acuérdate de estas

palabras que tú mandaste decir a Moisés, tu siervo: Si pecareis, yo os dispersaré entre

los pueblos; 9 pero si os volvéis a mí y guardáis mis mandamientos y los ponéis

por obra, aunque hubiereis sido desterrados a los confines de la tierra, de allí os reuniré

yo y os volveré al lugar que he elegido para hacer residir en él mi nombre. 10

Son tus siervos, son tu pueblo, que redimiste tú con tu gran poder y tu fuerte mano,

11 ¡Oh Señor! que esté atento tu oído a la plegaria de tu siervo y a la de los siervos

tuyos que desean temer tu nombre. Concede ahora próspero suceso a tu siervo y haz

que halle yo gracia a los ojos de este hombre”; pues servía yo entonces de copero al

rey.

La noticia que le dieron Jananí y los otros que habían llegado 2 la provincia (medinah) de Judá

impresionó extraordinariamente a Nehemías. ¿Por qué sucedieron estas cosas en Jerusalén? Nehemías

intuye inmediatamente que el pecado es el causante de tantos males, por lo cual acude a

1327

las lágrimas, al ayuno y a la oración, con el fin de aplacar al Dios ofendido (1 Sam 14:24; Esdr

8:21). Elbios de los cielos (2:5-20; 9:6-28; Esd 1:2; 5:11-12; 6:9-10; 7:2) era un título que los

persas daban a Ahura Mazda, pero que Nehemías aplica al único y verdadero Dios. Es Yahvé

grande y terrible, que no deja impune ningún pecado contra su ley (Dan 9:4). Es celoso

Yahvé del pacto de la alianza (Ex c. 19-20). En el caso de que Israel cumpla lo estipulado, le

colma Dios de gracias espirituales y materiales; en caso contrario le retira su ayuda, dejándole

solo ante sus enemigos. Nehemías confiesa que Israel ha pecado; él mismo se incluye entre los

pecadores. Pero la penitencia es el principio del perdón; Israel reconoce su pecado; confiesa

que ha traspasado los mandamientos que Dios prescribió por medio de Moisés. La expresión

“que esté atento tu oído y abiertos tus ojos” aparece en otros lugares bíblicos (1 Re 8:28-29; 2 Re

19:16; 2 Crón 6:40).

En los v.8-9 recuerda Nehemías que Dios amenazó a los pecadores, pero prometió reconciliarse

con ellos si reconocen su pecado y lo detestan. Por el pecado, Israel fue llevado cautivo

entre las gentes; ahora, habiendo hecho penitencia, le reunirá Dios de nuevo y le volverá al lugar

que el mismo Dios eligio como morada suya (1 Sam 4:4; 2 Sam 6:2; Sal 80:1). La promesa

que se dice fue hecha a Moisés se encuentra formulada implícitamente en varios pasajes del Pentateuco

(Lev 26:33-45; Deut 4:25-31; 28:1-15; 30:1-5). Dios no puede desentenderse de Israel,

porque, en realidad, Israel es su pueblo predilecto (Ex 5:1; 8:20; Deut 32:15; Jer 3:19; 31:20);

los israelitas son siervos suyos, que redimió con gran poder y mano fuerte (Deut 9:29).

Al final del v.11 alude Nehemías al rey Artajerjes con las palabras “este hombre.” Ruega

a Dios que cambie el corazón del rey en el sentido de que se le conceda autorización para levantar

los muros de Jerusalén, revocando la orden contraria dada anteriormente (Esd 4:23).

Se preguntan muchos intérpretes: ¿Es auténtica esta oración de Nehemías? Todos confiesan

que su forma es estereotipada; que tiene muchas semejanzas con otras muchas (Esd 9:6-15;

Neh 9:6-37; Dan 94:-19; Est 13:8-17; 14:3-19; Ecl 36.1-6); que presenta un colorido deuteronómico

muy marcado (Deut 7:9-21; 9:29; 30:1-4)· Por lo mismo, piensan muchos que fue compuesta

por el autor del libro. La verdad parece estar en un término medio. No cabe suponer que el

cronista reprodujera textualmente una oración que Nehemías hizo en determinada ocasión; se

limita a transcribir las ideas maestras de la misma.

Nehemías era copero del rey, cargo honorífico en la corte persa 2; los funcionarios reales

solían ser eunucos (Est 1:10; Jdt 12:11)· ¿Lo era Nehemías? Se discute; para los judíos ser eunuco

era una deshonra, salvo excepción (Deut 23:2; Sal 127; en contra Is 56:3-5).

Hondo pesar de Nehemías (2:1-3).

1 En el mes de Nisán del año veinte del rey Artajerjes, estando ya el vino delante de

él, tomé el vino y se lo ofrecí al rey. Jamás había yo aparecido triste en su presencia,

2 pero aquel día me dijo: “¿Por qué estás con tan mala cara? Enfermo no estás; no

puede ser, pues, sino alguna pena de tu corazón.” Yo entonces me atemoricé sobremanera,

3 y respondí al rey: “¡Viva el rey eternamente! ¿Cómo no va a estar triste

mi rostro cuando la ciudad donde están los sepulcros de mis padres está en ruinas, y

quemadas por el fuego sus puertas?”

Las informaciones que le dieron Jananí y otros calaron hondo en el corazón de Nehemías. Era

copero del rey; la frase “el vino delante de él” apenas tiene sentido, por lo que el texto griego la

ha cambiado por “el vino estaba delante de mí,” lo que equivale a decir que le había llegado a

Nehemías el turno de servir el vino al monarca. A pesar de sus esfuerzos para permanecer sere1328

no, no pudo, sin embargo, evitar que sus pesares se reflejaran en su rostro. Las palabras del rey le

atemorizaron, por estar prohibido a los empleados de palacio mostrarse tristes o aparentar mal

humor durante el servicio real (Est 4:2). Además, pensando él pedir a Artajerjes revocara la orden

que había dado de suspender la reconstrucción de las murallas de Jerusalén (Esd 4:7-23), temía

que la tristeza le indispusiera con el rey y le cerrara las puertas para pedirle tan gran favor. A

la pregunta del rey responde Nehemías poniendo por delante la cuestión sentimental: en Jerusalén

estaban las tumbas de sus antepasados en situación lamentable y expuestas a ser profanadas,

por carecer la ciudad de murallas y puertas que aseguraran la incolumidad de las mismas. Los

persas profesaban gran respeto a los sepulcros. De Darío cuenta Valerio Máximo (5:4) que, al

invadir el país de los escitas, notó que aquellas gentes no presentaban batalla. Al manifestar su

extrañeza, le respondieron: “No tenemos ciudades amuralladas ni campos cultivados que defender;

pero si tú nos fuerzas a retirarnos hasta los sepulcros de nuestros padres, sabrás cómo los

escitas saben batirse.”

Petición de Nehemías (2:4-8).

4 Y me dijo el rey: “¿Qué es lo que quieres?” Yo, rogando al rey de los cielos,

5respondí al rey: “Si al rey le pareciera bien y hallara gracia tu siervo ante ti, que

me mandaras a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para reedificarla.”

6 El rey, a cuyo lado estaba sentada la reina, me dijo: “¿Cuánto durará tu viaje?

¿Cuándo estarás de vuelta?” Plugo al rey dejarme partir, y yo le señalé tiempo. 7

Después dije al rey: “Si al rey le parece bien, que se me den cartas para los gobernadores

del otro lado del río, para que me permitan pasar y entrar en Judá; 8y otra

carta para Asaf, guardabosques del rey, Para que me facilite maderas y viguería para

las puertas de la ciudadela vecina a la casa, para las murallas de la ciudad para la

casa que yo he de habitar.” Dióme el rey estas cartas pues la buena mano de mi Dios

estaba sobre mí.

Sabía Nehemías que Dios ablanda y endurece a su beneplácito el corazón de los reyes; por lo

cual, antes de responder al monarca oró brevísimamente a Dios, poniendo en sus manos el trascendental

asunto. En primer lugar le pidió le concediera ir a Jerusalén para reedificarla. Ante la

carta de Rehum y Simsaí, había respondido Artajerjes que cesaran los trabajos para la reconstrucción

de las murallas (Esd 4:21); pero el rey dictó aquella orden a base de los informes que le

transmitían. Nehemías, funcionario palaciego, cumplidor de su deber, reitera la petición. Existía

la dificultad de que la corte persa no revocaba nunca una ley (Dan 6:16; Est 8:8), pero podía sustituirla

por otra. Además, Artajerjes era muy conocido a causa de su carácter voluble y por la influencia

que ejercían las mujeres sobre él. Al lado del rey, dice el texto, hallábase la reina. En el

texto original, la soberana es llamada hashegal (Dan 5:2). Por razón del artículo parece que se

trata de la reina propiamente dicha, aunque el término en sí puede aplicarse más bien a una mujer

del harén o a una concubina. Del hecho de que Nehemías tuviera familiaridad con la reina no se

deduce necesariamente que fuera eunuco.

Tanto el rey como la reina se preocupan menos del favor que les pide su servidor que del

tiempo que tardará en volver. No señala el texto el lapso de tiempo que pidió Nehemías, pero

consta que su permanencia en Jerusalén duró unos doce años (5:14). No es creíble que Nehemías

pidiera autorización para ausentarse tanto tiempo; cabe más bien suponer que el corto lapso de

tiempo señalado fuera prolongándose poco a poco a instancias del mismo. Una vez obtenido el

permiso, pide letras comendaticias para los gobernadores de las provincias que debía atravesar

1329

hasta llegar a Jerusalén, y de una manera especial para el de Judá. Algunos autores (Vaccari) suponen

que Nehemías pidió una escolta para el trayecto. Pide otras cartas para el guardabosques

del rey. Asaf era judío. Puede relacionarse este personaje con Gadatas, intendente de los dominios

reales en Asia Menor, al cual felicitó Darío por haber trasplantado en la baja Asia árboles

que crecen al otro lado del Eufrates. Los reyes persas habíanse reservado algunos parques nacionales,

llamados parees lammelek, paraíso del rey. El término pardes (Ece 2:5; Cant 4:13) es de

origen persa. De él se ha derivado la palabra paraíso, con el significado de parque, jardín o bosque

(Gen 2:8). ¿En dónde se encontraban estos bosques reales? Algunos creen que el monarca

persa tenía algunos bosques Palestina, quizá en la región de Etam, a unos once kilómetros al sur

de Jerusalén, en el lugar donde Flavio Josefo (Ant. lud. c.8:7-3) coloca los jardines de Salomón

(Ag 1:8), o en los montes de Juda (1 Crón 27:28). Supone Abel que pardes designaba los bosques

del Líbano, de los cuales el rey se reservaba la explotación (Schneider). Pedía Nehemías

maderas para las puertas de la ciudadela, construida acaso en el lugar que ocuparon más tarde las

fortalezas de Baris y Antonia; para las murallas de la ciudad y para su propia casa. La ciudadela

era un edificio cuya finalidad era proteger el templo contra las gentes del país.

Nehemías llega a Jerusalén (2:9-12).

9 Presénteme a los gobernadores del otro lado del río y les entregué las cartas del

rey, que había hecho que me acompañasen dos jefes del ejército y alguna gente de a

caballo.10 Cuando lo supieron Sambalat, joronita, y Tobías, siervo amonita, disgustóles

en extremo que viniese un hombre para procurar el bien de los hijos de Israel.

11 Llegué a Jerusalén y estuve allí tres días; pasados los cuales, 12 me levanté de noche

con algunos hombres, sin decir a nadie lo que mi Dios me había puesto en el corazón

hacer por Jerusalén. No llevaba conmigo bestia alguna de carga; sólo mi propia

cabalgadura.”

Además de las cartas de recomendación, el soberano puso una escolta a disposición de Nehemías.

Al llegar a Jerusalén entrevistóse con las autoridades provinciales y locales, las cuales no vieron

con buenos ojos la presencia de un hombre autorizado por el rey para procurar el bien de los

judíos repatriados. Sambalat es un nombre asirio que significa “Sin (el dios lunar) da la vida.”

Era gobernador de Samaría (3:34). Se le llama el joronita, o bien porque era originario de Bet-

Horón (Jos 10:10; 16:1-3; 1 Re 9:17), o porque descendía de Joronaím o Bet-Jarán, en la región

de Moab (Is 15:3; Jer 48:34). En un papiro de Elefantina se dice que los hijos de Sambalat, gobernador

de Samaría, gozaban de gran autoridad 1. El papiro es del año 17 de Darío II (424-405).

Tobías estaba a las órdenes de Sambalat, como parece sugerir la palabra siervo, que puede tomarse

en sentido honorífico o peyorativo. Se cree que este amonita dio origen a la poderosa familia

de los Tobiadas, que, según Flavio Josefo 2 y el testimonio de los papiros de Zenón, gozó

de gran fama en el siglo ni antes de Cristo, tanto por su riqueza como por su influencia política.

De estos documentos se deduce que Tobías vivía en la Birta (hebreo birah, griego baris, fortaleza)

de Amón y era jefe de unos camelleros establecidos allí como colonos. Mantenía buenas relaciones

con Tolomeo II, al cual mandaba caballos como obsequio. Dedicábase al comercio, que

ejercía también en Jerusalén, en donde tuvo gran influencia durante el siglo u por sus relaciones

con el sumo sacerdote Onías. Las modernas excavaciones han demostrado que la mencionada

colonia estaba en e1 lugar conocido por Araqel-Emir, entre Aman y el río Jordán. Allí, al pie de

una colina, en un subterráneo excavado en la roca, se lee dos veces el nombre de Tobías en caracteres

hebraicos antiguas. A unos trescientos metros más allá existen vestigios de un gran edi1330

ficio conocido con el nombre de Qasrel-Abd = castillo del siervo, lugar que corresponde, sin duda,

a la mencionada Birta d Amón. Dada la tenacidad característica de la toponomástica semítica,

es posible que el apelativo siervo sea un recuerdo del calificativo honorífico de los antiguos

Tobiadas que eran siervos, es decir ministros de los Tolomeos. Es improbable que el apelativo dé

siervo deba tomarse en sentido peyorativo 3.

Inspección nocturna (2:13-15).

13 Salí de noche por la puerta del Valle y me dirigí hacia la fuente del Dragón y la

puerta de la Escombrera, mirando las murallas de Jerusalén en ruinas y sus puertas

consumidas por el fuego. 14 Seguí a la puerta de la Fuente y al estanque del Rey, y no

había por allí sitio por donde pasar la cabalgadura en qué iba. 15 Subí, todavía de

noche, por el torrente e inspeccioné la muralla. Luego volví a entrar por la puerta

del Valle, estando así de vuelta.

Decidió Nehemías efectuar el recorrido durante la noche con el fin de no llamar la atención de

las autoridades. Algunos íntimos que le acompañaron no conocían sus planes. Montaba éste en

su cabalgadura; los que le acompañaban iban a pie. En líneas generales, parece que Nehemías

inició su itinerario nocturno empezando por la parte noroeste de la ciudad, descendió por el valle

de Hinnón en dirección a la piscina de Siloé, remontó el torrente Cedrón hasta Ain-itti-Mariam,

estanque de Salomón, regresando al punto de partida. La puerta del Valle (3:1-32; 12:31-40; 2

Crón 26:9) hallábase cerca de la actual puerta de Jafa, no en el Tiropeón. De la mencionada puerta

pasó a la fuente del Dragón (hattanin), en el actual Birket es-Sultán. Sabido es que los tanninim

eran considerados como monstruos marinos (Gen 1:2; Job 7:12). Esta fuente misteriosa

(DBS 4:949), difícil de localizar, evoca espontáneamente la “piscina de las serpientes” existente

en tiempos de Flavio Josefo 4. La puerta de las Escombreras coincide muy probablemente con la

de los esenios de que habla Flavio Josefo 5, situada, según él, en la región llamada Berzo, o sea,

del estercolero. Llamábase así porque junto a ella arrojábanse las basuras de la ciudad, que iban

a depositarse en el torrente Hinnón, donde las aguas las arrastraban hacia el wadi enNahr. De

trecho en trecho se paraba Nehemías contemplando el estado de las murallas.

Bajando en dirección sur de la ciudad, llegó a la puerta de la Fuente (3:15; 12:57), que se

identifica o con la fuente de Siloé o con la de Ain Roguel. Algunos localizan el estanque del Rey

con la actual fuente Ain-sitti-Mariam, junto al Cedrón, y otros con la piscina de Siloé. Según

Vincent (DBS 950), corresponde al complejo de estanques construidos por Ezequías y sus sucesores

en el valle del Tiropeón para regar los jardines reales (2 Re 20:20; 2 Grón 32, 30 Is 22:9).

A partir de este lugar, los escombros de las antiguas murallas habían obstruido el paso. Por lo

mismo, bajó al torrente Cedrón, desde donde inspeccionó de lejos las murallas, regresando i punto

de donde había salido. Dado que el texto nada dice del perímetro septentrional de la ciudad,

muchos creen que Nehemías no dio la vuelta completa a la misma. Sin embargo, puede admitirse

que, en vista de lo avanzado de la hora y para no llamar la atención de las autoridades y del pueblo,

siguió rápidamente su camino, remontando el torrente Cedrón y torciendo en dirección oeste

hasta llegar al lugar de partida.

Asamblea general (2:16-18).

16 Los magistrados no sabían adonde había ido y qué era lo que había hecho. Hasta

entonces no había dicho nada a los judíos, ni a los sacerdotes, ni a los jefes, ni a los

magistrados, ni a ninguno de los que llevaban la dirección de los negocios. 17 Enton1331

ces yo les dije: “Bien veis el lamentable estado en que nos hallamos. Jerusalén está

destruida y sus puertas consumidas por el fuego. Vamos, pues, a reedificar las murallas

de Jerusalén, y no estemos más en el oprobio.” 18 Les conté cómo la buena

mano de mi Dios había estado sobre mí y las palabras que el rey me había dirigido;

y entonces dijeron: “¡Andando, a edificarla!” Y tomaron resueltamente esta buena

determinación.

Los magistrados (seganim) ignoraban el recorrido que había hecho Nehemías. La palabra seganim

(Esdr 9:2; Neh 4:8-13; 5:7-17; 7:5; 12:40; 13-11) es de origen asirio y tiene un sentido dudoso.

Acaso designa a los miembros de un consejo o tribunal creado después del exilio. Otros traducen

por “magnates,” jefes de las principales familias. Pero no es fácil entonces establecer la

diferencia entre los términos que significan magistrados y notables (horim), que a veces parecen

sinónimos (13:11-17). Según Michaéli, los horim son los notables por su nacimiento; los seganim

lo son por sus funciones. Con las palabras “no había dicho nada a los judíos,” quiere referirse

a los laicos que tenían cierta representación tanto por su ascendencia como por su posición

social.

A los reunidos planteó Nehemías el problema de los muros. Hacia años que los primeros

repatriados habían regresado del exilio, y las murallas estaban todavía sin construir. Este estado

de cosas era un oprobio para el pueblo y una señal de debilidad y desidia. Ahora que se cuenta

con la actitud favorable del rey conviene aprovechar la coyuntura, procediendo rápidamente, antes

de que las autoridades locales puedan reaccionar y empezar los trámites para elevar su protesta

al rey.

Mofas de los enemigos (2:19-20).

19 Cuando lo supieron Sambalat, joronita; Tobías, siervo am nita, y Guesern, árabe,

se burlaban de nosotros y nos meno° preciaron. Nos dijeron: “¿Qué es lo que hacéis

ahí? ¿Os rebe" láis contra el rey?” 20 Y yo les di esta respuesta: “El Dios de lo" cielos

nos hará salir con nuestra empresa. Nosotros, sus siervos, nos levantaremos y

haremos la edificación. Vosotros no tenéis parte, ni derecho, ni recuerdos en Jerusalén.”

El autor presenta los acontecimientos atropelladamente: Nehe-mías reúne la asamblea al día siguiente

de haber inspeccionado los muros de la ciudad y empieza inmediatamente las obras.

Desde los comienzos presentáronse los enemigos mofándose de la empresa que creían descabellada.

No se opusieron a ella por la fuerza por conocer las prerrogativas de que estaba investido

Nehemías. Por lo mismo, pudo responder arrogantemente a las preguntas que le dirigieron sus

enemigos. A Sambalat y Tobías se añade un tercer enemigo, llamado Guesem (6:1-2-6), descendiente

de una tribu árabe; ejercía las funciones de gobernador de la provincia del Negueb, la más

meridional de la quinta satrapía. Puede ser que Guesem fuera descendiente de los árabes deportados

a Samaría en tiempos de Sargón II. Si el libro de Nehemías no habla de los idumeos, enemigos

ancestrales de los judíos, es porque los identifica con los árabes. La pregunta: “¿Os rebeláis

contra el rey?” se refiere a la orden dada por Artajerjes (Esd 4:17-22); pero no insisten, sabiendo

que una orden de la corte persa puede ser sustituida por otra.

1 Dieulafoy, L'Acropole De Suse (París 1893).

1332

2 Heródoto, III 34.

1 Pritchard, 492.

2 Ant. Lud. 12:4:1.

3 Ricciotti, Storia 25; H. VINCENT, La famille des Tobiades et les origines du Paiai d'Araq-el-Emir: RB 28

(1920) 182-202.

4 Bell lud. 6:3:2.

5 Bell,.lud.,5:4:2.

Reparación de las murallas de jerusalén (3:1-32).

Elíasib y sus hermanos (3:1-2).

1 Elíasib, sumo sacerdote, se levantó con sus hermanos los sacerdotes y edificaron la

puerta de las Ovejas; la consagraron y pusieron las puertas, desde la torre de Mea

hasta la torre de Jananeel. 2A continuación de Elíasib edificaron los hombres de Jericó,

y a continuación de éstos edificó Zacur, hijo de Irnn.

Elíasib (Esd 2:2; Neh 12:10), con sus hermanos los sacerdotes, construyó la puerta de las Ovejas;

su ejemplo arrastró a otros, hasta el punto de que la obra se terminó en cincuenta y dos días (Neh

6:15). Además, la decisión de Elíasib era tanto más meritoria cuanto que mantuvo relaciones con

los samaritanos (Neh 13-4)· la puerta de las Ovejas, o Probática, estaba en el sector norte, cerca

del ángulo nordeste (3:32; 12:39; Jn 5:2), recibiendo este nombre por entrar por ella el ganado

destinado a los sacrificios. Dice texto que “la consagraron” (qiddeshuhu), lo que se dice con respecto

a los sacerdotes; en otros lugares se dice que la cubrieron (qerunu Muchos autores (Vincent,

Gelin, Batten) unifican el texto conociendo la lección qiddshuhu en qiruhu. La consagración

de toda la obra efectuóse más tarde (12:27), pero esto no impide que los sacerdotes consagraran

su obra al momento de terminarla. Parece que los sacerdote tuvieron que rehacer totalmente

el muro.

No puede identificarse la torre de Mea (los ciento). Vincent cree que no ha existido nunca,

debiéndose su mención a una lectura errónea del texto. En efecto, la traducción material del

texto es: “Y hasta la torre de Mea la consagraron, hasta la torre de Jananeel.” En caso de haber

existido, no se sabe por qué recibió semejante nombre; acaso porque tenía cien codos de altura o

porque cabían en su interior cien hombres para defenderla. De la torre de Jananeel se habla en

Jeremías (31:38) y Zacarías (1:20). Herodes el Grande la amplió y embelleció, llamándola Antonia

en honor del triunviro Antonio (Flavio Josefo, Ant. lud. 15;11;4). El nombre le pudo venir de

Jananías, que era el custodio (7:2). A continuación de los sacerdotes trabajaron los repatriados de

Jericó (Esd 2:34), siguiendo después Zacur.

Puerta del Pescado.

3 Los hijos de Sena edificaron la puerta del Pescado y la cubrieron, pusieron las

puertas, los cerrojos, los goznes. 4 Al lado de ellos trabajó en las reparaciones Meremot,

hijo de Urías, hijo de Acus, y al lado de éstos reconstruyó Mesulam, hijo de

Berquías, hijo de Mesezabel; y al lado de éstos restauró Sadoc, hijo de Baana.

5Inmediatos a ellos restauraron los tecuitas, aunque sus nobles no doblaron su cerviz

al servicio de su señor.

1333

No lejos de la torre de Jananeel y al occidente de la misma hallábase la puerta del Pescado, llamada

así por celebrarse en sus alrededores el mercado del pescado que traían las gentes de Tiro o

los ribereños del mar de Galilea (12:39; 2 Crón 33:14; Sof 1:10). En el v.3 se inspiran algunos

autores para corregir el v.1, ya que el trabajo de cada sector comprendía: 1) la edificación o reparación

de la puerta; 2) cubrirla; 3) colocación de las hojas de la misma; 4) e instalación de los

cerrojos y goznes. Junto a los hijos de Sena (Esd 2:35; Neh 7:38), Meremot (Esdr 8:33) reparó

los desperfectos de otro tramo de muralla. Las gentes de Tecua, ciudad situada a ocho kilómetros

al sur de Belén, trabajaron en los muros; pero los notables de la población, orgullosos, no doblaron

su cerviz al servicio del señor, es decir, de Nehemías. Acaso existían diferencias personales

entre ellos y el gobernador o no reconocían la autoridad que se arrogaba.

En el sector de la puerta Vieja (3:6-12).

6La puerta Vieja la restauraron Joyada, hijo de Pasea, y Mesula, hijo de Besodías;

la ensamblaron y pusieron a las puertas sus cerrojos y sus goznes. 7Junto a éstos reedificaron

Melatías, gabaonita, y Jadón, meronotita; y los hombres de Gabón y Misfa

trabajaron cerca del gobernador de este lado del río. 8 Junto a ellos trabajó Uziel,

hijo de Jarayas, de los orífice y a su lado Ananías, de los perfumistas; continuaron

Jerusalém hasta la muralla ancha. 9A continuación de éstos trabajó Refaías, hijo de

Hur, jefe de la mitad del distrito de Jerusalém 10 A continuación trabajó, enfrente de

su casa, Jedaya, hijo del Jaromat, y a su lado Jatús, hijo de Jesabnía. 11 Otra porción

de la muralla y la torre del horno fue reparada por Malquiya, hijo de Jarim, y

Jasub, hijo de Pahat Moab. 12 A continuación de ellos trabajó con sus hijos Salum,

hijo de Jaloes, jefe de la otra mitad del distrito de Jerusalén.

La puerta de ha-Yeshana, la Vieja, puede referirse o bien “a la puerta vieja,” o bien “puerta de la

ciudad vieja”; Vincent cambia el texto en hammisneh, “del barrio nuevo.” Trátase de la puerta de

Efraím (12:39), llamada así por encontrarse en la parte septentrional de la ciudad. Según el mismo

Vincent, la extensión de la ciudad hacia el norte hizo que se creara este nuevo barrio (Sof

1:10; 2 Re 22:14). Algunos ven en Yeshana el nombre del poblado homónimo, a 25 kilómetros al

norte de Jerusalén, en la actual Ain Siniya. Gabaón estaba a 10 kilómetros al norte de Jerusalén;

la villa de Meronot es desconocida. Masfa hallábase a 13 kilómetros al norte de Jerusalén. Diversamente

se traduce el final del v.7: “Al lado del trono del gobernador del otro lado del río” (Michaeli);

“de la jurisdicción del gobernador de Abarnahara” (Fernández); “a costa del gobernador

de la transeufratena” (Gelin). La más aceptable nos parece ser la siguiente: “Al palacio (lekisse)

del gobernador,” o sea, la parte de la muralla que se hallaba junto al palacio del gobernador de la

Abarnahara.

El gremio de los plateros y de los perfumistas construyeron el trozo de la muralla ancha,

llamada así por ser de construcción más resistente, por reclamarlo el terreno, más expuesto para

un ataque contra la ciudad. En vez de muralla ancha, algunos leen “plaza” (rehob); de hecho

había una plaza cerca de la puerta de Efraím (8:16).

Refaías era jefe de la mitad del distrito o sector (pelek) de Jerusalén. Para su mejor gobierno

y administración habíase dividido la ciudad en dos sectores (v.9:12). La torre del Horno

(12:38) se hallaba cerca de la actual puerta de Jafa, entre la de Efraím (12:39) Y 1a del Valle

(3:13). Llamábase así por existir varios hornos en su alrededor. Jaloes significa encantador, adivino.

Di cese en el texto hebreo que trabajaron con él “sus hijas.” ¿Se trata de hijas en sentido

propio o en el de benoth, habitantes de la ciudad o del sector? En otros pasajes bíblicos (11:25-

1334

31; Núm 21:25, etc.) se toma el término en este sentido figurado.

En el sector sudoccidental (3:13-14).

13 Janum y los habitantes de Zanoaj repararon la puerta d< Valle, la edificaron, pusieron

las puertas, los cerrojos y los goj nes. Hicieron además mil codos de muralla,

hasta la puerta de la Escombrera, 14 Malquiya, hijo de Recab, jefe del distrito de Bet

Maquerem, reedificó la puerta de la Escombrera, poniendo sus puertas, sus cerrojos

y sus goznes.

De la puerta del Valle hemos hablado ya (2:13), pudiendo coincidir con la de Hebrón. Zanoaj es

el nombre de un poblado situado a unos 30 kilómetros al sudoeste de Jerusalén (Jos 15:34). Mil

codos de muralla corresponden a unos 500 metros, suponiendo que se habla del codo egipcio,

que prevaleció entre los hebreos después del exilio. Por eufemismo, acaso, en el texto hebreo se

llama a la puerta de la Escombrera puerta del queso. Malquiya era jefe del distrito de Bet Maquerem

(Jer 6:1), lugar que muchos identifican con el actual Ain Karem. Creen los autores (Üelin,

Pelaia, Vincent) que se anticipa la mención de la fuente del Valle, que se encontraba en el ángulo

sudeste de la ciudad. Antes de esta puerta había la de la Cerámica o del Alfarero (Jer 19:2).

Trabajo de Salum (3:15).

15 Salum, hijo de Col José, jefe del distrito de Misfa, reconstruyó la puerta de la

Fuente, la levantó, la cubrió, puso las puertas con sus cerrojos y sus goznes” Construyó

además el muro de la piscina de Siloé, cerca del jardín del rey, hasta la escalinata

que baja de la ciudad de David.

Cerca de la puerta de la Fuente hallábase la piscina de Siloé. Recogía las aguas de la lluvia y

terminaba en ella el canal subterráneo que hizo excavar Ezequías (2 Crón 32:30). El jardín del

rey se encontraba más al sur, en el lugar donde se reunían las aguas del Cedrón y del valle del

Tiropeón, cerca de Ain Roguel. En cuanto a la escalinata de que habla el texto, acaso puedan vislumbrarse

vestigios de la misma en los peldaños excavados en la roca viva entre la piscina de

Siloé y el Ofel.

Obra de Nekemías (3:16).

16 Después de él, Nehemías, hijo de Azbuc, jefe de la mitad del distrito de Bet Sur,

trabajó en las reparaciones hasta enfrente de los sepulcros de David, y hasta delante

de la piscina, que había sido artísticamente construida, y hasta el cuartel.

El pueblo de Betsur se encuentra a unos 20 kilómetros al sur de Jerusalén. Se habla solamente de

una mitad del distrito, silenciándose la otra. Los sepulcros de David yacían en el Ofel; allí fueron

enterrados los monarcas de Judá (1 Re 2:10). Antes del exilio era menos rigurosa la ley acerca de

la impureza por el conato de un cadáver (Ez 43:7-9). De la piscina artísticamente construida no

se sabe nada; acaso sea la piscina de Salomón, junto a la actual fuente Ain-sitti-Mariam, o fuente

de Guijón. La casa de 1os valientes o cuartel (2 Sam 16:6; 23:8) hallábase al norte de la Acrópolis

real.

Trabajos en el sector oriental (3:17-27).

17 Después de él trabajaron los levitas, Rehú, hijo de Bani y a su lado trabajaba Ja1335

sabías, jefe de la mitad del distrito de Queila. 18 Después de él sus hermanos, Binnuí,

hijo de Jenadad, jefe de la otra mitad del distrito de Queila; 19 y al lado de éste,

Ezer, hijo de Josué, jefe de Misfa, reparó otra porción de la muralla frente al arsenal,

hacia el ángulo. 20 Después de él, Baruc, hijo de Zabal, reparó otra porción,

desde el ángulo hasta la entrada de la casa de Elíasib, sumo sacerdote. 21 Después de

él reparó Meremot, hijo de Uría, hijo de Hacos, otra sección, desde la entrada de la

casa de Elíasib hasta el extremo de ella. 22 Después de él trabajaron en la reparación

los sacerdotes de los alrededores, 23y después de ellos Benjamín y Asub enfrente de

sus casas. Después de éstos, Azarías, hijo de Maasías hijo de Ananía, reparó lo cercano

a su casa. 24Después de él Binní, hijo de Jenadad, reparó otra sección, desde la

casa de Azarías hasta la vuelta del ángulo.25 Palal, hijo de Uzai, construyó lo de delante

del ángulo y la torre que hay en el saliente sobre lo alto del palacio real, en el

patio de la prisión. Después de él trabajó Padayas, hijo de Paros. 26 Los netineos que

habitan el Ofel trabajaron hasta enfrente de la puerta de las Aguas a oriente, y la

torre en saliente. 27 Después de ellos los tecuitas repararon otra porción, frente a la

gran torre en saliente, hasta el muro del Ofel.

Queila pertenecía a la tribu de Judá (Jos 15:44), a 35 kilómetros al sur de Jerusalén. No es posible

localizar el llamado arsenal o armería, que no debía de estar lejos del palacio real y del cuartel.

El ángulo debe de ser el que, a unos metros antes del templo, señala un cambio de dirección.

A partir del v.20 nos sitúa el texto en unos parajes vecinos al templo, aunque no sea fácil determinar

los lugares que se mencionan. Elíasib tenía su casa cerca del templo, ocupando grande extensión

(10:76-7).

Los sacerdotes que habitaban en los pueblos vecinos (kikkar) de Jerusalén (12:28) trabajaron

en la obra. Binnuí (3:18) es mencionado dos veces; quizá quiere decir el autor que, llevado

del celo y entusiasmo por la causa judía, se prestó a ayudar a otros una vez terminada la obra que

se le encomendó. Su ejemplo fue seguido por otros (Meremot; v.4 y 21; tecuitas: v.5:27). El ángulo

de que se habla en el v.24 no puede determinarse con seguridad; no es improbable que coincidiera

con alguno en los que Ocias coloco máquinas de guerra para defender a la ciudad (2 Crón

26:15).

Palal edificó junto al ángulo y a la torre superior (elyon); esta torre está en relación con

otras situadas en un nivel más bajo, o con el palacio real. Los que lo entienden en este último supuesto

hablan del palacio superior o elevado, desde el cual se dominaba el ángulo o la torre saliente,

identificando este palacio con el de Salomón (1 Re c.7). Más abajo hallábase el de David

(2 Sam 5:9-11)' La prisión estaba junto al palacio real, y en ella fue encerrado Jeremías (32:2).

Los netineos (Esd 2:43) figuran en el texto debido quizá a una glosa sugerida por 11:21.

Los v.25-26 pueden redactarse como sigue: Después de él trabajó Padayas, hijo de Paros (y los

netineos habitaban en el Ofel) hasta enfrente de la puerta de las Aguas, pe la mención del Ofel en

el v.27, un escriba anotó en el margen que allí vivían los netineos, glosa que entró más tarde en

el texto. Ofel significa protuberancia, saliente. La puerta de las Aguas debe buscarse en un sitio

de paso obligado para bajar a la fuente de Guijón, de que se habla en 8:1-3-16; 12:37. Estaba

cerca del ángulo sudeste del templo.

En el sector noroeste (3:28-32).

28 A partir de la puerta de los Caballos, los sacerdotes trabajaron en la reparación,

cada uno frente a su casa. 29 Después de ellos trabajó Sadoc, hijo de Irnrner, delante

1336

de su casa; y después de él Semeyas, hijo de Secanías, guarda de la puerta de Oriente.

30Después de él reparó Jananías, hijo de Selemías, y Janún, hijo de Salaf, otra

sección, y después de éste, Mesulam, hijo de Bara-quías, reparó delante de su vivienda.

31Después reparó Malaquías, de entre los orífices, hasta la casa de los netineos

y de los comerciantes lo de frente a la puerta de Nifcad y hasta la cámara alta

del ángulo. 32 Entre la cámara alta del ángulo y la puerta de las Ovejas trabajaron

los orífices y los mercaderes.

Se ignora el sitio de la puerta de los Caballos. Según Jeremías estaba cerca del Cedrón (31:40).

Muy probablemente se abría esta puerta en la muralla del templo, al norte de la puerta de las

Aguas, llamada así por haber colocado los reyes idólatras de Judá unos caballos junto a la misma

(2 Re 23:11); junto a esta puerta fue asesinada Atalía (2 Re 11:16; 2 Crón 23:15). Sadoc era sacerdote

(Esdr 2:37); Semeyas, levita. La puerta de Oriente es llamada también Dorada. Según

Ezequiel, el término mifcad (43:21) designaba el lugar reservado para el sacrificio del toro expiatorio,

fuera del templo. Estaba junto al ángulo nordeste de la muralla, no lejos de la puerta Probática.

¿No indica acaso el nombre (paqad) que en esta puerta efectuábase el control de las víctimas

y demás presentes destinados para el sacrificio? Con el v.32 se vuelve al lugar de partida.

Amenazas y mofas de los enemigos (3:33-35).

33 Cuando supo Sambalat que estábamos reconstruyendo la muralla, se enojó mucho

y se encolerizó. Burlábase de los judíos, 34 diciendo ante sus hermanos y ante los

soldados de Samaría: “¿Para qué trabajan estos impotentes judíos? ¿Acaso van a

dejarlos hacer? ¿Van a sacrificar? ¿Van a terminar? ¿Van a resucitar las piedras

enterradas bajo montones de escombros y consumidas por el fuego ?” 35 y Tobías el

amonita, que estaba junto a él, decía: “Ya pueden edificar. Una zorra que con ellos

se lance, derribará la muralla de piedra.”

La versión de los LXX empieza con el c.4 v.33. Sambalat Tobías (2:10; 2:18-19) se indignan al

contemplar que la obra de la reconstrucción de la muralla avanzaba. Impotentes para impedirlo,

se mofan de los judíos y de su obra, empleando más tarde la violencia (4:1-17). Llama a los judíos

impotentest débiles (araelalim); no se explica cómo se les autoriza llevar a término sus proyectos.

A las mofas hizo coro el amonita Tobías, quien con una frase irónica expresa su pensamiento

de que no vale la pena de tomar aquello en serio, porque bastará un pequeño esfuerzo o el

simple querer para que aquellos muros vayan al suelo.

Oración de Nehemías (3:36-38).

36 “Escucha, ¡oh Dios nuestro! cuántos nos menosprecian, y haz que sus insultos recaigan

sobre sus cabezas, y dalos al pillaje en una tierra de cautiverio. 37 No perdones

su iniquidad, y que no se borre delante de ti su pecado, porque injurian a los que

están edificando.” 38 Reedificamos, pues, la muralla, quedando del todo acabada

hasta la mitad de su altura, y el pueblo se animó para el trabajo.

Ante los improperios y burlas, se refugia Nehemías en la oración, como en otras ocasiones (5:14;

6:9-14; 13:14-22), poniendo el asunto en manos de la Providencia divina. Duras son sus palabras,

hablando como representante de la comunidad de Israel contra los enemigos de Yahvé. En

la oración se usan palabras y conceptos que reaparecen en Jeremías (18:23). Los trabajadores

1337

continuaron su obra.

Proyectos de ataque (4:1-2).

1 Pero Sambalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los de Azoto se enfurecieron sobre

manera al saber que la reparación de las murallas avanzaba y que comenzaban

a cerrarse las brechas, 2 y todos a una se confabularon para venir a atacar a Jerusalén

y hacer el daño posible.

Los enemigos temían que el resurgir del judaísmo menguara las atribuciones de las gentes del

país. Indica el autor la idea de reparación por el término aruka, que indica, en sentido propio, la

piel nueva que sube poco a poco y cubre la herida (Jer 8:22; 30:17-2 Crón 24:13).

Temores de los judíos (4:3-5).

3 Nosotros rogarnos a nuestro Dios, y pusimos una guardia que de día y de noche vigilara,

para defendernos de sus ataques. Sin embargo, Judá decía: “Ya faltan las

fuerzas a los acarreadores, y el escombro es todavía mucho; no podemos acabar la

muralla.” 5 Mientras que los enemigos decían: “Nada sabrán y nada verán hasta

que lleguemos en medio de ellos y los matemos, y así haremos que cesen las obras.”

Junto con la oración tomó Nehemías las medidas humanas conducentes a asegurar los trabajos.

Tales medidas eran tanto más necesarias cuanto que algunos se desanimaban al contemplar lo

mucho que quedaba por hacer. En forma rimada, como un refrán del género de las lamentaciones,

decían unos: “A los acarreadores les faltan fuerzas”; otros: “Son demasiados los escombros

que se deben remover,” y otros, finalmente: “Por más que trabajemos, no terminaremos la muralla.”

No existía ningún complot en contra de Nehemías; únicamente el desaliento asomaba de vez

en cuando, apagando el entusiasmo, que constituía la tónica reinante. Los enemigos urdían asechanzas

y amenazaban con lanzarse sobre Jerusalén en el momento más inesperado.

Medidas defensivas (4:6-8).

6 Los judíos que entre ellos habitaban, vinieron diez veces para advertirnos de todos

los lugares de donde venían a nosotros. 7 Por eso puse detrás de las murallas al pueblo

por familias, todos con sus espadas, sus lanzas y sus arcos. 8 Fui a ver, y levantándome,

dije a los jefes y a los magistrados y al resto del pueblo: “¡No los temáis!

Acordaos del Señor, grande y terrible, y luchad por vuestros hermanos, por vuestros

hijos y vuestras hijas, por vuestras mujeres y vuestras casas.”

Los judíos que venían de los pueblos vecinos a tomar parte en las obras contaban a Nehemías las

confabulaciones de las gentes del país, con lo que crecía el temor de algunos. Di cese que diez

veces trajeron tales noticias, con lo que quiere significarse que fueron muchas o repetidas veces.

Otros comentaristas entienden diversamente el texto. Nehemías no se arredró por las amenazas;

al contrario, a la violencia opuso la violencia. El v.7, escribe Fernández, es de una oscuridad desesperante.

Lo que se deduce de cierto del mismo es que Nehemías armó al pueblo y colocó a

gente armada en torno a la ciudad para hacer abortar todo intento de ataque por sorpresa. Fernández

traduce: “Entonces aparté en las partes bajas del lugar, detrás del muro, en los sitios

abiertos, al pueblo, distribuido por familias, con sus espadas, sus lanzas y sus arcos.” La frase en

sitios abiertos (sehihim) parece que no corresponde a las leyes de la estrategia; de donde algunos

1338

prefieren la impresión de los LXX: en tois skepeinois = en los lugares abrigados. Las medidas

defensivas de Nehemías atemorizaron a sus contrarios, quienes, al ser descubiertos, se retiraron.

Nehemías recorría los puestos de guardia para levantar la moral de todos, diciéndoles que no temieran,

porque Dios estaba con ellos.

Trabajadores y guerreros (4:9-15).

9Cuando supieron los enemigos que estábamos apercibido frustró Dios su consejo, y

volvimos todos a continuar la muralla cada uno en su trabajo. 10 Desde entonces, la

mitad de los mío* trabajaba, y la otra mitad estaba sobre las armas con las lanzas8

los escudos, los arcos y las corazas. Los jefes estaban detrás de toda la casa de Judá.

11 Los que construían la muralla y los que cargaban y acarreaban las cargas, trabajaban

con una mano y tenían una arma en la otra; 12 todos, mientras trabajaban, tenían

las espadas ceñidas a sus lomos. Yo tenía junto a mí al trompeta; 13 y dije a los

jefes, a los magistrados y al resto del pueblo: “La obra es mucha y extensa y estamos

en la muralla apartados, lejos unos de otros; 14 cuando oigáis, pues, la trompeta, reuníos,

y nuestro Dios combatirá por nosotros.” 15Seguimos, pues, trabajando en la

obra, teniendo la mitad de nosotros la lanza en la mano desde el levantarse de la aurora

hasta el salir de las estrellas.

Fue Dios el que desbarató los planes del enemigo. Pero, si bien éste había desistido por el momento,

convenía tomar precauciones. De ahí que, al mismo tiempo que mandó continuar la obra,

estableció una vigilancia permanente. Parte de sus servidores (jóvenes, dice el texto original),

que formaban su escolta personal (5:10; 13; 19), trabajaban, y otra parte empuñaba las armas para

proteger a sus hermanos. El autor señala en bloque el armamento de que disponía la guardia de

Nehemías. Dice el texto que los jefes estaban detrás cuidando de que todo estuviera en orden.

Michaéli suprime el término jefes (sarim), que considera como glosa, y traduce: “Detrás toda la

casa de Judá.” Según esta versión, todo Judá apoyaba estas medidas tomadas por Nehemías. No

se explica fácilmente cómo alhamíes y transportistas pudieran manejar simultáneamente las

herramientas de trabajo y las armas. Entiéndese el texto en el sentido que los albañiles, que necesitaban

ambas manos para trabajar, llevaban una espada ceñida a los lomos; los que acarreaban

materiales, que tenían una mano libre, utilizaban la otra para llevar jabalinas y otras armas. Sin

embargo, el texto más bien debe entenderse en el sentido de que todos tenían a mano armas para

repeler el ataque en caso de que los enemigos les acometieran.

El encargado de dar la señal de alarma con la trompeta estaba constantemente al lado de

Nehemías. Las obras proseguían a lo largo de toda la muralla, de manera que entre unos y otros

mediaba gran distancia. La única manera de retransmitir órdenes urgentes era el toque de trompeta.

A los jefes y magistrados dio las órdenes de reunir a todos tan pronto como el toque convenido

llegue a sus oídos. Habrá llegado la hora del combate, pero también de la victoria, ya que

Yahvé combatirá junto a ellos. En el v.15 se dice: “y la mitad de ellos tenían la lanza en la mano,”

palabras que acaso un escriba ha introducido inspirándose en el v.10. Mejor corre el texto

con la siguiente traducción: “Seguimos trabajando en la obra desde el levantarse de la aurora

hasta la aparición de las estrellas”

En la brecha (4:16-17).

16 Al mismo tiempo dije también al pueblo: “Que cada uno con su criado pase la noche

en Jerusalén, haciendo así de noche centinela y trabajando de día en la obra,” 17

1339

Ni yo, ni mis hermanos, ni mis mozos, ni la gente de guardia que me seguía, nos desnudábamos,

si no era para bañarnos. Cada uno tenía su arma en la mano derecha.

Del v.16 se deduce que muchos de los que trabajaban en la muralla residían en las aldeas de los

alrededores de la capital, adonde regresaban de noche para pernoctar allí. Nehemías decretó que,

para seguridad de unos y de otros, quedaran todos en la capital, turnándose en el puesto de centinela.

Es posible que de cada familia fueran dos o más personas al trabajo. Basándose en varios

manuscritos, algunos exegetas traducen: “Ellos (los que vienen de fuera) nos servirán de guardia

durante la noche y trabajarán de día.” El texto del v.17 en el original hebraico es ininteligible,

deduciendo por el contexto y las versiones que el sentido allí contenido debe ser: el peligro es

inminente; de un momento a otro se teme un ataque. Por lo mismo, ni Nehemías, ni su parentela,

ni sus criados, ni los componentes de su guardia personal se desnudaban de noche, a no ser para

tomar un baño. Las cuatro palabras del hebreo dicen: “Y cada uno su arma, el agua,” que faltan

en el texto griego. En lugar de hammaim, leer beminó, beyado, y traducir: “Cada uno tenía el arma

en su mano derecha.”

Quejas del pueblo (5:1-5).

1 Alzáronse entre las gentes del pueblo y sus mujeres muchas quejas contra sus

hermanos judíos. 2 Unos decían: “Nosotros, nuestros hijos y nuestras hijas, somos

muchos y tendremos que venderlos por trigo para poder comer y vivir.” 3Otros decían:

“Tenemos que empeñar nuestros campos, nuestras viñas y nuestras casas por

trigo a causa del hambre.” 4 Otros decían: “Hemos tenido que pedir a usura dinero

sobre nuestros campos y nuestras viñas para pagar los tributos del rey; 5 nuestra

carne es, sin embargo, como la carne de nuestros hermanos, y nuestros hijos son

como sus hijos; pero tenemos que sujetar a servidumbre a nuestros hijos y a nuestras

hijas, y algunas de nuestras hijas lo están ya, sin que tengamos con qué rescatarlas,

por estar nuestras tierras y nuestras viñas en poder de otros.”

Algunos comentaristas son de parecer que este capítulo está fuera de su contexto. En él se plantea

un problema que tuvo lugar en los últimos años de la administración de Nehemías. El momento

corresponde más bien a esta coyuntura histórica. Las gentes humildes, sobre todo, acudieron

con entusiasmo a la llamada patriótica Nehemías. Recuérdese que los tecuitas trabajaron con

fervor, en tanto que “sus nobles no doblaron su cerviz al servicio de su Señor” (3:5). El mismo

entusiasmo por la causa nacional hizo que se sucedieran los días y tuvieran abandonados los trabajos

del campo y otros quehaceres remunerativos, resintiéndose cada vez más s escasa economía.

Con la confianza de rehacerse una vez terminadas las obras de las murallas, pidieron dinero

prestado a los grandes ν a los magistrados, quienes se lo entregaron con un interés crecido Este

proceder de los grandes era endémico en Israel. Las quejas parten del pueblo pobre, víctima de la

usura de la clase adinerada Y, sin embargo, todos eran hermanos, pertenecientes a una misma

raza, con las mismas prerrogativas espirituales. En el v.2 la lectura “tenemos que empeñar” (orebim),

en vez de “somos muchos” (rabbim), es preferible. La Ley prohibía terminantemente que

los israelitas exigieran de sus hermanos interés alguno, “ni por dinero, ni por víveres, ni por nada

de lo que con usura se presta” (Deut 23:19-20; Ex 22:24-25; Lev 25:35-38). Prevé la Ley el caso

de que un israelita se venda a sí mismo y a sus hijos hasta el año sabático o año jubilar (Ex 21:1-

11; Lev 25:35-47), pero invitaba a los ricos a que trataran a los necesitados con benignidad. En

nuestro caso, hijos y propiedades se empeñaban a causa del interés crecido que exigían los ricos

1340

(v.7:11). Las propiedades se consideraban sagradas por haberse recibido de los antepasados. Los

judíos que habían llegado de Babilonia compraron, a base de sacrificios, una pequeña propiedad,

que ahora los ricos ponían en peligro.

Aún más, teniendo que pagar tributo al rey, tenían que hipotecar las propiedades, no para

procurarse comida, sino para obtener dinero con que pagar los impuestos. En el v.5 se insiste en

la igualdad de derechos y deberes. No existe diferencia entre la carne de un judío rico y la de uno

pobre; ni el pobre es menos hijo de Abraham que el rico (Deut 15:7). Según la ley mosaica, podía

un padre colocar a sus hijas al servicio de otro (Ex 21:7), pero no podían ser tratadas como

esclavas o concubinas. La lucha de clases podía entorpecer la restauración del pueblo judío y debilitarlo

ante sus enemigos.

Nehenúas increpa a los usureros (5:6-9).

6 Yo me enojé en gran manera al oír estos clamores y estas quejas. 7 Pensando, resolví

reprender a los grandes y a los magistrados, y les dije: “¡Cómo! ¿Prestáis a

usura a vuestros hermanos?” Y reuní una gran asamblea contra ellos, 8y dije: “Nosotros,

según nuestras facultades, hemos rescatado a nuestros hermanos los judíos,

vendidos a las gentes, ¿y ahora venderíais vosotros mismos a vuestros hermanos, y

éstos serán ven didos a nosotros?” Callaron, no teniendo nada que responder. 9 Yo

añadí: “Lo que hacéis no está bien. ¿No marcharéis en el temor de nuestro Dios, para

no ser el oprobio de las gentes enemigas nuestras?”

Antes de emprender la obra de las murallas, cada familia s' defendía económicamente con los

fondos monetarios traídos Babilonia, con los productos del campo o con el jornal cotidiano obra

del templo era gratuita. Nehemías no se enteró hasta más tarde del malestar que cundió entre el

pueblo. Una queja sucedía a otra, lo que le hizo caer en la cuenta de que el mal tenía hondas raíces.

Reunió una grande asamblea, en la que apostrofó la conducta de los grandes (horim) y de los

magistrados (seganim). ¿Es que pretenden ellos que Nehemías rescate ahora al pueblo pobre con

el dinero de su propio bolsillo? A su argumentación no encontraron respuesta alguna, porque sabían

que estaban fuera de la Ley. Su conducta es reprochable; como miembros de la comunidad

judaica, deben temer a Dios y vivir según las leyes patrias (Lev 25:35-36; Deut 23:9). En segundo

lugar, no deben obrar de manera que den lugar a los enemigos a mofarse de ellos por existir

desacuerdo entre la teoría y la práctica, entre lo que la Ley manda y su manera de comportarse.

Las palabras de Nehemías conservan toda su actualidad. Si nuestras obras no se ajustan a

la ley que libremente hemos aceptado, causaremos más daños a la religión que nuestros propios

enemigos (Rom 2:24; 1 Pe 2:12). Antiguamente este divorcio entre vida y pensamiento, entre la

fe y las obras, era la tumba de aquel proselitismo por el cual se emprendían acciones heroicas

(Mt 23:15); hoy puede ser éste el impedimento más grave para la expansión del reino de Dios

(Pelaia).

Ejemplo que arrastra (5:10-13).

10 “También yo, mis hermanos y mis servidores les hemos prestado dinero y trigo.

Vamos a perdonarles lo que nos deben. 11 Devolvedles hoy mismo sus campos, sus

viñas, sus olivares y sus casas, y restituidles el uno por ciento del dinero, del trigo,

del vino y del aceite que les habéis exigido como interés.” 12 Ellos dijeron: “Se los

devolveremos y no les exigiremos nada. Haremos como tú dices.” Líeme entonces a

los sacerdotes, y delante de ellos les hice jurar que harían así. 13 Yo sacudí mi manto,

1341

diciendo: “Que así sacuda Dios fuera de esta casa y de sus bienes al que no cumpla

su palabra; y que así sea, el que tal haga, sacudido y vacío.” Y toda la asamblea respondió

“Amén,” y alabaron a Yahvé. El pueblo hizo conforme a esto.

Dice Nehemías que también él había prestado, pero no trataba a sus deudores como hacían los

grandes. Que imiten, pues, su ejemplo. Invita a todos a perdonar todo cuanto los pobres les adeudan

y a prestarles en el futuro sin interés. La restitución debe hacerse cuanto antes, hoy mismo,

dando el consentimiento durante la reunión de la asamblea. En el texto hebraico del v.11 se lee:

“Y restituidles el uno por ciento del dinero.” La palabra meat, cien, es sustituida por la mayoría

de los intérpretes por masshath, deuda; corrección que está más conforme con el espíritu Nehemías.

Añade el texto que Nehemías sacudió su “seno” (hosen), es decir, agarró con las dos manos

los bordes del pliegue que la ancha túnica de los orientales, sujeta a la cintura, forma a la altura

del pecho; los desplegó y, agitándolos con fuerza como se tratara de vaciar su contenido,

quería significar que de la misma manera despojará Dios de todos sus bienes al que faltara al

juramentó (Médiebelle). Otros comentaristas explican diversamente este hecho simbólico y profetice,

cuyo significado genérico es evidente.

Liberalidad de Nehemías (5:14-19).

14 Desde el día en que el rey me puso por gobernador de la tierra de Judea, del año

veinte al año treinta y dos del rey Artajerjes, durante doce años ni yo ni mis hermanos

habíamos vivido de las rentas del gobernador. 15Antes de mí, los gobernadores

anteriores abrumaban al pueblo, tomando de él pan y vino por valor de cuarenta siclos

de plata, y sus servidores mismos oprimían al pueblo. Yo, por temor de Dios, no

hice así. 16 Antes bien, he trabajado en la construcción de estas murallas, no hemos

adquirido campo alguno y todos mis servidores a una estaban a la obra. 17 Tenía a

mi mesa ciento cincuenta hombres, judíos y magistrados, a más de los que a nosotros

venían de los pueblos de en derredor. 18 Cada día se me aderezaba un buey, seis

ovejas elegidas y aves, y cada diez días vino en abundancia. A pesar de esto, yo no he

reclamado los derechos de gobernador, porque la servidumbre del pueblo era grave.

19 Acuérdate de mí para bien, Dios mío, y de cuanto yo hice por este pueblo.

Nehemías expone ante los reunidos su proceder desinteresado. Fue el rey Artajerjes el que nombró

a Nehemías gobernador de los judíos de Palestina, habiendo durado su cargo desde el año 20

de Artajerjes (2:1) hasta el 32 (445-443). ¡Qué diferencia entre su comportamiento y el de sus

antecesores! No solamente no renunciaban a los derechos que se les debía por su cargo, sino que

imponían a sus subditos cargas pesadas. Solamente por los conceptos de pan y vino se les exigía

una cantidad equivalente a 120 pesetas oro.

¿A qué gobernadores se refiere? Acaso a los paganos, que se turnaban con otros de origen

judío. Alude a los gobernadores de Samaría, de los cuales pendía Jerusalén. Nehemías podía exigir

los honorarios que señalaba la Ley, pero nunca habría abusado de su autoridad para explotar

y oprimir a sus subditos, por prohibírselo el santo temor de Dios. Nehemías no se ha enriquecido

durante los años que ejerció el cargo de gobernador. Con ironía dice que no compró campo alguno,

dando a entender que otros gobernadores habían aumentado su patrimonio con nuevos campos

a costa de los desvalidos. Con el fin de impedir que los otros jefes y magistrados cayesen en

la tentación de gravar a sus subditos, les obligo a que comieran en su casa y a su cuenta. Todos

sus comensales eran tratados con esplendidez, aunque no llegara a los exceso que se cometían en

1342

la mesa de Salomón (1 Re 4:22-23). La provisión de vino hacíase cada diez días, lo que quiere

decir que se bebía con abundancia. Algunos podían pensar que hacía Neherrua la apología de su

persona para halagar su vanidad; pero bien lejos estaba de gloriarse de sus buenas obras y esperar

la recompensa de los hombres. Si él ha sacado a relucir su comportamiento, ha sido únicamente

con el fin de convencer totalmente a jefes y magistrados de la necesidad de proceder caritativamente

con los pobres. La recompensa de sus buenas obras se la dará con creces el Señor. La oración

de Nehemías se repite en 13:22.

Propuesta insidiosa (6:1-4).

1 Todavía no había acabado yo de poner las puertas, cuando Sambalat, Tobías, Guesem

el árabe y los otros enemigos nuestros supieron que había reconstruido la muralla

sin que ya quedara brecha, aunque todavía no se habían puesto las hojas de las

puertas. 2Entonces Sambalat y Guesem mandaron a decirme: “Ven, y entrevistémonos

en los pueblos del valle del Ono.” Ellos tenían pensado hacerme mal. 3Yo les

mandé emisarios, diciendo: “Estoy ocupado en la grande obra y no puedo ir, porque

tendría que interrumpirla para verme con vosotros.” 4Por cuatro veces me pidieron

lo mismo, y siempre les di la misma respuesta.

El relato del malestar entre la clase trabajadora interrumpió la historia de la reconstrucción de las

murallas (4:17). Las dificultades externas forzaron de tal manera las obras, que los mismos enemigos

fueron los primeros en maravillarse de la rapidez con que se habían llevado a término. Un

ataque armado contra una ciudad amurallada no tenía probabilidades de éxito, ni el rey de Persia

lo hubiera autorizado. Entonces los enemigos de los judíos idearon una estratagema: convocar a

Nehemías a una reunión que tendría lugar en país neutral, a unos 50 kilómetros de Jerusalén, en

el poblado de Kefira, en el valle de Ono, lugar que corresponde al actual Kefira Ana, a nueve

kilómetros al noroeste de Lidda. El texto hebraico dice “en las ciudades,” lección que debe cambiarse

en “una de las ciudades.” Unos interpretan el término hebraico Kefirim como nombre propio

de una ciudad o aldea, muy probablemente Kefira (Esdr 2:25; Jos 9:17). Nehemías intuyó lo

que estaban maquinando y rehusó la invitación alegando que estaba ocupado.

Carta de Sambalat (6:5-9).

5 La quinta vez me mandó Sambalat el mismo mensaje por medio de un servidor suyo,

que traía en la mano una carta abierta. 6 En ella estaba escrito: “Dicese entre las

gentes, y Guesem lo confirma, que tú y los judíos pensáis rebelaros, y que, con este

fin, construís las murallas. Según estas mismas informaciones, tú serás su rey. Asimismo

se dice 7 que tienes ya profetas que predican de ti por Jerusalén, diciendo:

“Judá tiene rey.” Esto seguramente llegará a oídos del rey. Ven, pues, y hablarnos.”

8Entonces mandé decirle: “No hay nada de lo que dices; eres tú quien lo inventó.” 9

Pues todos querían asustarnos, creyendo que así dejaríamos los trabajos; por eso yo

me di a la obra con más ardor todavía.

La tozudez de Sambalat le movió a insistir. Al mandar la carta abierta no pretendía mofarse o

insultar a Nehemías, sino más bien sembrar entre el público la inquietud y divulgar unas acusaciones

que él había inventado o recogido de ambientes dudosos. Efectivamente, Guesem (2:19)

había lanzado la acusación de que Nehemías y los judíos querían rebelarse contra el rey de Persia.

Otro rumor habla de la existencia de profetas enviados por Dios y encargados de apoyar la

1343

candidatura de Nehemías como nuevo rey de Israel La declaración de los profetas era tenida

por palabra de Dios· bastaba que ellos ungieran rey a Nehemías para que el pueblo lo reconociera

como tal. En la historia de Israel (Saúl, David, Jehú) existen ejemplos de la intervención

profética en la elección y unción real. El profetismo existía todavía (v. 10-14). La proclamación

de Nehemías por rey significaría una rebelión contra el poder central, pero se ajustaría a ciertas

tendencias judías que habían visto en Zorobabel al rey mesiánico anunciado por Ageo (2:20-23).

Si este movimiento hubiérase producido en torno a Nehemías, fomentándolo él, hubiera alterado

sin duda sus relaciones con el monarca persa. Tampoco Nehemías se intimida ante estas nuevas

amenazas; al contrario, reaccionó hasta el punto de decir a Sambalat que todo lo había inventado

él.

Juego sucio de Semeyas (6:10-14).

10 Fui luego en secreto a casa de Semeyas, hijo de Delayas, hijo de JMetabeel, al no

poder venir él por estar impedido, y me dijo: “Vamos juntos a la casa de Dios, a la

parte interior del templo; cerremos bien las puertas del santuario, porque van a venir

a matarte; esta noche vendrán a matarte,” 11Yo le contesté: “¿Huir un hombre

como yo? ¿Es que un hombre como yo puede entrar en el templo y seguir viviendo?

No entraré.” 12Entonces conocí que no era Dios quien le enviaba, sino que me aconsejaba

esto porque Sambalat y Tobías le habían sobornado con dinero, 13y creían

que así yo me atemorizaría y seguiría su consejo, cometiendo un pecado que podrían

aprovechar para infamarme y cubrirme de oprobio. 14 Acuérdate, Dios mío, de Tobías

y de Sambalat y de sus obras. Acuérdate también de Naadía la profetisa y de los

otros profetas que procuraban atemorizarme.

Parece que no salió de Nehemías la idea de ir a la casa de o meyas. Más bien el texto sugiere que

este último fingió encontrarse en estado de exaltación mántica, manifestando el deseo de verlo y

hablarle. La palabra hebraica asur, impedido, cerrado (Jer 36:5) es interpretada diversamente.

Unos le dan un sentido simbolic como queriendo manifestar que permanece encerrado en casa

para significar a Nehemías que corre peligro de que le recluyan. Otros suponen que una impureza

ritual le retenía en casa sin poder ir al templo (Jer 36:5; 1 Re 14:10). El falso profeta había inventado

un plan misterioso con el fin de agarrar a Nehemías en la trampa, porque la voz popular

le concedía la categoría de profeta, y, por pertenecer al orden sacerdotal, Nehemías acudió a la

llamada de Serneyas. Pronto adivinó la malicia que había en sus palabras. Le proponía huir al

templo y buscar asilo en el lugar santísimo, donde no podían entrar los laicos bajo pena de muerte

(Ex 33:20; Núm 18:7). El mismo Semeyas, de la veintitrés clase sacerdotal (1 Crón 24:13),

hubiera denunciado el hecho y reclamado las penas que la Ley prescribía contra los profanadores

del santuario. Huyendo demostraría cobardía ante sus subditos y ante los enemigos.

¿Podía ser verdadero profeta el que así aconsejaba? No puede un profeta de Yahvé inducir

a que se falte a los deberes del propio estado y se quebranten los preceptos de Dios. Supo

después Nehemías que Sambalat y Tobías habían sobornado con dinero a Semeyas. Ruega Nehemías

a Dios que castigue a sus enemigos conforme a sus maldades, invocando la ley del tallón

(Ex 21:23; Lev 24:28; Deut 19:21). ¿Por qué se invoca la justicia de Dios sobre la profetisa Naadía,

dejando impune a Semeyas? Acaso porque el plan tramado para perder a Nehemías fuera

obra de Naadía, engañando a aquél. Vaccari pretende que Naadía era un profeta, el mismo que

invitó a Nehemías a su casa; en el v.10 lee “Naadía” en vez de “Semeyas.” Traduce el v.14:

“Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sambalat por lo que han hecho, y también del profeta

Naadía.” Con esta hipótesis resuelve Vaccari la dificultad creada por el v.14, pero introduce arbi1344

trariamente en el v.10 un nombre que no existe en el texto. Además, aunque los LXX llamen profeta

a Naadía y en 8:33 sea éste nombre de varón, no hay razones para abandonar la lección “profetisa”

del texto masorético.

El muro, acabado (6:15-16).

15 La muralla quedó terminada el día veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos

días; 16 y cuando todos nuestros enemigos lo supieron, todas las gentes que habitaban

en torno nuestro entraron en temor y experimentaron una gran humillación,

teniendo que reconocer que la obra se había llevado a cabo por la voluntad de Dios.

El mes Elul corresponde a septiembre-octubre. Las obras empezaron el día 3 ó 4 del mes Ab y se

prosiguieron hasta el 25 de Elul, o sea hacia principios de octubre (el 2 de octubre del año 445,

según Parker-Dubberstein). En total duraron cincuenta y dos días, terminando el mismo año 20

de Artajerjes. Flavio Josefo l dice que se emplearon dos años y cuatro meses en acabar los muros,

terminando el año 28 de Artajerjes. Pero el rey solamente reinó veinte años. En contra no puede

invocarse la magnitud de la obra, que reclamaba muchos días y aun años de trabajo. No se trataba

las más de las veces de levantar totalmente las murallas, sino de taponar los boquetes que en

ella había. Además, la obra se hizo marchas forzadas, con turnos de noche, de manera que una

multitud enardecida por su amor religioso y patriótico pudo terminar en cincuenta y dos días un

trabajo que normalmente hubiera exigido años. Los mismos pueblos vecinos maravilláronse de la

rapidez de la obra. ¿Qué impresión les causó? Dice el texto que “cayeron en sus propios ojos,”

frase que puede entenderse o bien en el sentido de que quedaron deprimidos o en el de que “bajaron

los ojos llenos de confusión.” Con un leve cambio textual (wayyppale) se obtiene la traducción:

“Y esto fue admirable a sus ojos,” que está más en armonía con el contexto. Vieron ellos

que Dios estaba a favor de su pueblo y que hacía fecundas sus obras.

Los amigos de Tobías (6:17-19).

17Había también entonces grandes de Judá que mandaban frecuentemente cartas a

Tobías, y las recibían de éste, 18 pues muchos de Judá se habían conjurado con él,

por ser yerno de Secanías, hijo de Araí, y haber tomado su hijo Jojanán por mujer

la hija de Mesulam, hijo de Baraquías. 19 Hablaban bien de él en mi presencia y le

iban a contar lo que yo decía, y Tobías escribía sus cartas con el fin de atemorizarme.

Entre los enemigos ocupaba Tobías un lugar destacado, y era temible por estar en relación con

los grandes de Judá. Muchos judíos habíanse obligado con juramento a permanecer fieles a Tobías.

Este juramento es el llamado de parentesco, que obligaba a una identidad de puntos de vista

en todas las cuestiones económicas y políticas. Basábase sobre un deber que radicaba en los vínculos

de sangre, y, por lo mismo, se le concedía un carácter estrictamente sagrado. Puede también

interpretarse el texto diciendo que mediaban entre Tobías y algunos grandes judíos vínculos

de parentesco. Tobías era yerno de Secanías (Esdr 2:5), y su hijo estaba casado con una hija de

Mesulam (Neh 3:4-30). Por su matrimonio, Tobías estaba emparentado con el sumo sacerdote

Elíasib (13:4). Los matrimonios mixtos eran los causantes de muchos males que aquejaban al

pueblo judío. Por el texto aparece que la obra de las murallas fue más bien llevada a cabo con la

cooperación de los pobres que con la aportación de los ricos, entre los cuales eran impopulares

las reformas radicales ideadas por Nehemías.

1345

Medidas de seguridad (7:1-3).

1 Cuando estuvo terminada la muralla y hube puesto las hijas de las puertas, los

porteros, los cantores y levitas dedicáronse a sus funciones. 2Confié el gobierno de

Jerusalén a mi hermano Jananí y a Jananías, jefe éste de la fortaleza, hombre superior

a muchos por su fidelidad y por su temor de Oíos, y les dije: “Las puertas de

Jerusalén no han de abrirse hasta que caliente el sol, y se cerrarán al ponerse,

echando los cerrojos; y los habitantes de Jerusalén harán la guardia cada uno en su

puesto delante de su casa.”

Una vez puestas las hojas de las puertas, los porteros hiciéronse cargo de las mismas. A primera

vista choca la mención de cantores y levitas cabe a la de los porteros. Muchos autores (Batten,

Bertho-Let, Rehm, Gelin, Michaeli, etc.) los eliminan del texto, y explican su presencia en él por

tratarse de una lista de nombres casi mecánica y de una lamentable confusión entre los porteros

del templo y los de la ciudad. Un amanuense, acostumbrado a leer las tres palabras juntas (Esd

2:70; 7:7; Neh 7:72; 10:29; 13:5) las repitió mecánicamente aquí. Los pocos exegetas que siguen

el texto aducen las circunstancias extraordinarias por las que atravesaba la ciudad, en régimen de

excepción. En tiempos normales eran solamente los porteros los que vigilaban las puertas; pero

en un ambiente de hostilidad, interna y externa, “no es de maravillar que Nehemías tomara medidas

extraordinarias y, no juzgando suficiente el número de los porteros, echara mano de otros

que tenían una posición oficial y de cuya probada fidelidad podía fiarse” (Fernández).

De Jananí se habló en 1:2; se duda si era hermano de Nehemías en sentido estricto. De

Jananías se sabe que era fiel y temeroso de Dios. Debía de ser de condición humilde, pero superaba

en virtud a otros muchos que alardeaban de religiosos y patriotas, desmintiendo en la práctica

lo que afirmaban de palabra. A Jananías estaba encomendada la vigilancia de la fortaleza, de

la birah, baris, o torre Antonia, que se hallaba en la extremidad noroeste del templo. Las puertas

de la ciudad abríanse de día y cerrábanse de noche, “cuando todavía había sol,” según lección de

Aquila y Siríaca. Este parece ser el sentido del v.3, cuyo texto masorético debe corregirse ligeramente.

Circunstancialmente había dos clases de guardias: los que lo eran de oficio y los que

vigilaban el trecho de la muralla delante de su casa.

Repoblación de Jerusalén (7:4-6).

4 La ciudad era espaciosa y grande, pero estaba poco poblada y había muchas casas

sin reedificar. 5 Mi Dios me puso en el corazón reunir a los grandes, a los magistrados

y al pueblo para hacer el censo. Hallé un registro genealógico de los primeros

que habían vuelto, y vi escrito en él lo siguiente: 6 “Estos son los hijos de la provincia

(judea) que subieron del destierro, los que había llevado cautivos Nabucodonosor,

rey de Babilonia, y volvieron a Jerusalén y a Judá cada uno a su ciudad.

No cabe imaginar el área de Jerusalén en tiempos de Nehemías como la que ocupa actualmente.

No puede calcularse el número de Abitantes, y sería aventurado señalar un censo superior a los

diez mil. Porque aunque regresaran de Babilonia 42.360 judíos en tiempos de Zorobabel, muchos

de ellos se establecieron en los pueblos de la provincia (Esdr 2:70; Neh 7:72; 11:3), por disponer

allí de tierras, por ser más llevadera la vida (5:1-19; 11:3)y por estar allí el sepulcro de sus mayores.

Reconstruida la muralla de la ciudad, era fácil que muchos judíos de los pueblos circunvecinos

se trasladaran a la capital, por considerarse allí más seguros. Nehemías favorecía la im mi1346

gración a la ciudad con el fin de formar una aglomeración compacta de muchas familias. Dícese

en el texto que “había muchas casas sin reedificar.” No quiere esto decir que la ciudad estuviera

en ruinas, sino que muchas casas derruidas con ocasión de la toma de Jerusalén por Nabucodonosor

no fueron levantadas de nuevo. A medida que llegaban nuevas olas de sionistas, levantábanse

casas (Ag 1:4-9), devolviendo a la capital el aspecto urbanístico que tuvo antes de la cautividad.

Pero quedaban muchos solares baldíos y casas derruidas que no encontraban una mano

que los redimiera. Sin embargo, la expresión “casas sin reedificar” puede tener el sentido de

“familias que no estaban constituidas,” alegando para esta interpretación el v.3 y Ageo (1:8). La

frase “construir una casa” debe entenderse, dice Gelin, de “formar una familia” (Prov 24:27; Rut

4:11). ¿Cuántos eran los repatriados? ¿En dónde habitaban? Para hacer el censo convocó Nehemías

una asamblea general en vistas a reconstruir la genealogía de las familias. Esto le permitirá

saber con certeza qué familias conservaban su pureza de raza y cuáles habíanse contagiado con

matrimonios mixtos. Un elenco de familias repatriadas en tiempos de Zorobabel facilitó la tarea.

Dicha lista yacía en algún archivo de la ciudad. Nehemías la juzgó tan importante, que la incorporó

en sus Memorias, ejemplo que siguió más tarde el cronista o autor del libro de Esdras.

Aparte de pequeñas variantes de nombres y cifras, debido a la tradición textual, ambas listas

convienen.

Familias que volvieron con Zorobabel (7:7-68).

7 Partieron con Zorobabel: Josué, Nehemías, Azarías, Raamías, Najamaní, Mardoqueo,

Bilsán, Misperet, Bigbai, Nahum y Baana. Número de los hombres del pueblo

de Israel: 8 Hijos de Paros, dos mil ciento setenta y dos. 9 Hijos de Sefatías, trescientos

sesenta y dos. 10 Hijos de Ara, seiscientos cincuenta y dos. 11 Hijos de Pahat

Moab, los hijos de Josué y de Joab, dos mil ochocientos dieciocho, 12 Hijos de Elam,

mil doscientos cincuenta y cuatro. 13 Hijos de Zatu, ochocientos cuarenta y cinco. 14

Hijos de Zacai, setecientos sesenta. 15 Hijos de Baní, seiscientos cuarenta y ocho. 16

Hijos de Bebai, seiscientos veintiocho. 17 Hijos de Azgad, dos mil trescientos veintidós.

18Hijos de Adonicam, seiscientos sesenta y siete. 19 Hijos de Bigbaí” dos mil sesenta

y siete. 20 Hijos de Adín, seiscientos cincuenta y cinco. 21 Hijos de Ater, de Jejisquía,

noventa y ocho. 22 Hijos de Jasún, trescientos veintiocho. 23Hijos de Besai,

trescientos veinticuatro. 24 Hijos de Jarif, ciento doce. 25 Varones de Gabaón, noventa

y cinco. 26 Varones de Betlehem y de Netofa” ciento ochenta y ocho 27 Varones de

Anatot, ciento veintiocho. 28 Varones de Betazmavet, cuarenta y dos. 29Varones de

Quiriat-Jerarim, Quefira y Beerot, setecientos cuarenta y tres 30Varones de Rama y

Gabba, seiscientos veintiuno. 31Varones de Micmas, ciento veintidós. 32Varones de

Betel y de Hai, ciento veintitrés. 33 Hijos de Nebo, de Magbis, cincuenta y dos,

34Hijos de la otra Elam, mil doscientos cincuenta y cuatro. 35Hijos de Jarim, trescientos

veinte. 36Varones de Jericó, trescientos cuarenta y cinco. 37Varones de Lod,

de Jadid y Ono, setecientos veintiuno. 38 Hijos de Senaa, tres mil novecientos treinta.

39 Sacerdotes: Hijos de Idayas, de la casa de Josué, novecientos setenta y tres. 40

Hijos de Immer, mil cincuenta y dos. 41 Hijos de Pasjur, mil doscientos cuarenta y

siete. 42 Hijos de Jarim, mil diecisiete. 43 Levitas: Hijos de Jesúa, de Cadmiel, de Baní,

de Ode vías, setenta y cuatro. 44 Cantores: Hijos de Asaf, ciento cuarenta y ocho.

45 Porteros: Hijos de Salum, hijos de Ater, hijos de Taiman, hijos de Acub, hijos de

Jatita, hijos de Sobai, ciento treinta y ocho. 46 Netineos: Hijos de Sija, hijos de Jasu1347

fa, hijos de Tabaot, 47 hijos de Queros, hijos de Sia, hijos de Padón, 48 hijos de Lebana,

hijos de Jegaba, hijos de Acub, hijos de Jabag, hijos de Salmeí, 49 hijos de Janón,

hijos de Guedel, hijos de Gajar; 50 hijos de Rehaya, hijos de Rasín, hijos de Necada,

51 hijos de Gasam, hijos de Uza, hijos de Fasea, 52 hijos de Besaí, hijos de Asna, hijos

de Mehunim, hijos de Nefisim, 53 hijos de Bacbuc, hijos de Jacufa, hijos de Jar-jur,

54 hijos de Basut, hijos de Mejidas, hijos de Jarsa, 55hijos de Barcos, hijos de Sisera,

hijos de Temaj, 56 hijos de Nesiaj, hijos de Jatifa. 57 Hijos de los siervos de Salomón:

hijos de Sotai, hijos de Hasoforet, hijos de Perida, 58 hijos de Jaala, hijos de Darcón,

hijos de Guidel, 39hijos de Sefatías, hijos de Jatil, hijos de Poqueret-Asebasim, hijos

de Amón. 60Todos los netineos e hijos de los siervos de Salomón, trescientos noventa

y dos. 61 Estos son los que subieron de Telmelaj, Teljarsa, Querub Addón e Immer, y

no pudieron probar la casa de sus padres ni su linaje, y si eran de Israel: 62 hijos de

Delayas, hijos de Tobías, hijos de Necoda, seiscientos cuarenta y dos. 63 Y de los sacerdotes,

hijos de Abaías, hijos de Hacos, hijos de Barzilai, que tomó mujer de las

hijas de Barzilai, galadita, y se llamó con el nombre de ellas. 64 Estos buscaron su

registro en las genealogías, y no se halló, y fueron privados del sacerdocio, 65 y les

mandó el “tirsata” que no comiesen de las cosas santas hasta que hubiese sacerdote

con “urim” y “tummim.” 66La congregación toda era de cuarenta y dos mil trescientos

sesenta, 67sin contar sus siervos y siervas, que eran siete mil trescientos treinta y

siete, habiendo entre ellos doscientos cuarenta y cinco cantores y cantoras. Sus caballos

eran setecientos treinta y seis; sus mulos, doscientos cuarenta y cinco; 68 sus camellos,

cuatrocientos treinta y cinco, y sus asnos, seis mil setecientos veinte.

En el v.7 se leen los nombres de Azadas, Raamías, Misperet y Nahum en lugar de Seraya, Raelayas,

Mispar y Rehum. En el v.10 2 halla el número 652 en vez de 775 (Esdr 2:5). Otras diferencias

Amérales en v.11:13:17:32. Gran parte de las lecciones variantes se explican por desidia de

los copistas y por el afán de otros de querer concordar ambas listas.

Regalos al templo (7:69-72).

69 Algunos de los príncipes de las familias dieron para las obras. El “tirsata” dio para

el tesoro mil dáricos de oro, cincuenta tazones y treinta vestiduras sacerdotales;

70y los príncipes de las familias dieron para el tesoro de la obra veinte mil dáricos de

oro y dos mil doscientas minas de plata; 71 y lo que dio el resto del pueblo fueron

veinte mil dáricos de oro, dos mil minas de plata y sesenta y siete vestiduras sacerdotales.

72Habitaron los sacerdotes, los levitas, los cantores, los porteros, los netineos y

todo Israel en sus ciudades. Llegado el séptimo mes ya estaban los hijos de Israel en

sus ciudades.

A medida que el elenco toca a su fin, se observa mayor discrepancia entre el texto de Esdras y el

de Nehemías. El V.69 no se halla en Esdras. Algunos jefes de familia dieron para la obra; en

Esdr 2:68 se dice que las limosnas iban destinadas a las obras del templo. Un dato nuevo es el

donativo del gobernador (tirsata), probablemente Zorobabel. ¿Es acaso Nehemías? Los LXX

citan expresamente su nombre. Distingue el texto tres clases de donantes: el gobernador, los jefes

y el pueblo. El v.72 y el primero del capítulo siguiente se reproducen casi textualmente en Esdr

2:70b-3:1. Acaso sea éste su lugar propio, por tratarse de un fragmento de las memorias de Esdras,

que cita el cronista. Cuando este último tomó la lista de Neh 7:6-72a, para insertarla tam1348

bién en Esdr c.2, dejó subsistir estos dos versículos, que preparan la lectura de la Ley, y no el

restablecimiento del altar, de que se habla en Esdras (Michaeli).

1 Ant. Iud. 11:5-8.

Las Reformas de Nehemías (8:1-13:1).

Venciendo Grandes Dificultades, Había Creado Nehemías Una atmósfera patriótica con

la reconstrucción de las murallas de Jerusalén. Este hecho tiene una significación extraordinaria

por cuanto devolvía al pueblo aquel orgullo y sentimiento nacional que había animado a las generaciones

anteriores al exilio. Con la ciudad desmantelada no podían los judíos hacer prevalecer

sus derechos; estaban supeditados al capricho de las gentes del país y de sus autoridades, que podían

libremente penetrar en el interior y desbaratar los planes para la creación de una conciencia

nacional. Una vez que Jerusalén ha recobrado sus murallas, vuelve a convertirse en la capital del

judaísmo y en el punto céntrico donde convergían las miradas de todos los judíos, de dentro y de

la diáspora. Aunque no disfrutaba la ciudad de autonomía completa, sin embargo podían sus

habitantes atrincherarse detrás de sus muros en caso de que las gentes del país les acometieran.

El rey de Persia estaba lejos y no inquietaba a los judíos con tal de que oficialmente le estuvieran

sujetos.

Pero a la reconstrucción de las murallas, al mejoramiento económico, al arreglo social

operado por Nehemías, debía acompañar la reforma moral, política y disciplinar. El factor espiritual

era la base sobre la cual debía asentarse el nuevo Israel. La vuelta a la Ley le aseguraba la

propia personalidad e independencia frente a los imperios que le rodeaban y de continuo le acechaban.

En los capítulos siguientes se trata de la reforma religiosa llevada a término por Esdras

y Nehemías (8:1-9:37); de la renovación de la alianza entre Dios y el nuevo Israel (10:1-40). Los

capítulos n y siguientes se enlazan con el séptimo, en donde se empezó a hablar de la repoblación

de Jerusalén.

En la puerta de las Aguas (8:1-2).

1 Legado el séptimo mes, los hijos de Israel estaban ya en sus ciudades; y entonces

todo el pueblo, como un solo hombre, se reunió en la plaza que hay delante de la

puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que llevase el libro de la Ley de

Moisés, dada por Yahvé. 2 Esdras el sacerdote llevólo ante la asamblea, compuesta

de hombres y mujeres, de cuantos eran capaces de entenderla. Era esto el día primero

del mes séptimo.

Discuten los exegetas si los c.8-10 están o no desplazados de su contexto. Los que se pronuncian

por la parte afirmativa insisten en que interrumpen la narración de la repoblación de Jerusalén,

cuyo tema se esboza en el c.7 y se desarrolla a partir del c.11. La repoblación de Jerusalén, escribe

Ricciotti, se narra en Neh 7:72a y 11:1ss, formando originariamente un bloque, en medio del

cual fue puesto más tarde, y en contra de la cronología, como una cuña, la relación contenida en

los c.7:72b; 8; 9; 10. Según Ricciotti, el orden de la narración debía ser el siguiente: 7:1-72;

11:1-36; c.8-10; 12; 13. Dado que los acontecimientos de los capítulos 7 y 11 exigen un año de

tiempo, debe concluirse que si en 8:1 se habla del séptimo mes, no puede éste corresponder al

mes séptimo del año en que fue acabado el muro (6:15), mes exacto del año 20 de Artajerjes I

(445 a.C.), porque no pudieron hacerse tantas innovaciones en el curso de una semana, a saber,

1349

del 25 de Elul al 1.° de Tishri. Luego el año séptimo de que habla 8:1 corresponde al 445. Gelin

fija los acontecimientos como sigue: 1) Esdr 7:1-8:36: viaje de Esdras a Jerusalén; 2) Neh 7:72b-

8:18: Esdras lee la Ley; 3) Esdr 9:1-10:44: los matrimonios mixtos; 4) Neh 9:1-37: ceremonia

expiatoria. Opina Dyson que Neh 8-10 seguía originariamente a Esdr c.10. Con esta disposición

se llena un hueco en la narración de Esdras y se suprime la dificultad del texto actual, consistente

en la presencia de Neh 8-10 entre 7:4 y 11:1. Tal vez el traslado se deba a que las primeras líneas

de Neh c.8 son idénticas a las que siguen inmediatamente al catálogo de Esdr c.2, siendo de esta

manera colocada toda la sección del catálogo de Neh c.7. Acaso con ello no hacemos más que

enriquecer a Esdras a expensas de Nehemías l. Otros autores (Fernández, Ubach, Médiebelle)

reconocen que los capítulos, 8-10 están en su sitio; hay unanimidad en ver entre los mismos unidad

perfecta (contra Batten y Torrey), y no creen que la reforma religiosa deba atribuirse totalmente

a Esdras, con exclusión de Nehemías. En resumen, para estos autores los c.8-10 no están

fuera de lugar ni deben trasladarse al libro de Esdras. Interrumpen, es verdad, el relato de la repoblación

de Jerusalén; pero era necesario mucho tiempo para realizar el proyecto anunciado en

7:4-5 y para llegar a las medidas de que habla el c.11. En pocos días no podían reconstruirse las

casas (7:4) e instalar en Jerusalén los habitantes de la provincia (11:1-3). Entre las operaciones

primera y última hubo tiempo para la renovación de la alianza (c.8-10), condición indispensable

para el pío Nehemías de la restauración política, de la cual la dedicación de la muralla sería el

coronamiento (12:27-43). A la objeción que se les hace del cambio en estos capítulos de la primera

persona por la tercera, responde Fernández: Estos acontecimientos los había descrito brevemente

Nehemías en sus memorias; pero el autor del libro, queriendo ampliar el tema, se apartó

en este punto de las memorias y las sustituyó por una narración propia, fundada en dichas memorias

y otros documentos.

Estos son los argumentos que esgrimen los partidarios del orden actual. Para éstos, el séptimo

mes tiene relación con el mandato de Nehemías. Las murallas se acabaron el 25 del mes

Elul; la asamblea se reunió al mes siguiente del año 445. En contra no puede aducirse el hecho

de haberse celebrado entre las dos fechas otra asamblea (7:5), porque ésta congregó únicamente

a los grandes y magistrados.

La asamblea se congregó en la puerta de las Aguas (3:26), al nordeste del Ofel, lugar

donde Esdras reunió al pueblo (10:9), y que llama plaza del templo. En ella tomaron parte hombres

y mujeres, todos los que “escuchando podían comprender” (texto hebreo). Esdras aparece

aquí por vez primera en el libro de Nehemías, dándosele los títulos de escriba (Esdr 7:6) y sacerdote

(Esdr 7:5-11). El tercer libro de Esdras le llama “sumo sacerdote” (9:39; 40-49)· Por el título

se relaciona con aquellos doctores cuya misión consistía en interpretar auténticamente la Ley y

asegurar su fiel transmisión a la posteridad. Pelaia, que admite el orden Nehemías-Esdras, y para

el cual la misión de este último tuvo lugar el año 398, reinando Artajerjes II Mnemone (405-

358), escribe que Esdras, siendo joven (unos treinta años), asistió a la asamblea convocada por

Nehemías (444 a.C.) por invitación de éste. Aunque joven, era apreciado universalmente por el

conocimiento profundo que tenía de la Ley. Por lo mismo le llamó Nehemías para que le asesorara

en unos momentos en que tenía necesidad de un sacerdote que completara, con la reconstrucción

moral y religiosa, los trabajos materiales que había llevado a cabo. Accediendo a la invitación

de Nehemías, sigue diciendo Pelaia, abandonó Esdras Babilonia para colaborar con el.

Terminada su misión, regresó de nuevo a Babilonia, que dejó definitivamente el año 398, llevando

consigo una caravana de repatriados (Esdr 7:1-10), Sin embargo, en el acto de la promulgación

de la Ley aparece Esdras como hombre maduro y familiarizado des-¿e muchos años con la

misma. El fracaso en su empeño por reconstruir las murallas de Jerusalén (Esdr 4:6-23) hicieron

1350

que abandonara la dirección del grupo de repatriados y se dedicara a sus funciones sacerdotales y

al estudio de la Ley. De hecho, desde el séptimo año de Artajerjes (Esdr 7:1-10:44) hasta el año

20 desaparece ¿e la escena de la historia. Durante estos catorce años moró en Jerusalén; no se

vislumbran en el texto vestigios de que fuera llamado de Babilonia para leer la Ley a los judíos

de Jerusalén.

¿Qué debe entenderse por la Ley de Moisés? Ciertamente no llevó Esdras el Pentateuco

tal como nos lo han retransmitido los masoretas. Algunos autores católicos modernos admiten

que Moisés escribió o hizo que se escribiera bajo su dirección todo el Pentateuco, excepto el episodio

de su muerte y funerales. No es ésta la opinión más corriente entre los católicos, los cuales

admiten la mosaicidad substancial del Pentateuco. En el fondo, la substancia de las tradiciones

que se han incorporado en el Pentateuco, el núcleo de su legislación, remontan a los tiempos en

que Israel se constituyó como pueblo bajo la égida de Moisés. Fue él el organizador de su pueblo,

su mentor religioso o, su primer legislador. Las tradiciones anteriores que terminan en él y

los acontecimientos de los cuales fue él protagonista convirtiéronse en epopeya nacional. La religión

de Moisés marcó siempre la fe y la práctica del pueblo; la Ley de Moisés ha sido siempre su

norma. Las adaptaciones que impuso el cambio de tiempos hiciéronse conforme a su espíritu y

pusiéronse bajo su autoridad 2. La tradición yahvista es acaso anterior al mismo Moisés; la

elohista, contemporánea suya; una y otra se pusieron por escrito andando el tiempo. El Deuteronomio

tiene relación con la reforma de Josías. La tradición sacerdotal es posterior, constituyéndose

como tal durante el exilio e imponiéndose después del mismo. Es muy posible que Esdras,

durante el tiempo en que desapareció de la vida pública, se dedicara a la composición del Pentateuco,

dándole la estructura que presenta hoy. Esdras compone un libro con materiales de procedencia

y espíritu diverso, muchos de los cuales tienen sus raíces en tiempos de Moisés; los restantes

están impregnados y concebidos de conformidad con su espíritu. De ahí que Esdras, con

su obra redaccional, pudo dar a conocer por vez primera en la historia y sistematizar en un todo

orgánico el libro de la Ley de Moisés. Como hemos dicho, ni en su espíritu ni en cada una de sus

partes, tomadas aisladamente, era desconocido este libro de la Ley; le faltaba la mano del gran

legislador Esdras para que las diversas tradiciones existentes fueran refundidas en una obra de

conjunto.

Prescribe la Ley (Lev 23:24; Núm 29:1) que en el novilunio del séptimo mes hubiera

fiesta solemne y asamblea santa (miqra qodesh). Miqra significa también, y precisamente en

nuestro relato (8:8), leción de la Ley. Así, pues, los judíos que se reúnen el día primero del séptimo

mes para la lectura de la Ley, cumplen, según la mente del autor, la Ley (Schneider).

Esdras en el estrado (8:3-6).

3 Esdras estuvo leyendo el libro desde la mañana hasta la tarde en la plaza que hay

delante de la puerta de las Aguas, a los hombres, mujeres y a cuantos podían entender.

4 Estaba Esdras el escriba sobre un estrado de madera que se alzó con esta ocasión;

y estaban junto a él, a su derecha, Matatías, Semeyas, Anaía, Urías, Jecías y

Maasías, y a su izquierda, Peda-ya, Misael, Malquiya, Asum, Jasbadana, Zacarías y

Mesulam. 5 Abrió Esdras el libro, viéndolo todos, por estar él más alto que todo el

pueblo, y, al abrirlo, todos se pusieron de pie. 6 Bendijo entonces Esdras a Yahvé,

Dios grande, y todo el pueblo alzando las manos, respondió: “Amén, amén”; y, postrándose,

adoraron a Yahvé rostro a tierra.

Escena grandiosa que el v.3 describe en sus rasgos esenciales y que redondean los versos si1351

guientes (4-8). Delante de la puerta se extendía una plaza, en la cual se apiñaron hombres, mujeres

y jóvenes para escuchar la lectura de la Ley de Moisés. Junto a la puerta se levantó un estrado,

desde el cual dominaba Esdras a la multitud. A su derecha e izquierda sentáronse trece hombres,

probablemente sacerdotes, que garantizaban con su presencia la verdad de cuanto leía Esdras.

La lectura duraba unas seis horas, desde el amanecer hasta el mediodía. El texto sugiere que

se leían secciones particulares, puntos aislados, predominantemente legislativos; no se excluye,

sin embargo, la lectura continua de los pasajes históricos. Esdras, de pie, tomó el rollo de la Ley

y, desenvolviéndolo para empezar la lectura, vio cómo toda la multitud se ponía de pie en señal

de respeto Que 3:20). Hemos dicho que eran trece los personajes que rodeaban a Esdras. ¿Por

qué este número? Las versiones antiguas lo reducen a doce, para simbolizar a las doce tribus.

Otros elevan el número a catorce. El número 13 reaparece en el v.7. Se empieza el acto con una

oración de alabanza a Yahvé, no citándose la fórmula empleada, que acaso coincidía con la de 1

Grón 29:10 o de Neh 9:5. Durante la misma alzó el pueblo las manos en señal de aprobación o

solidaridad (Vaccari, Dyson), de oración (Ex 17:11) o de juramento, respondiendo: “Amén,” postrándose

en tierra para adorar a Yahvé (2 Crón 7:3; 20:18).

Misión de los levitas (8:7-8).

7 Josué, Baní, Serebías, Janún, Acub, Sebtaí, Odias, Maasías, Quelita, Azarías, Josabad,

Janán y Pelaya, levitas, explicaban la Ley al pueblo. 8 Leían el libro de la Ley

de Dios, explicándolo, exponiendo su sentido de modo que el pueblo entendiera la

lectura.

Gelin piensa que el v.7 ha sido añadido por el cronista con el \ de dar a los levitas mayor relieve,

de conformidad con la que tienen en la liturgia reciente. Añade que esta adición es poco feliz por

el hecho de mencionar las explicaciones del texto que leía Esdras, de que se habla en el v.8. Sin

embargo, no convencen tales razones; antes bien, el contexto exige su presencia. En efecto, va

describiendo el autor el marco en que se desenvolvía la gran ceremonia. Además de Esdras, de

sus acompañantes y del pueblo presente, habla el texto de la misión de los levitas, que consistía

en aclarar lo que se leía o iba a leerse. Estaban ellos colocados sobre un lugar alto (9:4). ¿Cómo

procedían? Podemos imaginar que Esdras leía un punto, y los levitas, por turno, lo aclaraban con

algunas explicaciones. Puede darse también que el pueblo estuviera dividido en secciones, de

cada una de las cuales cuidaba un levita. En el v.8 se especifica más la labor de los levitas. Los

LXX traducen: “Y Esdras leyó”; “y leían ellos” (hebreo). Algunos exegetas traducen: “Se leía,”

sin especificar el sujeto. No vemos inconveniente en mantener la lección “y ellos leían.” Esto no

empece que Esdras leyera el texto de la Ley, que los levitas repetían de nuevo, o bien a todo el

pueblo, o cada levita a los de su sección. A esta lectura seguía una paráfrasis, probablemente en

arameo. La palabra meparash (Esdr 4:18) significa separar, cortar, expresar claramente (Prov

23:32; Ez 34:12). Unos autores le dan el sentido de traducir. Esdras leía en hebreo y los levitas

traducían al arameo; o leían en arameo y los levitas lo traducían al hebreo (Naville). Creemos

que la palabra debe de significar que los levitas exponían y explicaban en lengua aramaica el texto

que Esdras y ellos habían leído en la lengua santa, que muchos habían olvidado durante los

años de la cautividad.

Las autoridades exhortan a la alegría (8:9-12).

1352

9 Nehemías, gobernador; Esdras, sacerdote y escriba, y los levitas que hacían al

pueblo la explicación, dijeron a todo el pueblo: “Hoy es día consagrado a Yahvé,

vuestro Dios; no os entristezcáis ni lloréis,” pues todo el pueblo lloraba oyendo las

palabras de la Ley. 10 Y luego les dijo: “Id y comed manjares grasos, y bebed licores

dulces, y mandad parte a los que no han preparado, pues hoy es día consagrado al

Señor; y no os entristezcáis, porque la alegría de Yahvé es vuestra fortaleza.” 11 Los

levitas apaciguaban al pueblo, diciendo: “Callad, que hoy es día santo, y no os entristezcáis.”

12 Fuese todo el pueblo a comer y a beber y a enviar porciones, disfrutando

de gran alegría porque había entendido lo que se le había enseñado.

Nehemías es llamado el “tirsata” (Esd 2:63; Neh 7:65-69), nombre persa cuyo significado corresponde

a gobernador. Algunos concideran las palabras “Nehemías, gobernador” como una

adición posterior; suprimen también la mención de los levitas, basándose en Que el verbo de los

v.10 y 11 está en singular.

¿Por qué lloró el pueblo? Porque pudo comparar su conducta con lo que se prescribía en

la Ley; tuvo conciencia de su pecado y temía el castigo. Bueno era que reconocieran su pecado,

pero mejor todavía que se arrepintieran de sus descarríos e hicieran el propósito de enmendarse.

Además, el primer día del mes séptimo en la fiesta de las trompetas (Lev 23:23-25; Núm 29:1-6).

Debían, puzs regocijarse en este día consagrado al Señor. Invita Esdras al puebl' a que coma

manjares escogidos (grasuras dice el texto) y beba bebidas dulces (Deut 14:26). De esta alegría

debían participar los judío pobres (Deut 16:11-14; Est 9:19-22). “ ¡La alegría de Yahvé es vuestra

fortaleza!” (1 Crón 16:27), dice Nehemías.

Proclamación de la fiesta de los Tabernáculos (8:13-15)

13 El segundo día, los jefes de familia de todo el pueblo, los sacerdotes y los levitas se

reunieron con Esdras el escriba para profundizar en las palabras de la Ley. 14

Hallaron que en la Ley que había dado Yahvé por mano de Moisés estaba escrito

que los hijos de Israel habitasen en cabanas en la solemnidad del mes séptimo. Cerciorados

de ello, 15 proclamaron por todas las ciudades y en Jerusalén esta nueva,

diciendo: “Subid a los montes y traed ramas de acebuche, ramas de arrayán, ramas

de palmera y de todo árbol frondoso, para hacer las cabanas, como está mandado.”

En la Ley se habla de las fiestas de los Tabernáculos (Lev 23:34-43; Deut 16:13-15), pero en

términos distintos. Recordaba la fiesta la marcha de Israel por el desierto (Ex 16:35; Lev 23:43);

sedaba gracias a Dios al finalizar la cosecha (Ex 23:16; Deut 16:13). El texto no menciona la

fiesta de la Expiación (kippur), que se celebraba entre la de las Trompetas y la de los Tabernáculos

(sukkot; Lev 23:27).

El pueblo de fiesta (8:16-18).

16 Salió, pues, el pueblo todo, y, trayendo las ramas, hicieron cabanas, unos en sus

terrados, otros en sus patios y en los atrios de la casa, en la plaza de la puerta de las

Aguas y en la plaza de la puerta de Efraím. 17 Todos los de la congregación que volvieron

de la cautividad hicieron cabañas y habitaron en ellas, cosa que no habían

hecho los hijos de Israel desde los días de Josué, hijo de Nun, hasta entonces. Hubo

gran alegría. 18 Se fue leyendo día por día el libro de la Ley de Dios, desde el primero

hasta el último. La fiesta duró siete días, y al octavo tuvieron gran asamblea, se1353

gún lo prescrito.

De esta fiesta da noticia Esdr 3:4; era muy arraigada en el pueblo (1 Re 8:62-65; 12:32; Os

12:10). Celebrábase en tiempos de Salomón (2 Crón 7:8; 8:13), pero no con tanta solemnidad

como ahora. Conforme a las prescripciones de Lev 23:36; Núm 29:35, tuvo lugar una asamblea

el día octavo, día 22 de Tishri (2 Mac 10:6).

Ayuno y abstinencia (9:1-3).

1El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, vestidos

de saco y cubiertos de polvo. 2 La estirpe de Israel se separó de todos los extranjeros,

y, puestos en pie, confesaron sus pecados y las iniquidades de sus padres. 3 En

pie cada uno en su lugar, se leyó en el libro de la Ley de Yahvé, su Dios, una cuarta

parte del día, y otra cuarta parte confesaban y adoraban a Yahvé.

Había ayuno riguroso desde el anochecer del 23 hasta la misma hora del día siguiente, vestidos

todos de saco (2 Sam 3:31; 1 Re 21:27), cubierta la cabeza (Job 2:812; 1 Sam 4:12). Algunos

exegetas creen que se trata de la fiesta de las Expiaciones, que este año se trasladó a este día

(8:14). Se leía la Ley por espacio de tres horas, desde el holocausto de la mañana, hacia las nueve,

hasta el mediodía. Después de la cautividad, los hebreos dividían el día en cuatro partes: prima

(6-9), tercia (10-12), sexta (13-15), nona (16-18). La noche dividíase en cuatro vigilias (Ex

14:24; Mt 14:25).

Confesión de los pecados (9:4-5).

4Luego los levitas Josué, Baní, Gadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Baní y Quenani se

levantaron sobre la grada de los levitas y clamaron en voz alta a Yahvé, su Dios. 5

Dijeron los levitas Josué, Cadmiel, Baní, Jasábanlas, Serebías, Odias, Sebanías y Petajya:

“Levantaos, bendecid a Yahvé, vuestro Dios, por los siglos de los siglos. Bendito

sea su glorioso nombre sobre toda alabanza y bendición.”

En los v.4 y 5 se citan ocho levitas en ambas listas; los nombres no concuerdan debido a la corrupción

del texto.

Plegaria de los levitas (9:6-37).

6 Tú, ¡oh Yahvé! eres único; tú hiciste los cielos y los cielos de los cielos y toda su

milicia; la tierra y cuanto hay en ella; los mares y cuanto en ellos hay; tú das vida a

todas las cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran. 7 Tú eres, ¡oh Yahvé! el Dios

que eligiste a Abraham, y le sacaste de Ur Gasdim, y le diste el nombre de Abraham.

8 Hallaste fiel su corazón ante ti e hiciste con él alianza de darle la tierra del cananeo,

del jeteo, del amorreo, del fereceo, del jebuseo y del guergueseo, de dársela a su

descendencia, y cumpliste tu palabra, porque eres justo. 9 Tú miraste la aflicción de

nuestros padres en Egipto y oíste su clamor en el mar Rojo. 10 Tú obraste prodigios

y maravillas contra Faraón, contra sus siervos y contra todo el pueblo de su tierra,

porque sabías con cuánta crueldad los habían tratado, y engrandeciste tu nombre

como lo es hoy. 11 Tú dividiste el mar ante ellos, y pasaron por en medio de él a pie

1354

enjuto, y a sus perseguidores los arrojaste a lo profundo, como cae una piedra en el

abismo. 12 Tú en columna de nubes los guiaste de día, y en columna de fuego de noche,

para alumbrar el camino que habían de seguir. 13 Tú descendiste sobre el monte

Sinaí, y hablaste desde el cielo, y les diste juicios justos, leyes de verdad y mandamientos.

14 Tú les diste a conocer tu santo sábado, y por Moisés, tu siervo, les prescribiste

mandamientos, preceptos y Ley. 15 Tú les diste en su hambre pan del cielo, y

en su sed hiciste que el agua brotara de la roca. Tú les pusiste en posesión de la tierra

que alzando tu mano prometiste darles. 16 Pero nuestros padres fueron soberbios,

y endurecieron su cerviz, y no guardaron tus mandamientos. 17 No quisieron

oír, no se acordaron de las maravillas que tú habías hecho por ellos; antes, con dura

cerviz, y en rebelión, pensaron en elegir caudillo para volverse a su servidumbre.

Pero tú eres Dios de perdones, clemente y piadoso, tardo a la ira y de mucha misericordia,

y no los abandonaste. 18 Y cuando se hicieron un becerro fundido y dijeron:

He ahí tu Dios, que te ha sacado de Egipto, y cometieron grandes abominaciones, 19

tú, con todo, por tu mucha misericordia, no los abandonaste en el desierto, y la columna

de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni la columna

de fuego de noche, para alumbrarles en el camino por donde habían de ir. 20

Tú les diste tu buen espíritu, para enseñarlos, y no retiraste de su boca el maná, y les

diste agua en su sed. 21 Los sustentaste por cuarenta años en el desierto, y nada les

faltó, y no se envejecieron sus vestidos ni se hincharon sus pies. 22 Tú les diste reinos

y pueblos y les distribuiste sus regiones, señalando a cada uno su porción y poseyeron

la tierra de Seón, rey de Hesebón, y la tierra de Og, rey de Basan. 23 Tú multiplicaste

sus hijos como las estrellas del cielo, y los introdujiste en la tierra de que dijiste

a sus padres que entrarían a poseerla. 24 Vinieron los hijos, y la poseyeron, y

humillaste delante de ellos a los moradores de la tierra, los cananeos, entregándolos

en sus manos, y a sus reyes, y a los pueblos de la tierra, para que hicieran con ellos

lo que quisieran. 25 Y tomaron sus ciudades fuertes y su tierra pingüe, y heredaron

casas llenas de toda suerte de bienes, cisternas hechas, viñas y olivares y muchos árboles

frutales, y comieron y se hartaron y engordaron, y se deleitaron con tu gran

bondad. 26 Pero te irritaron rebelándose contra ti, y echaron tu Ley a sus espaldas; y

mataron a tus profetas, que los reprendían para convertirlos a ti, e hicieron grandes

abominaciones. 27 Los entregaste en manos de sus enemigos, que los afligieron; y

clamaron a ti en el tiempo de su aflicción, y tú desde los cielos los oíste, y, según tus

muchas misericordias, los libraste dándoles libertadores que los salvasen de las manos

de sus enemigos. 28Pero en cuanto quedaban en paz se volvían para hacer lo malo

a tus ojos, y los dejaste en manos de sus enemigos, que los dominaban, y de nuevo

convertidos clamaban otra vez a ti; y tú desde los cielos los oías y, según tus misericordias,

los libraste muchas veces. 29 Los amonestaste para que se volviesen a tu

Ley; pero ellos, en su soberbia, no escucharon tus mandamientos y pecaron contra

tus juicios — los juicios que, si los sigue el hombre, vivirá —, y tuvieron hombros

rebeldes, y endurecieron su cerviz y no obedecieron. 30 Los soportaste largos años,

amonestándolos con tu espíritu, y no le dieron oídos. Y entonces los entregaste en

manos de pueblos extraños; 31 pero, en tu gran misericordia, no los consumiste del

todo ni los abandonaste, porque eres un Dios clemente y misericordioso. 32 Ahora,

pues, Yahvé, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, terrible, que guardas la alianza y la

misericordia, no tengas en poco todas las aflicciones que nos han alcanzado a noso1355

tros, a nuestros reyes, príncipes, sacerdotes y profetas, a nuestros padres y a todo tu

pueblo desde los días de los reyes de Asiría hasta el día de hoy.33 Pero tú has sido

justo en todo lo que sobre nosotros ha venido, tú has obrado justamente, mientras

nosotros hicimos el mal 34 y nuestros reyes, príncipes, sacerdotes y nuestros padres

no pusieron por obra tu Ley y no atendieron a tus mandamientos, a tus testimonios

y a tus protestas; 35 y en su reino, en medio de los muchos bienes que les concediste

en la espaciosa y pingüe tierra que les diste, no te sirvieron, no se convirtieron de sus

malas obras; 36 y hoy somos siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que

comiesen sus frutos y sus bienes. 37 Ella multiplica sus productos para los reyes que

por nuestros pecados has puesto sobre nosotros, que se enseñorean de nuestros

cuerpos, de nuestras bestias, conforme a su voluntad; y estamos en gran angustia.”

Este cántico de los levitas es considerado como una de las mejores páginas de la Biblia. Recuerda

en síntesis la acción providencial de Dios sobre el pueblo de Israel y la correspondencia ingrata

por parte de los israelitas. Se alaba a Dios creador (v.6), que escoge a Abraham (v.7-8), que se

preocupa de los israelitas en Egipto (9-15); Que en Pasa le corresponden mal (v. 16-21); les ayuda

en la conquista (22-25), está con ellos hasta el exilio (26-31), terminando con un llamamiento

a la piedad divina (32-37). De lo dicho se desprende que el pecado es el causante de los males

que han afligido a Israel.

Los firmantes de la alianza (10:1-28).

1 Por todo esto, nosotros hacemos hoy una fiel alianza y la escribimos, signada por

nuestros príncipes, nuestros levitas y nuestros sacerdotes. 2 Los que firmaron con

sus sellos fueron: Nehemías el gobernador, hijo de Helcías; Sedecías, 3 Serayas Azarías,

Jeremías, 4 Pasjur, Amarías, Malaquías, 5 Jatús, Sebanías, Maluc, 6 Jarín, Meremot,

Obadías, 7 Daniel, Guinetón, Baruc, 8 Mesulam, Abías, Miyamín, 9 Maasías,

Bilgai y Semeyas. Estos sacerdotes. 10 Levitas: Josué, hijo de Azanías; Binuí, de los

hijos de Jenadad; Cadmiel 11 y sus hermanos; Sebanías, Odias, Quelita, Pelayas, Jonán,

12 Mica, Rejob, Jasabías, 13 Zacur, Serebías, Sebanías, 14 Odias, Baní y Beninu.

15 Cabezas del pueblo: Paros, Pahat Moab, Elam, Zatu, Baní, 16 Buní, Azgab, Babai,

17 Adonías, Bigval, Adim, 18 Ater, Je-jisquía, Azur, 19 Odias, Jasum, Besai, 20Jarif,

Anatot, Nebaí, 21 Magpías, Mesulam, Jezir, 22 Mesezabeel, Sadoc, Jadúa, 23Pelatías,

Janán, Ananías, 24 Hoseas, Jonanías, Jasub, 25 Halojes, Pilja, Sobeo, 26 Rejum, Jesabna,

Maaseas, 27 Ajías, Janán, Anán, 28 Maluc, Jarim, Baana.

La expresión corriente para la alianza es karath berith =· cortar la alianza, aludiendo a la ceremonia

de dividir una víctima en el acto de contraer una alianza (Jer 34:18). El escrito donde estaba

la alianza antes de firmarse se plegó y se puso el sello en la parte exterior, llamándose por lo

mismo hatum, como en Jeremías (32:11-14)·junto al sello pusiéronse las firmas (Jer 32:10-14).

En el texto griego no figura Nehemías entre los firmantes. Firman veintiún sacerdotes, cuyos

nombres reaparecen en 12:1-7; de los levitas (9:4-5; 11:22-24; 12:8-9) firman diecisiete.

Juramento del pueblo (10:29-40).

29 Y el resto del pueblo, los sacerdotes y los levitas, porteros y cantores, los netineos

y todos los que se habían apartado de los pueblos de la región, volviendo a la Ley de

Dios, sus mujeres, sus hijos y sus hijas y todos cuantos tenían conocimiento y discre1356

ción, 30 se adhirieron a sus hermanos, sus príncipes, y convinieron en la protestación

y el juramento de andar en la Ley de Dios, que dio por mano de Moisés, su siervo, y

guardar y cumplir los mandamientos de Yahvé, nuestro Señor, y sus juicios y preceptos;

31 de no dar nuestras hijas a los pueblos de aquella tierra, ni tomar sus hijas

para nuestros hijos; 32 de no comprar nada en día de sábado, en día santificado, de

las mercaderías y comestibles que en sábado trajesen a vender los pueblos de la tierra;

de liberar la tierra el año séptimo y remitir toda deuda. 33 Impusimos, además,

por ley la carga de contribuir cada año con un tercio de siclo para la obra de la casa

de nuestro Dios, 34 para los panes de la proposición, para la ofrenda perpetua y para

el holocausto continuo, el de los sábados, el de los novilunios y el de las solemnidades,

para las santificaciones y sacrificios expiatorios por Israel y para toda la obra

de la casa de nuestro Dios. 35 Echamos también suertes entre los sacerdotes, los levitas

y el pueblo, sobre la ofrenda de la leña, y para traerla a la casa de nuestro Dios

en tiempos determinados cada año, para quemarla sobre el altar de Yahvé, nuestro

Dios, según está prescrito; 36 de traer cada año las primicias de nuestra tierra y las

primicias de los frutos de nuestros árboles a la casa de Yahvé, así como los primogénitos

de nuestros hijos y de nuestras bestias, como está escrito en la Ley; 37 y de

traer los primogénitos de nuestras vacas y de nuestras ovejas a la casa de nuestro

Dios, a los sacerdotes que ministran en la casa de nuestro Dios; 38 de traer las primicias

de nuestras masas y nuestras ofrendas, y del fruto de todo árbol, del vino, del

aceite, a los sacerdotes, a las cámaras de la casa de nuestro Dios, y el diezmo de

nuestra tierra a los levitas; y de que recibirían los levitas las décimas de nuestras labores

en todas las ciudades. 39 De que estaría el sacerdote hijo de Aarón con los levitas

cuando los levitas recibieran el diezmo, y que los levitas llevarían el diezmo del

diezmo a la casa de nuestro Dios, a las cámaras de la casa del tesoro; 40 pues a las

cámaras han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del

vino y del aceite, y allí han de estar los vasos del santuario y los sacerdotes que ministran,

los porteros y los cantores, no abandonando la casa de nuestro Dios.

Con juramento obligáronse a no contraer matrimonios mixtos (v.31), a no comerciar en sábado

(Ex 31:12-14; 23:12; Deut 5:12; v. 18:3), no admitiendo la mercancía de los pueblos del país

(13:16). Se juramentaron a guardar el año sabático, dejando la tierra en barbecho (Ex 23:10; Lev

25:2-7; Deut 15:2), a no exigir la deuda (v.32; Deut 15:1-6), a pagar la contribución al templo

por valor de un tercio de siclo, en vez de medio (Ex 30:11-16; 38:26), dada la condición económica

precaria en que se hallaban. Con ello contribuían a sufragar los gastos de los panes de la

proposición (Lev 24:5-8), la ofrenda perpetua (Ex 29:38-42; Núm 28:3-8), el holocausto perpetuo

(Ex 29:38-42; Núm 28:3-8), los sacrificios del sábado (Núm 28:9-10), de los novilunios

(Núm 28:11-15), de las fiestas Núm 28:16-29) y expiatorios (Lev 4:13-21; 16:21-34). El edificio

del templo necesitaba continuas reparaciones (Esdr 3:8; 6:22), que todos se comprometen a sufragar.

De la misma manera se obligan a procurar la leña para el sacrificio (Lev 6:5-13; Jos 9:27;

Esdr 2:43), a hacer la ofrenda de las primicias del campo (Ex 23:19; Deut 26:2-10), de los árboles

(Núm 18:12; Lev 19:23; Deut 8:8). Debían consagrarse a Dios los “primogénitos” de los

hombres, que se rescataban con cinco siclos de plata. Rescatábanse asimismo los primogénitos

de los animales inmundos (Ex 13:11-16; 34:19-20; Lev 27:27; Núm 18:15-19). Los primogénitos

de los animales mundos eran ofrecidos en sacrificio. Otra de las obligaciones a que se obligaron

fue a pagar los diezmos a los levitas (Núm 18:20-24), a los que pertenecía toda décima de la tie1357

rra (Lev 27:30). Reforzando las prescripciones del código sacerdotal (Lev c.27 y Núm c.18), que,

según Malaquías, el pueblo había olvidado (3-8:11), toma Nehemías la decisión de obligar a que

lleven a Jerusalén, en los almacenes, todos los diezmos destinados a los levitas, que entregarán a

los sacerdotes la parte que se les debe.

En esta solemne asamblea pusiéronse los cimientos del judaísmo. Autoridades y pueblo

sellan y firman un documento con el cual se comprometen con juramento a observar en adelante

todo cuanto prescribe la Ley de Moisés. Debe considerarse Esdras como el segundo legislador

del judaísmo. En el continuo estudio de la Ley llegó él a penetrar en su espíritu y a actualizarla

sin quitarle la paternidad mosaica.

Repoblación de Jerusalén (11:1-12:26).

Gran parte de los repatriados afincáronse en las aldeas de los alrededores de Jerusalén.

Una vez levantadas las murallas, convenía concentrar en la capital un núcleo importante de judíos

(7:4-5)·

Método de reclutamiento (11:1-3).

1 Los jefes del pueblo residían en Jerusalén. Para el resto del pueblo se echaron

suertes con el fin de hacer que cada uno de diez fuera a habitar a Jerusalén, la ciudad

santa, quedando lo otros nueve en las ciudades. 2 El pueblo bendijo a los que se

ofrecieron voluntariamente para habitar en Jerusalén. 3 Estos son los jefes de la

provincia que habitaron en Jerusalén. En las ciudades de Judá, cada uno se estableció

en su propiedad, en su ciudad: Israel, los sacerdotes, los levitas, los netineos y los

hijos de los siervos de Salomón.

Algunos eran destinados a Jerusalén por determinarlo así las suertes; otros se ofrecían voluntariamente,

por lo que recibían la bendición del pueblo. Está justificada la repugnancia que sentían

los de pueblo para ir a una capital donde “había muchas casas sin edificar” (7:4).

Los Hlijos de Judá (11:4-6).

4 Hijos de Judá y Benjamín que habitaron en Jerusalén: Hijos de Judá: Ataya, hijo

de Uzías, hijo de Zacarías, hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Malaleel, hijo

de los hijos de Fares; 5 Maasías, hijo de Baruc, hijo de Coljose, hijo de Jayas, hijo de

Adías, hijo de Joyarib, hijo de Zacarías, hijo de Siloní. 6Los hijos de Fares que moraron

en Jerusalén fueron cuatrocientos setenta y ocho fuertes.

¿Debe identificarse esta lista con la de 1 Crón 2:3-6? En ésta, después de los hijos de Benjamín,

se mencionan “los hijos de Efraím y Manases.” Ambas listas representan dos estadios históricos

distintos.

Hijos de Benjamín (11:7-9).

7 Hijos de Benjamín: Salu, hijo de Mesulam, hijo de Joed” hijo de Pedaías, hijo de

Colayas, hijo de Maasías, hijo de Itiel” hijo de Isaías, 8 y sus hermanos, valientes

1358

guerreros, novecientos veintiocho. 9 Joel, hijo de Zicrí, era su prefecto, y Judas, hijo

de Senuá, el segundo en la ciudad.

En el v.9 dícese que Joel era prefecto. ¿De quiénes? De los benjaminitas, según unos; de todos

los habitantes de la ciudad, según otros autores. Ningún jefe de los de Judá se menciona en el

texto.

Los sacerdotes (11:10-14).

10 Sacerdotes: Jedayas, hijo de Joyarib; Joaquim, 11 Serayas, hijo de Helcías, hijo de

Mesulam, hijo de Sadoc, hijo de Merayot, hijo de Ajitub, príncipe de la casa de Dios,

12 y sus hermanos, ocupados en el servicio de la casa, ochocientos veintidós; Adayas,

hijo de Jerojam, hijo de Pelayas, hijo de Amsí, hijo de Zacarías, hijo de Pasjur, hijo

de Malaquías, 13 y sus hermanos príncipes de las familias, doscientos cuarenta y dos.

Amasai, hijo de Azarael, hijo de Ajazai, hijo de Mesilemot, hijo de Immer, 14 y sus

hermanos, hombres de gran vigor, ciento veintiocho, de los cuales era jefe Zabdiel,

hijo de Guedolim.

Quizá habla el autor sagrado del sumo sacerdote Jedayas y de ^genealogía (12:10-11). De Serayas

(Esd 7:1) se dice que era príncipe (naguid) de la casa de Dios, es decir, sumo sacerdote( Crón

31:10-13).

Los levitas (11:15-20).

15 Levitas: Semeyas, hijo de Jasub, hijo de Azricam, hijo de Jasabías, hijo de Buiíí;

16 Sabtaí y Jozabad, de los príncipes entre los levitas, sobrestantes de la obra exterior

de la casa de Dios; 17 Matamas, hijo de Mica, hijo de Zabdí, hijo de Asaf el primero,

el que dirigía las alabanzas y la acción de gracias al tiempo de la oración;

Bacbuquías, el segundo de entre sus hermanos; y Abda, hijo de Samúa, hijo de Galaad,

hijo de Jedutún. 18 Todos los levitas en la ciudad santa fueron doscientos

ochenta y cuatro. 19 Porteros: Acub, Taiman y sus hermanos, guardas de las puertas,

ciento setenta y dos. 20 El resto de Israel, de los sacerdotes y de los levitas, en todas

las ciudades de Judá, cada uno en su heredad.

Algunos levitas desempeñaban sus funciones en el interior del templo; otros, al exterior, recogiendo

las limosnas destinadas al santuario. Los jefes de estos últimos eran Sabtaí y Jozabad. Los

cantores se asimilan a los levitas, como en los libros de las Crónicas, que hablan de veinticuatro

coros de cantores. Los porteros se mencionan aparte.

Los netineos y levitas (11:21-24).

21 Los netineos habitaban en Ofel, y sus jefes eran Sija y Guispa. 22 El jefe de los levitas

en Jerusalén era Uzí, hijo de Baní, hijo de Jasabías, hijo de Matanías, hijo de

Mica, de los cantores, hijos de Asaf, en la casa de Dios, 23 porque había acerca de

ellos una ordenación especial del rey y se les había asignado un salario fijo por cada

día. 24 Petayas, hijo de Mesezabeel, de los hijos de Zera, hijo de Judá, era cornisarie

1359

del rey para todos los negocios del pueblo.

Los netineos (7:47) habitaban en Ofel (3:26), al sudeste de Jerusalén, entre el torrente Cedrón y

el valle del Tiropeón. Artajerjes había reglamentado el trabajo de los levitas cantores (v.23). Petayas,

judío, ejercía el cargo de representante oficial de los intereses del pueblo en la corte persa.

La población judía en provincias (11:25-36).

25 En cuanto a las aldeas y sus tierras, alguno de los hijos de Judá habitaron en Cariatarbé

y sus suburbios, en Dibón y los suyos y en Jacabseel y los suyos. 26 En Josuá,

Molada, Betfale, 27 Hasar Sual, Bersabé y en sus aldeas; 28 en Siceleg y Mecana y sus

aldeas; 29 en Enrimón, Sarea, Jarmut, 30 Zanoaj, Adulam y sus aldeas; en Laquis y

sus tierras y en Azeca y sus aldeas. Habitaban desde Berseba hasta el valle de Hinnón.

31Los hijos de Benjamín, desde Gueba, en Micmas, Aya, Betel y sus aldeas; 32en

Anatot, Nob, Ananía, 33 Jasor, Rama, Guitaim, 34 Jadid, Seboím, Nabalat, 35 Lod y

Ono, en el valle de los Artesanos. 36 Hubo algunos levitas que se unieron a Benjamín,

aunque pertenecían a los repartimientos de Judá.

Este fragmento es mucho más corto en los LXX, que mencionan cuatro ciudades de Judá (Cariatar,

Jasúa, Laquis, Bersabé) y los de Benjamín (Gala, en lugar de Gueba, y Micmas). Quizá esta

lista es posterior (Gelin). Del emplazamiento de las ciudades citadas se ha hablado en el curso

del comentario.

Sacerdotes y levitas repatriados (12:1-26).

1 Estos son los sacerdotes y levitas que subieron con Zoroba-bel, hijo de Saaltiel, y

con Josué: Serayas, Jeremías, Esdras, 2 Amarías, Maluc, Jatus, 3 Secanías, Rejum,

Meremot, 4 Ido, Guinetón, Abías, 5 Minyamin, Maadas, Bilgá, 6 Semeyas, Joya-rib,

Jedayas, 7 Salu, Amoc, Helcías, Jedayas. Estos eran los príncipes de los sacerdotes y

sus hermanos en los días de Josué. 8 Levitas: Jesuá, Benuí, Cadmiel, Serebías, Judá

y Matanías, que con sus hermanos dirigía el canto de las alabanzas; 9 Bacbuquías y

Uní con sus hermanos, cada cual en su ministerio. 10 Jesuá engendró a Joaquín, Joaquín

engendró a Elíasib, Elíasib engendró a Joyada, 11 Joyada engendró a Jonatán y

Jonatán engendró a Jadúa. 12 En los días de Joaquín, los sacerdotes cabezas de familias

eran: de Serayas, Merayas; de Jeremías, Jana-nías; 13 de Esdras, Mesulam; de

Amarías, Jojanán; 14 de Melicu, Jonatán; de Sebanías, José; 15 de Jarim, Adúa; de

Meremot, Elcaí; 16 de Ido, Zacarías; de Guinetón, Mesulam; 17 de Abías, Zicrí; de

Minyamin y Moadías, Piltaí; 18 de Bilgá, Samúa; de Semeyas, Jonatán; 19 de Jojarib,

Metenaí; de Idayas, Uzí; 20 de Salaí, Caleí; de Amoc, Eber; 21 de Helcías, Josabías;

de Jedayas, Natanael. 22 En los días de Elíasib, Joyada, Jojanán y Jadúa, los levitas

jefes de familias y los sacerdotes fueron inscritos hasta el reinado de Darío, persa. 23

Los jefes de familias de los hijos de Leví se inscribieron en el libro de los anales hasta

el tiempo de Jojanán, hijo de Elíasib. 24 Eran los jefes de los levitas: Jasebía, Serebía,

Josué, hijo de Cadmiel, y sus hermanos, que cada uno, según su rango, cantaban

las alabanzas y ensalzaban el poder de Dios, según la ordenación prescrita por

David, hombre de Dios, y servían por turno. 25 Matanías, Bacbuquías, Ovedías, Me1360

sulam, Taiman y Acub eran los guardas de las puertas y de los vestíbulos de las

puertas. 26 Estos lo eran en tiempo de Joaquín, hijo de Josué, hijo de Josedec, en

tiempo de Nehemías, gobernador, y de Esdras, sacerdote y escriba.

Los veintidós sacerdotes mencionados se citan, con algunas enantes, en 10:3-8; 12:12-21. Esdras

(v.1) no es el gran reformador, entre los levitas se mencionan ocho familias (10:9-13). Se dan en

los v.10:1-1 los nombres de los sumos sacerdotes desde Josué (Esd 2:3:2) hasta Jadúa, contemporáneo

de Alejandro Magno 1. El rey Darío, de que habla el texto (v.22), debe identificarse con

Darío III Codomano (335-330), último de los aqueménidas. De la menció de Nehemías antes que

Esdras no cabe deducir argumento alguno en favor de una prioridad cronológica.

Dedicación de las murallas de Jerusalén (12:27-43).

21 Para la dedicación del muro de Jerusalén fueron llamados los levitas de todos sus

lugares, para venir a Jerusalén a celebrar la dedicación y la fiesta con alabanzas y

cánticos, címbalos, salterios y cítaras; 28 reuniéronse, pues, los hijos de los cantores,

lo mismo los de la campiña alrededor de Jerusalén como los de las aldeas de Netofá,

29 de Bet Guilgal y de los campos de Gueba y Azmavet, pues los cantores se habían

edificado aldeas en los alrededores de Jerusalén. 30 Purificáronse los sacerdotes y levitas

y purificaron al pueblo, las puertas y el muro. 31 Hice luego subir al muro a los

príncipes de Judá y los dividí en dos grandes coros que fueran en procesión: uno por

la mano derecha, sobre el muro hacia la puerta de la Escombrera; 32 tras éste iban

Osías y la mitad de los príncipes de Judá, 33 Azarías, Esdras, Mesulam, 34Judá, Benjamín,

Semeyas y Jeremías; 35 y de los hijos de los sacerdotes, con las trompetas, Zacarías,

hijo de Jonatán, hijo de Semeyas, hijo de Matanaías, hijo de Mica, hijo de

Zacur, hijo de Asaf, 36 y sus hermanos, Semeyas, Azarael, Milalai, Gilabai, Maaí,

Natanael, Judá y Janani, con los instrumentos músicos de David, hombre de Dios, y

Esdras, escriba, delante de ellos; 37 a la puerta de la Fuente subieron de frente las

escaleras de la ciudad de David, por la subida al palacio de David y hasta la puerta

de las Aguas, al oriente. 38 El segundo coro iba por la izquierda, y yo en pos de él con

la mitad de los príncipes del pueblo, sobre el muro, por encima de la torre del horno,

hasta la muralla Ancha, 39 y luego por la puerta de Efraím la puerta del Pescado,

la torre de Jananael y la torre de Mea, hasta la puerta de las Ovejas, haciendo estación

a la puerta de la Custodia. 40 Pararon ambos coros en la casa de Dios, y yo con

la mitad de los magistrados, 41 y los sacerdotes Eliacim, Maasías, Minyamim, Mica,

Elyoenai, Zacarías y Ananías, con trompetas; 42 y Maasías, Semeyas, Eleazar, Usí,

Joyanán, Malquías, Elam y Ezer. Los cantores cantaban alto, dirigidos por Jisrajías.

43 Sacrificáronse aquel día muchas víctimas y se hicieron grandes regocijos, porque

había dado Dios al pueblo un gran motivo de alegría. Regocijáronse también las

mujeres y los muchachos, oyéndose de lejos el alborozo de Jerusalén.

El 25 del mes Elul quedó terminada la muralla (6:15). Al mes séptimo (7:73), es decir, Tishri,

tuvieron lugar los acontecimientos que se narran en los c.8-10. Más tarde proveyó Nehemías a la

repoblación de la capital, seguida de solemne dedicación de las murallas. La ceremonia tenía carácter

religioso, simbolizando la entrega de las murallas a la custodia de Yahvé. Los levitas dieron

realce a la fiesta, acudiendo todos, tanto de la capital como de la campiña. Para la purificación

pudo seguirse un ceremonial análogo al que se usó en la purificación del templo en tiempos

1361

de Ezequías (2 Crón 29:18-27). La procesión sobre los muros parte de la puerta del Valle junto a

la actual puerta de Jafa; los que torcieron a mano derecha fueron en dirección sur-este-norte,

hacia la puerta de las Escombreras; los que lo hicieron a la izquierda dirigiéronse hacia el nordeste,

uniéndose al otro coro en el templo. Con motivo de la fiesta ofreciéronse muchos sacrificios

(Esd 6:17). La alegría era universal. Después de los años de cautividad, el judaísmo renace de

sus cenizas y triunfa estrepitosamente.

Restablecimiento de los diezmos (12:44-47).

44 Por entonces fueron puestos comisarios de las cámaras de las despensas, de las

ofrendas, de las primicias y de los diezmos, para recibir de los campos y de las ciudades

las porciones legales para los sacerdotes y levitas; porque estaba muy gozoso

Judá de que los sacerdotes y los levitas estuvieran en sus puestos, 45 observando

cuanto concierne al servicio de Dios y a las purificaciones, y de que los cantores y

porteros cumpliesen sus funciones según la ordenación de David y de Salomón, su

hijo; 46 pues, desde el tiempo de David y de Asaf, ya de antiguo había jefes de cantores

y se cantaban cantos de alabanza y de acción de gracias en honor de Dios. 47 Todo

Israel, en los días de Zorobabel y en los días de Nehemías, daba las porciones de

los cantores y de los porteros, cada cosa en su día. Dábanse a los levitas las cosas sagradas,

y los levitas daban a los hijos de Aarón la parte de las cosas consagradas.

Normalizadas las cosas, era preciso asegurar la manutención de sacerdotes y levitas para que

ejercieran sus funciones en el templo. Junto a éste existían grandes almacenes en donde se depositaban

los productos procedentes del campo y de las ciudades. Todos, sacerdotes, levitas, porteros

y cantores, cumplían sus deberes. En tiempos de Zorobabel y de Nehemías, el culto marchó

bien; todo procedía ordenadamente; la Ley se cumplía con escrupulosidad.

1 Flavio Josefo, Ant. lud. 12:8:4-5.

Corrección de abusos (13:1-31).

En este capítulo último se menciona la corrección de algunos abusos introducidos en la

comunidad judaica. Lo dicho anteriormente (12:44-47) demuestra que hubo un tiempo en que se

cumplía la Ley con toda perfección. Pero con el andar de los años enfrióse Israel en sus fervores

religiosos y sacudió el yugo de los preceptos. Al volver Nehemías, encontró algunos abusos, que

cor rigió. Atajó las pretensiones de Tobías (v.4-9), procuró que se entregaran los diezmos a los

levitas (v. 10-14); se revalorizó el sábado (v. 15-22); Prohibiéronse los matrimonios mixtos

(v.23-29) y reglamentáronse las funciones culturales (v.30-31). No indica el texto el tiempo que

Nehemías estuvo ausente de Jerusalén.

Separación de todo extranjero (13:1-3).

1 Leíase un día al pueblo el libro de Moisés, y salió el lugar en que se mandaba que

los amonitas y los moabitas no debían entrar jamás en la congregación de Dios, 2

por no haber salido a recibir a los hijos de Israel con pan y agua y por haber incitado

contra ellos a Balaam para que los maldijera; nuestro Dios volvió la maldición en

bendición. 3 Al enterarse de esta Ley, fue apartado de Israel todo extranjero.

De la exclusión de los amonitas y moabitas habla Deut 23:4-7 Tales pueblos nacen de un incesto

1362

(Gen 19:30-38); rehusan entregar a los judíos pan y agua e inducen a Balaam a que les maldiga

(Núm 22:5-11; Deut 2:9). Todo el que no tenía pura sangre judía era excluido de la comunidad

judaica.

Expulsión de Tobías (13:4-9).

4 Antes de esto, Elíasib, sacerdote, siendo superintendente de las cámaras de la casa

de nuestro Dios y habiendo emparentado con Tobías, 5 había cedido a éste una gran

cámara, en la cual se guardaban antes las ofrendas, los perfumes, los vasos y el

diezmo del trigo, del vino y del aceite, mandado a dar a los levitas, a los cantores y a

los porteros, y la ofrenda de los sacerdotes. 6 Mas entonces no estaba yo en Jerusalén,

pues fue el año treinta y dos de Artajerjes, rey de Babilonia; yo fui al rey, y al

cabo de algún tiempo pedí y obtuve del rey volver a Jerusalén, 7 donde supe el mal

que había hecho Elíasib en favor de Tobías, haciendo para él cámara en los atrios de

la casa de Yahvé; 8 y me dolió en gran manera, y, echando fuera de la cámara todo

cuanto pertenecía a Tobías, 9 mandé que purificasen la cámara y volviesen a poner

en ella las cosas de la casa de Dios, las ofrendas y los perfumes.

Durante la ausencia de Nehemías hubo un escándalo en Jerusalén promovido por el mismo sumo

pontífice. Al año 32 de Artajerjes, o sea, el 433, regresó Nehemías a Persia, después de haber

permanecido doce años en Jerusalén (2:1-6), desde 445 hasta 433 (5:14). Al regresar al cabo de

un tiempo (1 Re 17:7), comprobó que Elíasib había cedido a un pariente suyo, Tobías (2:10-19;

6:1-19), el uso de una cámara del templo como almacén. Tobías era amonita (13:1). Más que

Elíasib parece que el culpable fue hijo Joyada, que fue sumo sacerdote desde 432 hasta 415. El

local cedido a Tobías quizá le servía de sucursal de la banca, cuya central radicaba en Amón, y

como punto clave desde donde influía económicamente sobre Israel. El local fue purificado por

haber sido destinado a usos profanos.

Los diezmos (13:10-13).

10 Supe asimismo que no se habían dado a los levitas sus porciones y que los levitas y

cantores habían tenido que retirarse cada uno a su heredad, 11 Reprendí a los magistrados

y dije: “¿Por qué ha estado abandonada la casa de Dios?” Y reuniendo a los

levitas y cantores, los restituí cada uno a su puesto.12 Todo Judá trajo el diezmo del

trigo, del vino y del aceite a los almacenes, 13 y puse por intendentes en ellos a Selemías,

sacerdote, y a Sadoc, escriba; y de los levitas, a Pedayas, y como adjunto, a

Janán, hijo de Zacur, hijo de Matanías, que tenían reputación de fieles. Ellos fueron

los encargados de hacer la distribución a sus hermanos.

Al no pagarse los diezmos a los levitas, emigraron éstos a sus heredades respectivas, abandonando

el servicio del templo. Los magistrados (seganim) encargados de velar por la pureza de la Ley

solidarizáronse con el pueblo. Con su actitud pasiva infringían la Ley (Núm 18:21-24); negar los

diezmos era tanto como robar a Dios (Mal 3:8-9). ¿Había influido el caso Tobías en esta medida?

La cuestión del sábado (13:14-18).

14 Acuérdate de mí, ¡oh Dios! por todo esto, y no olvides el bien que hice a la casa de

mi Dios y en orden a la observancia. 15 Por aquellos días vi en Judá que algunos pisaban

en sus lagares el sábado y acarreaban haces, cargaban asnos con vino, con

1363

uvas, con higos y toda suerte de cargas, y los traían a Jerusalén en día de sábado.

Los advertí acerca del día en que vendían sus mercancías. 16 Había también tirios

que traían el pescado y toda clase de mercancías, vendiéndolas a los hijos de Judá en

Jerusalén el día del sábado. 17 Reprendí a los magistrados de Judá y les dije: “¿Qué

es esto tan malo que hacéis, profanando así el día de sábado? 18 ¿No es eso lo que

hicieron vuestros padres, y por eso trajo nuestro Dios sobre nosotros y sobre esta

ciudad tantos males? ¿Y vosotros acumuláis ira contra Israel profanando el sábado?”

El descanso sabático estaba en crisis a partir de la cautividad; sin embargo, era una ley fundamental

del Decálogo (Ex 20:8-11). Nehemías dióse cuenta de la profanación del sábado en una

gira en provincia, notando que las gentes dedicábanse a trabajos agrícolas (Ex 34:21; Jer 17:21-

24) y transportaban mercancías a Jerusalén (Jer 17:21-24). También en sábado se comerciaba

(Am 13:5-6) con los tirios (Ez 27:12-25; Esdr 3:7). Los grandes males sobrevenidos a la nación

lo fueron por la profanación del sábado (Ez 20:13; 22-8; 23:38).

Medidas para santificar el sábado (13:19-22).

19 Mandé, pues, que al oscurecer antes del sábado cerrasen las puertas de Jerusalén

y que no las abriesen hasta después del sábado. Puse a las puertas algunos de mis

servidores, para que en día de sábado 110 dejasen entrar carga alguna; 2° y así se

quedaron una y dos veces fuera de Jerusalén los mercaderes, que vendían toda suerte

de mercancías. 21 Yo les advertí, diciendo: “¿Por qué pasáis la noche delante de la

muralla? Si otra ves lo hacéis, os mandaré prender.” Y ya no vivieron más en día de

sábado. 22 Entonces mandé a los levitas que se purificasen y que viniesen a guardar

las puertas para santificar el día de sábado. También por eso acuérdate de mí, Dios

mío, y perdóname según la muchedumbre de tu misericordia.

Empieza el sábado la noche del viernes al caer el sol. En el Estado actual de Israel acuden a

aquella hora los rabinos y obligan a los mercaderes a cerrar sus establecimientos. El tránsito de

un día ordinario a uno festivo realizábase en el momento en que, según el texto, las puertas “empezaban

a estar en la sombra.”

Contra los matrimonios mixtos (13:23-27).

23 Vi asimismo por aquellos días judíos que habían tomado mujeres de Azoto, de

Amón y de Moab, 24 cuyos hijos por mitad hablaban azoteo o la lengua de este o el

otro pueblo, y no sabían hablar judío. 25 Yo les reprendí y les maldije, hasta golpeé a

algunos y les arranqué los pelos, y los conjuré en nombre de Dios, diciendo: “No daréis

vuestras hijas a sus hijos ni tomaréis sus hijas para vuestros hijos o para vosotros.

26 ¿No pecó por esto Salomón, rey de Israel? Aunque no hubo en la muchedumbre

de las gentes rey semejante a él, que era amado de su Dios, y fue puesto por

El rey sobre todo Israel, aun a él le hicieron pecar las mujeres extranjeras. 27 ¿Vamos,

pues, a consentir, sabiéndolo, que vosotros cometáis ese gran mal de prevaricar

contra nuestro Dios tomando mujeres extranjeras?”

Esdras luchó contra esta plaga (Esdr c.9-10); nuevas medidas tomáronse más tarde (Neh 10:30;

13:1-3), pero bastó que Nehemías se ausentara para volver a las andadas. Algunas de estas muje1364

res eran de Azoto (Jos 13:3). De Azoto se apoderó Cambises el año 525; los filisteos hablaban un

lenguaje ario; los amonitas usaban una lengua afín al hebraico, así como los moabitas.

Expulsión del hijo del sumo sacerdote (13:28-29).

28 Uno de los hijos de Joyada, hijo de Elíasib, sumo sacerdote, era yerno de Sambalat,

joronita, y por eso le arrojé lejos de mí. 29 Acuérdate de ellos, Dios mío, de los

que contaminan el sacerdocio y el pacto del sacerdocio y de los levitas.

Joyada, sumo sacerdote, tuvo la osadía o la debilidad de autorizar el matrimonio de un hijo suyo

con la hija de Sambalat, enemigo declarado de los judíos (2:10.19; 6:1). Mandaba la Ley que el

sumo sacerdote tomara por esposa a una virgen de su pueblo (Lev 21:14)· Nehemías no pudo tolerar

semejante escándalo, dado por el sacerdocio en la misma capital del judaismo (Mal 2:4-8).

Este hecho es el mismo que refiere Flavio Josefo 1, situándolo en tiempos de parió III (335-330)”

durante el pontificado de Jadúa. Acaso haya en esta noticia de Flavio Josefo un anacronismo.

Según los documentos de Elefantina, era Sambalat gobernador de Samaría el año 407, bajo Darío

II (424-405).

Conclusión (13:30-31).

30 Por eso los limpié de todo lo extranjero y puse a sacerdotes y levitas por clases,

cada uno a su obra, 31 y para la ofrenda de la leña en los tiempos señalados y para

las primicias. ¡Acuérdate de mí, Dios mío, para bien!

Termina Nehemías su libro con un Memento mei: “Acuérdate de mí para bien” (zakrali letobah:

5:19; 6:14; 13:14). Dando una mirada retrospectiva, comprueba Nehemías los esfuerzos que ha

llevado a cabo para devolver al templo el antiguo esplendor; las dificultades que tuvo con ocasión

de la reconstrucción de los muros de Jerusalén y todo cuanto hizo para la creación de un

nuevo Estado judío. Al término de sus trabajos, lejos de buscar la gloria y la recompensa humana,

fija su vista al cielo y pide a Dios se acuerde para bien de todo cuanto ha batallado para procurar

su gloria. Con estas palabras desaparece de la historia uno de los más grandes reformadores

del pueblo judío. En toda su administración se muestra hombre sagaz, político, israelita ejemplar,

en quien no hay doblez. De él dice Ecl 49:13: “¿Cómo engrandecer a Nehemías, cuya memoria

es gloriosa, que levantó nuestras ruinas, reedificó nuestras casas arruinadas, puso puertas y cerrojos?”

1 Ant. íud. 11:7:2.

Τοbit.

Introducción.

Título del libro.

Se lo dan sus dos protagonistas. En los LXX, el padre es llamado Tobit, Tobeit; en la V.

1365

Latina, Tobis; al hijo se llama Tobías En los manuscritos de Qumrán, donde se han encontrado

fragmentos del libro, al padre se le conoce por Twby, y al hijo por Twbyh (“Bíblica,” 34 [1953]

417)·

Texto original.

No se admite ya que el libro fuera originariamente escrito en griego. Su autor utilizó una

de las dos lenguas, hebraica o aramaica. Los muchos semitismos que esmaltan el libro, tienden a

probarlo hasta la saciedad. El texto hebreo no fue conocido por Orígenes l ni por San Jerónimo 2,

pero se hallaron tres fragmentos de él en la gruta cuarta de Qumrán, dos en arameo y uno en

hebreo 3. Estos hallazgos no resuelven definitivamente la cuestión de si la lengua original del libro

fue la aramaica o la hebrea.

Traducciones griegas.

Se presentan bajo tres formas:

1) Representada por los códices Β y A. Los dos reproducen el mismo tipo de texto, pero

el último es una revisión del primero. Este texto es llamado también vulgar, y se encuentra en

todos los manuscritos de la misma familia. Se caracteriza por su sobriedad. Se reproduce, con

pocos cambios, en la edición Sixtina, de donde tradujeron Nácar-Colunga.

2) Su mejor representante es el códice Sinaítico. Faltan en él las secciones 4:7-19; 13:8-

11. Su nota especial está en presentar un texto más amplio que el anterior, con tendencia parafrástica.

En la edición Bover-Üantera se toma como base el texto B, al que se le han acoplado de

un modo orgánico las adiciones de S (encerradas entre corchetes) y las de la Vulgata (en letras

cursivas).

3) Existe un tercer grupo de códices griegos minúsculos que a veces siguen a Β y en otras

se apartan de él. Son los principales: Cód.44:107:609. Se trata de una revisión del texto vulgar4.

Resumiendo, el texto griego de Tobías ofrece la nota característica de presentarse bajo dos formas

fundamentales: una corta y otra larga. Modernamente las simpatías van por esta última.

Versión Vetus Latina.

Fundamentalmente se acerca al texto amplio de Sin.; pero existen grandes diferencias entre

los códices de esta versión. En general, puede decirse que la Vetus Latina ocupa un lugar intermedio

entre la corriente breve y la amplia, lo que deja presumir que el traductor tuvo ante su

vista ejemplares griegos representantes de ¡as dos corrientes, decidiéndose por una o por otra según

juzgaba conveniente.

Vulgata.

A instancia de Cromacio de Aquileya y de Heliodoro de Altino tradujo San Jerónimo, en

una noche, el libro de Tobit, que le dictaba en hebreo un rabino que tenía ante su vista un texto

arameo. Parece que San Jerónimo conoció la Vetus Latina. Su versión no es sensum e sensu, sino

libre (PL 29:23).

Textos semíticos.

Se perdió el original aramaico traducido por San Jerónimo, conservándose, en cambio,

otros más recientes, entre los cuales citamos el ArN, descubierto y publicado por Neubauer5, que

1366

se cita en el comentario con las siglas ArN. Es un texto más amplio que el de B; carece de los

capítulos 13-14; en los primeros, al igual que la Vulgata, usa la tercera persona en vez de la primera.

Afín a éste cabe mencionar el texto de Münster=HM, publicado por Sebastián Münster

(Basilea 1542). Tampoco tiene los dos últimos capítulos. Otros textos hebraicos, el de P. Fagius

y M. Gaster (traducciones de un ejemplar griego), no tienen gran importancia. Cabe mencionar,

en cambio, la versión siríaca publicada por LAGARDE 6, notable en la primera parte del libro.

Autor.

No existe una tradición judío-cristiana acerca del autor del libro, ni en el texto se encuentran

indicios suficientes para individualizarlo. Se hace hincapié en las secciones del libro en que

se usa la primera persona en la narración (1:1-6), y en el testimonio de 12:20, para decir que Tobit

y su hijo escribieron su historia. Pero a ello cabe responder que se ignora cuál fue la forma

literaria original de los primeros capítulos de la obra, y en segundo lugar, que no manda el ángel

a padre e hijo que escriban toda la historia, sino que divulguen lo que él ha hecho con ellos. La

forma actual del libro se debe a un judío que vivió después de la cautividad.

Fecha de composición.

El autor escribe después de la cautividad. Considera como un o antiguo la destrucción de

Nínive (14:6-16); los capítulos 13-14 Suponen la destrucción de Judá, de Jerusalén y de su templo.

A estas razones cabe añadir su parecido con la literatura sapiencial: estilo didáctico y parenético,

fórmulas de oración y terminólos que aparecen en los libros de la Sabiduría y Eclesiástico.

La do * trina sobre la retribución revela un avance sobre la retribución puramente material.

Por otra parte, su composición no puede rebajarse hasta el último período de los Macabeos, por

no aparecer en sus páginas ninguna de las preocupaciones político-religiosas de entonces, ya internas,

ya externas. Pudo escribir el libro un judío de la diáspora, quizá de Egipto, hacia los siglos

IV-III o un poco más tarde. Caldos admite que los últimos retoques se hicieron en el siglo II

antes de Cristo; según Schumpp, fue compuesto el libro entre los siglos III-II; antes del siglo II,

dice Clamer; antes de la rebelión macabaica, añade Lods.

¿Tobit libro histórico?

En apariencia, sí; a priori debe retenerse como tal; que no lo sea en todo o en parte, debe

probarse. Los exegetas pueden y deben determinar el género literario del libro.

Los que la sostienen invocan la tradición; el aspecto externo, con sus indicaciones históricas,

geográficas, genealógicas, etc.; la narración en primera persona en los primeros capítulos,

fin del libro, etc. A ello se oponen las dificultades de orden histórico, los milagros y hechos insólitos,

la dependencia del libro de la leyenda de Ahikar.

Se tiende a considerar el libro como novela didáctica con fondo histórico. En él se atiende

más a la doctrina que al hecho histórico. Su finalidad es probar que también en el exilio, fuera de

Palestina, se puede servir a Yahvé. Dios somete a prueba a los justos y recompensa profusamente

a los que la soportan. Pone de relieve la práctica de las obras de misericordia. El autor se

inspira en su composición en los relatos del Génesis, sobre todo en la embajada de Eliezer (Gen

c.24). Como el Génesis, es Tobías un libro de bendiciones, de oraciones, de cánticos de acción

de gracias. En el desarrollo del libro se anotan incongruencias que un autor deseoso de escribir

una historia objetivamente verdadera trata de eliminar. En fin, la disposición del libro sugiere

que el autor ha utilizado y embellecido una tradición, escrita u oral, de un episodio sucedido en

1367

tiempos de la deportación a Asiria. El exegeta no está hoy en trance de discernir en cada caso lo

que pertenece al núcleo histórico.

La “Leyenda de Ahikar.”

Se ha relacionado el libro con diversas piezas literarias de la antigüedad: La esposa desgraciada

10, El muerto agradecido 11, El justo que sufre 12; pero, sobre todo, tiene el libro analogías

con la Leyenda de Ahikar.

La Leyenda de Ahikar es muy antigua; un fragmento ha sido encontrado entre los papiros

árameos de Elefantina, siglo ν antes de Cristo. Bajo diversas formas, se ha conservado en siríaco,

armenio, árabe (adaptación en Las mil y una noches) y en griego (en la Vida de Esopo). Los autores

se dividieron desde el principio en dos bandos: los que negaban a la leyenda todo fundamento

histórico y los que lo defendían. La no historicidad de la leyenda no prueba la no historicidad

de Tobit, y viceversa. La discusión sigue todavía sobre su origen, pagano o judío; autor,

lengua original, lugar de composición, etc. En cuanto a sus relaciones con el libro de Tobit, prevalece

hoy la opinión de que Ahikar es anterior, máxime después del hallazgo de fragmentos en

Elefantina, que, según algunos, son transcripción de un texto del siglo VI antes de Cristo 13.

Terminamos diciendo que entre ambos libros hay mezcla de elemento narrativo y didáctico,

prevaleciendo el primero en Tobit y el segundo en Ahikar. Esto nos lleva a la conclusión, dice

Vaccari, de que ambos libros pertenecen al mismo género literario de novela moral con

fondo histórico 14, cuyo juicio comparten la casi totalidad de autores católicos actuales. El carisma

inspirativo es compatible con el uso de fuentes en cuyo manejo el autor sagrado fue ayudado

por el soplo de la divina inspiración, que le hacía inmune de todo error al escoger y elegir

sus fuentes de información 15.

Doctrina religiosa.

Como hemos dicho, el libro tiene una finalidad preferentemente didáctica. En el libro se

contienen doctrinas preciosas acerca de Dios, de los ángeles y demonología. Enseña además

cómo debe vivir el justo para agradar a Dios.

El fin religioso primario del libro es poner de manifiesto la providencia de Dios para los

que le sirven. Pueden los justos experimentar temporalmente grandes calamidades, psíquicas y

materiales; pero Dios les devolverá, tarde o temprano, el bienestar, ya que las desgracias son solamente

pruebas que les manda Dios para acrisolar su virtud. La providencia de Dios se manifiesta

sobre Tobit, el varón que “caminó por las sendas de la verdad y de la justicia todos los días

de su vida” (1:3), sobre su familia. Dios escucha la oración de Tobit y de Sara y acude prontamente

en su auxilio enviándoles un ángel, que llevará el bienestar y la alegría a las dos familias.

Mención especial merece la doctrina del libro sobre la angelo-logia. Para poner término a

los males de Tobit y Sara, mandó Dios a Rafael para que los curara (12:14). En el viaje señaló al

joven Tobías la virtud de la hiél y del hígado; aquélla era remedio eficaz contra la enfermedad de

los ojos que padecía su padre; el hígado y el corazón del pez, puestos sobre las brasas, tendrían la

virtud de paralizar a Asmodeo, el maligno demonio. Finalmente, Rafael se presenta a Tobit como

ángel mediador, que le asistía “cuando enterraba a los muertos.” Uno de sus oficios era presentar

el mne-mosynon (Act 10:4; Apoc 8:3) de sus oraciones delante de la gloria del Señor. Es la primera

vez que se habla en el Antiguo Testamento de la categoría especial de los siete ángeles; en

el Apocalipsis (8:2) se mencionan de nuevo. El nombre de tres consta en la Biblia: Miguel (Dan

10:13-21; 12:1; Tes 4:16; Jue 9; Apoc 12:7), Gabriel (Dan 8:16; 9:21; Lc 1:19) y Rafael (Tob

3:17; 12:15); los de los otros provienen del libro IV de Esdras y de Henoc 16.

1368

Hemos hablado de que una de las misiones de Rafael era la de “paralizar a Asmodeo”

(3:17). En la antigüedad 17 se hacían fumigaciones provocando olores nauseabundos para ahuyentar

a los demonios. Esto mismo hizo Tobías por indicación del ángel. En su parte esencial

vemos que la acción del Asmodeo conviene al papel de Satanás. Como en el Nuevo Testamento,

se confirma la realidad de los espíritus demoníacos, enemigos de Dios y de los hombres, cuya

acción nefasta, sin embargo, está bajo el control de la Providencia divina 18.

Canonicidad.

Falta el libro en el canon judío de Palestina. Las dudas existentes en el judaismo contra la

inspiración del mismo determinaron el poco respeto de los traductores por el texto original, de

donde se ha originado gran variedad en la tradición textual. San Jerónimo, influido por ambientes

rabínicos, lo consideró como un libro edificante (PL 29:23-24). En la literatura patrística se encuentran

infinidad de citas y alusiones al libro de Tobit (Priero, Clamer).

1 Epist. ad Afric.: PG u,8o.

2 Praef. in Tobit: PL 29:23.

3 J. M. Milik, Dieci Anni di scoperte nel deserto di Giudá (Turín 1957 23. ·>

4 A. Rahlfs, Verzeichnis der Griechische Handschriften des A. Testamentes (Berlín I9H>

5 ThcBook of Tobit. A Chaldee text (Oxford 1878).

6 Libri Veteris Testamenti apocryphi syriace (Leipzig 1861),

7 “Documentos Bíblicos” (Madrid 1955) 265-266,

8 “Bíblica,” 27 (1946) 140.

9 La índole literaria del libro de Tobit: “Sefarad,” 7 (i947) 381-382.

10 Neubauer, Le Midrasch Tanhwna: “Revue des Études Juives,” 8 (1886) 224-238.

11 Sieger, Das Buch Tobías und das Marchen vom dankbaren Toten: “Katholik,” 29 (1904)

12 Revue Biblique,” 59 (1952) 239-250.

13 F. ÑAU, Histoire et sagesse d'Ahikar, l'Assyrien (París 1909).

14 La Sacra Bibbia 233.

15 Humani generis: “Documentos Bíblicos,” 601.

16 J. Bonsirven, Judaísme Palestinien (París 1935) 234-235.

17 F. Lexa, La magie dans l'Egypte antigüe I (París 1925) 104.

18 R. Pautrel-M. Lefévre, Trois textes de Tobie sur Raphaél: “Recherches de Science Religieusc” (Mélanges

Lebreton) 39 (1951) 115-124; M. Lefévre, Ange oubéte?: (Desclée de Brouwer 1948) 13-27. En uno

y otro trabajo se encuentra una discreta bii grafía.

Ascendencia de Tobit (1:1-2).

1 Historia de Tobit, hijo de Tobiel, hijo de Ananiel, hijo de Aduel, hijo de Gabael, de

la familia de Asiel, de la tribu de Neftalí, 2 que fue llevado cautivo en tiempo de

Enemesar, rey de los asirios, y era natural de Tisbe, que está a la derecha de Cades

de Neftalí, en Galilea, por encima de Hasor.

Se indican en el título del libro la genealogía del personaje protagonista de la historia y la patria

del mismo (1 Sam 1:1; 9:1; Jdt 8:1; 1 Mac c.21). La expresión griega, de sabor hebraico, biblos

logon, libro de palabras, líber sermonum, equivale a decir: Tratado de los dichos y hechos de

Tobías (1 Re 11:41; 14:19.29; Neh 12:23), o simplemente: Historia de Tobías. Todos los nombres

que entran en la genealogía de Tobit son teóforos, con significación simbólica, lo que no

deja de ser sorprendente. En algunos textos, a esta genealogía se añaden los nombres de Rafael y

1369

Ragüel (Sin.). Con esta genealogía se hace resaltar la ascendencia gloriosa de nuestro héroe.

La mención de Enemesar ofrece cierta dificultad. Sabemos que los reyes de Asiría se sucedieron

por este orden: Teglatfalasar III (745-727), Salmanasar V (727-722), Sargón (722-705),

Senaquerib (705-681), Asaradón (681-669). La deportación de Tobit a Asina tuvo lugar, o bien

en 732, bajo el reinado de Teglatfalasar, del cual su hijo Salmanasar era jefe de operaciones en

occidente, o en 721 ocupando el trono asirio el rey Sargón (722-705). Pero, dado el casó de que

no existe ningún soberano asirio que lleve el nombre de Enemesar, ¿cómo se explica la presencia

del mismo en el texto del libro de Tobías? Con este nombre, ¿se quiere designar a Salmanasar o

a Sargón? Divergen los autores al dar una respuesta a estas preguntas. Para algunos, la presencia

de Enemesar en los textos griegos en vez de Salmanasar se explica por un error de lectura y escritura,

por confusión y substitución de letras iniciales (Clamer, Stummer, Vaccari, Schumpp).

Otros creen que Enemesar quiere designar al rey Sargón. En realidad, parece que más que de

personas es cuestión de nombres. Es cierto que el personaje es Sargón, pero deben explicarse las

variantes y mutaciones del nombre en los diversos textos (Priero).

Indica el texto que Tobit fue arrancado de Tisbe y llevado cautivo a Asiría. El texto griego

no señala precisamente el lugar de la patria de Tobit, sino más bien la localidad desde donde

salió para su cautiverio. Todos los textos convienen en afirmar que la localidad pertenecía a la

tribu de Neftalí, en Galilea (Superior, añaden S y Vulgata).

Desgracias de Tobit y Sara (1:3-3:17).

Vida ejemplar de Tobit (1:3).

3 Yo, Tobit, caminé por las sendas de la verdad y de la justicia todos los días de mi

vida, haciendo muchas limosnas a mis hermanos, los de mi nación, que conmigo

habían sido llevados a tierra de los asirios, a Nínive.

Desde el principio, la Vulgata emplea en la narración la tercera persona, mientras que las versiones

griegas hasta el c.3 v.7 ponen el texto en boca de Tobit. El autor sagrado tiene interés en

hacer resaltar que la vida de Tobit se caracterizó por la fidelidad a la ley divina y por su caridad

hacia el prójimo. Durante toda su vida caminó Tobit por la senda de la verdad, que es la ley y el

temor de Dios (Sal 119:30; 2 Pe 2:2). En el texto original se encuentran tres términos que no pocas

veces tienen un significado sinónimo: verdad (alézeia), justicia (dikaiosyne; 4:6) y limosna

(eleemosyne). En pocas palabras da el texto un fiel retrato de la personalidad moral de Tobit. Su

múltiple acción bienhechora se ejercía en favor de sus hermanos compatriotas deportados como

él a Nínive, ciudad que más tarde, bajo Senaquerib (705-681), debía convertirse oficia mente en

capital de Asina. En este capítulo (1:10-15) se supone que ya en tiempos de Salmanasar y de

Sargón era Nínive la capital de Asiría. Podía serlo de hecho, pero oficialmente no.

Fidelidad de Tobit en un ambiente de apostasía (1:4-5).

4 Siendo yo joven, vivía en mi patria, en la tierra de Israel, y toda la tribu de Neftalí,

mi padre, se había apartado del templo de Jerusalén, de la ciudad elegida entre todas

las tribus de Israel para ofrecer sacrificios y ser morada del Altísimo, santificada

por todas las generaciones. 5 Todas las tribus, que a una habían apostatado, sacrificaban

a Baal, al becerro, y asimismo la casa de Neftalí, mi padre.

1370

Siendo todavía joven, demostró Tobit su fidelidad a la casa de David (Sin., VL) y hacia el templo

de Jerusalén. Esta conducta del joven Tobit es tanto más de admirar cuanto que la mayoría de sus

hermanos de tribu habían apostatado del culto verdadero y se habían rebelado contra Jerusalén,

la ciudad elegida entre todas las tribus de Israel para ofrecer allí sacrificios por ser la morada del

Altísimo. No sólo la tribu de Neftalí, sino todas las tribus del Norte habían apostatado, sacrificando

a Baal en vez de adorar al verdadero Dios en su único santuario legítimo de Jerusalén. La

apostasía fue general, no total, pues un pequeño núcleo de fieles resistieron al mal ejemplo y se

aventuraban a hacer las visitas reglamentarias al templo de Jerusalén (5:14). El texto alude al

cisma político-religioso perpetrado por Jeroboam I (1 Re 12:16-14:20). Con el fin de poner de

relieve la conducta de Tobit, se menciona en los primeros dos capítulos la apostasía de la tribu de

Neftalí, a la cual pertenecía aquél. La expresión Neftalí, mi padre, debe entenderse en el sentido

de antepasado.

Fidelidad de Tobit a los deberes para con el santuario de Jerusalén (1:6-8).

6 Yo iba, las más veces solo, a Jerusalén durante las fiestas, según está mandado a

todo Israel por precepto eterno, y llevaba las primicias y los diezmos de las cosechas

y las primicias del esquileo, 7 y los entregaba a los sacerdotes, hijos de Aarón, en el

altar. El diezmo de todas las cosas se lo entregaba yo a los hijos de Levi que sirven

en Jerusalén; el segundo diezmo lo vendía e iba y lo gastaba en Jerusalén cada año;

8 y el tercero lo daba a quienes correspondía, según que me había recomendado la

madre de mi padre, Débora, pues yo era huérfano de padre.

Dice el texto que Tobit, en las peregrinaciones que a menudo nacía a Jerusalén, iba solo (monos),

lo que debe interpretarse en sentido amplio, como da a entender 5:14. Las tres solemnidades a las

cuales tenía obligación de asistir todo varón israelita eran Pascua, Pentecostés y fiesta de los

Tabernáculos. Con ocasión de estas risitas periódicas a la Ciudad Santa, llevaba Tobit las primicias,

es diezmos de todos los productos y el primer esquileo, que entregaba a los sacerdotes.

Mandaba la Ley que los israelitas no se presentaran ante Yahvé con las manos vacías, sin llevar

las primicias de los frutos del suelo (Ex 23:15). En general, todas las primicias pertenecían a

Yahvé (Lev 23:19; 27:26; 34:36; Deut 12:6), y eran consignadas en manos de los sacerdotes,

quienes las ofrecían con una ceremonia que consistía en la elevación (teruma) y agitación (tenufa)

de las ofrendas1.

En el fondo de esta observancia tan escrupulosa de las primicias y diezmos, está, además

de su fidelidad a la ley mosaica, la educación esmerada que recibió Tobit de parte de Débora,

madre de su padre, es decir, madre de Tobiel, la cual corrió con la educación del niño después de

la muerte de su padre. La mención de Débora Que 4:4) en este texto obedece al designio del autor

sagrado de poner de relieve la buena índole de Tobit.

Fiel observancia de las leyes concernientes al matrimonio (1:9).

9 Hombre ya, tomé por mujer a Ana, del linaje de nuestro padre, y de ella tuve a

Tobías.

No sólo se abstuvo Tobit de tomar por esposas a mujeres extranjeras, lo que prohibía la Ley (Deut

34:15; Esd 9:1), sino que se obligó a tomar a una mujer de su mismo linaje, lo cual, aunque no

se exigía por la Ley, se consideraba como más conforme al ejemplo de los patriarcas (Gen

24:4-37-38; 28:2-9; 29:19). No indica el texto la edad de Tobit en el momento de contraer ma1371

trimonio; con una fórmula vaga, dice el texto latino: Cum factus esset vir (anér), lo que da a entender

que contaba unos veinte años cumplidos. Era éste el término a quo para poder contraer

matrimonio (Ex 30:14; Deut 20:7; 24:5). De él tuvo un hijo, al que llamó Tobías. Todos los textos,

excepto la Vulgata, están acordes en llamar Tobit al padre y Tobías al hijo, ejemplo que seguiremos

nosotros.

Observancia de la ley referente a los manjares (1:10-14).

10 Cuando fuimos llevados cautivos a Nínive, todos mis hermanos y los de mi linaje

comían de los manjares de los gentiles; 11 pero yo me abstenía de comerlos,12 porque

con toda mi alma me acordaba de Dios. 13 Dióme el Altísimo favor y gracia ante

Enemesar, que me hizo su proveedor, 14 y, viajando por la Media, presté a Gabael,

hermano de Cabrias, en Ragúes de Media, diez talentos de plata.

Sus compatriotas y con nacionales en el exilio comían sin reparo de los manjares de los gentiles,

que la Ley prohibía terminantemente a los israelitas. No podían comer carnes de animales impuros

(Lev 2:23; Deut 14:3-21) o que hubieran sido ofrecidos a los ídolos (Ex 34:15; Act 15:29;

21:25; 1 Cor 10:28), o comer la carne con su sangre (Gen 9:4; Lev 17:10-12; Deut 12:23-25).

Dice el texto que todos sus hermanos comían de los manjares de los gentiles, lo que es una exageración,

como 1:4-5.

Dios premió la fidelidad de Tobit haciendo que encontrara favor y gracia delante de

Enemesar, el cual, en señal de benevolencia y confianza, le nombró proveedor suyo, cargo que,

según Sin y Vet. Latina, conservó hasta la muerte del rey. Este nombramiento real permitió a

Tobit gran libertad de movimientos por todo el territorio asirio. En uno de sus viajes llegó hasta

Ragúes de Media, en dónele residía una familia (su hermano, dice el texto) de su misma tribu.

Según 2 Re 17:6, Salmanasar llevó cautivos a los habitantes de Samaría y a algunos les “hizo

habitar en las ciudades de la Media.” En Ragúes — en los clásicos, Ragai; Ragau, según Judit

1:6; en antiguo persiano, Raga —, edificada en el lugar de las ruinas de Rai, a 13 kilómetros al

sudeste de Teherán, vivía un cierto Gabael (véase v.1), hermano de Gabrías (Vet. Lat., HM: “su

hermano”; 4:20: “hijo de Gabrías”), a quien Tobit prestó diez talentos de plata. Cabe la suposición

de que Tobit prestó aquel dinero con el fin de solucionar una necesidad económica de su

pariente, como deja suponer el texto de la Vulgata al decir que se lo entregó sub chirographo;

pero el texto y el contexto se refieren más bien a una cantidad que dejó allí en depósito. Este es

el sentido del verbo griego paratízemi (1:14; 4:1-20). En 9:5 se dice que Rafael se hospedó en

casa de Gabael, “a quien dio el recibo,” y que “Gabael trajo los talegos sellados.”

Caridad de Tobit hacia sus hermanos exilados (1:15-18).

15 Muerto Enemesar, le sucedió Senaquerib, su hijo. Los caminos se hicieron inseguros,

y ya no pude volver a la Media. 16 En los días de Enemesar hacía yo muchas limosnas

a mis hermanos, 17 dando pan a los hambrientos y vistiendo a los desnudos;

y si veía muerto a alguno de mi linaje, arrojado junto a los muros de Nínive, le daba

sepultura.18 Si el rey Senaquerib m ataba a alguno, luego que volvió huido de Judea,

yo en secreto lo enterraba. En su furor mató a muchos, cuyos cadá-vexes buscaba

luego él, y no los hallaba.

Con la muerte de Enemesar (¿Salmanasar? ¿Sargón?) y el advenimiento al trono de Senaquerib

cambió la situación privilegiada de que gozaba Tobit. Con Senaquerib perdió el cargo de pro1372

veedor de la real casa, lo que coartaba su libertad de movimientos. En el nuevo paznorama

político diósele ocasión de ejercitar la obra de misericordia, de sepultar los cadáveres de sus

compatriotas arrojados en una fosa común, junto a los muros de Nínive, para ser pasto de los perros

y aves de rapiña (Jer 8:1; 14:16; 29:19). Es la primera vez que en la Biblia se considera como

obra de misericordia el dar sepultura a los muertos (2 Sam 2:4-7). Con el fin de asegurar el

honor y el descanso del alma de los muertos (2 Sam 21:10; 1 Re 14:11; Is 14:19), era costumbre

que, en caso de que los familiares del muerto no pudieran cumplir con este deber, realizaran este

acto de misericordia individuos de la misma tribu (1 Sam 31:11; 2 Sam 2:4; Ez 39:13; Ecl 7:331;

38:16).

Tobit, perseguido por el rey (1:19-20).

19 Pero un ninivita hizo saber al rey que era yo el que los enterraba, y entonces tuve

que ocultarme; y sabiendo que me buscaba para darme muerte, temeroso, huí. 20

Fui despojado de todos mis bienes, no dejándome nada sino a Ana, mi mujer, y a

Tobías, mi hijo.

Era costumbre denegar la sepultura a los cadáveres de los condenados a muerte, con el fin de que

su espíritu no hallara reposo. Senaquerib comprobó que los cadáveres de los judíos que él había

hecho matar, desaparecían. Un ninivita hizo saber al rey que era Tobit quien los enterraba. Al

enterarse Tobit de la denuncia, continuó practicando la piadosa obra con más cautela y a escondidas.

Pero pronto se enteró que el rey le buscaba para matarle, por lo cual, temiendo, buscó refugio

en otra parte.

Muerte de Senaquerib y Reinado de Saquerdón (1:21-22).

21 No eran pasados cincuenta días, y le mataron dos de sus hijos, que huyeron a los

montes de Ararat, y le sucedió Saquer-dón, su hijo, el cual puso a Ahikar, el hijo de

mi hermano Anací, al frente de toda la contabilidad administrativa del reino.

No habían transcurrido cincuenta días (Sin., cuarenta; A, Vet. Lat., Vulg., cuarenta y cinco),

cuando Senaquerib fue muerto por dos de sus hijos, Adramelec y Sarasar (2 Re 19:37). Que

huyeron a los montes de Ararat. Tomó las riendas del gobierno su hijo Saquerdón, que puso a

Ahikar al frente de toda la contabilidad administrativa del reino. El intervalo de cincuenta días de

que habla el texto Β debe contarse a partir del día en que Tobit vióse obligado a huir de Ninive 2.

22 Ahikar me alcanzó el perdón y pude volver a Nínive. Era Ahikar, mi sobrino, copero,

guardasellos, administrador y contador, y Saquerdón le había hecho su primer

ministro.

La subida de Saquerdón al trono trajo un clima más propicio a los israelitas en el exilio. Tobit

pudo salir de su escondite, perc no le fueron restituidos sus bienes. En favor de Tobit intervín un

misterioso personaje, llamado Ahikar, sobrino de Tobit, que estaba al frente de la administración

del reino.

Convienen los diversos textos en afirmar que Ahikar fue ministro de Saquerdón y que intercedió

por Tobit para obtenerle el perdón del rey. Pero es difícil imaginar que, dado lo elevado

de su cargo, no consiguiera que le fueran devueltos los bienes a su pariente. Mientras estuvo en

1373

Nínive, cuidaba él de proveerle; pero, al partir para Elimaida, se encontró Tobit en la indigencia,

hasta el punto de que su mujer Ana se vio obligada a servir.

Tobit reanuda sus obras de misericordia (2:1-9).

1 Al volver a mi casa me fueron devueltos Ana, mi mujer, y Tobías, mi hijo. Era por

la fiesta de Pentecostés, la fiesta santa de las siete semanas; y habiéndome sido preparado

un banquete, me recosté para comer. 2 Al ver tantos manjares, dije a mi

hijo: “Vete y trae al primer necesitado que encuentres de nuestros hermanos, que

me recuerde al Señor; yo espero por ti.” 3 Cuando volvió, dijo: “Padre, uno de nuestro

linaje yace en la plaza estrangulado.” 4 En seguida, sin probar bocado, me lancé

a la calle, le tomé y le metí en una habitación hasta que se puso el sol. 5 Vuelto a casa,

me lavé y comí con tristeza, 6 porque me vino a la memoria la profecía de Amos:

“Vuestras fiestas se convertirán en duelo, y vuestras alegrías, en lamentaciones.” 7

Lloré, y en poniéndose el sol fui a cavar una hoya en que sepultar el cadáver. 8 Los

vecinos se reían de mí, diciendo: “Aún no ha escarmentado; ya tuvo que huir por

eso, y ahora vuelve a enterrar a los muertos.” 9 Aquella misma noche, cuando acabé

de darle sepultura, aun antes de purificarme, me dormí en el atrio junto al muro,

quedando con el rostro descubierto.

Sobre el fondo general del cuadro histórico trazado en el capítulo I, en el cual se sigue un orden

pragmático más que cronológico, desenvuelve el autor sagrado el drama que la divina Providencia

dispuso en torno a la persona de Tobit. Trátase de algunos episodios particulares, que ponen

en evidencia la virtud de Tobit y la Providencia divina, que no le abandona en medio de sus tribulaciones.

Como prueba de que el autor no sigue un orden estrictamente cronológico, tenemos

el hecho de que en la narración de 2:4-5 se describe una situación histórica que corresponde al

reinado de Senaquerib. Para celebrar Tobit su regreso a casa y el encuentro con su mujer e hijo,

dispuso un gran banquete. Al mismo tiempo que celebraba su rehabilitación, quiso Tobit solemnizar

la fiesta de Pentecostés (nuestra fiesta, dice el cód. Sin.), llamada también de las Semanas

(Deut 16:10; 2 Crón 8:13). La fastuosidad del banquete da a entender que tuvo lugar en los días

en que gozaba Tobit de una situación económica desahogada, antes de la confiscación de sus

bienes (1:20). Por otra parte, el episodio del judío muerto violentamente y abandonado en la plaza,

o lugar público, recuerda los días de persecución de Senaquerib. No dice 1 texto que Tobit

escondiera el cadáver en su casa, con lo cual se hubiera contaminado (Lev 11:32-35; Núm

19:14), sino en una casucha (oikema, B; oikídion, Sin.), o local vecino al lugar donde yacía el

muerto. Esperó a sepultarlo una vez puesto el sol, para no quebrantar el reposo del día de Pentecostés.

Vuelto a su casa, se lavó sus manos y comió con tristeza de los manjares preparados en

un ambiente de alegría, por recordar las palabras de Amos (8:10) cuyo mensaje se reproduce libremente.

La grande prueba (2:10).

10 No sabía yo que había pájaros en el muro, y, teniendo los ojos abiertos, los pájaros

dejaron caer en mis ojos su estiércol caliente, que me produjo en ellos unas manchas

blancas que los médicos no fueron capaces de curar. Por este tiempo, Ahikar proveía

a mi sustento, hasta que partió para Elimaida.

Esta prueba de Tobit constituye el punto álgido de la composición literaria de esta primera parte

1374

del libro (Miller). A las penalidades que tuvo que sufrir de parte de los gobernantes y de los que

se mofaban de sus obras de caridad, se añade la pérdida de la vista, con la consiguiente imposibilidad

de atender a la manutención de su familia y de consagrarse, como hasta entonces, al servicio

de los menesterosos.Era el día de Pentecostés por la noche. Habiendo dado sepultura a un

muerto, Tobit quedóse a dormir en el patio para no contaminar su casa (Núm 19:22). Otro motivo

de haberse quedado en el patio fue a causa del calor sofocante, como sugiere el otro detalle de

que, en contra de la costumbre general entre los orientales, durmiera con el rostro descubierto.

Ignoraba Tobit que en lo alto del muro junto al cual habíase acurrucado, bajo el alero del tejado,

había pájaros (strouzia, golondrinas según la Vulgata). Sucedió que, “teniendo los ojos abiertos

(detalle exclusivo de B), los pájaros dejaron caer sobre mis ojos su estiércol caliente, que me

produjo en ellos unas manchas blancas” (leukomata). El contacto de los excrementos cargados de

sales amoniacales, dice Vaccari, determinaron la formación de escamas o manchas blancas en la

córnea del ojo, opacándola (11:12) y causando de este modo la ceguera.

Tobit considera esta circunstancia como la primera causa que contribuyó a la pérdida total

de la vista. Pero, según el texto, la ceguera no se produjo instantáneamente. Los excrementos

mancharon sus ojos, y, como consecuencia, notó Tobit fuerte irritación en los mismos, que fue

en aumento a pesar de las curas de los médicos. Según otra versión, fueron los médicos los que,

con sus intervenciones, agravaron el estado del ojo. Con el tiempo sobrevino la grave enfermedad

que terminó con la ceguera total. Aquélla se manifestó por unas manchas blancas (albugo,

leukoma, macula cornea)” terminando por la ceguera, que Tobit sufrió por espacio de cuatro

años.

El texto Sin. hace notar que la desgracia de Tobit entristecio a todos sus compatriotas.

Movido a compasión Ahikar, proveyó a su mantenimiento por espacio de dos años, hasta que

partió para Elitnaida (1:6). Se halla esta región, con Susa por capital, entre el Tigris, las orillas

del mar Pérsico y el límite sudeste de la meseta del Irán 1.

Penuria extrema y burlas de su mujer (2:11-14).

11 Entonces Ana, mi mujer, se ocupaba de su casa en trabajos femeniles 12 y llevaba

su labor a los amos. Estos, al pagarle una vez su salario, le regalaron un cabrito. 13

Cuando volvio a casa. yo le dije: “¿De dónde viene ese cabrito? ¿No será robado?

Devuélvelo a los amos, que no es lícito comer cosa robada,” 14 Ella me contestó: “Es

un regalo que han agregado a mi salario.” Pero yo no la creía, y la instaba a que lo

devolviese a los amos, enojado contra ella. Mas me replicó: “¿Dónde están tus limosnas

y tus buenas obras? Ya lo ves ahora.”

La situación económica de Tobit llegó a tal extremo, que su mujer Ana vióse obligada a trabajar

en un lanificio para recibir un sueldo. Ana entregaba sus labores, por las cuales recibía el precio

de su trabajo. Cierto día le regalaron también un cabrito. Nuestro texto no indica si Ana trabajaba

en casa o fuera de ella; únicamente hace notar que, una vez terminada el trabajo, la mandaba a

sus clientes. Tampoco se deduce claro si el cabrito le fue entregado como sueldo normal de su

trabajo o como regalo.

Al oír Tobit los balidos del cabrito, sospechó que el animal había llegado a su casa o por

extravío o por robo. Descartaba la suposición de que su mujer hubiera podido comprarlo. En ambas

hipótesis, el animal debía restituirse a su dueño (Ex 23:4; Deut 22:1-3). No obstante las explicaciones

de Ana justificando la procedencia del cabrito, Tobit no le daba crédito, acaso por

constarle la conciencia poco escrupulosa de su mujer (5:18; 10:4), en contraste con su modo rec1375

to de proceder. En la discusión, Ana se refiere a la concepción corriente entonces de que las desgracias

son castigo del pecado. Con ello hiere en lo más íntimo a su marido, porque detrás de sus

palabras se esconde la sospecha de que es él un pecador y de que sus buenas obras son pura

hipocresía. Es manifiesto el parecido de la mujer de Tobit con la de Job; ambas, con sus impertinencias,

contribuyeron a agrandar los sufrimientos de sus respectivos maridos, tan duramente

probados por Dios.

Plegaría de Tobit (3:1-6).

1 Yo me entristecí y lloré, y con dolor me puse a orar, diciendo: 2 “Justo eres, Señor,

y justas todas tus obras; todos tus caminos son misericordia y verdad; juzgas siempre

según verdad y justicia. 3 Muéstrate a mí y para en mí tus ojos. No me castigues

por mis pecados, ni por mis ignorancias, ni por las que mis padres cometieron 4

Porque ellos desoyeron tus preceptos, [contra ti. tú nos has entregado en botín al

cautiverio y a la muerte, objeto de escarnio para todas las naciones entre las que

hemos sido dispersados. 5 Muchos son tus juicios y verdaderos, para que vayas a

tomar venganza por mis pecados y los de mis padres; porque ni cumplimos tus preceptos

ni caminamos sinceramente delante de ti. 6 Ea, pues, haz conmigo según tu

beneplácito. Quítame el aliento de vida, para que muera y me convierta en polvo;

porque más prefiero morir que vivir, pues he oído ultrajes mentirosos y una gran

tristeza se apodera de mí Haz que sea yo libertado de esta angustia para ir al eterno

lugar. No apartes tu rostro de mí.”

Las palabras de Ana contristaron a Tobit hasta hacerle derramar lágrimas. A las persecuciones de

parte de los gentiles, a las risas burlonas de sus con nacionales, se juntaban ahora las palabras

injuriosas de su mujer, que le “habló como una mujer necia” (Job 2:10). En tales circunstancias,

su pensamiento se vuelve al Señor. En la plegaria habla Tobit de la justicia y misericordia divinas;

ruega al Señor que no le trate según su justicia (3-5), sino según su misericordia, pidiéndole

que ponga fin a su vida, llena de penalidades. Con la muerte iría al “eterno lugar.” En el texto no

se presenta el “lugar eterno” como una morada oscura, sombría y espantosa, sino como lugar de

reposo y de tregua de las penalidades de la vida. Esta concepción de la vida de ultratumba es superior

a la de otros pasajes bíblicos más antiguos, y algunos autores católicos ven en el texto

aquella confianza, seguridad y paz que se respira en el libro de la Sabiduría (Miller).

La prueba de Sara (3:7-8).

7 Aquel mismo día aconteció en Ecbatana de Media que Sara, hija de Ragüel, fue insultada

por las esclavas de su padre, 8 porque, habiendo sido dada en matrimonio a

siete maridos, el maligno demonio Asmodeo les había dado muerte antes que con

ella hubieran tenido vida conyugal, y le decían: “¿No estás loca tú, que ahogas a tus

maridos? Siete has tenido ya, y de ninguno de ellos has gozado.”

El autor sagrado ha diseñado en esta perícopa (3:7-17) un cuadro concebido en estrecha relación

con 2:1-3:6. Los acontecimientos que se narran en ambos cuadros son contemporáneos, y entre

ellos se dibuja una manifiesta analogía y paralelismo. Simultáneamente, en el mismo día, dicen

Β y Vulgata, una dura prueba alcanzó a los dos protagonistas: a Tobit en Ninive (2:29) y a Sara

en Ecbatana (3:7); en el mismo tiempo (Sin.) ambos, en su dolor encuden a Dios la oración del

1376

uno y de la otra fue escuchada al mismo tiempo (Sin.3:16), y en la misma hora en que se volvía

Tobit y entraba en su casa, bajaba Sara del piso alto de la suya” (3:17). A Tobit le persiguió un

monarca asirio; a Sara, el demonio Asmodeo; de aquél se mofaban sus compatriotas y su mujer;

de Sara, las sirvientas o esclavas de su padre. Las desgracias que acaecieron a ambos no eran

consecuencia de sus pecados, porque los dos eran justos, sino resultado de una prueba a la cual

Dios les sujetó para acrisolar su virtud. Dios premia su resignación en el sufrimiento devolviendo

a uno las riquezas y la vista, y a la otra premiándola con un matrimonio feliz. Los males que

aquejaron a Tobit acontecieron por su piedad y amor hacia sus compatriotas; los de Sara contrastan

con su buena conducta. Tobías y Sara son hijos únicos, y la presente narración pone de relieve

la Providencia divina, que destinaba el uno para el otro. Junto a estas analogías, existen algunas

divergencias, pues es distinto el estado de ánimo de Tobit y Sara y la ocasión de los sufrimientos

de ambos. Estas analogías entre la situación de Tobit y la de Sara revelan que el autor ha

dispuesto la narración artificiosamente.

Vanos intentos de matrimonio (3:9).

9 “¿Por qué nos azotas? Ya que ellos murieron, vete tú con ellos y que no veamos

jamás hijo o hija tuya.”

Sara era hija única. Para perpetuar la descendencia de su padre fue dada en matrimonio a siete

jóvenes, que murieron antes que llevaran con ella vida conyugal. Lo extraordinario del caso dio

pie a que se esparciera entre el vulgo el rumor de que todos ellos fueron muertos por el demonio

Asmodeo. Probablemente, los pretendtendientes eran judíos, que iniciaron su vida de matrimonio

con la bendición de Dios, al que invocaron con la oración (6:17), Pero la razón principal que deja

traslucir el libro, es que ellos no reunían las condiciones que exigía la Ley para desposar a una

hija única (6:12-18; 8:17), sobre la cual sólo Tobías tenía derecho (3:15; 6:12-18; 7:1 o). Según

la Vulgata, los pretendientes murieron en la primera noche de la boda: “mox ut ingressi fuissent

ad eam”; sin embargo, los textos Β y Sin señalan que ellos murieron de improviso (3:15; 6:14;

7:11; 8:10), antes que tuvieran con ella relaciones sexuales, sin ulterior determinación de tiempo.

La muerte extraña de los esposos fue muy comentada e interpretada diversamente. Las criadas

(una criada según la Vulg.) acusaban a Sara de que ahogaba a sus maridos.

1 O. Eissfeld, Erstlingen und Zehnten im Alten Testament (Leipzig 1917); A. Vincent, Les rites de balancement

(tenouphah) et de prélévement (teroumah) dans le sacrifice de Commu-ηίοη de Γ A· T.r “Melantes

Syriens offerts a M. D, Dussaud,” I (París 1939) 267-272.

2 L. Spmkowski, De marte Sennacherib: “Miscellanea Bíblica,” 3 (1934) 148-160.

1 Dhofme, Elam: DBS 920-962.

El demonio asmodeo.

En el v.8 se atribuye la muerte de los varios maridos de Sara a la acción del demonio

Asmodeo. Únicamente en este lugar y en 3:17 se especifica el nombre de este ser diabólico que

concurrió, involuntariamente, a la realización de los designios de Dios. En las diversas redaciones

este demonio es llamado “el perveso”; “el rey de los demonios”; (HM), “demonio de la impureza”

(akázarton). Muchos autores creen que Asmodeo, tanto por el como por su naturaleza y

actividad, corresponde al Aeschma daeva de los antiguos persas. El Asmodeo bíblico no parece

que deba considerarse como procedente de la mitología iraniana. En el supuesto que así fuera, no

podría, sin embargo, concluirse que la demonología judía fuera de origen iránico. La única con1377

clusión que pudiera deducirse es que tenemos aquí un rasgo, que podríamos llamar de color local,

en el sentido de que los acontecimientos del libro de Tobías se desarrollaron en Persia 1. El

nombre de Asmodeo puede ser de origen semítico y derivar del verbo hebraico shamad (Hifil),

destruir, arruinar, de donde los nombres derivados: Ashmodai, Ashmedon, que se encuentran en

la literatura rabínica y talmúdica 2. En este supuesto, el Asmodeo del libro de Tobías correspondería

al ángel destructor de que se habla en otros textos bíblicos o al Satán intrigante y enemigo

de la felicidad (2 Sam 24:16; Sab 18:25; Apoc 9:11; 1 Crón 21:1; 1 Re 22:20), y estaría en oposición

con Rafael, el ángel cuya misión es curar los males de Sara y llevar la felicidad a las familias

3.

Las sirvientas no culpan al demonio de la muerte de los maridos, sino a Sara (3:8). Esta y

sus padres comprueban el hecho de la muerte de los maridos, pero no lo achacan al demonio

(3:15; 7:11; 8:10); tampoco se hace mención del demonio en la plegaria de Sara (3:11-15) ni en

la de su padre (8:15-17) y de Tobías (8:8-7). Únicamente el pueblo atribuye al demonio aquellas

muertes. Tobías recoge el rumor popular de que el demonio ama a Sara y que, por lo mismo, mata

a todos los que trataban de acercarse a ella (6:14-15).

En todos los pueblos del antiguo Oriente existía la creencia en la existencia de espíritus

malos. Los antiguos árabes creían que el desierto estaba poblado por djinns; que estos espíritus

malignos desencadenaban enfermedades y que constituían un peligro para los nuevos esposos.

Según los árabes, los djinns se encuentran en todas partes: “cada lugar tiene sus habitantes sobrenaturales.”

A estas potencias invisibles se atribuían las anormalidades de la vida sexual4. El

demonio Asmodeo presenta ciertos rasgos que demuestran su parentesco con los demonios del

paganismo, mencionados en el Antiguo Testamento con los nombres de Shedim, Seirim (Is

13:21; 34:14; Deut 32:17; Sal 106:37). En la versión aramea del libro de Tobías, Asmodeo es

llamado rey de los Schedim (3:8; 6:14), o simplemente shedu (6:16), término con el cual se designan

los espíritus de potencia limitada que, aun entre los paganos, no tienen ni rango de las divinidades.

Tentación de suicidio y plegaria de Sara (3:10-15).

10 Oyéndolas, se entristeció sobremanera, tanto que quería ahorcarse. Pero decía:

“Soy la hija única de mi padre; si tal hiciera, el oprobio vendría sobre él y de dolor

conduciría su ancianidad al sepulcro.”

Fue tan sensible Sara a los ultrajes de las sirvientas, que quería ahorcarse. Únicamente la reflexión

sobre su condición de hija única, y por respeto a su anciano padre, no llevó a efecto su

alocada idea.

11 Y oraba puesta a la ventana, y decía: “Bendito eres, Señor Dios mío, y bendito tu

nombre, santo y excelso por los siglos. Bendígante todas tus obras para siempre. 12 Y

ahora, Señor, en ti pongo mis ojos y mi rostro. 13 Llévame de la tierra y que no oiga

ya más ultrajes. 14 Tú sabes, Señor, que yo estoy limpia de todo pecado con hombre

15 y que no he manchado mi nombre ni el nombre de mi padre en esta tierra de mi

cautiverio. Hija única soy de mi padre, el cual no tiene hijo que pueda heredarle ni

pariente próximo con un hijo para quien yo deba guardarme por mujer; ya se me

han muerto siete maridos; ¿de qué me sirve la vida? Y si no te parece bien quitármela,

mírame y ten piedad de mí y que no escuche ya más estos ultrajes.”

1378

Recobrada la serenidad, después de la tentación de suicidio, se asomó Sara a la ventana y, con las

manos extendidas y la vista dirigida hacia Jerusalén, como solían orar los israelitas en el destierro

(Dan 6:10), se entregó a una fervorosa oración. Pide al Señor que le envíe la muerte para no

oír más las afrentas de que ha sido objeto. No evoca el recuerdo de sus propios pecados y los de

su pueblo para obtener esta misericordia del Señor, como hizo Tobit; al contrario, recuerda su

pureza de vida, su conducta ejemplar en sus pensamientos, intenciones y obras. Recuerda su

condición de hija única, y que, por lo mismo, le correspondía heredar todos los bienes de su padre

y conservarlos por el matrimonio en la familia o tribu (Núm 36:1-13), lo que no le es posible

por la muerte de sus siete maridos que intentaron desposarla. De ahí que su vida no tiene ya finalidad

alguna. Sara no tiene ningún pariente próximo. Tanto ella como sus padres, que conocían la

existencia de Tobit (7:2), ignoraban la de Tobías (3:15).

Dios escucha las oraciones de Tobit y Sara (3:16-17).

16 Fue escuchada la oración del uno y de la otra en la presencia de la gloria de

Dios.17 Rafael fue enviado para remediarlos a los dos, para batir las cataratas de

Tobit y para casar a Sara, la hija de Ragüel, con Tobías, el hijo de Tobit, y paralizar

a Asmodeo, el maligno demonio, por cuanto a Tobías tocaba heredarla. Al mismo

tiempo en que se volvía Tobit y entraba en su casa, bajaba Sara, la de Ragüel, del

piso alto de la suya.

Ha descrito el autor la situación trágica de los dos fieles servidores de Dios, Tobit y Sara. ¿Cuál

será la solución que dará Dios para acabar con las tribulaciones que afligen a ambos? En el v.16

aparece el salvador, el instrumento de la Providencia divina, el que recompensa a los fieles por

sus virtudes, el ángel que cura, Rafael (que significa: Dios cura).

Ambos rogaban a un mismo tiempo, y, sin que uno supiera nada del otro, pedían al Señor

que les quitara la vida. Sus oraciones fueron escuchadas en presencia de la gloria de Dios

(12:12.15) o delante de Dios todopoderoso, cuya presencia se revelaba por la manifestación de

su gloria, como en los días del Sinaí (Ex 24:16; 33:18). Las oraciones de Tobit y Sara llegaron al

trono del Altísimo por mediación de Rafael, quien, además, era el guía de Tobit en todas las

obras de misericordia que practicaba (12:12). En la literatura apócrifa se habla a menudo de Rafael

(Henoc 10:4; 23:3; 49:9). En nuestro texto, su misión es doble: curar la enfermedad física

que aquejaba a Tobit (12:14) y sanar los males morales de Sara con un matrimonio feliz. Con la

mención de Asmodeo se quiere contraponer la obra salvífica de Rafael a la acción destructora del

demonio.

1 Clamer; Lagrange, Lejudalsme avant Jésus-Christ 403; Asmodée: DBS 1103-1104.

2 Talmud, Git. 68a. Véase Strack-Billerbeck, Kommentar zum Neuen Testament IV 510-513-

3 En el Testamento de Salomón reaparece Asmodeo con las siguientes palabras de presentación: “Mi misión

es conspirar contra los nuevos esposos para impedir que se conozcan. Yo destruyo la belleza de las

esposas y cambio sus corazones. Provoco en los nombres accesos de locura y hago que, aunque tengan

sus mujeres, las abandonen para ir a las de otros, de manera que pequen y caigan en actos de homicidio”

(cit. Pautrel).

4 Lods, 274-277.

1379

Acción Benéfica de Rafael en Favor de Tobit y Sara (c.4-11).

Consejos del padre al hijo (4:1).

1 En aquel día se acordó Tobit de la suma que tenía en poder de Gabael, en Ragúes

de Media.

Por aquel tiempo se acordó Tobit de la cantidad de plata que había dejado en depósito a Gabael,

en Ragúes de Media. Este recuerdo, suscitado por la penuria económica en que se encontraba, y

el presentimiento de su muerte próxima sirven de tránsito de la primera a la segunda parte del

libro. Tobit quiere que su hijo sepa de la cantidad depositada en Ragúes y se haga con ella, a ser

posible antes de su muerte.

Deberes de Tobías para con sus padres (4:2-4).

2 Y se dijo: “Yo me he pedido la muerte; ¿por qué, pues, no llamar a Tobías, mi

hijo, y comunicárselo antes de morir?” 3 Llamóle y le dijo: “Si muero, hijo mío, me

darás sepultura y te guardarás de menospreciar a tu madre; hónrala siempre todos

los días de tu vida, obra según su beneplácito y no le causes tristeza. 4 Acuérdate,

hijo, de los muchos trabajos que ella pasó por ti cuanto te llevaba en su seno; cuando

muera, dale sepultura a mi lado, en el mismo sepulcro.

Obsesionado por el pensamiento de la muerte, Tobit recuerda a su hijo el más santo de los deberes

que tiene para con su padre: darle honrosa sepultura al morir. Tal era el deseo que todo buen

israelita manifestaba a su hijo en el trance de la muerte (Gen 49:29; 50:24). Otro de los deberes

que le inculca es el respeto y reverencia hacia su madre (Ex 20:12; Prov 23:22; Ecl 3:5), que al

morir debía enterrar a su lado (Gen 25:10).

Deberes para con Dios (4:5-6).

5 Acuérdate, hijo, siempre del Señor, nuestro Dios, y guárdate de pecar; observa sus

preceptos. Practica la justicia todos los días de tu vida y no sigas los caminos de la

iniquidad. 6 Porque, siguiendo la verdad, serás feliz en todas tus obras, como todos

los que practican la justicia.

Estos se resumen en una frase: “Acuérdate siempre del Señor, nuestro Dios,” lo que equivale a

tenerle presente en la mente (1:13; Deut 8:19; Ece 12:1; Sab 15:3).

Deberes para con el prójimo (4:7-11).

7 Según tus facultades, haz limosna y no se te vayan los ojos tras lo que des. No

apartes el rostro de ningún pobre, y Dios no los apartará de ti. 8 Si abundares en

bienes, haz de ello limosna, y si éstos fueren escasos, según sea tu escasez, no temas

hacerla. 9 Con esto atesoras un depósito para el día de la necesidad, 10 pues la limosna

libra de la muerte y preserva de caer en las tinieblas, 11y es un buen regalo la limosna

en la presencia del Altísimo para todos los que la hacen.”

1380

Tobit inculca particularmente a su hijo la práctica de la limosna, que ha constituido la nota característica

de toda su vida (1:3,16; 2:2:14; 12:8). La limosna, según el texto, libra de la muerte y

del sepulcro, expresiones estas últimas que deben tomarse en sentido sinónimo (12:9; 14:10-11;

Prov 10,2; 11:4; Dan 4:24). Caer en las tinieblas equivale a otra expresión bíblica: “Bajar al sepulcro

o al sheoh (14:10; Sal 88:13; Ece 11:8; Job 10:21).

Continencia (4:12).

12 Guárdate, hijo, de toda fornicación, y ante todo toma esposa del linaje de tus padres;

no tomes mujer extranjera que no sea del linaje de tu padre, que hijos somos

de profetas, Noé Abraham, Isaac y Jacob, nuestros antiguos padres. Recuerda, hijo,

que éstos tomaron mujeres de entre sus hermanos, y fueron bendecidos en hijos, y

heredó su descendencia la tierra.

Recomienda Tobit a su hijo que huya de toda fornicación (por-neia), es decir, de todo contacto

ilícito con una mujer que no fuera la suya. No se unirá en matrimonio con una mujer extranjera

(Ex 34:15-16; Deut 7:1-4; Esdr 9:1-10; Neh 13:25; Mal 2:11). Conforme el ejemplo de sus padres,

buscará por esposa a una mujer de su mismo linaje y descendencia (1:9; 3:17; 6:12; 7:10-

12-13).

Amor a los hermanos (4:13).

13 Y ahora, hijo mío, ama a tus hermanos.

El amor a los individuos de la misma tribu y linaje le preservará de caer en la tentación de unirse

en matrimonio con mujeres extranjeras.

Justicia.

14 Y no te ensoberbezcas en tu corazón ni desprecies a los hijos e hijas de tu pueblo,

rehusando tomar de ellas mujer, porque en el orgullo está la perdición y el desorden,

y en la ruindad la penuria y el hambre, pues la madre del hambre es la ruindad.

No retengas una noche el salario de un obrero que trabajare para ti; entrégaselo

luego. Si sirvieres a Dios, El te recompensará. Atiende, hijo, a todas tus obras y

muéstrate prudente en tu conversación.

Como consecuencia del amor hacia los hermanos, debía Tobías entregar cuanto antes el salario

convenido al que trabajara por él (Lev 19:13), y si el obrero fuera pobre, “antes de la puesta del

sol” (Deut 24:15).

Moderación (4:15).

15 Lo que no quieras para ti no lo hagas a nadie. No bebas vino hasta embriagarte,

no vaya contigo la embriaguez.

1381

En unión con los deberes de caridad para con el prójimo, recomienda Tobit a su hijo el uso moderado

del vino, ya que los excesos en el beber dan lugar a discordias entre hombres y familias.

Obras de misericordia (4:16-17).

16 Da de tu pan al hambriento y de tus vestidos al desnudo. Todo cuanto te sobrare

dalo en limosnas, y no se te vayan los ojos tras lo que dieres. 17 Pon tu pan y tu vino

en los funerales de los justos y no comas ni bebas con los pecadores.

Volviendo sobre el tema de la limosna, insiste Tobit en el deber de proveer a las necesidades de

los que tienen hambre y no tienen con qué cubrirse. Lo sobrante de los bienes de fortuna de que

dispone pertenece en cierta manera al pobre, a quien debe entregárselo alegremente. Recomienda

asimismo a su hijo mantenerse fiel a la costumbre de ofrecer a las familias israelitas que están de

luto panes (el pan de consolación) o cualquier otro alimento (Jer 16:7; Ex 24:17; Eci 7:33) para

el banquete funerario. No se daba el banquete con ánimo de que sirviera de alimento al difunto

en su largo viaje hacia el más allá, sino para consuelo de los familiares (2 Mac 12:39). Este pan

llamábase “pañis dolorum,” pan de dolores, y el vino, “calix consolationis,” cáliz de consuelo

(Jer 16:7; Os 9:4; Ez 24:17; Prov 31:6; Eci 7:37). Esta costumbre pasó a los primitivos cristianos,

los cuales celebraban banquetes funerarios junto a las tumbas; costumbre que en parte subsiste

todavía en nuestros días.

Prudencia (4:18-20).

18 Sigue el consejo de los prudentes y no desprecies ningún buen consejo. 19 En todo

tiempo bendice al Señor Dios, y pídele que tus caminos sean rectos y todas tus sendas

y consejos vayan bien encaminados; porque no es del hombre el consejo; sólo el

Señor es quien da todos los bienes, y a quien quiere le humilla según su voluntad.

Acuérdate, pues, hijo mío, de mis preceptos, y no se borren de tu corazón. 20 Has de

saber también que tengo diez talentos en poder de Gabael, hijo de Gabrías, en Ragúes

de Media. 21 No temas, hijo; somos pobres, pero rico serás si temes a Dios y te

apartas de todo pecado y haces lo que le es grato.”

Desconfiar de sí mismo y confiarse al consejo de una persona sabia y prudente es una norma repetida

en los libros sapienciales (Prov 12:15; 3:10-16; 27:9; Eci 32:24). “Pero no es del hombre

el consejo,” sino de Dios de quien procede en último término (Prov 3:5; Eci 39:10). En la Leyenda

de Ahikar se leen consejos muy semejantes, y a veces idénticos, a los que Tobit dicta a su

hijo. Al fin de su discurso Tobit pone en conocimiento de su hijo la existencia de diez talentos de

plata que consignó en depósito a Gabael, de los cuales podía él disponer.

Tobit resuelve las dificultades de su hijo (5:1-3).

1 Respondió Tobías, diciéndole: “Padre, cuanto me has mandado lo cumpliré. 2 Pero

¿cómo voy a poder recobrar el dinero de Gabael, si no le conozco?” 3 Dióle su padre

el recibo y le dijo: “Busca quien te acompañe, que yo le daré su recompensa, y ponte

en camino para cobrar el dinero antes que yo muera.”

1382

Tobías recibió dócilmente los consejos y exhortaciones que le había dado su padre, Tobías no

conocía a Gabael, de donde su pregunta: ¿Cómo podré cobrar de él la plata, si no le conozco y él

tampoco a mí? El padre resuelve inmediatamente las dificultades expuestas por su hijo. A la primera

le dice que bastará presentar el recibo para que Gabael caiga en la cuenta de que Tobit le

dejó en depósito la suma de diez talentos de plata. Resuelve la segunda aconsejando a su hijo

busque un guía fiel (pistos) que conozca los caminos que llevan a la Media.

El compañero de viaje (5:4-9).

4 Fuese en busca de uno, y se encontró con Rafael, que era un ángel. 5 No conociéndole,

le dijo: “¿Podrías acompañarme a Ragúes de Media, si es que conoces el camino?”

6 El ángel le contestó: “Yo iré contigo, que conozco bien el camino y hasta he

sido huésped de Gabael, nuestro hermano.” 7 Tobías le contestó: “Espera un poco,

que voy a decírselo a mi padre.” 8 El le respondió: “Vete y no tardes.” Se fue y dijo a

su padre: “Ya hallé quien pueda acompañarme.” El le dijo: “Llámale, que quiero

saber de qué tribu es y si es de confianza para acompañarte.” 9 Llamóle, entró y se

saludaron.

Fue providencial que, apenas hubo Tobías traspasado el umbral de su casa, se encontrase frente a

un “joven gallardo, de pie, ceñido y como dispuesto a emprender un viaje” (texto de la Vulgata),

al cual todos los otros textos llaman por su nombre, Rafael, añadiendo que era un ángel.

Tobit se informa (5:10-13).

10 Díjole Tobit: “Dime, hermano, ¿de qué tribu y familia eres tú?” 11Υ le contestó:

“¿Quieres conocer la tribu y la familia o informarte de la persona que va a acompañar

a tu hijo?” Replicóle Tobit: “Quiero, hermano, conocer tu linaje y tu persona.”

12 “Pues yo soy hijo de Azarías, hijo de Ananías, grande entre tus hermanos.” 13

Respondióle él: “Seas, hermano, bien venido; pero no te enojes de que haya querido

saber tu tribu y tu familia. Por suerte eres hermano mío, de una buena y noble ascendencia,

pues yo conocía a Ananías y a Jonatán, hijos de Semeí el grande, de

cuando juntos íbamos a Jerusalén para adorar, llevando las primicias y los diezmos

de las cosechas; que no se descarriaron ellos como nuestros hermanos. De buena raíz

eres, hermano.

La descripción del encuentro entre Tobit y Rafael es sobria en el texto B, en tanto que en el Sin.

se extiende en muchos detalles. A Tobit interesa saber en qué manos confía a su hijo. El ángel

reveló en parte su personalidad, al decir: “Yo soy Azarías, dijo, hijo de Ananías, el grande de tus

hermanos.” Estos dos nombres reaparecen en otros pasajes bíblicos (1 Re 4:2.5; Jer 43:2; pan

1:6; Neh 3:23; 1 Crón 2:8.28; 2 Crón 15:1); Ananías (Jer 37:13; Dan 1:6; i Crón 3:19-21; Esd

10:28; Neh 3:3). El calificativo de “el grande” que se da a Ananías puede significar cabeza de

familia, príncipe de alguna tribu u hombre distinguido por su celo religioso. Pero, mientras Tobit

toma los nombres de Ananías y Azarías como nombres propios de personajes históricos con los

cuales ha convivido, el ángel les da una significación simbólica en consonancia con la misión

que le había sido confiada. No alcanza Tobit, de momento, la profundidad de las palabras del

ángel. Rafael no deshace el equívoco; por el momento bastábale saber que el guía “era de buena

1383

raíz”; en realidad, mejor de cuanto él podía sospechar.

Acuerdo sobre el salario y preparativos del viaje (5:14-16).

14 Pero dime i ¿cuál será el salario que habré de darte? ¿Bastaría un dracma por

día y el sustento para ti y para mi hijo? 15 Y cuando felizmente volváis, te añadiré

algo.” l6 Convinieron en ello, y dijo a Tobías: “Prepárate para el camino, y que tengáis

feliz viaje.” Una vez que el hijo preparó lo necesario para el camino, díjole su

padre: “Parte con éste, y Dios, que mora en los cielos, os dé feliz viaje y un ángel os

acompañe.” Y se pusieron en camino, yendo con ellos el perro del mozo.

Sin regateos, convienen en un dracma por día y la manutención. El dracma representaba la paga

ordinaria de un trabajador común (2 Mac 4:19; 12:43; Lc 15:8). Antes de partir bendice Tobit a

los viajeros, con una fórmula que recuerda la bendición que impartió Abraham al siervo mayor

de su casa al enviarle a buscar mujer para su hijo Isaac (Gen 24:7.40), deseando que el ángel del

Señor les acompañe (Ex 23:20; Jue 13:20; Sal 91:11). Al ponerse en camino, fue con ellos el perro

del mozo. Entre los hebreos era el perro un animal impuro y. despreciable (Ecl 9:4), tolerándose

únicamente su empleo en la custodia del ganado (Job 30:1) para señalar con BUS ladridos la

presencia de salteadores y animales carnívoros (Is 56:10).

Desconsuelo de la madre (5:17-22).

17 Su madre, Ana, se puso a llorar, diciendo a Tobit: “¿Por qué habrás enviado a

nuestro hijo? ¿No era nuestro báculo, viviendo con nosotros? 18 No tuviéramos nunca

ese dinero, si había de costamos nuestro hijo, w Hasta el presente, el Señor nos

dio de qué vivir, y vivíamos contentos.” 20 Pero Tobit le dijo: “No digas eso, mujer.

Volverá sano y tus ojos lo verán. 21 Porque un ángel bueno le acompaña, tendrá un

viaje feliz. y volverá sano.” 22 Y ella dejó de llorar.

La madre prorrumpe en lágrimas y en amargos reproches contra su marido tan pronto como su

hijo abandonó el hogar. A las inquietudes de Ana responde Tobit con serenidad y confianza: “No

te preocupes, hermana (adelfé); vendrá sano, y tus ojos lo verán porque le acompaña un ángel

bueno.” (Sal 91:11; Gen 24:7-40). El que Tobit llame hermana a su mujer debe interpretarse en

el sentido de cordialidad, como si dijera: “amor mío.”

Los viajeros pernoctan a orillas del Tigris (6:1).

1 Siguieron los caminantes su viaje y llegaron al atardecer a las orillas del río Tigris,

donde pasaron la noche.

Dice el texto B que los dos (acompañados del perro, según Sin. y Vet. Lat.) llegaron al atardecer

a la ribera del Tigris, donde decidieron pasar la noche. En ningún texto se lee que los dos viajeros

lo atravesaran. Tampoco se indica el punto de partida, aunque toda la narración da a entender

que ambos salieron de Nínive ciudad o de alguna localidad vecina. No deja de extrañar la afirmación

de que, saliendo ellos de Nínive, edificada junto al Tigris, llegaron, al cabo de una jornada

de viaje, a las orillas del mismo. La explicación más común entre los autores es suponer que

1384

los viajeros siguieron un camino que corría a lo largo de la orilla izquierda del río, en dirección

sudeste, y que al atardecer pernoctaron allí, antes de atravesar el Zab superior, más al este, sobre

Sulemanije, para alcanzar Ecbatana.

La aventura del pez (6:2-5).

2 Bajó el muchacho a bañarse y salió del río un pez que quería devorarle. 3 Pero el

ángel le dijo: “ Tomalo.” Lo tomo el joven y lo sacó a tierra.” 4 Díjole el ángel: “Descuartiza

el pez y separa el corazón, el hígado con la hiél, y ponlos aparte.” 5 Hizo el

muchacho lo que el ángel le decía, y, asando el pez, comieron. Continuaron su camino

y llegaron cerca de Ecbatana.

Cansado por el largo viaje, el joven Tobías bajó al río para lavar sus pies, “y salió del río un pez

que quería devorarle.” Con el fin de explicar convenientemente la voracidad de este pez, han introducido

los diversos textos algunas particularidades en la narración. Unos (Vet. Lat.) dicen que

se trataba de un pez de mar (piséis maris); de “un pez grande” (megas, Sin.; magnus, Vet. Lat.),

de proporciones desmesuradas (immanis, Vulg.). Según B, el pez quena devorar a Tobías, o morderle

en el pie (poda, Sin.), o ambas cosas (circumplexus est pedes eius et pene puerum devoraverat,

Vet. Lat., r., g.). Según la Vulgata, el pez salió del agua ad devorandum eum. Más modestas

eran las pretensiones del animal según Hmar, al decir que “quería comer el pan del joven.”

Según muchos, la lección original es quizá la del texto B: “el pez quería devorar al joven Tobías,”

lo que debe entenderse de conformidad con el carácter bastante libre de la narración (Miller,

Clamer). El ángel, que esperaba esta escena, tranquilizó inmediatamente al joven, dándole instrucciones,

sobre el modo de conducirse con el pez. Por el hecho de que Tobías agarrara el pez y

lo arrojara a la orilla, cabe deducir que no era un piscis immanis. Según indicaciones del ángel,

descuartizó Tobías el pez, separó del mismo el corazón y el hígado con la hiel, que puso cuidadosamente

aparte; tiró sus entrañas, y, como se trataba de un pez con escamas, del cual podían

comer los hebreos (Lev 11:9-12; Deut 14:9-10), se asaron sus carnes y las comieron.

El ángel satisface la curiosidad de Tobías (6:6-8).

6 Dijo el joven al ángel: “Hermano Azarías, ¿para qué sirven el corazón y el hígado

con la hiél del pez ?” 7 El le respondió: “Sirven para que, si un demonio o espíritu le

atormenta a uno, quemándolos ante él ya no vuelva a molestarle. 8 Cuanto a la hiél,

sirve para ungir a quien tuviese cataratas, pues con ella quedará curado.”

Cerca de Ecbatana, Tobías preguntó a su guía el porqué del corazón, del hígado y de la hiel que

traía consigo. El ángel le informó acerca de sus virtudes medicinales, que Tobías desconocía.

Entre los antiguos se creía en la virtud de la hiel contra las enfermedades de los ojos i, pero por

el contexto se deduce que Tobías la ignoraba totalmente, al igual que los médicos que asistieron

a su padre (2:10). ¿Creía el autor sagrado en la eficacia de los productos farmacéuticos recomendados

por el ángel? ¿Qué acción tenían contra los malos espíritus las fumigaciones obtenidas de

la combustión del corazón y del hígado? El autor sagrado se ha limitado a referir una creencia

existente en el ambiente pagano sobre un remedio que se creía apto para ahuyentar al demonio

del cuerpo de un poseso. Por su parte no le atribuye eficacia alguna; quiso poner en evidencia la

potencia divina, que se sirve a menudo de medios humanos despreciables como de instrumento

para obtener efectos sorprendentes. En cuanto al ángel, debemos decir que se acomoda a los usos

1385

y costumbres del ambiente histórico y cultural en que se desenvuelve.

Propuestas de matrimonio (6:9-12).

9 Así que llegaron a Ecbatana, 10 dijo el ángel al joven: “Hoy, hermano, habremos de

pernoctar en casa de Ragüel, tu pariente, que tiene una hija llamada Sara. Yo le

hablaré para que te la dé por mujer, n pues a ti te toca su herencia, pues tú eres ya

el único de su linaje; la joven es bella y discreta. 12 Oye, pues, lo que voy a hacer: Yo

hablaré a su padre, y cuando volvamos de Ragúes, celebraremos la boda; pues yo sé

que Ragüel no puede darla a ningún otro marido, según la Ley de Moisés, o sería

reo de muerte, porque antes que a ningún otro te pertenece a ti la herencia.”

Al llegar cerca de Ecbatana (no Ragúes, como traen B y Vulgata) propuso el ángel la conveniencia

de pernoctar allí y de hospedarse en casa de Ragüel, apoyando su propuesta en tres razones·

1.a Ragüel era pariente de Tobías. 2.a Tenía una hija única, llamada Sara. 3.a Que Tobías debía

tomar por esposa. Aparte de las cualidades de la joven, bella y discreta, las razones de este matrimonio

se basaban en el cumplimiento escrupuloso de la Ley. En efecto, Sara era pariente

próximo de Tobías (B, Sin. y Vulg.), de la misma tribu (Vulg.). El ángel se compromete a llevar

personalmente todo el asunto; hablaría al padre de Sara y esperaba tener éxito en su empresa. El

uso exigía que la petición fuera hecha por el padre de familia o por un representante suyo (Gen

24:2ss; Jue 14:255); pero, conociendo la voluntad formal de Tobit de que su hijo se uniera en

matrimonio con una mujer de su misma parentela (4:12), se compromete a allanar todas las dificultades

que pudieran acontecer y llevar a término los trámites de costumbre.

Temores de Tobías (6:13-14).

13 Replicó entonces el joven al ángel: “Hermano Azarías, he oído que la doncella fue

dada a siete maridos y que todos perecieron en la cámara nupcial; 14 yo soy hijo único

de mi padre, y temo que, si me acerco a ella, voy a morir como los anteriores,

porque la ama un demonio y a ella no le hace ningún daño, pero sí a los que se le

acercan. Temo ahora que, si muero, llevaré al sepulcro a mi padre y a mi madre de

dolor por mí, pues no tienen otro hijo que les dé sepultura.”

Ante la inesperada propuesta del ángel no encuentra Tobías dificultades serias que oponer; al

contrario, comprende que este matrimonio sería ideal, de no existir una circunstancia grave que

lo desaconsejara. La voz popular llevó hasta Nínive la noticia de que Sara fue dada a siete maridos

y de que todos perecieron en la cámara nupcial la primera noche de bodas por obra del demonio.

No se ensaña el demonio contra la joven, sino contra los que se le acercan, porque la

amaba (B y Vet. Lat.).

Pero no se desprende del texto que el demonio sintiera por Sara un afecto sensual; más

bien da a entender que este amor le obligaba a impedir un matrimonio que no convenía a la joven.

Como hemos anotado antes (3:7-9), Dios había destinado que Sara debía unirse a Tobías en

matrimonio (v.18). El demonio fue en este asunto un instrumento inconsciente, pero dócil, de la

Providencia divina.

Palabras tranquilizadoras de Rafael (6:15-19).

1386

15 Contestóle el ángel: “¿No te acuerdas de las palabras que tu padre te inculcó sobre

tomar mujer de tu propio linaje? Escúchame, pues, hermano: Esa será tu mujer,

y del demonio no te preocupes, que esta misma noche te será dada por mujer. 16

Cuando entres en la cámara nupcial, toma un perfumado: y pon en él trozos del corazón

y del hígado del pez, que hagan humo; 17 que en cuanto lo huela el demonio,

huirá y no volverá por los siglos de los siglos. 18 Pero, cuando a ella te acerques, levantaos

ambos e invocad al Dios misericordioso, que os salvará y tendrá piedad de

vosotros. No temáis, que para ti está destinada desde la eternidad, y tú la salvarás e

irá contigo, y estoy seguro de que tendrás de ella hijos.” 19 Así que oyó Tobías estas

palabras, sintió grande amor por ella y se le apegó su corazón. En esto llegaron a

Ecbatana.

El ángel acaba con las vacilaciones de Tobías. Aquella misma noche le será dada Sara por mujer.

Para neutralizar la acción del demonio deberá Tobías emplear el procedimiento de tomar un perfumador

y colocar sobre él trozos del corazón e hígado del pez de manera que desprendan humo.

En cuanto el demonio lo huela, huirá para no volver más. Es difícil comprender el significado de

este acto. No existe unanimidad entre los diversos textos sobre las veces que debía repetirse este

exorcismo, ni convienen en señalar qué partes debían quemarse, el hígado y el corazón, o sólo

éste 2. Quizá nuestro pasaje se refiere a cierto rito religioso casero, consistente en quemar incienso

en ciertas horas del día. En este supuesto, el uso del corazón podría explicarse como un concepto

religioso relacionado con la oración que recomienda el ángel.

A los perfumes debe acompañar la oración de ambos. El matrimonio iniciado con la bendición

de Dios y santificado por la oración dará sus frutos. Sobre ellos tuvo poder el diablo, pero

nada puede contra los que se acercan a este matrimonio con recta intención. Una vez solucionadas

las dificultades de Tobías tocantes a su matrimonio con Sara, sintió gran afecto hacia ella y

se le apegó fuertemente su corazón. En esto llegaron a Ecbatana.

Caluroso recibimiento en casa de Ragüel (7:1-8).

1 Llegados a casa de Ragüel, les salió al encuentro Sara, que los saludó, y ellos a ella,

y los introdujo. 2 Dijo Ragüel a Edna, su mujer: “¡Cómo se parece este joven a Tobit,

mi primo!” 3 Entonces Ragüel les preguntó: “¿De dónde sois, hermanos?” A lo

que ellos contestaron: “De los hijos de Neftalí, de los cautivos de Nínive.”

4”¿Conocéis a Tobit, nuestro hermano?” Respondiéronle: “Sí que le conocemos.”

“¿Está bien?” 5 “Vive y está bien,” contestaron ellos. Y Tobías añadió: “Es mi padre.”

6 Ragüel, saltando, se echó a su cuello y le besó, derramando lágrimas. 7 Y

bendíjole, diciendo: “Eres hijo de un varón bueno, buenísimo.” Pero, al saber que

Tobit había perdido la vista, se entristeció hasta derramar lágrimas. 8 Edna, su mujer,

y Sara, su hija, lloraron también; los recibieron cordialmente, sacrificaron un

carnero y les ofrecieron un suntuoso banquete.

Los dos viajeros se dirigieron a la casa de Ragüel. El primer encuentro de Sara con los huéspedes

recuerda escenas análogas en la historia de los patriarcas (Gen 24:15-25; 29:9-13). Ragüel llama

“primo” a Tobit, término que puede entenderse en sentido estricto o en el sentido más amplio y

genérico de hermano. Al darse a conocer Tobías, Ragüel se abalanzó sobre el joven, se le echó al

1387

cuello y le besó, derramando lágrimas de emoción. El autor sagrado no ha referido el diálogo que

siguió a esta revelación; sólo sabemos que, entre otras cosas, Tobías habló a Ragüel de la ceguera

de su padre, con la consiguiente consternación del pariente. Como era costumbre entre los

hebreos, el anciano Ragüel bendijo a Tobías (Jue 17:2; Rut 3:10), mientras hacía la apología de

su padre. La familia entera se conmovió al encuentro inesperado de Tobías. Mataron un carnero

en su honor (Gen 18:1555) y aparejaron un suntuoso banquete. Toda la escena, aparte de algunos

matices, es copia de lo sucedido en idénticas circunstancias en la historia de los patriarcas (Gen

29:4-6; 18:16ss), lo que está en conformidad con el espíritu del libro.

Ajuste de matrimonio (7:9-17).

9 Dijo luego Tobías a Rafael: “Hermano Azarías, habla de aquel asunto de que en el

camino tratamos, y que se acabe este negocio.” 10 Expuso Azarías el asunto a Ragüel,

que dijo a Tobías: “Come, bebe y alégrate; en efecto, a ti te toca recibir a mi

hija; pero antes tengo que advertirte una cosa: 11 He dado ya mi hija a siete maridos;

pero, en entrando a ella, en la misma noche murieron. Tú ahora regocíjate.”

Mas Tobías contestó: “No gustaré bocado hasta que no resolváis este negocio y me lo

confirméis” 12 Dijo Ragüel: “Tómala desde ahora, según la Ley, pues tú eres su

hermano y a ti se te debe. Que Dios misericordioso os colme de felicidades.” 13 Llamó

a Sara, su hija, cogiéndola de la mano, la entregó a Tobías por mujer, diciendo:

“Anda, según la Ley de Moisés, tómala y llévala a tu padre.” Y los bendijo. 14 Llamó

a Edna, su mujer; tomó un rollo, escribió el contrato matrimonial, lo selló, 15 y luego

comenzaron a comer. *6 Llamó después Ragüel a Edna, su mujer, y le dijo: “Prepara,

hermana, otra alcoba y llévala a ella.” Hizo Edna lo que le mandaba, y llevó a su

hija a la cámara. Lloraba Sara, y, enjugando la madre las lágrimas de su hija, le decía:

17 “Ten buen ánimo, hija; el Señor del cielo te dará gracia en vez de esta tristeza;

ten valor, hija mía.”

En contra de la Vulgata, es el ángel quien, a ruegos de Tobías, entabla las negociaciones para

ajustar el matrimonio con Sara. Compárase el contenido de esta perícopa con la narración del

criado de Abraham, comisionado para pedir la mano de Rebeca para su hijo Isaac (Gen 24:32-

33). Al llegar de viaje, solían los huéspedes lavarse los pies (Gen 18:4; 19:2; 43:24); seguía una

comida (Gen 18:6-7). Como el criado de Abraham, se niega Tobías a tomar bocado antes de obtener

la seguridad del consentimiento a su anhelado matrimonio. Trata Ragüel de calmar la impaciencia

de Tobías, diciéndole que de momento coma y beba, asegurándole que no tiene inconveniente

alguno en entregarle a su hija por esposa.

Inmediatamente se formaliza el matrimonio con un rito cuya descripción, aunque muy

sumaria, revela las costumbres antiguas de su celebración. Tomó el padre la mano derecha de su

hija y la puso en la derecha del esposo (Vulgata), con lo cual se indicaba que, desde aquel momento,

Sara pertenecía a Tobías. Contemporáneamente, pronunció Ragüel una fórmula de bendición

nupcial (Gen 24:6, Rut 4:11ss). Acto seguido se procedió a la redacción por escrito del contrato

matrimonial, del cual no se habla en la Ley mosaica, pero de cuyo uso en la antigüedad dan

testimonio algunos documentos extrabíbucos.

En la cámara nupcial (8:1-9).

1388

1 Cuando hubieron terminado de comer, llevaron a la alcoba a Tobías. 2 El, recordando

las palabras de Rafael, tomó un brasero y, poniendo encima de las brasas el

corazón y el hígado del pez, hizo humo. 3 El demonio, en cuanto olió aquel humo,

huyó al Egipto superior, donde el ángel le ató. 4 Una vez que quedaron los dos solos,

se levantó Tobías del estrado y dijo: “Levántate, hermana; vamos a orar para que el

Señor tenga misericordia de nosotros.” 5 Y comenzó Tobías, diciendo: “Bendito eres,

Dios de nuestros padres, y bendito por los siglos tu nombre, santo, glorioso. Bendígante

los cielos y todas las criaturas. 6 Tú hiciste a Adán y le diste por ayuda y auxilio

a Eva, su mujer; de ellos nació todo el linaje humano. Tú dijiste: No es bueno que

el hombre esté solo; hagámosle una ayuda semejante a él. 7 Ahora, pues, Señor, no

llevado de la pasión sensual, sino del amor de tu Ley, recibo a esta mi hermana por

mujer. Ten misericordia de mí y de ella y concédenos a ambos larga vida.” 8 Ella

respondió: “Amén.” 9a Y pasaron ambos dormidos aquella noche.

La primera providencia de Tobías fue tomar un brasero y poner el corazón y el hígado sobre las

brasas para que produjeran humo. Tan pronto como lo aspiró el demonio, huyó al Egipto superior,

donde le ató el ángel. Todos los textos repiten esta ceremonia. Parece que esta combustión

tuvo lugar en presencia de los padres, pues dice el texto actual que, “una vez quedaron los dos

solos, se levantó Tobías.” No es de suponer que el brasero se encontrara en la habitación para

caldearla, porque la circunstancia de haberse bañado Tobías en el río demuestra que no estaban

en la estación invernal. Había en la alcoba perfumador o pebetero, al que se le echaba incienso o

algunas hierbas para aromatizar la habitación, lo que está de acuerdo con el texto griego al decir

que puso el corazón y el hígado sobre la ceniza de los perfumes o sobre las brasas del perfumador.

Al oler el demonio aquel humo, huyó al desierto, lugar considerado como morada de los malos

espíritus (Is 13:21).

Existen graves discrepancias entre los autores sobre la interpretación de la naturaleza del

hecho de ahuyentar el diablo por el humo desprendido de la combustión del corazón y del hígado

del pez. Si todos los textos no estuvieran acordes en atestiguar su autenticidad, nos inclinaríamos

por considerar el pasaje como un adorno popular introducido tardíamente en el texto primitivo

(Schlógl). De hecho, puede borrarse perfectamente del texto sin perjudicar en lo más mínimo el

curso de la narración. Debe rechazarse la hipótesis según la cual se oculta tras de este hecho una

práctica mágica y supersticiosa, lo que repugna totalmente al espíritu del libro. Entre las muchas

hipótesis que se han ideado, plácenos citar la que sigue: la combustión del corazón y del hígado

fue una acción verdadera, pero simbólica, la cual, presupuesta la rectitud de intención de Tobías

y su confianza en las palabras del ángel, recibía su eficacia de la oración. Aquella acción externa,

unida a la oración, obraba como causa instrumental para significar también la operación

interna que debía realizarse. El hecho se explica, con las debidas reservas, como el pasaje evangélico

en que se habla del uso del barro (Jn 9:6) y de la saliva (Mc 47:33) que empleó Jesús en la

curación del ciego y sordomudo. Concretamente, en nuestro pasaje, más que al humo producido

por la combustión del corazón y del hígado, la fuga y la reducción del demonio a la impotencia

se atribuyen a la i nt e rve nc i ón d e l á nge l y a l a o r a c i ón d e l os e s posos . Los dos,

según la costumbre judaica, oran de pie, pidiendo al Señor que tenga compasión de ellos. Ninguna

alusión hay en los textos griegos a la circunstancia, atestiguada por la Vulgata, de vivir en

continencia las tres primeras noches que siguieran al matrimonio, pues consideran la primera

como la primera noche de vida conyugal.

1389

Inquietad y oración de Ragüel (8:9-18).

9b Cuando Ragüel se levantó, se fue a cavar una sepultura,10 diciendo: “Seguro que

ha muerto éste también.” 11 Vuelto Ragüel a casa, 12 dijo a Edna, su mujer: “Manda

a una de las sier-vas que vea si está vivo, para enterrarle si no, y que nadie se entere.”

13 Abrió la sierva la puerta y vio que ambos dormían. 14 Salió luego y les comunicó

que estaba vivo. 15 Entonces bendijo Ragüel a Dios, diciendo: “Bendito seas tú,

Dios, con toda bendición pura y santa, y bendígante tus santos, y todas tus criaturas,

y todos tus ángeles, y todos los elegidos; bendígante por los siglos. 16 Bendito tú, que

me has alegrado, no sucediendo lo que yo me temía, sino que has obrado con nosotros

según tu gran misericordia. 17 Bendito seas tú, Señor, que tuviste misericordia

de estos dos hijos únicos; ten de ellos piedad y concédeles acabar en bien su vida con

alegría y misericordia.” 18 Y mandó a sus siervos rellenar la sepultura.

La fe de Ragüel en el feliz éxito del nuevo matrimonio prácticamente no existía, a pesar de que

él y su mujer, como da a entender el texto, presenciaron la ceremonia de la fumigación, encaminada,

según el ángel, a alejar el mal espíritu. Por lo cual, levantándose Ragüel muy de mañana,

hacia la hora en que suele cantar el gallo (circa pullorum cantum, Vulgata), mandó cavar una

fosa, diciéndose a sí mismo: “Seguro que también éste habrá muerto.” Cerciorado por la sirvienta

de que vivía, dio la orden inmediatamente de rellenar la sepultura “antes de despuntar el día”

(texto de Sin.).

Grandiosa banquete (8:19-21).

19 Hízoles la fiesta de bodas por espacio de catorce días, 20 pues antes ya le había instado

a que no partieran hasta terminar los catorce días de la boda. 21 Pasados, le daría

la mitad de su hacienda y le dejaría irse en paz a su padre, y el resto lo recibiría

cuando muriese él y su mujer.

Para celebrar el acontecimiento, dispuso Ragüel que los días del banquete de bodas, que solían

durar siete días (Gen 29:27; Jue 14:12-18), se duplicaran, obligando a Tobías con juramento a

que no se ausentara antes del plazo de los catorce días.

Rafael va y vuelve de Ragúes (9:1-6).

1 Llamó entonces Tobías a Rafael y le dijo: 2 “Hermano Aza-rías, toma contigo un

siervo y dos camellos y vete a Ragúes de Media, a casa de Gabael, y cóbrame el dinero

y tráele a él a la boda, 3 pues Ragüel me ha pedido con instancia que no me vaya,

4 y mi padre estará contando los días, y si ve que tardo mucho, se morirá de pena.”

5 Partió Rafael y se hospedó en casa de Gabael, a quien dio el recibo. Trajo Gabael

los talegos sellados y se los entregó. 6 Madrugaron y juntos vinieron a la boda,

bendiciendo Gabael a Tobías y a su mujer.

Por haberse Tobías obligado con juramento a no ausentarse de la casa de Ragüel durante los catorce

días de la boda, y dominarle, por otra parte, el pensamiento de la ansiedad de sus padres,

1390

ancianos, rogó a Rafael, al que tenía por un simple hombre (Vulg.), partiera en dirección a Ragúes

en busca del dinero. Para poder retirar la cantidad que obraba en poder de Gabael le entrega,

como documento acreditativo, el recibo (jeirografón), que deberá presentar al llegar. Al mismo

tiempo ruega al ángel invite a Gabael a asociarse a los festejos con motivo de su boda. Rafael

partió para Ragúes, no indicando el texto el tiempo que tardó en efectuar un recorrido de 300 kilómetros

que median entre Ecabatana y Ragúes,

Ansiedad de los padres de Tobías (10:1-17).

1 Entre tanto, Tobit, su padre, estaba contando los días que podía durar el viaje, y

cuando éstos se pasaron y vio que su hijo no volvía, 2 comenzó a decir: “Tal vez están

retenidos por la cobranza del dinero, o acaso ha muerto Gabael y no hay nadie

que se lo entregue.” 3 Y se entristecía sobremanera. 4 Su mujer le decía: “Sin duda

que ha perecido nuestro hijo, porque tarda mucho.” Y comenzaba a llorarle, diciendo:

5 “Ay de mí, hijo mío! ¿Por qué te dejé ir, luz de mis ojos?” 6 Tobit le decía:

“Calla, no te apures; seguro que está bien.” 7 Pero ella replicaba: “Calla, no pretendas

engañarme; seguro que ha muerto.” Y todos los días iba al camino por donde se

fue, pasando el día sin tomar bocado y la noche llorando sin cesar a Tobías, su hijo.

Como lo había intuido Tobías (9:4), su padre contaba los días que podía durar el viaje. Al cumplirse

el plazo según sus cálculos y no verlo a su lado, comenzó a ponerse intranquilo. En realidad

su hijo no se había retrasado ni un solo día en el horario previsto, ya que, durante los catorce

días de la boda, los únicos que podían diferirlo, hizo Rafael el viaje de ida y vuelta de Ecbatana a

Ragúes. La alusión a las inquietudes de los padres puede obedecer a un artificio literario del autor

con el fin de poner en un paralelismo exacto los dos cuadros de la ansiedad de los padres y las

razones que presenta Tobías para marcharse de casa de Ragüel.

Los padres de Tobías reaccionaron cada uno a su manera. El tema de la tardanza de su

hijo, a menudo era causa de algún altercado entre ellos. Tobit trataba de apaciguar a Ana con razonamientos

afectuosos, invitándola a la confianza y a la fe en Dios; pero la arisca mujer le respondía

con un seco “Cállate” (Job 13:13), que equivalía a decir: “No me molestes” (Vet. Lat,),

Tobías se despide de sus suegros (10:8-13).

8 Cumplidos los catorce días de la boda, que Ragüel le había rogado que pasase con

ellos, dijo Tobías a Ragüel: “Déjame partir, que mis padres habrán perdido ya la

esperanza de volver a verme.” 9 Pero su suegro le respondió: “Quédate aquí y yo enviaré

un mensajero a tu padre para darle noticias de ti.” 10 Mas Tobías insistió: “Déjame

ir a mi padre,” 11 Entrególe luego Ragüel su mujer, Sara, y la mitad de la

hacienda, siervos, ganados y dinero; 12 y, al despedirlos, los bendijo, diciendo: “Que

el Dios del cielo os dé feliz viaje, hijos míos, y que vea yo vuestros hijos antes de morir.”

13 Y a su hija le dijo: “Honra a tus suegros, que ellos son ahora tus padres, y

tenga yo buenas noticias de ti.” Y la besó. Edna dijo a Tobías: “Hijo mío, que el Señor

del cielo te dé una vida feliz, y a mí ver a los hijos de Sara, mi hija, para que me

alegre en presencia del Señor. Yo te la doy como en depósito; mi hija es, no le des

mala vida.”

1391

Cumplidos, o en trance de cumplirse, los catorce días de la fiesta, manifestó Tobías a Ragüel su

voluntad irrevocable de regresar a casa, alegando que cualquier tardanza en el horario previsto

acarrearía un grave trastorno a sus ancianos padres. Rechaza Tobías la insinuación que le hace

Ragüel de enviar un mensajero; los ancianos padres no querían tanto saber noticias de su hijo

cuanto tenerlo a su lado. Viendo Ragüel que no era posible retener por más tiempo a su yerno, le

entrega Sara, su mujer; la mitad de la hacienda, siervos, ganados y dinero. Algunos textos especifican

que le fueron entregados a Tobías: siervos (somata, Gen 36:6; 2 Mac 8:11; Apoc 18:3);

siervas (puellas, Sin., Vet. Lat.), ganados, bueyes, asnos, camellos, vestidos de lino y púrpura,

vasos de oro y plata (HM).

Camino de Nínive (11:1-7).

1 Al punto se puso Tobías en camino, bendiciendo a Dios, que le había dado tan feliz

viaje, y bendiciendo también a Ragüel y a Edna, su mujer. Así caminaron hasta llegar

cerca de Nínive. 2 Entonces dijo Rafael a Tobías: “Bien te acordarás, hermano,

de cómo hemos dejado a tu padre. 3 Vamos a adelantarnos nosotros a tu mujer para

preparar la casa. 4 Lleva contigo la hiél del pez.” Partieron ellos, siguiéndoles el perro.

5 Entre tanto, Ana, sentada, miraba hacia el camino para ver si descubría a su

hijo. 6 Cuando creyó verle venir, dijo al padre: “Mira, viene nuestro hijo, y con él su

compañero.” 7 Rafael dijo a Tobías: “Estoy seguro de que tu padre recobrará la vista.

Agradecido a Dios por los beneficios que le había otorgado con ocasión de su viaje a Ragúes,

Tobías regresa rico a su casa, acompañado de su esposa, siervos y ganados. La lentitud (lento

gressu, según Vulg.) con que procedía la caravana llenaba de inquietudes al joven Tobías, deseoso

de llegar cuanto antes a casa para consolar a sus ancianos padres. Su fiel compañero de viaje,

Rafael, debió de comprender su intranquilidad, y a este fin le sugirió que los dos se adelantaran a

la caravana para preparar la casa. En ella reinaba el desasosiego por su tardanza en regresar. Su

padre soportaba la angustia en silencio, tratando de apaciguar el ánimo exaltado de su mujer. Esta,

menos resignada y virtuosa, iba al camino que había tomado su hijo y oteaba el horizonte con

la esperanza de vislumbrar su silueta. Quizá la casa se hallaba en el extremo sudoriental de la

ciudad, desde donde podía divisarse gran trecho del camino que conducía a Ecbatana.

Tobías debió de percatarse, por los ademanes y movimiento que notó ante su casa, de que

algo extraordinario acontecía. La madre, como muy lógico en tales circunstancias, después de

haber anunciado con alborozo a su marido la noticia del regreso del hijo, corrió a su encuentro

sin esperar a su marido, que, por efecto de la ceguera y de la emoción que embargaba su alma, se

agitaba en el interior de la casa, avanzando a tientas hacia la puerta. La visión de la madre que

corría alocada al encuentro de su hijo y la ausencia del padre, impedido por la enfermedad, debieron

de conmover a Tobías hasta nacerle derramar lágrimas, El ángel le consoló asegurándole

su curación.

Empleo y efectos de la hiel (11:8).

8 Úntale los ojos con la hiél; al escocerle se frotará, se desprenderán las cataratas y

verá.”

1392

A las palabras con las cuales asegura Rafael a Tobías que recobrará la vista su padre, que abrirá

(anoixe1) los ojos para ver, añade una breve instrucción sobre el empleo y efectos de la aplicación

de la hiel sobre la parte enferma. “Aplica, le dice, la hiel a sus ojos, y, al sentir el escozor, se

frotará (tu padre) repetidamente, o de una a otra parte (diatriba), y lanzará de sí las manchas

blancas y te verá” (texto de B). En el texto Sin. dice el ángel: “Extiende la hiel del pez sobre sus

ojos, y el remedio hará contraer y despegar las manchas blancas (leukómata), y de esta manera tu

padre recobrará la vista y verá la luz.”

Antes del encuentro de Tobías con sus padres, señala la Vulgata el detalle pintoresco del

perro. Este detalle, que el cardenal Newmann clasificaba entre los “obiter dicta,” y que tanto

preocupó en su tiempo a teólogos y exegetas, es considerado hoy como un pormenor pintoresco

y ornamental, muy conforme con el estilo y finalidad del libro. Caldos cree que este fragmento

faltaba en el texto primitivo y que fue introducido, o bien por San Jerónimo, consciente o inconscientemente,

bajo la influencia de los clásicos, especialmente de Ov. (17:301), o anteriormente,

por algún redactor de la versión aramaica l.

Tobías abraza a sus padres (11:9-15).

9 Ana, corriendo, se arrojó al cuello de su hijo, diciéndole: “¡Te veo, hijo mío! ¡Ahora

ya puedo morir!” Y ambos lloraban. 10 Salió Tobit a la puerta tropezó; pero el

hijo corrió a él, 11 y, tomandole, derramó la hiél sobre sus ojos, diciendo: “¡Animo,

padre!” 12 En cuanto le escocieron los ojos, se frotó, 13 y se desprendieron las escamas.

Al ver a su hijo, se arrojó a su cuello 14 y, llorando, dijo: “Bendito tú, ¡oh Dios!

y bendito sea tu nombre por los siglos, y benditos también todos tus santos ángeles,

15 porque después de azotarme has tenido misericordia de mí, y veo a Tobías, mi

hijo!” Entró su hijo contento, y refirió a su padre todas las maravillas que le habían

sucedido en Media.

Madre e hijo marchaban juntos a su casa, y, al acercarse a ella, intentó Tobit traspasar el dintel

de la puerta de casa (texto B) sin ayuda de nadie (nemine dante illi manum, Sin., Vet. Lat.), o de

la puerta del atrio de la misma (Sin.); pero, a causa de la precipitación y azoramiento, tropezó. Su

hijo, que estaba cerca, al divisar a su padre que caminaba a tientas hacia él, aceleró el paso, llegando

a tiempo para impedir que diera de bruces en tierra.

Cinco momentos distinguen los distintos textos en el proceso curativo de la ceguera de

Tobit: 1) Se ungen sus ojos con la hiel a manera de un linimento que se extiende sobre toda la

superficie del ojo (lini super oculos, dice la Vulg. 8:13; Vet. Lat. 6:9; egxrison, según B, 11:8;

BS 6:9). La hiél presentaba el aspecto de un líquido viscoso, denso, a manera de pomada que se

extiende por medio de una espátula sobre las heridas o partes doloridas. 2) Al aplicársele la hiel,

Tobit experimentó una punzada, un escozor en todo el ojo (dexzeis, según B, v.8 y 11), que le

molestaba. 3) Al notar aquella sensación de molestia, Tobit se frotó y restregó los ojos en todas

direcciones (diatripsei, B, v.8 y 11). 4) A consecuencia de esta acción violenta, comenzaron a

desprenderse las manchas blancas de los bordes de los ojos hasta caer totalmente, o bien debido a

la eficacia del medicamento (“el remedio hará contraer y despegar las manchas blancas,” texto

Sin., v.8), o a consecuencia de la frotación (decoriavit duabus manibus, Vet. Lat.). Las citadas

manchas en su aspecto exterior parecían escamas, sutiles telillas o membranas. La Vulgata añade

que tenían parecido con una membrana de huevo (“quasi membrana ovi”). 5) El resultado final

de toda la operación fue que Tobit, una vez libre de aquellas manchas, vio al hijo (Β), ο vio la luz

1393

(Sin.). De los textos se desprende que la recuperación de la vista fue instantánea y completa, pudiendo

distinguir inmediatamente los objetos.

Los autores tratan de si hubo o no milagro. El hagiógrafo describe el proceso de la curación

de Tobit como cosa normal y como efecto de la aplicación de un medicamento. Con esto

concuerda el hecho de que la antigüedad consideraba la hiel de diversos peces como un eficaz

remedio contra los ojos. También el proceso curativo se describe en el sentido de que la curación

se produjo naturalmente. De ahí que muchos antiguos expositores no ven en ello milagro alguno.

Otros lo admiten en el hecho de la curación. Calmet no se pronuncia ni a favor ni en contra

(“cuivis hac in re quidvis colligere licet”) El hagiógrafo no ha señalado en este punto cuál es su

pensamiento. Únicamente ha dado a entender que para él aquella curación fue obra de Dios (ergon

tou zeou, 12:11).

Llegada de Sara (11:16-19).

16 Salió Tobit a las puertas de Nínive al encuentro de su nuera, contento y bendiciendo

a Dios. Y cuantos le veían se maravillaban de verle andar sin lazarillo. 17 Tobías

alababa delante de ellos a Dios, porque había tenido misericordia de él. Así que

llegó Tobit a Sara, su nuera, la bendijo, diciendo: “Bien venida seas, hija mía. Bendito

sea Dios, que te ha traído entre nosotros, y benditos sean tus padres.” Fue todo

esto motivo de alegría para sus hermanos en Nínive. 18 Llegaron Ahikar y Nadab, su

sobrino, 19 y durante siete días se celebraron con regocijo las bodas de Tobías.

Una vez en casa, Tobías refirió a sus padres las maravillas que le habían sucedido en el viaje. La

presencia de Sara y de la caravana que iba con ella despertó la curiosidad de todos, especialmente

de los judíos que moraban en Nínive. Entre los concurrentes mencionan los textos a Ahikar y

Nadab. El nombre de este último aparece con algunas variantes: Nabad (Sin.), Nadab (Sin.

14:10), Nasbas (texto B), Aman (B 14:10), falsa corrección de Adam, que, según Ñau, es la verdadera,

que tiene relación con el Nadan de la historia de Ahikar 2. Nadab era sobrino de Tobit

(texto B); según Sin. y Vet. Lat., lo eran ambos, a saber, Ahikar y Nadab.

A la descripción sombría que hizo el autor sagrado en la primera parte del libro, contrapone

ahora, con vivos colores, la profusión de beneficios con que regala el Señor a Tobit como

premio de su fidelidad en el sufrimiento.

1 plinio, Hist. Nat. 32:24; galeno, Fac, simpl. med. 10,2-13: Tableta K. 11095, que atestigua, según Stummer,

esta creencia entre los asirios.

2 Según Doller, Die Reinheits und Speisegesetze des A. T. (München 1917) 74, muchos pueblos antiguos

consideraban peligroso el primer coito por temor a que el demonio entrara en la joven. De ahí que en

muchos lugares diferían los jóvenes esposos por algunos días el uso matrimonial con el fin de despistarlo.

Se empleaban muchas y variadas estratagemas para engañar al demonio. La costumbre de asistir

nombres armados al cortejo nupcial disparando tiros y cohetes se fundaba en la creencia de que debía

alejarse al demonio, que acechaba de una manera especial a la novia. En la Iglesia primitiva, hasta la

Edad Media, existía también la creencia de la acción funesta del diablo, enemigo del matrimonio. Para

contrarrestarle se acudía a la oración, exorcismos, agua bendita y bendición del tálamo nupcial, etc.

1 Galdos, l.c., 11.323.

2 Ñau, Histoire de la Sagesse d'Ahikar 52 not.z.

1394

El Ángel Descubre Su Personalidad (c.12.-13).

Deliberación y acuerdo sobre el salario de Rafael (12:1-5).

1 Llamó Tobit a Tobías y le dijo: “Mira, hijo mío, el salario que has de dar a ese

hombre que ha ido contigo y lo que conviene añadirle.” 2 “Padre — contestó él —,

no me parece mucho darle la mitad de lo que he traído, 3 pues me ha vuelto sano,

curó a mi mujer, cobró el dinero, y a ti también te ha curado.” 4 Respondió el anciano:

“Todo se lo merece.” 5 Y, llamando al ángel, le dijo: “Toma la mitad de todo lo

que habéis traído y vete en paz.”

Transcurridos los siete días de la fiesta nupcial (11:7), o catorce según la Vulgata, que cuenta a

partir de su llegada a casa, comprende Tobit que ha terminado la misión del joven que se ofreció

como guía de su hijo (5:4). Al contratarle, además de señalarle el salario base, había Tobit insinuado

que le daría una pequeña recompensa, a la que se haría acreedor según la conducta y el

éxito que tuviera en su mision (5:15). Pero, ante el cúmulo de beneficios que le había reportado

su actuación, entiende que debía recompensarle con generosidad. No sabía cuánto debía entregarle;

su hijo, que estuvo en contacto con él, podía apreciar mejor la cuantía de los servicios

prestados.

Rafael se da a conocer e invita a alabar a Dios (12:6-7).

6 Entonces el ángel, llamando a los dos aparte, les dijo: “Bendecid a Dios y glorificadle;

ensalzadle, pregonad a todos los vivientes lo que ha hecho con vosotros, 7 pues

bueno es bendecir a Dios y ensalzar su nombre, pregonando sus obras. No os canséis

de confesarle. Bueno es guardar el secreto del rey, pero glorioso pregonar las obras

de Dios. Habéis hecho el bien y nada malo os pasará.

Ante el acuerdo de Tobit y su hijo de pagarle los servicios prestados, Rafael los llama aparte para

comunicarles algo trascendental y misterioso. Antes de revelar su verdadera personalidad, invita

a ambos a alabar y bendecir a Dios, de cuyas manos han recibido todos los bienes y favores

que ellos le atribuyen, haciéndoles ver que él ha sido simplemente un instrumento puesto a su

servicio por la infinita bondad divina. Por consiguiente, les exhorta a que bendigan a Dios, a

que le alaben y den gracias y que pregonen ante todo el mundo las maravillas que ha obrado para

con ellos.

Virtudes practicadas por Tobit (12:8-10).

8 Buena es la oración con el ayuno, y la limosna con la justicia. Mejor es poco en

justicia que mucho en iniquidad. Mejor es dar limosna que acumular tesoros, 9 pues

la limosna libra de la muerte y limpia de todo pecado. Los que practican la misericordia

y la justicia serán repletos de vida, 10 mientras que los pecadores son enemigos

de su propia dicha.”

De entre las virtudes cultivadas preferentemente por Tobit se especifican las siguientes: la oración,

el ayuno y la limosna, que han sido llamadas las virtudes cardinales judaicas. Las tres son

como el compendio de las obligaciones para con Dios, para consigo mismo y para con el prójimo

(Vaccar1). Por encima está la oración (3:2-6), tanto más meritoria cuanto que en el exilio

1395

no eran posibles las manifestaciones externas del culto judaico.

La revelación del ángel (12:11-15).

11 Nada os quiero ocultar. Ya os lo he dicho: bueno es guardar los secretos del rey,

pero es glorioso revelar las obras de Dios. 12 Cuando orabais tú y tu nuera, Sara, yo

presentaba ante el Santo el memorial de vuestras oraciones. Cuando enterrabas a

los muertos, también yo te asistía. 13 Cuando sin pereza te levantabas y dejabas de

comer para ir a sepultarlos, no se me ocultaba esa buena obra, antes contigo estaba

yo. 14 Por eso me envió Dios a curarte a ti y a Sara, tu nuera.15 Yo soy Rafael, uno de

los siete santos ángeles que presentamos las oraciones de los justos y tienen entrada

ante la majestad del Santo.”

Rafael tenía en el cielo el encargo de presentar las oraciones de Tobit y Sara delante del Santo, a

la manera como los oficiales y ministros de la corte real presentan al soberano los memoriales de

las súplicas de sus subditos. Rafael se presenta aquí no como intercesor y abogado de Tobit ante

Dios, sino como mediador y simple ministro (Apoc 8:3-4). Dios recibía por mediación de Rafael

las oraciones de Tobit y Sara, y las tenía en cuenta para remunerarlas en el tiempo oportuno,

de acuerdo con sus inescrutables designios. También Rafael asistía a Tobit y le acompañaba

en aquellos momentos en que con diligencia, e interrumpiendo incluso sus comidas, practicaba la

obra de misericordia de enterrar a los muertos, hecho que Rafael anotaba y presentaba ante

Dios. Se le envió en recompensa un ángel para que en premio se le devolviera la vista y librara a

Sara del demonio, además de otros favores.

El anuncio de su misión lleva insensiblemente a Rafael a descubrirles su verdadera personalidad.

Por naturaleza es un ser incorpóreo, invisible; pero, al ser mandado por Dios, tomó

aquella forma sensible que mejor se ajustaba a la misión que se le había confiado. Para Tobit y

familia era Rafael un joven apuesto, de noble ascendencia, buen andarín, perito en el arte de la

medicina y de rara habilidad en solucionar rápidamente los asuntos casamenteros; pero nunca

hubieran podido conjeturar que tras aquella apariencia sensible se ocultase un ángel de gran categoría.

En realidad, Rafael es uno de los siete ángeles que están junto al trono de Dios en calidad

de confidentes, consejeros y ministros. A semejanza de los vasallos y servidores de los reyes

de la tierra (1 Sam 22:17; 1 Re 12:6-8; 2 Crón 9,7), tenía Rafael libre entrada ante la majestad

del Altísimo para cumplir con su misión específica de presentar a Dios las oraciones

de los justos, tales como Tobit.

La mayoría de los ángeles no tienen nombre; pero, en una época en que se tendía a identificar

a los ángeles con las estrellas, el recuerdo de los textos de la Escritura, según los cuales

Dios “llama a las estrellas por sus nombres” (Is 40:26; Job 37:3; 38:35; Sal 147:4; Bar

3:33), contribuyó sin duda a dar un determinado nombre a los ángeles que entraban en escena.

Los ángeles más importantes, en primer lugar los arcángeles, fueron los primeros en recibir

una individualización más completa. Tres de los siete principales reciben en la Biblia un nombre

propio: Miguel (Dan 10:13-21; 12:1; Tes 4:16; Jds 9), Gabriel (Dan 8:16; 9:21; Lc 1:9) y Rafael

(Tob 3:17; 12:15), a los cuales los libros apócrifos (IV Esdras, Henoc, Apocalipsis de Baruc,

Apoc. de Moisés) han añadido otros, tales como Uriel, Fanuel, Ragüel, Sariel, Jeremiel, Faltiel,

etc. No aparece clara en los libros apócrifos la existencia de una categoría especial formada

por siete arcángeles. La creencia en la existencia de la agrupación de siete arcángeles, ¿es de

origen bíblico o de inspiración pagana? Algunos panbabilonistas ven en los siete planetas dei1396

ficados de la religión babilónica el origen de los siete ángeles del judaísmo. Pero los nombres

de los siete ángeles, según Henoc c.20, están formados con el nombre de Dios. Y ellos no son

asimilados a las estrellas, porque, al contrario, son los siete seres blancos que conducen las estrellas

delante de Dios para ser juzgadas (Píen. 90.21). Tampoco es de origen persa, porque, según

el P. Lagrange, “los siete Ameschas Spentas son puras abstracciones: buen pensamiento, docilidad,

inmortalidad.” 1 Pero cabe la pregunta: ¿Ha servido la corte real persa como punto de

partida para concebir la corte divina? Esd 7:14; Est 1:14 podrían sugerir esta hipótesis (Diego De

Celada, Gaspar Sánchez).

Acomodándose Rafael al uso en la corte persa, podía presentarse como uno de los siete

consejeros de Dios, no poniendo el término de la comparación en el número matemático, sino en

el oficio y misión de aquel grupo de consejeros, como si dijera: “Yo soy Rafael, uno de la junta

de los consejeros divinos” (Caldos). Otros autores se inclinan por considerar el número siete como

simbólico, en el sentido de “uno de los muchos,” o tomar el número en sentido propio y simbólico

al mismo tiempo: “Yo soy uno de los siete que estamos ante Dios,” lo cual no impide que

fueran más o menos de siete. Miller busca el origen de este número septenario en Ez c.9 y 10, en

donde se habla de espíritus y querubines al servicio de la gloria de Dios (9:13; 10:3-7) y en donde,

aunque de manera oscura, se diseña el número siete (9:2-3). Con este número relacionan

otros el texto de Zach 4:10 y Apoc 1:4; 3:1; 8:2. Lo cierto es que esta mención ha contribuido

eficazmente al desarrollo de la doctrina de los siete arcángeles.

Tobit y su hijo llenos de temor (12:16-21).

16 Los dos se quedaron turbados, y cayeron sobre su rostro, llenos de temor. 17 El les

dijo: “No temáis; la paz sea con vosotros” Bendecid a Dios siempre, pues no he venido

por mi voluntad, sino por la de Dios, por lo que a El debéis bendecir siempre. 18

Todos los días me hacía ver de vosotros; no comía ni bebía; lo que vosotros veíais

era una apariencia. 19 Ahora alabad a Dios, que yo me subo al que me envió, y poned

por escrito todo lo sucedido.” 20 Se levantaron, pero no le volvieron a ver. 21 Y

confesaron las grandezas y maravillas de Dios y cómo el ángel del Señor se les había

aparecido.

La revelación de Rafael infundió gran terror a los dos hombres, porque era creencia que nadie

podía ver a Dios o a su ángel y seguir viviendo. Los dos cayeron inmediatamente sobre su rostro,

llenos de espanto por la suerte que les esperaba (Ex 33:20; Jue 6:22; 13:22; Dan 10,7). No se

ve, como pretende Pautrel, la influencia que haya podido tener esta perícopa con la redacción

evangélica sobre las apariciones de Jesús (Mt 28:2-10; Le 24:41-43). Rafael, adoptando una expresión

de afectuosa cordialidad: “la paz sea con vosotros,” tranquiliza a los dos y les inculca de

nuevo que alaben a Dios, haciendo hincapié en señalar la gran diferencia existente entre Dios,

de quien proceden todos los bienes que han recibido, y su condición de ministro y siervo.

Cántico de Τοbit (c.13).

Características Generales.

El cántico de Tobit se divide en dos partes: 1) Tobit alaba a Dios por los beneficios concedidos

a él y a su pueblo en el destierro (v.1-10a); 2) perspectivas de salvación y grandeza de

Jerusalén (11-18). Doxología final (v.15cd). Por su contenido genérico e incoloro, el himno da la

1397

sensación de estar desconectado del ambiente histórico que le precede. De hecho son escasas las

referencias a las vicisitudes de la vida de Tobit, si exceptuamos una clara alusión a su cautividad

(v.15) y algunas otras menos explícitas (13:2 = 11:15; 13:4 = 12:6; 13:5 = 33”4-5)· Por su aspecto

se asemeja a una composición a base de otros pasajes bíblicos (1 Sam 2:1ss) y lugares comunes,

sin contenido original. En cuanto a su inspiración poética, nos hallamos frente a un himno

lírico, aunque su belleza poética es inferior a los modelos de la antigua poesía hebraica conservados

en libros históricos anteriores (Ex 15; Deut 32; Jue 5; 2 Sam 1:18-27; Vacgar1).

Invitación al pueblo a ensalzar a Dios (13:1-10).

1 Y Tobit, en un transporte de júbilo, escribió una oración y dijo: “Bendito sea Dios,

que vive por los siglos, por todos los siglos permanece su reino. 2 Porque El azota y

se compadece, lleva al sepulcro y saca de él; nadie hay que escape de su mano. 3

Confesadle, hijos de Israel, ante las naciones, pues El nos dispersó entre ellas. 4 Pregonad

aquí su majestad, ensalzadle ante todos los vivientes, que El es nuestro Señor

y nuestro Dios, El nuestro Padre por los siglos de los siglos. 5 Nos azota por nuestras

iniquidades, y luego se compadece y nos reunirá de las naciones en que nos ha dispersado.

6 Si os convertís a él de todo corazón y con toda vuestra alma para practicar

la verdad en su presencia, entonces se volverá a vosotros y no os ocultará su rostro.

7 Contemplad ahora lo que ha hecho con vosotros. Dadle gracias a boca plena,

bendecid al Señor de la justicia y ensalzad al rey de los siglos. 8 Yo le confesaré en la

tierra de mi cautiverio y pregonaré su poder y su majestad al pueblo pecador. Convertios,

pecadores, y practicad la justicia delante de El? quizá tenga misericordia de

nosotros. 9 Yo ensalzo a mi Dios, rey de los cielos; mi alma se regocijará en su grandeza.

10 Hablen todos y confiésenle en Jerusalén.

Conforme a la recomendación del ángel (12:6-17), en la primera estrofa (2-3) bendice Tobit al

Dios verdadero, Dios viviente y eterno (Jer ιο,ιο; Deut 5:26; 32:40; Sal 24:5).

En la segunda estrofa (v.4-5) se profundiza en los motivos que recomiendan la alabanza a

Dios. Si es verdad que Dios castigó a su pueblo con el exilio, también lo es que Dios es para Israel

como un padre que le ama, y que lo castiga precisamente porque le ama (Hebr 12:6).

En la cuarta estrofa (v.7) invita al pueblo a volver la vista hacia el pasado, en donde encontrará

innumerables ejemplos de la misericordia de Dios para con él. El Señor es justo, castiga

cuando uno se lo merece y ensalza cuando el pecador confiesa su culpa y hace penitencia.

En las dos estrofas (8-10a), no obstante las dificultades del texto, con sus muchas vacantes,

parece vislumbrarse clara la idea de que Tobit continuará sin cesar de alabar a Dios en el

destierro para obtener su misericordia.

Perspectivas de grandeza para Jerusalén (13:11-18).

11 Jerusalén, la ciudad del Santo. Por las obras de tus hijos te azotará, pero de nuevo

se compadecerá de los hijos de los justos. 12 Confiesa dignamente al Señor y bendice

al rey de los siglos para que de nuevo sea en ti edificado su tabernáculo con alegría,

para que alegre en ti a los cautivos y muestre en ti su amor hacia los desdichados

por todas las generaciones y generaciones. 13 Pueblos numerosos vendrán de lejos al

nombre del Señor, nuestro Dios, trayendo ofrendas en sus manos, ofrendas para el

1398

Rey del cielo. Las generaciones de las generaciones exultarán en ti. 14 Malditos todos

los que te aborrecen y benditos para siempre todos los que te aman. 15 Alégrate y

salta de gozo por los hijos de los justos, que serán congregados, y al Señor de los justos

bendecirán. 16 Dichosos los que te aman; en tu paz se alegrarán. Dichosos cuantos

se entristecieron por tus azotes, pues en ti se alegrarán contemplando toda tu

gloria, y se regocijarán para siempre. 17 Bendice, alma mía, a Dios, Rey grande,

porque Jerusalén con zafiros y esmeraldas será reedificada, con piedras preciosas

sus muros y con oro puro sus torres y sus almenas. 18 Y las plazas de Jerusalén serán

pavimentadas de berilo y rubí y piedra de Ofir, y todas sus calles dirán: ¡Aleluya,

bendito sea Dios, que te ensalzó, por todos los siglos!”

Tobit abriga la esperanza de que muchos de sus connacionales se convertirán y que con ello darán

ocasión a que Dios se apiade de los justos, de que regresen a Jerusalén, siendo con ello posible

la reedificación de la ciudad y del templo. Jerusalén volverá a ser el punto de reunión de

todos los pueblos (Is 2:2-3; 66,18ss; Bar 4:36-37; Miq 4:2), a la que irán con abundantes dones

(Is 60:6; Sal 67:30; 71:10-11), y, según la Vulgata, adorarán al rey de los cielos.

El profeta invita a Jerusalén a alegrarse por el retorno de los hijos de los justos, lo que

puede interpretarse como refiriéndose al resto santo de que habla Is 10:21; 60:4; 65:8-9, o a los

israelitas en general.

1 Lagrange, La religión des Perses: RB 14 (1904) 208-309,

Epílogo: Últimos años de Tobit y de su Hijo (c.14).

Cronología y vicisitudes de los últimos años (14:1-2).

1 Terminó Tobit su canto de alabanza. 2 Era de cincuenta y ocho años cuando perdió

la vista, que recobró al cabo de ocho años. Haciendo limosnas, proseguía en temer al

Señor Dios y en darle gracias.

Los años que siguieron a la curación de la ceguera hasta su muerte se caracterizan por una felicidad

imperturbable, a ejemplo de Job (49:10-16). Existe divergencia en cuanto a la cronología de

este último período de la vida de Tobit entre las diversas versiones. Según B, el anciano Tobit

perdió su vista a los cincuenta y ocho años y la recobró al cabo de ocho, siendo el número total

de vida ciento cincuenta y ocho años (v.11). El códice Sin. dice que “murió en paz, a la edad de

ciento doce años, y fue enterrado dignamente en Nínive. Tenía sesenta y dos años cuando perdió

la vista,” que recobró después de cuatro años (2:10). En los cómputos de la Vulgata, Tobit quedó

ciego a los cincuenta y seis años de edad, recupero la vista a los sesenta años y murió a la edad

de ciento dos. ¿Es posible reconstruir la cronología del texto original? Lo más prudente es pensar

que el autor sagrado no tuvo la preocupación de señalar matemáticamente los años de vida de

Tobit, sino más bien emplear unas cifras altas (véase 14:12-15) con el fin de dar a entender que

la vida santa y la limosna aseguran una vida larga en este mundo (4:10; 12:9). Tienen estos números

más valor simbólico que real.

Ultimas recomendaciones de Tobit (14:3-11).

1399

3 Siendo ya muy viejo, llamó a su hijo y a los hijos de éste, y les habló así: “Hijo, yo

estoy ya muy viejo y para partir de esta vida. Toma a tus hijos 4 y vete a la Media,

pues estoy persuadido de que cuanto dijo el profeta Jonas sobre Nínive se cumplirá

y será destruida. En la Media habrá más paz hasta un determinado tiempo. Pasado

éste, nuestros hermanos que moran en la tierra feliz serán dispersados. Jerusalén

quedará desolada, y la casa de Dios entregada a las llamas, durando la desolación

hasta cierto tiempo; 5 pero otra vez Dios se compadecerá de ellos y los volverá a su

tierra y edificará la casa, aunque no como la primera, hasta que se cumplan los

tiempos del mundo. Después de esto volverán de la cautividad y edificarán a Jerusalén

magníficamente, y en ella la casa de Dios, gloriosa, como de ella han dicho los

profetas. 6 Todas las naciones se convertirán de veras al temor del Señor Dios y enterrarán

sus ídolos. 7 Bendecirán todas las naciones al Señor, y su pueblo le dará

gracias, y el Señor ensalzará a su pueblo, y se alegrarán todos los que aman al Señor

Dios en verdad y en justicia, practicando la misericordia hacia nuestros hermanos. 8

Vete, pues, hijo mío, de Nínive, porque enteramente se cumplirá lo que dijo el profeta

Joñas. 9 Pero tú guarda la Ley y los preceptos, sé misericordioso y justo, y serás

feliz. 10 Dame digna sepultura, y a tu madre después conmigo, y no te quedes más en

Nínive. Hijo mío, mira lo que hizo Nadab a Ahikar, que le había criado; cómo le llevó

de la luz a las tinieblas, y cuan mal le pagó. Pero Dios salvó a Ahikar, y aquél recibió

su merecido bajando a las tinieblas. Por haber practicado la limosna, fue sacado

del lazo de muerte que le había puesto, mientras que Nadab cayó en la trampa y

pereció. 11 Ved, hijos, lo que hace la limosna, y cómo la justicia es salud.” Diciendo

esto, dio su alma en el lecho. Tenía ciento cincuenta y ocho años, y le dieron honrosa

sepultura.

A ejemplo del patriarca Jacob (Gen 47:29), llamó Tobit a su hijo y a los hijos de éste para manifestarles

su última voluntad y dirigirles sus postreras amonestaciones! Según la Vet. Lat. y Vulg.

acudieron junto a su lecho “filium suum et septem iuvenes filios eius nepotes suos” (el hebreo de

Fagio habla de seis), lo cual puede considerarse como una adición inspirada en Job 1:2; 42:13.

Destrucción de Nínive (14:4).

Las palabras de Tobit tienden en primer lugar a revelar a su hijo la próxima destrucción

de Nínive por los medos; de ahí la recomendación de huir de la misma antes de que se cumplan

los vaticinios profetices de Joñas. No le sugiere que vaya a Palestina porque aún los hermanos

que moran en la tierra feliz serán dispersados; Jerusalén será destruida, y el templo, devastado.

En este mismo texto, junto con la derrota de Asiría y la destrucción de Nínive, se predice también

la ruina de Babilonia. Ya antes los profetas habían anunciado la destrucción de Nínive (Is

10:12-19; Nah c.2-3), profecía que se cumplió en el año 612 con el ataque combinado de Babilonia

y de los medos. Pero a Babilonia le estaba reservada igual suerte (Is 13-14; 47; Jer 50-51).

Suerte de los hermanos que moran en Palestina (14:4).

Con una visión profética habla Tobit de la suerte de los hermanos que viven todavía en la

tierra feliz (Ex 3:8; Deut 11:17), anunciando su dispersión. El texto se refiere directamente a la

suerte de los habitantes del reino de Judá, verdadero centro religioso de Israel (1:4) y cuya

devastación (598-586) señalará el tiempo en que toda Palestina quedará convertida en un erial.

1400

La nueva Jerusalén (14:5-7).

Pasado el tiempo de prueba, se compadecerá Dios de su pueblo, permitiéndole regrese a

su tierra y reedifique la casa, o sea, el templo (Esd 3:12; Ag 2:10); seguirá después el retorno y la

reedificación de Jerusalén (Esd 1:353; 3:655; Neh 1:3-1755; Jer 31:38). Encontramos aquí no

una profecía por separado, sino una combinación de vaticinios proféticos sobre los últimos tiempos

y de Daniel, en particular sobre la suerte de Jerusalén. Todas las naciones se convertirán al

temor de Dios (Is 18:7-19:22), le bendecirán juntando sus voces con las de los judíos; adorarán

al único Dios verdadero y sepultarán a sus ídolos (Is 2:20). Con ello se habrá llegado a la plenitud

de los tiempos mesiánicos.

Consejos a su hijo (14:9-11).

En confirmación de que la perversidad acarrea la ruina de los pueblos e individuos, trae

Tobit el ejemplo de Ahikar, relación que falta en los textos semíticos y en la Vulgata.

Muerte de Tobit (14:11).

A semejanza del patriarca Jacob (Gen 49:32), Tobit dictó sus últimas recomendaciones a

su hijo desde la cama donde yacía por razón de su vejez extraordinaria, cayendo muerto tan

pronto como terminó de inculcar a su hijo la práctica de la limosna, que había sido la virtud predilecta

de toda su vida.

Tobías marcha a la Media: caída de Nínive (14:12.-15).

12 Cuando murió Ana, la sepultó con su padre; y partió Tobías con su mujer y todos

sus hijos a Ecbatana, a casa de F güel, su suegro. 13 Tuvo Tobías una buena ancianidad

y sepultó a sus suegros honrosamente, heredando su hacienda y la de Tobit, su

padre. 14 Murió en Ecbatana de Media a la edad de ciento veintisiete años. 15 Antes

de morir tuvo noticia de la ruina de Nínive, cuyos habitantes llevaron cautivos Nabucodono-

sor y Asuero, y se alegró de la suerte de Nínive antes de morir.

De conformidad con las indicaciones de su padre, Tobías partió con toda su familia y fortuna a la

Media, fijando su residencia en Ectabana, en casa de Ragüel, su suegro. Gomo premio de su

buen comportamiento para con sus padres, Dios le concedió una vejez tranquila, aumentando sus

riquezas al heredar, a su muerte, la hacienda de su suegro, viviendo en total ciento veintisiete

años (B), ciento diecisiete (Sin.), ciento siete (siríaca) o noventa y nueve (Vulgata), lo que le

permitió ver a los hijos de sus hijos hasta la quinta generación (Vulgata). Ye hemos indicado el

valor simbólico de estos números.

Los documentos extrabíblicos no dicen que los conquistadores de Nínive deportaran a sus

habitantes, pero era ésta la costumbre de aquellos tiempos. Entre los soberanos que asaltaron la

ciudad se menciona a Giaxares, rey de los medos. El otro asaltante fue el rey de Babilonia Nabopolasar

(626-605). Se alegró Tobías al recibir la noticia de la caída de Nínive, como hicieron, en

general, todos los habitantes del Próximo Oriente, por ver confirmada una vez más la verdad de

los vaticinios proféticos (14:4 Sin.), y porque, con la destrucción de Nínive, desaparecía un enemigo

encarnizado del pueblo judío y una potencia contraria al Dios verdadero (Is 10:7; 52:4;

Hab 1:9).

El texto Sin. termina el libro con la frase: “Y bendice al Señor Dios por los siglos de los

1401

siglos. Amén.” Tobías alaba a Dios por haber triunfado de sus enemigos y desea que esta victoria

se perpetúe por los siglos de los siglos. El apogeo de Nínive, que se describe en las primeras páginas

del libro, contrasta con la humillación que siguió a su vergonzosa caída. El autor sagrado

se complace en acentuar el aplastamiento del poderío de la soberbia ciudad para enseñar una vez

más que Dios castiga a sus enemigos y da su gracia a los justos. Con esta conducta se pone de

manifiesto su justicia, tanto sobre los individuos como sobre las naciones (Is 10:5; 14:24; Nah

1:3). Dios premió aún después de su muerte a sus fieles servidores Tobit y su hijo, como lo declara

la Vulgata al terminar el libro con las palabras: “Toda su parentela y todos sus descendientes

llevaron una vida santa y practicaron buenas obras, por lo cual fueron aceptos tanto a Dios

como a los hombres y a todos los habitantes del país.”

Judit.

Introducción.

División del libro y texto.

Dos partes cabe distinguir en el libro: 1) Antecedentes al asedio de Betulia (c.1-6). 2)

Victoria del pueblo judío (c.7-16).

El texto hebreo o arameo, en que fue escrito originariamente el libro, se perdió desde

muy antiguo. Orígenes no lo conoció y San Jerónimo afirma que revisó la antigua versión latina

basándose en un ejemplar escrito en arameo.

El texto griego se ha conservado en tres formas principales: 1) la de las unciales Β A S;

2) forma peculiar de los códices 19 y 108; 3) texto del manuscrito 58 (Vaticano Reginense), del

que dependen los textos de la Vetus Latina y Pesitta. Los manuscritos 19 y 108 representan el

texto de Luciano, y en ellos se inspiran la versión aramea y la Vulgata. San Jerónimo, a instancias

de sus amigos, tradujo el libro precipitadamente, fijándose más en el sentido que en la letra

del texto. Quiso él acabar con la multiplicidad viciosa de manuscritos — no dice si eran griegos

— y pone en latín lo que encontró en un texto aramaico. “Huic (ludit) unam lucubratiuncu-lam

dedi, magis sensum e sensu, quam ex verbo verbum transfe-rens. Multorum codicum varietatem

vitiosissimam amputavi; solum ea, quae intelligentia integra in verbis Ghaldaeis invenire po-tui,

Latinis expressi” (Trae, ad Jdt: PL 29:39). Se sospecha que el texto aramaico utilizado por San

Jerónimo era más una paráfrasis de estilo targúmico que una simple versión del texto hebreo

primitivo.

Se conocen tres textos hebraicos de Judit con carácter midrástico, que de ninguna manera

pueden identificarse con el texto hebreo primitivo. Dos de ellos fueron publicados por A. Yellineck

1, y el tercero por M. Gaster 2. Este último coloca la historia de Judit en la época del sitio de

Jerusalén por Seleuco, no mencionándose a Nabucodonosor ni Holofernes 3. El texto de nuestro

comentario se ajusta al texto griego publicado en la edición que hizo Sixto V del texto de los

LXX, teniendo asimismo a la vista el texto editado por A. Rahlfs 4.

Autor y fecha de composición.

Llámase libro de Judit por ser ella la protagonista, no por haberlo escrito. No podemos

1402

determinar quién fue su autor ni fijar la fecha de su composición. Se ha dicho que su autor lo fue

también del libro del Eclesiástico5, lo que nos confirma todavía más en nuestra impresión de que

el libro fue escrito en tiempos posteriores al destierro. Las razones que se aducen para una fecha

anterior a la cautividad carecen de valor 6. Grintz fija la data de la composición en el período

persa. Dos testimonios explícitos tenemos en el libro que hablan de la cautividad como de un

acontecimiento histórico: 4:2-3; 5:19. Por consiguiente, se excluye toda fecha de composición

anterior a Darío.

En el libro se vislumbran no pocos elementos persas. En efecto, la frase que se aplica a

Nabucodonosor de “gran rey, señor de toda la tierra,” es el título que se daba a los reyes persas.

La invocación de Dios como “Dios del cielo” es peculiar de los persas (Esd 5:6; papiros de Elefantina);

el ejército invasor era persa (16:10); Holofernes y Bagoas son nombres de origen persa.

Las armas que utiliza el ejército (akinakés, 13:6; 16:9) tienen el mismo origen, así como la expresión

“preparar la tierra y el agua” (2:7).

Pero el mismo examen revela la presencia de elementos helenísticos. Alejandro fue el

primer monarca que se arrogó, aun en vida, honores divinos. Su ejemplo fue seguido por los seléucidas,

especialmente por Antíoco Epifanes, que mandó colocar en el templo de Jerusalén la

estatua de Júpiter Olímpico y grabar en sus monedas las palabras “Antíoco Rey Dios Epifanes

Nicéforo.” Una costumbre helenista es la de adornarse con coronas de laurel (3:7; 15:13)·.

La importancia que se da a las observancias legales, más minuciosas que en la Ley misma

(10:5); la devoción hacia Jerusalén, al templo y al sacerdocio; la moda de los arcaísmos, sugieren

la época de Ben Sirach (180 a.C.) o la de los Macabeos. Estos indicios, unidos a las analogías

que presentan con los apócrifos, jubileos y Salmos de Salomón, pueden situar al autor y la

fecha de composición del libro hacia el año 70. Aventurando todavía una hipótesis, cabe conjeturar

que el autor escribió su libro a instancia de los fariseos, deseosos de glorificar con el seudónimo

de Judit a su bienhechora, la reina y viuda Alejandra (76-67 a.C.). Que el autor escribió su

libro en Palestina, está fuera de duda.

Finalidad del libro.

El autor del libro de Judit se propuso una finalidad concreta al escribirlo. Quien lo lea de

corrida y superficialmente creerá que su autor no tuvo otro empeño que el de narrar una serie de

hechos históricos. Pero detrás de esta corteza histórica se perfila claramente una idea religiosa

directriz, que acaso ocupa el primer plano en la mente del autor sagrado, conducente a demostrar

la providencia y fidelidad divinas hacia su pueblo escogido. Dios sometió a Israel al crisol de

la prueba (8:27) con el fin de tantear hasta dónde llegaba su fidelidad. Permitió que éste se encontrara

al borde del abismo, pero intervino en el momento crítico y lo salvó.

¿Judit libro histórico?

Hemos dicho que bajo la corteza histórica se vislumbra en el libro el desarrollo de una tesis

religiosa. Pero cabe preguntar: ¿Tiene solidez esta corteza o más bien es una pantalla de que

se sirvió el autor como de medio apto para proponer una enseñanza religiosa? En otras palabras:

Los hechos que figuran en el libro, ¿corresponden en todo o en parte a una realidad objetiva o

deben considerarse como ficción creada por el autor? Estas preguntas no están lanzadas al azar,

sino que las sugieren las múltiples antinomias históricas y geográficas del libro. Sabido es que

las dificultades de por sí no son suficientes para que dudemos inmediatamente de la historicidad

de un libro bíblico, que aparentemente se presenta como tal; pero son un toque de atención que

obliga al exegeta a un examen más detenido del texto.

1403

Las dificultades históricas de mayor relieve del libro de Judit son las siguientes: 1) De

Nabucodonosor, que reinó en Babilonia desde 604 hasta 562, se dice que era rey de los asirios. 2)

Se afirma que el mencionado monarca reinó en Nínive, capital de Asiría, que fue destruida el año

612 por la acción combinada de Nabopolasar y Ciaxares. 3) Dícese (1:5) que Nabucodonosor

combatió y derrotó a Arfacsad, rey de los medos. 4) Por el texto se deduce que en los días de la

invasión de Holofernes no había rey en Israel; un sumo sacerdote, Joaquín, asistido por un consejo

de ancianos, ejercía el poder supremo. 5) Hacía poco que los judíos habían subido de la cautividad

de Babilonia y habían edificado el templo (538-458). 6) El general en jefe del ejército de

Nabucodonosor es llamado Holofernes, nombre de origen persa, no babilónico; dígase lo mismo

del nombre del eunuco Bagoas. ¿Cómo pudo Nabucodonosor reinar sobre Nínive, destruida antes

de subir él al trono? ¿Por qué se llama rey de los asirios, cuando en realidad lo fue de Babilonia?

¿Cómo pudo combatir a Arfacsad, monarca que no figura en el catálogo de los reyes medos y

persas? Sabido es que Nabucodonosor destruyó a Jerusalén y al templo, enviando a los judíos a

la cautividad de Babilonia; ahora bien, ¿cómo puede armonizarse esta noticia con la de que habían

los judíos reedificado la ciudad y el templo y de que habían subido hacía poco del cautiverio?

¿Cómo se explica que un rey de Babilonia reine sobre los asirios, en Nínive, y tenga como generalísimo

de su ejército a un persa?

A estas dificultades de orden histórico se juntan otras de carácter geográfico y topográfico.

El libro de Judit, escribe De Vaux, demuestra una arrogante indiferencia por la historia y la

geografía. El itinerario del ejército de Holofernes (2:21-28) es un desafío a la geografía. Ante las

dificultades mencionadas, y teniendo en cuenta los modos de decir y narrar empleados por el autor

sagrado, pierde terreno la sentencia tradicional, que admitía la historicidad total del libro, y

cobran actualidad las opiniones de los partidarios de una exégesis más libre y más ajustada a lo

que realmente quiso decir y expresar el autor.

El pensamiento actual sobre el género literario de Judit lo resume Lefévre en estos términos:

“Solamente pueden darse dos hipótesis: o los hechos se ocultan cuidadosamente por el empleo

de seudónimos, o el autor escribe, con una finalidad didáctica, una historia ficticia, utilizando

para ello elementos sacados de épocas muy distintas7. Existe una corriente entre los exegetas

que tratan de encajar dentro de un marco histórico determinado los hechos y el ambiente general

que se supone en el texto. A este fin se han hecho tentativas para identificar al personaje que se

esconde bajo el nombre de Nabucodonosor. Se han barajado más de quince nombres, que abarcan

un período de unos mil años, desde Adadnirari III (787 a.C.) hasta Adriano (138 d. C.) 8.

Puede ser que, al utilizar el autor sagrado el nombre de Nabucodonosor, quisiera reunir

en él los rasgos más salientes de todos y cada uno de los antiguos monarcas orientales y griegos,

cuyo distintivo era el orgullo, la impiedad, la ambición y el odio hacia Yahvé y a su pueblo

elegido. Para el autor, Nabucodonosor es una figura sintética, ejemplar, simbólica y apocalíptica.

Es el adversario poderoso e impío del pueblo de Israel. Es un monarca que sobrevive a sí mismo,

ya que ataca a Israel incluso en los tiempos posteriores a la cautividad. Es un personaje de todos

los tiempos y de ninguno en particular. No es nombre concreto; es una fuerza, una idea encarnada.

Es el orgullo personificado, es Satanás (Stein-Mann, 24). Aquior, lo mismo que Nabucodonosor,

tiene en el texto función de tipo (Cazelles).

En cuanto al personaje central, Judit, se identifica en 16:4 con la nación judía. Según De

Vaux, “Judit, palabra que significa la judia, representa el partido de Dios, identificado con el

de la nación9. Es probable que Judit “no sea otra que Jael de Jue 4:5, transformada, primeramente

por los de Elefantina y últimamente por los judíos de Leontópolis, en la heroína que conocemos

con el nombre de Judit.” 10

1404

Como escribimos en otro lugar n terminamos este apartado diciendo que con datos extraídos

de la historia de la lucha secular de los pueblos paganos contra Israel compuso el autor

sagrado una narración, en la que hechos sucedidos en diversos períodos históricos forman unidad

por razón de la identidad de fines que les atribuye. Se barajan nombres, reales o fingidos, de personajes,

con preferencia de tiempos antiguos. Según el P. Guillet, una de las leyes del género

apocalíptico es la de sintetizar la historia en visiones globales 12. Son muchos actualmente los

que clasifican a Judit entre la literatura apocalíptica. Lo que ésta proclama con lenguaje profético,

lo dice nuestro autor empleando el estilo simple de un relato 13.

Valor doctrinal de Judit.

Es un libro fundamentalmente religioso. La tesis central del mismo se plantea en 5:20-21.

Especial providencia de Dios por el pueblo de Israel mientras éste le sea fiel, no solamente rechazando

la idolatría, sino evitando aun las más leves transgresiones legales. Puede permitir Dios

que le sobrevengan grandes calamidades, pero aun entonces debe Israel esperar en Dios, que

permite estos males para probar su fidelidad, no para castigarle.

El pecado es el gran enemigo de la alianza. El mayor de todos es la idolatría; pero

también otras faltas menos graves debilitan los lazos de la alianza. Quienes juzgan las acciones

de Judit con un enfoque moderno, le achacan varios pecados: mentira, seducción, acción voluntaria

de ponerse en peligro próximo de pecar, asesinato de Holofernes, utilización de medios

ilícitos para lograr un bien. Pero no es el de Judit un libro de casos de conciencia, ni aun de edificación,

sino más bien un tratado teológico. Ningún pecado le recrimina el autor sagrado, que

ve en ella un instrumento débil del que se sirve Dios para castigar a los enemigos de su pueblo.

Por el hecho de que su pureza salió ilesa de las provocaciones de Holofernes, a quien decapitó,

algunos teólogos consideran a Judit como figura de la Inmaculada Concepción. A María se

aplican las palabras de 15:9.

Canonicidad.

Se clasifica entre los siete libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento. Según Orígenes

14 y San Jerónimo 15, los judíos leían el libro. Muchos Padres de los siglos n y ni consideran

el libro como parte integrante de la Biblia 16. Por dudar de su canonicidad, San Jerónimo no

puso mucho esmero en su traducción o revisión de un texto aramaico. Pero el mismo santo Doctor

cambió de parecer (Epist. 65: PL 12:623; 25:1394) al verse libre de los prejuicios rabínicos.

Afirma San Jerónimo que el concilio de Nicea “in numero sanctarum scripturarum computasse”

al libro de Judit (PL 39,39) 17·

1 Beth ha-Midrasch (Leipzig 1853),

2 An Unknown Hebrew versión of the history of Judith: “Proceedings of the Society oí D blical Archaeology,”

16 (1893-94) 156-163.

3 C. Meyer, Zur Entstehungsgeschichte des Buches Judith: B 3 (1922) I93-2O3·,

4 Stuttgart 1952. Sobre la cuestión textual véase A. M. DUBARLE, Les textes diverse Uvre de Judith: VT 8

(1958) 344-373·

5 A. Jansen, Der verschollene Verfasser des Buches Judith: “Theologie und Glaube,” 4 U912) 269-277.

6 B. Mariahi, Introductio in libros sacros Veteris Testamenti (Roma 1958) 277-278,

7 Introduction a la Bible I (1957) 1747.

8 Véase Soubigou, Miller; G. Brunner, Der Nabuchodonosor des Buches judith (Berlín 1959).

9 Bible de Jérusalem (1956) 493-494.

10 J. Edgar Bruns, The genealogy of Judith: “The Catholic Bibljcal Quarterly,” 18 (1956) Ϊ9-22; Judith orjael:

ibid., 16 (1954) 12-14.

1405

11 Verdad y Vida,” U.

12 Thémes Bibliques (París 1951) 137-38-

13 Lefévre, Judith: DBS 1319; ARNALDICH, l.c., 99-100.

14 Epist. ad lulianurri Africanwn 13: PG 11:80.

15 Praefatio in Libr. ludith: PL 29:3?

16 Clemente De Alejandría, Strom. 2:17: PG 8:969; ORÍGENES, De oratione i3”2: PG 11:452.

17 Véase A. M. Dubarle, La mentían de Judith dans la littérature ancienne, Juíve et cnn~ tienne: RB 66

(1959) 514-549·

1. Antecedentes del Asedio de Betuli (c.1-7).

Dos reyes en escena (1:1-4).

1 Era el año duodécimo del reinado de Nabucodonosor, que reinó sobre los asirios en

la gran ciudad de Nínive en los días de Arfacsad, rey de los medos, que reinó sobre

los medos en Ecbatana, 2 a la que rodeó de un muro construido de piedras labradas,

de tres codos de altura y seis de largo, siendo la altura del muro de setenta codos, y

de cincuenta su anchura. 3 Levantó torres en las puertas hasta la altura de cien codos,

y el ancho de sus cimientos era de sesenta codos. 4 Construyó sus puertas, que se

levantaban hasta setenta codos, siendo su ancho de cuarenta, para dar paso a sus

fuerzas poderosas y a la muchedumbre de sus infantes.

Por haber arrasado el país en sus incursiones bélicas, por la profanación del templo y por la

humillante deportación a Babilonia fue Nabucodonosor, a juicio de los judíos, el prototipo del

soberano despótico, cruel e impío. Dícese en el texto que “reinó sobre los asirios, en la gran ciudad

de Nínive.” Por documentos cuneiformes se conoce la lista completa de los reyes de Asiría

desde 930 hasta 612 antes de Cristo, fecha en que fue destruida la ciudad por Gyaxares y Nabopolasar,

no figurando en los mismos ningún rey con el nombre de Nabucodonosor. ¿Cómo explicar

esta anomalía histórica? Los exegetas han identificado a Nabucodonosor con Asurbanipal

(669-626), Darío I (521-486), Artajerjes III Oco (358-337), etc. Con estas hipótesis no se solucionan

las dificultades históricas del libro. La misma incertidumbre presenta la mención de Arfacsad,

rey de los medos, cuya identificación debe ser correlativa con la de Nabucodonosor. Ningún

rey lleva este nombre. Como personal figura en Gen 10:22; 11:10.

Fue Ecbatana la capital del reino de los medos y más tarde residencia de verano de los

monarcas persas (Esdr 6:2). Fue fundada hacia el año 700 antes de Cristo, por Deyoces, hijo de

Phaortes. Situada en una región montañosa, en la encrucijada de las comunicaciones de Persia

con el valle del Eufrates, tenía un comercio muy floreciente. Se habla de Ecbatana en Tob 3:7;

6:7; 2 Mac 9:3. Las fortificaciones de Ecbatana eran impresionantes 1, Según Heródoto (I 98-99;

II 153), siete murallas concéntricas, de la misma altura, con las almenas de diversos colores, custodiaban

el palacio real y sus tesoros. El codo de que habla el texto debe ser el babilónico, que

equivale aproximadamente a 0:52 metros. De ahí que las medidas de las fortificaciones traducidas

en metros son las siguientes: 1) piedras labradas: 3:12 metros de largo por 1:56 de ancho; 2)

altura de las torres: 52 metros, con una anchura de 31:20; 4) puertas: medían 36:40 metros de

alto por 20:80 de anchura,

1406

Nabucodonosor combate a Arfacsad (1:5-6).

5 En aquellos días combatió Nabucodonosor contra Arfacsad en la gran planicie, esto

es, en los confines de Ragau. 6 Le habían salido al paso todos los habitantes de la

montaña, todos los ribereños del Eufrates, del Tigris y del Hidaspes; y en la llanura

de Arioc, el rey de los elamitas y muchísimos pueblos se juntaron para hacer frente

a los hijos de Jeleal (caldeos).

La expresión “en aquellos días,” de sabor hebraico, debe entenderse del año 17 de Nabucodonosor,

según el texto griego del v.13, o del año 12 del mismo, conforme a la Vulgata. El combate

que anuncia en este versículo, y cuya descripción se hace en los v.13 y 16, tuvo lugar en la gran

llanura que se extiende en los confines de Ragau. ¿En dónde emplazar esta gran planicie? En la

inscripción de Bischtun de Darío I (año 520) se cita dos veces la región de Raga. El historiador

Tolomeo (6:2:6) habla de una llanura de nombre Ragiana. Existe actualmente la ciudad Rai a

160 kilómetros al noroeste de Ecbatana. En resumen, se desconoce el emplazamiento exacto de

la ciudad de Ragau. Entre los aliados de Arfacsad se cuentan las tribus de la meseta del Irán occidental

(Zagros), los ribereños del Eufrates, del Tigris y del Hidaspes. Se ignora a qué río corresponde

este último. Se descarta el Hidaspes, llamado hoy Geh-lam, en el Panjab, y que desemboca

en el Indo. También son aliados los habitantes de la llanura de Arioc, rey de los elamitas

o elymeos. Arioc es un personaje que se menciona en Gen 14:1 como rey de Elasar (rex Ponti,

según la Vulgata). Se desconoce el emplazamiento concreto de esta llanura.

Con la frase “de modo que fueron muchos los pueblos que se juntaron a las huestes de los

hijos de Queleud” (Yeleal) se pondera la potencia de los confederados contra Nabucodonosor.

“Hijos de Queleud,” frase que la Vulgata omite, pueden ser, o bien los caduseos, los caldeos, o

los pueblos de la región de Quilmad (Ez 27:23), que el talmudista traduce por Media y los LXX

por Carmenia, que corresponde a la región llamada actualmente Kerman, al sudeste de Persia

(Stummer, Vaccar1).

Mensaje de Nabucodonosor (1:7-12).

7 Después mandó Nabucodonosor, rey de los asirlos (un mensaje) a todos los habitantes

de Persia, a todos los de las regiones occidentales, a Cilicia, Damasco, al Líbano

y al Antelíbano, a todos los de la costa del mar, 8 a los del Carmelo, a Galaad, a

Galilea la alta, a la gran llanura de Esdrelón, 9 y a los moradores de Samaría y a sus

ciudades, a los del otro lado del Jordán, hasta Jerusalén, Betana, Quelos, Cades,

hasta el río de Egipto; a Tafna, Rameses y a toda la tierra de Guesen, 10 hasta por

encima de Tafnis y de Menfis, y a todo Egipto hasta los confines de Etiopía. 11 Despreciaron

todos los moradores de la tierra el mensaje de Nabucodonosor, rey de los

asirlos, y no se le asociaron para la guerra, porque no le temían, porque a sus ojos

era un don nadie. 12 Enfurecióse grandemente Nabucodonosor contra todas estas

gentes, y juró por su trono y por su señorío que se vengaría y devastaría con su espada

todos los territorios de Cilicia y de Damasco y de Siria y a todos los moradores

de Moab, a los hijos de Amón y a toda la Judea, y a todos los que moran en Egipto

hasta los confines de los dos mares.

Según el texto, envió Nabucodonosor su mensaje a pueblos del este y del oeste.

En la lista del grupo extremo occidental se sigue una línea geográfica de nordeste a su1407

doeste: Cilicia, Damasco, Líbano, Antelíbano, “la costa del Mar,” con la Fenicia y territorio de

los filisteos. Del territorio de Palestina cita los pueblos del Carmelo, que entran en el elenco porque

el autor sagrado coloca a Betulia en el ámbito geográfico del Carmelo, hacia su extremidad

sudoriental. Del Carmelo se pasa a Galaad, región situada al otro lado del Jordán, entre el Yaboc

y el Yarmuc. Es la primera vez que se habla en la Biblia de la Alta Galilea como término geográfico.

La extensa y fértil planicie enclavada en la Baja Galilea, delimitada al sur por el Carmelo y

los montes de Samaría y al norte por los de Galilea, es llamada en el libro de Judit (1:8; 3:9; 4:6;

7:3) llanura de “Esdrelón.” La expresión “al otro lado del Jordán” es ambigua, y puede designar

la TransJordania o la Cisjordania, según el lugar en que se sitúe el historiador. Aquí el punto de

referencia de Nabucodonosor es Asiria, y, por lo mismo, la frase citada se refiere a los territorios

de la Cisjordania. La tierra de Guesen corresponde a la región de Gosen, en la cual moraban los

israelitas durante su permanencia en Egipto.

Menfis es la antigua capital del Bajo Egipto, llamada Nof en hebreo (Is 19:13; Jer 2:16).

Los pueblos de occidente despreciaron el mensaje de Nabuco-donosor. La Vulgata dice:

“Omnes uno animo contradixerunt.” Todos desecharon su invitación de apoyarle en la lucha contra

Arfacsad. A sus ojos, el monarca era un rey aislado políticamente, incapaz, por lo mismo, de

hacer frente con las armas a todas las naciones unidas. A los mensajeros del rey se les negaron

incluso los presentes de ritual.

Nabucodonosor jura vengarse (1:13-16).

13 Había puesto en movimiento sus fuerzas contra el rey Arfacsad en el año diecisiete;

le venció en batalla campal y aniquiló todo el poder de Arfacsad, toda su caballería

y todos los carros, 14 y se apoderó de sus ciudades, llegando hasta Ecbatana,

haciéndose dueño de sus torres y devastando sus calles y convirtiendo en oprobio

toda su belleza. 15 Se apoderó de Arfacsad en las montañas de Ragau, y le atravesó

con sus propias armas y acabó con él. 16 Vuelto Nabucodonosor a Nínive con todo su

ejército y con todos los que se le habían unido, muchedumbre incontable de guerreros,

descansó allí y banqueteó con su ejército por espacio de ciento veinte días.

Nabucodonosor jura por su trono que se vengará del ultraje inferido. La expresión equivale a jurar

por la divinidad, de la cual era él el representante en todo su imperio. La soberbia del rey es

tanta, que no puede concebir que pueblo alguno se atreva a contradecir sus designios. Jura vengarse

de Moab, de Amón (2 Re 24:2; Gen 12:5) y de Judea, cuyas naciones se mencionan por el

designio literario del autor de preparar la narración ulterior del libro. El amonita Aquior es una

figura relevante del libro (5:1; 6:20; 11:9-11; 14:5-10). La mención de Judea es un toque de alerta

para el lector. Los pueblos se equivocaron al valorar la potencia bélica de Nabucodonosor. Solo,

con su propio ejército, presentó batalla a Arfacsad, derrotándole completamente en batalla

campal y aniquilando todo su ejército, compuesto de infantería, caballería y carros de combate.

Los datos que anteriormente había señalado el texto (1:2-4) sobre Ecbatana daban la impresión

de que era una ciudad invulnerable; pero no hay potencia humana capaz de oponerse al poder e

ímpetu de Nabucodonosor.

Consejo de oficiales en palacio (2:1-3).

1 El año dieciocho, el veintidós del primer mes, se corrió en el palacio de Nabucodonosor,

rey de los asirios, que iba a tomar venganza de toda la tierra, como lo había

dicho. 2 Llamó a todos sus oficiales y a todos sus grandes, y confirió con ellos sus se

1408

cretos planes, resolviendo poner en ejecución toda la maldad que había proferido su

boca contra la tierra. 3 Fueron de parecer que se destruyese a cuantos no se sometieran

a los decretos del rey.

Herido en su amor propio, planea Nabucodonosor un ejemplar castigo de las naciones rebeldes a

su llamamiento. Corría el año dieciocho de su reinado, el veintidós del mes de Nisán, es decir, a

principios de abril, “tiempo en que los reyes suelen ponerse en campaña” (2 Sam 11:1), cuando

en el palacio del rey se bosquejó el plan de ataque. Según Jer 32:1; 52:29, el año dieciocho del

Nabucodonosor histórico coincide con la fecha en que el mencionado rey se apoderó de Jerusalén

(año 587). El autor ha querido asociar la memoria del año más triste para los judíos con el

desquite por manos de Judit; el sacrilegio de Nabucodonosor señala el comienzo de su caída.

Holofernes, generalísimo del ejército (2:4).

4 Terminado el consejo, llamó Nabucodonosor, rey de los asirios, a Holofernes, general

de su ejército, que era el segundo después de él.

Un rey de Babilonia que reina sobre los asirios en la ciudad de Nínive tiene a un persa como generalísimo

de sus tropas. Que el nombre de Holofernes sea de origen persa, lo prueban tanto su

terminación como la analogía con otros nombres de la misma procedencia, como Artafernes, Datafernes.

¿Qué personaje se esconde bajo este nombre que recuerda el mugido de un buey en una

caverna? (Claudel). Según Eusebio1, con ocasión de la campaña contra Egipto, Artajerjes III Oco

deportó a Hircania, a orillas del mar Caspio, a muchos judíos. En esta misma campaña 2 destruyó

y conquistó Jericó, lugar en donde se habían congregado los levantiscos judíos, hecho que tuvo

lugar hacia el año 351. Según Diodoro Sículo (31:19:2-3), un cierto Holofernes, hermano del rey

de Capadocia, Ariarates, combatió al lado de Artajerjes contra los egipcios. El mismo Diodoro

(16:47:4) menciona al muy influyente eunuco Bagoas (12:11; 13:3; 14:14). Aunque el nombre de

Bagoas era muy común 3 entre los eunucos y aunque el nombre de Holofernes se halla en otras

partes, es, sin embargo, muy casual que se hable de los dos en una misma narración. La mención

de éste y del eunuco Bagoas, ¿basta para identificar a Holofernes con Artajerjes III? ¿No es diametralmente

opuesto el papel de Holofernes en la obra de Diodoro y el que juega en el libro de

Judit? Aquél regresa victorioso a Persia, seguido de una caravana de judíos, camino del destierro;

éste cae muerto por la acción de una mujer israelita. Concluyamos diciendo que el hagiógrafo ha

escogido el nombre de Holofernes con el fin de asociarlo al de otros enemigos de los judíos.

Holofernes recibe consignas del rey (2:5-14).

Y le dijo: 5 Esto ordena el rey grande, el señor de toda la tierra: En saliendo de mi

presencia, tornarás contigo hombres que confíen en sus fuerzas; de infantes, hasta

ciento veinte mil y caballos con sus jinetes, doce mil; 6 e invadirás toda la tierra de

occidente por haber desobedecido la orden de mi boca. 7 Les intimarás que me preparen

la tierra y el agua, porque en mi furor saldré contra ellos y cubriré toda la

haz de la tierra con los pies de mis soldados, y la entregaré al saqueo; 8 y sus heridos

llenarán los barrancos y los torrentes, y el río se desbordará lleno de sus muertos; 9

y conduciré sus cautivos hasta los extremos confines de la tierra. 10 Empezarás por

ocupar todo su territorio, y si no se te rinden, me los reservas para el día del castigo.

11 Mas para los rebeldes no haya perdón; sean entregados a la muerte y al saqueo

1409

toda su tierra. 12 Por mi vida y por la fuerza de mi imperio, que cuanto dije lo ejecutaré

por mi mano. 13 No dejes de cumplir ni una palabra de tu señor, antes las ejecutarás

exactamente según te lo ordeno y sin dilación.”

“El gran rey” es una expresión que usaban los reyes de Asiría (2 Re 18:19; Is 36:4) y de Persia

(Est 13:1; 16:1). Yahvé es el único que puede ostentar el título de “rey de toda la tierra” (Miq

4:13; Zac 4:14; Sal 47:3; Jer 32:27). Los reyes de Asiría se llamaban a sí mismos “reyes de las

cuatro regiones.” El autor sagrado ha puesto en boca del monarca una oratoria más ambiciosa

con el fin de poner de relieve su soberbia, que le llevó a arrogarse un título propio de la divinidad.

Al paso de Holofernes y de su ejército seguirá la visita real, que acabará por aniquilar a

los pueblos que no se rindieron. La frase “preparar la tierra y el agua” se halla en los documentos

persas4 para significar que las naciones, en señal de sumisión, debían poner a disposición del

vencedor todo cuanto necesitara para el traslado y mantenimiento de las tropas durante su permanencia

en ellas. La orden es formal: “que tu ojo no perdone a ninguno” (Deut 7:16; Ez 20:17).

En confirmación de sus palabras jura Nabucodonosor por su vida y por su imperio (1 Re 17:12;

18:10; 2 Re 2:2-4-6; Is 49:18) que ejecutará cuanto dijo. En opinión de Scholz, sólo Dios emplea

esta fórmula de juramento (Núm 14:21-28); los hombres juran por Dios vivo (Jue 8:19). De ello

se infiere que Nabucodonosor se atribuye un poder sobrehumano.

Movilización general (2:14-18).

14 Partió Holofernes de la presencia de su señor y tomó consigo a todos los magnates,

generales y capitanes del ejército asirio; 15 pasó revista a las tropas escogidas para la

guerra, según le había ordenado su señor, hasta ciento veinte mil infantes y doce mil

arqueros a caballo, 16 y los ordenó como se ordenan las muchedumbres guerreras. 17

Tomó, además, carnellos, asnos y mulos, para la impedimenta, en cantidad muy

grande; ovejas, bueyes y cabras 18 para su aprovisionamiento, y vituallas en cantidad

para toda la gente, y asimismo mucho oro y plata del tesoro del rey.

A Holofernes, “el segundo después del rey” (2:4), que no asistió al consejo secreto de “sus servidores

y magnates” (2:2), le fue confiado el reclutamiento y la puesta en marcha de un poderoso

ejército. Pasó revista a sus tropas escogidas, infantes y arqueros a caballo (2 Crón 14:7; 17:17; 1

Sam 31:3; 1 Re 22:34; Jer 4:29; 6:23) y los organizó militarmente. Aparte de este ejército escogido,

reunió gran cantidad de bestias de carga y animales para el servicio de la tropa.

Un ejército en marcha (2:19-21).

19 Luego se puso en marcha con todo su ejército; y, adelantándose al rey Nabucodonosor,

cubrió toda la haz de la tierra, hacia el occidente, con sus carros, jinetes e infantes

escogidos; 20 y una abigarrada muchedumbre como la langosta, incontable

como el polvo de la tierra, que se les agregó. 21 Partieron de Nínive, caminando durante

tres días por la llanura de Bectelet, y asentó su campamento desde Bectelet

hasta carca de la montaña, a la derecha de la Cilicia superior.

Se complace el autor sagrado en ponderar la potencia del ejército de Holofernes, tanto por su calidad

como por el número. Del texto parece desprenderse que el ejército de Holofernes estaba

encargado de marchar en vanguardia con el fin de someter las naciones que Nabucodonosor debía

ocupar. Esta muchedumbre se compara, por su gran número, a la invasión de langosta prove1410

niente del desierto o al polvo de la tierra (Jos 11:4; Jue 7:12). El autor sagrado junta nombres del

abigarrado mosaico de nacionalidades situadas al norte de Palestina y pasea por ellas el rulo del

ejército de Nabucodonosor con el fin de presentar al monarca como señor y dueño de todo el

mundo conocido, enfrentándolo con el diminuto pueblo de Betulia.

Luchas en el Asia Menor (2:22-23).

22 Y tomó todo su ejército, sus infantes, sus jinetes y sus carros; partió de allí en dirección

a la montaña. 23 Rompió por Put y Lut, devastó a los hijos de Rarses y a los

de Ismael, que habitan los linderos del desierto hacia el mediodía de los Quelos.

El v.23 es una verdadera cruz para los intérpretes. A menudo se mencionan juntos en el Antiguo

Testamento los nombres de Put y Lut (Jer 46:9; Ez 27:10; 30:5). ¿En dónde localizar ambos pueblos?

Según Stummer, Put es un pueblo de África (Gen 10,6; 1 Crón 1:8; Jer 46:9; Ez 27:10;

30:5; 38,5; Neh 3:9); Lut puede ser, o bien Lidia (Gen 10,22), o un pueblo norteafricano (Gen

10:13;1 Grón 1:11, etc.). En Is 66:19, los dos nombres se asocian a Javán, Tarsis y a “las islas

lejanas, que no han oído hablar nunca de mi nombre (Yahvé),” de lo cual se infiere que su localización

debe buscarse en el extremo occidental del Asia Menor. Sin embargo, la predilección del

autor por la antigüedad hace sospechar que al mencionar Put y Lut tuvo en la mente los textos de

Gen 10:6-13-22.

Combates en Mesopotamia (2:24-26).

24 Pasó el Eufrates y, atravesando la Mesopotamia, tomó por asalto todas las ciudades

fuertes del torrente Abrona hasta el mar. 25 Se apoderó de todo el territorio de

Cilicia, derrotando a cuantos se le opusieron, llegó hasta los confines de Jafet por la

parte del mediodía, enfrente de la Arabia. 26 Cercó a todos los hijos de Madián, dio

al fuego sus tiendas y saqueó sus apriscos.

Con el fin de solucionar la dificultad del regreso del ejército a su punto de partida, cambian algunos

comentaristas el orden actual por el siguiente: v.21-26. Con ello se obtiene un desplazamiento

de Holofernes más en consonancia con los datos geográficos de que disponemos hoy. Del v.23

se desprende que, una vez dominadas las naciones del Asia Menor y ya en territorio de Siria,

pronto para descender a Palestina, torció Holofernes hacia el este con el fin de someter las tribus

nómadas acampadas entre Palmira y el Eufrates. En el v.24, el ejército de Holofernes cruza de

nuevo el río y presenta batalla a los pueblos situados entre los ríos Eufrates y Tigris. En la primera

campaña, Holofernes siguió la ribera del Eufrates; en esta segunda ataca Cilicia y lleva sus

tropas hacia “los confines del norte” (Ez 38:6). Según Gen 10:1-2, los hijos de Jafet se establecieron

en la orilla meridional del mar Negro, en los alrededores de los lagos Van y Urmia y junto

a las riberas del Caspio. No se ha explicado todavía satisfactoriamente la presencia en el texto de

la palabra “Arabia”; la mayoría de los autores la consideran como glosa.

Por tierras de Siria y Fenicia (2:27-28).

27 Descendió luego a la planicie de Damasco en los días de la recolección del trigo,

incendió todos los campos, destruyó sus rebaños y vacadas, saqueó sus ciudades,

asoló sus campiñas e hirió toda su juventud al filo de la espada. 28 Temor y temblor

se apoderó de toda la costa, de los moradores de Sidón y de Tiro y de los habitantes

1411

del Sur, de Ocina, de Jamnia. Los habitantes de Azoto y Ascalón se llenaron asimismo

de miedo.

Holofernes desciende de los confines del norte a la llanura en los días de la siega del trigo, a fines

de abril y principios de mayo (Gen 30:14). Como en el v.1 se dice que el consejo se tuvo

hacia primeros de abril, asombra la rapidez de las campañas del ejército de Holofernes. La ciudad

de Damasco se halla situada en la fructífera y bien regada llanura de Guta (2 Re 5:12; Jer

49:25), en un lugar por donde pasa la gran ruta caravanera que une Egipto con Mesopotamía.

Existía la bárbara costumbre de incendiar las mieses (Jue 15:4-8) para sumergir a los pueblos en

la indigencia. Llama la atención este comportamiento de Holofernes en relación con la noticia de

la Vulgata, según la cual contaba él con el trigo de Siria para su ejército (2:9: frumentum ex omni

Syria in transitu suo paran constituit). Es muy probable que el autor haya imputado a Holofernes

la conducta que solían seguir otros conquistadores. En el v.20 se habla de una incontable muchedumbre

que se agregó a las fuerzas de choque, engrosando continuamente el ejército con el alistamiento

de guerreros de los pueblos conquistados. A medida que las tropas se acercan a Palestina

se intensifican los actos conducentes a sembrar el pánico y el terror entre los pueblos. Ante

ello, los pueblos prefieren pactar antes que lanzarse a un combate en el que llevarían las de perder.

Rendiciones en masa (3:1-5).

1 Y le enviaron mensajeros con propuestas de paz, diciendo: 2 “Mira, nosotros somos

siervos del gran Nabucodonosor, nos postraremos en tu presencia para que hagas

con nosotros según tu arbitrio. 3 Nuestras majadas, con todo nuestro territorio, y todos

nuestros trigales, nuestros rebaños y vacadas, y los apriscos de nuestros ganados,

todo está a tu disposición; dispon de todo según te plazca. 4 Y nuestras ciudades

con sus moradores, siervos tuyos son; ven y haz con ellos como bien te parezca.” 5

Llegados los hombres a Holofernes, le hablaron en esta forma.

Los pueblos de Fenicia y los del litoral de Palestina prefirieron ser esclavos de Nabucodonosor a

perder la vida. De ahí que mandaran mensajeros con el ruego implícito de que se les perdonara la

vida. Los delegados ponen a disposición de Holofernes las majadas (epauleis), los campos de

trigo, ganado mayor y menor, los apriscos, las ciudades con sus habitantes. Por tres veces consecutivas

expresan ellos su total entrega (v.2; 3-4). El autor hace hincapié en el temor y servilismo

de los pueblos gentiles. Esta disposición de ánimo contrasta con la actitud valiente y confiada de

Israel, que, puesta su confianza en Dios, resiste al invasor en defensa de sus valores espirituales

y nacionales.

Duro trato de los vencidos (3:6-8).

6 Descendió él con su ejército a la costa y puso guardianes en las ciudades fuertes, y

de ellas enroló en su ejército gente escogida. 7 Toda la región le recibió con coronas,

danzas y panderos. 8 Devastó todo su territorio y taló sus bosques sagrados, y ordenó

destruir todos los dioses de aquella tierra para que sólo a Nabucodonosor adorasen

todas las naciones y le invocaran como a Dios todas las lenguas y todas las tribus.

Descendió (katébe) Holofernes de las llanuras de Damasco a la costa fenicia acompañado por

1412

tropas de choque. A pesar de tantas muestras de sumisión, no pudieron los mencionados pueblos

aplacar la ira del general persa. Los pueblos salíanle a recibir con cánticos y danzas. Estas muchedumbres,

que se adornaban con coronas y danzaban al son del tambor, no parecen inspirarse

en costumbres orientales. En la Biblia se habla de estas manifestaciones de alborozo en la época

griega (Ecl 32:1; Sab 2:8). Véanse, sin embargo, tales manifestaciones en Judit 11:34; 1 Sam

18:6. Aparece que Holofernes no dañó a los pueblos en sus bienes materiales. El castigo se reduce

a talar los bosques sagrados que crecían alrededor de los santuarios y hacer añicos las imágenes

de Baal y Astarté y de cuantos dioses tenían, para entronizar en su lugar a Nabucodonosor.

La conducta de Holofernes se ajusta a las concepciones antiguas orientales en lo referente a las

relaciones entre la divinidad, el rey y el pueblo. Dios conquista el país y a él se someten los dioses

locales, que deben retirarse ante el vencedor y cederle el puesto.

Solían los reyes asirios llevar en sus triunfantes campañas las efigies de los dioses del país

vencido, que eran sustituidas por las divinidades del vencedor. Al destruir Holofernes los símbolos

locales, pretendía obligar a que “sólo a Nabucodonosor adorasen todas las naciones y le

invocaran como a Dios todas las lenguas y todas las tribus.” ¿Se arrogaron los reyes asiriobabilónicos

el título de dios? Muchos monarcas se gloriaban de ser los representantes de

Dios en la tierra, sus vicarios y lugartenientes, pero no llegaron nunca a proclamarse a sí

mismos dioses. Los reyes asirios, dice Barucq, no manifestaron nunca esta pretensión. En Dan

3:1-5 no se dice que la estatua representara al rey divinizado. Nuestro texto puede ser una crítica

de las exigencias de Antíoco IV. Los seléucidas, a ejemplo de Alejandro Magno, fueron los primeros

en arrogarse honores divinos y obligar a que se les llamara oficialmente dioses. Antíoco

Epifanes hizo acuñar monedas con el título “Antíoco Rey Dios Epifanes Nicéforo.” Se reserva

para este lugar la declaración blasfema de Holofernes con el fin de enfrentar al más poderoso

monarca de la tierra con el Dios de los hebreos.

Holofernes en Esdrelón (3:9-10).

9 Llegado al llano de Esdrelón, cerca de Dotan, frente a la gran llanura de Judá, 10

asentó su campo entre Gaba y Escitópolis, donde permaneció un mes esperando toda

la impedimenta de su ejército.

Holofernes impuso sus condiciones de paz a las ciudades de Fenicia y de Filistea que se la habían

rendido. Desde las ciudades de la Filistea (Gaza, Ascalón, Asdod) podía Holofernes marchar

hacia el este y atacar a Jerusalén, pero determinó volver sobre sus pasos en dirección noroeste,

alcanzar la llanura de Esdrelón en un punto cercano a Dotáin e ir a acampar en un lugar entre

Gaba y Escitó-polis. Era Dotáin una población cananea situada al norte de Siquem, a 40 kilómetros

al sur de Nazaret y junto a la actual carretera que une esta última ciudad con Jerusalén. El

campamento de Holofernes estaba entre Gaba y Escitópolis. La primera de estas ciudades puede

corresponder a Gibleam, Gelboé, al sur de Beisán. Escitópolis era el nombre que recibió en el

período helenístico la antiquísima ciudad de Betsán. Aquí esperó Holofernes los servicios auxiliares

del ejército antes de aventurarse a su lucha contra los judíos. En las luchas que van a comenzar

entre Holofernes e Israel se enfrentan dos potencias: la del mal, en cuyo ejército militan

todos los enemigos del yahvismo, y la del bien, o sea la del Dios de los judíos. De Judea no ha

recibido Holofernes propuesta de rendición, y sospecha que será dura la campaña para reducir

aquel país. La llanura de Esdrelón formaba parte de Israel, pero su ocupación por Holofernes no

exacerba el orgullo judío. Los judíos, dice el texto, “se turbaron” cuando el enviado de Nabucodonosor

apuntó hacia Jerusalén y su templo (4:2).

1413

Pánico en Judea (4:1-3).

1 Así que los hijos de Israel que moraban en Judá oyeron todo cuanto había hecho a

los gentiles Holofernes, general en jefe del ejército de Nabucodonosor, rey de los asirios,

y cómo había saqueado todos los templos y los había destruido, 2 sintieron

grandísimo miedo y se turbaron por Jerusalén y por su templo del Señor, su Dios; 3

pues recientemente habían subido de la cautividad, y hacía poco que se había reunido

todo el pueblo de Judea, y el mobiliario y el altar y la casa habían sido santificados

después de su profanación.

La noticia de que Holofernes destruía y saqueaba los templos cayó como una bomba sobre Israel.

El texto supone la unidad nacional. Tanto los de “Judá” como los “hijos de Israel” forman parte

de la nación hebraica. No se alude al reino del Norte (Israel) ni al del Sur (Judea), sino al pueblo

que adora a un mismo Dios en su templo de Jerusalén. A pesar de su mucho temor (sfodra,

sfodra, que corresponde al hebraico meod, meod), sabrán reaccionar hasta morir con tal de impedir

que Holofernes repita en Jerusalén lo que hizo con los pueblos que se le rindieron. El pánico

de los judíos era tanto más explicable cuanto que “recientemente” (prosfatos) habían subido de la

cautividad y hacía poco (neosti) que se había reunido el pueblo en Judea en torno al templo.

¿Pertenece el v.3 al texto original? En dicho versículo se mencionan tres acontecimientos:

1) regreso de la cautividad; 2) reagrupación del pueblo en Judea; 3) purificación del templo y

de su mobiliario. ¿De qué cautividad y repoblación habla el autor? Del famoso exilio de Babilonia

y de la repoblación de Judea bajo la égida de Esdras y Nehemías. Impresionados por consideraciones

religiosas, reaccionaron los judíos y decidieron morir antes que ver saqueado y destruido

el templo (oikós, casa) del Señor. Si el pueblo judío está dispuesto a morir para defender a

Yahvé y su templo, ¿no “les protegerá Dios y será con ellos” (5:21) al ver su buena disposición?

Resistencia al enemigo (4:4-5).

4 Enviaron, pues, a toda la región de Samaría y sus aldeas a Betorón, Belmain, Jericó,

Joba, Aisora y al valle de Salem, 5 y ocuparon todas las cimas de los montes altos

y amurallaron sus aldeas, y se aprovisionaron de vituallas en previsión de la guerra,

pues recientemente habían recogido la cosecha de sus campos.

Se enviaron mensajeros a toda la región para anunciar el propósito de resistir a Holofernes. El

sujeto del verbo enviar son los hijos de Israel, de que se habló en el v.1. Llevaban los enviados la

orden de que se ocuparan las cimas de los montes, se adueñaran de los desfiladeros de las montañas,

se amurallaran las ciudades y se hicieran provisiones. Se menciona en primer lugar la “región

de Samaría,” porque se hallaba amenazada directamente. Ninguna alusión a la enemistad

existente entre samaritanos y judíos después del exilio (Esd 4:1-5; Neh 4:33-35; Jo 4:9)· Toda la

retahila de lugares geográficos se suprimen en la Vulgata, la cual se limita a decir: “Y enviaron a

toda la región de Samaría hasta Jericó.” No es de suponer que el autor sagrado tenga mucho interés

en dar a este elenco un valor geográfico estricto. Los israelitas habían segado ya (2:27), lo

cual nos dice que los hechos narrados tienen lugar en los meses de junio-julio, o sea en pleno verano

de Palestina.

1414

Suma sacerdote y estratega (4:6-8).

6 Escribió Joaquín, que por aquellos días era sumo sacerdote en Jerusalén, a los moradores

de Betulia y de Bet-Omestaim, enfrente de Esdrelón, ante la llanura que está

junto a Dotan, 7 diciéndoles que resistiesen en las subidas de las montañas, pues

por ellas era el acceso a Judea, y como éste era estrecho, sería fácil aun a sólo dos

hombres impedir el paso a los que llegaban. 8 Ejecutaron los hijos de Israel las órdenes

de Joaquín, el sumo sacerdote, y del senado de todo el pueblo de Israel, que

tenía su asiento en Jerusalén.

Habiendo dado el autor un carácter religioso al ataque de Holofernes, era lógico que fuera el sumo

sacerdote el que, en nombre de Dios, se enfrentara contra el general impío. Además de su

cargo religioso, reunía en su persona la autoridad política suprema de la nación, ayudado en

este cometido por un senado (gerousia; 2 Mac 11:27). No había en Jerusalén ni rey ni gobernador;

un sacerdote rige los destinos de la nación hebraica. La sede del mismo estaba en Jerusalén.

Supone el texto la existencia de un santuario central y nacional en Jerusalén. El sumo sacerdote

Joaquín (Vulgata Eliacim) figura en la línea de los sumos sacerdotes en Neh 12:10; 12; 26.

Betulia tiene la misión de aplastar la soberbia de Nabucodonosor. No hay duda de que el

texto localiza la ciudad al norte de Samaría, no lejos del desfiladero que conduce a la planicie de

Esdrelón. Según el texto, se hallaba Betulia en la subida de un monte al pie del cual brotaba un

manantial (6:11; 7:3.7)· Entre la ciudad y el campo de Holofernes (7:1-3) se extendía una pequeña

planicie. Judit y su sierva atravesaron el campamento, “rodearon el valle y subieron al monte

de Betulia” (13:10). Se hallaba cerca de Dotáin (4:6). La corriente más en boga entre los exegetas

tiende a localizar Betulia en Sheik Shibel, a quince kilómetros al noroeste de Sanur y a ocho

al sudoeste de Djenin. Entre Sheik Shibel y Dotáin se extiende la planicie de Schael Arrabeh, que

produce abundantes pastos por la abundancia de aguas que manan de dos manantiales. Con los

datos que se dan en los capítulos siguientes se puede llegar a una localización más exacta de Betulia.

La orden de Joaquín era de ocupar las pendientes o subidas (anábaseis) de la montaña,

porque por ellas era el acceso (eisódos) a Judea. Era fácil impedir el paso de los que, dada la estrechez

del desfiladero (prosbasis), veíanse obligados a caminar de dos en dos. El tránsito de la

planicie de Dotáin a Esdrelón es mucho más ancho de lo que supone el texto, cuyas palabras deben

entenderse en sentido hiperbólico.

Oraciones, ayunos y sacrificios (4:9-12).

9 Todos los hijos de Israel clamaron con gran instancia a Dios y se humillaron con

gran fervor; 10ellos, sus mujeres y sus hijos, todos los extranjeros o jornaleros, y sus

esclavos, vistiéronse de saco. 11 Todos los israelitas, las mujeres y los niños, los moradores

de Jerusalén, se postraron ante el santuario, cubriéndose de ceniza sus cabezas;

mostraron sus sacos al Señor y revistieron de saco el altar. 12 Todos a una

clamaron al Dios de Israel, pidiéndole con ardor que no entregase al saqueo sus

hijos ni diese sus mujeres en botín, ni las ciudades de su heredad a la destrucción, ni

el santuario a la profanación y al oprobio, regocijando a los gentiles.

Comprende el pueblo que, “si no guarda Yahvé la ciudad, en vano vigilan sus centinelas” (Sal.

127). La única fuerza efectiva con que contaba Israel era el favor de su Dios, que se había comprometido

a no entregar a su pueblo predilecto en manos de los enemigos, a menos que le fuera

1415

infiel. Bien decía Aquior a Holofernes que, si en Israel no “había ninguna culpa o pecado contra

su Dios,” pasara de largo y no le molestara, porque su Dios lo protegerá y será con él (5:20-

21). La iniciativa de prepararse a la lucha con armas espirituales parte del pueblo. El autor del

libro se contagia de este fervor religioso. Únicamente en este lugar se menciona el acto de revestir

el altar del santuario con un saco. Para más forzar a Yahvé, “extendían sus sacos ante el

Señor” (v.11), a la manera de Ezequías, que “desplegó ante Yahvé” (2 Re 19:14) las cartas de

Senaquerib. La ley mosaica sólo prevé un día de ayuno oficial al año, el día grande de la Expiación

(Lev 16:29; 23:27; Núm 29:7). En los libros de Ester, Tobías y Judit se percibe mejor que

en otros la importancia creciente que toma el ayuno en la piedad de los ambientes judíos (Est

4:1-3; 9:32; 14:2;Tob3.10-11; 12:8; Jud 4:8-10; 8:6; 9:1; 12:9) 1.

Los sacerdotes, solidarios con el pueblo (4:13-15).

13 Escuchó el Señor sus clamores y miró su aflicción. Ayunaba el pueblo todos los

días en toda Judea y en Jerusalén ante el santuario del Señor omnipotente. 14 Joaquín,

sumo sacerdote, y todos los sacerdotes que asistían en la presencia del Señor y

le servían, ceñían de saco su cintura al ofrecer el holocuasto perfecto y los votos y las

ofrendas del pueblo, 15 y echaban cenizas sobre sus tiaras, y clamaban al Señor con

todas sus fuerzas pidiendo que se dignase visitar a toda la casa de Israel.

En la Vulgata se representa a Eliacim (Joaquín) de viaje por todo Israel, exhortando a todos a

perseverar en la oración y en el ayuno, prometiéndoles la ayuda divina. Los sacerdotes dan

ejemplo a los fieles, que se solidarizan con ellos. El sumo sacerdote, los simples sacerdotes y los

levitas clamaban al Señor con todas sus fuerzas al ofrecer el holocausto perpetuo y los votos y

las ofrendas del pueblo. En vez de echar la ceniza sobre la cabeza, como los laicos, lo hacían

“sobre sus tiaras” (kidareis)· (Ex 28:40; 29:9).

En este capítulo se describe la reacción del pueblo judío al anuncio de la presencia de

Holofernes en sus fronteras. Pensar en una rendición era temerario, mayormente después de la

conducta de Holofernes para con los que pactaron con él. La oposición bélica que se planea es

más ideal que efectiva; la verdadera fuerza del pueblo judío se halla en su vida religiosa y

moral.

Holofernes ante la resistencia de Israel (6:1-4).

1 Llegó a noticias de Holofernes, generalísimo del ejército asirio, que los hijos de Israel

se preparaban para la guerra; que habían cerrado las entradas de las montañas

y habían fortificado todas las cumbres de los montes altos y colocado barreras en el

llano. 2 Montado en cólera, llamó a todos los príncipes de Moab, a los capitanes de

Amón y a todos los sátrapas de la costa, 3 y les habló en estos términos: “Decidme,

hijos de Canaán, ¿qué pueblo es ese que mora en las montañas? ¿Qué ciudades

habitan? ¿Cuál es el número de sus soldados? ¿En qué está su fuerza y su poder?

¿A quién tienen por rey y jefe de su ejército? 4¿Por qué desdeñan venir a mi encuentro,

a diferencia de todos los moradores del occidente?”

Dos fuerzas opuestas se hallan frente a frente. Holofernes vivaquea en las inmediaciones de Betsán.

Le llegan noticias de que Israel se prepara a la lucha; de que los judíos han cerrado las entradas

(diodol) de los montes, fortificado sus cumbres (4:5) y sembrado de obstáculos las llanuras.

La audacia de Israel tiene la virtud de inquietar el ánimo de Holofernes. La guerra relámpago

1416

que había practicado hasta ahora se acaba en el límite de la frontera con Judea. En vez de atacar,

pierde el tiempo coleccionando consejos y escuchando informes. Llama a los príncipes de Moab,

a Jos generales de Amón y a los sátrapas del litoral para cerciorarse acerca del pueblo judío. La

encuesta gira en torno a un triple tema: 1) étnico-histórico; 2) estratégico y político; 3) psicológico.

Aquior demuestra tener un conocimiento profundo de la historia del pueblo de Israel. Su

testimonio es tanto más valedero en cuanto que él es príncipe y jefe de Amón, pueblo que no tuvo

relaciones amistosas con Israel (Núm c.22-24; Deut 23:4; Jue 10:7-11:33; 1 Sam 11:1).

Aquior demuestra simpatía hacia Israel y pone mucho calor en sus palabras, lo que recuerda el

episodio de Balaam al bendecir contra su voluntad al pueblo de Israel (Núm c.22-24). Exalta la

protección de Yahvé sobre su pueblo. En prueba de sus buenos servicios, Aquior “quedó agregado

a la casa de Israel” (14:10), al igual que lo fue Rahab en otro tiempo, y por idénticos motivos

(Jos 2:9-11). Sin embargo, en Deut 23:4 se decía que “amonitas y moabitas no serán admitidos ni

aun a la décima generación; no entrarán jamás.”

La situación descrita en todo el capítulo no exige un período histórico determinado, sino

que puede ajustarse a todo el decurso de la historia del pueblo judío, a todo lo largo y ancho de la

historia de Israel. A la tesis defendida por Aquior opone Holofernes esta otra: Nabucodonosor es

el único dios, y las armas darán razón de un pueblo indefenso que ha tenido la osadía de oponérsele.

Los dos poderes, material y espiritual, se enfrentan en una lucha de la cual, ya desde ahora,

se vislumbra el fin.

Prehistoria de Israel (5:5-9).

5 Le contestó Aquior, jefe de todos los hijos de Amón: “Escuche mi señor una palabra

de boca de tu siervo, y te diré la verdad acerca del pueblo que habita estas montañas

próximas adonde tú estás, que no saldrá mentira de la boca de tu siervo, 6 Este

pueblo es originario de Caldea; 7 habitaron primero en la Mesopotamia; y por no

seguir a los dioses de sus padres, que vivían en la Caldea, 8 la abandonaron y dejaron

su culto para adorar al Dios del cielo, el Dios que se les había dado a conocer.

Los padres los arrojaron de la presencia de sus dioses, y ellos huyeron a Mesopotamia,

donde habitaron muchos días. 9 Les dijo su Dios que salieran de sus moradas, y

se encaminaron a la tierra de Canaán, donde peregrinaron, enriqueciéndose de oro

y plata y muchos rebaños.

Según Aquior, Israel es originario de Caldea (Gen 11:28-31), desde donde emigró Abraham estableciéndose

en Jarán (Gen 11:31; 12:4). El motivo de este desplazamiento fue por no querer

adorar a los dioses de sus padres, establecidos en Caldea. Abraham rompió con la tradición idolátrica

de sus antepasados para adorar al “Dios del cielo” (Esdr 5:11ss; 6:9; Papiros de Elefantina).

Permanencia en Egipto (5:10-17).

10 Bajaron a Egipto, porque el hambre había invadido la tierra de Canaán, y se instalaron

allí, donde hallaron alimentos, multiplicándose hasta hacerse incontable su

número, u Pero se levantó contra ellos un rey de Egipto, que los oprimió con trabajos

de hacer ladrillos, y los humillaba, convirtiéndolos en esclavos. 12 Clamando a

Dios, hirió éste toda la tierra de Egipto con plagas, para las cuales no había cura,

hasta que los arrojaron los egipcios de su presencia.

1417

La protección divina sobre Israel se revela también en el tiempo que permaneció en Egipto. Si

Yahvé escuchó a su pueblo y castigó a Egipto, ¿no puede acontecer ahora lo mismo?

13Secó su Dios el mar Rojo delante de ellos 14 y los encaminó al Sinaí y a Cadesbarne;

y, arrojando a todos los que moraban en el desierto, 15a habitaron en la tierra de

los amorreos, y con su poder aniquilaron a todos los habitantes de Hesebón.

Mientras el texto griego consigna los hechos de la salida de Egipto y el paso del mar Rojo, la

Vulgata subraya el carácter milagroso de ambos episodios.

“Atravesaron luego el Jordán, y se posesionaron de la montaña; 16 expulsaron pronto

a los cananeos, a los fereceos, a los jebuseos, a los siquemitas y a todos los guergueseos,

y habitaron mucho tiempo en esta tierra. 17 Todo les fue bien mientras no

pecaron contra Dios, porque éste, que aborrece la iniquidad, estaba con ellos.

Por una providencia extraordinaria de Dios penetraron los israelitas en Canaán, apoderándose en

un principio de la región montañosa, por no poder enfrentarse en las tierras bajas con los carros

de combate de los cananeos. Ellos recibieron esta tierra en herencia (ekleronómesan). La permanencia

pacífica de los israelitas en la Tierra Prometida estaba condicionada a su fidelidad al pacto

de la alianza. La prosperidad y la ruina de Israel dependen de su adhesión al mismo.

Pecado y arrepentimiento (5:18-19).

18 Pero cuando se apartaron del camino que les había señalado, luego fueron destruidos

con muchas guerras y llevado! cautivos a tierra extraña, y el templo de su

Dios convertido e ruinas, y sus ciudades ocupadas por los enemigos. 19 Ahora q se

han convertido a su Dios, han subido de la región en donde estuvieron dispersos, y

se apoderaron de Jerusalén, donde está su santuario, y se establecieron en la montaña,

que estaba despoblada.

Los principios señalados por Aquior se confirman con dos acontecimientos: cautividad y regreso

a la tierra. En el exilio encontró Israel ocasión propicia para reflexionar sobre las causas que lo

motivaron. Para muchos, la cautividad significaba el fracaso de la doctrina de la alianza y un indicio

de la impotencia de Yahvé para salvaguardar a su pueblo frente a sus enemigos. Para otros,

en cambio, impresionados por la predicación de los profetas, este desastre nacional fue el principio

de una total y sincera conversión a Yahvé. Gracias a ello les ha sido posible a los israelitas

poder regresar (nuper, añade la Vulgata) a su patria.

Conclusión (5:20-21).

20 Ahora, pues, dueño y señor: ¿Hay escándalo en este pueblo? Si hay en él alguna

culpa o pecado contra su Dios, entonces subamos, que los derrotaremos. 21 Pero si

no hubiese en ellos iniquidad, pase de largo mi señor, porque su Dios los protegerá y

será con ellos, y vendremos a ser objeto de oprobio ante toda la tierra.”

Del discurso de Aquior puede Holofernes deducir que las preguntas que él dirigió al estado ma1418

yor indican un desconocimiento de la situación. Lo importante y justo hubiera sido cerciorarse de

si Israel tenía o no culpa o pecado contra Dios. En caso afirmativo puede atacarle, seguro de conseguir

la victoria; en caso contrario, pase de largo.

Efectos del discurso (5:22-24).

22 Y así que acabó Aquior de pronunciar estas palabras, todo el pueblo, que estaba

en torno de la tienda, rompió en murmullos de reprobación. Los magnates de Holofernes

y todos los moradores de la costa y de la región de Moab pidieron que Aquior

fuese descuartizado. 23 “Porque nunca temeremos — decían — nada de los hijos de

Israel. Es un pueblo sin ejército, sin fuerza para sostener una lucha dura. 24 Subamos,

pues, y serán pasto de todo tu ejército, señor Holofernes.”

Mal eco encontró el discurso de Aquior entre los seguidores de Holofernes. Ninguno de ellos dejóse

impresionar por la tesis teológica desarrollada, estando todos acordes en admitir que las armas

son las que deciden las batallas. A la concepción religiosa yahvista de la historia oponen

Holofernes y su estado mayor la fuerza de las armas.

Intervención de Holofernes (6:1-9).

1 En cuanto cesó el tumulto de las gentes que rodeaban al consejo, dijo Holofernes,

general en jefe del ejército asirio, a Aquior y a los moabitas, en presencia de todo el

pueblo extranjero: “¿Quién eres tú, Aquior, y vosotros, mercenarios de Efraím, para

profetizar como lo habéis hecho hoy, diciendo que no luchemos contra la nación

israelita porque la protege su Dios? 2 ¿Qué dios hay si no es Nabucodonosor? 3 Este

ha enviado su ejército y los borrará de la faz de la tierra, sin que su Dios pueda librarlos;

pero nosotros, siervos de Nabucodonosor, los aplastaremos como a un solo

hombre, y no podrán resistir el empuje de nuestra caballería. 4 Con ella inundaremos

su tierra, y bañaremos en sangre sus montañas, y llenaremos de cadáveres sus

valles, y no podrán mantenerse en pie delante de nosotros, y todos enteramente perecerán,

dice el rey Nabucodonosor, señor de toda la tierra, y sus palabras no quedarán

sin cumplimiento. 5 Pero tú, Aquior, mercenario de Amón, que tales discursos

has tenido este día de tu insensatez, no volverás a ver mi rostro hasta que yo no haya

castigado a esa nación de huidos de Egipto. 6 Cuando yo vuelva, atravesará tu cuerpo

el hierro de mi ejército, y la muchedumbre de mis lanceros tu costado, y caerás

bañado en tu sangre. 7 Mis siervos te llevarán a la montaña y te pondrán en una de

las ciudades de la subida, 8 y no perecerás hasta que con ellos seas aniquilado. 9 Ya

que tan firme esperanza tienes de que no sean conquistados, no se abata tu rostro.

De cuanto he dicho, ni una palabra caerá en el vacío.”

Acallado el tumulto popular, intervino Holofernes violentamente. En presencia de Moab y de

toda la muchedumbre de extranjeros increpó a Aquior y a los mercenarios de Amón. Su ejército

les demostrará que se han equivocado al meterse en profetas de mal agüero. Holofernes rechaza

la posibilidad de que el Dios de Israel, pueblo formado como “huidos de Egipto,” pueda prevalecer

contra el omnipotente Nabucodonosor. Anuncia la derrota completa de Israel, que no podrá

resistir el empuje de su caballería. Aquior será testigo de este desastre. Holofernes no menciona

el nombre de Betulia, pero da a entender que los judíos preparan la resistencia “en una de las

ciudades de la subida.” Estaba tan creído Nabucodonosor de su victoria, que no temía que

1419

Aquior revelara a los de Betulia sus planes guerreros. Pero la razón fundamental por la cual

Aquior es entregado y colocado en Betulia es para que, una vez cortada la cabeza de Holofernes,

diera fe de que era la del generalísimo del ejército de Nabucodonosor.

Aquior es llevado a Betulia (6:10-13).

10 Luego ordenó Holofernes a los siervos que estaban a su lado en la tienda que tomasen

a Aquior y le llevaran a Betulia, entregándole a los israelitas. 11 Cogiéronle

los siervos de Holofernes, y le condujeron fuera del campamento, que estaba en el

llano, y le llevaron del llano a la montaña, a las fuentes que están por debajo de Betulia.

12 En cuanto los de la ciudad los vieron, tomaron sus armas y salieron a la cima

del monte. Los honderos se mantuvieron en sus puestos y arrojaron piedras sobre

los asirios. 13 Pero ellos, ocultándose en los repliegues de la montaña, amarraron

a Aquior y le abandonaron a raíz del monte, volviéndose a su amo.

Por las palabras del texto se deduce que no existía un frente continuo, sino focos aislados de resistencia.

De ahí que los siervos de Holofernes penetraran en territorio israelita y se acercaran a

Betulia. Al divisarlos los hombres de la ciudad, en vez de salir a su encuentro y rechazarles, subieron

a la cima del monte, desde donde los honderos lanzaban piedras contra los intrusos.

Aquior con los jefes de Betulia (6:14-17).

14 Bajaron de la ciudad los hijos de Israel, dieron con él y le desataron, y, llevándole

a Betulia, le entregaron a los jefes de la ciudad. 15 Eran éstos en aquellos días Ocias,

hijo de Mica, de la tribu de Simeón; Abrís, hijo de Otoniel, y Carmis, hijo de Malquiel;

l6 los cuales convocaron luego a los ancianos de la ciudad. Todos los jóvenes y

las mujeres concurrieron también a la asamblea, y, puesto Aquior en medio del

pueblo, le interrogó Ocias acerca de lo sucedido. 17 Dióles cuenta él de los discursos

habidos en la sesión de Holofernes, y de lo que había dicho a los príncipes asirios, y

de las insolencias proferidas por Holofernes contra los israelitas.

Una vez regresaron los asirios a su campamento, descendieron los hombres del pueblo a la falda

del monte; hallaron a Aquior y, desatándolo, le entregaron a los jefes (arjontes) de la ciudad, pertenecientes

a la tribu de Simeón. El autor del libro trata de rehabilitar a Simeón, poco afortunado

en la bendición de Jacob (Gen 49:5-7), y cuya tribu llevó siempre una vida lánguida y deslucida

(2 Crón 15:9; 34:6), fundida con la tribu de Judá. Judit (9:2-4) alaba a Simeón por “haberse vengado

de los extranjeros que habían violado a una doncella.” Los otros dos arjontes eran Cabris

(Núm 26:45; Gen 46:17) y Carmis (Jos 7:1; 1 Crón 2:7).

Oraciones y banquetes (6:18-21).

18 Postrándose en tierra el pueblo, clamaron a Dios, diciendo: 19 “Señor, Dios del cielo,

mira el orgullo de éstos y apiádate de nuestro linaje humillado, y pon hoy tus ojos

en el rostro de tus santos.” 20 Consolaron a Aquior y le alabaron grandemente. 21

Ocias le sacó de la asamblea y le condujo a su casa, donde le dio un banquete, al que

invitó a todos los ancianos. Toda aquella noche estuvieron invocando el auxilio del

Dios de Israel.

1420

Durante aquella noche perseveraron en la oración, invocando el auxilio de Dios. En este momento

crucial para la ciudad no existen preparativos de carácter militar y estratégico. Saben ellos

que la victoria o la derrota está en manos de Dios.

1 Chroru 2: PG 19:486.

2 Solino, 35:4-

3 Pliió, Hist. Natur. 13:41: Eία vocant spadones, qui apud eos etiam regnaverg.

4 Ηerόdοtο,6:48-49·

1 T. Chary, Les prophétes et le cuite a partir de l'exil (París 1955) 200-201,

2. Yahve Triunfa Sobre Nabucodonosor (c.7-16).

Los asíríos frente a Betulia (7:1-3).

1 Al día siguiente dio órdenes Holofernes a todo su ejército y a las tropas auxiliares

de prepararse para atacar a Betulia, ocupando las subidas de los montes y haciendo

ya la guerra contra los hijos de Israel. 2 Entonces se dispusieron todos sus hombres

de armas y la masa de sus guerreros, en número de ciento setenta mil infantes y doce

mil jinetes, fuera de la impedimenta y de la muchedumbre de los hombres que

iban con ella, que era muy grande, 3 acamparon en el valle junto a Betulia, cerca de

la fuente, y se desplegaron a lo ancho, hasta Dotan, Belmáin, y a lo largo desde Betulia

hasta Ciamón, que está frente a Esdrelón.

Holofernes obra rápidamente. Al día siguiente de haber deportado a Aquior a Betulia, manda que

su ejército marche en dirección a esta ciudad, que se ocupen las vertientes de las montañas y que

se establezca contacto con el enemigo. Hemos hablado ya del emplazamiento de esta heroica y

enigmática ciudad (4:4-6), que, a lo más, disponía de unas murallas levantadas precipitadamente

al anuncio de la llegada del ejército de Holofernes. Teniendo en cuenta todos los datos desparramados

en todo el libro, no se llega a identificar el lugar de Betulia; pues si de una parte figura en

la entrada de Esdrelón, al norte de Samaría, de otra se dice que salió una procesión de Betulia en

dirección a Jerusalén, lo cual significaría que los participantes en ella recorrieron un centenar de

kilómetros (16:18). De ahí que algunos exegetas dudan incluso de la existencia real de una ciudad

con este nombre. Obsérvese la pasividad de las otras ciudades frente al ejército invasor. Ninguna

le hace frente, ni se ponen obstáculos a las maniobras tácticas del mismo. Holofernes tiene

la obsesión de Betulia, en donde cree radica la máxima resistencia por parte de los judíos.

Consternación de los israelitas (7:4-5).

4 Cuando los israelitas vieron tanta muchedumbre, quedaron consternados, y unos a

otros se dijeron: “Ahora sí que van a devorar éstos toda la haz de la tierra, y ni los

altos montes, ni los valles, ni los collados podrán soportar su peso.” 5 Y tomando cada

uno sus armas, encendieron hogueras sobre las torres y permanecieron guardándolas

toda aquella noche.

Desde la ciudad contemplaron los de Betulia la marcha del ejército asirio, que estrechaba el cerco.

Al ver tanta muchedumbre, les asalta la idea de que el enemigo devorará toda la haz de la tierra

(Núm 22:4) y de que el suelo cederá a su paso. Aunque las noches en Palestina sean algo más

1421

frescas que el día (Mc 14:54; Lc 22:55), no es probable que tuvieran necesidad de fuego los centinelas

de las murallas, dada la estación en que se produjo el asedio (4:5). Más bien encendieron

hogueras, o para divisar los movimientos del enemigo en torno a los muros, o para darle la sensación

de que los habitantes de la ciudad estaban alerta (1 Mac 12:28-29).

Estratagema de Holofernes (7:6-7).

6 Al día siguiente hizo desfilar Holofernes toda su caballería a la vista de los israelitas

que estaban en Betulia; 7 examinó las subidas de la ciudad y recorrió las fuentes

de sus aguas, apoderándose de ellas y estableciendo puesto de guardia, para volverse

luego a su gente.

Exploró Holofernes personalmente los accesos de la ciudad, reconoció los manantiales que surtían

de agua a Betulia y los ocupó. Antes (v.3) se dijo que el ejército acampó en el valle, junto a

Betulia, “cerca de la fuente.” Desde este momento Betulia se encuentra cercada por todas partes,

no quedándole más dilema que entregarse o resistir. No cabe esperar ayuda de las otras ciudades,

ni de la misma ciudad de Jerusalén, que contemplan la heroica resistencia de Betulia, apoyando

su causa con ayunos y oraciones, pero sin enviar soldado alguno.

Otro consejo dado a Holofernes (7:8-15).

8 Entonces se acercaron a él los príncipes de Esaú, los jefes de Moab y los capitanes

de la costa, diciéndole: 9 “Escuche nuestro señor una palabra, si quieres que no sufra

quebranto tu ejército. 10 Este pueblo de los israelitas no confía en sus lanzas, sino

en las alturas de los montes en que habitan; y, en efecto, no es fácil dominar la cima

de sus montes. 11 Ahora bien, señor, no luches contra ellos como se lucha en batalla

campal, y evitarás que caiga un solo guerrero. 12 Quédate tú en el campamento y ten

en guardia todo tu ejército; pero haz que tus siervos se apoderen de las fuentes de

agua que brotan a raíz del monte, 13 porque de ella se abastecen todos los moradores

de Betulia. La sed los matará, y acabarán por entregarte la ciudad, mientras que

nosotros y nuestro pueblo subimos a las cimas de los montes próximos y acampamos

en ellas para guardarlas e impedir que salga de la ciudad hombre alguno. 14 Así el

hambre los consumirá a ellos, a sus mujeres y a sus hijos, y antes que los alcance la

espada quedarán tendidos en las calles de su propia ciudad, 15 dándoles tú el merecido

por su malvada conducta de no haber salido a tu encuentro en son de paz.”

El designio de Holofernes era atacar la ciudad y acabar con ella, confiado en su superioridad.

Considerando las cosas humanamente, era ésta la mejor solución. Pero mercenarios de los pueblos

vecinos de Israel, tales como los “príncipes de Esaú,” o sea los idumeos, los jefes de Moab y

los capitanes de las ciudades filisteasde la costa mediterránea, aconsejan al generalísimo de Nabucodonosor

que estreche el cerco y espere a que los habitantes de Betulia se entreguen, acosados

por el hambre y la sed. Estos consejeros conocen bien la geografía de Betulia.

Asedio de Betulia (7:16-22).

16 Fueron bien recibidas por Holofernes y todos sus siervos estas palabras, y al punto

ordenó ejecutar cuanto se había dicho. 17 Los hijos de Amón levantaron el campo,

y con ellos cinco mil asirios, que acamparon en el valle y ocuparon las aguas y los

1422

manantiales de agua de los israelitas. 18 Subieron los hijos de Esaú y los de Amón, y

acamparon en la montaña, frente a Dotáin. Pusieron luego una división hacia el mediodía,

hacia el este, contra Ecrebel, que cae cerca de Husi, sobre el torrente de

Mocmur, y el resto del ejército asirio acampó en el llano, cubriendo toda la haz de la

tierra. Las tiendas y la impedimenta se extendían en inmensa muchedumbre, con

todas sus gentes, que eran en extremo numerosas.19 Los hijos de Israel clamaron al

Señor, su Dios, pues perdieron el ánimo al verse cercados por sus enemigos, sin posible

escape. 20 El campo de los asirios, su infantería, sus carros y su caballería, los

tuvieron cercados por espacio de treinta y cuatro días; de manera que a los habitantes

de Betulia se les agotaron todas las aguas, 21 quedaron vacías las cisternas, sin

que tuviesen para beber a saciedad un día, y el agua se les distribuía con medida. 22

Desmayaban las mujeres y los niños; los jóvenes desfallecían de sed y caían sin fuerza

en las calles de la ciudad y en los pasos de las puertas.

Señala la Vulgata el detalle de que se pusieron cien centinelas en cada fuente. Los edomitas y

parte de los amonitas ocuparon las cumbres de los montes vecinos, “frente a Dotáin.” Un tercer

destacamento fue enviado hacia el mediodía, “hacia el este, contra Ecrebel, que cae cerca de Cus,

sobre el torrente de Mocmur.” Los comentaristas de Judit identifican generalmente a Ecrebel con

Aqrabeh, a catorce kilómetros al sudoeste de Naplusa, que bajo la dominación romana fue capital

de la toparquía Acrabatene. A ocho kilómetros al noroeste de Acrabe se encuentra Quzah, la antigua

Cus. El torrente Mocmur debe identificarse con algún wadi al mediodía de la capital samaritana.

Si estas identificaciones corresponden a la realidad, resulta que Holofernes cortó toda comunicación,

ocupando un inmenso territorio al mediodía, este y norte de Betulia.

En todo este despliegue de fuerzas no encuentra Holofernes ninguna oposición de parte

de los israelitas. Los habitantes de Betulia comprendieron que estaban completamente cercados.

Al cabo de treinta y cuatro días se agotaron las provisiones de agua. Cortado el acceso a las fuentes,

sus habitantes viéronse obligados a utilizar exclusivamente el agua recogida en las cisternas

durante el tiempo de lluvia. También estas reservas se agotaron, sin que hubiera posibilidad de

ser rellenadas en breve plazo por razón de hallarse en los meses de junio y julio (2:47; 4:5), en

cuyo tiempo no llueve en Palestina.

Motín en la ciudad (7:23-29).

23 Se amotinó todo el pueblo contra Ocias y contra los jefes de la ciudad: jóvenes,

mujeres y niños, y clamaron a grandes voces contra los ancianos, diciendo: 24 “Sea

Dios juez entre nosotros y vosotros por habernos sometido a tamaña injusticia, no

proponiendo tratos de paz a los asirios. 25 Ahora ya no hay para nosotros auxilio, y

Dios nos ha entregado en sus manos para que ante ellos caigamos de sed y suframos

completa ruina. 26 Ahora, pues, llamadlos y entregad la ciudad al saqueo de las gentes

de Holofernes y de todo su ejército. 27 Más ventajoso nos será entregarnos a ellos,

porque siquiera, siendo siervos suyos, viviremos y no veremos con nuestros ojos la

muerte de nuestros niños y consumidas nuestras mujeres y nuestros hijos. 28 Os conjuramos

por el cielo y la tierra, por nuestro Dios y Señor de nuestros padres, que

nos castiga según nuestros pecados y según las transgresiones de nuestros padres,

que desistáis.” 29 Se produjo un gran llanto en medio de la asamblea, y todos a una

clamaron a grandes voces al Señor Dios.

1423

Betulia no estaba preparada para sostener un largo asedio. Además de la falta de provisiones, no

estaban dispuestos sus habitantes a morir por la defensa de su Dios y de su ciudad. La orden

de resistir emanaba del sumo sacerdote Joaquín (4:6), pero no iba acompañada con la promesa de

una ayuda bélica eficaz.

Respuesta de Ocias (7:30-32).

30 Díjoles Ocias: “Tened ánimo, hermanos; esperemos cinco días, en los cuales volverá

sobre nosotros su misericordia el Señor, nuestro Dios, que no nos abandonará

hasta el fin. 31 Si pasados estos días no nos viniera ningún auxilio, yo haré lo que pedís.”

32 Despidió al pueblo, y se fue cada uno a su puesto, a los muros y a las torres

de la ciudad, y a las mujeres y a los niños los mandó a sus casas. Grande era el abatimiento

que dominaba en la ciudad.

Desde el punto de vista puramente humano, la guerra de Holofernes contra Betulia puede compararse

a la lucha de un elefante con una hormiga. Ya hemos visto que Betulia no cuenta con ninguna

ayuda militar exterior de parte de sus hermanos de raza, a pesar de “ser un pueblo numeroso”

(5:10). Los guerreros de la villa son casi inexistentes. No se señala su número, no se dice que

disparen una sola flecha ni que intenten una salida desesperada. Su población se compone de mujeres

quejumbrosas, de niños y hombres débiles, cuya aspiración es rendirse al ejército invasor

antes que morir por su fe. Las mismas autoridades de Betulia se muestran incapaces, débiles,

oportunistas y de poca fe. De una parte temen los alborotos del pueblo, y de otra, la justicia de

los sitiadores.

Judit, la heroína (8:1-3).

1 Entonces lo supo Judit, hija de Merarí, hijo de Ox, hijo de José, hijo de Ociel, hijo

de Helcías, hijo de Elías, hijo de Quelcías, hijo de Eliab, hijo de Natanael, hijo de Salamiel,

hijo de Sarasadai, hijo de Israel. 2 Su marido, Manases, era de su misma tribu

y familia y había muerto en los días de la siega de la cebada. 3 Hallándose con los

atadores de haces en el campo, cogió una insolación, y cayó en el lecho, y murió en

Betulia, su ciudad. Diéronle sepultura en la de sus padres, en el campo que hay entre

Dotáin y Belarnón.

Cuando el pueblo pedía a gritos la rendición, en el momento crucial en que las autoridades de

Betulia habían señalado un plazo de cinco días para entregarse, surge inesperadamente Judit, la

heroína. No escoge Dios a un profeta, a un guerrero, sino a una viuda retirada en un cobertizo

que se había fabricado en el techo de su casa. Cuanto más débil sea el instrumento, más visible

será la intervención de Dios en favor de Betulia. ¿Quién es esta mujer que salva a su pueblo de

una catástrofe inminente? ¿Es un personaje ideal, simbólico, creado por el autor, o una mujer de

carne y hueso? Era una viuda ideal, tal como la concibiera más tarde San Pablo (1 Tim 5:5). En

Betulia era la única persona que confiaba ciegamente en Dios. Su mismo nombre es revelador:

Judit, Yehudith, femenino de Yehudi, significa la judía, nombre que llevó una mujer de Esaú, de

origen jeteo (Gen 26:34). Las dudas acerca de la existencia real de la heroína se fundan en el

nombre que lleva, Yehudith, y en su propio testimonio. En efecto, el término Yehudith puede ser

gentilicio y simbolizar la nación judía en su ideal de vida religiosa. En el cántico que siguió a la

victoria, Judit misma se identifica con el pueblo judío (15:4-6). No existen razones poderosas

para dudar de la existencia real de Judit, pero tampoco se dan argumentos ciertos que obliguen a

1424

admitirla. Lo primero que debe hacerse para resolver esta cuestión es examinar el género literario

empleado por el autor en este libro. El carácter inspirado del mismo es indiferente a esta cuestión

1.

Vida ejemplar de Judit (8:4-8).

4 Vivía en su casa Judit, guardando su viudez hacía tres años y cuatro meses. 5

Habíase hecho un cobertizo en el terrado de la casa y llevaba saco a la cintura, debajo

de los vestidos de su viudez. 6 Ayunaba todos los días, fuera de los sábados, novilunios,

las solemnidades y días de regocijo de la casa de Israel. 7 Era bella de formas

y de muy agraciada presencia. Su marido, Manases, le había dejado oro y plata,

siervos y siervas, ganados y campos, que ella por sí administraba. 8 Nadie podía decir

de ella una palabra mala, porque era muy temerosa de Dios.

Al morir su marido, decidió Judit vivir perpetuamente en la viudez (16:26), Teniendo en cuenta

que las hebreas contraían matrimonio entre los doce y quince años y que Bagoas la llama paidiske

e halé, niña hermosa, cabe suponer que quedó viuda muy joven. Al producirse la invasión de

Betulia se cumplían tres años y cuatro meses de su viudez (Vulgata: tres años y seis meses). De

su matrimonio con Manases no tuvo descendencia, no quejándose contra Dios de no habérsela

dado, como hicieron otras mujeres hebreas menos piadosas (1 Sam 1:8-20). Vivía retirada con su

esclava (16:26) en un cobertizo que se fabricó en el terrado de su casa, o sea, la alliyyah, la habitación

alta (Jue 3:23-25; 2 Sam 19:1; 2 Re 4:10). A una mujer tan perfecta en el cumplimiento de

sus deberes religiosos debía Dios mirar con ojos de complacencia. Aunque las restantes gentes

de Betulia tuvieran una fe vacilante, Dios les perdonaría en atención a las virtudes heroicas

de Judit, de la cual nadie podía hablar mal. Su sensibilidad religiosa y su viudez eran factores

que facilitaban su cometido de intercesora delante de Dios para salvar a su pueblo elegido.

Judit se entrevista con las autoridades (8:9-10).

9 Llegaron a los oídos de Judit las desatinadas palabras que el pueblo había dirigido

al jefe; vio cuan abatidos estaban por la escasez del agua y supo asimismo la respuesta

de Ocias, jurando entregar la ciudad a los asirios pasados cinco días. 10 Envió

a su sierva, la que tenía puesta sobre todos sus bienes, e hizo llamar a los ancianos

de la ciudad Ocias, Cabris y Garmis.

La prestigiosa mujer no tomó parte en el motín del pueblo. Por la servidumbre pudo enterarse de

la situación y de la decisión tomada por las autoridades. Gran prestigio debía de gozar Judit entre

los dirigentes del pueblo, ya que se dirigieron obedientes a casa de Judit tan pronto como su sierva,

la que tenía puesta sobre todos sus bienes (Gen 24:2), les comunicó el deseo de su ama.

Judit increpa a los dirigentes de Betulia (8:11-15).

11 Y cuando llegaron les dijo: “Escuchadme, príncipes de la ciudad de Betulia: No es

acertado lo que hoy habéis dicho al pueblo, como tampoco el juramento que habéis

interpuesto entre Dios y vosotros, diciendo que entregaríais la ciudad a vuestros

enemigos si en esos días no viniere el Señor en vuestro auxilio. 12 ¿ Quiénes sois vosotros

para tentar a Dios, los que estáis constituidos en lugar de Dios, en medio de los

hijos de los hombres? 13 ¿Al Dios omnipotente pretendéis poner a prueba? ¿No aca1425

baréis de aprender? 14 Si no podéis sondear la profundidad del corazón humano ni

comprender sus pensamientos, ¿cómo vais a escudriñar a Dios, el Creador de todas

las cosas; a penetrar su mente y comprender sus pensamientos? De ningún modo,

hermanos, irritéis al Señor, Dios nuestro, 15 que, si no quisiera ayudarnos en los cinco

días, poder tiene para protegernos en el día que quisiere o para destruirnos en

presencia de nuestros enemigos.

La valiente mujer se encara con los príncipes de la ciudad (6:14-15; jefes, ancianos) por haberse

atrevido a fijar a Dios un plazo de cinco días dentro de los cuales debía acudir en su ayuda; pasado

aquel tiempo, ya no tenían necesidad de El. El proceder de las autoridades equivalía a un ultimátum.

Ellos se obligaron con juramento a entregar la ciudad a los enemigos, y este juramento

debía cumplirse necesariamente. El hecho de exigir a Dios que se decida a intervenir en el plazo

de cinco días, ¿no equivalía a un atentado contra su soberanía divina? Hay que esperar pacientemente

y con confianza la hora de Dios. Las autoridades de Betulia hacen mal en discutir

sus designios. Una sola solución es viable: humillarse ante El y callar. A diferencia de Job

(38:2-40,2; 7; 8; 42:3), el autor de Judit pone más de relieve la confianza filial en Dios. Su concepción

de la eficacia de la oración se asemeja a la cristiana.

Motivos de confianza (8:16-20).

16 No pretendáis hacer fuerza a los consejos del Señor, Dios nuestro, que no es Dios

como un hombre que se mueve con amenazas, ni como un hijo del hombre que se

rinde. 17 Por tanto, esperando la salud, clamemos a El que nos socorra. Si fuese su

beneplácito, oirá nuestra voz. 18 Porque no hay en nuestra generación ni se conoce

en nuestros días tribu, ni familia, ni región, ni ciudad que adore dioses fabricados,

como sucedía en los tiempos antiguos, 19 por causa de los cuales fueron entregados

nuestros padres a la espada y al saqueo y cayeron con gran estrago delante de sus

enemigos. 20 Pero nosotros no conocemos otro Dios fuera de El, por donde esperamos

que no nos desatenderá ni a nosotros ni a ninguno de nuestro linaje.

Por la ley de la alianza, Dios se comprometió a ayudar a Israel y defenderlo de sus enemigos con

tal de que observara su Ley y permaneciera fiel a un puro monoteísmo (Lev 26:1-8; Deut 28:1-7;

Jue 2:7-23; 1 Sam 7:3), Tan segura está Judit de la eficacia de esta promesa, que se atrevió a decir

a Holofernes: “Nunca nuestro linaje es castigado, ni la espada prevalece contra ellos si no han

pecado contra Dios” (11:10). La situación religiosa actual de Israel es fundamentalmente buena,

porque, al revés de los tiempos antiguos, no existe en la generación actual ni se conoce familia,

región ni ciudad que adore a falsos dioses. Por este pecado de idolatría, contra el cual clamaba

Jeremías (7:17-20; 14:7-15), fueron entregados los judíos a la espada y al saqueo. En los momentos

actuales no existe este funestísimo pecado en Israel; luego hay motivos de esperar la ayuda de

Dios. El autor del libro de Judit considera como pecado leve el amotinamiento del pueblo, porque

sus protestas están más bien dictadas por el estómago vacío que por falta de confianza en

Dios. Tampoco concede excesiva gravedad a la conducta de los magistrados de Betulia, que

obraron más bien por cobardía que por malicia.

Desastrosas consecuencias de una capitulación (8:21-27).

21 Considerad que, si nosotros fuéramos tomados, toda Judea sería destruida, y

nuestro santuario saqueado, y entonces Dios nos pediría cuenta de su profanación. 22

1426

Y la matanza de nuestros hermanos, y el cautiverio de la tierra, y la desolación de

nuestra heredad, la haría el Señor recaer sobre nuestras cabezas en medio de las naciones

a quienes sirviéramos, siendo escarnio y ludibrio a los ojos de nuestros dueños.

23 Ni sería nuestra servidumbre para nuestro bien; antes en nuestra deshonra la

volvería el Señor, Dios nuestro. 24 Y ahora, hermanos, mostremos a nuestros conciudadanos

que de nosotros pende no sólo nuestra vida, sino que el santuario, el templo

y el altar sobre nosotros se apoyan. 25 Demos gracias al Señor, nuestro Dios, que nos

prueba igual que a nuestros padres. 26 Recordad cuanto hizo con Abraham, cómo

probó a Isaac y qué cosas sucedieron a Jacob en Mesopotamia de Siria cuando apacentaba

las ovejas de Labán, su tío. 27 Pues así como aquéllos no los pasó por el crisol

sino para examinar su corazón, así también a nosotros nos azota, no para castigo,

sino para amonestación, de los que le servimos.

La suerte de Jerusalén, del templo y de toda la nación depende de la actuación de los habitantes

de Betulia. Si, para evitar una situación crítica, de momento los magistrados de Betulia se rinden

al enemigo, serán responsables ante Dios de las espantosas consecuencias de su cobardía y poca

fe. Judit acumula razones con el fin de elevar la moral de los ancianos de Betulia: el país sería

arrasado; sus habitantes, asesinados o deportados; el templo, saqueado. El ejemplo de los patriarcas

Abraham, Isaac y Jacob debe estimularles a la resistencia. Dios los pasó por el crisol para

examinar su corazón, no para castigarlos. De la misma manera azota a los de Betulia, no a título

de castigo, sino con el fin de someter a prueba su confianza en Dios. Judit proclama que Dios

castiga y azota a sus amigos con el único fin de purificarlos y santificarlos con la práctica de

las virtudes (Proν 3:12; Sab 11:5-10; Eci 2:3-5). La recomendación que hace Judit de dar gracias

a Dios por las pruebas a que les sujeta, es considerada por muchos como una interpolación cristiana

(Rom 5:3-5; Hebr 12:5-11).

Respuesta de Ocias (8:28-31).

28 Ocias le respondió: “Todo cuanto has dicho es salido de un buen corazón, y no

hay quien a tus palabras pueda oponerse a nada. 29 No es hoy cuando tu sabiduría se

descubre; desde el principio de tus días conoció todo el pueblo tu inteligencia y tu

buen corazón. 30 Pero es mucho lo que el pueblo padece por la sed, y esto nos obligó

a hablar como hablamos y a hacer el juramento que no quebrantaremos. 31 Ruega

por nosotros, tú que eres mujer piadosa, y el Señor enviará lluvia que llene nuestras

cisternas para que no perezcamos.”

Con palabras halagadoras para Judit, Ocias reconoce su clara inteligencia y su gran corazón, pero

le da a entender que no puede cambiar la decisión tomada en atención a los sufrimientos del pueblo,

que muere de sed, y por el juramento que hizo, y que debe cumplirse inexorablemente (Jos

9:19; Jue 11:35; 2 Sam 21:1-8). La única solución está, dice Ocias, en que Dios nos mande lluvia

que llene las cisternas, lo que equivale a pedir un milagro. La época de las lluvias en Palestina se

extiende desde octubre hasta mayo, y sólo por un milagro (1 Sam 12:17) se da una lluvia torrencial

durante los meses de junio y julio (Jos 10:11). Ocias no entiende la teología de la historia de

Israel, tal como se la explica y comprende Judit. Es posible que teóricamente tenga razón Judit;

pero en la práctica, parece decir Ocias, no se ve que Dios se muestre solícito en cumplir su compromiso

con Israel. Por lo demás, la voluntad salvífica de Dios debe manifestarse en el plazo

de cinco días, porque un juramento debe cumplirse necesariamente.

1427

Judit expone sus planes (8:32-36).

32 Díjoles Judit: “Escuchadme: Yo me propongo realizar una hazaña que se recordará

de generación en generación entre los hijos de nuestra raza. 33 Vosotros estaos

esta noche a la puerta; yo saldré con mi sierva, y en los días que pusisteis por término

para entregar la ciudad a vuestros enemigos, visitará el Señor a Israel por mi

mano. 34 No tratéis de averiguar mis planes, que no os lo manifestaré mientras no

haya dado remate a lo que me propongo ejecutar.” 35 Y le contestaron Ocias y los jefes:

“Vete en paz y que el Señor vaya delante de ti para que nos vengues de nuestros

enemigos.” 36 Y, saliendo del cobertizo, se fueron.

De repente saca Judit a las autoridades de la situación embarazosa en que se encontraban. El plan

que les propone no es improvisado; lo ha meditado bien en su soledad, porque también ella debía

de tener noticia de cómo andaban las incidencias del sitio de Betulia. Sabe también que tendrá

éxito el plan que ha trazado.

Rostro en tierra (9:1).

1 Judit, postrándose rostro a tierra, echó ceniza sobre su cabeza y descubrió el cilicio

que llevaba ceñido. Era precisamente la hora en que se ofrecía en Jerusalén, en la

casa de Dios, el incienso de la tarde, cuando clamó Judit con gran voz al Señor, diciendo:

Consciente de la responsabilidad que había cargado sobre sus hombros, Judit postróse en tierra

en actitud suplicante, echó ceniza sobre sus cabellos (4:11) y, quitándose las prendas exteriores

con que se había revestido, dejó ver el vestido o túnica de penitencia que llevaba a raíz de sus

carnes. El autor sagrado hace coincidir este momento solemne, del cual pendía la salvación de

Israel, con la hora en que se ofrecía en Jerusalén el incienso de la tarde (Ex 30:7; 34:3; Sal

141:2) y en la hora en que se encendían las lámparas del santuario (Ex 30:8). En todo el libro tiene

el hagiógrafo su pensamiento fijo en el templo de Jerusalén (4:2-3; 6-8:11-15; 5:19; 8:21-25;

9:8-13).

Judit evoca el recuerdo del pasado (9:2-5).

2 “Señor, Dios de mi padre Simeón, en cuya mano pusiste la espada para vengarse

de los extranjeros, los cuales soltaron la cintura de una virgen para deshonrarla y

desnudaron sus muslos para confusión, profanando su seno para su oprobio. 3 Porque

tú dijiste: No será así. Y ellos lo hicieron. Por esto entregaste sus príncipes a la

muerte, y su lecho, avergonzado por su engaño, siendo engañado a su vez, a la sangre.

Y heriste a los esclavos con los poderosos, y a los poderosos en sus tronos. 4 Diste

sus mujeres al saqueo, y sus hijas al cautiverio, y todos sus bienes en reparto entre

tus hijos amados, los cuales se inflamaron en tu celo y abominaron la contaminación

de su sangre y te invocaron en su auxilio. ¡Oh Dios, Dios mío! Escucha también a mí,

que soy viuda. 5 Pues fuiste tú el autor de aquellos hechos y de cuantos le precedieron

y siguieron, y lo presente y lo futuro tú lo dispusiste, y lo que tú dispusiste se

hizo.

Judit pertenecía a la tribu de Simeón. Se recuerdan hechos del pasado que Dios permitió que su1428

cedieran para bien de su pueblo. Uno de ellos fue la manera como Simeón vengó el honor ultrajado

de su hermana Dina (Gen 34:1-29). Simeón fue en aquella ocasión instrumento de Dios para

vengar a una virgen de Israel por el ultraje inferido por un extranjero. El hecho de Dina y sus

consecuencias tienen relación con la hora presente. Dina y Judit se exponen a perder el honor;

pero así como Dina obró con ligereza al salir “sola para ver a los hijos de aquella tierra” (Gen

34:1), Judit sale fuera de la ciudad por inspiración divina y después de un maduro examen y largas

oraciones y penitencias. Los hermanos de Dina, Leví y Simeón, se enfurecieron por el ultraje

hecho a ella, y, espada en mano, penetraron en la ciudad y mataron a todos los varones. Los otros

hijos de Jacob se arrojaron sobre los muertos y saquearon la ciudad “por haber sido deshonrada

su hermana” (Gen 34:27). Jacob recrimina la conducta de los hermanos por la crueldad del hecho

y por las funestas consecuencias que puede acarrearles (Gen 34:30; 49:5-7). Judit, en cambio,

alaba aquella explosión patriótica y religiosa de su antepasado (Gen 34:31). Para Judit, la violación

de Dina fue un atentado al honor del alma judía. El malvado Si-quem del Génesis es el prototipo

de Holofernes, y la joven viuda se imagina tener en sus débiles manos la fuerza y vigor de

Simeón, y, como él, sabrá vengar la audacia y osadía del que pretende ahora destruir a Israel. Lo

que hizo Siquem “era una cosa que no debía hacerse” (Gen 34:7; 2 Sam 13:12). En el v.3 se

anuncia la ley del talión, al decir que sobre aquel mismo lecho en que se consumó el engaño y

seducción de Dina, perpetróse también la muerte del seductor y de sus cómplices. Judit se vengará

del impío Holofernes dándole muerte en aquel lecho donde él pretendía abusar de ella. De la

hazaña de Judit se “hablará de generación en generación entre los hijos de nuestra raza” (8:32) y

nadie se atreverá a reprobar su conducta. Gomo en el caso de Siquem, saldrán de la ciudad todos

los habitantes de Betulia y saquearán el campamento asirio, entonando a continuación grandes

alabanzas a la que en adelante será llamada “el orgullo de Jerusalén y la gloria de Israel” (15:9).

Momento crucial (9:6-8).

6 Tú planeaste lo que estaba por venir, y sucedía como tú lo habías decretado, y se

presentaba a ti, diciendo: Heme aquí. Pues todos tus caminos están dispuestos, y

previstos tus juicios. 7 Mira que los asirios tienen un ejército poderoso, se engríen de

sus caballos y jinetes, se enorgullecen de la fuerza de sus infantes, tienen puesta su

confianza en sus broqueles, en sus lanzas, en sus arcos y en sus hondas, y no saben

que tú eres el Señor que decide las batallas, cuyo nombre es Yahvé, 8 Quebranta su

fuerza con tu poder, pulveriza su fuerza con tu ira, porque han resuelto violar tu

santuario, profanar el tabernáculo en que se posa tu glorioso nombre y derribar con

el hierro los cuernos de tu altar.

Tanto la historia de la humanidad en general como la del pueblo elegido en particular son obra

de Dios. A él pertenece el pasado, el presente y el porvenir. Por voluntad divina se han presentado

los asirios en las puertas de Palestina. Como en otro tiempo los egipcios confiaban en sus armas

y fueron aniquilados (Ex 14:19-29), también los asirios se enorgullecen de sus infantes, de

sus caballos y de sus jinetes. Pero no saben que basta que Dios dirija su vista hacia el campo

asirio, como hizo con los egipcios (Vulgata), para ser aniquilados. Dios ama a los humildes y

aborrece el orgullo de las naciones paganas (Ez 25:6-7; 28:6-10; 30:6; 31:10). A la viuda

humilde, Dios la ensalzará; al general orgulloso lo humillará.

Súplica anhelante (9:9-14).

1429

9 Pon los ojos en su soberbia, descarga tu cólera sobre su cabeza, dame a mí, pobre

viuda, fuerza para ejecutar lo que he premeditado. 10 Hiere con la seducción de mis

labios al siervo con el príncipe y al príncipe con el siervo, y quebranta su orgullo por

mano de una mujer, 11 Que no está tu poder en la muchedumbre, ni en los valientes

tu fuerza; antes eres tú el Dios de los humildes, el amparo de los pequeños, el defensor

de los débiles, el refugio de los desamparados y el salvador de los que no tienen

esperanza. 12 Sí, sí. Dios de mis padres y Dios de la heredad de Israel, Señor de los

cielos y de la tierra, Creador de las aguas, Rey de toda la creación, escucha mi plegaria

13 y dame una palabra seductora que cause heridas y cardenales en aquellos

que han resuelto crueldades contra tu alianza, contra tu santa casa, contra el monte

de Sión, contra la casa que es posesión de tus hijos. 14 Haz que todo tu pueblo y cada

una de sus tribus reconozca y sepa que tú eres el Dios de toda fortaleza y poder y

que no hay otro fuera de ti que proteja al linaje de Israel.”

La figura de Holofornes se describe con frases que se aplican a los agentes de Satanás. ¿Es posible

que Judit triunfe de las fuerzas del mal coligadas? Ella es débil; es el símbolo de una raza indefensa

ante la potencia de un imperio pagano que domina el mundo conocido. Uno de los motivos

que le mueven a depositar su esperanza en Dios lo encuentra Judit en las páginas de la Biblia

en que Yahvé aparece como el protector de los humildes y de los pobres, amparo de los pequeños,

refugio de los desamparados y salvador de los que no tienen esperanza (1 Sam 2:7; Is

13:11; 14:4; Sal 9:10; 10:14; 18:28; 22:25; 35:10; 72:12, etc.). No es la venganza personal lo que

impele a Judit a obrar, sino un interés religioso. Pide “una palabra seductora” como única arma

que puede blandir contra el impío Holofernes, que amenaza destruir todo lo que Israel considera

como más santo y venerable: la alianza, el templo, Jerusalén, lugar este último donde se reúnen

los hijos de Dios (Deut 32:5-19; Is 1:2; Sab 9:7; 12:19-21). El discurso de Judit está a tono con la

seriedad del momento. En todo él, en prosa rimada, se vislumbra su matiz poético, un estudiado

patetismo, que va creciendo poco a poco hasta desbordar en las últimas palabras. Las ideas se

exponen atropelladamente a impulsos del fuego que consumía su corazón, abrasado, como su

padre Simeón, por el celo de Dios y por el honor de su pueblo. Al finalizar la última estrofa,

tanto Judit como el autor del poema tienen la segundad de que la suerte del ejército invasor está

echada. En el libro de Judit Yahvé no habla, y menos todavía en el de Ester, pero obra.

Preparativos de Judit (10:1-5).

1 Una vez que cesó de clamar al Dios de Israel y acabó todo esto, 2 se levantó de su

postración, y, llamando a la esclava, bajó a la casa en que solía morar los sábados y

las festividades. 3 Se quitó el saco que llevaba ceñido y se despojó de los vestidos de

viudez; bañó en agua su cuerpo, se ungió con ungüentos, aderezó los cabellos de su

cabeza, púsose encima la mitra, se vistió el traje de fiesta con que se adornaba cuando

vivía su marido, Manases; 4 calzóse las sandalias, se puso los brazaletes, ajorcas,

anillos y aretes y todas sus joyas, y se quedó tan ataviada, que seducía los ojos de

cuantos hombres la miraban. 5 Entregó a su sierva una bota de vino y un frasco de

aceite, llenó una alforja de panes de cebada, de tortas de higos y de panes limpios,

envolviéndolo iodo en paquetes, y se lo puso a la esclava a las espaldas.

Confortado su espíritu con la oración (9:2-14), adorna su cuerpo para seducir a Holofernes y

prenderle en las redes de sus encantos femeniles. Arranca de su cuerpo cualquier prenda que re1430

cuerde el hábito penitente de su viudez, baña su cuerpo, se unge con mirra (Cant 5:5; Est 2:12),

adereza su cabellera (Cant 4:1), que “prendió con la mitra” (16:10; Is 3:20) o turbante, y se viste

el traje de fiesta que llevaba en vida de su marido. Según lo que se dice en 16, i o, este vestido

consistía en una “túnica de lino.” “Sus sandalias arrebataron los ojos de los asirios” (16:11). Según

Scholz, las sandalias de las mujeres de alcurnia eran preciosas, con adornos de oro y purpura

Sabía Judit que sus planes debían realizarse en el plazo máximo de cinco días (7:31; 8:30). Si

carga su alforja con algunos productos alimenticios, no es tanto por la incertidumbre sobre el

tiempo que permanecerá entre los asirios cuanto por no contaminarse con los alimentos extraños

e impuros (12:2; Tob 1:10; Dan 1:8). Preveía ya desde ahora que las alforjas tendrían una finalidad

trágica (13:10). Por “panes de cebada” debe entenderse la cebada tostada, producto llamado

qalí (Jos 4:5; Rut 2:14; 1 Sam 25:18), muy apropiado para los viajes. En cuanto al “pan limpio,”

podemos conjeturar que se refiere al pan cocido a la manera judía, bajo la ceniza. Judit se muestra

más exigente que la misma Ley (Lev 17:10-14; Núm 19:14)” en la cual no se habla de panes

rituales. A estas provisiones añade la Vulgata el queso o leche para beber (Job 10:10).

En las puertas de la ciudad (10:6-10).

6 Al salir por la puerta de la ciudad de Betulia, encontró al prefecto de la ciudad,

Ocias, y a los ancianos Cabris y Carmis, 7 los cuales, al verla y notar su rostro mudado

y sus ricos vestidos, quedaron sobremanera maravillados de su belleza, y le dijeron:

8 “Dios, el Dios de nuestros padres, te dé gracia y lleve a cabo tus proyectos

para gloria de Israel y exaltación de Jerusalén.” Y adoraron a Dios. 9 Ella les dijo:

“Ordenad que se me abran las puertas de la ciudad, y saldré a realizar lo que con

vosotros he hablado.” Y ordenaron a los jóvenes que le abriesen las puertas, como

ella había dicho. 10 Hicierónlo así, y Judit salió, seguida de su esclava. La gente de la

ciudad estuvo mirándola hasta que, bajando el monte, atravesó el valle y la perdieron

de vista.

Una ciudad amurallada tenía diversas puertas, pero una era la principal. En ésta se hallaban los

jefes de Betulia preparados para desear feliz éxito a Judit en la empresa que iba a llevar a cabo.

Barruntaron ellos que el arma que debía esgrimir Judit era su belleza, y, por lo mismo, le desean

que Dios aumente sus encantos para que pueda llevar a cabo sus proyectos. Los centinelas de los

muros seguían atónitos sus pasos y no sabían qué admirar más, o la belleza de la joven viuda o su

valentía y arrojo. Dios guiaba sus pasos para que no encontrara tropiezo alguno en su hazaña.

Entre los asirlos (10:11-13).

11 Siguiendo la dirección del valle, caminaron hasta que les salió al paso una avanzada

de los asirios, 12 que la cogieron y le preguntaron: “¿Quién eres tú y de dónde

vienes y adonde vas?” A lo que ella contestó: “Soy una hija de los hebreos, que voy

huyendo de su presencia, porque están a punto de seros dados en presa. 13 Voy a

presentarme a Holofernes, general en jefe de vuestro ejército, para comunicarle noticias

verdaderas; quiero indicarle el camino por donde puede subir y dominar toda

la montaña, sin que perezca ni uno solo de sus hombres.”

Señala la Vulgata que ambas mujeres descendían de la montaña hacia las primeras horas de la

madrugada (“circa ortum diei”). Las avanzadas de los asirios estaban bastante lejos de Betulia,

de manera que los centinelas de la ciudad no pudieron divisar el momento del encuentro de Judit

1431

con los soldados de Holofernes. A las preguntas de éstos respondió Judit que era una mujer judía

que huía de Betulia antes de que la ciudad fuese entregada a ellos, y que deseaba entrevistarse

con Holofernes. Las palabras de Judit, que no corresponden a la verdad escueta, no se diferencian

de las estratagemas que se consideraban lícitas por aquel entonces. El autor sagrado alaba y

recomienda lo que hay de virtud (patriotismo, piedad y fortaleza) en las obras de Judit, y suspende

su juicio al referir los medios que utilizó para salvar a su pueblo.

Hacia la tienda de Holofernes (10:14-23).

14 Cuando oyeron tales palabras y contemplaron su rostro, que les pareció maravilloso

por su extraordinaria belleza, le dijeron: 15 “Has salvado tu vida apresurándote

a bajar a nuestro señor; ve, pues, a su tienda, que de los nuestros te acompañarán

hasta entregarte a él. 16 Cuando estés en su presencia, no temas, comunícale esas noticias

y serás bien recibida.” 17 Escogieron de ellos cien hombres, que la acompañaron

a ella y a su sierva, conduciéndolas a la tienda de Holofernes. 18 Corrió por las

tiendas la voz de su venida, y se juntó un gran concurso en el campamento, que la

rodeó mientras estuvo fuera de la tienda de Holofernes, esperando ser presentada. 19

Todos se maravillaban de su belleza, y por ésta, de los hijos de Israel, diciéndose

unos a otros: “¿Quién se atreverá a despreciar a este pueblo que tales mujeres tiene?

No se debe dejar ni una sola de éstas, porque las que quedaren serían capaces de

seducir a toda la tierra.” 20 Salieron los que hacían la guardia cerca de Holofernes y

todos sus siervos, y la introdujeron en la tienda. 21 Hallábase Holofernes descansando

en su lecho, bajo un dosel tejido de púrpura y oro y cuajado de esmeraldas y

otras piedras preciosas. 22 En cuanto se la anunciaron, salió a la antecámara, precedido

de lámparas de plata. 23 Llegada Judit a presencia de Holofernes y de sus servidores,

todos se quedaron maravillados de la belleza de su rostro. Postróse ante él,

pero los servidores la levantaron.

La belleza de Judit pone en movimiento a todo el campamento asirio. A su paso hacia la tienda

de Holofernes despertaba Judit oleadas de entusiasmo, y los soldados se alineaban delante de sus

tiendas, fijando sus ojos sensuales sobre el desconcertante rostro de la viuda de Betulia. Obligada

a esperar ante las habitaciones privadas de Holofernes, pronto un grupo de oficiales y soldados

rodeó la comitiva. La guardia de Holofernes y sus ayudantes de campo interrogaron a Judit en la

tienda del general. Se componía el edificio de diversos departamentos (Is 54:2), ocupando el lecho

del generalísimo el lugar más aislado del mundo exterior. El uso de lámparas demuestra que

los hechos sucedían de noche (11:3) o a primeras horas de la madrugada, antes de la aurora.

Ahora bien, si Judit llegó de noche a la tienda de Holofernes, ¿cómo pudieron los soldados admirar

su rostro a su paso hacia la tienda de Holofernes? Dice el texto que a los soldados el rostro de

Judit “les pareció maravilloso por su extraordinaria belleza.” Al autor sagrado pasó inadvertido

este detalle en su afán de pasear a su heroína por entre los soldados del campamento y rodear los

acontecimientos con detalles dramáticos, que únicamente tenían en su mente el valor de medios

para un fin.

Entrevista con Holofernes (11:1-4).

1 Díjole Holofernes: “Ten buen ánimo, mujer, y no te intimides, que yo nunca hice

daño a nadie que estuviera dispuesto a servir a Nabucodonosor, rey de toda la tierra.

2 Si ese tu pueblo que habita en la montaña no me hubiera despreciado, nunca

1432

yo levantara contra ellos mi lanza; pero ellos lo han querido. 3 Ahora dime por qué

has huido de ellos, viniéndote a nosotros. En verdad te has salvado. Ten ánimo, que

salva serás esta noche y en lo futuro. 4 Nadie se atreverá a ofenderte; antes todos te

harán bien, como se hace a los siervos de mi señor el rey Nabucodonosor.”

Postróse Judit a los pies de Holofernes. Estos rasgos de femineidad desarmaron al general persa.

Trata el generalísimo asirio de explicar a Judit que él y su dueño no abrigan ningún odio personal

contra Israel; aún más, en contra de su voluntad, se vio obligado a declararle la guerra, por haberle

menospreciado los judíos al hacerle frente y no querer someterse libremente (5:4) y por no

haber salido a su encuentro, como hicieron los otros pueblos (3:1-7).

Discurso de Judit (11:5-19).

5 Judit le respondió: “Oye las palabras de tu esclava y deja que te hable tu sierva,

que no dirá a mi señor esta noche cosa que no sea verdad. 6 Si sigues las indicaciones

de tu esclava, seguramente que Dios acabará por ti el negocio y no fracasará mi señor

en su empresa. 7 Pues por la vida de Nabucodonosor, rey de toda la tierra, y por

el poder de quien te ha enviado para reducir al buen camino a todos los vivientes,

que no sólo los hombres serán por ti reducidos a su servidumbre, sino que aun las

mismas fieras del campo y los ganados y las aves del cielo, por tu fortaleza, vivirán

bajo el gobierno de Nabucodonosor y de toda su casa. 8 En verdad, a nuestros oídos

ha llegado la fama de tu sabiduría y la de tu gran inteligencia, y por toda la tierra se

ha corrido la noticia de que tú eres el mejor de todo el reino, el que más vale por la

ciencia y el más admirable por el arte de la guerra. 9 Sabemos las palabras que

Aquior habló en tu consejo y hemos oído sus dichos, pues las gentes de Betulia se

apoderaron de él, y él les comunicó todo lo que había hablado en tu presencia. 10 Por

esto, dueño y señor mío, no eches en olvido ninguna de sus palabras; guárdalas en tu

corazón, que son verdaderas. Nunca nuestro linaje es castigado ni la espada prevalece

contra ellos si no han pecado contra Dios. 11 Ahora, para que mi señor no sea

rechazado y fracase, ya la muerte se abate sobre ellos y se apodera de ellos el pecado

con que han irritado a su Dios. Seguramente que han cometido un gran pecado, 12

ya que se les han agotado las provisiones, el agua escasea y han resuelto matar sus

ganados, y beber su sangre, y comer cuanto Dios en sus leyes les ordenó que no comieran,

13 y hasta las primicias del trigo, los diezmos del vino y del aceite, que, como

cosas santas, están reservadas a los sacerdotes que en Jerusalén asisten en la presencia

de nuestro Dios, a pesar de que a ninguno del pueblo le es lícito tocarlo con las

manos. 14 Han enviado mensajeros a Jerusalén, donde también sus moradores han

hecho lo mismo, para que obtengan el perdón del senado; 15 y sucederá que en cuanto

les llegue la noticia lo harán, y entonces, para ruina suya, te serán entregados. 16

Por lo cual yo, tu sierva, sabedora de todas esas cosas, huí de ellos, y Dios me envía a

ejecutar en ti una cosa de que se maravillará toda la tierra cuando la oyeren. 17 Pues

tu sierva es temerosa del Dios del cielo, a quien día y noche sirve. Por ahora me

quedaré aquí, señor mío, y a la noche me iré al valle a orar a mi Dios; 18 y cuando

ellos hayan cometido esos pecados, él me lo dirá y yo vendré a comunicártelo. Tú entonces

saldrás con tu ejército, al que nadie podrá resistir. 19 Yo misma te guiaré por

en medio de Judea hasta llegar a Jerusalén, y haré que te sientes en medio de ella y

1433

los conduzcas como ovejas sin pastor. Ni un perro ladrará contra ti. Todo esto me

ha sido comunicado por revelación, y para anunciártelo he sido yo enviada.”

Judit confirma la tesis de Aquior de que Israel es invencible mientras no peque contra su Dios,

y añade en tono de escarnio: “Guárdalas en tu corazón, que son verdaderas.” Hasta el momento

habíase mantenido Israel fiel a su Dios; pero en la actualidad, debido a las estrecheces de la comida

y bebida, corre hacia la muerte, por observarse en ellos síntomas de desorden (atopía) y de

pecado (amartema). ¿En dónde está este pecado? En que, “agotadas las provisiones y escaseando

el agua, han resuelto abalanzarse (epibelein) sobre sus ganados (kténesin), decididos a devorar

todo lo que Dios en sus leyes ha prohibido comer.” El pecado no está en comer la carne de los

animales, sino en beber su sangre (Lev 17:10-14; Deut 12:23-25; 1 Sam 14:31-34). Tan pronto

como hicieren esto, serán entregados a Holofernes, porque, habiendo pecado, Dios se desentiende

de ellos.

Existe también la posibilidad de que, acuciados por el hambre y la sed, pongan en práctica

su loco designio de comer y beber lo que está reservado exclusivamente a los sacerdotes, cosa

que no puede hacerse ni aun contando con la autorización del consejo de ancianos de Jerusalén.

Como se ve, Judit exagera el alcance de la Ley (Lev 22:1-16), que autoriza el uso de estos

alimentos en casos de necesidad (1 Sam 21:4-7)1. Judit asegura a Holofernes que le avisará

cuando sus paisanos hayan cometido los pecados mencionados (amartémata), y se ofrece entonces

a guiarle “por medio de Judea hasta llegar a Jerusalén” (11:19).

Se presenta como mujer piadosa que alaba a Dios noche y día. En la Ley no se prescribía

la oración durante la noche, pero solían entregarse a esta práctica las personas piadosas

(Sal 42:9; 119:62). Judit alega esta práctica en vistas a la consecución de sus planes. Como las

noches son propicias para las comunicaciones de Dios con los hombres, Judit asegura a Holofernes

que, durante la oración nocturna, Dios le anunciará el preciso momento en que los de Betulia

cometerán los pecados previstos. Entonces será la hora apropiada para el ataque. Termina Judit

su largo discurso diciendo que todo cuanto ha dicho le ha sido comunicado por revelación, lo

cual debe decidir a Holofernes a creer en la veracidad de sus palabras.

Respuesta de Holofernes (11:20-23).

20 Mucho agradaron semejantes discursos a Holofernes y a todos sus servidores, y,

maravillados de su sabiduría, decían: 21 “De un extremo a otro de la tierra no hay

mujer de tan hermoso rostro y de tan discreías palabras.” 22 Contestóle Holofernes:

“Bien ha hecho Dios en enviarte delante del pueblo para entregarlo en nuestras manos

y perder a los que desprecian a mi señor. 23 Cuanto a ti, muy hermosa eres y

muy discreta en tus palabras. Si haces cuanto has dicho, tu Dios será mi Dios y tendrás

un asiento en la casa del rey Nabucodonosor, y tu fama se extenderá por toda

la tierra.”

No acertó Holofernes a vislumbrar la hiel que rezumaban las palabras de Judit. Un oriental no

teme anexionar un dios más a su panteón nacional. En las palabras de Holofernes hay más dosis

de cortesía que de sinceridad.

Agasajos y atenciones (12:1-4).

1434

1 Mandó Holofernes que la alojaran en donde guardaba su vajilla de plata, y dispuso

proveerle la mesa de sus propios manjares y darle a beber de su vino. 2 Pero Judit

dijo: “No comeré de tus manjares, pues podrían ser para mí tropiezo; comeré de lo

que traigo conmigo.” 3 Holofernes le contestó: “Y cuando se agoten las provisiones

que traes, ¿de dónde podremos traer otras semejantes para darte? Porque no hay

entre nosotros ninguno de tu nación.” 4 A lo que contestó Judit: “Juro por tu vida,

mi señor, que no consumirá tu sierva las provisiones que consigo trae antes que Dios

realice por mi mano lo que tiene resuelto.”

Había llegado la hora de retirarse a descansar después de una noche de ajetreo. En la tienda de

Holofernes había muchos aposentos (10:20-22). Por deferencia, Judit fue alojada en la “cámara

de los tesoros” (Vulgata), en la cual se guardaba la vajilla de plata. Se le señala una habitación

con carácter permanente, porque opina Holofernes que Judit será su huésped por muchos días.

Ella aceptó el alojamiento, pero rehusó los ofrecimientos que le hacía respecto de los alimentos y

de la bebida “para que no haya escándalo.” Los manjares impuros serían un tropiezo para ella.

Sabía Judit que, aun en el supuesto de comerlos inconscientemente, transgredía con ello una regla

que concernía a la pureza legal, y que, por consiguiente, Dios se alejaría de ella (Dan 1:8;

Tob 1:12; 2 Mac 6:18-7:2). La simple transgresión material de una prohibición era ya un pecado,

una ofensa hecha a Dios.

Judit inicia su plan de vida (12:5-9).

5 La introdujeron los servidores de Holofernes en la tienda y durmió hasta medianoche;

y se levantó hacia la vigilia matutina. 6 Y mandó recado a Holofernes, diciendo:

“Ruego a mi señor ordene que sea permitido a tu sierva salir a hacer oración.” 7 Y

ordenó Holofernes a los de la guardia que no la estorbasen. Permaneció tres días en

el campamento, saliendo cada noche al valle de Betulia para bañarse en el agua de la

fuente que estaba dentro del campamento. 8 Y en cuanto subía del baño, oraba al

Señor, Dios de Israel, que encaminase sus pasos para exaltación de los hijos de su

pueblo. 9 Luego que entraba limpia, permanecía en la tienda hasta que le traían la

comida, a la caída de la tarde.

Los acontecimientos se suceden rápidamente; era necesario aprovechar el tiempo para cumplir su

misión antes del plazo fijado para la rendición de Betulia (7:31). Judit se entrevistó con Holofernes

a altas horas de la madrugada. Una vez hecha la presentación, tanto Holofernes como ella

fuéronse a sus respectivas cámaras a descansar. Judit durmió hasta media noche. No se concibe

que durmiera hasta esta hora y que, al despertar, mandara recado a Holofernes para que le autorizara

a salir al campo. Algunos solucionan la dificuitad traduciendo el aoristo apésteilen en sentido

de pluscuamperfecto: “Había enviado a decir.” Alega Judit motivos religiosos para salir a bañarse

a aquellas horas intempestivas y en un sitio vecino a Betulia. En el v.7 se dice que salía

para bañarse, y de esta manera purificarse de las impurezas que pudo haber contraído en el trato

con los gentiles (Ex 30:17-21; Sal 26:6; Act 16:13). Es curioso ver a una viuda joven y de extremada

belleza deambular sola, de noche, por el campamento asirio y tomar sus baños en la fuente

custodiada por “cinco mil asirios” (7:17). No se comprende tampoco cómo Holofernes accedió a

una petición que podía poner en peligro su estrategia. Esta circunstancia del baño fue creada para

realzar más el puritanismo de Judit y para facilitar el regreso de la misma a Betulia después de la

1435

muerte de Holofernes.

Bagoas el anfitrión (12:10-14).

10 Al cuarto día dio Holofernes un banquete sólo a sus servidores, sin invitar a ninguno

de sus oficiales. π Υ al eunuco Bagoas, que tenía la intendencia de todas las cosas,

le dijo: “Ve y persuade a esa mujer hebrea que tienes encomendada que venga

acá a comer y beber con nosotros. 12 Sería vergonzoso que despidiéramos a tal mujer

sin tener comercio con ella; porque, si no la conquistáramos, se iría riendo de

nosotros.” 13 Salió Bagoas de la presencia de Holofernes y vino a Judit, diciéndole:

“No vacile esta hermosa sierva en venir a mi señor, para ser honrada de él y alegrarse

bebiendo vino con nosotros, haciéndose este día como una hija de los asirios

que asisten en el palacio de Nabucodonosor.” 14 Judit le contestó: “¿Quién soy yo

para contradecir a mi señor? Todo lo que fuere grato a sus ojos lo haré con presteza,

y será esto motivo de alegría para mí hasta el fin de mi vida.”

Entre los antiguos orientales se encomendaba a los eunucos la custodia del harén, y no pocas veces

se les conferían cargos de gran responsabilidad. A Holofernes le hastiaba la vida cenobítica

de la joven judía y no veía la hora de poseerla. Buscando una ocasión propicia, pensó en celebrar

un gran banquete, al cual se invitaría a Judit y a los íntimos colaboradores del general. Pudo excluir

del banquete tanto a los oficiales del ejército como a los de los servicios auxiliares, y admitir

tan sólo a los de su guardia personal. Judit acepta sin titubear, convencida de encontrar en este

festín la ocasión propicia para acabar con Holofernes. Coincidía aquel banquete con la noche del

cuarto día. Terminaba al día siguiente el plazo señalado por Ocias (7:31). Nótese que también en

este libro como en el de Ester juegan un gran papel los banquetes, que deciden situaciones muy

comprometidas.

En la sala del festín (12:15-20).

15 Y, levantándose, se atavió Judit con su traje y con todo su aderezo juvenil. Su sierva

fue y le preparó en el suelo, enfrente de Holofernes, las pieles que para su uso cotidiano

había recibido de Bagoas, para comer recostada sobre ellas. 16 Entrando

Judit, se recostó. El corazón de Holofernes, fuera de sí, iba tras ella; su espíritu se

turbó y abrigaba un deseo ardiente de unirse a ella. Desde el día que la vio estaba

aguardando una ocasión para seducirla. 17 Díjole Holofernes: “Bebe y alégrate con

nosotros.” 18 Y contestó Judit: “Beberé, sí, señor, porque desde los días de mi nacimiento

no había apreciado tanto la vida como hoy.” 19 Tomó lo que la sierva le había

preparado, y comió en presencia de Holofernes, 20el cual se alegró sobremanera con

ella, y bebió tanto vino cuanto jamás lo había bebido desde el día que nació.

Debía Judit en este momento crucial herir el corazón de Holofernes con sus encantos juveniles.

Asiste al banquete, pero, a pesar del ambiente sensual, supo mantenerse digna de su misión. Se

recuesta sobre las pieles de su uso y come y bebe de lo que trajo consigo. Esta manera de instalarse

en la mesa era considerada como un lujo en Israel antes del exilio (Ez 23:41). Antiguamente,

los judíos se sentaban para comer (1 Sam 20:24). Ester se tendió en un diván durante el banquete

(Est 7:8). Holofernes se halla en el paroxismo de la pasión, que iba in crescendo, enardecida

por la presencia de la hermosura de la joven (paidíske e halé). Con la pretensión de quebrantar

su entereza con el vino, Holofernes la invitaba a beber, lo que hizo él copiosamente. Mientras él

1436

acariciaba el pensamiento de poseerla en breve, se alegraba ella pensando que su misión salvadora

estaba para realizarse de un momento a otro. Los sendos vasos de vino que ingería Holofernes

serían el principio de su ruina.

El golpe decisivo (13:1-l0).

1 Cuando ya se hizo tarde, los siervos de Holofernes se salieron aprisa, y Bagoas cerró

por fuera la tienda e hizo a todos retirarse de la presencia de su señor, y se fueron

a sus lechos, pues estaban rendidos, porque el banquete había sido largo. 2 Quedó

Judit sola en la tienda, y Holofernes tendido sobre su lecho, todo él bañado en vino.

3 Dijo Judit a su sierva que se quedase fuera de la alcoba y aguardara su salida

como en los días pasados, añadiéndole que saldría a la oración. Lo mismo había dicho

a Bagoas. 4 Habíanse ido ya todos, sin quedar nadie, ni pequeño ni grande, en la

estancia. Puesta entonces en pie junto al lecho de Holofernes, dijo en su oración:

“Señor, Dios todo poderoso: Mira en esta hora la obra de mis manos, para exaltación

de Jerusalén, 5 pues ésta es la ocasión de acoger tu heredad y de ejecutar mis

proyectos, para ruina de los enemigos que están sobre nosotros.” 6 Y acercándose a

la columna del lecho, que estaba a la cabeza de Holofernes, descolgó de ella su alfanje;

7 llegándose al lecho, le tomo por los cabellos de su cabeza, y dijo: “Fortaléceme,

Dios de Israel, en esta hora.” 8 Y con toda su fuerza le hirió dos veces en el cuello,

cortándole la cabeza. 9 Envolvió el cuerpo en las ropas del lecho, quitó de las columnas

el dosel, y, tomandole, salió en seguida, entregando a la sierva la cabeza de Holofernes,

10aque ésta echó en la alforja de las provisiones, y ambas salieron juntas como

de costumbre.

El banquete se había prolongado, y todos estaban rendidos por el sueño y el vino. Holofernes, no

pudiéndose valer por sí mismo, fue arrastrado al departamento donde dormía, quedando tendido,

inconsciente, sobre el lecho, vomitando el vino en cantidades hasta bañarlo. Bagoas, que ejecutaba

puntualmente el plan prefijado por su amo, despidió a todos los presentes, menos a Judit,

que debía pasar aquella noche en compañía de Holofernes. Antes de retirarse tiró la cortina

(14:15) de la alcoba para no violar la intimidad de aquel encuentro del general con la joven viuda

de Betulia. Judit recordó a Bagoas que, como en noches anteriores, saldría también aquélla para

hacer oración. Judit cree llegada la hora de actuar aprovechando el estado inconsciente de Holofernes.

En su oración no se vislumbra ningún odio personal ni deseo de venganza. En aquellos

momentos Judit obra por puro patriotismo y por motivos religiosos. Jerusalén, la capital teocrática,

está en peligro; la herencia de Yahvé puede pasar a manos extrañas. Una vez asegurado

el auxilio del Dios de Israel, Judit avanza, se coloca junto a la columna del lecho, descuelga

de ella su cimitarra (ten akimaken), se aproxima hasta rozar su cuerpo, agarra con la izquierda la

cabellera desgreñada del general y con la cimitarra en su mano derecha descarga dos certeros

golpes en el cuello de Holofernes, quedando la cabeza separada del tronco. El cuerpo del general

rodó al suelo (14:15), envolviéndolo Judit con las ropas del lecho, acaso para empapar la sangre

que a borbotones salía de la herida. Como trofeo y para que empapase la sangre que chorreaba de

la cabeza, llevóse consigo el dosel que cubría las columnas del lecho (13:15). La cabeza de Holofernes

fue entregada a la sierva, que la colocó en la alforja (pera) de las provisiones. Era llegada

la hora de la oración, y ambas salieron como de costumbre.

1437

Camino de Betulia (13:10-13).

10b Atravesando el campamento, rodearon el valle y subieron al monte de Betulia,

hasta llegar a las puertas de la ciudad. 11 Gritó de lejos Judit a los que hacían guardia

sobre las puertas: “Abridnos, abridnos las puertas; Dios, nuestro Dios, está con

nosotros, para mostrar una vez más su fuerza en Israel y su poderío contra los enemigos,

corno hoy acaba de hacerlo.” 12 Y en cuanto los hombres de la ciudad oyeron

su voz, se dieron prisa en bajar a la puerta, y avisaron a los ancianos de la ciudad. 13

Todos, desde el pequeño hasta el grande, concurrieron, porque era para ellos inesperada

la llegada de Judit. Abrieron la puerta, las recibieron, y, encendiendo fuego

para alumbrar, las rodearon.”

No dice que se purificara esta noche Judit en las aguas del torrente ni que se acercara a ellas. En

11:17 y 12-6 alega Judit que debía salir a “orar a mi Dios”; en 12:7 se dice que salía cada noche

“para bañarse en el agua de la fuente.” La alegría que produjo su llegada a Betulia fue indescriptible.

A pesar de la hora intempestiva, todos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, grandes y pequeños,

corrieron a las puertas de la ciudad. La presencia de los ancianos era necesaria tanto para

dar la orden de abrir las puertas como para ser testigos del triunfo de Judit. En contra de lo que

dice el texto, debían todos esperar la vuelta de Judit, tanto más cuanto que expiraban las horas

concedidas para entregar la ciudad.

Triunfo total (13:14-17).

14 Judit, levantando la voz, les dijo: “Alabad a Dios, alabadle; alabad a Dios, que no

ha apartado su misericordia de la casa de Israel: antes, por mi mano, ha herido esta

noche a nuestros enemigos.” 15 Y sacando de la alforja la cabeza, se la mostró, diciendo:

“Ahí tenéis la cabeza de Holofernes, el general en jefe del ejército asirio, y

ahí el dosel bajo el que yacía en su embriaguez aquel a quien el Señor hirió por la

mano de una mujer. 16 Yo juro por el Señor, que me ha guardado en todos rnis pasos,

que mi rostro le sedujo para perdición suya, pero que no cometió contra mí pecado

alguno que pudiera mancillarme o avergonzarme.” 17 Todo el pueblo quedó estupefacto,

y, doblando las rodillas, adoraron a Dios, diciendo a una voz: “Bendito

seas, Dios nuestro, que has aniquilado en este día a los enemigos de tu pueblo.”

Judit reclama para Dios toda la gloria de haber triunfado sobre los enemigos. Dios no ha olvidado

todavía a su pueblo; hoy como ayer y como siempre, Yahvé mantiene fielmente sus promesas

mientras el pueblo se hace digno “de ellas. La cabeza de Holofernes y el dosel de su cama atestiguan

su victoria sobre el general asirio. La heroína quiere salir al encuentro de posibles torcidas

interpretaciones, afirmando que sería blasfemo pensar que permitió Yahvé que ella saliera

triunfante comprometiendo su honor y su virtud. Con energía vuelve a insistir diciendo que

Holofernes no cometió contra ella pecado (amartema) alguno. De ahí que no debe avergonzarse

de su hazaña, porque no se ha repetido en ella la aventura de Dina (9:2; Gen c.34).

Palabras de Ocias (13:18-20).

18 Ocias le dijo: “Bendita tú, hija del Dios Altísimo, sobre todas las mujeres de la tierra,

y bendito el Señor Dios, que creó los cielos y la tierra y te ha dirigido hasta

1438

aplastar la cabeza del jefe de nuestros enemigos. 19 Tus alabanzas estarán siempre

en la boca de cuantos tengan memoria del poder de Dios. 20 Haga El que esto sea para

tu eterna gloria y cólmete de todo bien, pues no has perdonado tu vida por librar

a tu pueblo. En nuestra caída has sido su socorro, andando rectamente en la presencia

de nuestro Dios.” Y el pueblo contestó: “Amén, amén.”

Ocias pone de relieve que, en momentos difíciles para el pueblo, Judit no duda en exponer su

vida para salvarle. Esto y su inquebrantable confianza en Dios la ha exaltado sobre todas las mujeres

(Jue 5:24; Lc 1:42). La escena recuerda Gen 14:19.

1 J. E. Burns, Thegenealogy Ofjudith: “Thecatholic Biblical Quarterly,” 18 (1956) 19-22.

1 Virgilio, Aen. 1:336:7; “Virginibus Tyriis Mos Est. Purpureoque Alte Suras Vincere Cothurno.”

2 Sum. Theol 1-2 9.Uo 3.3 Ad 3.

1 L. Arnaldich, El pecado en el libro de Judit: “Verdad y Vida,” ιό (1958) III.

La Liberación (14:I-16-25).

Judit, estratega (14:1-5).

1 Y díjoles Judit: “Oídme, hermanos: Coged esta cabeza y colgadla de las murallas. 2

Y en cuanto amanezca y el sol se derrame sobre la tierra, tome cada uno sus armas,

y salid todos los hombres de guerra fuera de la ciudad, con el jefe al frente; haréis

ademán de bajar al valle contra los puestos de guardia de los asirios, pero sin bajar.

3 Ellos, tomando sus armas, se encaminarán a su campo para despertar a los jefes

del ejército asirio, e irán a la tienda de Holofernes,· y al no hallarle, se apoderará de

ellos el temor y huirán ante vosotros. 4 Se unirán a vosotros en la persecución todos

los habitantes de toda la montaña de Israel y los desbarataréis por los caminos. 5 Pero

antes de hacer esto llamad a Aquior el amonita, para que vea y reconozca la cabeza

del que despreció a la casa Israel y nos lo envió como destinado a la muerte.”

Judit explota su triunfo a fondo y rápidamente. Llama hermanos a los habitantes de Betulia

(7:30; 13:18). Como último acto de humillación y afrenta, recomienda que se suspenda la cabeza

de Holofernes en la parte externa del muro (1 Sam 17:54; 1 Mac 7:47; 2 Mac 15:25). Propone,

además, una salida simulada, con el fin de que, al querer comunicar los soldados esta novedad a

su jefe, caigan en la cuenta de que ha sido asesinado, lo que originará gran revuelo y desorientación

en el ejército. La estrategia de Judit no parece la más acertada; pero la Providencia divina se

encargará de superar las deficiencias de la ciencia humana. Podía subsistir la duda de que Judit

traicionara al pueblo presentando como cabeza de Holofernes la de cualquier soldado u oficial

del campo asirio, porque ningún ciudadano de Betulia había visto jamás al generalísimo de Nabucodonosor.

Pero allí estaba Aquior, que podía reconocer si se trataba o no de la cabeza de

Holofernes.

Testimonio de Aquior (14:6-10).

6 Hicieron venir a Aquior de casa de Ocias. Cuando aquél llegó y vio la cabeza de

Holofernes en las manos de un hombre en medio de la asamblea del pueblo, cayó

1439

sobre su rostro, sintiéndose desfallecido. 7 Levantáronle, se arrojó a los pies de Judit

y, humillándose en su presencia, dijo: “Bendita seas tú en todas las tiendas de Judá

y en todas las naciones. Cuantos oigan tu nombre quedarán asombrados. 8 Dime

ahora lo que has hecho en estos días.” Y en medio de todo el pueblo le contó Judit

cuanto había hecho desde el día de su salida hasta el momento en que les hablaba. 9

Cuando acabó de hablar, prorrumpió el pueblo en grandes aclamaciones y resonaron

en la ciudad los gritos de alegría. 10 Viendo Aquior lo que el Dios de Israel había

hecho, creyó en El, y se circuncidó la carne de su prepucio, y hasta el día de hoy

quedó agregado a la casa de Israel.

No fue necesario que Judit invitara a Aquior a certificar la autenticidad de aquel trofeo; su vista

le impresionó tanto, que cayó desmayado en tierra. Quien había sido testigo de la arrogancia y

orgullo de aquel poderoso general no podía comprender que fuera ahora su cabeza el escarnio del

pueblo. Con la muerte de Holofernes desaparecía la amenaza que pesaba sobre su cabeza (6:6).

Una vez recuperado, entona un canto a Judit, inspirándose en el poema de Débora (Jdt 5:24) y

repitiendo conceptos expresados por Ocias (13:18) y repetidos más tarde por Joaquín (15:9-10).

A petición de Aquior, repite Judit los pormenores de su proeza. Impresionado Aquior por la intervención

palpable de Dios, que guió los pasos de Judit, abjuró de su religión y creyó firmemente

(sfodrd) en el Dios de Israel. Con la circuncisión quedó incorporado al pueblo elegido él y

toda su descendencia.

Los de Betulia, a la ofensiva (14:11-13).

11 En cuanto despertó la aurora, colgaron del muro la cabeza de Holofernes, y todos

los hombres de Israel tomaron sus armas y en escuadrones salieron a las subidas del

monte. 12 Así que los asirios los vieron, dieron aviso a sus oficiales, y éstos a sus jefes

y a sus generales. 13 Llegando a la tienda de Holofernes, dijeron al que estaba de

guardia: “Di que despierten en seguida a nuestro señor, porque estos esclavos se han

atrevido a bajar contra nosotros en son de guerra, pretendiendo aniquilarnos.”

Los asirios no podían divisar la cabeza de Holofernes colgada del muro, por hallarse fuera de su

alcance visual. Esta cruel exhibición tenía como finalidad primaria humillar al jefe vencido y

enardecer el ánimo de los sitiados. De conformidad al plan estratégico trazado por Judit (14:2),

todo el pueblo empuñó las armas y salió a las subidas del monte. Las avanzadas asirías dieron

parte a sus jefes inmediatos, transmitiéndose la noticia ordenadamente hasta llegar a oídos del

que estaba de guardia, al cual dijeron: “Despierta a nuestro señor, porque los esclavos (duolo1)

se han atrevido a bajar contra nosotros en son de guerra.”

Consternación de Bagoas (14:14-19).

14 Entró Bagoas y llamó agitando la cortina de la tienda, pues suponía él que estaría

durmiendo con Judit. 15 Y como nadie le respondía, corrió la cortina, y, entrando en

la alcoba, le encontró tendido sobre el estrado, muerto y con la cabeza cortada. 16

Gritó en medio de llantos, lamentos y fuertes voces, y rasgó sus vestiduras. 17 Entró

luego en la tienda en que estaba alojada Judit y, no hallándola, salió corriendo al

pueblo y gritó: 18 “¡Esas esclavas nos han traicionado! Una mujer hebrea ha echado

1440

la confusión en la casa del rey Nabucodonosor. Holofernes está en tierra y sin cabeza!”

19 Cuando los jefes del ejército asirio oyeron tales palabras, rasgaron sus vestiduras

y quedaron consternados, levantándose en medio del campo gran griterío y

alboroto.

Bagoas era el hombre de confianza de Holofernes; era él quien había preparado el banquete en

busca de un pretexto para rendir la virtud de Judit. Sabía él que, una vez celebrado el festín, quedaron

solos en la alcoba Holofernes y Judit (13:3-4)· Estaba completamente convencido de que

Holofernes “estaría durmiendo con Judit” (v.14). Se llegó hasta la misma cortina que cerraba la

alcoba, dio unas palmadas (krouein) y agitó la cortina. Como nadie le respondía, atrevióse a mirar

dentro, y ¡cuál no fue su estupor al contemplar el cuerpo de su dueño en el suelo, decapitado,

bañado en su propia sangre l En el paroxismo del dolor, gritó, lloró, sollozó, dio tuertes alaridos y

rasgó sus vestiduras. Acaso la muerte de su señor suponía la suya, por negligencia. Al hallar vacío

el cuarto de Judit, sospechó que fuera ella la autora del crimen.

El ejército invasor, desbaratado (15:1-3).

1 Llegada la noticia a los que estaban en las tiendas, quedaron fuera de sí por lo sucedido,

2 apoderándose de ellos el temor y el espanto, tanto, que ya no se vio hombre

al lado de su compañero, porque todos a una se dispersaron, huyendo por los caminos

del llano y de la montaña. 3 Los que estaban acampados en la montaña en torno

de Betuiia se dieron a la fuga; y entonces los hijos de Israel, todos sus guerreros, se

lanzaron sobre ellos.

Aunque algo pudieron contribuir a esta desbandada espectacular las noticias de la muerte de

Holofernes y el ataque de los de Betuiia, sin embargo, el factor principal debe buscarse, según la

mente del autor del libro, en el hecho de que “arrojó Yahvé en medio de ellos la turbación ante

Israel” (Jos 10:10; Gen 35:5; Jue 7:21; 2 Sam 5:24; 2 Re 7:6; 2 Crón 13:15; 14:12).

Israel al ataque (15:4-7).

4 Envió Ocias mensajeros a Betmastai, a Coba y a todos los confines de Israel que

comunicasen lo sucedido, para que todos se lanzasen sobre los enemigos hasta acabar

con ellos 5 Cuando esto oyeron los hijos de Israel, todos a una se echaron sobre

ellos, y los desbarataron hasta Coba; y asimismo los que habían venido de Jerusalén

y de toda la montaña, porque t: bien a ellos había llegado la noticia de lo acontecido

en el campo enemigo. Los habitantes de Galaad y de Galilea les infligieron una gran

derrota, hasta pasar de Damasco y sus confines. 6 Los restantes moradores de Betuiia

cayeron sobre el campamento de los asirios y lo saquearon, enriqueciéndose

grandemente. 7 Los hijos de Israel, al volver de la persecución, se adueñaron de lo

restante, y las aldeas y las alquerías que había en la montaña y en el llano se apoderaron

de mucho botín, porque era éste enormemente grande.

El tímido Ocias se muestra enérgico y dinámico al ver que sus enemigos huían precipitadamente.

Aprovechando la coyuntura de que el ejército invasor levantó el sitio, envió mensajeros a todo

Israel para que se lanzaran todos contra sus enemigos. El escenario cambia de decoración rápi1441

damente. Un pueblo hambriento y muerto de sed, desmoralizado, apático, más amante de su vida

que de los valores sobrenaturales y patrióticos, se reanima de improviso y se encara con un numerosísimo

ejército. Como en Gen 14:15, los habitantes de Betuiia y de las ciudades mencionadas

persiguen al ejército enemigo hasta Coba, al norte de Damasco. Esta acción fue posible solamente

en virtud de las promesas: “Mi terror te precederá. y todos tus enemigos volverán ante ti

la espalda” (Ex 23:27).

Congratulación oficial (15:8-10).

8 Joaquín, sumo sacerdote, y el senado de los hijos de Israel, que moraba en Jerusalén,

vinieron para contemplar los bienes que el Señor había hecho a Israel y para

ver a Judit y darle la enhorabuena. 9 En cuanto entraron en su casa, todos a una le

aclamaron, diciendo: “Tú, orgullo de Jerusalén; tú, gloria de Israel; tú, honra de

nuestra nación; 10 por tu mano has hecho todo esto; tú has realizado esta hazaña en

favor de Israel. Que se complazca Dios en ella. Bendita seas tú del Señor omnipotente

por siempre jamás.” Y todo el pueblo respondió: “Amén.”

Mientras duraba el saqueo del campamento asirio, el sumo sacerdote Joaquín, con el senado (gerousía)

de los hijos de Israel, vinieron para ver a Judit e intercambiar con ella palabras de paz

(eirene). La proeza de Judit reviste interés nacional, y, por lo mismo, es justo que la suprema

autoridad religiosa y política vaya a darle la enhorabuena. Pero el sumo sacerdote y la gerousía

reconocen que la victoria se debe a la intervención eficaz de Yahvé, que ha utilizado los servicios

de una viuda a título de instrumento. La Iglesia aplica a la Virgen las alabanzas que las autoridades

dirigen a Judit.

Aclamación popular (15:11-13).

11 Por espacio de treinta días estuvieron saqueando el campamento. A Judit le dieron

la tienda de Holofernes, con toda la argentería, y los lechos, y los cojines, y todos

los muebles. Ella lo tomó y puso sobre la muía, y, unciendo los carros, lo cargó sobre

ellos. 12 Todas las mujeres de Israel se reunieron para verla y aclamarla, y organizaron

danzas en su honor. Cogió tirsos en sus manos y se los dio a las mujeres que

iban con ella, 13 todas coronadas de olivo, y a cuantos las acompañaban. Delante de

todo el pueblo, guiando la danza de las mujeres iba Judit, y todos los hombres de Israel

la seguían armados] ceñidas las sienes con coronas y cantando himnos.

Con el fin de poner de relieve la magnitud de la victoria alcanzada, habla el texto de un saqueo

del campo asirio por espacio de treinta días. A Judit se le reserva la tienda de Holofernes, toda la

argentería (12:1), los lechos, la vajilla y todo el mobiliario. Judit cargó todo ello sobre una muía

y sobre unos carros, que, por el contexto siguiente, debían tomar el camino que les conduciría a

Jerusalén.

A medida que el cortejo iba avanzando hacia Jerusalén, salíanle al encuentro las mujeres

de Israel, que organizaban danzas en su honor (Ex 15:20; Jue 11:34; 21:21-23; 1 Sam 18:6; Jer

31:4-13). Judit, por su parte, proveía de tirsos (tyrso1) a las mujeres que la acompañaban. Se empleaban

los tirsos en el culto de Dionisios. Todas las mujeres de la comitiva ostentaban sobre sus

cabezas coronas de laurel o de olivo, según la costumbre griega. Judit iba delante dirigiendo la

1442

danza de las mujeres, mientras los hombres caminaban armados, ceñidas las sienes con coronas y

cantando himnos. La procesión se organiza e inicia en Betulia o en un lugar cercano donde estaba

el campamento de los asirios. Allí empezó Judit su canto, que terminó al llegar la comitiva a

Jerusalén. También los hombres armados cantaban himnos durante la procesión. Todo este contexto

supone que Betulia se encontraba cerca de Jerusalén.

Cántico de Judit (16:1-4).

Es considerado como una de las mejores composiciones de la poesía hebraica, comparable

a los famosos cánticos de Moisés (Ex 15:1-31) y de Débora (Jue c.5) *. Puede dividirse en

tres partes. En la primera habla la heroína empleando la primera persona del singular; en la segunda,

el sujeto de la oración se halla en primera persona del plural, lo que se ha interpretado

como si fuera un estribillo puesto en boca del pueblo; en la última parte vuelve a emplearse el

singular, siendo Judit la que habla. Este mismo cambio de sujeto se observa en el cántico de Débora

(Jue 5:2-31).

Invitación a la alabanza (16:1-4).

1 Y comenzó Judit este cántico de acción de gracias, y todo Israel a una respondía: 2

“Entonad a mi Dios con tímpanos. Cantad a mi Señor con címbalos, entonadle un

salmo nuevo, ensalzad e invocad su nombre. 3 Porque el Señor es Dios que acaba con

las guerras; 4 porque en su campamento, en medio del ejército, me libró del poder

de mis perseguidores.

Como en otras situaciones bíblicas análogas (Ex 15:1; Núm 21:17; Jue 5:1), Judit entonó un cántico

de acción de gracias por la victoria conseguida, al cual todo Israel a una debía responder,

conforme al rito antifónico de la antigüedad.

Invasión de Asar (16:5-8).

5 Vino Asur de las montañas del Norte, llegó con las miríadas de su ejército, cuya

muchedumbre obstruía los valles y cuya caballería cubría los collados. 6 Pensó él

que abrasaría mis términos, que daría mi juventud a la espada, que estrellaría contra

el suelo mis niños de flecho, que daría en botín mis jóvenes, que repartiría mis

doncellas. 7 El Señor omnipotente los aniquiló por mano de una mujer. 8 No cayó su

caudillo a manos de jóvenes, ni le hicieron tajos de titanes, ni soberbios gigantes pusieron

en él la mano; Judit, hija de Merarí, con la hermosura de su rostro le paralizó.

Contra el campamento de Yahvé dirigió Nabucodonosor “las miríadas de su ejército.” Vino del

Norte, siguiendo la clásica ruta de las invasiones de Palestina, junto a la costa mediterránea, a

través de los desfiladeros de las montañas. Al héroe de tantas batallas ganadas en ruta hacia Palestina

no se le concedió el honor de morir herido por la espada de los gibborim, de los fuertes,

como en otro tiempo murió Goliat (1 Sam 17:52); ni fueron los hijos de los titanes (titánon) los

que le hirieron, ni soberbios gigantes los que le abatieron, sino Judit, la hija de Merarí, que prendió

al campeón del ejército en las redes de sus encantos femeninos.

1443

Judit seduce a Holofernes (16:9-11).

9 Se despojó del hábito de su viudez, para exaltación de los que quedaban en Israel.

Se ungió el rostro con perfumes, 10º tomo sus cabellos con la mitra, se puso la túnica

de lino para seducirle. 11 Sus sandalias arrebataron los ojos del asirio, y su belleza

cautivó su alma, y el alfanje segó su garganta.

A partir del v.7 habla Judit en tercera persona. Se describe con orgullo y jactancia la belleza que

ofuscó la mente de Holofernes. Judit era viuda; vivía alejada de la sociedad, vestía las ropas de la

viudez, escondiendo bajo ellas el vestido de penitencia que mortificaba sus carnes (8:5). Cuando

sonó la hora de salvar a su pueblo, se cubre con sus mejores galas, unge su rostro, recoge sus cabellos

bajo el turbante (Is 3:2), se adorna con toda suerte de collares y brazaletes y calza las sandalias

que debían arrebatar los ojos del impúdico asirio (Cant 7:2). Todos estos soberbios atavíos

no tenían más finalidad que servir de armas para acabar con la vida de Holofernes, No podía

concebirse mayor humillación que perecer en manos de una mujer viuda.

Pánico entre los pueblos (16:12-14).

12 Se estremecieron los persas de su audacia, y los medos se pasmaron de su temeridad.

13 Dieron gritos de júbilo mis humildes, y exultaron mis débiles. Mas los asirios

se estremecieron de espanto, alzaron el grito y se dieron a la fuga. 14 Hijos de madres

jóvenes los atravesaron, y como a siervos huidos los hirieron; perecieron de las filas

de su señor.

La fama de la proeza de Judit pasó las fronteras. Todos los imperios, al tener noticia de ella, se

estremecieron. Si una mujer pudo contra el mayor ejército de entonces, ¿qué sucedería si Israel

emprende la ofensiva? Dios persigue al enemigo, que huye desordenadamente. Pero ni aun en la

huida les fue concedido una muerte honrosa, por cuanto los atravesaron con sus lanzas hijos de

sirvientas o de mujerzuelas (korasíon), hiriéndoles de muerte los hijos de los desertores. Con esto

quiérese responder a las injurias proferidas por Holofernes contra Israel (5:23; 6:5).

Grandeza y poderío del Señor (16:15-19).

15 Cantaré al Señor un cántico nuevo. 16 Señor, grande eres tú y glorioso, admirable

en poder, insuperable.17 A ti te sirve la creación entera, porque tú dijiste, y todo fue

hecho; enviaste tu aliento, y él lo vivificó, y no hay quien resista a tu voz.18 Los montes

se agitarán por las aguas en sus cimientos, las rocas se derretirán como cera ante

tu rostro. A los que te temen te muestras propicio, 19 Porque es poco para ti el sacrificio

de suave olor, y es nada toda la grasa para tus holocaustos. Sólo el que teme al

Señor es siempre grande.

De las cosas terrenas, de casos concretos en que se manifiesta la grandeza y el poder de Dios,

pasa el salmista a fijar su atención en el Todopoderoso, al que entona un cántico nuevo para celebrar

su grandeza, su gloria, poderío y trascendencia. Habló el Señor, y los seres fueron hechos

(egenézesan, Sal 33:9; 104:30; 148:5); envió su soplo, y fue construido (oicodómesen), no

1444

habiendo nadie que pueda oponerse a su mandato.

Porque Dios es el creador del universo, ejerce sobre él un dominio absoluto; todos

los seres le obedecen y sirven (Sal 25:14; 97:5; 103:13). A la presencia de Yahvé se derrite el

granito de los montes; la tierra tiembla sobre sus columnas, hundidas en las aguas del abismo

(Sal 24:2); destilan los cielos, y las nubes se deshacen en agua (Jue 5:4-5).

Castigo de los enemigos (16:20-21).

20¡Av de las naciones que se levanten contra mi pueblo! El Señor omnipotente los

castigará en el día del juicio, 21 dando al fuego y a los gusanos sus carnes, y gemirán

de dolor para siempre.”

Termina el canto con una seria amonestación a los enemigos de su pueblo. Perecerán las naciones

que se atreven a levantar sus manos contra Israel.

El fuego y los gusanos en la carne de los enemigos de Israel son el símbolo de la muerte

espeluznante que espera a todos sus enemigos. Antíoco Epifanes vio cómo manaban gusanos de

sus carnes, que caían a pedazos, apestando a todos en derredor (2 Mac 9:9). Los profetas (Jl 4:1-

4; Is 66:24; Eci 7:17) recuerdan que el castigo del impío en el día del juicio será el fuego y el gusano.

Judit pide para el enemigo de su pueblo un juicio severo y la condenación eterna. Esta será

también la suerte del pecador, que será arrojado a la gehenna, donde ni el gusano muere ni el

fuego se apaga (Mc 12:46) y en donde será el llanto y crujir de dientes por toda una eternidad.

Sacrificio en Jerusalén (16:22-24).

22 Llegados a Jerusalén, adoraron a Dios, y, luego que el pueblo se hubo purificado,

ofrecieron sus holocaustos, sus votos y sus ofrendas. 23 Ofreció Judit todos los muebles

de Holofernes, que el pueblo le había regalado, y el dosel que había cogido de la

tienda, y lo dio en ofrenda al Señor. 24 El pueblo pasó tres meses alegre en Jerusalén

ante el santuario, permaneciendo Judit con ellos.

La procesión, que se había iniciado en el campamento asirio, llegó a Jerusalén. Era el templo de

Jerusalén la meta hacia la que apuntaba directamente Holofernes con el fin de entronizar en él a

Nabucodonosor. Al llegar la comitiva al templo se postraron todos ante Yahvé. Por haber contraído

impurezas legales al contacto con los cadáveres enemigos (Núm 19:11; 31:19), se purificaron

antes de ofrecer a Dios sacrificios. Los que en épocas de apuro hicieron sus votos y

promesas al Señor, las cumplieron, dice el texto de la Vulgata. Un sacrificio especial ofreció Judit

al entregar al anatema (herem) todo el ajiur de Holofernes y el dosel de su tienda (15:11). La

fiesta se prolongó tres meses. Acaso haya aquí una hipérbole para expresar que a una gran victoria

y a un saqueo de un mes (15:11) correspondía un largo período de regocijo (Est 1:4; 2 Mac

6:30-40· 7:18).

Últimos días de Judit (16:25-28).

25 Pasados aquellos días, se volvió cada uno a su heredad, y Judit partió para Betulia

y moró en su posesión, y fue por toda su vida ilustre en toda la tierra. 26 Muchos la

pretendieron; pero ningún varón la conoció en todos los días de su vida desde el día

que murió Manases, su marido, y se reunió con su pueblo. 27 Llegó a muy anciana en

1445

la casa de su marido, 28 alcanzando la edad de ciento cinco años. A la esclava le dio

la libertad. Murió Judit en Betulia y fue sepultada en la gruta de Manases, su marido.

Regresó Judit a su casa de Betulia, donde continuó el mismo género de vida que llevaba antes de

realizar su hazaña (8:4-8). El tiempo corría también para Judit, que alcanzó la edad de ciento cinco

años. Dios premia a sus fieles servidores con una vida larga y pacífica (Gen 23:1; 25:7; 35:28;

50,26). Una mujer de vida ejemplar, consagrada enteramente al servicio de Dios y de su pueblo,

debía gozar de una larga vida. Como los patriarcas (Gen 23:19; 49:29.32), fue sepultada en una

caverna excavada en la roca, descansando cabe a los restos de su marido, Manases.

Recuerdo de Judit (16:29-30).

29 La lloró la casa de Israel por espacio de siete días. Antes de morir repartió su

hacienda con los más próximos parientes de su marido, Manases, y con los más

próximos de su misma familia. 30 En los días de Judit, y por mucho tiempo después

de su muerte, no hubo nadie que infundiera temor a los hijos de Israel.

Según la costumbre (Gen 50,10; Eci 22:10; 1 Sam 31:13), el duelo duró siete días. Antes de morir

quiso cumplir con el espíritu de la Ley, que mandaba conservar el patrimonio dentro de la tribu

o familia (Lev 25:10; Núm 27:5-11). Después de su muerte gozó Israel de paz por mucho

tiempo, no osando sus enemigos levantar su mano por estar vivo en ellos el recuerdo del triunfo.

Como los jueces de Israel Que 3:11; 3:30; 5:32; 8:28), también ella supo inculcar a su pueblo el

cumplimiento de los deberes religiosos que impone el pacto de la alianza, por ser un valladar contra

las incursiones del enemigo. En sus manos tiene Dios las riendas de la historia; los imperios

son instrumentos que maneja a su libre albedrío, utilizándolos a veces para castigar a su pueblo

infiel y otras para su exaltación.

1 H. L. Jansen, La Composition Du Chant Du Judit: “Acta Orientalia,” 15 (1936) .63-71·

 

 

Ester.

Nombre y Texto.

El libro de Ester ha ido errante de un lugar a otro en el catálogo de libros sagrados, dándosele

a veces un carácter poético, otras considerándolo como profetico y no pocas colocándolo

al final de la lista de los libros históricos. En el canon judío ocupa un lugar entre los libros de la

tercera colección (Ketubim), asignándosele el quinto puesto en la subdivisión conocida con el

nombre de megilloth = rollos. En un tiempo gozó el libro de tanta estima entre los judíos, que se

le llamaba la megillah por excelencia. Corrientemente es conocido por megillath Ester, rollo de

Ester, que se leía en la fiesta de Purim.

Gran parte del libro se ha conservado en hebreo (1:1-10:4), y otra en griego (10:5-16:24).

Estas dos partes reciben el nombre de proto y deuterocanónicas respectivamente.

A) Texto Hebreo. — Se ha conservado en buen estado y en él se reflejan las modalidades

propias del hebreo posterior a la cautividad, con influencias aramaicas. A este texto se le llama

1446

también masorético. Una edición del mismo, al alcance de todos, es la de R. Kittel, Biblia

Hebraica (Stuttgart 1949).

B) Texto Griego De Las Adiciones. — Damos este nombre a las secciones griegas que

siguen al texto hebraico a partir de 10:4. No es el texto una traducción de algún original hebraico,

como lo demuestra su estilo depurado helenista. Los pocos semitismos con que se tropieza en

la lectura provienen del alma judía del autor, probablemente judío helenista. Este texto griego se

conserva en dos formas, una abreviada y otra amplia,

Versiones.

A) Griegas. — La traducción griega del texto original hebraico se ha conservado en tres

formas: 1) Texto común, que se encuentra en los códices unciales Β S A y en otros menos importantes

de la misma familia. Hizo esta versión Lisímaco, hijo de Tolomeo, que moraba en Jerusalén.

En tiempos de Tolomeo y Cleopatra, cierto Dositeo, que se decía sacerdote y levita, y su hijo

Tolomeo, la introdujeron en Egipto (v.1). Se reproduce en las principales ediciones griegas del

Antiguo Testamento, tales como Tischendorf (1850-55), Vigouroux (1902), Swete (1887-1894),

Rahlfs (Septuaginta I, Stuttgart 1935). Es el texto breve. 2) Texto amplio: Es una revisión de Luciano

conservada en los códices 19, 93, 108. La publicó O. F. Fritzche 1. 3) Un tercer texto, del

que nació la Vetus Latina, es acaso el más antiguo de todos. Schildenberger lo llama Ea.

B) Latinas. — 1) Vetus Latina. — Es la que mejor retransmite el texto griego original.

Cree Schildenberger, siguiendo las huellas de D. de Bruyne, que es el testimonio más caracterizado

del texto griego primitivo. Esta hipótesis, añade Lefévre 2, aunque no resuelva todas las dificultades,

parece, sin embargo, la más probable.

2) Vulgata. — San Jerónimo tradujo el texto hebraico cuidadosamente, “verbum e verbo”

(Praef. in libr. ludt: PL 28:1433). Como apéndice de esta versión coloca las partes adicionales,

que dice haber encontrado en la edición vulgata de la Biblia griega, reuniéndolas al final del libro

y anotándolas con un obelo (l.c.). No puso en su traducción el mismo esmero que en la del texto

hebraico.

Cuestiones textuales.

No es fácil determinar la interdependencia existente entre los textos que acabamos de

mencionar. ¿Cómo se explican las diferencias existentes entre los mismos? ¿Cuál es el origen del

texto de las adiciones? El concilio de Trento decretó que el libro era sagrado y canónico en sus

partes proto y deuterocanónicas. Sobre la cuestión textual se han propuesto las siguientes y principales

hipótesis:

1) En un principio existieron dos textos hebraicos: uno corto, que corresponde al masorético

actual, y otro más amplio, que utilizó Lisímaco en su traducción griega. Las partes deuterocanónicas

no figuraban en el texto breve, pero sí en el segundo, que, al igual que las partes protocanónicas,

fueron traducidas al griego.

2) El texto masorético reproduce exactamente el original hebraico primitivo. autor sagrado

compuso su libro sirviéndose de las memorias de Mardoqueo y Ester (9:20-23) y de los anales

de los reyes de Persia (2:23; 6:1). El traductor griego, que tuvo a su disposición las mismas fuentes

de consulta, quiso completar lo que le parecía manco y dar al libro un carácter religioso más

palmario. De ahí el origen de las famosas adiciones griegas 3.

3) El texto griego de las partes proto y deutero-canónicas es una versión del texto original

hebraico o aramaico. Más tarde, por motivos de la lectura del libro en la fiesta de Purim, se hizo

una edición abreviada, que se ajusta al actual texto masorético. Dado que la fiesta había degene1447

rado de su pureza primitiva, convirtiéndose en una bacanal, por respeto al nombre de Dios se suprimieron

aquellas partes del libro de carácter religioso más acentuado. A esta opinión, que en su

tiempo defendió J. B. de Rossi, se adhiere en parte B. Mariani4.

4) El texto hebraico masorético es el original; las partes deutero-canónicas griegas son

amplificaciones, adiciones, suplementos hechos por el primer traductor griego u otro posterior.

Hoy prevalece la opinión de que las adiciones fueron escritas originariamente en griego, no vislumbrándose

en ellas vestigios de una traducción.

Partes deuterocanónicas.

Hemos dicho que San Jerónimo las puso como apéndice de su traducción del original

hebraico. En las ediciones modernas se intercalan en el texto de la obra. Esta última costumbre

ha puesto más al descubierto que su contenido no encaja perfectamente con lo que se dice en la

primera parte o proto-canónica (3:2-6 y 12:6; 2:9 y 11:3; 6:3 y 12:5; 9:20-28 y 16:22). En las

partes proto-canónicas no se menciona a Dios; en las otras, sí.

A pesar de las aparentes contradicciones, no hay inconveniente mayor en intercalar en el

texto las partes que San Jerónimo reunió al final. Sus autores no tuvieron la intención de escribir

una historia objetiva en todos sus pormenores, sino más bien componer, a base de una amplia

libertad, un relato cuya finalidad primaria era didáctica. De las partes deutero-canónicas decía

San Jerónimo que eran improvisaciones del autor, al igual que se hace en un ejercicio escolar,

con el fin de manifestar los sentimientos del que sufre una injusticia o del que la infiere a otro

(PL 28:1433). Con estas adiciones se facilitaba la lectura del libro en los ambientes helenistas; se

humanizaba la obra con la supresión de pasajes demasiado hostiles a los paganos (9:5-19) y se

daba al conjunto un carácter más religioso. El autor que compuso estas partes adicionales vióse

asistido por el carisma de la inspiración, por el cual era infalible y exento de error formal en todo

lo que él afirmaba y en el sentido que daba a su afirmación. Por ser de origen divino, estas partes

fueron incluidas en el canon eclesiástico de los libros sagrados.

Ester, ¿libro histórico?

Muchos exegetas independientes zanjan la cuestión con decir que se trata de una leyenda

etiológica inventada para explicar el origen y naturaleza de la fiesta de Purim. Por razón de la

analogía sorprendente que existe entre los dos primeros capítulos del texto hebraico y la leyenda

de Las mil y una noches, lanzó Goeije la hipótesis según la cual el libro de Ester procede de una

leyenda persa que dio también origen a la famosa leyenda árabe 5.

Los panbabilonistas encuentran su origen en una leyenda babilónica. Ester corresponde

al nombre de Istar; Aman es una palabra derivada de Humman, dios de Elam; Vasti es el Masti

de Babilonia. En el libro se ensalza la victoria de los dioses de Babilonia sobre los de Elam

(Wildeboer, Haupt, M. Maller). Otros, en fin, vuelven sus miradas hacia Egipto. Todas estas actitudes

extremas carecen de fundamento histórico, por lo que caen cada día más vertiginosamente

en el descrédito.

Al extremo opuesto se colocan muchos católicos y no pocos independientes, que consideran

el libro como eminentemente histórico, tanto en sus líneas generales como en sus pormenores.

Contra los argumentos en favor de la total historicidad del libro se oponen los siguientes:

1) La expulsión de Vasti da la impresión de que es un episodio creado para facilitar el advenimiento

de Ester al trono real de Persia. 2) Es inexplicable que tanto Asuero como Aman ignoraran

la ascendencia judía de Ester, conociendo, por otra parte, los vínculos que le unían al judío

1448

Mardoqueo. 3) Según los historiadores paganos 6, la esposa de Jerjes y reina de Persia se llamaba

Amestris; desconocen los nombres de Vasti y de Ester. 4) No se explica que el rey concediera tan

alegremente la muerte masiva de sus subditos persas (8:11-12). La actitud tolerante de los monarcas

persas es incompatible con el decreto de exterminio total de los judíos del imperio (3:7-

15; 13:1-7).

Todas estas dificultades tienden a crear una atmósfera desfavorable al carácter estrictamente

histórico del libro. La técnica con que se conduce la narración, el dramatismo que se observa

en cada página, confirman aquella impresión. En efecto, aunque el autor sagrado no mencione

explícitamente el nombre de Dios, da a entender que Yahvé dispone los acontecimientos

históricos en beneficio del pueblo judío. Para nosotros la llave para la recta interpretación

del libro está en las palabras de Zeres a Aman: “Si el Mardoqueo ese delante del cual has comenzado

a caer es de la raza de los judíos, no le vencerás; antes de cierto sucumbirás ante él” (6:13).

Toda la narración está salpicada con notas pintorescas encaminadas a intrigar al lector; se retrasa

voluntariamente el desenlace y se acumulan detalles que contribuyen a poner de manifiesto la

providencia divina para con su pueblo escogido. En el libro de Ester, como en el de Judit, se enfrentan

el judaísmo y el paganismo, el Dios de Israel y la astucia y malicia humanas. Las dos

fuerzas antagónicas están personificadas en dos personajes: el judío Mardoqueo y el agagita

Aman. Aquél se niega a doblar su rodilla ante un ministro pagano (3:5), y Dios premia este acto

de religión o de orgullo patriótico con el triunfo sobre el orgulloso Aman. De lo dicho cabe concluir

que no deben tomarse al pie de la letra todos los pormenores de la narración. Más que en los

archivos de Persia, el autor en la composición de su obra se inspiró en escenas de la antigua historia

de Israel, tales como la exaltación de José al trono del Faraón, y, sobre todo, en el libro de

Judit, en el que una mujer salva a su pueblo en unos momentos desesperados. El texto del libro

recuerda la ideología imperante en la literatura sapiencial.

Autor y fecha de composición.

Debe distinguirse entre el autor del texto hebraico y el de las adiciones griegas; ambos

son posteriores al exilio. El autor de la primera parte es judío. Modernamente prevalece el criterio

de ver en estas páginas la pluma de un escritor de Palestina que vivió en tiempo de los Macabeos

(Soubicou, Vaccari, Stummer) o hacia finales del mismo (Schildenberger). En esta última

sentencia se explica el hecho de que sistemáticamente, por respeto quizá, no se mencione el

nombre de Dios, como hace también el autor del 2 Mac. En una nota de 10:3 se dice que Dositeo

introdujo la versión griega en Egipto durante el reinado de Tolomeo y Cleopatra. De los cuatro

Tolomeos casados con una Cleopatra, parece que el texto se refiere, o bien al Tolomeo VIII Latiré

(116-80), o a Tolomeo Neos Dionisios (51-44). Sólo el primero vivió cuatro años con una mujer

llamada Cleopatra. Según el 2 Mac 15:37, celébrase en Palestina el “Día de Mardoqueo.”

Canonicidad.

La Mishna y el Talmud de Jerusalén dan instrucciones para la lectura de Judit en la fiesta

de Purim. El libro y la mencionada solemnidad eran conocidos antes de los tiempos neotestamentarios.

Flavio Josefo cita ampliamente el libro de Ester en sus Antiquitates ludaicae (1.2), y

utiliza asimismo las secciones griegas, que posteriormente fueron eliminadas del canon judío.

La Iglesia recibió el libro en el canon según su versión griega. Orígenes no duda de la canonicidad

aun de las partes deutero-canónicas, pero sus anotaciones críticas dieron pie a que lo

hicieran San Atanasio y San Jerónimo. En cuanto a este santo, cabe decir que, por el hecho de

relegar las adiciones al final del libro, dudaba de su canonicidad. Las dudas para estas partes

1449

griegas continuaron hasta el concilio Tridentino, que las declaró sagradas y canónicas.

Contenido doctrinal.

En conjunto, la obra quiere hacer ver que los judíos prevalecen siempre y en todas partes

de sus enemigos. Otra de las finalidades es explicar los orígenes de la fiesta de Purim, que debe

ser un día de alegría y acción de gracias por haberles salvado Dios del exterminio. La doctrina

de la providencia divina para con su pueblo aparece en todo el libro. Lo que el autor no declara,

no sabemos por qué exigencias literarias o ambientales, lo proclaman a los cuatro vientos las

secciones propias del texto griego. La doctrina de la alianza es menos visible en Ester que en Judit,

pero no está ausente del texto.

Por otra parte, hallamos en el libro pasajes que recuerdan la imperfección de la moral antigua

en comparación con la del Evangelio (Mt 5:44). El espíritu de venganza de los judíos y la

complacencia de la joven reina en la matanza de los enemigos de su pueblo no reza con la doctrina

del amor a los enemigos y el perdón de los que nos persiguen y calumnian. Pero estas y

otras circunstancias han sido introducidas en el texto por el autor sagrado por exigencias de la

tesis doctrinal que intentó desarrollar. En el libro se aplica la ley del talión. Escribe el autor para

alentar a sus hermanos de raza, tan a menudo envueltos en cuestiones raciales, y para dar un toque

de atención a sus enemigos. Es natural que la puesta en práctica de los principios fundamentales

del judaísmo llamen la atención de los que conviven con ellos y que les tilden de separatistas,

de conspiradores contra la completa unidad del Estado. De ahí las reacciones antijudías de

los pueblos de ayer y de hoy. El autor quiere advertir a los de su pueblo que su seguridad y permanencia

en medio de las gentes depende exclusivamente del apoyo que Dios les preste 7.

La fiesta de Purim.

Flavio Josefo 8 habla de la fiesta que se celebraba durante los días 14 y 15 de Adar (febrero-

marzo) para conmemorar la salvación de sus hermanos de Persia en tiempos de Mardoqueo.

El 2 Mac 15:37 conmemora la fiesta de Nicanor, que se celebraba el día 13 de Adar, “un día antes

del día de Mardoqueo.” El ceremonial de la festividad es indicado en el tratado Megillah del

Talmud de Jerusalén. La fiesta tenía un doble aspecto, profano y religioso. Cabe a las manifestaciones

ruidosas de regocijo, al estilo de nuestros carnavales, vistiéndose las mujeres con trajes de

hombre y éstos con vestidos de mujeres, suculentos banquetes y excesos en las bebidas, intercambios

de presentes entre parientes y amigos, se leía el libro de Ester. Modernamente prevalece

la opinión de que la fiesta de Purim en parte es copia de una fiesta de primavera que se celebraba

en Persia y Babilonia. Hacia el mes de marzo celebraban los persas la festividad llamada nauroz,

con carácter de fiesta de primavera, durante la cual se intercambiaban presentes y se distribuían

limosnas a los pobres, detalle que imitaron los judíos en la fiesta de Purim. Entre los años 160-

114 antes de Cristo, la comunidad judaica dio a la fiesta un carácter político-religioso, relacionándola

con la liberación de la colonia judía de Persia en tiempos de Jerjes I.

Mardoqueo en escena (1:1-3).

1 El año segundo del reinado del gran Artajerjes, el primero de Nisán, tuvo un sueño

Mardoqueo, hijo de Jaír, hijo de Semeí, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, 2 judío

que moraba en la ciudad de Susa, varón ilustre, que servía en la corte del rey. 3

Era de los cautivos que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había llevado en cautiverio

de Jerusalén con Jeconías, rey de Judá.

1450

Estos versículos pertenecen a la parte deuterocanónica del libro (10:4-16:26). En ellos presenta el

autor al verdadero héroe del libro, Mardoqueo. Se habla del año segundo del reinado de Artajerjes.

San Jerónimo y Eusebio lo identifican con Artajerjes II (405-362); pero modernamente prevalece

la opinión de los que consideran el nombre de Artajerjes como una traducción falsa del

nombre Asuero, que corresponde a Jerjes I (486-465). De ahí que algunos exegetas, en vez de

hablar de Artajerjes, emplean constantemente los nombres de Asuero (Barucq.) o de Jerjes (Vaccar1).

Fue Jerjes hijo de Darío I Hystaspes, conocido principalmente por su campaña contra

Egipto (485) y por su derrota por las tropas griegas en Eurimedón (470 a.C.). Más cortesano que

guerrero, entregóse a una vida de molicie y de placeres, como atestiguan el libro de Ester y el

historiador Heródoto. Muerto en una conspiración (465), le sucedió su hijo Artajerjes I Longímanos.

El sueño de Mardoqueo tuvo lugar el primero de Nisán (Neh 2:1; Est 3:7), en cuyo mes

empezaba el año (marzo-abril). Como a José (Gen 37:5-11; 40,8; 41:1), el porvenir se manifiesta

a Mardoqueo por medio de los sueños. Con esta noticia se llama la atención de los lectores sobre

la intervención palpable de Dios en los hechos que narra a continuación. Todo el libro, incluso el

texto hebraico, demuestra un sentimiento religioso profundo y una confianza sin límites en los

destinos de la Providencia. El nombre de Mardoqueo deriva del babilónico Marduk. El simple

hecho de que este judío auténtico (2:5) escogiera el nombre de Mardoqueo, no autoriza la conclusión

de que en un tiempo rindiera culto al dios Marduk. Toda la historia del libro demuestra lo

contrario. Entre los deportados a Babilonia había algunos que llevaban este mismo nombre (Esdr

2:2; Neh 7:7).

La genealogía de Mardoqueo se repite en 2:5. Por 1 Sam 15:7-9 sabemos que Saúl, hijo

de Quis y del linaje de Benjamín, triunfó sobre Agag, rey de Amalee. Esta coincidencia sugiere

la sospecha de que el autor sagrado no pretende fijar la ascendencia inmediata de Mardoqueo,

sino hacer ver cómo un benjaminita que encarna el alma judía se impone y triunfa de un enemigo

de Israel. Este varón ilustre moraba en Susa, que antiguamente fue capital de Elam 2 y que se

convirtió en residencia invernal de los reyes de Persia (Neh 1:1). Conquistada en 596 por los persas,

fue fortificada y embellecida por Darío I 3.

Mardoqueo fue llevado cautivo por Nabucodonosor a Babilonia, junto con Jeconías (Jer

24:1; 27:20; 28:4), llamado también Joaquín (2 Re 24:8.15), el año 597. Con el fin de concordar

el hecho de la presencia de Mardoqueo en la corte de Asuero o Herejes (hacia los años 484-482)

y la fecha de su deportación por Nabucodonosor, algunos exegetas interpretan el texto en el sentido

de que era descendiente de alguno que fue deportado en aquel tiempo. Tales anomalías textuales

las hemos visto también en el comentario al libro de Judit, lo que nos invita asimismo a

preguntarnos si el autor sagrado busca la máxima precisión en los datos cronológicos que refiere.

Sueño de Mardoqueo (1:4-10).

4 He aquí su sueño: 5 Soñó que oía voces y tumultos, truenos, terremotos y gran alboroto

en la tierra, cuando dos grandes dragones, prestos a acometerse uno a otro,

dieron fuertes rugidos, 6 y a su voz se prepararon para la guerra todas las naciones

de la tierra, a fin de combatir contra la nación de los justos. 7 Fue aquel día día de

tinieblas, de obscuridad, de tribulación y de angustia, de oprobio y de turbación

grande sobre la tierra. 8 Toda la nación justa se turbó ante el temor de sus males, y

se disponía a perecer. 9 Pero clamaron a Dios, y a su clamor, una fuentecilla se hizo

un río caudaloso 10 de muchas aguas, y apareció una lumbrerita que se hizo sol, y

1451

fueron ensalzados los humildes y devoraron a los gloriosos.

Mardoqueo oye en la lejanía voces y tumultos acompañados de truenos (bronta1) y terremotos

(seísmos), que presagiaban algo trágico que se avecinaba. En efecto, aparecen dos dragones en

actitud de acometerse uno a otro. A un rugido suyo, todas las naciones de la tierra (paseznós)

acometieron a la nación de los justos (dikaion eznós). Los primeros síntomas anunciadores de

este combate recuerdan la escena del Sinaí (Ex 16:18; 20:18) o la descripción que los profetas

hacen del juicio (Is 22:5; Jer 30:5). Según interpretación del mismo Mardoqueo, los dos dragones

simbolizaban a él y a Aman (10:7).

Conatos para descifrar el sueño (1:11).

11 Mardoqueo, levantándose, luego de haber visto el sueño sobre lo que Dios se proponía

ejecutar, lo guardó en su corazón, y a toda costa quería penetrar su sentido,

hasta que llegó la noche.

Mardoqueo se levanta intrigado por la significación de su sueño (Gen 41:8) y pasa todo el día

esforzándose para encontrarle una explicación. Otros videntes, en casos análogos, acudían a un

intérprete (Gen 41:16; Dan 2:28), pero Mardoqueo prefirió conservar el secreto en su corazón

(Lc 2:19.51), esperando a que Dios se lo revelara.

Mardoqueo denuncia una conjura (12:1-8).

1 Moraba Mardoqueo en el palacio con Gabata y Tarra, eunucos del rey, guardas

del palacio, 2 y se enteró de sus planes y penetró sus proyectos, averiguando que trataban

de apoderarse del rey Artajerjes, y los denunció al rey. 3 Mandó éste interrogar

a los eunucos, que, habiendo confesado, fueron condenados a muerte. 4 Para

conservar la memoria de estos sucesos, mandó el rey ponerlos por escrito, y el mismo

Mardoqueo escribió un relato sobre ellos. 5 Por el servicio prestado, ordenó el

rey dar a Mardoqueo un cargo en el palacio y le otorgó otras mercedes. 6 Pero

Aman, hijo de Amasata, agagita, que gozaba de gran crédito ante el monarca, buscaba

cómo perder a Mardoqueo y a su pueblo por la delación de los eunucos del rey.

Este relato se refiere a los mismos hechos de que se habla en 2:21-23; 6:1-3; pero el redactor

griego quiso completarlos con nuevos datos, que explican el porqué llegó Mardoqueo a ocupar

un puesto privilegiado en la corte a pesar de su condición de judío.

1 Libri Apocryphi V. T. graece (Leipzig 1871) p.30-72.

2 Introduction á la Bible I (París 1957) 778.

3 Véase F. X. Roiron, Les parties déuterocanoniques du live . d'Esther: “Recherches de Science Religieuse,”

6 (1916) 1-16.

4 Introductio in libros sacros V. T. 284.

5 E. Cosquin, Le Prologue-Cadre des Mulé et une Nuits, Les légendes et le Uvre d'Esther: RB, 16 (1909) 7-

49; 161-197.

6 Heródoto, 7:61,

7 J. Straubinger, Ester y el misterio del pueblo judío (Buenos Aires 1943) 78

8 Ant. Jucí. H A13.

1 Las porciones deuterocanónicas las señalamos con un asterisco,

1* Hirt. IX Τ08-ΠΟ,

2 Heród., III 30,65:70; Jen., Cyr. VIII 6:22; Estrab., XV 3:2.

1452

3 Mémoires de la Mission Archéoiogique en Irán (París 1900-1943).

EL Gran Banquete Real y Sus Incidencias (c.1:1-22).

Poderío del rey Asuero (1:1-3).

1 En tiempo de Asuero, el Asuero que reinó desde la India hasta la Etiopía, sobre

ciento veintisiete provincias, 2 mientras se sentaba sobre su trono real en Susa, la

capital, 3 el año tercero de su reinado dio un festín a todos sus príncipes y servidores,

El imperio de Asuero se dividía en 127 provincias (medinoth), de que se habla en 8:9 y en Esdr

3:2. En Dan 6:2 se dice que “resolvió Darío constituir en su reino 120 sátrapas (ahaschdarpenaia)

que gobernasen el reino.” El autor del libro de Ester (3:2) distingue entre sátrapas, jefes de

provincias y gobernadores. Según Heródoto (III 89), Darío dividió el imperio en veinte satrapías.

La quinta (Neh 5:14) comprendía, según el cómputo de Heródoto (III 89-91), el territorio de Mesopotamia

septentrional, Siria, Fenicia y Palestina. Algunos intérpretes dan un valor simbólico al

número 127. Doce eran las tribus de Israel. Ahora bien, multiplicando este número por diez, número

de plenitud, y añadiendo siete, el número de perfección, se obtiene la cantidad mencionada,

con lo cual se quería significar que todas las naciones estaban sujetas a Asuero.

En el tercer año de su reinado (483 a.C.), una vez consolidado su trono, pensó Asuero en

celebrar un gran festín en Susa, la capital. Hállase esta ciudad al pie del actual Luristán. El antiguo

río Coaspes, el actual Kerka, dividía la ciudad propiamente dicha de la ciudadela (habbirah).

El palacio real se levantaba en la parte de la ciudad conocida por la Apadana. El autor coloca la

parte principal de los acontecimientos en el palacio real, que distingue de la ciudadela (3:15;

8:14; 9:11).

Los invitados al festín real (1:3-9).

3 Los comandantes del ejército de los persas y de los medos, los grandes y los jefes de

las provincias, se reunieron en su presencia, 4 y él hizo muestras de la espléndida riqueza

de su reino y de la brillante magnificencia de su grandeza durante muchos días,

5 durante ciento ochenta días. Pasados éstos, el rey dio a todo el pueblo de Susa,

la capital, desde el más grande hasta el más pequeño, un festín, que duró siete días,

en los jardines del palacio real. 6 Cortinajes blancos, verdes y azules pendían de columnas

de mármol, sujetos con cordones de lino y de púrpura a anillos de plata. Lechos

de oro y de plata estaban sobre un pavimento de pórfido, alabastro, mármoles

de varios colores y nácar. 7 Servíase el vino en vasos de oro de diversas configuraciones,

y se servía con real abundancia, gracias a la generosidad del rey; pero a nadie

se le obligaba a beber, 8 pues había mandado el rey a todas las gentes de su casa

que se hiciese conforme a la voluntad de cada cual. 9 También la reina Vasti dio un

festín a las mujeres en el palacio real del rey Asuero.

Quiso Asuero que todas las clases sociales de sus dominios tomaran parte en los festejos organizados

con motivo de su consolidación en el trono persiano después de la victoria sobre Egipto.

Invitó al festín a los grandes (v.1-4), al pueblo (v.5-8) y a las mujeres (V.9), que lo celebraron

aparte, presidiéndolo la reina.

1453

Banquete para los oficiales.

Entre los invitados al festín (mishte) se citan los altos empleados (sarim) del reino y los

funcionarios de rango inferior. Asistió el estado mayor que había apoyado al rey en las luchas

que tuvo que sostener contra Egipto y Babilonia. Del ejército fue invitada la oficialidad de las

tropas escogidas y la de la guardia personal del rey. También los nobles (partemim, 6:9; Dan 1:3)

y los jefes de las provincias (sarey hamedinoth) acudieron al llamamiento.

Banquete popular.

Los habitantes de la ciudadela tomaron parte en este banquete de siete días de duración,

en un recinto contiguo al palacio real. Recostados sobre divanes (Am 6:4), con incrustaciones de

oro y plata, comía el pueblo de los manjares reales y alegrábase con sendos vasos de vino. Entraba

en el protocolo de los persas la costumbre de que los invitados debían vaciar un determinado

número de copas; pero esta vez, con el fin de evitar abusos l, había dado el rey un decreto por el

cual cada uno era libre de ingerir la cantidad de vino que le pluguiera. Esta descripción de la munificencia

de la corte persa concuerda con los datos retransmitidos por Heródoto (IX 80-82) y

Jenofonte 2.

El convite de la reina.

No prohibían las leyes persas la presencia de mujeres en los banquetes públicos 3; muchas

veces los invitados acudían a los mismos acompañados de sus esposas o concubinas. Por el libro

aparece natural que la reina convocara en un salón aparte a las mujeres de los grandes del reino.

El texto hebraico dice “que organizó el banquete la reina Vasti” (v.5:1 1:16-17). En cambio,

Heródoto (7:61; 9:108-113) no menciona otra reina y esposa de Jerjes que Amestris, hija de O

tañes.

Propuesta del rey y negativa de Vasti (1:10-12).

10 El día séptimo, alegre por el vino el corazón del rey, mandó éste a Mahuman, Bizta,

Harbona, Bigta, Abagta, Zetar y Carcas, los siete eunucos que servían ante el rey

Asuero, 11 que trajeran a su presencia a la reina Vasti, con su real corona, para mostrar

a los pueblos y a los grandes su belleza, pues era de hermosa figura; 12 pero la

reina se negó a venir con los eunucos, y el rey se irritó mucho y se encendió en cólera.

El día del banquete ocurriósele a Asuero exhibir a Vasti delante del pueblo y de los grandes. Esta

noticia parece indicar que los tres banquetes se celebraban simultáneamente en lugares distintos,

ya que el rey quiere mostrar a los representantes del pueblo y a los nobles la belleza de la reina,

acto con el cual se pondría término al suntuoso festín. ¿Por qué Asuero determinóse a exhibir a

Vasti? El texto griego supone que el rey en esta ocasión quería coronarla; lo más probable es

que, siguiendo una costumbre persa (5:18), quisiera presentar a los comensales, a petición de éstos,

a la reina, que gozaba de gran reputación por su belleza. Puede ser que en la frase “mostrar la

belleza” haya un eufemismo (Ez 16:25)4. Según Plutarco5, al finalizar el banquete retirábanse las

esposas y entraban las concubinas y danzarinas. A consecuencia de la negativa de Vasti, el rey

“se irritó mucho y se encendió en cólera” (Jdt 1:12; Dan 3:13; 6:15), porque, además de una desobediencia

a sus órdenes, su negativa le ridiculizaba ante los comensales, los cuales podían lle1454

varse la impresión de que las mujeres eran las que mandaban en palacio.

A suero se aconseja (1:13-15).

13 Y preguntó el rey a los sabios conocedores de las leyes, pues era costumbre que los

negocios del rey se trataran con los sabios, legistas y juristas. 14 E hizo entrar a Carsena,

Setar, Admata, Tarsis, Meres, Marsena y Memucan, siete príncipes persas y

rnedos que asistían al rey y ocupaban el primer rango en su reino, 15 a los cuales dijo:

“¿Qué debe hacerse, según la ley, a la reina Vasti por no haber hecho lo que el

rey le había intimado por medio de los eunucos?”

Asuero no consultó a los astrólogos propiamente dichos, sino a los que saben dar un consejo en

el tiempo oportuno, por razón de que la experiencia diaria les ha familiarizado con la ley de la

justicia (1 Crón 12:33). En Esdras se alude a los siete consejeros del rey persa (7:14). Su posición

en el reino era preeminente; formaban parte de su séquito, “veían la faz del rey” (2 Re

25:19) y tenían precedencia. Según Heródoto, se les permitía entrada franca al rey, excepto el

caso en que éste se hallara en compañía de sus mujeres. El número siete se usa con profusión

(1:10).

Consejo de los sabios (1:16-20).

16 Memucan respondió ante el rey y los príncipes: “No es sólo al rey a quien ha

ofendido la reina Vasti; es también a todos los príncipes y a todos los pueblos de todas

las provincias del rey Asuero. 17 Porque lo hecho por la reina llegará a conocimiento

de todas las mujeres y será causa de que menosprecien a sus maridos, pues

dirán: El rey Asuero mandó que llevasen a su presencia a la reina Vasti, y ella no

fue; 18 y desde hoy las princesas de Persia y de Media que sepan lo que ha hecho la

reina se lo dirán a todos los príncipes del rey, y de aquí vendrán muchos desprecios

y mucha cólera. 19 Si al rey le parece bien, haga publicar e inscribir entre las leyes

de los persas y de los medos, con prohibición de traspasarlo, un real decreto mandando

que la reina Vasti no parezca más delante del rey Asuero, y dé el rey la dignidad

de reina a otra que sea mejor que ella. 20 El edicto del rey será conocido en todo

su reino, por grande que es, y todas las mujeres honrarán a sus maridos, desde el

más grande hasta el más pequeño.”

En nombre de los siete sabios habló Memucan, presentando la cuestión de Vasti como de interés

nacional. Teme un avance del feminismo en caso de quedar impune la conducta de Vasti. Por ser

del dominio público la desobediencia, recomienda Memucan que el castigo tenga amplia difusión.

A este fin sugiere al rey que publique un decreto irrevocable (Dan 6:8-10) prohibiendo a

Vasti presentarse en adelante delante del rey Asuero, despojándola de la dignidad de reina.

Orden real (1:21-22).

21 Agradó al rey y a los príncipes este discurso, y mandó el rey que se siguiera el parecer

de Memucan. 22 Y mandó cartas a todas las provincias del reino, a cada uno

según su escritura y a cada pueblo según su lengua, ordenando que todo hombre

había de ser amo en su casa y que todas sus mujeres le estuvieran sujetas.

1455

El consejo de Memucan fue aprobado en toda su línea: Vasti fue repudiada y sustituida por otra.

En busca de una reina (2:1-4).

1 Después de esto, cuando ya se calmó la cólera del rey, pensó en Vasti y en lo que ésta

había hecho y en la decisión que respecto de ella se había tomado. 2 Los servidores

del rey le dijeron: “Búsquense para el rey jóvenes vírgenes y bellas, 3 poniendo el

rey en todas las provincias de su reino comisarios que hagan reunir todas las jóvenes

vírgenes y de bella presencia en Susa, la capital, en la casa de las mujeres, bajo

la vigilancia de Hegue, eunuco del rey y guarda de las mujeres, que les dará lo necesario

para ataviarse, 4 y que la joven que más agrade al rey sea la reina en lugar de

Vasti.” Aprobó el rey ese parecer y se hizo así.

Memucan hizo hincapié en que el decreto fuera irrevocable, acaso porque conocía el afecto que

el monarca profesaba a Vasti. El hecho de que el rey estuviera intrigado por estos recuerdos

prueba el cariño que sentía hacia la reina, a la cual hubiera devuelto su rango a no mediar la solemne

decisión tomada contra ella y las nefastas consecuencias que de semejante proceder se

originarían. En la literatura bíblica de inspiración persiana es frecuente el tema de “un decreto

irrevocable” (Dan 6:8-10; 6:12.16). Sus servidores le propusieron (3:2-3; 6:3.5) Que se buscara

dentro de los límites del imperio jóvenes “vírgenes y bellas” que pudieran suplir la ausencia de

Vasti. Asuero aceptó el consejo.

Mardoqueo y Ester (2:5-7).

5 Había en Susa, la capital, un judío llamado Mardoqueo, hijo de Jaír, hijo de Semeí,

hijo de Quis, del linaje de Benjamín, 6 que había sido deportado de Jerusalén

entre los cautivos llevados con Jeconías, rey de Judá, por Nabucodonosor, rey de

Babilonia, 7 y había criado a Hedisa, que es Ester, hija de su tío, pues no tenía padre

ni madre. La joven era bella de talle y de hermosa presencia y había sido adoptada

por Mardoqueo cuando se quedó sin padre y sin madre.

Hemos visto la presentación de Mardoqueo por el autor del texto griego. El texto hebraico sólo

ha hablado hasta ahora de personajes paganos; con estos versículos introduce al personaje central

del relato, Mardoqueo el judío, que, en lucha contra el enemigo del pueblo hebraico, Aman, sale

victorioso y salva a su pueblo de una catástrofe. En la mente del autor sagrado es Mardoqueo un

judío íntegro, recto, patriota, y toda su grandeza radica y deriva del siguiente título honorífico:

“El judío Mardoqueo” (5:13; 6:10; 8:7; 9:29; 10:3). El término judío debe tomarse aquí en sentido

racial, y no en el sentido limitado de hombre perteneciente a la tribu de Judá. Aunque judío,

era descendiente del linaje de Benjamín. A su cuidado corría una joven judía, huérfana de padre

y madre. Hija de Abigaíl (2:15), la adoptó Mardoqueo como hija a la muerte de los padres, tomándola

bajo su tutela y protección. La joven era llamada Hedisa, del hebreo hadassah, mirto, y

Ester, que puede derivar del babilónico Ischtar o del persa stareh, estrella. Dice el texto griego

que la “había educado con la finalidad de que fuera mujer suya,” lo que debe rechazarse.

Ester en el harén real (2:8-11).

8 Cuando se publicó la orden del rey y su edicto, al ser reunidas en Susa, la capital,

jóvenes en gran número, bajo la vigilancia de Hegue, fue también tomada Ester y

1456

llevada a la casa del rey bajo la vigilancia de Hegue, guarda de las mujeres. 9 La joven

le agradó y halló gracia a sus ojos, y él se apresuró a proveerla de todo lo necesario

para su adorno y su subsistencia, y le dio siete doncellas escogidas de la casa

del rey, y la aposentó con éstas en el mejor departamento de la casa de las mujeres.

10 Ester no dio a conocer ni su pueblo ni su nacimiento, pues Mardoqueo le había

prohibido que lo declarase, u Todos los días iba y venía Mardoqueo al vestíbulo de

la casa de las mujeres para saber cómo estaba Ester y cómo la trataban.

El edicto real pronto surgió efecto. Entre las jóvenes “vírgenes y bellas” se encontró a Ester, que

desde el primer momento granjeóse la estima de Hegue, siendo objeto de todas sus atenciones.

Del hecho de ocultar a Hegue su nacionalidad se deduce que Ester se sometió al mismo régimen

dietético que las otras jóvenes reunidas en la casa del rey. Con el fin de disculpar a Ester, el texto

griego ha hecho notar que detestaba el lecho de un incircunciso (14:15) y los banquetes del rey

(14:17). Para que su ascendencia judía no le creara dificultad para llegar a ser esposa del rey, el

astuto Mardoqueo le prohibió revelar a nadie “ni su pueblo ni su condición.” Razones políticas

(3:4) aconsejaban este silencio. En el reclutamiento de jóvenes no se tenía en cuenta su nacionalidad;

únicamente se exigía que fueran jóvenes, vírgenes y bellas. A Mardoqueo, como a cualquier

otro hombre, estaba prohibida la entrada en la casa de las mujeres, pero se le autorizaba “ir

y venir al vestíbulo” de la misma. Acaso por su misma juventud y por el hecho de ser huérfana,

autorizó Hegue la visita diaria de Mardoqueo a su protegida.

Régimen de vida en el harén (2:12-14).

12 Después de haber estado ya doce meses, conforme a la ley de las mujeres, ungiéndose

seis meses con óleo y mirra y otros seis con los aromas y perfumes de uso entre

las mujeres, cuando le llegaba el turno era llevada cada joven a la presencia del rey.

13 Así iba cada una a la presencia del rey, y cuando pasaba de la casa de las mujeres

a la casa del rey, se le dejaba llevar cuanto ella quería; 14 iba allá por la tarde, y a la

mañana siguiente pasaba a la segunda casa de las mujeres, bajo la vigilancia de

Saasgaz, eunuco del rey y guarda de las concubinas. No volvía ya más a la presencia

del rey, a menos que éste la desease y fuese nominalmente llamada.

Es probable que se hacía la ficha de cada joven a medida que entraban en el harén, anotándose el

día de su ingreso. Al cabo de un año, luego de haberse sometido a un régimen especial de belleza,

con el empleo de cosmético, la joven era llevada, por turno riguroso, a la presencia del rey. El

mismo ceremonial debían observar las mujeres del usurpador Smerdis al acercarse a él 1.

Llega el turno a Ester (2:15-16).

15 Al llegar el turno a Ester, hija de Abigaíl, tío de Mardoqueo, el que la había adoptado

por hija, de presentarse al rey, no pidió nada más que aquello que le había indicado

el eunuco real, Hegue, encargado de guardar las mujeres. Halló Ester gracia

a los ojos de cuantos la miraban. 16 Fue conducida Ester a la presencia del rey Asuero,

a la casa real, el mes décimo, que es el mes de Tebet, en el año séptimo de su reinado.

Hegue percatóse de que Ester descollaba entre todas las mujeres por sus encantos femeninos y

barruntó que agradaría al rey. Por lo mismo, ya desde el principio la rodeó de atenciones, preo1457

cupóse por sus adornos y alimentación, puso a su disposición siete (1:10) doncellas escogidas y

la aposentó en la mejor habitación de la casa. .Las otras mujeres, al acercárseles el turno de ser

presentadas al rey, multiplicaban sus atavíos para realzar su belleza; Ester, en cambio, tenía plena

confianza en su hermosura. Pese a lo que dice el texto griego (14:15), Ester no siente repugnancia

por el lecho de un incircunciso, ni manifiesta esta aversión ni a Hegue ni al rey. El autor

sagrado refiere escuetamente los hechos, sin pronunciarse por la moralidad de los acontecimientos.

Por la importancia política del hecho, el autor especifica el año y el mes en que Ester fue

conducida por primera vez a la presencia del rey. Habían transcurrido cuatro años (1:3) desde el

banquete en que se repudió a Vasti.

Ester, elegida reina (2:17-20).

17 El rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y halló ésta gracia y favor

ante él más que ninguna otra de las jóvenes. Puso la corona real sobre su cabeza y la

hizo reina en lugar de Vasti.18 El rey dio un festín a todos sus príncipes y a sus servidores,

un festín en honor de Ester, y dio alivio a las provincias e hizo mercedes con

real liberalidad.19 Cuando por segunda vez reunieron a las jóvenes, estaba Mardoqueo

sentado a la puerta del rey. 20 Ester no había dado a conocer su nacimiento ni

su pueblo, porque se lo había prohibido Mardoqueo, y seguía cumpliendo las órdenes

de Mardoqueo tan fielmente como cuando estaba bajo su tutela.

Con palabras que recuerdan el saludo del ángel a María (Le i, 30.42), se dice que amó Asuero a

Ester más que a todas las mujeres que tenía, y que halló ella gracia y favor más que todas las

otras jóvenes que habían estado con el rey. Ester superaba a todas; incluso era mejor que Vasti

(1:19). Para celebrar el acontecimiento dio el rey un festín, que el autor sagrado llama “festín de

Ester” por efectuarse en su honor. Según los LXX, el banquete duró siete días. Fueron invitados

los príncipes y los servidores de la casa real.

Aborta un complot contra el rey (2:21-23).

21 En aquellos días, cuando Mardoqueo se sentaba en la puerta del rey, Birgan y Teres,

dos eunucos del monarca, de la guardia del umbral, quisieron poner su mano

sobre el rey Asuero, 22 Mardoqueo tuvo conocimiento de ellos e informó a la reina

Ester, que se lo comunicó al rey de parte de Mardoqueo. 23 Averiguada la cosa y

hallada cierta, los dos eunucos fueron colgados de un madero, escribiéndose el caso

en el libro de las crónicas delante del rey.

Mientras se desarrollaban las fiestas en honor de la nueva reina, dos eunucos del rey preparaban

un complot contra él. Este episodio coincide con el que se refiere en 12:1-6 del texto griego. Los

nombres de los dos eunucos difieren en uno y otro texto; en el griego se llaman Gabata y Tarra;

en el hebreo, Birgan y Teres. Ambos estaban de guardia en las puertas del palacio real. También

Mardoqueo ocupaba un lugar destacado en la real puerta, siéndole fácil descubrir el atentado contra

el rey. En el texto griego se dice que el complot estaba motivado por haber confiado el monarca

un puesto de responsabilidad y categoría a un judío. Es muy probable que los dos eunucos,

de nacionalidad persa, se sintieran humillados por estar sujetos a las órdenes de un judío. Mardoqueo

comunicó confidencialmente la noticia a Ester y ésta la retransmitió al rey. Aun en este caso

no manifestó la reina el parentesco que le unía con Mardoqueo, lo que hizo más tarde (8:1).

Los dos eunucos fueron ahorcados (Patón) o empalados, suplicio este último muy usado por los

1458

antiguos persas 2. Por sus servicios mereció Mardoqueo que se inscribiera su nombre y lo que

había hecho en la crónica real (Esdr 4:15) 3. En prueba de la importancia que el rey concedía al

hecho, quiso que se anotara estando él presente, cubriendo con su autoridad la veracidad del relato.

Mardoqueo y Aman en conflicto (3:1-6).

1Después de esto, el rey Asuero elevó al poder a Aman, hijo de Hamedata, agagita,

ensalzándole y poniendo su silla sobre la de todos los príncipes que estaban con él. 2

Todos los servidores del rey que estaban a la puerta del palacio doblaban ante

Aman la rodilla y se prosternaban ante él, pues tal era la orden del rey; pero Mardoqueo

no doblaba sus rodillas ni se prosternaba, 3 y los servidores del rey que estaban

a la puerta dijeron a Mardoqueo: “¿Por qué traspasas la orden del rey?” 4 Y

como se lo repitiesen todos los días y él no les hiciese caso, se lo comunicaron a

Aman, para ver si Mardoqueo persistía en su resolución, pues les había dicho que

era judío. 5 Viendo Aman que Mardoqueo no doblaba la rodilla y no se prosternaba

ante él, se llenó de furor; 6 pero, teniendo en poco poner su mano sobre Mardoqueo

solamente, pues ya le habían dicho a qué pueblo pertenecía, quiso destruir al pueblo

de Mardoqueo, a todos los judíos que habitaban en el reino de Asuero.

Con la noticia de la elevación de Ester al rango de reina se explica la alegría de los judíos y su

pretensión de medir sus fuerzas y aun vencer a sus enemigos. Él final del capítulo anterior hacía

presentir que el rey, agradecido a Mardoqueo por haberle salvado la vida, le recompensaría pródigamente.

Pero, en vez de la exaltación del judío Mardoqueo, habla el texto de la elevación de

Aman, enemigo encarnizado del pueblo judío. De este hecho insólito arrancan las raíces del conflicto.

El honor y la religión inducían a Mardoqueo a negar a su enemigo los honores que exigía.

Aman quiere castigar la insolencia de Mardoqueo con el exterminio de todos los judíos residentes

en Persia. Aman, descendiente de la familia Hamedata, extraño a la sangre de los persas

(12:10), es llamado el agagita (haagagi: 3:10; 8:3.5; 9:24), mientras que Mardoqueo es conocido

por el judío (hayyehudi: 2:5; 5:13; 6:10; 8:7; 9:29-31; 10:3). Estos dos personajes, el agagita y el

judío, representan dos mundos religiosa y políticamente antagónicos, que se odian y persiguen

hasta que el más fuerte, según la apreciación de los hombres, cae víctima del odiado judío. El

agagita recuerda el rey Agag (Núm 24:7; 1 Sam 15:9).

La actitud de Mardoqueo, al negarse a rendir a Aman las muestras exteriores de respeto

que le correspondían por su dignidad, se explica únicamente por un acto de orgullo de raza.

¿Cómo él, el judío, podía doblar la rodilla y postrarse ante un pagano enemigo declarado de su

pueblo? El ceremonial persa exigía, según Heródoto (7:134) Que los subditos doblaran la rodilla

y se postraran delante del rey. A este ceremonial se acomodaba Mardoqueo todas cuantas veces

se acercaba al monarca; pero rompe con él al tratarse de Aman, aunque lo hubiera mandado

Asuero. Cuenta Heródoto (7:136) que los embajadores de Esparta, Espertíes y Bulis, se negaron,

por motivos de dignidad, a rendir al rey Jerjes tales muestras de respeto. A los servidores del rey

les manifestó Mardoqueo que su condición de judío no le permitía tales reverencias (3:4). Sin

embargo, los judíos se postraban ante los reyes (1 Sam 24:9; 1 Re 1:23; 2:19; 2 Re 4:37) y otros

superiores (Gen 23:7; 27:29; 33”3)· El texto griego (13:12-14) atribuye la actitud de Mardoqueo

al hecho de que Aman reclamaba para sí honores divinos. Según algunos autores (Vaccari,

Stummer), cuando los dos verbos doblar la rodilla y postrarse van unidos (2 Crón 7:3; 22:29;

Sal 22:30; 95:6), denotan un acto de adoración a Dios. De Ester (8:3) se dice que, al presentarse

1459

ante el rey, “se echó a los pies de Asuero.” Otros exegetas explican que Mardoqueo se negó a

rendir homenaje a Aman por tratarse de un amalecita, pueblo odiado por Israel; opinión esta que

concuerda con el espíritu del libro, pero que no está respaldada por los hechos históricos. Considerada

la índole del libro, creemos que Mardoqueo negóse a doblar su rodilla y postrarse ante un

enemigo de su pueblo por motivos políticos y religiosos, arrostrando valientemente todas las

consecuencias desagradables que pudieran surgir de semejante acto de insubordinación.

Fecha memorable (3:7).

7El mes primero, que es el mes de Nisán, en el duodécimo año del rey Asuero, se

echó el “pur,” es decir, la suerte, ante Aman, de día en día y de mes en mes, hasta

que salió el mes duodécimo, que es el mes de Adar.

Aman ha decidido destruir al pueblo judío. Sólo le faltaba determinar el día y el mes. Nos hallamos

en el año 12 del reinado de Asuero (474 a.C.), cinco años después de la exaltación de Ester

(2:16). Es muy probable que ignorase Aman la ascendencia judía de la reina Ester. Bajo la mirada

de los dioses, como dice Luciano, echó Aman el pur, palabra extranjera, acaso acádica: puru =

suerte; o persa: para = pedazo, fragmento, que, según el autor hebraico, corresponde a goral 1.

Es probable que la palabra pur sea una glosa introducida con el fin de señalar anticipadamente la

etimología de la fiesta de Purim (9:24-26).

Aman delibera con Asuero (3:8-11).

8 Dijo entonces Aman al rey: “Hay en todas las provincias de tu reino un pueblo,

disperso y separado de todos los otros pueblos, que tiene leyes diferentes de las de

todos los otros y no guarda las leyes del rey. No conviene a los intereses del rey dejarlos

en paz. 9 Si al rey le parece bien, escríbase orden de exterminarlos, y yo pesaré

diez mil talentos de plata en manos de los superintendentes de la hacienda para

que se ingresen en el tesoro real.” 10 Entonces el rey se quitó de la mano su anillo y

se lo entregó a Aman, hijo de Hamedata, agagita, enemigo de los judíos, u y le dijo:

“La plata que ofreces sea para ti, y para ti también ese pueblo, para que hagas con

él lo que bien te parezca.”

Aman no puede por sí mismo desencadenar una persecución contra los judíos. Los reyes persas,

en general, se mostraron tolerantes con las prácticas religiosas de los pueblos sometidos a su autoridad.

Sólo en momentos de ira cometió Jerjes actos sacrílegos. Las acusaciones de Aman contra

los judíos son lugares comunes que se manejan en todos los escritos de la época helenística:

1) viven segregados de los otros pueblos; 2) se rigen por leyes propias (Dan 1:8; Jdt 12:1); 3) no

cumplen los decretos reales (Dan 3:8-12; Esdr 4:12-16). De ello concluye Aman que, por interés

del rey y seguridad del imperio, no se les debe dejar en paz. De las acusaciones pasa Aman a solicitar

del rey, empleando la fórmula habitual de cortesía (19), el exterminio del pueblo judío.

Con el fin de compensar el erario real de la pérdida económica que acarrearía la matanza de los

judíos, ofrece de su propio peculio la elevada cantidad de diez mil talentos de plata. En moneda

moderna su oferta equivalía a dieciocho millones de dólares.

Publicación del edicto real (3:12-13).

12 Fueron entonces llamados los secretarios del rey, el día trece del mes primero, y se

1460

escribió todo lo que ordenaba Aman a los sátrapas del rey, a los gobernadores de

todas las provincias y a los jefes de todos los pueblos, a cada provincia según su escritura

y a cada pueblo según su lengua. Se escribió en nombre del rey Asuero y se

sellaron las cartas con el anillo del rey. 13 Fueron mandadas las cartas, por medio de

los correos, a todas las provincias del rey, ordenando destruir, hacer perecer y matar

a todos los judíos, jóvenes y viejos, niños y mujeres, en un solo día, el día trece

del duodécimo mes, que es el mes de Adar, y que sus bienes fuesen dados al pillaje.

Para el día 13 de Nisán, día nefasto, que coincidía con la fiesta judía de Pascua (Ex 12:6), convocó

Aman a los escribas reales (2:23; 8:9) para que copiaran el edicto contra los judíos que él les

dictaría. El decreto real, sin embargo, surtiría su efecto el 13 del duocécimo mes. Las cartas dirigidas

a las autoridades mencionadas fueron repartidas por los harasim, “los corredores.” Fueron

los persas los que crearon un servicio perfecto de correos con el fin de comunicar el palacio real

con los pueblos del inmenso imperio. Los empleados utilizaban caballos veloces para cubrir

enormes distancias. Nada ni nadie podía detener al correo en el cumplimiento de su deber, ni los

fenómenos atmosféricos ni la oscuridad de la noche. Para asegurar el servicio existían fortalezas

y puestos militares junto a los puentes y las zonas fronterizas 2. Calcula Heródoto que un correo

cubre la etapa (“camino real”) de Sardes a Susa en noventa días (5:53). La mención de un correo

rápido en 8:10 parece indicar que Aman tenía mucho interés en que la orden llegara rápidamente

a conocimiento de los que debían ejecutarla. Dios concedió a los judíos un largo lapso de tiempo

para salvar sus vidas y poner sus bienes en lugar seguro.

Contenido de la carta (3:1-7).

l He aquí el texto de la carta: “El gran rey Artajerjes, a los gobernadores y a sus subordinados

de las ciento veintisiete provincias, desde la India hasta la Etiopía, ordena

lo que sigue: 2 Aun cuando tenga el imperio de muchas naciones y haya subyugado

toda la tierra, jamás he querido engreírme con la confianza del poder, sino gobernar

con justicia y moderación, asegurando a mis vasallos una vida perpetuamente

tranquila y procurando la quietud y seguridad del reino hasta los extremos confines,

para que florezca la paz tan deseada de los hombres. 3 Consultando con mis

consejeros cómo podría llevarse esto a cabo, uno de ellos, de nombre Aman, distinguido

por su discreción acerca de mí, de lealtad bien probada, de firme fidelidad,

que en el palacio real ocupa la segunda dignidad, 4 me ha dado a conocer la existencia

de un pueblo que vive mezclado con todas las tribus de la tierra, odioso por sus

leyes, opuesto a todas las naciones, que continuamente traspasa los mandatos de los

reyes e impide que tengan efecto las medidas de gobierno por mí intachablemente

ordenadas. 5 He averiguado también que esta nación vive totalmente aislada, siempre

en abierta oposición con todo el género humano, y que al tenor de sus leyes observa

un género de vida extraño, hostil a nuestros intereses, y comete los más perversos

excesos para impedir el buen orden del reino. 6 En virtud de esto, os ordeno

que todos los por mí señalados en las cartas de Aman, a quien he encomendado este

negocio, siendo como es mi segundo padre, todos, con sus mujeres e hijos, sean de

raíz exterminados por la espada de sus enemigos, sin misericordia ni piedad, el día

catorce del mes duodécimo de Adar del presente año; 7 de suerte que los enemigos

de ayer y de hoy en un solo día desciendan al infierno por muerte violenta, y para el

tiempo venidero sea. nuestro gobierno estable y perfectamente tranquilo.”

1461

La carta se ha conservado en griego mar, aliñado, con períodos más amplios y vocabulario más

rico que el que figura en otras partes del libro. ¿Contribuye esta circunstancia a poner en duda su

autenticidad? El contenido concuerda muy de cerca con la letra de Tolomeo IV, que aparece en 3

Mac 5:12-30. Salvo una palabra, el proemio es idéntico. Esta semejanza se explica, o bien porque

ambos documentos proceden de la cancillería real, en que predominaba el estilo helénico, o

porque el autor del libro la copió de 3 Mac 3:12-30. Al pueblo judío se lo manda eis ton Aide, al

Hades, al sheol de los judíos (Gen 37:35), lugar en donde habitan los muertos y de donde no se

sale jamás. Por su conducta merece que perezca de muerte violenta, considerada como un castigo

de Dios. Si la carta no es auténtica críticamente, forma, sin embargo, parte del canon bíblico.

Como el texto hebraico hablaba de cartas (3:12.14), que no se reproducían, quiso el autor suplir

aquella laguna con la inserción de una cuyo contenido debía corresponder fundamentalmente con

la que mandó Aman a los sátrapas y gobernadores.

Promulgación del decreto (3:14-15).

14 Las cartas encerraban una copia del edicto, que debía publicarse en cada provincia,

invitando a los pueblos a estar apercibidos para aquel día.15 Los correos partieron

apresuradamente, según la orden del rey. El edicto se publicó en Susa, en la

ciudadela; y mientras el rey y Aman bebían, estaba la ciudad de Susa consternada.

A la carta dirigida a las autoridades provinciales acompañaba una copia (patsegen) del decreto

real, que debía colocarse en lugar público, para que la población estuviera apercibida para el día

de la matanza. Puede entenderse el texto en el sentido de que debían las autoridades sacar copias

del decreto real y divulgarlo entre la población. La primera copia se fijó en la ciudadela de Susa,

de modo que la noticia llegó pronto a la capital, sembrando el pánico entre la población judía.

Entretanto, invitaba el rey a su fiel ministro a celebrar conjuntamente con sendas copas de vino

el exterminio del pueblo judío.

Consternación de los judíos (4:1-3).

1Cuando supo Mardoqueo lo que pasaba, rasgó sus vestiduras, se vistió de saco y se

cubrió de ceniza, y se fue por medio de la ciudad, dando fuertes, dolorosos gemidos,

2 y llegó hasta la puerta del rey, pues no era a nadie lícito entrar vestido de saco. 3

En todas las provincias, dondequiera que llegó la orden del rey y su edicto, hubo entre

los judíos gran desolación, y ayunaron y lloraron y clamaron, acostándose muchos

sobre la ceniza y vestidos de saco.

Los judíos de Susa leyeron el decreto real que decidía su suerte, pero ignoraban otros detalles. En

cambio, un secreto servicio de información había contado detalladamente a Mardoqueo la manera

como Aman había arrancado al rey aquel decreto, la cantidad en metálico que había ofrecido

al tesoro (4:7) y otros pormenores. Ya que Mardoqueo había provocado con su conducta arrogante

la catástrofe que se avecinaba, justo era que tomara él la iniciativa para contrarrestar el golpe.

Primeramente quiso asegurarse el apoyo de Ester. Para ello, en señal de profundo duelo, rasgó

sus vestiduras, se vistió de saco, puso ceniza sobre su cabeza y, a grandes gritos lanzóse a la calle,

caminando en dirección al palacio real. Por el hecho de andar Mardoqueo con hábitos de penitencia

exteriorizando su dolor por la orden real, podía correr peligro su vida. Pero Aman, seguro

de la presa, toleró que Mardoqueo continuase en su actitud (5:9-15)· Los dioses, además,

1462

habían ya fijado el día y mes en que debía actuar, y no era posible contravenir su voluntad (3:7)

adelantando los acontecimientos.

La noticia en palacio (4:4-8).

4 Las doncellas de Ester y sus eunucos vinieron a decírselo. La reina se quedó muy

atemorizada y mandó vestidos a Mardoqueo para que se los pusiese, quitándose el

saco; pero él se negó a aceptarlos. 5 Entonces llamó Ester a Hatac, uno de los eunucos

que había puesto cerca de ella el rey, y le mandó que fuera a preguntar a Mardoqueo

qué era aquello y de dónde venía. 6 Fue Hatac a Mardoqueo, a la plaza de la

ciudad, delante de la puerta del rey; 7 y Mardoqueo le contó lo que pasaba y le dio

noticia de la suma que Aman había ofrecido entregar al tesoro del rey en pago del

exterminio de los judíos. 8 Dio le también copia del edicto que se había publicado en

Susa para exterminarlos, a fin de que se la enseñase a Ester y le diese cuenta de todo,

y mandó a Ester presentarse al rey para pedirle gracia y pedirle por su pueblo.

Mardoqueo consiguió lo que se propuso: llegar a las puertas del palacio e interesar a la reina en

el asunto. La extraña indumentaria y los gritos de dolor despertaron la curiosidad de los servidores

de palacio, los cuales, al reconocer a Mardoqueo, y conociendo su parentesco con Ester, lo

anunciaron a la reina. Esta, tras de ofrecer a Mardoqueo otros vestidos, trató de introducirlo en

palacio, pues a nadie estaba permitido traspasar el umbral del palacio vestido de saco. Mardoqueo

rehusó el ofrecimiento. No pudiendo convencerle, Ester dispuso que el eunuco Hatac se

entrevistara con Mardoqueo para que éste le explicara lo que ocurría. Mardoqueo se lo contó al

detalle, entregándole además una copia del edicto para que se lo diera a la reina. Terminó su entrevista

con el eunuco exigiendo a la reina Ester que se presentara al rey e intercediera por el

pueblo judío.

Mardoqueo exige obediencia (5:1-3).

1 Le dijo que la mandaba que entrase al rey y le pidiese gracia para el pueblo: 2

“Acuérdate de los días de tu abatimiento, cuan-4o eras criada por mi mano; porque

Aman, el primero despues del rey, ha hablado contra nosotros para hacernos morir.

3 Invoca al Señor y habla al rey por nosotros; líbranos de la muerte.”

Razones de conveniencia aconsejaban a Ester a tener en secreto su ascendencia judía (2:10.20);

pero, ante el peligro que se cierne sobre su pueblo, debe posponer sus intereses propios al bien de

la nación. Mardoqueo es el portavoz de los intereses de su nación. Al revés de la reina, que se

siente desligada de la comunidad judía y busca preferentemente su comodidad.

Reparos de Ester (4:9-11).

9 Fue Hatac y comunicó a Ester lo que le había dicho Mardoqueo. 10 Ester encargó a

Hatac que fuera a decir a Mardoqueo: 11 “Todos los servidores del rey y todo el

pueblo de las provincias del rey saben que hay una ley que castiga con pena de

muerte a cualquiera, hombre o mujer, que entre al rey, al atrio interior, sin haber

sido llamado; sólo se libra de la muerte aquel a quien el rey tiende su cetro de oro, y

yo no he sido llamada por el rey desde hace treinta días.”

1463

Ester invocó una ley conocida en Susa y provincias. En efecto, Dioces el Meda, según Heródoto

(1:99), ordenó que nadie se presentara al rey si no había sido convocado previa y nominalmente.

Esta ley fue confirmada por los monarcas de Persia 1, que autorizaban a los particulares y corporaciones

solicitar audiencia real. Tales medidas se dieron para mantener la figura real envuelta en

un nimbo misterioso y para asegurar su vida contra los conspiradores ambiciosos. Era libre Ester

de solicitar audiencia real; pero existía el temor de que el rey montara en cólera y tomara ocasión

de ellos para repudiarla. El texto deja vislumbrar que su reputación había disminuido notablemente.

Es probable que la verdadera reina fuera Amestris 2, y que Ester ocupara un puesto secundario.

Sería amenaza de Mardoqueo (4:12-14).

12 Cuando recibió Mardoqueo la contestación de Ester, 13 mandó que le respondieran:

“No vayas a creer tú que serás la única en escapar entre los judíos todos por estar

en la casa del rey, 14 porque, si ahora callas y el socorro y la liberación viniera a

los judíos de otra parte, tú y la casa de tu padre pereceríais. ¿Y quién sabe si no es

precisamente para un tiempo como éste para lo que tú has llegado a la realeza?”

Del verbo, en plural, “le respondieron,” se deduce que en esta ocasión intervinieron varios mensajeros.

Se recrudece el forcejeo entre Ester, que trata de inhibirse, y Mardoqueo, que defiende y

se identifica con la causa del pueblo. Mardoqueo le da a entender que, si cree peligroso presentarse

ante el rey, no lo es menos cruzarse de brazos y dejar que la historia siga su curso. Porque,

tarde o temprano, conocerá Aman la nacionalidad de Ester, y entonces es posible que se vea envuelta

en el exterminio general. No vaya tampoco a pensar que recibirá del rey un trato de favor,

porque los monarcas persas repudiaban por cualquier motivo aun las mismas esposas que fueron

en un tiempo las favoritas. La marea antijudía podría penetrar incluso en el mismo palacio real.

Por otra parte, sabe Mardoqueo que el pueblo judío no puede perecer, porque Dios no permitirá

que su pueblo desaparezca de la faz de la tierra. Si Ester se niega a actuar, la salvación surgirá de

otra parte. No piensa Mardoqueo en una ayuda militar de otra nación, sino en la providencia de

Dios, que vela por su pueblo predilecto. En la literatura rabínica aparece el término rnaqom, lugar,

para designar a Dios. De esta manera, al decir el autor que la salvación vendrá de otro lugar,

quiere expresar que, en todo caso, se encargará Dios de proteger a su pueblo. Finalmente, está

convencido Mardoqueo que la elevación de Ester a la categoría de reina la dispuso Dios en previsión

de la situación actual. La forma interrogativa equivale aquí a una afirmación. Si Ester no

sabe leer en el curso providencial de la historia, demuestra que la vida muelle de palacio le ha

hecho olvidar la verdad de que Dios levanta y humilla las personas a su antojo y de que todos los

hilos de los acontecimientos están en sus

Ester en acción (4:15-17).

15 Ester mandó decir a Mardoqueo: 16 “Ve y reúne a los judíos todos de Susa y ayunad

por mí, sin comer ni beber por tres días, ni de noche ni de día. Yo también ayunaré

igualmente con mis doncellas, y después iré al rey, a pesar de la ley, y si he de

morir, moriré.” 17 Mardoqueo se fue e hizo lo que Ester le había mandado.

Los argumentos de Mardoqueo la convencen, y Ester decide presentarse ante el rey. Pero, como

la misión es difícil y pone en peligro su vida, necesita de la ayuda espiritual de los judíos residentes

en Susa, de los cuales era Mardoqueo el elemento más destacado. Con el ayuno quería

1464

Ester que Dios se acordara de su pueblo (2 Sam 12:16; 2 Re 21:27); que tuviera compasión de él

y alejara el peligro que se cernía sobre la nación judía (Jdt 4:13; 1 Crón 20:3). Ester ayunará

también tres días (Ex 19:10-16; Jos 1:11), en compañía de sus doncellas, que o bien eran de origen

judío o se habían convertido al judaísmo.

Tomadas estas medidas de orden espiritual, decide Ester presentarse al rey, resignándose

a morir en el caso de que su misión fracasara. No espera ella triunfar por su belleza y encantos

femeniles, sino con la ayuda del cielo. En la historia que refiere Heródoto (3:68-78) sobre el descubrimiento

del fraude del falso Smerdis y la matanza de magos que siguió, Otanes pide a su hija

Fedima, concubina de Smerdis, que lleve a cabo una misión parecida a la de Ester. Con peligro

de su vida, Fedima decidió informar a su padre sobre la personalidad del usurpador, asegurando

de esta manera el restablecimiento de la dinastía persa.

Oración de Mardoqueo (13:8-18).

8 Y oró al Señor, haciendo memoria de todas sus obras, 9 diciendo: “Señor, Señor,

Rey omnipotente, en cuyo poder se hallan todas las cosas, a quien nadie podrá oponerse

si quisieres salvar a Israel: 10 Tú, que has hecho el cielo y la tierra y todas las

maravillas que hay bajo los cielos, n tú eres dueño de todo, y nada hay, Señor, que

pueda resistirte. 12 Tú lo sabes todo; tú sabes, Señor, que no por orgullo, ni por altivez,

ni por vanagloria hice yo esto de no adorar al orgullo Aman; 13 que de buena

gana besaría las huellas de sus pies por la salud de Israel; 14 que yo hice esto por no

poner la gloria del hombre por encima de la gloria de Dios; que no adoraré a nadie

fuera de ti, mi Señor, y que obrando así no lo hago por altivez. 15 Ahora, pues, Señor,

mi Dios y mi Rey, Dios de Abraham, perdona a tu pueblo cuando ponen en nosotros

los ojos para nuestra perdición, con el ansia de destruir tu antigua heredad. 16

No eches en olvido esta tu porción, que para ti rescataste de la tierra de Egipto. 17

Escucha mi plegaria y muéstrate propicio a tu heredad; vuelve nuestro duelo en alegría

para que viviendo cantemos, Señor, himnos a tu gloria, y no cierres, Señor, la

boca de los que te alaban.” 18 Y todo Israel clamó con toda su fuerza, porque tenían

la muerte a la vista.

Una vez llegados a un acuerdo, Ester y Mardoqueo pusieron manos a la obra. El texto griego recoge

las oraciones que pronunciaron ambos antes de emprender la difícil tarea de desvirtuar el

decreto real. Una vez terminado el himno de alabanza y habiendo justificado su conducta, pide

Mardoqueo clemencia para su pueblo. El ayuno colectivo de Susa demuestra que, si hasta el presente

han sido infieles a su Dios, quieren ahora expiar su pecado con la penitencia. Si Israel desaparece

bajo la espada de Aman, no habrá nadie en adelante que cante himnos a Yahvé, “pues en

la muerte no se hace ya memoria de ti; en el sepulcro, ¿quién te alabará?” (Sal 6:6). Los otros

pueblos tienen sus propios dioses y, por lo mismo, no se acordarán de Yahvé.

Ester en traje de penitencia (14:1-2).

1 La reina Ester, presa dé mortal angustia, acudió al Señor, 2 y, despojándose de sus

vestidos de corte, se vistió de angustia y duelo, y, en vez de los ricos perfumes, se cubrió

la cabeza de polvo y ceniza, mortificando duramente su cuerpo, dejando caer

en desorden las trenzas de su cabellera sobre aquellas partes que cubría antes con

graciosos atavíos.

1465

A tono con la gravedad de las circunstancias, pone Ester en juego las muestras de dolor en uso

entre los antiguos. Como señal de duelo, hombres y mujeres cortaban su cabellera (Am 8:10;

3:17. 24; 15:2; 22:12, etc.); pero no recurrió Ester a este medio, en vistas de que debía presentarse

ante el rey dentro de día y medio. Sin embargo, sacrificó el orgullo de su cabellera, dejándola

caer en desorden sobre su rostro y busto, tapando con ello lo que antes fue trono de su hermosura.

1 heródoto, 1:33.

2 Cyrop. VIII 8:18.

3 Heródoto, 5:18; 29:110.

4 Heródoto, 1:8-12.

5 Coniugalia praecepta 16.

1 Heródoto, 3:69.

2 Heróüoto, 3:159; Est 4:43; 5J4! 6:4; 7:9-10; 8,7; 9:13.14-25; Esdr 6,TI.

3 Heródoto, 7:100; 8:85.

1 A. Βεα, De origine vocis “pur”; Β Q (1930) 198-199.

2 Herodoto, 8:98; Jenofonte, Cyr. 8,6.17.

1 Heródoto, 3:72.77.84-

2 Heródoto, 7:61.114.

Plegaria de Ester.

En esta larga oración podemos distinguir los siguientes elementos: 1) exordio (v.3-4); 2)

pasado y presente de Israel (v.5-7); 3) designios de los enemigos (v.8-10); 4) peticiones: castigar

a los enemigos (v.11); salvar al pueblo (v. 13-14), alegando sus buenas intenciones (v.15-18);

conclusión (V.19).

Exordio (14:3-4).

3 Y oró al Señor, Dios de Israel, diciendo: “Señor mío, tú, que eres nuestro único

Rey, socórreme a mí, desolada, que no tengo ayuda sino en ti, 4 porque se acerca el

peligro.

Confiesa Ester que Yahvé es el único Rey de Israel, el único Dios que merece tal nombre. Cualquier

hombre o mujer que osare entrar al atrio interior del palacio sin haber sido llamado, incurría

en la pena de muerte. Ester estaba decidida a hacerlo, y sabe que, si Dios no está con ella,

morirá dentro de unas horas.

Pasado y presente de Israel (14:5-7).

5 Desde que nací he oído en la tribu de mi familia que tú, Señor, escogiste a Israel

entre todas las naciones y a nuestros padres entre todos sus progenitores por heredad

perpetua, y que les cumpliste cuanto les habías prometido. 6 Ahora nosotros

hemos pecado delante de ti y tú nos entregaste en poder de nuestros enemigos 7 en

castigo de haber adorado a sus dioses. Justo eres, Señor.

Era Ester de la tribu de Benjamín. Se inculcaba a los niños de Israel la idea de que pertenecían a

un pueblo que Dios había elegido para sí (Jos 24:2-3; Ez 20:5).

1466

Designios de los gentiles (14:8-10).

8 Mas ellos no se contentan con imponernos dura servidumbre, y han puesto sus

manos sobre las manos de sus ídolos, 9 jurando anular las promesas de tu boca, borrar

tu heredad, cerrar la boca de los que te alaban, extinguir la gloria de tu casa y

de tu altar, 10 abrir la boca de los gentiles para celebrar las proezas de sus ídolos y

hacer que un rey de carne sea por esto ensalzado para siempre.

Este estado de pecado en que se encuentra Israel ha envalentonado a los gentiles, que han decidido

borrar definitivamente su memoria y anular las promesas que un tiempo le hizo Yahvé. A ello

se han obligado con juramento, “colocando sus manos sobre sus ídolos,” como actualmente se

jura con las manos sobre los santos Evangelios. Es más, pretenden que, al exterminar a Israel,

acabarán también con su Dios, celebrando ellos las proezas de sus ídolos y concediendo honores

divinos “a un rey de carne.” Así, pues, la ruina de Israel significa el término del reinado de Yahvé

sobre el mundo.

Peticiones (14:11-19).

11 No entregues, Señor, tu cetro a los que nada son, ni se rían de nuestra caída; antes

bien, haz que sus consejos se vuelvan contra ellos; haz para todos escarmiento al autor

de esta guerra contra nosotros; 12 acuérdate de nosotros, Señor; date a conocer

en el día de nuestra tribulación y fortaléceme, Rey de los dioses, Dominador de todo

poder. 13 Pon en mis labios palabras apropiadas en presencia del león y muda su corazón

en odio al que nos hace la guerra para ruina suya y de sus parciales. 14 Líbrame

con tu mano y ayúdame a mí, que estoy sola y no tengo sino a ti, Señor. 15

lo sabes todo y sabes, por tanto, cómo aborrezco la gloria de los inicuos y detesto el

lecho de los incircuncisos y de todos los extraños. 16 Tú conoces que sólo por necesidad

estoy donde estoy, que detesto las señales de mi gloria que llevo sobre la cabeza

en los días de mi pública presentación; que las abomino como paño de menstruación;

que no las llevo en mis días de retiro; 17 que no ha participado tu sierva de la

mesa de Aman, ni aprecio los banquetes del rey, ni bebo el vino de las libaciones; 18

que no ha tenido tu sierva día alegre, desde el día de su encumbramiento hasta hoy,

sino en ti, Señor, Dios de Abraham.19 i Oh Dios sobre todos fuerte! oye la voz de los

desamparados y líbranos del poder de los perversos, líbrame a mí de todo mal.”

Pide Ester a Dios castigue la insolencia de los que pretenden quitarle el cetro para entregárselo a

los ídolos, a los que “nada son” (Sal 96:5; 1 Cor 8:4-10). No permita Dios que los paganos se

rían de El y de su pueblo (Sal 70:2-4; 71:10-13), ni que Aman, su enemigo encarnizado, lleve a

término sus planes. Esta oración de Ester no se encuentra en el texto hebraico. La ardiente devoción

que demuestra en ella no se armoniza con su resistencia a intervenir en favor del pueblo

(c.4), más interesada en conservar su puesto que en ayudar a sus hermanos los judíos. La intervención

decidida de Mardoqueo logró despertar los sentimientos religiosos, que yacían, acaso

aletargados, en su corazón; es de creer que durante los años que estuvo bajo la tutela de

Mardoqueo recibió una educación religiosa y patriótica muy sólida, que reaparece en este

trance definitivo.

1467

En la guarida del león (15:4-9a).

4 El día tercero, así que acabó su oración, se despojó de sus hábitos de penitencia y

se vistió de gala. 5 Y así, espléndidamente aderezada e invocando a su Dios y Salvador,

testigo de todas las cosas humanas, tomó a dos de sus siervas, 6 apoyándose en

una de ellas, como quien no puede, de puro delicada, sostenerse, 7 mientras la otra la

seguía, llevando la cola de su manto. 8 Aparecía enteramente hermosa, el rostro sonrosado,

alegre y como encendido de amor, mas el corazón oprimido por el miedo. 9a

Y, atravesando todas las puertas, se detuvo delante del rey.”

El autor griego dramatiza la escena, que refiere escueta y sobriamente el texto hebreo (5:1ss). El

día tercero determinó presentarse al rey. Su confianza en Dios era ilimitada, pero no pudo impedir

que le asaltase el miedo. La oveja se iba a enfrentar con el lobo.

Ante el rey (15:9-19).

9b Hallábase éste sentado en su trono, vestido con todo el aparato de su majestad,

cubierto de oro y piedras preciosas, y aparecía en gran manera terrible. 10 Levantando

el rostro radiante de su majestad, en el colmo de su ira, dirigió su mirada, y al

punto la reina se desmayó, y, demudado el rostro, se dejó caer sobre la sierva que la

acompañaba. n Pero mudó Dios el espíritu del rey en mansedumbre, y, asustado, se

levantó de su trono y la puso sobre sus rodillas hasta que ella volvió en sí. La consolaba

con blandas palabras,12 diciendo: “¿Qué es esto, Ester? Yo soy tu hermano, cobra

ánimo. 13 No, no morirás, que mi mandato es para el común de las gentes. 14

Acércate.” 15 Y, tomando el cetro de oro, la tocó en el cuello y la besó, diciendo:

“Habíame.” 16 Y ella le dijo: “Te vi, señor, como a un ángel de Dios, y mi corazón

quedó turbado ante el temor de tu majestad, 17 pues eres, señor, admirable y tu rostro

está lleno de dignidad.” 18 Y mientras hablaba, volvió a caer desmayada. 19 Turbóse

el rey, y toda la servidumbre la atendía.

La belleza encantadora de Ester no pudo impedir que a su aparición le lanzara el rey una mirada

“en el colmo de su ira”; pero la feminidad de la reina, que tiembla y se desvanece a tiempo ante

la actitud viril del monarca, triunfó plenamente. El texto atribuye a Dios el cambio radical operado

en el ánimo del rey. Ester compara a Asuero a un ángel de Dios (1 Sam 29:9; 2 Sam 14:17-

20), ante cuya vista tiemblan los hombres (Dan 8:17-18; 10:5-10). Otro desmayo de la reina turbó

al rey, que pidió auxilio a la servidumbre. El texto que acabamos de comentar es una paráfrasis

del siguiente pasaje del original hebraico,

Petición de Ester (5:1-5).

1 Al tercer día, Ester se vistió sus vestiduras reales y se presentó en el atrio interior

de la casa, delante del aposento del rey. Estaba éste sentado en su real trono, en el

palacio real, enfrente de la entrada; 2 y cuando vio a la reina Ester en pie, en el

atrio, halló ésta gracia a sus ojos y tendió sobre ella el rey el cetro de oro que tenía

en su mano, 3 y le dijo: “¿Qué tienes, reina Ester, y qué es lo que quieres? Aunque

fuera la mitad de mi reino, te sería otorgada.” 4 Ester respondió: “Si al rey le place,

venga hoy el rey con Aman a un festín que yo le he preparado.” 5a El rey dijo: “Id a

1468

llamar a Aman, como lo desea Ester.”

Se dice que tres días después presentóse Ester ante el rey. El día tercero tiene un valor simbólico

en la Biblia (Gen 22:4; Ex 19:16; Jos 1:11; Os 6:2). La reina avanzó majestuosa hacia el atrio

interior, desde donde se divisaba el trono, deteniéndose ante el departamento real. Del texto puede

deducirse que Ester, desde allí, pidió audiencia a Asuero, que se la concedió. La petición de

Ester podía parecer al rey de escasa trascendencia e interpretarla como un capricho de la soberana,

pero, en realidad, tenía un alcance capaz de cambiar totalmente la escena. Así lo comprendió

la sagacidad del rey, como aparece por 5:6, intuyendo que la proposición de Ester ocultaba algo

que rebasaba el significado de sus palabras.

El primer festín (5:5-8).

5b Fue el rey con Aman al festín que había preparado Ester, y durante él 6 dijo el rey

a Ester: “¿Qué es lo que pides? Todo te será concedido. ¿Qué deceas? Aunque fuera

la mitad de mi reino, la tendrías.” 7 Ester respondió: “He aquí lo que pido y lo que

deseo: 8 Si he hallado gracia a los ojos del rey y si place al rey concederme mi petición

y satisfacer mi deseo, que vuelva el rey con Aman al banquete que yo les prepararé,

y mañana yo daré la respuesta al rey según su mandato.”

El rey invita a Ester a que abra su corazón. Espera que con ocasión del festín abra Ester su boca

y vacíe todo cuanto le acongoja. Dice el texto hebraico que preguntó Asuero a la reina “en el festín

del vino,” a saber, hacia finales del banquete, en que el vino alegraba a los invitados y soltaba

su lengua 1. La respuesta de Ester está encaminada a diferir el desenlace del drama. En el caso de

denunciar a Aman, en esta ocasión no tendría lugar el encubrimiento de Mardoqueo y la humillación

de Aman.

Contrariedad y alborozo de Aman (5:9-14).

9 Aman salió aquel día gozoso y lleno de contento su corazón; pero, cuando vio a la

puerta del rey a Mardoqueo, que no se levantó ni se movió a su paso, se llenó de ira

contra Mardoqueo. 10 Supo, sin embargo, contenerse, y se fue a su casa. Luego mandó

a buscar a sus amigos y a Zeres, su mujer; 11 y Aman les habló de la grandeza de

sus riquezas, del número de sus hijos, de todo cuanto había hecho el rey para engrandecerle

dándole el primer lugar, por encima de los jefes y los servidores del rey.

12 Y añadió: “Sólo a mí ha invitado la reina Ester al banquete que ha dado al rey, y

me ha invitado además para mañana en su casa con el rey. 13 Pero todo esto no es

nada para mí mientras vea a Mardoqueo el judío sentado a la puerta del rey.” 14 Zeres,

su mujer, y todos sus amigos le dijeron: “Prepara una horca de cincuenta codos

de alta, y mañana por la mañana pide al rey que sea colgado en ella Mardoqueo, y

luego te irás satisfecho al festín con el rey.” Agradó a Aman el consejo y mandó preparar

la horca.

Salía Aman del banquete alegre y con buen humor (tob leb, 1 Sam 25:36), cuando divisó a Mardoqueo

ocupando de nuevo su puesto junto a la puerta real (2:19-21; 3:2; 5:13; 6:10-12). También

él había acabado los días de penitencia y, como tenía de costumbre, no se levantó ni se movió

al pasar el primer ministro (3:1-5). Zeres y los consejeros recomiendan a Aman cuelgue de

una horca (2:23; 6:4; 7:9; 8:7; 9:13) a Mardoqueo. Parece exagerada la altura de cincuenta codos,

1469

que corresponde a veinticinco metros. Una muerte inminente amenaza a Mardoqueo, por cuanto

puede Aman pedir al rey que se anticipe la fecha señalada para la ejecución de Mardoqueo, reservando

para el día y mes señalado por la suerte el exterminio del pueblo judío. El término Zeres

es de origen iraniano, y significa la dorada, la de los cabellos de oro 2.

El insomnio del rey (6:1-5).

1 Aquella noche, no pudiendo el rey conciliar bien el sueño, hizo que le llevaran el libro

de los anales, las crónicas; y leyéndolas ante el rey, 2 hallóse escrito lo que había

revelado Mardoqueo, descubriendo que Bigtán y Teres, los dos eunucos del rey,

guardias del atrio, habían querido llevar su mano sobre el rey Asuero. 3 El rey preguntó:

“¿Qué honores y distinciones se han concedido por esto a Mardoqueo?”

“Ninguna ha recibido,” respondieron los servidores. 4 Entonces dijo el rey: “¿Quién

está en el atrio?” Aman había venido al atrio exterior de la casa para pedir al rey

que mandara colgar a Mardoqueo de la horca que le había preparado. 5 Los servidores

le respondieron: “Ahí está Aman en el atrio.” Y dijo el rey: “Que entre.”

No es probable que los sucesos del día narrados en el capítulo anterior quitaran el sueño a un

monarca acostumbrado a resolver negocios mucho más trascendentales. El texto griego expresa

claramente lo que aparece de manera velada en el original hebraico. No es de extrañar que al rey

se le antojara llenar las horas de insomnio con la lectura de las crónicas de su reinado (2:23;

10:2; Esdr 4:15), aunque tuviera al alcance otros pasatiempos. Del atentado de los dos eunucos

se habla en 2:21-23. El texto hebreo ignora, o al menos no menciona, la recompensa que recibió

Mardoqueo por sus servicios (12:5).

Asuero se aconseja con Aman (6:6-11).

6 Entró Aman, y el rey le dijo: ¿Qué ha de hacerse con aquel a quien el rey quiere

honrar?” Aman se dijo a sí mismo: “¿A quién otro ha de querer honrar el rey?” 7 Y

contestó: “Para honrar a quien el rey quiere honrar, 8 habrán de tomarse las vestiduras

reales que se viste el rey, y el caballo en que el rey cabalga, y la corona real

que ciñe su cabeza, 9 y dar el vestido, el caballo y la corona a uno de los más nobles

príncipes del rey, para que vistan a aquel a quien el rey quiere honrar, y, llevándole

en el caballo por la plaza de la ciudad, vayan pregonando ante él: Así se hace con el

hombre a quien el rey quiere honrar.” 10 El rey dijo a Aman: “Coge luego el vestido

y el caballo, como has dicho, y haz eso con Mardoqueo el judío que se sienta a la

puerta del rey. No omitas nada de cuanto has dicho.” 11 Cogió Aman el vestido, vistió

a Mardoqueo y le paseó a caballo por la plaza de la ciudad gritando delante de

él: “Así se hace con el hombre a quien el rey quiere honrar.”

Solían los reyes persas recompensar espléndidamente a sus bienhechores. Según Herodoto

(8:85), había en Persia unos hombres llamados orosangai, bienhechores del rey. Aman gozaba de

la confianza real, y por lo mismo le admite en su presencia sin necesidad de pedir audiencia. Ni

que decir cabe que su ida a palacio en aquellas primeras horas del día fue por disposición providencial

de Dios. Nótese que el rey no nombra a Mardoqueo al pedir su parecer a Aman. El autor

del libro cuenta los hechos con reticencias y palabras equívocas para hacer más apasionante la

narración. Es difícil creer que Aman propusiera al rey se concedieran honores reales a aquel a

quien el rey quería honrar. No puede concebirse que el orgullo llevara a Aman a proponer tales

1470

honores a un ministro de la corona. Aman cumple la orden de Asuero (v.10-11). En la respuesta

hace el rey hincapié en que no se omita ningún detalle del ceremonial que le ha propuesto. Sabe

el rey que Mardoqueo se hallaba habitualmente en la puerta del palacio real (2:19; 3:2; 5:9).

Aman, corrido (6:12-14).

12 Volvióse Mardoqueo a la puerta del rey, y Aman se fue corriendo a su casa, desolado

y cubierta la cabeza. 13 Contó Aman a Zeres y a todos sus amigos todo lo que le

había sucedido, y sus amigos y Zeres, su mujer, le dijeron: “Si el Mardoqueo ese, delante

del cual has comenzado a caer, es de la raza de los judíos, no le vencerás; antes

de cierto sucumbirás ante él.” 14 Y cuando todavía estaba ella hablando, vinieron los

eunucos del rey y se lo llevaron apresuradamente a Aman al festín que Ester había

preparado.

El autor ama los contrastes. Mardoqueo vuelve a la puerta real, confiado más que nunca en el

éxito de las gestiones que ha emprendido Ester; Aman, corrido, marcha a su casa a ocultar la

humillación que ha sufrido, i Qué diferencia entre ayer y hoy! Sus amigos y aun su mujer le predicen

la derrota. El presagio de Zeres iba a cumplirse fatalmente y más pronto de cuanto podía

sospechar. La presencia de los eunucos en casa, llevándose apresuradamente a Aman, indica que

el desenlace final se aproxima. El banquete que antes esperaba con ansia (5:14), será el anzuelo

en el que quedará prendido. Entre el primer banquete y el segundo corre el espacio de veinticuatro

horas. Por lo cual vemos difícil que en tan poco tiempo se hayan podido desarrollar los acontecimientos

que se narran en el capítulo 6.

Petición de la reina (7:1-4).

1 Fueron el rey y Aman al banquete a casa de Ester. 2 El segundo día dijo el rey a

Ester otra vez durante el festín: “¿Cuál es tu petición, reina Ester? Te será concedida.

¿Qué es lo que deseas? Aunque fuera la mitad de mi reino, la tendrías.” 3 La reina

Ester respondió: “Si he hallado gracia a tus ojos, ¡oh rey! y si el rey lo cree bueno,

concédeme la vida mía: he ahí mi petición, y salva a mi pueblo: he ahí mi deseo.

4Porque estamos vendidos yo y mi pueblo para ser exterminados, degollados, aniquilados.

Si siquiera fuéramos vendidos por esclavos y siervos, me callaría, aunque no

compensaría el enemigo al rey el perjuicio que le haría.”

Corría el segundo día del banquete. Una vez servida la comida, empezóse a escanciar el vino

(5:6). Barruntaba el rey que Ester ocultaba algo muy interesante en su corazón, que no se atrevía

a manifestar. Conforme a la pregunta del rey (v.2), Ester pide que se le conceda la vida y manifiesta

el deseo de que viva también su pueblo. La noticia de que su vida estaba en peligro debió

de impresionar al rey. ¿Es posible que perezca la reina que Asuero ama, y a la cual permitió el

acceso espontáneo a sus aposentos sin que le aplicara la ley? Ester resume el contenido del decreto,

que conocía a través de Mardoqueo (4:8). Ella y su pueblo están vendidos por el precio de

diez mil talentos (4:7); corren peligro de ser exterminados, degollados, aniquilados; tres verbos

que se empleaban en el mencionado decreto (3:13). Aman había invocado motivos de Estado para

matar a los judíos. Ester, en respuesta a las sugerencias de Aman (3:8), hace ver en primer lugar

las desventajas políticas y económicas que supone tal medida.

1471

Ester delata al traidor.

5 Tomó el rey Asuero la palabra y dijo a Ester: “¿Quién es y dónde está el que eso se

propone hacer?” 6Y Ester le respondió: “El opresor, el enemigo, es Aman, ese malvado.”

Aman se sobrecogió de terror ante el rey y la reina. 7 El rey, en su ira, se levantó

y se salió del banquete para ir al jardín del palacio, y Aman se quedó para

pedir la gracia de la vida a la reina Ester, porque veía bien que su pérdida estaba

resuelta en el ánimo del rey.

Asuero montó en cólera y quiso saber quién se había atrevido a proponer semejante despropósito.

Es imposible que el rey no recordara la existencia del decreto contra los judíos y su contenido,

al menos en líneas generales. El autor sagrado no describe la escena tal como sucedió realmente,

sino de una manera dramática, buscando para ello el procedimiento literario que más impresionara

al lector. No revela Ester el nombre del conspirador ni da a entender que se trata de

una persona concreta, individual. Pero el rey, en su respuesta, se interesa inmediatamente por el

nombre del traidor, queriendo averiguar su paradero. La pregunta del rey está formulada en relación

al contexto siguiente. ¿Quiere saber quién es el opresor de los judíos y el que atenta contra

los intereses económicos de la nación? Ahí lo tiene; a su lado está, banqueteando con él y gozando

de su amplia confianza. Podía el rey repetir: “Si un enemigo me agraviara, de buena gana le

sufriría. Si quien me odia se me alzara, de él me pondría a cubierto; pero eres tú, un otro yo, mi

amigo, mi íntimo (Sal 55:15), quien acecha contra mí.” El episodio recuerda el momento en que

Cristo desenmascara al traidor (Mt 26:23). No pudiendo el rey soportar la presencia de Aman,

salióse al jardín. Aman se sobrecogió de temor: Ester le había señalado con su nombre. Ante ella

aparecía como opresor y enemigo de su raza; ante el rey, como enemigo de la prosperidad del

imperio. Si Aman hubiera conocido la ascendencia de Ester, ¿se hubiera atrevido a implorar del

rey el exterminio de los judíos? El autor ha logrado dramatizar la escena, aunque deja en el aire

algunas cuestiones. Por la actitud del rey comprendió Aman que su suerte estaba echada; sólo la

intervención de la reina podía salvarlo. Pero ¿cómo atreverse a pedir perdón a Ester, cuya perdición

tramaba?

Fin de Aman (7:8-10).

8 Cuando volvió el rey del jardín del palacio a la sala del banquete, vio a Aman, que

se había precipitado hacia el lecho sobre el cual estaba Ester, y dijo: “¡Qué! ¿Será

que pretende también hacer violencia a la reina en mi casa, en el palacio?” En cuanto

salieron estas palabras de la boca del rey, cubrieron el rostro de Aman; 9 y Harbona,

uno de los eunucos, dijo en presencia del rey: “En casa de Aman hay una horca,

alta de cincuenta codos, que Aman ha preparado para Mardoqueo,el que habló

para bien del rey.” El rey dijo: “Que cuelguen de ella a Aman.” 10 Y fue colgado

Aman de la horca que él había preparado para Mardoqueo, y se aplacó la ira del

rey.

Recuperada la serenidad, entró de nuevo Asuero en la sala. Al ver a Aman postrado a los pies de

la reina, montó en cólera. El texto hebreo supone que la reina estaba tumbada sobre el diván;

Aman, a sus pies, imploraba clemencia. El texto griego añade: “Suplicaba perdón cogido a las

rodillas de la reina.” No es que Aman tuviera intenciones menos rectas; no era el momento más

apropiado para ello; pero la gravedad de la situación le hizo olvidar las reglas de la etiqueta.

1472

Puede darse también que el autor sagrado haya consignado esta circunstancia insólita para amontonar

nuevos delitos sobre el odiado Aman. A este crimen se añadió otro: el de haber preparado

una horca para colgar de ella a Mardoqueo, a quien el rey acababa de honrar. Harbona (1:10) conocía

el hecho y lo delata al rey, quien, avaro en palabras, ordena “que cuelguen de ella a

Aman.” Cambio total de escena: el rey se apacigua, Ester celebra su triunfo, Mardoqueo ve desaparecer

a su enemigo. A la tempestad sucede la calma; al temor, la confianza. Una vez más reaparece

en este texto el tema bíblico de la rehabilitación del justo y oprimido (Prov 11:8; 26:27;

28:10; Ece 10:8; Eci 27:26; Sal 7:16, etc.)1

Exaltación de Mardoqueo (8:1-2).

1 Aquel mismo día, el rey Asuero dio a Ester la casa de Aman, el enemigo de los judíos;

y Mardoqueo fue presentado al rey, pues le había dado a conocer Ester el parentesco

que a él le unía. 2 Quitóse el rey el anillo que había retirado a Aman y se lo

dio a Mardoqueo. Ester, por su parte, estableció a Mardoqueo en la casa de Aman.

Los acontecimientos se precipitan de manera asombrosa. El rey, voluble, brusco y expeditivo en

sus negocios, se deja fácilmente llevar por el último que le habla, aunque sean sus cortesanos

(1:21; 5:5; 6:10; 7:5). En un día cambia de favorito, dando muerte al que ocupaba el segundo lugar

en el reino y elevando al mismo rango a un empleado de la puerta real. A Asuero le duele la

traición de Aman. A más de condenarle a muerte, dispone que Mardoqueo administre en adelante

los bienes de la casa de Aman (Gen 39:4; 44:1-4; 1 Re 13:8) y vigile los movimientos de sus familiares

hasta que la justicia disponga de otra cosa. Aman era rico (5:11) y tenía muchos hijos

(9:10). Según las leyes i, la propiedad de los ajusticiados pasaba al Estado. El rey entrega la casa

de Aman a Ester como prueba de confianza, y ésta la traspasa a Mardoqueo. Empiezan los judíos

a enriquecerse a costa de su enemigo.

Ester intercede por su pueblo (8:3-6).

3 Volvió después Ester a hablar al rey y, echándose a sus pies llorando, le suplicó

impidiera los efectos de la maldad de Aman, agagita, y la realización de sus proyectos

contra los judíos. 4 El rey tendió a Ester el cetro de oro, y ésta se levantó, quedándose

en pie delante del rey, 5 y le dijo: “Si al rey le place y si le parece justo mi

ruego, y si soy grata a sus ojos, escriba revocando las cartas inspiradas por Aman,

hijo de Hamedata, agagita, y escritas por él para exterminar a los judíos que hay en

todas las provincias del rey, 6 porque ¿cómo podría yo ver que el infortunio alcanzara

a mi pueblo? ¿Cómo podría ver el exterminio de mi raza?”

Ester y Mardoqueo estaban a salvo, pero era menester revocar el edicto de exterminio que pesaba

sobre el pueblo judío desparramado por todo el imperio. El patriotismo de Ester se manifiesta de

nuevo al presentarse por segunda vez al monarca sin haber sido llamada previamente. Por un artificio

literario manifiesto, todo el capítulo 8 es una repetición, casi palabra por palabra, de lo

dicho en 3:8-4:4, pero a la inversa. El paralelismo es perfecto entre la conducta de Aman en sus

relaciones con el rey, la intervención de Ester para liberar al pueblo y las gestiones hechas por

Mardoqueo. Señalamos las siguientes equivalencias: 8,5b-8 = 3:8-11; 8:9-12 = 3:12-13; 8:13-14

= 3:14-15; 8:15-17; 4:1-4.

1473

El rey, bien dispuesto (8:7-8).

1 El rey Asuero dijo a la reina Ester y al judío Mardoqueo: “Yo he dado a Ester la

casa de Aman y él ha sido colgado de la horca por haber extendido la mano contra

los judíos. 8 Escribid, pues, en favor de los judíos lo que bien os parezca en nombre

del rey, y selladlo con el anillo del rey, porque edicto escrito en nombre del rey y sellado

con el anillo del rey, no puede ser revocado.”

Asuero se encuentra en situación embarazosa. Se ha puesto incondicionalmente de parte de Ester

y Mardoqueo. Pero, como el edicto era irrevocable por llevar el sello real (Dan 6:9; 13; 16), sugiere

que se busque una solución para neutralizar con otro lo que se prescribía en el primero. La

solución consistió en otorgar a los judíos autorización y medios no sólo para repeler la agresión,

contando con el apoyo de los órganos gubernativos, sino para vengarse de sus enemigos.

Manos a la obra (8:9-10).

9 Fueron entonces llamados los secretarios del rey el día veintitrés del mes tercero,

que es el mes de Siyán; y se escribió, conforme a lo que fue ordenado por Mardoqueo,

a los judíos, a los sátrapas, a los gobernadores y a los jefes de las ciento veintisiete

provincias, desde la India a la Etiopía, a cada provincia según su escritura y a

cada pueblo según su lengua, y a los judíos según su escritura y su lengua. 10 Se escribió

en nombre del rey Asuero y se selló con el anillo del rey. Enviáronse las cartas

por correos montados en ligeros caballos procedentes de los potreros reales.

Esta sección corresponde exactamente a 3:12-15. La diferencia principal está en que el remitente

es Mardoqueo; entre los destinatarios se mencionan los judíos. Antes eran ellos las víctimas. Estamos

en el mes de Si van (nombre de origen babilónico), por lo cual han transcurrido dos meses

y diez días desde el edicto de Aman (3:12). Durante este tiempo se desarrollaron los hechos narrados

en 4:1-8:2. El uso que hace el autor de los números prueba que maneja libremente la narración.

Privilegios a los judíos (8:11-13).

11 Se daba a los judíos, en cualquier ciudad en que estuviesen, permiso para reunirse

y defender su vida, y para destruir, matar y exterminar a todos aquellos, con sus niños

y mujeres, de cada pueblo y de cada provincia, que tomaran las armas para atacarlos,

y para dar sus bienes al pillaje; 12 y esto en un solo día, en todas las provincias

del rey Asuero, el día trece del duodécimo mes, que es el mes de Adar. 13 Estas

cartas contenían una copia del edicto que había de publicarse en cada provincia, e

informaban a todos los pueblos de que los judíos estarían aquel día prestos a vengarse

de sus enemigos.

En el edicto anterior (3:13) se amenazaba a los judíos con el exterminio total; ahora se les autoriza

a reunirse para defenderse, matar, destruir, exterminar a cuantos les ataquen (Dan 6:25). Se les

autoriza asimismo para incautarse de los bienes de sus perseguidores. Otros textos permiten a los

judíos no sólo defenderse, sino pasar al ataque (8:13; 9:1-16). Esta matanza tendrá lugar el 13 del

mes de Adar, coincidiendo con el día señalado por Aman para acabar con los judíos (3:13).

1474

Renace la alegría (8:14-17).

14 Los correos partieron en seguida con toda prisa por la posta según la orden del

rey. El edicto fue publicado también en Susa, la ciudadela. 15 Mardoqueo salió de la

casa del rey vestido con un vestido real color violeta y lino blanco, con una gran corona

y un manto de lino y de púrpura. 16 Hubo para los judíos luz y alegría, gozo y

honra. La ciudad de Susa lanzaba gritos de regocijo, 17 y en cada provincia y en cada

ciudad, por dondequiera que llegaron la orden del rey y su edicto, hubo entre los

judíos gozo y regocijo, banquetes y fiestas; y muchas de las gentes de los pueblos de

las regiones se hicieron judíos, porque se había apoderado de ellos el temor a los judíos.

Una vez hubo Aman arrancado del rey el edicto de exterminio de los judíos, púsose a banquetear

con Asuero (3:15)· Mardoqueo, en paridad de circunstancias, abandonó el palacio y marchó a su

casa. Anteriormente, con ocasión de su exaltación por Asuero (6:11), había vestido Mardoqueo

vestiduras reales; pero en la actualidad lleva los vestidos que corresponden a su posición de gran

visir. Entre los persas tenían éxito los vestidos amplios y multicolores 2. No son motivos nobles

los que impulsan a los paganos a abrazar el judaísmo; pero el temor puede ser el principio de una

conversión total. Nótese cómo el autor establece la antítesis entre el pueblo judío próximo a desaparecer

(4:13) y la situación privilegiada de que goza en la actualidad. El autor ha probado suficientemente

que Dios, tarde o temprano, se acuerda de su pueblo; que castiga a sus opresores y

da su gracia a los que viven según el pacto de la alianza. A pesar de su apariencia laica, el texto

original hebraico se muestra en el fondo extraordinariamente religioso y adicto a la mentalidad

tradicional hebraica.

1 Heródoto, 1:133. L,a Biblia comen. 9,29

2 Rb (1909) 186-137.

1 Heródoto, 3:129.

Carta de asuero (16:1-22).

En el texto hebraico se habla de la carta y del contenido del decreto que en nombre del

rey enviaba Mardoqueo a las autoridades del reino. El texto griego reproduce íntegramente su

contenido, que llama la atención por su ampulosidad y sus consideraciones de matiz filosófico.

Su mismo texto demuestra que no es una traducción del hebreo. Presenta analogías con los escritos

reales que figuran en 3 Mac 7:1-9.

Destinatarios (16:1).

1 La copia de la carta es como sigue: “Artajerjes, rey grande,, a los gobernadores de

las regiones de las ciento veintisiete satrapías desde la India hasta la Etiopía, y cuantos

entiendan en nuestros negocios, salud.

En contra de lo dicho en 1:2, el autor griego confunde provincias con satrapías; acaso, por extensión,

toma el término satrapía como sinónimo de provincia. Esta confusión puede provenir de la

época relativamente reciente en que fue escrito el libro.

1475

Conducta de los soberbios (16:2-4).

2 Muchos, después de haber recibido honores singulares de la extremada bondad

de sus bienhechores, aspiran a cosas más altas, 3 y no sólo tratan de oprimir a nuestros

subditos, sino que, incapaces de sostener el peso de su dignidad, conspiran hasta

contra el que se la confirió. 4 Y no sólo destierran de entre los hombres la gratitud,

sino que, hinchados por el fausto de su inesperada prosperidad, procuran escapar a

la justicia vengadora de Dios, perpetuo testigo de todas las cosas.

El autor quiere aludir a Aman, que, elevado a la más alta gloria por la extraordinaria bondad del

monarca, se dejó arrastrar por el orgullo, oprimiendo no sólo a los humildes y subditos, sino

conspirando incluso contra su bienhechor.

Peligro que acecha a las autoridades (16:5-6).

5 Con frecuencia, a muchos de los constituidos en la suprema autoridad, la falaz

adulación de aquellos a quienes encomendaron la dirección de los negocios los hace

cómplices de sangre inocente y les causa irremediables males, 6 engañando con la

mentirosa astucia de su malignidad la noble sencillez de los soberanos.

El autor se refiere veladamente al caso de Aman, que, fingiéndose amigo del rey, tutelando aparentemente

sus derechos, lo engañó miserablemente hasta hacerle cómplice de sangre inocente.

Se trata de disculpar al soberano y cargar la culpabilidad sobre Aman. No obstante, no sale Asuero

bien parado, a pesar de las tentativas para disculparle, porque no debía confiar la suerte de una

nación al capricho de un individuo. Es cómplice, por lo mismo, del crimen que rubricó con su

firma.

Ejemplo actual (16:7-9).

7 Esto podemos comprobarlo, no tanto por las historias antiguas, según dejamos

indicado, cuanto por el examen de sucesos que tenéis a la vista, hechos impíamente

consumados por la peste de los indignos gobernantes. 8 Por eso es preciso proveer

para lo futuro, procurando con la paz un reino tranquilo a todos los hombres, 9 realizando

los cambios necesarios y juzgando siempre con equidad los negocios que se

ofrecieren.

Por las palabras anteriores podían barruntar los lectores que la carta, aunque en términos generales,

tenía en vista la situación presente; ahora es el mismo rey quien descubre el misterio.

Se desenmascara al traidor (16:10-14).

10 Vosotros sabéis cómo Aman, hijo de Hamedata, macedonio, enteramente extraño

a la sangre de los persas y sobremanera desconocedor de nuestra bondad, por mí

acogido hospitalariamente, 11 alcanzó la benevolencia que usamos con todas la naciones,

en tanto grado, que fue apellidado nuestro padre y por todos venerado hasta

postrarse a sus pies, dándole un poder correspondiente a la dignidad del trono real.

12 E incapaz de llevar el peso de tanta grandeza, intentó privarme del reino y de la

vida, 13 y con toda suerte de maliciosos engaños trató de perder a mi salvador y

1476

bienhechor constante Mardoqueo y a la irreprochable compañera del reino, Ester,

con toda su nación. 14 Así pensaba él aislarnos y pasar a los macedonios el imperio

de los persas.

El autor de tantos males es un extranjero, “extraño a la sangre de los persas.” Se le llama el “Macedonio.”

Es difícil explicar el porqué el calificativo de agagita (3:1; 8:3) ha sido substituido por

el de macedonio. Acaso el contexto histórico de la narración alude a los conflictos en torno a la

hegemonía entre medos y persas 1. Según Stummer, en tiempos de Alejandro Magno aparecen

los macedonios como enemigos de los persas. Nuestro texto, añade, es originario del tiempo

helenístico. Con estas maquinaciones trataba Aman de entregar a los macedonios el imperio de

los persas. Las acusaciones contra el antiguo ministro son graves y aconsejan que se proceda contra

él con el máximo rigor. La acusación de Aman contra los judíos, culpándoles de falta de patriotismo,

es explotada ahora por los mismos para presentarlo ante la nación como favorecedor

de las aspiraciones colonialistas de los odiados macedonios.

Elogio del pueblo judío (16:15-16).

15 Pero hemos averiguado que los judíos, entregados a la muerte por este consumado

criminal, no son malhechores, antes se gobiernan por leyes santísimas, 16 que son

hijos del Altísimo, sumo y viviente Dios, que conserva el reino en el mejor estado en

favor nuestro, como de nuestros predecesores.

En la presente carta se desmienten las acusaciones contra los judíos. No son ellos malhechores ni

enemigos del género humano. Se rigen por leyes santísimas, que en nada se oponen a la legislación

estatal persiana. Por su fidelidad al Dios suyo son llamados “hijos de Dios” (Ex 4:22; Sab

9:7). Además, rindiendo ellos culto al “altísimo, sumo y viviente Dios,” muestran su patriotismo

por cuanto conserva Dios el reino en el mejor estado.

Ordenes concretas (16:17-24).

17 Por esto haréis bien en no prestar atención a las cartas remitidas por Aman, hijo

de Hamedata, 18 por cuanto el autor de ellas ha sido crucificado a las puertas de Susa

con toda su casa, habiéndole dado sin tardanza su merecido castigo el Dios omnipontente.

19 La copia de esta carta haréis publicarla en todas partes, para que sea

permitido a los judíos vivir según sus leyes, 20 y les prestaréis apoyo para que puedan

rechazar a los que en el día de la tribulación los ataquen, el día trece del mes

duodécimo, de Adar; 21 pues el Dios que todo lo domina, ha convertido en día de

alegría el que estaba señalado para ruina de la nación escogida. 22 Vosotros, pues,

celebraréis con todo regocijo, como una de vuestras festividades, el día señalado, 23

para que ahora y en lo futuro sea día de salud para vosotros y para todos los leales a

los persas, y para los que maquinaban contra vosotros sea de infausta memoria. 24 Y

toda ciudad o región en general que esto no cumpliere* sea inexorablemente destruida

por el hierro y el fuego y hecha inaccesible no sólo a los hombres, sino también

a las fieras y a las aves, y por siempre odiosa.”

De lo dicho anteriormente se saca la conclusión de que el primer edicto real no tiene fuerza de

ley (13:6-7); por eso se recomienda a las autoridades que no presten atención a su contenido. Los

términos con que está concebida la carta hacen dudar de su autenticidad. Es muy difícil creer que

1477

un rey persa convierta en fiesta oficial el día señalado para la destrucción del pueblo judío y ordene

destruir las ciudades y arrasar las regiones que se opusieren a este edicto real. Además de su

tono hiperbólico, la carta quiere ser una apología del pueblo judío, que demuestra los peligros a

que se exponen los enemigos del mismo y aviva la confianza de aquellos judíos que habitan en

territorio extranjero.

1 Heródoto, 3:65.

2 Heródoto, 9:109.

Venganza de los judíos (9:1-19).

Los judíos, en situación ventajosa (9:1-4).

1 Al duodécimo mes, que es el mes de Adar, el día trece del mes, el día en que debía

cumplirse el edicto del rey y en que los enemigos de los judíos habían pensado dominarlos,

fue lo contrario lo que sucedió, y los judíos dominaron a sus enemigos. 2

Reuniéronse los judíos en sus ciudades, en todas las provincias del rey Asuero, para

poner la mano sobre todos aquellos que buscaban su perdición; y nadie pudo resistirlos,

porque el temor de ellos se había apoderado de todos los pueblos. 3 Y todos los

jefes de las provincias, los sátrapas, los gobernadores y los funcionarios del rey,

apoyaron a los judíos, por el temor que les inspiraba Mardoqueo; 4 pues era Mardoqueo

poderoso en la casa del rey, y su fama se esparció por todas las provincias,

porque se hacía de día en día más poderoso.

A consecuencia de la carta de Mardoqueo cambió totalmente el cariz de los acontecimientos señalados

para el 13 del mes de Adar (3:12). Desde el edicto de Mardoqueo hasta el citado día

transcurrieron, según 8:9, nueve meses, durante los cuales pudieron los judíos reunirse (8:11),

organizarse para mejor repeler la agresión, ¿Atreviéronse los persas a molestar a los judíos? Conociendo

el contenido del decreto real y sabiendo que Mardoqueo era “poderoso en palacio,” que

su fama iba en aumento, no es probable que los persas atacaran a los judíos, salvo pocas excepciones.

Matanzas en Susa (9:5-10).

5 Los judíos hirieron a espada a todos sus enemigos, los mataron y los hicieron perecer,

y trataron como quisieron a los que les eran hostiles. 6 En Susa, la ciudadela,

mataron los judíos, haciéndolos perecer, a quinientos hombres, 7 y degollaron a Parsandata,

Dalfón, Asfata, 8 Porata, Adalía, Arudata, 9 Par-masta, Arisai, Aridai y

Baizata, 10 los diez hijos de Aman, hijo de Hamedata, el enemigo de los judíos; pero

éstos no se dieron al pillaje.

Los términos del texto sugieren claramente que había algo más que una defensa. Todos los que

se habían mostrado contrarios a los judíos eran víctimas de los mismos. Aquellos que les resistieron

fueron objeto de malos tratos: “trataron como quisieron a los que les eran hostiles.” ¿Hubo

víctimas de parte de los judíos? Sin duda (9:16), porque no todos se resignaron a morir pasivamente.

1478

Ansiedad del rey (9:11-16).

11 Llegó aquel día a conocimiento del rey el número de los muertos en la ciudadela

de Susa, 12 y el rey dijo a Ester: “Los judíos han matado y hecho perecer en Susa, la

ciudadela, a quinientos hombres y a diez hijos de Aman. ¿Qué habrán hecho en el

resto de las provincias del rey? ¿Qué más pides? ¿Qué más quieres? Se te concederá,

lo tendrás.” 13 Ester respondió: “Si al rey le parece bien, que les sea permitido a

los judíos de Susa obrar también mañana conforme al edicto de hoy, Y Que se cuelgue

en la horca a los diez hijos de Aman.” 14 El rey mandó que así se hiciera, y se

publicó el edicto en Susa. 15 Los judíos de Susa se reunieron de nuevo el día catorce

del mes de Adar, y mataron en Susa a trescientos hombres; pero tampoco se dieron

al pillaje. 16 Los otros judíos que había en las provincias del rey se reunieron y defendieron

su vida, y se procuraron reposo librándose de sus enemigos, y mataron a

setenta y cinco mil, pero no se dieron al pillaje.

Llegó la noticia de la hecatombe a oídos del rey, quien se alarmó por las proporciones que tomaba

la reacción judía. Llevado por dos sentimientos, de ansiedad uno y de satisfacción el otro, se

dirigió a la reina, diciéndole: “¿Qué más pides?” esperando que Ester le manifestara su gratitud y

satisfacción por haber escuchado su ruego. Pero ¡cuál no fue su asombro al escuchar de labios de

Ester la petición de prórroga de la matanza por espacio de otro día! Pero no quiso contrariarla y

accedió a su ruego. La ansiedad del rey estaba muy justificada por las noticias alarmantes sobre

la gran cantidad de víctimas. El texto hebraico habla de setenta y cinco mil muertos; los LXX los

reducen a quince mil, y Luciano a diez mil ciento siete. Como hemos anotado, se exageran extraordinariamente

las cifras con el fin de demostrar a los pueblos e individuos que, en caso de

molestar a los judíos, se exponen a sufrir un castigo ejemplar.

Día conmemorativo (9:17-19).

17 Esto sucedió el día trece del mes de Adar. Los judíos se aquietaron el catorce,

haciendo de él un día de banquetes y regocijo. 18 Los que había en Susa, que se habían

reunido el trece y el catorce, se aquietaron el quince, haciendo de él un día de

banquetes y regocijo. 19 Por eso los judíos del campo, que habitan ciudades no amuralladas,

hacen del día catorce del mes de Adar un día de banquete y de fiesta, en

que se mandan presentes los unos a los otros.

Señala el autor las razones históricas que dieron origen a la fiesta de Purim. Los judíos cumplieron

matemáticamente la orden contenida en la carta de Mardoqueo. El 13 de Adar, los judíos de

las provincias se vengaron a placer de sus enemigos, apoyados por las autoridades, exterminando

a cuantos se habían mostrado contrarios a ellos. La petición de Ester hizo que se prorrogara otro

día la matanza en Susa, destinando uno a los antijudíos de la ciudadela y otro a los de la población

de Susa. Con ello se explica el porqué, en tiempos del autor, las gentes de provincia anticipaban

en un día la fiesta de la liberación. Acaso se trata de una explicación popular de un hecho

que no tiene justificación histórica.

Institución de la fiesta de Purim (9:20-22).

20 Mardoqueo escribió estas cosas y envió cartas a los judíos de todas las provincias

del rey Asuero, cercanas y lejanas, 21 mandándoles celebrar todos los años el día ca1479

torce y el quince del mes de Adar, 22 como días en que habían obtenido el reposo, librándose

de sus enemigos, y celebrar el mes en que su tristeza habíase convertido en

alegría, y su desolación en regocijo; y de hacer de estos días días de festín y de alegría,

en que se mandan presentes los unos a los otros y se distribuyen dones a los indigentes.

Nos hallamos en la parte jurídica del libro de Ester. Algunos creen que la sección 9:20-32 procede

de una fuente distinta de la del resto del libro, presentando un estilo propio, que se caracteriza

por las repeticiones e insistencia en los mismos temas. Según Patón, pudo el autor encontrar esta

sección en una antigua historia judía.

Mardoqueo, en su calidad de jefe religioso, se dirige a todos los judíos de cerca y de lejos

(Is 57:19; Jer 25:26; Dan 9:7), encareciéndoles la celebración de la fiesta de la liberación. El día

del triunfo de los judíos se celebrará con ruidosos banquetes (16:22; 9:17), en los cuales se beberá

vino en abundancia, permitiéndose la bebida hasta el límite de no poder distinguir entre las

palabras “maldito sea Aman” y “bendito sea Mardoqueo.” La fiesta tuvo siempre un carácter

profano, alcanzando proporciones comparables a la de los carnavales, vistiendo las mujeres trajes

de hombre y adoptando éstos la indumentaria femenina. En un principio prescribía el Talmud

(Meg. 2a) que en los pueblos se leyera el libro de Ester el día 14 de Adar, y en ningún caso antes

del 11 ni después del 14. La lectura en las sinagogas era interrumpida con imprecaciones contra

los enemigos del pueblo judaico. En conmemoración del ayuno de Ester (4:3-16) se observó un

día de ayuno.

Adopción oficial de la fiesta (9:23-28).

23 Los judíos se comprometieron a hacer lo que ya habían comenzado y les mandaba

Mardoqueo; 24 porque Aman, hijo de Hamedata, agagita, enemigo de todos los judíos,

había concebido el proyecto de exterminarlos y había echado el “pur,” es decir,

la suerte, para matarlos y exterminarlos; 25 pero, habiéndose presentado Ester al

rey, mandó el rey por escrito hacer recaer sobre la cabeza de Aman el maligno proyecto

que él había hecho contra los judíos, y le colgó de la horca a él y a sus hijos.26

Por eso se llaman estos días “purim,” del nombre de “pur.” Conforme al contenido

de esta carta, según lo que ellos mismos habían visto y les había sucedido, 27 los judíos

tomaron por ellos, por su descendencia y por todos aquellos que a ellos se unieron,

la resolución y el compromiso irrevocable de celebrar cada año estos dos días al

modo y al tiempo prescritos. 28 Estos días habían de ser celebrados y recordados de

generación en generación, en cada familia, en cada provincia y en cada ciudad, y estos

días de “purim” no habían de ser jamás abolidos entre los judíos, ni borrado su

recuerdo entre sus descendientes.

Los judíos se habían adelantado a los deseos de Mardoqueo, ya que celebraban la fiesta con anterioridad

y conforme a lo que se les dijo en la carta (16:22). Pero, al recibir el nuevo escrito de

Mardoqueo, determinaron prorrogar la fiesta un día más,

Intervención de Ester en favor de la fiesta (9:29-32).

29 La reina Ester, hija de Abigaíl, y el judío Mardoqueo escribieron con instancia a

los judíos por segunda vez para confirmar su carta acerca de los “purim,” 30 y se

mandaron cartas a todos los judíos, a las ciento veintisiete provincias del rey Asue1480

ro. Contenían palabras de paz y fidelidad, prescribiendo los días de “purim” al

tiempo fijado, 31 como el judío Mardoqueo y la reina Ester los habían establecido,

para ellos y para toda su posteridad, y añadiendo prescripciones de ayunos y lamentaciones.

32 Así, la orden de Ester confirmó la institución de los “purim,” y esto fue

escrito en el libro.

La carta escrita por Mardoqueo (v.23-24) iba refrendada por Ester con el fin de asegurar más su

cumplimiento. ¿Supone esto que la primera carta de Mardoqueo (v.20-22) no consiguió la finalidad

que pretendía? Como el lector puede observar, presenta el texto gran número de repeticiones,

que engendran confusión. A partir de 9:19 se habla de la doble manera de celebrar la fiesta de

purim. En g.26b se la considera como de origen tradicional, y en 9:20.26a.29 como institucional.

Tres cartas se mencionan: dos de Mardoqueo (9:20-22; 9:24-26) y una de Ester (9:29-32). En

esta última aparece la noticia inesperada de que los judíos deben prepararse a esta fiesta con ayunos

y abstinencias. La fiesta de Purim celebróse desde muy antiguo. La recuerdan el 2 Mac

15:36-37, con el nombre de “día de Mardoqueo,” y Flavio Josefo (11:6:11-13). Según el Talmud,

el día 13 había reunión en la sinagoga y se distribuían limosnas a los pobres.

Interpretación del sueño (10:5-13).

5 Y dijo Mardoqueo: “Del Señor viene esto. Recuerdo, en efecto, el sueño que acerca

de estos sucesos tuve, de los cuales ninguno ha quedado sin cumplimiento: 6 la fuentecilla

que se convirtió en río de muchas aguas y la lucecita convertida en sol. El río

es Ester, a quien el rey tomó por esposa, haciéndola reina. 7 Los dos dragones éramos

yo y Aman, 8 y las naciones son las que se juntaron para acabar con el nombre

judío. 9 Mi pueblo es este mismo Israel, los que clamaron a Dios y fueron salvos.

Salvó el Señor a su pueblo y nos sacó de todos estos males, haciendo señales y prodigios

grandes, cuales no se vieron entre las naciones. 10 Por esto estableció dos suertes:

una para el pueblo de Dios y otra para todas las otras naciones. n Y estas dos

suertes han llegado a su hora y tiempo, es decir, en el día del juicio delante de Dios.

12 Y se acordó el Señor de su pueblo y salió por la causa de su heredad. 13 Por esto

serán celebrados por ellos estos días en el mes de Adar, los días catorce y quince del

mes, con grande concurso, alegría y exaltación, delante de Dios, de generación en

generación para siempre, en el pueblo de Israel.”

El redactor griego empezó el libro narrando un sueño que tuvo Mardoqueo, con lo cual quería

poner de relieve la intervención providencial de Dios en la trama de esta historia. Transcurridos

aproximadamente once años, vuelve Mardoqueo su mirada hacia atrás y, después de un examen

ponderado de los hechos, reconoce que todo cuanto ha acaecido fue predicho y anunciado

de antemano por Dios.

Epístola sobre los “Purim.”

El año cuarto del reinado de Tolomeo y Cleopatra, Dositeo, que se decía sacerdote y

levita, y Tolomeo, su hijo, trajeron la presente epístola sobre los “purim,” que dicen

ser auténtica y haber sido traducida por Lisímaco el de Tolomeo, vecino de Jerusalén.

1481

El autor del texto griego fue, probablemente, algún jefe de la comunidad judaica. Dice haber recibido

“la presente epístola sobre los purim,” a saber, el libro de Ester, de la comunidad de Palestina

(2 Mac 2:14-16). Defiende su autenticidad, afirmando que es una traducción hecha por

Lisímaco, hijo de cierto Tolomeo, perteneciente a la comunidad de Jerusalén. Una vez conocido

el origen del texto, se añade que Dositeo, “que se decía sacerdote y levita,” lo introdujo en Egipto.

Ambos, Dositeo y su hijo Tolomeo, tienen interés en hacer constar que esta traducción de Ester

es la mejor y que, por lo mismo, debe recibirse. Además debe notarse la noticia de que el libro

procedía de Palestina, lo cual prueba la dependencia de los judíos de la Diáspora de las autoridades

de Jerusalén en cuestiones disciplinares y cultuales. ¿Cuándo el libro fue introducido en

Egipto? No es posible dar una respuesta definitiva, por ser muchos los Tolomeos que reinaron en

Egipto, unos trece, y ser muy común el nombre de Gleopatra. Los pareceres se inclinan preferentemente

entre las dos siguientes parejas reales: 1) Tolomeo VIII, Soter II, llamado Latiré (116-

80), casado sucesivamente con Cleopatra IV y V; 2) Tolomeo XIV (51-44 a.C.), que asoció al

imperio a su hermana Cleopatra. Fue ésta derrotada por Octavio Augusto en la batalla de Accio

el año 30.

Colofón (10:1-4).

1 El rey Asuero impuso un tributo a la tierra y a las islas del mar. 2 Todos los hechos

concernientes a su poderío y sus hazañas y los pormenores de la grandeza a que elevó

a Mardoqueo, ¿no están escritos en el libro de las crónicas de los reyes de los medos

y de los persas? 3 Pues el judío Mardoqueo era el primero después del rey Asuero,

muy considerado entre los judíos y amado de la muchedumbre de sus hermanos;

4 buscó el bien de su pueblo y habló para el bien de su raza.

La mención del tributo tiene como finalidad poner de relieve la grandeza del imperio persa, que

se extendía desde la India hasta Etiopía, abarcando también las islas costeras del Asia Menor. De

todo este inmenso poderío y de los hechos más salientes del rey queda una relación pormenorizada

en los anales de los reyes medos y persas. En aquellas crónicas se han consignado los

hechos de Mardoqueo, y allí se inspiró nuestro autor para componer el libro. Acaso esta noticia

tenga sólo un valor literario, llevado su autor por el afán de imitar el estilo empleado en los libros

de los Reyes (1 Re 11, 41; 14:19-29, etc.).

El libro de Ester quiere ser una apología del pueblo judío. La raza judía no morirá, por

encarnizados que sean sus enemigos. Al contrario, quien se atreva a maquinar su ruina recibirá

un justo castigo. Porque, aunque Israel sea una nación despreciable a los ojos de los hombres, es

en realidad invencible, porque cuenta con la protección de su Dios. Sean o no históricos muchos

de los pormenores del libro, no podrá negarse que el libro de Ester encierra una lección provechosa,

tanto para el pueblo judío como para sus enemigos. Israel no debe perder nunca sus esperanzas

ni temer su aniquilamiento; sus enemigos deben escarmentar en la cabeza de Aman, porque

todo el que tocare a Israel será barrido, como lo fue aquél. Aunque parezca lo contrario, Dios

vela siempre por su pueblo, al cual defiende y protege tan pronto como implora su auxilio. Como

la madre no puede olvidar a su hijo, tampoco Yahvé olvidará a Israel.

1482

Macabeos.

Introducción.

En las épocas asmonea y herodiana vieron la luz pública cuatro libros que llevan el título que

encabeza estas líneas. El primero y segundo forman parte integrante del canon cristiano, mientras

que el tercero y el cuarto, que ya en tiempos de Eusebio y Orígenes llevaban el mismo título que

ostentan hoy, han sido relegados entre los apócrifos. En el tercero se narran los designios de Tolomeo

IV Filopator contra los judíos de Egipto. Libro escrito probablemente en Alejandría antes

del año 70 antes de Jesucristo, se distingue por la pureza de su lengua y estilo y por un vocabulario

rico y esmaltado de palabras raras 1. El IV libro de los Macabeos está escrito en forma de discurso,

en el que se comenta ampliamente el martirio de Eleazar y de los siete hermanos Macabeos.

En un tiempo formó parte de la Biblia cristiana 2.

Macabeos.

La palabra se encuentra en los manuscritos más antiguos. El título Makkabaion se lee en

los códices Sinaítico y Alejandrino. En el primero aparece la forma antigua de Makkabaikón.

Desde fines del siglo II y en el ni, los autores eclesiásticos griegos designaban los dos primeros

libros con el título de t a makkabaika. Entre los escritores latinos suelen citarse: Líber primus, o

líber secundus Maćeha-baeorum. Por vez primera este nombre se da a Judas (1 Mac 2:4-16; 2

Mac 8:5-16; 10:1-16), pasando luego, por extensión, a sus hermanos y sucesores.

No es fácil determinar qué significa este término. Descartada la interpretación cabalística

y la que propuso S. I. Curtiss 3, recogemos las dos que hoy están más en boga. Unos (Perles,

Grand-Claudon, etc.) derivan el vocablo del hebreo maqqebeth Que 4:21; Jer 10:4) o de la palabra

aramaica maqqaba, con el significado de martillo, por haber machacado ellos duramente a

los enemigos o por tener Judas la cabeza en forma de martillo. Zeitlin, Bevan, Abel y Penna

creen que macabeo viene de la raíz naqab, que significa nombrar (Is 62:2) 4. Originariamente el

libro I de los Macabeos llevaba el título hebraico Sarbeth-Sarbanaíel, cuya significación todavía

no ha sido explicada satisfactoriamente 5. Recientemente A. Yadrijevic 6 cree que el título del

libro I es Angustíae filiorum Dei; el del segundo, Angustiae templi.

I Macabeos.

Autor.

Se ignora su nombre. Por el libro puede colegirse que fue un judío de Palestina conocedor

de la topografía del país, versadísimo en la lengua bíblica, admirador ferviente de la familia asmonea,

desde el padre hasta el último miembro de la familia que el autor conoció. Por razón de

la minuciosidad histórica de que hace gala, se cree que fue testigo ocular de la mayoría de los

hechos que refiere y que siguió de cerca y con entusiasmo todos los esfuerzos de los Macabeos

para el triunfo de la causa del judaismo ortodoxo. Nada se sabe de su condición; unos suponen

que pertenecía a la casta sacerdotal, otros lo niegan. También los críticos andan divididos al querer

adivinar su ideología. Para unos fue de ideas y tendencias saduceas (Üesterley, Geiger, Abel);

1483

para otros, un filofariseo. Lo cierto es que no oculta sus simpatías por la dinastía asmonea. Según

él, nadie puede suplantarles en la dirección de la guerra.

Fecha de composición.

En esta cuestión procedemos también por conjeturas. Del autor hemos dicho que fue un

ferviente admirador de la familia de los asmoneos; la meticulosidad de los hechos que narra revela

que fue testigo ocular de los mismos. Ahora bien, pudo él recordar perfectamente los hechos

que se desarrollaron en Palestina desde la muerte de Antíoco IV Epifanes (año 175 a.C.) hasta el

reinado de Juan Hircano (135-104 a.C.). No es posible señalar el término a quo de la composición.

Pudo empezarlo en tiempos de Simón, o también antes, y terminarlo en los días del reinado

de Juan Hircano (16:23), cuyo texto se aduce para probar que la obra fue acabada después de la

muerte de Juan Hircano (año 104 a.C.). A este texto se acogen muchos exegetas y críticos para

señalar la fecha de la composición del libro: Oesterley la fija entre el 90-70; Abel Bentzen, Schürer,

Kautzch, 100-90; Lods, 100-60; Grimm, 105-64. Pero se puede dudar de la autenticidad literaria

de los dos últimos versículos del libro, que pueden ser una adición post scriptum del editor,

del traductor o de cualquier otro. Más posibilidades caben para señalar el término ad quera. Los

sucesores de Aristóbulo y Alejandro empañaron la gloria de sus antepasados. Si el autor hubiera

sido testigo de su conducta, hubiera frenado sus entusiasmos por la dinastía asmonea. Una fecha

tope es el año 63 a.C., en que Pompeyo el Grande profanó brutalmente el templo de Jerusalén,

granjeándose con ello el odio de los judíos. Este hecho es incompatible con la simpatía que el

autor siente por los romanos (8:1-32; 12:1; 14:40). En definitiva, la fecha de la composición del

libro va desde el año 140 (Torrey, Oesterley) hasta el 63 antes de Cristo (Loos).

Fuentes.

En contra de las tentativas de J. von Destinon 7 y Lods 8, no puede ponerse en duda la

homogeneidad del libro I de los Macabeos 9. A lo más, podríamos considerar como adición posterior

los v.23-24 del c.16. En todas las páginas anteriores existe trabazón perfecta y una idea

rectora, que procede de un mismo autor. Hasta qué punto cada uno de los hechos que se narran

proceden de la información ocular o de un testimonio oral o escrito, es imposible determinarlo.

Acaso haya en 9:22 una alusión a un texto que refería la historia de Judas Macabeo, que el autor

tuvo entre manos.

A la información personal, oral o escrita, se añade la consulta de los archivos oficiales, de

los cuales transcribió el autor algunos documentos que se insertan. Pudo copiarlos textualmente,

traducirlos a veces del texto original (hebraico o latino), abreviarlos, simplificarlos, amplificarlos,

con el empleo masivo de la retórica, resumirlos libremente o limitarse a extractar uno u otro

punto para colocarlo en un contexto no del todo homogéneo. Del hecho de transcribir un documento

no se infiere que el autor apruebe su contenido en todos sus pormenores. Los documentos

que se intercalan en el texto son: 1) carta de los israelitas de Galaad (5:10-13); 2) carta de los

romanos a Judas (8:1-32); 3) carta de Alejandro Balas a Jonatán (10:18-20); 4) carta de Demetrio

I a Jonatán (10:25-45); 5) carta de Demetrio II a Jonatán (11:30-37); 6) carta de Antíoco VI a

Jonatán (11:57); ?) carta de Jonatán a los de Esparta (12:6-18); 8) carta de Ario a Onías (12:20-

23); 9) carta de Demetrio II a Simón (13:36-40); 10) carta de los espartanos a Simón (14:20-23);

n) carta de Antíoco VI a Simón (15:2-9); 12) carta del cónsul Lucio a Tolomeo (15:16-21); 13)

inscripción en honor de Simón (14:27-45).

Algunos críticos han impugnado su autenticidad, siendo Willrich 10 el que lleva en esto la

voz cantante, coreado débilmente por algunos otros 11. Actualmente convienen todos en admitir

1484

la autenticidad de conjunto. No existe fundamento alguno para afirmar que el autor ha inventado

los documentos o de que los haya falsificado intencionadamente. Ni de la misma carta de Ario a

Onías (12:20-23) existen razones contra su autenticidad.

En el libro se encuentran algunas secciones poéticas que sugieren la idea de una colección

de cantos populares compuestos con ocasión de la guerra santa (1:25-28; 1:37-40; 2:8-12;

3:3-9; 14:14-15). Otros autores atribuyen estas secciones al autor mismo, que las compuso con el

intento de imitar los cánticos del Salterio y de las Lamentaciones.

Carácter histórico.

No se han puesto objeciones graves contra el valor histórico del libro considerado en su

conjunto. Puede discutirse este o aquel detalle (1:6; 8:1-32); poner en tela de juicio la autenticidad

plena de este o aquel documento (12:5-23), pero todos están acordes en admitir un fondo histórico

firme y real. Aún más, por ser el autor contemporáneo de los sucesos que narra, se concede

mucha importancia a algunos detalles históricos, a las noticias interesantes y concretas sobre

topografía macabaica, al enfoque general de su historia y a las noticias sobre el carácter y temperamento

de sus héroes. A ello, como hemos dicho, se añade el uso de documentos de primera

mano.

Género literario.

No se puede juzgar la historia antigua según los cánones de la crítica histórica moderna.

Nuestro autor es hijo de su tiempo, y de conformidad a los gustos de sus lectores escogió los

modos de decir y narrar que emplea. Para él Israel es el centro hacia donde convergen todas las

miradas del universo. Dos mundos se enfrentan en su libro: el paganismo y el judaismo. Aquél

contaba con fuerzas militares formidables (3:38; 4:28; 15:13, etc.), en contraste con el diminuto

ejército israelita. Sin embargo, a veces el número de soldados judíos se exagera notoriamente

(4:34; 12:41) 12. El fenómeno es propio de la literatura patética, y, en general, de toda la historiografía

antigua (Heródoto). Las cifras que llaman nuestra atención no creaban ninguna dificultad a

los lectores inmediatos del libro. A menudo el autor no da a una determinada cifra un valor absoluto.

En hebreo se emplea la palabra rebaba, muchedumbre, para expresar el número diez mil,

que en plural o dual puede significar el doble.

Otra característica de la historiografía antigua son los discursos que se ponen en boca de

los héroes y personajes que entran en escena. Es propio de la historia semítica antigua atribuir a

los personajes aquellas ideas o reacciones de ánimo que brotan o se experimentan en determinadas

circunstancias bajo los efectos de una impresión especial. Sistemáticamente se muestra parcial

al ocultar los reveses de los judíos y poner de relieve las derrotas, defectos y designios malos

de los enemigos de Israel. Pero, como señala certeramente Abel, su parcialidad no llega al extremo

de convertir en victoria lo que fue humillante derrota (2 Mac 13:9-24, que parece contradecir

a 1 Mac 6:28-63). En sus páginas hallan eco palabras y frases de la antigua literatura

hebraica, que el autor conocía perfectamente y que asimiló. En fin, si los métodos históricos usados

no se ajustan a los que utiliza la historiografía moderna, cabe, sin embargo, decir que no por

ello desmerece el fondo histórico del libro.

Cronología.

La cronología y geografía, llamadas los ojos de la historia, ocupan un lugar de honor en

nuestro libro. Multitud de fechas y datos concretos se encuentran en él. El autor utiliza el calen1485

dario seléucida y enumera los meses según la costumbre judía. Sabido es que la era seléucida

empieza el año 312 con la conquista de Babilonia por Seleuco. Pero el cómputo difiere según

que el año empiece en primavera o en otoño. En Siria y Occidente empezaba el año con el mes

de Tishri (septiembre-octubre), es decir, el año 312. En Babilonia comenzaba el mes de Nisán

(marzo-abril) del año 311. De ahí que, según los lugares, haya en el cómputo una diferencia de

un año.

¿Qué cómputo siguen los libros de los Macabeos? Unos admiten el mismo cómputo en

ambos libros (Kugler, Meyer, Lagrange, Grandclaudon) a partir del año 312; otros distinguen un

cómputo a partir del año 312 para los asuntos profanos y del 311 para noticias de carácter religioso

(Vaggar1). Gibert, Kolbe, Unger, Bickermann y Abel sostienen que, para el autor del libro

I de los Macabeos, el primer año de los seléucidas empieza el 311; para el del segundo, el año

312. Ninguno de los dos cómputos puede resolver todas las dificultades cronológicas que surgen

de la confrontación de las fechas de nuestros libros con otros documentos paganos. Nos atenemos

al cómputo de Abel.

Doctrina religiosa.

En ninguna parte del libro se menciona de manera explícita el santo nombre de Dios, que

es sistemáticamente sustituido por otras expresiones, tales como cielo (3:50-60; 4:10-40; 9:46;

12:15; 16:2). Esta ausencia de los nombres que se emplean en la literatura bíblica para designar a

Dios se suple en las versiones. Este mismo fenómeno hemos encontrado en el libro de Ester. Pero

tanto en éste como en el i de los Macabeos, aunque se excluya el nombre de Dios en sus páginas,

su presencia se adivina en cada una de ellas. Era tal el respeto que se tenía por estos nombres

venerables, que nadie se atrevía a pronunciarlos, reservándose su uso exclusivamente a

los sacerdotes durante el ejercicio del culto. Toda la historia de los Macabeos es eminentemente

religiosa, y la idea de Dios domina en todos los renglones del libro. Siente el autor gran simpatía

y celo por la Ley y las antiguas instituciones (1:15; 3:21; 14:14), por el templo y la Ciudad

Santa (1:21; 2:7; 4:38.59; 7:37.42; 9:54·)·Conoce maravillosamente los libros sagrados, a los

cuales tiene gran devoción (3:48; 12:9) y cita diversas veces (2:52-60; 7:17). Las cosas indecisas

y difíciles de resolver se reservan al juicio del profeta que ha de venir (4:46; 9:27; 14:41).

Canonicidad.

No sabemos si en algún tiempo formó parte del canon judío palestinense. Se encuentra en

la versión de los LXX, que refleja el canon judío alejandrino. En la tradición cristiana influyó

el recelo y la animosidad de los judíos contra él. Lo encontramos en los antiguos catálogos

mommseniano y claramontano (s.III). El concilio Florentino (1442) lo incluyó en el canon de los

libros sagrados. El concilio Tridentino confirmó la doctrina del Florentino y quitó toda distinción

entre libros proto y deuterocanónicos.

Texto.

El texto original hebraico se ha perdido. La versión griega se ha conservado en los códices

unciales: Sinaítico, Alejandrino y Véneto, y en muchos minúsculos. El texto más antiguo parece

ser el de los códices Sinaítico y Véneto. De esta versión existe la edición crítica preparada

por A. Rahlfs 13, que se basa en el Sin. y tiene en cuenta las antiguas traducciones latinas (De

Bruyne). Otra versión crítica del texto griego se debe a Werner Kappler 14. La versión latina fue

publicada por D. de Bruyne y Sodar 15. Según De Bruyne, la antigua traducción latina reproduce

1486

un texto anterior y mejor que el retransmitido por los antiguos unciales griegos.

1 Véase H. Willrich, Der historische Kern des III Makkabaerbuches: “Hermes,” 39 (1904) 244-258.

2 Véase A. Dupont-Sommer, Le quatriéme Uvre des Machabées (París 1939).

3 The Ñame Maccabee historically and philologically examined (Londres 1876).

4 A. A. Bevan, The Ongin of the Ñame Maccabee: “The Journal of Theological Studies,” 30 (1929) 190-

193-

5 A. Schulte, Der hebraiche Titel des ersten Makkabaerbuches: “Biblische Zeitschrift,” 7 (1909) 254ss; J.

Boehmer, Sarbeth Sarbanaiel: “Theologische Studien und Kritiken,” 73 (1903) 332-338.

6 Tria Aenigmata hebraica librorum Machabaeorum: “Antonianum,” 33 (1958) 267.

7 Die Quellen des Fl Josephus (Kiel 1882).

8 Histoire de la littérature hebraique et juive (París 1950). 780

9 E. W. Ettelson, The Integrity of I Maccabeos (New Haven 1925).

10 Urkundenfalschungen in der hellenistisch-jüdischen Literatur (Gottingen 1924).

11 Oesterley, Apocrypha (Oxford 1913); Introduction ία the Qooks of the Apocrypna (Londres 1935);

LODS, l.c., etc.

12 Otros ejemplos en Knabenbauer, 17; Bévenot, 34-35.

13 Septuaginta (Stutgart 1935).

14 Septuaginta. Vetus Testamentum graecum auctoritate societatis litterarum Gottingensis editum vol.9

fasc.1: Maccabaeorum líber primus (Góttingen 1936).

15 Les anciennes traductions latines des Macchabées (Maredsous 1932).

Introducción (1:1-66).

Alejandro Magno (1:1-10).

1 Sucedió que Alejandro el Macedonio, hijo de Filipo, una vez hubo salido del país

de los Kittin y derrotado a Darío, rey de los persas y de los rnedos, reinó en su lugar,

primeramente en Grecia. 2 Combatió muchas batallas, expugnó muchas fortalezas y

dio muerte a reyes de la tierra. 3 Atravesándola hasta sus fronteras, se apoderó de

los despojos de la muchedumbre de pueblos, y la tierra enmudeció a su presencia. 4

Juntó poderosos ejércitos, 5 sometió provincias nacionales y reyes, que le pagaron

tributo. 6 Después de todo esto guardo cama y tuvo el presentimiento de que se moría.

7 Llamando a sus oficiales, los nobles que con él se habían criado desde su juventud,

dividió aún en vida su reino entre ellos. 8 Había reinado Alejandro doce años

cuando le arrebató la muerte. 9 Sus generales hiciéronse cargo del poder, cada uno

en el lugar que le toco en suerte. 10 Todos ciñeron la corona después de su muerte, y

sus hijos después de ellos durante muchos años, llenando la tierra de males.

Con un rápido bosquejo histórico señala el autor las raíces de la situación política y religiosa de

Palestina, contra la cual se levantó la dinastía asmonea. Este resumen histórico ocupa todo el capítulo

primero. En el verano del año 336 fue asesinado Filipos, sucediéndole en el trono su hijo

Alejandro, a la sazón de veinte años de edad. El año anterior (335) subió al trono su futuro rival,

Darío III Codomano, por gracia del eunuco Bagoas. En el pecho del joven macedonio hervía el

deseo de vengar las ofensas que había infligido a Grecia el imperio persiano. Una vez afianzado

en el trono y reforzadas las fronteras de Macedonia, cruzó los Dardanelos en la primavera del

año 334, al frente de treinta mil soldados de infantería y cinco mil de caballería. Le seguía un

reducido número de letrados, entre los cuales descuella Tolomeo, que recibió el encargo de tener

al día la Crónica de los acontecimientos. Apenas desembarcó en Abidos, consiguió la gran victo1487

ria de Granico (mayo-junio del año 334), que le abrió las puertas de Asia. A medida que se internaba

iban cayendo en su poder las ciudades costeras. En octubre del año 333, la victoria sobre

Darío Codomano abre al helenismo las puertas de Oriente. Las bases de Adrados, Biblos y Sidón

se le rinden; Tiro cerróle sus puertas. Después de seis meses de sitio cayó la ciudad en su poder

(julio del año 332). En su marcha hacia el sur sitió a Gaza, que se le rindió a los dos meses. En

noviembre del año 332 llega victorioso al valle del Nilo. En la primavera del 331 se encuentra

nuevamente en Tiro, en donde organizó la provincia siro-palestinense.

Cuenta Flavio Josefo que, después de la conquista de Gaza, Alejandro visitó Jerusalén, en

donde fue acogido con grandes honores por parte del pueblo y del sumo sacerdote Yaddúa, ofreciendo

sacrificios en el templo y concediendo grandes favores al pueblo judío. Se cree que esta

noticia es una pura leyenda.

Ante los grandes triunfos de Alejandro enmudeció la tierra (Jue 3:11-30; 2 Crón 13:23; Is

14:7), por lo que su corazón se engrió y llenó de orgullo, hasta el límite de reclamar para sí

honores divinos. En el oasis de Siwa, los sacerdotes legitimaron su advenimiento al trono de los

faraones, declarándolo hijo de Dios. A estas locas pretensiones alude el autor del libro, ya que

“nacimiento divino y dominación universal son dos pretensiones inseparables” 2. El autor del libro

juzga a Alejandro por la fama que de él se ha conservado entre el pueblo, sin pretender estudiar

a fondo el alma y las gestas del famoso general macedonio.

La muerte le sorprendió antes de nombrar sucesores. Al preguntársele en vida cuál sería

su sucesor, respondió: “El mejor” 3. Es posible que en vida manifestara vagamente su pensamiento

sobre quiénes debían sucederle a su muerte. El autor sagrado no quiere entrar en detalles.

Cualquiera que fuese la última voluntad del conquistador, el texto sagrado tiene en cuenta preferentemente

el hecho histórico de la división de mando entre los más conspicuos generales, faltando

una sucesión dinástica directa (Dan 11:4). Rábano Mauro explicaba el texto bíblico de la

siguiente manera: “Dividió, a saber: dejó que su reino se dividiera.” En el consejo de oficiales se

sistematizó la sucesión de Alejandro. Por unos veinte años, el imperio único sobrevivió a los conatos

de las fuerzas disolventes. Las intrigas empezaron entre los Diádocos, o sea, los sucesores,

eliminándose uno a otro. Después de la victoria naval contra Tolomeo en Salamina de Chipre,

año 306, Antígono se arrogó el título de rey, ejemplo que imitaron Tolomeo en Egipto, Lisímaco

en Tracia, Seleuco en Babilonia, Gasandro en Macedonia. Prácticamente, Palestina sólo tuvo roces

con los lágidas y los seléucidas, especialmente en el período comprendido entre el año 280 al

219 antes de Cristo. Durante todo este espacio de tiempo “se multiplicaron los males sobre la

tierra.” El peor de ellos para el autor sagrado fue la penetración en tromba de la cultura griega, en

el amplio sentido de la palabra, en Palestina, con graves amenazas para el judaísmo tradicional.

El retoño de iniquidad (1:11).

11 De ellos salió un retoño de pecado, Antíoco Epifanes, hijo del rey Antíoco, que estuvo

en Roma como rehén y se apoderó del reino el año 130 de la era de los griegos.

Antíoco III el Grande (223-187 a.C.) fue derrotado en Magnesia el año 190. Entre las cláusulas

del armisticio firmado en Apamea figuraba la de entregar veinte rehenes, a elección de los romanos,

entre los que estaba su hijo menor, Antíoco. Los impuestos de guerra que P. Escipión el

Africano impuso a Antíoco vaciaron las arcas reales de Siria. Para llenarlas, el rey asaltó de noche

el templo de Bel, en Elimaida, pereciendo en manos de los defensores del santuario. La

misma necesidad de dinero retuvo en todo tiempo la atención de su hijo Seleuco IV Filopator

1488

(187-175), reducido a la condición de agente de tasas. Enterado por Apolonio de Tarso de las

riquezas existentes en el templo de Jerusalén, mandó a su ministro Heliodoro con la misión de

que se apoderara de ellas (2 Mac 3:1-34). Poco después el rey murió en manos de Heliodoro. Un

año antes (175 a.C.), su hijo Demetrio fue enviado a Roma en calidad de rehén, en lugar de Antíoco

IV Epifanes. “Este retoño de iniquidad,” como le llama nuestro autor, tuvo noticia en Atenas

de la muerte de su hermano Seleuco. Con la ayuda de Eumenio II de Pérgamo apoderóse del

trono que dejó vacante su hermano. Para los judíos fue Antíoco un usurpador; “un hombre despreciable

ocupará su puesto, sin estar revestido de la dignidad real. Pero sobrevendrá de improviso

y se apoderará del reino por la intriga” (Dan 11:21). El advenimiento de Antíoco al trono tuvo

lugar el año 137 de la era de los griegos, que corresponde al año 175 antes de Cristo.

Los heraldos del helenismo (1:12-16).

12 Salieron de Israel por aquellos días hijos inicuos, que sedujeron a muchos, diciendo:

“Ea, hagamos alianza con las naciones vecinas, pues desde que nos separamos de

ellas nos han sobrevenido tantos males.” 13 Estas palabras aparecieron bien a sus

ojos. 14 Algunos del pueblo apresuráronse a ir al rey, el cual les dio facultad para seguir

las costumbres de los gentiles. 15 En virtud de estos, levantaron en Jerusalén un

gimnasio, conforme a los usos paganos; 16 se restituyeron los prepucios, abandonaron

la alianza santa para asociarse con los gentiles, y se vendieron para obrar el

mal.

Ya en tiempos de Antíoco III existía en Jerusalén un grupo partidario del helenismo (2 Mac c.3).

Muchos judíos sentían la necesidad de abandonar moldes antiguos para colocarse en el nivel cultural

de los pueblos de la gentilidad. El aislamiento judío era considerado por los griegos como

signo de barbarie. La libertad de costumbres, de expresión y organización encandilaban a la juventud

judía. El ideal griego era tentador; desde el punto de vista humano era una locura renunciar

a él. Para los helenizantes, el aislamiento impuesto por la Ley (Ex 34:11-16; Deut 7:1-11;

12:29-31) había acarreado infinitos males a la nación judaica (Jer 44:16-19). Los más exaltados

pedían la abrogación de la Ley mosaica, la destrucción total de los rollos de la Tora y la facultad

de poder comer las carnes que el judaísmo consideraba impuras. El hecho de que algunos acudan

al rey de Siria para conseguir de él la autorización de seguir las costumbres paganas, se explica,

o bien para escapar a las penas que la Ley dictaba contra los apóstatas (Lev 24:14), o para

pedir al rey abrogara el decreto de Antíoco III por el que se concedía a cada pueblo el derecho de

seguir sus leyes y costumbres propias 4. El jefe de esta expedición fue Jasón, al que concedió el

rey la autorización para instalar un gimnasio y una mancebía en Jerusalén. Una vez en el poder,

“se dio a introducir las costumbres griegas entre sus conciudadanos” (2 Mac 4:9-10). Los jóvenes

judíos actuaban desnudos en el gimnasio griego, lo que dio pie a que se introdujera la costumbre

de practicar una operación dolorosa, conocida por el nombre de epispasmós (1 Cor

7:18)5, con el fin de borrar las señales de la circuncisión, considerada por los griegos como

un atentado contra la dignidad personal e integridad corporal.

Antíoco contra Tolomeo (1:17-20).

17 Una vez que Antíoco se consolidó en el trono, concibió el propósito de ser rey de la

tierra de Egipto, a fin de reinar sobre las dos naciones. 18 Entró en ella con un poderoso

ejército, con carros, elefantes y jinetes y con una gran flota, 19 e hizo la guerra a

Tolomeo, rey de Egipto. Atemorizado éste, huyó ante él, y fueron muchos los que

1489

cayeron heridos. 20 Antíoco se apoderó de las ciudades fuertes de Egipto y volvió

cargado de despojos.

El año 172, el rey Tolomeo VI Fitometor cumplía catorce años de edad. Al morir su madre,

Cleopatra, hermana de Seleuco IV y de Antíoco Epifanes, pasó el joven monarca a depender de

dos tutores, que planearon la conquista de la Gelesiria, a saber, de los territorios de Fenicia y Palestina,

que constituían el dote que Cleopatra debía aportar al casarse con Tolomeo V. Enterado

Antíoco de los planes de los tutores del rey por confidencias del embajador enviado a las fiestas

de la entronización, hizo un despliegue de fuerzas en Palestina con el fin de impresionarles. Más

tarde, aprovechando la coyuntura de que los romanos estaban empeñados en la guerra contra

Perseo, rey de Macedonia, repelió la agresión de Egipto contra Palestina, penetrando con un numeroso

ejército en las riberas del Nilo. En esta campaña empleó Antíoco carros armados con

hoces (2 Mac 13:2), que habían usado profusamente los aquemé-nides, por razón de su gran movilidad

en las pistas de la costa mediterránea. El elefante era el animal preferido por los seléucidas,

recibiendo Seleuco I el título de elefantarco. Puesto en fuga el ejército egipcio, Antíoco

ocupó Pelusio, penetró hasta Menfis, hizo prisionero al joven monarca y se dirigió a Alejandría,

cuyo sitio tuvo que abandonar. Con un inmenso botín regresó a Palestina (Dan 11:25-28), donde

llegó el año 169, 143 de la era de los seléucidas.

Saqueo del templo (1:21-24).

21 El año 143, después de haber vencido a Egipto, Antíoco vino contra Israel, 22 y subió

a Jerusalén con un poderoso ejército. 23 Entró altivo en el santuario, arrebató el

altar de oro, el candelabro de las luces con todos sus utensilios, la mesa de la proposición,

las tazas de las libaciones, las copas, los incensarios, la cortina, las coronas, y

arrancó todo el decorado de oro que cubría el templo. 24 Se apoderó asimismo de la

plata, del oro y de los vasos preciosos, y se llevó los tesoros ocultos que pudo hallar,

y con todo se volvió a su tierra.

Sus motivos tenía Antíoco para dirigirse a Jerusalén antes de entrar en Siria. En efecto, durante

su permanencia en Egipto circuló el rumor de que había muerto, lo que aprovechó Jasón, animador

del partido filoegipcio y ex sumo sacerdote depuesto por el rey, para adueñarse de Jerusalén.

Menelao entregó a Antíoco una importante cantidad con el fin de que le nombrara sumo sacerdote.

El rey, avaro y necesitado de dinero, satisfizo sus anhelos, lo que obligó a Jasón a huir de Jerusalén

y refugiarse en la región de Ammán (2 Mac 4:23-26), en TransJordania. Dispuesto a quitar

de en medio a todos sus rivales, aprovechó Menelao los servicios del regente Andrónico para

asesinar a Onías III, el sumo sacerdote legítimo, hermano de Jasón. En el golpe de mano que dio

este último contra Jerusalén logró apoderarse de la ciudad, pero no pudo expugnar la ciudadela,

al norte del templo, en donde se refugió Menelao. Al enterarse Jasón de que Antíoco se acercaba

a la ciudad con s α poderoso ejército, huyó de nuevo hacia su refugio de TransJordania, buscando

asilo entre los nabateos, cuyo rey, Areta I, lo encarceló.

Antíoco entró triunfante en Jerusalén. Acompañado por Menelao, sumo sacerdote, penetró

en el templo, señalando a su paso por el lugar sagrado los objetos preciosos que debían entrar

en el bagaje real (2 Mac 5:11-18).

La idea de los derechos de la monarquía divina era tan arraigada, que el dios Epifanes se

creía con el derecho de disponer de la riqueza de los templos de su imperio sin cometer un pecado

de sacrilegio6. Antíoco proclamóse dios después de la victoria sobre Tolomeo VI, añadiendo

1490

al nombre el título de Theós Epiphanés, dios manifiesto, es decir, el dios solar Hor, título que

lleva Tolomeo V en el decreto de Roseta. Con el tiempo, el simple apelativo de Epiphanés pudo

designar más bien un título honorífico, correspondiente a ilustre. También se le conoció por el

sobrenombre de epímane, maniático7.

Luto en Israel (1:25-29).

25 Hicieron gran matanza y profirieron palabras insolentes. 26 Un gran duelo se levantó

en Israel y en todos sus lugares; 27 jefes y ancianos gimieron; las doncellas y

los jóvenes languidecieron, la belleza de las jóvenes palideció. 28 El recién casado entonó

una lamentación, y la que estaba sentada en la cama hizo duelo; 29 tembló la

tierra a causa de los que la habitaban, y toda la casa de Jacob se cubrió de confusión.

El saqueo del templo exacerbó el ánimo de los fieles, que demostraron públicamente su disconformidad

con el proceder de Antíoco y del sumo sacerdote Menelao. La guardia real debió castigar

su valentía con la muerte de los manifestantes, derramando su sangre sobre el pavimento sagrado,

ya contaminado por las plantas de un rey gentil (2 Mac 5:12-13). Tal parece ser el sentido

de la frase epóiesen fonoktonían (Núm 35:33; Sal 106:38). Es una fantasía de Posidonio de

Apamea la noticia de que Antíoco en su visita al templo vio a un hombre barbudo montado sobre

un asno y con un libro en las manos. Este relato grotesco dio pie a que se propalara la fábula de

que los judíos rendían culto a una cabeza de asno.

El pillaje del templo desencadenó un duelo general, que el autor describe empleando el

estilo de la quinah, o lamentación.

Apolonio en Jerusalén (1:30-34).

30 Pasados dos años, envió el rey al jefe de los tributos a las ciudades de Judea y presentóse

en Jerusalén con un ejército poderoso. 31 Hablóles con falsía palabras de

paz, en las que ellos creyeron. 32Pero de repente se arrojó sobre la ciudad, causando

en ella gran estrago y haciendo perecer a muchos del pueblo de Israel. 33Saqueó la

ciudad y la incendió, y destruyó sus casas y los muros que la cercaban. 34Llevaron

cautivas a las mujeres y a los niños y se apoderaron de los ganados.

A los dos años del saqueo del templo, a saber, en el año 145 de la era seléucida y 167 antes de

Cristo, otro infortunio debía probar al sufrido pueblo judío. Soñaba Antíoco con anexionar Egipto

a su imperio. Pero “esta última vez no sucederán las cosas como en la primera” (Dan 11:29),

porque una embajada capitaneada por Popilio Laenas entregó a Antíoco el ultimátum del senado

romano por el que se le intimaba a que abandonara Egipto si no quería perder la amistad de Roma.

Viendo la inutilidad de sus esfuerzos, respondió: “Haré lo que el senado disponga.” La noticia

de la humillación real llegó a Palestina, llenando de gozo al partido pro-egipcio, que se forjaba

la ilusión de pasar pronto a depender de Tolomeo. Pero fue Jerusalén el blanco de las iras del

rey (Dan 11:30). Un emisario real, llamado Apolonio (2 Mac 5:24), penetró en Judea el año 167

antes de Cristo al frente de veintidós mil soldados. D ícese que era el cobrador de tributos, o, según

la interpretación de Abel, el misarca, por ser comandante de los misios. Fingió Apolonio que

venía en calidad de amigo, sin abrigar aviesas intenciones contra el pueblo judío. Un sábado reunió

sus tropas en los alrededores de la ciudad bajo la mirada curiosa de un público ocioso por la

ley del descanso sabático, fiado en las palabras de paz del misarca. Cuando el público era más

1491

numeroso y ante el desconcierto general, se lanzaron los soldados contra la muchedumbre, que,

presa de pánico, se atropellaba desordenadamente, buscando la manera de huir de la soldadesca,

que blandía sus espadas desenvainadas contra los despavoridos judíos. Día de gran duelo para la

ciudad mártir.

La fundación del Acra (1:35-37).

35 Edificaron la ciudad de David con un muro alto y fuerte, torres también fuertes,

convirtiéndola en ciudadela. 36 Instalaron allí gente impía, hombres malvados, que

en ella se hicieron fuertes. 37 La aprovisionaron de armas y vituallas, y, juntando los

despojos de Jerusalén, los depositaron en ella, viniendo a ser para la ciudad un gran

lazo.

Se cree que, en tiempos de los Macabeos, la expresión ciudad de David se empleaba para designar

la población que se levantaba al este del templo (2:31; 7:32; 14:36; Ant. lud. 12:5:4)· Entre el

Acra y el templo mediaba el valle de Tiropeón. Desde el lugar alto del Acra dominábase perfectamente

la explanada del templo, de manera que los sirios podían hacer abortar o aplastar los intentos

de rebelión de parte de los judíos. En esta fortaleza, rodeada de potentes muros, vivía una

guarnición militar siria, sus familias y las de algunos judíos apóstatas. Para casos de emergencia,

contenía depósitos de armas, víveres y objetos requisados a los particulares.

El santuario desolado (1:38-42).

38 Fue una asechanza para el santuario, una grave y continua amenaza para Israel.

39 Derramaron sangre inocente en torno al santuario y lo profanaron. 40 A causa de

ello huían los moradores de Jerusalén, que vino a ser habitación de extraños. Se hizo

extraña a su propia prole, y sus hijos la abandonaron. 41 Su santuario quedó desolado

como el desierto; sus fiestas se convirtieron en duelo; sus sábados en oprobio, y

en desprecio su honor. 42 A la medida de su gloria creció su deshonra, y su magnificencia

se volvió en duelo.

Los ciudadanos del Acra eran dueños de vidas y haciendas. Desde su posición elevada dominaban

el templo, ridiculizaban las ceremonias religiosas y hacían extorsión a los peregrinos

que acudían al lugar sagrado. Los mismos habitantes de la ciudad, fieles a las tradiciones patrias,

huyeron de la misma para no ser el escarnio de sus con-nacionales apóstatas. El lugar que

dejaban era ocupado inmediatamente por algún advenedizo de la gentilidad, de tal manera que,

poco a poco, la Ciudad Santa convirtióse en morada de extraños. La vida religiosa se extinguió.

Edicto de Antíoco (1:43-45).

43 El rey Antíoco publicó un decreto en todo su reino de que todos formaran un solo

pueblo, dejando cada uno sus peculiares leyes. 44 Todas las naciones se avinieron a la

disposición del rey. 45 Muchos de Israel se acomodaron a este culto, sacrificando a

los ídolos y profanando el sábado.

Dos tesis se debatían entre los judíos: la de los conservadores, que trataban de aislar a Israel del

mundo que los rodeaba con el fin de impedir que elementos paganos entraran en el judaísmo tradicional;

la de los helenizantes, que achacaban al aislamiento el germen de los males que aqueja1492

ban a Israel. Abrir las fronteras y permitir que nuevos aires rejuvenecieran una religión y una

cultura exótica y retrógrada era la máxima aspiración de los sincretistas judíos. Antíoco, según

nuestro texto, quiso terminar con los particularismos dentro de su reino; de ahí el decreto de unificación

nacional. Los pueblos paganos no opusieron a ello dificultad alguna; pero Israel sí. Los

apóstatas aceptaron satisfechos la imposición real, sacrificando a los ídolos.

El edicto obliga a los judíos (1:46-52).

46 Por medio de mensajeros, el rey envió a Jerusalén y a las ciudades de Judá órdenes

escritas de que siguieran todos aquellas leyes, aunque extrañas al país; 47que se

suprimiesen en el santuario los holocaustos, el sacrificio y la libación; 48que se profanasen

los sábados y las solemnidades; 49que se contaminase El santuario y el pueblo

santo; 50 que se edificasen altares y santuarios y templos idolátricos y se sacrificasen

puercos y animales impuros; 51 que dejasen a los hijos incircuncisos; que

manchasen sus almas con todo género de impureza y de abominación, de suerte que

diesen al olvido la Ley y mudasen todas sus instituciones, 52 y que quien se negase a

obrar conforme a este decreto del rey fuera condenado a muerte.

La ley general se aplicó inexorablemente a los judíos. Un enviado especial de Antíoco llegó a

Jerusalén y a todas las ciudades de Judea para notificar a todos el contenido de la orden real. Más

que por iniciativa propia, Antíoco decidióse a dar este paso instigado por los judíos apóstatas

(Dan 11:30). Empezó Antíoco por abolir el decreto de su padre Antíoco III en favor de los judíos,

por el cual, entre otros privilegios, se les concedía que “todos los que forman parte del pueblo

tienen obligación de vivir conforme a las leyes de sus antepasados.”8 El pretexto invocado por

Epifanes era la reunificación del imperio, resquebrajado por gran variedad de costumbres y religiones.

En vez del altar legítimo, mandó el rey que se levantaran altares a los falsos dioses (Os

10:8; Núm 23:1; Jer 7:31), templos (teméne), con terrenos propios alrededor, y que se multiplicaran

por los pueblos, campos y montañas las hornacinas con el correspondiente icono del dios en

cuyo honor se erigían. Era Antíoco ferviente devoto de Júpiter Olímpico. Pero acaso pretendió

que debía ser él el dios que sustituyera a Yahvé. El año 166 acogía con satisfacción el grito enfervorizado

de la muchedumbre que en Dafne le aclamaba como Theós Epiphánes Nikéforos. Es

de suponer que el culto oficial del rey divinizado establecido por Antíoco III en cada satrapía fue

reforzado por Epifanes. A los judíos estaba terminantemente prohibido comer y sacrificar animales

impuros (Lev 11:7; Deut 14:8). Antíoco mandó que se sacrificaran cerdos y otros animales

impuros, tales como perros, camellos, liebres, etc. Con su decreto había herido de muerte al judaísmo

ortodoxo. No había lugar ni persona que gozara de pureza legal.

Medidas diabólicas (l:53-56).

53Tal fue el decreto publicado en todo el reino. En todo Israel instituyó inspectores,

54 y a las ciudades de Judá les dio la orden de que sacrificasen cada una por sí, ciudad

por ciudad. 55 Se les unieron muchos del pueblo, todos los que abandonaron la

Ley. Fueron grandes los males que cometieron en la tierra, 56obligando a los verdaderos

israelitas a ocultarse en todo género de escondrijos.

Los inspectores (episkopoi) cuidaron del cumplimiento del decreto en Jerusalén y ciudades de

Palestina. La Ley mosaica no autorizaba la celebración de sacrificios fuera de Jerusalén. Las medidas

tomadas por Antíoco lograron la adhesión de muchos vacilantes en la fe. Su ejemplo fue

1493

causa de grandes males. Los verdaderos israelitas veíanse obligados a renunciar a la vida de sociedad

y a esconderse en parajes solitarios y desérticos, esperando tiempos mejores.

Actos sacrilegos (1:57-60).

57El día quince del mes de Casleu del año ciento cuarenta y cinco edificaron sobre el

altar la abominación de la desolación, y en las ciudades de Judá de todo alrededor

edificaron altares; 58 ofrecieron incienso en las puertas de las casas y en las calles, 59y

los libros de la Ley que hallaban los rasgaban y echaban al fuego. 60A quien se le

hallaba con un libro de la alianza en su poder y observaba la Ley, en virtud del decreto

real se le condenaba a muerte.

Convertida Jerusalén en ciudad griega, su templo tenía que correr la misma suerte. Por su condición

de Polis, el Acra debía incorporarse al santuario local, por ser el templo, a los ojos de los

griegos, uno de los elementos principales de la nueva ciudad. De ahí que a principios de diciembre

del año 167 empezó la transformación del templo, perdiendo su condición de santuario de

Yahvé y convirtiéndose en templo idolátrico. Sobre el altar de los holocaustos fue levantada “la

abominación de la desolación.” Esta peregrina expresión procede de Daniel (9:27; 11:31; 12:11),

discutiéndose sobre el significado que le quiso dar el profeta. Para Flavio Josefo 9, confirmado

por el v.62 de nuestro texto y 4:43, la frase designa un altar profano de pequeñas dimensiones

que se levantó sobre el grandioso altar judío. En 2 Mac 6:2 se alude acaso a una estatua en honor

de Júpiter Olímpico. Sea cual fuese su naturaleza específica, se trata evidentemente de algo que

desconcertaba a los judíos ortodoxos al ver convertido el templo de Yahvé en guarida de

ídolos. Esto era una abominación horrible, idea que expresa el texto original con las palabras

hebraicas siqqus mesommem. Dioses paganos habían arrebatado a Yahvé la propiedad del altar

donde antes se le ofrecían sacrificios. Era la primera vez que se cometía tan horrendo crimen.

Antes, durante los reinados de Ajab y Manases (2 Re 16, i o; 21:1; 23:11-12), Yahvé quedaba en

su casa, dueño de la misma, lo que no sucedía ahora. El altar idolátrico empezó a construirse el

15 de Casleu, inaugurándose solemnemente el 25 del mismo mes, por coincidir con el natalicio

del rey y las fiestas de Dionisios (2 Mac 6.7).

Toda Palestina se paganizó. Exponentes del nuevo cambio eran los altares que se levantaron

en todas, las ciudades, las hornacinas en honor de Apolo, Mercurio, Diana, que en cantidad

respetable invadieron los caminos, los campos, los manantiales, los bosques y montes. A las divinidades

colocadas en los pórticos de las casas se les ofrecía incienso o se les demostraba devoción

con otras manifestaciones externas. Con saña especial, los esbirros del rey Quemarón los

ejemplares de la Torah que pudieron atrapar, por contenerse allí la regla de fe y costumbres por

la que se regía el pueblo judío.

Firmes en la fe (1:61-66).

61 Por estar ellos en el poder, procedían de esta manera en las ciudades, un mes y

otro mes, contra los israelitas que eran descubiertos. 62 El veinticinco del mes ofrecían

sacrificios sobre el altar construido sobre el antiguo de los holocaustos. 63 Las mujeres

que circuncidaban a sus hijos eran muertas, según el decreto, 64 con los hijos

colgados a su cuello, ejecutándose al mismo tiempo a sus familiares y a los que habían

practicado la circuncisión. 65 Muchos en Israel se mantuvieron fuertes en su resolución

de no comer cosa impura, prefiriendo morir a contaminarse con los alimentos

y profanar la santa alianza, y por ello murieron. 66 Muy grande fue la cólera que

1494

descargó sobre Israel.

Cada año, en el natalicio de Antíoco, se tenían grandes banquetes, en los que se servía la carne

sacrificada a los ídolos. Los inspectores reales tenían la misión de recorrer las ciudades con el fin

de arrestar a los que no asistían a los actos oficiales en honor del rey (2 Mac 6:7). Se perseguía la

práctica de la circuncisión, matando a la madre que la autorizaba, a los familiares de la misma y

al encargado de ejecutarla. Para que la muerte de las madres fuera más cruel, se les entregaban

sus propios hijos, que morían conjuntamente, suspendidos del cuello de la que les había dado la

vida 10.

El autor sagrado ha puesto de relieve la conducta de muchos judíos que se doblegaron a

las órdenes del rey. Muchos otros huyeron al desierto para no contaminarse y poder observar la

Ley, o lucharon valientemente con las armas al lado de los jefes asmoneos, y muchos prefirieron

morir a quebrantar los preceptos graves que les imponía la ley mosaica. El autor sagrado reconoce

que los males que afligieron a Israel fueron efecto de un castigo que infirió Dios a su

pueblo por sus muchos pecados (2 Mac 6:17; 6:12; 7:8-33; 8:5).

1 Ant. lud. 11,8,4.

2 Radet, Alexandre le Grana 128; I. P. V. D. Balsdon, The “Divinity” of Alexander; “Historia,” 1 (1950)

363-388.

3 ARRIANO, Απα?'. 7123,3,

4 Flavio Josefo, Ant. Jud. 12,3,3.

5 Celso, De Medicina 7.25,1; S. EPIFANIO, De Mensuris 16: PG 43,264.

6 Abel, Histoire I 120.

7 Polibio, 26,10.

8 E. Bickermann, Une proclamation seléucide reldtive au temple de Jeruzalem: “Syria,” 25 (1946) 67-85;

Abel, Histoire I 89-90,

9 Ant. lud. 12:5:4. La Biblia comentada 2

10 Flavio Josefo, Ant. lud. 12:5:4; 2 Mac 6:10.

1. Un Héroe Nacional: Matatías (2:1-69).

Familia de Matatías (2:1-5).

1 Se levantó por entonces Matatías, hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote, de los

hijos de Joarib, que abandonó Jeru-salén y se estableció en Modín. 2 Tenía cinco

hijos: Juan, apellidado Caddis; 3 Simón, llamado Tasi; 4 Judas, apellidado Macabeo;

5 Eleazar, apellidado Abarán, y Jonatán, llamado Apfos.

La figura de Matatías entra en la historia en los días en que arreciaba la persecución de Antíoco,

que llegó a su grado máximo al “edificar sobre el altar la abominación de la desolación” (1:57).

Muchos oponían una resistencia pasiva (1:56), pero faltaba un jefe que aunara a los descontentos

y formara una fuerza capaz de neutralizar las órdenes reales.

En la genealogía de Matatías se mencionan tres personajes: Juan, Simeón y Joarib. No se

dice que Matatías fuera sacerdote. Al mencionar Flavio Josefo a Simeón i le da el apelativo de

asmoneo. En otro lugar 2 afirma que el padre de Matatías se llamaba Asmoneo. ¿Trátase de un

nombre propio o de un sobrenombre de Simeón? La segunda hipótesis es la más probable. Se

ignora cuál sea la significación del término asmoneo. Acaso procede de hasmannim (Sal 68:32),

1495

o puede ser un apelativo geográfico de Hesmon, localidad de la tribu de Judá (Jos 15:27). La frase

griega del texto apó Jerusalem, ¿indica lugar de origen de la familia o es un complemento de

movimiento? En este segundo supuesto (Abel, Grand-Claudon, Penna) indicaría el texto que Matatías

siguió el ejemplo de muchos israelitas, que, indignados por la situación religiosa de Jerusalén,

huyeron a las ciudades de provincia menos influenciadas por el helenismo (1:40). Matatías

se retiró a Modín, lugar que ocupa el pueblo actual de Medieh, o el Midya, a 12 kilómetros al este

de Lidda y a 30 al noroeste de Jerusalén.

Lamentaciones de Matatías (2:6-14).

6 Viendo las abominaciones cometidas en Judá y en Jerusalén, dijo: 7 “¡Ay de mí!

¿Por qué nací yo, para ver la ruina de mi pueblo y la ruina de la Ciudad Santa,

obligado a habitar aquí mientras es entregada a los enemigos la Ciudad Santa 8, y el

santuario en manos de los extranjeros? Su templo ha llegado a ser como un hombre

deshonrado; 9 los instrumentos de su gloria han sido llevados cautivos; sus niños,

muertos en las plazas, y sus jóvenes, caídos bajo la espada del enemigo. 10 ¿Qué nación

no la ha desheredado de sus derechos reales y no se ha apoderado de sus despojos?

n Todo su ornato le fue arrebatado, y la que era libre fue hecha esclava. 12 He

aquí que nuestro santuario, que era nuestro honor y nuestra gloria, está desolado,

profanado por las gentes. 13 ¿Para qué vivir?” 14Rasgaron Matatías y sus hijos sus

vestiduras y se vistieron de saco e hicieron gran duelo.

A Matatías se le partía el corazón al contemplar el avance de la impiedad y la inacción de los que

podían y debían atajarlo. La lamentación contenida en los v.8-13 está en forma rimada, imitando

las lamentaciones de Jeremías y repitiendo frases y conceptos que suponen un conocimiento perfecto

del texto bíblico. El autor pone la lamentación en boca de Matatías, tratando de interpretar

los sentimientos que le embargaban ante el panorama religioso y político de la nación. Jerusalén

ha perdido su encanto (Larn 2:1), como una flor ajada o una mujer libre que degenera en esclava.

El templo ha sido vaciado, quedando los gentiles dueños del mismo. Si tal es la triste realidad,

¿vale la pena vivir? A estas palabras de dolor acompañó la acción de rasgar las vestiduras y vestirse

de saco (Gen 37:34; Núm 14:6; Jos 7:6; Jer 6:26, etc.).

Invitación al sacrilegio (2:15-18).

15 En tanto, llegaron a la ciudad de Modín los delegados del rey, encargados de forzar

a la apoetasía y organizar los sacrificios. 16 Muchos israelitas se unieron a ellos,

mientras Matatías y sus hijos se mantenían apartados.17 Los enviados del rey dirigiéronse

a Matatías y le dijeron: “Tú eres un jefe, un hombre ilustre y un magnate

en esta ciudad, apoyado por hijos y hermanos; 18 acércate, pues, el primero, y haz

conforme al decreto del rey, como hacen todas las naciones, los hombres de Judá y

los que quedaron en Jerusalén. Y seréis tú y tus hijos los amigos del rey, y seréis enriquecidos,

tú y tus hijos, de plata, oro y muchas mercedes.”

El plan de Antíoco tendía a la helenización de todos los rincones de Palestina. En su jira a través

de las ciudades y pueblos, los emisarios del rey llegaron a Modín, con el fin de cumplir con la

misión que se les había confiado. Comprobaron que el pueblo se retraía. Con lenguaje adulador

invitaron a Matatías a dar ejemplo de lealtad al monarca sirio, prometiéndole su amistad y mucho

1496

dinero. No le amenazan con la muerte en caso de negarse a sacrificar.

Negativa de Matatías (2:19-22).

19 A lo que contestó Matatías en alta voz: “Aunque todas las naciones que forman el

imperio abandonen el culto de sus padres y se sometan a vuestros mandatos, 20yo y

mis hijos y mis hermanos viviremos en la alianza de nuestros padres. 21Líbrenos

Dios de abandonar la Ley y sus preceptos. 22 No escucharemos las órdenes del rey

para salimos de nuestro culto, ni a la derecha ni a la izquierda.”

Cualquier vacilación por parte de Matatías podía arrastrar a todo un pueblo a la idolatría. Por lo

mismo, con voz potente rechazó las lisonjeras palabras de los enviados reales.

Degüello de un judío (2:23-26).

23 Apenas había terminado de hablar, cuando en presencia de todos se acercó un judío

para quemar incienso en el altar que había en Modín, según el decreto del rey. 24

Al verlo Matatías, se indignó hasta estremecerse, y, llevado de justa ira, fue corriendo

y le degolló sobre el altar. 25 Al mismo tiempo mató al enviado del rey, que obligaba

a sacrificar, y destruyó el altar. 26 Así mostró su celo por la Ley, como había

hecho Finés con Zambri, hijo de Salom.

Uno de los presentes, halagado acaso por las promesas que los enviados del rey hacían a Matatías,

se adelantó en presencia de todos y se disponía a quemar incienso en el altar. Una oleada de

indignación se apoderó de la persona de Matatías. Dice el texto que se le estremecieron los ríñones

(kai etrómesan oi nefro1). Según la mentalidad semítica antigua, eran los ríñones la sede de

las pasiones (Sal 73:21; Nah 2:10; Ez 29:7). El texto original añade que “dejó subir una justa cólera”

(Proν 15:1), expresión semítica que se basa en la experiencia de sentir subir como una ola

hasta manifestarse por la nariz con el soplo o resoplido. La cólera de Matatías está conforme al

derecho, por cuanto el Deuteronomio (13:7-12; 17:2-7) prescribía que se matara a los idólatras y

a los que inducían a otros a cometer tan horrendo crimen. Junto con el judío cayó muerto el enviado

del rey (ton andra tou basiléos). Según Flavio Josefo 3, este último se llamaba Apelles,

nombre que algunos autores creen que ha entrado en el texto por una confusión con Apolonio

(1:29; 3:10). El autor sagrado aprueba explícitamente el gesto de Matatías, comparándolo con el

de Finés (Núm 25:7-8).

Sangre en el desierto (2:27-38).

27 Alzó luego Matatías el grito en la ciudad, y dijo: “¡Todo el que sienta celo por la

Ley y sostenga la alianza, sígame!” 28 Y huyeron él y sus hijos a los montes, abandonando

cuanto tenían en la ciudad. 29 Entonces muchos que suspiraban por la justicia

y la equidad bajaron al desierto 30 para habitar allí, así ellos como sus hijos y sus

mujeres y sus ganados, pues los males pesaban sobre ellos. 31 y así que llegó a noticia

de los enviados del rey y de las fuerzas que había en Jerusalén, en la ciudad de David,

que aquellos hombres, desobedeciendo el decreto del rey, habían bajado para

esconderse en el desierto, y que muchos los habían seguido, 32 los sorprendieron; y

acampando enfrente de ellos, se dispusieron a atacarles en día de sábado. 33 Y les

1497

decían: “Basta con lo hecho hasta aquí. Salid y cumplid el decreto del rey, y viviréis.”

34 Ellos contestaron: “No saldremos ni haremos lo mandado por el rey, profanando

el sábado.” 35 En seguida los acometieron, 36 y ellos no les respondieron, ni les

lanzaron una piedra, ni taparon sus escondrijos, 37 diciendo: “Muramos todos en

nuestra inocencia, y el cielo y la tierra serán testigos de que injustamente nos hacéis

morir.” 38 Y, acometidos en día de sábado, murieron ellos, sus mujeres, sus hijos y

sus ganados, hasta mil hombres.

La actitud del pueblo ante la invitación de los enviados reales confirmó a Matatías en la impresión

de que el pueblo judío se mantenía fiel a la religión de sus padres. Los que obedecían al

rey eran llevados por el interés o por el miedo. Calculó él que al enarbolar la bandera de la rebelión

serían muchos los que se aprestarían a defenderla. De ahí su proclama y su llamamiento a

los que se sentían todavía solidarios con la supervivencia de su pueblo. Anticipándose al maquis

de hoy día, abandonaron Modín, situada al borde de la Sefela, y huyeron a las montañas

centrales del país (hahar, Jos 10:40; 11:16; Lc 1:39), donde encontrarían grutas naturales para

guarecerse, piedras para defenderse de sus perseguidores y acantilados para tener en jaque a las

tropas enemigas en caso de que Antíoco mandara contra ellos su ejército.

Al lado de este puñado de valientes de Modín hubo otros que, animados por los mismos

ideales, imitaron su ejemplo. Pero les faltó arranque para desprenderse “de cuanto tenían en la

ciudad,” huyendo al desierto para habitar allí con sus hijos, sus mujeres y sus ganados. Con el

término genérico de midbar, eremos, se designaba el terreno comprendido entre el-Asm hasta el

sur del mar Muerto, o, más concretamente, el llamado desierto de Tecua. La guarnición Siria de

Jerusalén y provincias tuvo noticia del éxodo de judíos ortodoxos hacia el desierto, enviando contra

ellos un destacamento de soldados. El encuentro con los fugitivos tuvo lugar en día de sábado.

Las tropas de Antíoco escogieron adrede el sábado para presentar batalla, convencidos de que

en dicho día no ofrecerían resistencia. El año 320 antes de Cristo, Tolomeo había conquistado la

ciudad de Jerusalén sin lucha en día de sábado. Los hasidim, dada su mentalidad rigorista, comprenden

que no les es posible salir de su escondite sin profanar el descanso sabático, conforme al

texto de Ex 16:29. En el peser de Habacuc, hallado en Qumrán, se habla de que el sacerdote impío

persiguió al maestro de justicia. “Durante la fiesta del descanso del día Hakkipurim se presentó

a ellos para que tropezaran en el día del ayuno, que es para ellos un sábado de reposo.” 4

Mueren ellos mártires de sus peculiares concepciones acerca del sábado. No especifica el texto

qué género de muerte les alcanzó. Flavio Josefo 5 dice que perecieron asfixiados por el humo en

el interior de sus antros, noticia esta respaldada por 2 Mac 6:11.

Duelo de Matatías (2:39-41).

39 Guando Matatías y sus amigos lo supieron, se dolieron grandemente, 40 pero dijeron:

“Si todos hacemos como nuestros hermanos han hecho, no combatiendo contra

los gentiles por nuestras vidas y nuestras leyes, pronto nos exterminarán de la tierra.”

41 Y tomaron aquel día esta resolución: Todo hombre, quienquiera que sea,

que en día de sábado viniese a pelear contra nosotros, será de nosotros combatido, y

no nos dejaremos matar todos, como nuestros hermanos, en sus escondrijos.”

Según Flavio Josefo 6, fueron algunos de los supervivientes los que contaron a Matatías lo sucedido.

Acaso discrepaban ellos de la manera de pensar de sus compañeros, salvándose gracias a su

interpretación recta de la ley del descanso sabático. Matatías, en vista de lo sucedido, decretó que

1498

en adelante no será lícito tomar la ofensiva en día de sábado o de fiesta, pero todos estarán obligados

a defenderse en caso de ser atacados.

Los asideos (2:42-44).

42 Entonces se unió a ellos un grupo de asideos, israelitas, valientes, todos adictos a

la Ley. 43 Cuantos buscaban escapar a la persecución se unían a ellos, acrecentándose

así sus fuerzas. 44 Formaron un ejército, hirieron a los pecadores en su ira y a los

impíos en su furor. Los restantes buscaban su salvación entre los gentiles.

La chispa revolucionaria había prendido en todo Israel. Al grupo insignificante de Matatías, de

sus hijos y familiares, se unieron los que huyeron al desierto y, últimamente, los asideos. ¿Quiénes

eran éstos? El texto revela dos de sus características peculiares: adictos a la Ley y valientes

guerreros. Los asideos (griego asidaioi; hebreo hasidim), que existían antes de los Macabeos,

aparecen en nuestro libro formando un grupo aparte, distinto del que inició la resistencia contra

el helenismo, con Matatías por jefe, y más aún de aquellos que en un tiempo jugaron con los gentiles.

No eran ni monjes ni guerreros en el sentido pleno de la palabra, pero tenían un poco de

ambas cualidades. Los asideos, no obstante su adhesión a los Macabeos, formaron un grupo distinto,

hasta el punto de llamarse fariseos o separados por haberse opuesto a los asmoneos. No

siempre compartían ellos el pensamiento de éstos, y en algunas ocasiones manifestaron puntos de

enfoque opuestos (7:13). Existe hoy día una tendencia a considerar a los asideos como el tronco

de donde surgió la comunidad de los sectarios del mar Muerto. Tres veces aparece su nombre en

el libro de los Macabeos (2:42; 7:13; 2 Mac 14:6). Sin embargo, se cree que en la lucha contra el

helenismo tuvieron ellos gran influencia 7.

Campañas de Matatías (2:45-48).

45 Recorrieron Matatías y sus amigos las ciudades, destruyendo altares 46 y obligando

a circuncidar a cuantos niños encontraban incircuncisos en los confines de Israel.

47 Dieron caza a los insolentes, y sus operaciones tuvieron pleno éxito. 48 Arrancaron

la Ley de manos de los gentiles y de los reyes y no dejaron prosperar al pecador.

El temor a las represalias había inducido a muchas familias al abandono de la práctica de la circuncisión.

Por haber huido los helenizantes, buscando refugio entre los gentiles, las gentes de los

pueblos que se mantenían fieles a su fe ayudaron a Matatías en la labor del saneamiento religioso

de Israel. Con particular ahinco perseguían a los hijos de la arrogancia, o sea, a los emisarios

reales que se vanagloriaban de haber acabado con el judaismo. Matatías y los suyos arrancaron

la Ley de manos de los' gentiles y de los reyes, quebrantando el cuerno del impío (Sal 75:5-6;

89:18-25; 92:11). Pero no pudo Matatías ver convertido en realidad el ideal de la independencia

de Israel de la legislación que les imponían los pueblos paganos.

Testamento de Matatías (2:49-68).

49 Acercándose el fin de los días de Matatías, dijo éste a sus hijos: “Al presente

triunfa la soberbia y el castigo, es tiempo de ruina y de furiosa cólera. 50 Hijos míos,

mostraos celadores de la Ley y dad la vida por la alianza de nuestros mayores. 51

Acordaos de las hazañas de vuestros padres en sus días y alcanzaréis gran gloria y

nombre eterno. 52 ¿No fue Abraham hallado fiel y le fue imputado a justicia? 53 En

1499

el tiempo de la tribulación, José guardó la Ley, y vino a ser señor de Egipto. 54 Finés,

nuestro padre, por su gran celo recibió la promesa del sacerdocio eterno. 55 Josué,

por la observancia de la Ley, llegó a ser juez de Israel. 56 Caleb, por su testimonio

ante el pueblo, recibió la heredad de la tierra. 57 David, por su misericordia, heredó

el trono real por los siglos de los siglos. 58Elías, por su gran celo de la Ley, fue arrebatado

al cielo. 59 Ananías, Azarías y Misael, por su fe, fueron librados del fuego. 60

Daniel, por su inocencia, fue libertado de la boca de los leones. 61 Recorred de este

modo todas las generaciones, y veréis cómo ninguno que confía en Dios es confundido.

62 No temáis las amenazas de este malvado, porque su gloria se volverá en estiércol

y en gusanos. 63 Hoy se engríe, pero mañana no será hallado, porque se habrá

vuelto al polvo y se habrán disipado sus planes. 64 Vosotros, hijos míos, cobrad ánimo,

combatid varonilmente por la Ley, que con esto vendréis a ser gloriosos. 65 Yo sé

que Simón, vuestro hermano, es hombre de consejo; oídle siempre, y sea él vuestro

padre. 66 Judas el Macabeo es fuerte y vigoroso desde su mocedad; que sea el capitán

del ejército y quien dirija la guerra contra las naciones. β7 Atraed a vosotros a

todos los cumplidores de la Ley y tomad severa venganza de los ultrajes a vuestro

pueblo. 68 Dad a los gentiles su merecido y atended a la observancia de los preceptos

de la Ley.”

Como otro Jacob, Matatías, ya viejo y agotado por sus campañas, reunió en torno a su lecho a

sus hijos para dictarles su testamento. Empieza por recordarles la gravedad de los tiempos que

corren. Estas circunstancias adversas no deben descorazonarles, antes bien deben servir de acicate

para estimularles a la lucha hasta conseguir el triunfo definitivo, dando por ello la vida si fuere

necesario. La historia demuestra que Dios no desampara nunca a los que le permanecen fieles.

Ningún temor deben inspirarles las amenazas de Antíoco, que, al igual que los otros hombres,

acabará por reducirse a polvo, estiércol y gusanos. Dios, en cambio, permanece eternamente

y maneja en sus dedos los hilos de la historia. La lucha contra el hombre de pecado (andros

amartolou, v.62) puede prolongarse más o menos, pero acabará con la victoria de los que combaten

con fe las batallas del Señor. El testamento de Matatías aparece en algunos puntos en forma

estandardizada. El texto supone un conocimiento, al menos vago, de sucesos que se narran en el

curso del libro, posteriores a la muerte de Matatías. En el v.62 se halla una alusión bastante clara

a la enfermedad que acabó con Antíoco. De los hijos de Matatías sólo se mencionan el primero y

el último. Puede admitirse que el autor sagrado ha vaciado en su texto algunas de las ideas y

conceptos que le embargaban en el momento de escribirlo.

Muerte de Matatías (2:69-70).

69 Y, bendiciéndoles, fue a reunirse con sus padres. 70 Murió el año 146, y los hijos le

sepultaron en el sepulcro de sus padres, en Modín, y todo Israel hizo por él gran

llanto.

La muerte significa reunirse con los padres (Gen 25:8; 35:29; 49:33)· El año seléucida 146 corresponde

al 166 antes de Cristo. Fue sepultado en Modín (cf. 13:27-30). Todo el pueblo fiel lamentó

su pérdida, acaecida en el preciso momento en que Israel despertaba de su sueño y necesitaba

de hombres de fe como Matatías. Afirma Flayio Josefo que Matatías estuvo un año al frente

de los insurrectos. El impulso estaba dado; faltaba continuar la tarea, que sus hijos llevarían a

cabo brillantemente.

1500

1 Ant. lúa. 12:6:1.

2 Bell. lud. 1:36.

3 Ant. lud. 12:6.2.

4 L. Arnaldich, El Cristo del Evangelio y el supuesto Cristo del mar Muerto: “Verdad y Vida,” 11 (1953)

57-71.

5 Ant. lud. l.c.

6 Ant. lud. 12:6:2.

7 Véase Penna, Gli Asidei l.c., 61-63, con abundante bibliografía.

2. La Guerra de la Independencia Bajo Judas Macabeo (3:1-9:22).

Elogio del nuevo jefe (3:1-9).

1 Le sucedió Judas, apellidado Macabeo, 2 a quien apoyaron sus hermanos y cuantos

habían seguido a su padre, y combatían alegremente los combates de Israel. 3 Y dilató

la gloria de su pueblo y, como héroe, se vistió la coraza, y se ciñó sus armas para

guerrear, y trabó batallas, protegiendo con su espada el campamento. 4 Por sus

hazañas se pareció al león y al cachorro que ruge en busca de la presa. 5 Persiguió a

los impíos, despintándoles, y entregó a las llamas a los perturbadores de su pueblo. 6

Los impíos se sobrecogieron de miedo ante él; los obradores de la iniquidad se turbaron.

En sus manos llegó a buen término la salvación. 7 Dio en qué entender a muchos

reyes y fue el regocijo de Jacob con sus hazañas. Por los siglos perdurará su

memoria en bendición. 8 Recorrió las ciudades de Judá, exterminó a los impíos de

ellas y alejó de Israel la ira. 9 Llegó su nombre hasta los confines de la tierra y reunió

a los dispersos.

Judas Macabeo sucede a su padre. Los guerreros que antes se habían puesto incondicionalmente

a las órdenes de Matatías (2:28-45) apoyaron con alegría las empresas del nuevo jefe. El chispazo

producido en Modín llevaba trazas de convertirse en una hoguera de entusiasmo que debía

tener en jaque a los jefes del helenismo.

El autor sagrado teje un elogio del nuevo héroe del yahvismo. Por él la fama de Israel

traspasó las fronteras, que su hermano Simón ensanchará (14:6). Su figura es como la de un gigante.

Marcha a la cabeza de sus tropas. Es intrépido y arrojado como un león (Gen 49:9; Núm

23:24; 24:9; 2 Mac 11:11), como un cachorro de león ruge por la presa, pidiendo así a Dios su

alimento (Sal 104:21). Como el león (Gen 49:9), Judas y sus hombres habitan en las montañas,

se guarecen en los antros de las peñas, acechan desde allí al enemigo y se lanzan de improviso

sobre su víctima. Sus connacionales afiliados al helenismo eran la mira de sus pesquisas, entregando

a la hoguera los culpables (5:5; 5:44; 2 Mac 8:33). Los enemigos asombrábanse de la valentía

del nuevo jefe y temblaban en su presencia. Combatió victoriosamente contra Antíoco Epifanes,

Antíoco Eupator y Demetrio I. Sus victorias elevaron la moral del pueblo y eran celebradas

con cánticos y odas en toda la nación.

Derrota de Apolonio (3:10-12).

10 Apolonio movilizó a los gentiles y a un fuerte ejército de Samaría para hacer la

guerra contra Israel. 11 Así que lo supo Judas, le salió al encuentro, derrotóle y le dio

muerte. Muchos cayeron gravemente heridos y huyeron los demás. 12 Se apoderó de

1501

sus despojos y de la espada de Apolonio, de la cual se sirvió en la guerra todos los

días de su vida.

Las gentes que se apiñaron en torno a Judas Macabeo crecían en número de día en día. Las autoridades

de Jerusalén calcularon que para infligirles una derrota definitiva necesitaban refuerzos

de fuera, buscándolos en Samaría. Apolonio (tes samar eías strategós) estaba al frente de las tropas

apostadas en Samaría, distrito de la Celesiria. Apolonio vio en ello una ocasión propicia para

descargar su saña contra los odiados judíos. Pero el Macabeo no estaba desprevenido; le atacó de

improviso, dejando muchos muertos sobre el campo, entre los cuales figuraba el mismo Apolonio

l. ¿Dónde se produjo este encuentro? No lo declara el texto. Cabe suponer que el teatro de la

lucha fue en un lugar entre Jerusalén y Samaría, al descamoado.

Ilusiones de Serón (3:3-17).

13 Cuando llegó a oídos de Serón, jefe del ejército de Siria, que Judas había juntado

gente y que una muchedumbre de fieles a la Ley combatía a su lado, 14se dijo: “Me

haré famoso y ganaré gloria en el reino combatiendo a Judas y a los suyos, que desprecian

los decretos del rey.” 15Y, preparada la segunda expedición, salió y subió

con poderoso ejército, al cual se unieron los impíos para apoyarle y tomar venganza

de los hijos de Israel. 16 Cuando llegaban a la subida de Betorón, les salió al paso

Judas con un puñado de hombres. 17 Estos, viendo el ejército que venía contra ellos,

dijeron a Judas: “¿Cómo podremos nosotros, tan pocos, luchar contra tan poderosa

muchedumbre, y menos estando, como estamos hoy, extenuados por el ayuno?”

La derrota de Apolonio tuvo repercusiones en el reino seléucida. Un general del cuerpo de ejército

regular de Celesiria quiso borrar la ignominia del ejército sirio con una expedición de castigo

y aprovechar la acción para cubrirse de gloria ante el soberano. A los soldados que reclutó en

Siria se les juntaron algunos judíos apóstatas (2:44). Los impíos, como los llama el texto, más

que en cubrirse de gloria, soñaban en la posibilidad de regresar a sus hogares, recobrar sus posesiones

y vengarse de aquellos que les constreñían a expatriarse.

El camino que siguió el ejército de Serón fue probablemente el de la costa. Al llegar a la

altura de Modín no vislumbró Serón trazas del enemigo. Con precaución internóse hasta Betorón

Bajo, donde acampó con su ejército 2. Más tarde continuó su avance hacia la subida de Betorón,

con ánimo de proseguir su camino hacia el este. Pero Judas, apostado en la cima de la subida

empinada y rocosa, le cortó el paso. Según los cálculos humanos, era tanta la desproporción numérica,

que la derrota se mascaba. A ello se agregaba la circunstancia de estar extenuados por el

hambre, provocada, o bien por un ayuno legal, o por la misma condición de guerreros errantes

Que 8:15; 2 Sam 16:2-14). La única ventaja del ejército de Judas, aparte de la invisible ayuda

del cielo, era la situación estratégica.

Judas arenga a sus tropas (3:18-22).

18 Pero Judas les contestó: “Fácil cosa es entregar una muchedumbre en manos de

pocos, que para el Dios del cielo no hay diferencia entre salvar con muchos o con

pocos; 19 y no está en la muchedumbre la victoria en la guerra: del cielo viene la

fuerza. 20 Estos llegan a nosotros llenos de orgullo e impiedad, para apoderarse de

nosotros, de nuestras mujeres e hijos, y saquearnos, 21 mientras que nosotros luchamos

por nuestras vidas y por nuestras leyes. 22 El los aplastará a nuestros ojos;

1502

no tengáis miedo de ellos.”

La idea que desarrolló Jonatás para infundir ánimo a su escudero (1 Sam 14:6) sirve ahora a Judas

para levantar la moral de los suyos. Dios luchará con Judas y su ejército. Tener miedo significa

no tener fe.

Derrota de Serón (3:23-26).

23 Así que acabó de hablar, los acometió con decisión, derrotando a Serón y a su

ejército. 24 Los persiguió Judas por la bajada de Betorón hasta el llano, quedando en

el campo unos ochocientos hombres y huyendo los demás a tierra de los filisteos. 25

Con esto, el espanto y el miedo a Judas y a sus hermanos se apoderó de las naciones

vecinas. 26 La fama de su nombre llegó hasta el rey, y en todas las naciones se contaban

sus batallas.

Es célebre en la historia de Israel la subida de Betorón. Allí derrotó Josué a los amorreos (Jos

10:10); por la misma escaparon los filisteos expulsados de Micmas (1 Sam 14:39). Una vez

enardecidos los ánimos con las palabras de Judas, el diminuto ejército se lanzó contra el enemigo,

que, imposibilitado de maniobrar por la estrechez del terreno, se replegó hacia la llanura, perseguido

por Judas. Después de esta batalla comenzó a tomarse en serio la existencia de Judas y

de su ejército. No se trataba de vulgares bandas de rebeldes y de descontentos, sino de un ejército

bien disciplinado. Sin embargo, es prematuro decir que la fama de Judas corría por las naciones.

Estas escaramuzas y victorias sobre el ejército sirio levantaron la moral de los judíos ortodoxos;

los débiles en la fe se reafirmaban en sus creencias; los apóstatas temían por su porvenir; las autoridades

civiles y el ejército sirio perdían prestigio a los ojos de sus simpatizantes. El mismo rey

se enteró de la hombrada de Serón, que terminó con un resonante descalabro militar.

Movilización general (3:27-31).

27 El rey Antíoeo, en teniendo noticia de estos sucesos, se encendió en ira, y dio orden

de juntar todas las fuerzas del reino, un ejército poderosísimo. 28 Abrió sus tesoros y

pagó la soldada a su ejército por un año, ordenando que estuviesen preparados para

todo evento. 29 Viendo el rey que sus tesoros habían quedado exhaustos y que los

tributos eran escasos por las disensiones y calamidades que él había traído sobre la

tierra, en su empeño de suprimir las leyes que habían estado en uso desde los días

antiguos, 30 temió no tener, como otras veces le había sucedido, para los gastos y los

donativos, que solía repartir con más larga mano y mayor prodigalidad que sus antecesores.

31 En este grave aprieto, resolvió ir a Persia a cobrar los tributos de las

provincias y reunir mucho dinero.

A un jefe de distrito, Apolonio, siguió un general de provincia, Serón, y, finalmente, el mismo

rey. En los días en que el monarca se enteró de que las cosas de Palestina marchaban mal, estaba

planeando una expedición a Oriente con el fin de castigar al rey de los partos. No le era posible

de momento dirigir la campaña de Palestina. Pero pensaba que la victoria sobre el rey Arsaces VI

aseguraría la paz en Oriente y llenaría las arcas reales para hacer frente a los gastos militares. De

momento, y para asegurarse la fidelidad de las tropas, les pagó el sueldo de un año, prometiendo

ser más generoso de regreso de Persia. Tácito afirma que el motivo que impidió a Antíoeo helenizar

todo el imperio fue la guerra contra los partos 3. Nada Tácito dice sobre el proyecto del rey

1503

de ir en busca de dinero, pero no lo excluye. Sabido es que los seléucidas andaban siempre escasos

de él después de la derrota sufrida en Magnesia (190 a.C.). No cabe duda que el autor sagrado

contempla el curso de la historia desde el punto de vista judío y centra los acontecimientos en

el diminuto territorio de Palestina, hacia donde, según él, convergen las miradas de todo el mundo.

Antíoeo delega a Lisias (3:32-37).

32 Dejó a Lisias, hombre ilustre y de linaje real, al frente de los negocios del reino

desde el Eufrates hasta los confines de Egipto 33 y con el cargo de velar por su hijo

Antíoeo hasta su vuelta. 34 Puso a su disposición la mitad de su ejército y los elefantes,

encomendándole la ejecución de sus planes, y sobre todo lo de Judea y Jerusalén.

35 Debía enviar contra ellos el ejército, aplastar y destruir la fuerza de Israel y

las reliquias de Jerusalén, hasta borrar de la tierra su memoria, 36 e instalar extranjeros

en sus confines, distribuyéndoles la tierra por suerte. 37 La otra mitad del ejército

la llevó consigo el rey, que partió de Antio-quía, la capital de su reino, el año

147, y, atravesando el Eufrates, se dirigió hacia las regiones altas.

Era Lisias hombre ilustre (éndoxos) y pariente del rey (2 Mac 11:1; Jer 41:1), sin que podamos

precisar el grado de este parentesco. Acaso se trata más bien de un título honorífico que se concedía

para premiar los méritos de algún personaje. A Lisias dejó Antíoeo el cuidado de la parte

occidental del reino, a saber, todo el territorio comprendido entre el Eufrates y Egipto, excepto

Chipre” Nombróle además tutor de su hijo Antíoco Eupator, que contaba entonces nueve años de

edad. Una parte del ejército fue puesta a disposición de Lisias, así como los elefantes, que de nada

servirían al rey en su campaña por regiones montañosas. Las órdenes reales eran severí simas:

liquidación total del judaismo. Dadas las órdenes pertinentes al regente Lisias, el rey se marchó

hacia las regiones altas, esto es, tomó la dirección nordeste. La fecha de partida fue el año 147 de

la era seléucida, que corresponde al año 165 antes de Jesucristo. De esta expedición real se ocupará

más tarde nuestro libro (6:1-16).

Soldados sirios en Emaús (3:38-41).

38 Escogió Lisias a Tolomeo, hijo de Dorimeno; a Nicanor y a Gorgias, varones valerosos

de entre los amigos del rey; 39 y envió con ellos cuarenta mil hombres y siete

mil caballos para invadir la Judea y arrasarla, según el mandato del rey. 40 Partieron

con todo su ejército y vinieron a acampar cerca de Emaús, en la llanura. 41

Cuando los mercaderes de la región tuvieron noticia de su llegada, tomaron muchísima

plata, oro y cadenas para comprar los hijos de Israel como esclavos. A ellos se

agregaron fuerzas de Idumea y del país de los filisteos.

No podía Lisias abandonar la capital del imperio, por lo que encargó a Tolomeo, hijo de Dorimeno,

organizara y dirigiera la campaña contra Palestina. Tolomeo, que en otro tiempo favoreció

la causa de Menelao (2 Mac 4:45), era gobernador de Celesiria y Fenicia. De momento envió un

ejército de cuarenta mil hombres y siete mil caballos a las órdenes de Nicanor, hijo de Patroclo

(2 Mac 8:9), y de Gorgias, todos ellos amigos del rey. Entre estos personajes existía una graduación.

Unos eran simples amigos del rey; otros, amigos predilectos y primeros amigos (10:16-20-

60-65;11:27)4.

Sólo Nicanor y Gorgias siguieron de cerca a las tropas. Los mercaderes acompañaron al

1504

ejército basados en las promesas hechas por Nicanor de cederles noventa esclavos judíos por un

talento, es decir, a setenta francos oro cada uno. El tráfico de esclavos era corriente en el Próximo

Oriente. En Am 1:6-9 se acusa a Gaza y a Tiro de haber entregado muchedumbres enteras de

esclavos a Edom. El ejército expedicionario siguió en su avance la ruta de la costa mediterránea

hasta llegar a la altura de Amuás (Emaús), a treinta kilómetros al este de Jerusalén, punto estratégico

situado en la Sefela, desde donde podíanse dominar los accesos de Betorón y de Ayalón,

el camino de Jerusalén y los territorios del sudeste.

Consejo de los Macabeos (3:42-45).

42 Viendo Judas y sus hermanos que las cosas iban de mal en peor y que los ejércitos

acampaban en sus confines, y conocedores de las órdenes dadas por el rey de destruir

y exterminar al pueblo, 43 se dijeron unos a otros: “Salvemos a nuestra nación

de su ruina y combatamos por nuestro pueblo y por el santuario.” 44 Y convocaron

la asamblea para disponerse a la guerra, orando e implorando clemencia y misericordia.

45 Jerusalén estaba despoblada como un desierto; no había quien de sus hijos

entrase o saliese. Su santuario estaba conculcado, y los hijos de los extranjeros moraban

en la ciudadela. Era ésta albergue de los gentiles; el gozo de Jacob había desaparecido,

y habían enmudecido la flauta y la cítara.

Los Macabeos se percataron de la gravedad de la situación. Pero la suerte estaba echada; volver

atrás era tanto como cavar la propia sepultura. Donde no llegaban sus fuerzas supliría Dios,

apiadándose de los que luchaban por su pueblo escogido y por su casa, el templo.

Reunión en Masía (3:46-54).

46 Se reunieron y vinieron a Masfa, frente a Jerusalén, pues en otro tiempo había sido

Masfa un lugar de oración para Israel. 47 Ayunaron aquel día, se vistieron de saco,

pusieron ceniza sobre sus cabezas, rasgaron sus vestiduras 48 y extendieron el libro

de la Ley, buscando en él lo que los gentiles preguntan a las imágenes de sus ídolos.

49 Trajeron los vestidos sacerdotales, las primicias y los diezmos, e hicieron venir

a nazarees que habían cumplido los días de su consagración; 50 y a voces clamaron

al cielo, diciendo: “¿Qué vamos a hacer con éstos y adonde vamos a llevarlos? 51

Porque tu santuario está hollado y profanado; tus sacerdotes, en luto y humillación,

52 y ahora los gentiles se han reunido contra nosotros para destruirnos. Tú sabes las

cuentas que echan sobre nosotros. 53 ¿Cómo podremos hacerles frente si tú no nos

ayudas?” 54 Y tocaron las trompetas y clamaron a grandes voces.

No era posible acudir al templo, conculcado y desierto (v.45), por lo que se reunieron en Masfa,

en el actual Tell en Nasbet, a trece kilómetros al norte de Jerusalén Que 20:1; 1 Sam 7:5; 10:17;

Os 5:1). Durante un día entero se entregaron a la oración y a la penitencia. El v.48 es interpretado

diversamente (Abel, Knabenbauer). Su sentido parece ser el siguiente: Tienen el libro abierto

para leer en él. Dada la incertidumbre del momento, se necesitan las luces de lo alto para conocer

lo que debe hacerse. A falta de profeta o de sacerdote que consulte al Señor por los urim y tummim,

emplean el texto de la Escritura. Al abrir el libro les salió un pasaje en el que se

hablaba de la ayuda divina. Por lo mismo, su contraseña será: “De Dios la ayuda” (2 Mac

8:23). Los campeones de la fe han buscado en el libro de la Ley lo que los gentiles interrogaban a

sus dioses. San Agustín 5 conocía esta práctica de inquirir la voluntad de Dios mediante la

1505

apertura al azar de las Sagradas Escrituras. San Francisco buscó en el Evangelio el género de

vida que tenían que seguir él y sus frailes.

Masfa era la prolongación del templo de Jerusalén. Allí se montó una exposición de vestidos

sacerdotales (Ex 28:4-42) que sólo se llevaban en el templo; se trajeron primicias (Ex

23:19) y los diezmos con el fin de mover a Dios a velar por su honor. Los nazarenos, que se

obligaban a no beber bebidas alcohólicas y a dejar su cabellera intacta hasta haber cumplido su

voto, fueron llamados para someterse a los ritos y ceremonias que señalaban el fin del mismo

(Núm 6:13-19). Todo ello era una muestra de la fidelidad a la Ley. Dios se apiadará de su

pueblo y hará de manera que en un tiempo no lejano se realice en el templo de Jerusalén lo que

ahora se hace en Masfa. Los que están presentes no dudan de que será así. Por lo mismo tocan

las trompetas, conforme a Núm 10:9. Estos gritos y toques de trompeta eran a la vez grito de

guerra e invocación a Yahvé antes del combate (Jos 6:33; 7:45; 9:12; 16:8).

Medidas militares (3:55-60).

55 Después de esto instituyó Judas jefes del pueblo, de millares, centenas, cincuentenas

y decenas, 56 y dijeron a los que edificaban casas, a los que habían tomado mujer,

a los que habían plantado una viña y a los tímidos, que se volvieran cada uno a

su casa, conforme a la prescripción de la Ley, 57 y, levantando el campo, vinieron a

ponerse al sur de Emaús. 58 Dijo Judas a los suyos: “Preparaos y portaos como valientes,

prontos a luchar mañana temprano contra estas gentes que se han reunido

contra nosotros para destruirnos y destruir nuestro santuario. 59 Mejor es morir

combatiendo que contemplar las calamidades de nuestro pueblo y del santuario. 60

En todo caso, hágase la voluntad del cielo.”

Judas se apresta a la lucha, imponiendo una sólida organización a sus tropas. Los hermanos de

Judas estaban al frente de los principales destacamentos (2 Mac 8:22). Conforme a la Ley (Deut

20:5-8), mandó a sus casas a los que podían entorpecer el entusiasmo y arrojo de los combatientes.

Seleccionados los combatientes, Judas les dirige las últimas recomendaciones: ceñirse bien la

cintura para poder correr más y mejor (Ex 12:11); pensar que es mejor morir combatiendo que

vivir como esclavos de un pueblo gentil. Mucha confianza en Dios, que es, en último término,

el que decide el éxito o fracaso de la batalla.

En busca del enemigo (4:1-11).

1 Gorgias, tomando cinco mil infantes y mil jinetes escogidos, levantó el campo por

la noche, 2 con el propósito de atacar al ejército judío y derrotarlo por sorpresa.

Llevaban por guías hombres de la ciudadela. 3 Tuvo de ello noticias Judas, y con sus

valientes movió también el campo para atacar a los del rey que estaban junto a

Emaús, 4 en tanto que el grueso del ejército andaba aún disperso, lejos del campamento.

5 Llegó Gorgias al campo de Judas por la noche, y, no hallando a nadie, los

buscaba por los montes, diciendo: “Estos han huido de nosotros.” 6 En cuanto fue de

día apareció Judas en el llano con tres mil hombres, que no tenían los escudos ni las

espadas que deseaban. 7 Vieron el campamento de los gentiles, fuerte, atrincherado,

rodeado de la caballería, formado por nombres diestros en la guerra. 8 Dijo Judas a

los que le acompañaban: “No temáis a esa muchedumbre ni su ímpetu os acobarde.

9 Recordad cómo fueron salvados vuestros padres en el mar Rojo cuando el faraón

los perseguía con su ejército. 10 Levantemos al cielo nuestra voz, en la esperanza de

1506

que se compadezca de nosotros y, acordándose de la alianza con nuestros padres,

aplaste hoy ante nuestros ojos este campamento, y 11 conocerán todas las gentes que

hay quien rescata y salva a Israel.”

Los sirios tuvieron noticia de los desplazamientos del diminuto ejército judío. Gorgias marchó a

su encuentro con la intención de sorprender a Judas en algún sitio y obligarle a presentar batalla.

Hombres de la ciudadela (literalmente: “los hijos de la ciudadela”), entre los cuales había judíos

apóstatas 6, guiaron a Gorgias por el quebrado terreno. Supo Judas el itinerario del ejército de

Gorgias y se desplazó a su vez, presentándosele la magnífica ocasión de atacar a los dos cuerpos

de ejército por separado. Burlando la búsqueda de Gorgias, dirigióse muy de mañana al campamento

de Amuás (Emaús). Desde su escondite examinó Judas de cerca el campamento general

de los sirios y estudió las posibilidades de asaltarlo. La ocasión era propicia, porque parte del

ejército andaba errante por la montaña en su busca. Además, el campamento hallábase en período

de consolidación, de manera que muchos soldados vivaqueaban fuera del mismo, en completo

desorden y con una disciplina militar relajada.

Asalto al campamento (4:12-18).

12 Los extranjeros alzaron sus ojos, vieron que venían a atacarles 13 y salieron al

campo para combatirlos. Los soldados de Judas tocaron las trompetas, 14 y se trabó

la lucha, siendo derrotados los gentiles, que luego se dieron a huir por el llano. 15

Fueron perseguidos hasta Guezer, los llanos de Idumea, de Azoto y de Jamnia; los

rezagados cayeron todos al filo de la espada, quedando en el campo hasta tres mil de

ellos. 16 Volviendo Judas con su ejército de perseguirlos, dijo a los suyos: 17 “No codiciéis

los despojos, que tenernos ante nosotros el peligro, 18 pues Gorgias está con

su ejército en los montes próximos. Por el momento haced frente a los enemigos;

después ya podréis tomar los despojos con seguridad.”

Los soldados de Nicanor trataron de hacer frente a los asaltantes, pero en vano. Acaso sus generales

descansaban, despreocupados, en sus tiendas. Los sirios diéronse a la fuga por la llanura,

buscando asilo en Guezer; otros iban errantes por la llanura de Idumea (según una variante textual,

“llanura de Judea”), entre Azoto y Jamnia, o se encerraron dentro de estas dos ciudades costeras.

Las gentes de Idumea aprovecharon la deportación de los judíos a Babilonia para abandonar

las áridas tierras de Idumea y establecerse en esta zona fértil de la costa. Hubiera sido contraproducente

detenerse en desalojar a los fugitivos de las ciudades en que se habían refugiado,

porque Gorgias merodeaba por los montes vecinos. Hubiera sido también fatal para los judíos

dejarse llevar de la codicia ante los despojos del campamento asirio, olvidando que un cuerpo de

ejército, todavía intacto, podía caer de un momento a otro sobre ellos. Contra estos peligros les

previene Judas.

Huida de Gorgias (4:19-25).

19 Estaba aún Judas diciendo esto, cuando apareció, saliendo del monte, una división

de Gorgias, 20 la cual, al ver cómo los suyos habían vuelto las espaldas y ardía en

llamas el campamento, porque el humo que se veía daba bien a entender lo sucedido,

21 se llenó de miedo, y más viendo al ejército de Judas en el llano en orden de batalla.

22 Todos se dieron a huir hacia la tierra de los filisteos. 23 Judas entonces se

volvió y recogió el botín del campamento, donde tomaron mucho oro y plata, y telas

1507

de jacinto y de púrpura marina, y grandes riquezas. 24 A su vuelta elevaban al cielo

cánticos y bendiciones: “Porque es bueno, porque es eterna su misericordia.” 25 En

aquel día obtuvo Israel una gran victoria.

Judas no se equivocaba: Gorgias hacía en aquellos momentos su aparición en los montes. La imponente

humareda que salía del antiguo campamento situado en las inmediaciones de Amuás le

indicaba claramente que algo anormal sucedía allí. Sus presentimientos fueron confirmados por

la visión del ejército de Judas en pie de guerra. Gorgias no intentó presentar batalla, sino retirarse

hacia la tierra de los filisteos, en busca del deshecho cuerpo de ejército al mando de Nicanor.

Derrota de Lisias (4:26-35).

16 Cuantos extranjeros se salvaron llegaron a anunciar a Lisias lo sucedido, 27 y éste,

al oír las noticias, se quedó consternado y abatido, porque las cosas no habían sucedido

en Israel como el rey se lo había ordenado. 28 Al año siguiente organizó un ejército

de sesenta mil hombres y cinco mil caballos para acabar totalmente con los judíos.

29 Vino por Idumea y acampó en Betsur. Para hacerles frente sólo disponía Judas

de diez mil hombres. 30 A la vista de tan fuerte ejército, oró, diciendo: “¡Bendito

seas, Salvador de Israel, que quebrantaste el ímpetu del gigante por mano de tu

siervo David y entregaste el campamento de los filisteos en poder de Jonatán, hijo de

Saúl, y de su escudero! 31 Da este campo a manos de tu pueblo de Israel y queden

avergonzados su ejército y su caballería. 32 Infúndeles miedo, abate la presuntuosa

confianza en su fortaleza y avergüéncense de su derrota. 33 Derrótalos por la espada

de los que te aman, y entonen cánticos de loor todos los que conocen tu nombre.” 34

Vinieron a las manos, cayeron del ejército de Lisias cinco mil hombres. 35 Al ver Lisias

la derrota de su ejército y la audacia del de Judas y cómo estaban dispuestos a

vivir o morir gloriosamente, partió para Antioquía y reclutó mercenarios para acrecentar

su ejército, con el propósito de volver contra Judas.

La derrota de Lisias tuvo lugar viviendo todavía Antíoco Epifanes (2 Mac 11:1-12). Tenía Lisias

suficiente amor propio para organizar otra expedición de castigo contra Judas. El año de los seléucidas

148, el 164 antes de Jesucristo, reclutó un imponente ejército, capaz, según sus cálculos,

de aplastar a los judíos. Judas Macabeo, una vez liquidado el ejército de Gorgias, quiso castigar

la insolencia de los idumeos, que molestaban a los judíos ortodoxos y acogían a los que desertaban

de su ejército (2 Mac 10:10ss). Por motivos de seguridad pensó en aprovechar el descanso

para arrebatar algunas plazas fuertes a los idumeos. Lisias corrió en ayuda de sus fieles

aliados, y fijó su tienda en Betsur, plaza fuerte que dominaba el camino de Hebrón a Jerusalén,

distante veintiocho kilómetros de esta última. En su oración hace notar Judas que la actual desproporción

de fuerzas existía también entre Jonatás y los filisteos (1 Sam 14:1-23), entre David y

Goliat (ibid., 17:38-51); pero Dios entrego a los filisteos en poder de uno y otro. Dios y Judas

derrotaron al regente Lisias, que, avergonzado, se retiró a Antioquía, queriendo zafar su derrota

con el reclutamiento de nuevos mercenarios. Pero razones diplomáticas aconsejaban no azuzar al

león de Judá, sino más bien amansarlo con medidas de libertad para el judaísmo.

Duelo por el templo (4:36-40).

36 Judas y sus hermanos se dijeron: “Nuestros enemigos están derrotados; subamos,

pues, y purifiquemos el santuario y restablezcamos el culto.” 37 Y, juntando el ejérci1508

to, subieron al monte de Sión. 38 Al ver el santuario desolado, profanado el altar,

quemadas las puertas, la hierba crecida en los atrios como en un bosque o en un

monte y las habitaciones destruidas, 39 rasgaron sus vestiduras y alzaron gran llanto,

se pusieron ceniza sobre su cabeza, 40 se postraron en tierra, tocaron las trompetas

de señales y clamaron al cielo.

Las fuerzas del regente Lisias habían evacuado Palestina; los idumeos habían sido humillados;

los sirios de Jerusalén, sitiados en el Acra. Había llegado la ocasión propicia para purificar el

templo y restablecer el culto legítimo. Los hermanos Macabeos subieron con el ejército a fin de

tener a raya la guarnición de la ciudadela (1:35-36). La vista del templo arrancó lágrimas a sus

ojos.

Acción de los sacerdotes (4:41-50).

41 Luego ordenó Judas que algunos tuvieran en jaque a los de la ciudadela mientras

purificaban el santuario. 42 Eligieron sacerdotes irreprochables, amantes de la Ley,

43 los cuales purificaron el templo y echaron las piedras del altar idolátrico en lugar

inmundo. 44 Deliberaron qué harían del altar de los holocaustos, que había sido profanado,

45 y les pareció buen consejo destruirlo, por cuanto los gentiles lo habían

profanado, 46 y depositar las piedras en el monte del templo, en lugar conveniente

hasta que viniese un profeta que diese oráculo sobre ellas. 47 Tomaron luego piedras

sin labrar, conforme prescribe la Ley; repararon el santuario y el interior del templo,

purificaron los atrios, 48 hicieron nuevos vasos sagrados, e introdujeron el candelabro,

el altar de los perfumes y la mesa del templo. 49 Quemaron incienso en el altar,

encendieron las lámparas del candelabro que lucían en el templo, 50 colocaron

los panes sobre la mesa y colgaron las cortinas. De esta manera dieron fin a la obra.

Con un piquete de soldados que vigilaban los movimientos de la guarnición del Acra, procedieron

los sacerdotes a la purificación del templo. Se eligieron aquellos ministros sagrados que no

tuvieran mancha alguna que les inhabilitara para ejercer su oficio pastoral (Lev 21:17-21;

22:3). Las piedras del altar de Júpiter Olímpico (1:54-59) se arrumbaron a un lugar impuro, que

acaso fueran las pendientes del Cedrón en donde se encontraba el cementerio, el Tofet (Jer

19:13). ¿Qué destino debía darse a las piedras centenarias del altar de los holocaustos? (Ex

29:25; Lev 4:34). Por muchos años fueron inmoladas víctimas al Señor sobre las mismas; por su

origen no cabe dudar de que eran santas. Pero las mismas fueron el soporte de un altar idolátrico;

la sangre de los cerdos inmolados contaminó lo que era santo. Por el momento resolvieron

demoler el altar, pero pusieron las piedras a buen recaudo hasta el advenimiento de un profeta

que decidiera del destino de las mismas. Después de Zacarías y Malaquías no surgió ningún otro

profeta (9:27; 14:41). La decisión fue sabia, por cuanto, no existiendo unanimidad de pareceres,

convenía no exacerbar el espíritu de los que defendían una posición más rígida. El resultado de

las deliberaciones se concretó en la construcción de un nuevo altar con piedras sin labrar, tal como

prescribía la Ley (Ex 20:25; Deut 27:5-6). Puesto que en el recinto del templo tuvieron lugar

orgías y bacanales, se procedió a purificar incluso el pavimento (2 Mac 6:4).

Fiesta de la dedicación (4:51-56).

51 En la mañana del día veinticinco del mes noveno, que es el de Casleu, del año 148,

se levantaron de madrugada 52 y ofrecieron el sacrificio prescrito por la Ley en el

1509

nuevo altar de los holocaustos que habían construido. 52 Precisamente en la misma

hora y día en que lo habían profanado los gentiles fue de nuevo renovado con cánticos,

cítaras, arpas y címbalos. 54 Todo el pueblo se postró sobre su rostro, adorando

y elevando sus bendiciones al cielo, que les había dado tan feliz suceso. 55 Durante

ocho días celebraron la renovación del altar, y con alegría ofrecieron los holocaustos

y sacrificios de acción de gracias y alabanza. 56 Adornaron la fachada del templo con

coronas de oro y escudos y restauraron las portadas y las cámaras y les pusieron

puertas.

El día 25 del mes de Casleu del año 167 antes de Jesucristo sacrificaron los gentiles la primera

víctima, probablemente un cerdo, sobre el altar asentado sobre el antiguo de los holocaustos; el

mismo día del año 164 se ofreció el sacrificio prescrito por la Ley en el nuevo altar. Al rayar el

alba, los sacerdotes ofrecieron un cordero de un año, recogiendo su sangre y rociando con ella el

altar (Núm 28:3). Por ser el primer sacrificio en el nuevo altar, la ceremonia revistió gran solemnidad,

con acompañamiento de instrumentos músicos (1 Crón 7:4; 16:42). Las fiestas duraron

ocho días (1 Re 8-66; 2 Crón 7:8), durante los cuales el público ofreció holocaustos y sacrificios

pacíficos (Lev 7:11-12-16). En señal de fiesta se adornó la parte frontal del templo con guirnaldas

y coronas.

Fiesta de las Encenias (4:57-60).

57 Fue muy grande la alegría del pueblo por haber borrado el oprobio de los gentiles.

58 Mandaron Judas y sus hermanos y toda la asamblea de Israel celebrar los días

de la renovación del altar a su tiempo, de año en año, por ocho días, desde el veinticinco

del mes de Casleu, con alegría y regocijo. 59 Por aquel mismo tiempo levantaron

en torno del monte Sión muros altos y torres fuertes, para que no pudieran los

gentiles hollarlo como habían hecho antes; 60 pusieron en él una guarnición que lo

defendiera. Fortificaron asimismo a Betsur, para protegerla y para que el pueblo

tuviera una defensa por el lado de Idumea.

Señala bien el texto el origen de la fiesta de la hanukkah, que en griego se llama enkaimá (Lc

10:22), dedicatio en latín. Los judíos modernos celebran la fiesta. Cada día, a partir del 25 de

Casleu, se recita el Hallel (Sal 113-118) y se lee una parte del Pentateuco. El sábado se lee el capítulo

del libro de los Números referente al candelabro de oro, y como haptarah el pasaje de

Zach (2:14-4:8). La primera noche se enciende una luz, dos en la segunda, y así sucesivamente

(Bévenqt, Abel)1.

Para impedir que la guarnición de la ciudadela o cualquiera otro pagano pisara el lugar

santo, se construyeron muros y torres de protección alrededor del templo. La plaza fuerte de Betsur

fue asimismo fortificada con el fin de prevenir cualquier sorpresa de parte de los idumeos.

Golpe de mano contra Idumea (5:1-3).

1 Cuando las naciones de alrededor oyeron que el altar había sido reedificado y restaurado

como antes el santuario, se enfurecieron sobremanera, 2 y decidieron destruir

a los de la raza de Jacob que vivían en medio de ellos, comenzando a ejecutar

matanzas y destrucciones en el pueblo. 3 Comenzó Judas por hacer la guerra a los

hijos de Esaú, y se apoderó de Acrabatana, en Idumea, desde donde hostigaban

constantemente a Israel. Les infligió una gran derrota, humillándolos y llevándose

1510

sus despojos.

Los idumeos fueron aliados del imperio seléucida. Establecidos al sur de Palestina, trataron

siempre de ensanchar sus fronteras hacia el norte y por la parte de la costa del Mediterráneo. La

recuperación religiosa y militar de Israel amenazaba constantemente sus ambiciones territoriales,

por lo cual se aliaron con los sirios y otros enemigos de los judíos con el fin de permanecer en el

territorio. Enterados ahora de la derrota de Lisias y de la restauración del templo y de Jerusalén,

temieron por su porvenir, descargando sus iras contra los indefensos judíos que habitaban en

medio de ellos. Judas corrió en ayuda de sus connacionales y se apoderó de Acrabatana, al sudeste

del mar Muerto. En la Vulgata este territorio es llamado ascensus scorpionis, o de Acrabim

(Núm 34:4; Jos 15:3).

Acción contra Bayán (5:4-5).

4 Se acordó de la maldad de los hijos de Bayán, que tendían lazos y emboscadas en

los caminos. 5 Les obligó a encerrarse en sus torres, los cercó y, dándolos al anatema,

puso fuego a las torres, que ardieron con todos los que en ellas había.

No existen datos suficientes para identificar el emplazamiento de Bayán. En Núm 32:3, los LXX

traducen Beón por Bayán, ciudad que corresponde al actual Jirbet es Sar, cabe al camino de

Ammán a Araq el Emir, en TransJordania. Parece que se trata de un clan ru-benita que habitaba

al sur de Jericó (Abel) o en el valle del Jordán (Bévenot). Judas los aniquiló aplicándoles la ley

del herem (Deut 7:28; 20:14; 1 Sam 15:3). Según 2 Mac 10:155, murieron quemados en sus torres.

Encuentros con Aman (5:6-8).

6 Pasó a los hijos de Arnón, y se encontró con un ejército fuerte y un pueblo numeroso,

y a Timoteo por jefe. 7 Tuvo con ellos muchos encuentros, hasta que los derrotó

y deshizo totalmente. 8 Se apoderó de Jazer y sus aldeas y se volvió luego a Judea.

Atravesó Judas el río Jordán (diepérasen) para ir al encuentro de los amonitas, que tenían por

capital a Rabbath-Amón, la actual Ammán. En este territorio se refugiaron judíos apóstatas (2

Mac 4:26), pero habitaban también allí otros que seguían fieles a la Ley. El jefe del territorio se

llamaba Timoteo, príncipe indígena con nombre griego. Tomó Judas la ciudad de Jazer, “con sus

hijas,” es decir, sus dependencias (Núm 21:25; Jos 15:45) 2.

Noticias alarmantes llegan de Galaad (5:9-13).

9 Los gentiles de Galaad se conjuraron contra los israelitas que moraban en su territorio,

con el propósito de aniquilarlos, pero ellos huyeron a la fortaleza de Diatema.

10 Escribieron a Judas y a sus hermanos, diciéndoles: “Se han juntado contra nosotros

las naciones de nuestro contorno, que se proponen destruirnos; 11 están dispuestas

a venir y apoderarse de la fortaleza en que nos hemos refugiado; tienen a Timoteo

por jefe de su ejército. 12 Ven, pues, y líbranos de sus manos, porque muchos de

los nuestros han caído ya, 13 y todos nuestros hermanos de la región de Tobi han sido

muertos, y robadas sus mujeres, sus hijos y sus bienes, pereciendo allí unos seis

mil hombres.”

1511

También los judíos de Galaad sufrieron represalias por parte de los habitantes del país, viéndose

obligados a concentrarse en Diatema, localidad que no aparece en otros textos bíblicos ni profanos.

Algunos (Vagcari, Bévenot) se inclinan por identificarla con Jaraca (2 Mac 12:17); otros,

con el Hosn 3 u otra localidad de Basan. Por Galaad debe entenderse propiamente el territorio de

Transjordania, al norte del Yarmuc. Timoteo parece ser el jefe de los amonitas (2 Mac 12:2).

Aunque vejados por los habitantes del país, pudieron los judíos comunicarse con el exterior y

escribir a Judas Ma-cabeo exponiendo la situación apurada en que se hallaban. En peores condiciones

vivían, al parecer, los judíos de Tobi. Se excluye que esta región deba identificarse con la

de los Tobiadas en el Araq el Emir 4. Algunos creen que es la región contigua al lago de Genesaret.

Según Abel5, esta región se hallaba en Tob (Jue 11:3-5; 2 Mac 10:6-8), entre Bosra y

Dera.

Noticias poco halagüeñas de Galilea (5:14-16).

14 Estaban leyendo estas cartas, cuando llegaron, rasgadas las vestiduras, otros mensajeros

de Galilea, 15los cuales comunicaron que se habían juntado contra ellos gentes

de Tolemaida, y de Tiro y de Sidón, y toda la Galilea de los gentiles, para aniquilarlos.

16Cuando Judas y el pueblo oyeron semejantes noticias, se reunió una gran

asamblea, y deliberaron sobre lo que habían de hacer por sus hermanos, que se

hallaban en grave aprieto, combatidos por los gentiles.

Las tres ciudades marítimas, Tolemaida, nombre que recibió Acco en el año 261 por Tolomeo II;

Tiro y Sidón, hicieron causa común con los de Galilea para perder a los judíos. Tolemaida adquirió

gran importancia después de la destrucción de Tiro. En 219 pasó bajo el poder de los seléucidas,

acuñando moneda propia en tiempo de Antíoco Epifanes. Tiro perdió su independencia en

tiempos de Alejandro Magno (332 a.C.), pasando a depender de los seléucidas y consiguiendo

más tarde (año n1) la independencia (11:59; 2 Mac 4:18-20), que confirmaron los romanos6. La

expresión “Galilea de los gentiles” es ya conocida por otros textos viejotestamentarios (Is 8:23) y

del Nuevo (Mt 4:15). Por ser un territorio fronterizo con naciones paganas, muchos gentiles fijaron

allí su residencia.

División de fuerzas (5:17-20).

17 Dijo Judas a Simón, su hermano: “Toma gente contigo y ve a librar a nuestros

hermanos de Galilea; yo y mi hermano Jonatán iremos a Galaad.” 18 A José, el de

Zacarías, y a Azarías les dejó por jefes del pueblo con el resto del ejército para la defensa

de Judea, 19 dándoles esta orden: “Quedaos al frente del pueblo, pero no trabéis

lucha con los gentiles hasta nuestra vuelta.” 20 Tomó Simón tres mil hombres

para ir a Galilea, y Judas ocho mil para ir a Galaad.

Los Macabeos tienen que multiplicarse para acudir a las demandas de auxilio. Como representantes

suyos en Jerusalén dejan a José, hijo de Zacarías, y a Azarías, con la prohibición de entablar

combate con los gentiles hasta su regreso, lo que no cumplieron (v.55-64). Parece que Azarías

ejercía la suprema autoridad civil, mientras que en el terreno militar compartía el mando con

José.

1512

Simón en Galilea (5:21-23).

21 Partió Simón para Galilea, y después de muchos encuentros con los gentiles, los

derrotó y persiguió hasta las puertas de Tolemaida, 22 quedando en el campo unos

tres mil de los gentiles y apoderándose Simón de sus despojos. 23 Tomó luego a los

que moraban en Galilea y en Arbata, con sus mujeres, hijos y cuanto tenían, y los

trajo con júbilo a Judea.

No conocemos el lugar donde se desarrollaron los combates, en terreno montañoso o en las llanuras

de Esdrelón y de el-Battof. En la lucha cayeron tres mil gentiles, huyendo los restantes a

Tolemaida, perseguidos de cerca por Simón. Es curioso observar que el número de caídos corresponde

al contingente de tropas mandadas por Simón. Siendo muy numeroso el número de los

gentiles con relación a los yahvistas fieles a sus leyes, Simón tomó la decisión de llevarse consigo

a los judíos de Galilea y de Arbata, y “los trajo con gran júbilo a Judea.” Durante la guerra

judía en el año 70, Arbata servía de refugio a los judíos que eran molestados en Cesárea.

Judas se entrevista con los nabateos (5:24-37).

24 Judas el Macabeo y Jonatán, su hermano, atravesaron el Jordán y caminaron durante

tres días por el desierto, 25 encontrándose con los nabateos, que los recibieron

amigablemente y les contaron cuanto a sus hermanos había sucedido en la región de

Galaad, 26 y cómo muchos de ellos se hallaban prisioneros en Bosora, en Bosor, en

Alema, en Casfor, en Maqued y en Carnaím, ciudades todas fuertes y grandes; 27

que también en las demás ciudades de Galaad había prisioneros, y habían ordenado

los enemigos para el día siguiente atacar las plazas fuertes, tomarlas y acabar con

todos los judíos en un solo día.

Salió Judas al frente de sus tropas camino de Galaad. Al cabo de tres días de camino encontró a

unos comerciantes nabateos procedentes de Siria y en viaje de regreso hacia su capital, Petra. El

encuentro, según 2 Mac 12:10-12, caso de que se aluda al mismo hecho, no fue nada amistoso.

Hechas las paces, Judas informóse de los lugares que habían recorrido. Cuentan que en las poblaciones

de Bosora, Bosor, Alema, Casfor, Maqued y Carnaím había muchos prisioneros judíos,

a los que tenían decidido matar en un mismo día. Todas estas “ciudades fuertes y grandes” se

encuentran al pie y en las proximidades del macizo volcánico Gebel-ed-Druz. Nada le dicen

acerca de la situación de los judíos en Diatema, que fueron los primeros y únicos en dar la voz de

alarma. Es posible que los judíos huyeran de Galaad, atrincherándose en Diatema. Terminada la

entrevista, Judas y los suyos se dirigieron a Bosora (actual Busra, a ι ίο kilómetros al sur de Damasco

y a 40 al este de Dera).

Llegar y vencer (5:28-36).

28 Judas, con su ejército, atravesando el desierto, se encaminó a Bosora. Se apoderó

de la ciudad, pasó a filo de espada a todos los varones, se adueñó de todos sus despojos

y la puso fuego. 29 Levantando el campo por la noche, marchó hacia la fortaleza

de Diatema. 30Al amanecer alzó los ojos y vio una muchedumbre innumerable con

escalas y máquinas de guerra, dispuesta a atacar y tomar la fortaleza. Entendió Judas

que el ataque comenzaba, y oyó que de la ciudad subía al cielo un gran griterío y

1513

sonido de trompetas. 32 Dijo entonces a los de su ejército: “Luchad hoy por vuestros

hermanos.” 33 Y en tres secciones se dirigieron por la espalda, tocando las trompetas

y clamando al cielo en oración. 34 Cuando el ejército de Timoteo se dio cuenta de que

era el Macabeo, emprendieron la fuga. Les infligió una gran derrota, quedando

aquel día en el campo hasta ocho mil hombres. 35 Luego se volvió Judas contra Masfa,

la atacó, adueñándose de ella, matando a todos sus hombres, tomando sus despojos

y entregando la ciudad a las llamas. 36 Partiendo de allí, tomó a Casfor, Maqued,

Bosor, con las demás ciudades de Galaad.

Llegó Judas de improviso a Bosora, que, conforme a las leyes del herem (Núm 31:7-12), destruyó

totalmente. De noche marchó a la fortaleza de Diatema, al noroeste de Bosora, donde los judíos

de la región se habían refugiado. La cuestión del emplazamiento de Bosora y Diatema es

importante para poder conocer la distancia existente entre ambas localidades, que los soldados de

Judas salvaron en una noche. Si Bosora estaba emplazada en el lugar conocido hoy por Bosra

eski-Scham y Diatema en la localidad de Jaraca, existía entre las dos ciudades la distancia de

unos veinte kilómetros, que Judas y su ejército pudieron salvar en una noche. Llegó Tudas a Diatema

en un momento decisivo. Mientras los gentiles se preparaban para el asalto, del interior de

la fortaleza subía al cielo un gran griterío de los judíos, que oraban en voz alta, y sonido de

trompetas (Jer 4:5; 6:1). De los asaltantes cayeron ocho mil, tantos como el número de soldados

de Judas.

Nueva victoria sobre Timoteo (5:37-44).

37 Después de esto juntó Timoteo otro ejército y vino a acampar enfrente de Rafón,

del otro lado del torrente. 38 Envió Judas a explorar el campo, y le trajeron estas noticias:

“Se han juntado con Timoteo todos los gentiles de alrededor, y forman un

ejército muy grande. 39 Además, han tomado a sueldo a los árabes como auxiliares, y

están acampados del otro lado del torrente, prontos a venir contra ti.” Salió Judas al

encuentro de ellos. 40 Timoteo había dado estas instrucciones a sus capitanes: “Si al

llegar Judas al torrente le permitiéramos pasar hasta nosotros, no podríamos resistirle,

porque tiene una fuerza incontrastable; 41 mas, si por temor acampara al otro

lado del torrente, iremos contra él y le venceremos.” 42 Cuando Judas se acercó al

torrente, colocó a los escribas del pueblo a lo largo del mismo y les dio esta orden:

“No permitáis que se quede nadie en el campo; que vayan todos a luchar.” 43 Y

atravesó el primero contra los enemigos, y todo el pueblo en pos de él. Fueron deshechos

los gentiles, que tiraron las armas y huyeron al santuario de Carnaím. 44 Pero

los de Judas se apoderaron de la ciudad y pusieron fuego al santuario, que ardió

con todos los que en él había. Así fue abatida Carnaím, sin que los enemigos pudieran

hacer frente a Judas.

Después de los combates mencionados, concedió Judas un relativo descanso a sus soldados, que

se dedicaron a vivaquear por la región, ayudando quizá a los judíos de allí a reunirse en un lugar

céntrico para emigrar a Jerusalén. Timoteo, entre tanto, aprovechó aquel descanso para reforzar

su ejército con nuevos elementos. Acampó frente a Rafón, junto a Nahr el-Ehreir, afluente septentrional

del Yarmuc. No pensaba Timoteo que los judíos se atrevieran a vadear el profundo lecho

del torrente, calculando que aquel obstáculo natural frenaría el ímpetu que solía poner Judas

en sus ataques bélicos. Quizá tuvo éste noticia de la concepción estratégica de su adversario, por

1514

lo que dio órdenes severas a los escribas (grammateis) de que nadie quedara en el campo. Entre

los oficiales del ejército había escribas encargados de pasar revista a las tropas, cuidar de los registros,

transmitir órdenes y amonestar a los soldados, a la manera de los capellanes militares de

hoy día. Así lo ordenaban antiguas leyes (Deut 20:5-8; Jos 1:10; 3:2).

El ejército de Timoteo huyó a la desbandada, buscando asilo en el santuario de Garnaím,

a unos quince kilómetros al sudeste de er-Rafeh. El santuario recibía este nombre del culto que

se tributaba allí a la diosa Atergates, Astarté, que se representaba con cuernos (qarnaim) de vaca.

Ningún respeto sentían los judíos por este lugar idolátrico, por lo cual lo condenaron a sufrir la

suerte del herem. Sobre este episodio habla largamente el autor de 2 Mac 12:20-26.

De Galaad a Jerusalén (5:45-54).

45 Juntó Judas a todos los israelitas que moraban en Galaad, desde el pequeño hasta

el grande, a sus mujeres e hijos y su hacienda, una muchedumbre muy grande, para

traerlos a la tierra de Judá. 4Ó Al llegar a Efrón, ciudad grande y muy fuerte en la

entrada de un desfiladero, no podían desviarse ni a la derecha ni a la izquierda, sino

que habían de pasar por en medio de ella. 47 Los de la ciudad se encerraron, y muraron

a cal y canto las puertas. Les envió Judas un mensaje de paz, 48 diciéndoles:

“Permitidnos atravesar por vuestra tierra camino de la nuestra; nadie os molestará;

sencillamente pasaremos a pie.” Pero no quisieron abrirle. 49 Ordenó Judas entonces

pregonar en todo el campo que hiciesen todos alto en el sitio en que estaban. 50 Los

hombres de guerra tomaron posiciones y atacaron a la ciudad todo aquel día y la

noche siguiente, hasta que se rindió. 51 Pasó al filo de la espada a todos los varones,

arrasó la ciudad y se apoderó de sus despojos, atravesándola luego por encima de

los cadáveres. 52 Pasado el Jordán, llegaron a la gran llanura de Betsán. 53 Judas,

que mandaba la retaguardia, iba exhortando al pueblo todo el camino, hasta llegar a

la tierra de Judá. 54 Con gran gozo y alegría subieron al monte de Sión y ofrecieron

holocaustos por no haber caído ninguno de ellos y haber vuelto todos en paz.

Desde Galaad, la caravana de judíos se dirigió hacia el Jordán, con el intento de cruzarlo a las

alturas de Betsán. Pero antes de vadear el río toparon con la resistencia de Efrón (et-Taibe), que

se negó a autorizarles el paso. No pudiendo vencer por las buenas la resistencia de los efronitas,

Judas recurrió a las armas. Según 2 Mac 12:28, en la lucha murieron veinticinco mil “de los que

estaban dentro.”

Atravesado el Jordán, llegaron a la ciudad de Betsán. Las sospechas que podía abrigar

Judas sobre el comportamiento de los escitopolitanos para con los judíos fueron neutralizadas

por la intervención de los judíos del país (2 Mac 12:30). De esta famosa ciudad hasta llegar a Jerusalén

debían recorrer todavía unos cien kilómetros. No se dice que los galileos hostigaran a la

numerosa caravana de repatriados, ni tenemos noticia de ningún incidente ocurrido a su paso a

través de la Samaría. Judas protegía la retaguardia, mujeres, niños y ancianos, contra los posibles

ataques de las tribus y clanes hostiles que bordeaban el camino. La llegada a Jerusalén, que

coincidió con la fiesta de Pentecostés (2 Mac 12:31), fue apoteósica y emocionante.

Revés de José y de Azarías (5:55-64).

55 En los días en que Judas y Jonatán estaban en Galaad y Simón en Galilea, frente

a Tolemaida, 56 llegaron a oídos de José, el de Zacarías, y Azarías, jefes del ejército,

las hazañas y las batallas que llevaban a cabo, 57 y se dijeron: “Hagamos también

1515

nosotros célebre nuestro nombre peleando contra las naciones de alrededor.” 58 Y

dieron orden al ejército que con ellos tenían de emprender la marcha hacia Jamnia.

59 Pero les salió al paso Gorgias con su gente, 60 que derrotaron a José y Azarías,

persiguiéndolos hasta los confines de Judea. Dos mil hombres cayeron aquel día del

pueblo de Israel. Acaeció este gran descalabro 61 por no haber obedecido a Judas y a

sus hermanos, creyéndose capaces de grandes hazañas. 62 Pero no eran ellos de la

raza a que fue dado salvar a Israel. 63 Por el contrario, el heroico Judas y sus hermanos

alcanzaron gran gloria ante Israel y ante todos los pueblos a cuyos oídos llegó

su fama, 64 y en medio de aclamaciones todos los rodeaban.

Día tras día llegaban noticias a Jerusalén de las resonantes victorias de los tres hermanos en Galilea

y Galaad. José y Azarías querían también hacerse célebres, y para ello decidieron mandar su

tropa contra el general Gorgias, creyendo que les sería fácil vencerlo después del castigo que le

infligió Judas (4:1). Pero era Gorgias un general muy experto en el arte de guerrear (2 Mac 8:9).

Salió al encuentro de los soldados de José y de Azarías y los derroto con facilidad. Este revés

aconteció no tanto por la calidad y número de los combatientes como por haberse arrogado

ellos un privilegio que solamente estaba reservado a la familia de los Macabeos.

“Razzias” contra I d ume a y la Filistea (5:65-68).

65 Partieron luego Judas y sus hermanos en campaña contra los hijos de Esaú hacia

el mediodía y se apoderaron de Hebrón y de sus aldeas, destruyeron su fortaleza y

quemaron las torres de su recinto. 66 En seguida se dirigió contra la tierra de los filisteos,

atravesando por Maresa. 67 Cayeron aquel día en la batalla algunos sacerdotes,

que inconsideradamente salieron a luchar, queriendo dar pruebas de su valentía.

68 Se dirigió luego a Azoto, en tierra de filisteos, y destruyó sus altares, quemó

las estatuas de sus dioses y se volvió a la tierra de Judá.

Los idumeos dominaban en Hebrón, desde donde hostigaban a la guarnición que Judas había establecido

en Betsur con el fin de proteger la ciudad de Jerusalén. Ante las repetidas incursiones,

marchó Judas contra Hebrón, que tomó, destruyendo sus fortificaciones.

De Hebrón marchó a Maresa (Jos 15:44); 1a ciudad pertenecía al territorio de los idumeos

(2 Mac 12:32-36). Para Judas era Maresa lugar de paso para atacar a los filisteos de Azoto. Unos

sacerdotes, imitando el ejemplo de José y Azarías, “quisieron dar pruebas de su valentía,” atacando

a los habitantes del lugar, que repelieron la agresión, dejando en el campo de batalla el

cadáver de algunos de ellos. Este hecho prueba una vez más que cualquiera que se arrogara el

privilegio de salvar a Israel por medio de las armas, no perteneciendo a la familia de los Macabeos,

sería vencido fatalmente.

1 Ant. lud. 12:5-5-

2 Ant. lud, 12:7.1,

3 Hist, 5:8,

4 Véase Bíckermann, Instituthns des Sdéucidcs 40-42; G, Corradi, Studi hellenistici (Turín 1929) 318-343.

5 Confess. 8:29.

6 Flavio Josefo, Ant. /ud. 12:7:4.

1 Cf. Bévenot, 30-31.

2 Prevalece la opinión de emplazar dicha ciudad en el actual Jirbet Gazzir, a cuatro kilómetros al sur de es-

Salt (Abel, Céographie II 356-357; R. De Vaux, Exploration de laregion de es-Salt: “Revue Biblique,”

47 [1938] 405)·

1516

3 Abel, Topographie des campagnes machabeénnes: RB, 32 (1923) 516.

4 Vincent, La Palestine dans les papyrus ptolémaiques de Gerza: RB 29 (1920) 188.

5 Géographie II 10.

6 E. N. Wright, Neus about Oíd Tyre: BA 2 (1929) 20-22.

Muerte de antíoco epifanes (6:1-17).

Antíoco en Elimaida (6:1-4).

1 Atravesaba el rey Antíoco las regiones altas de Persia cuando tuvo noticia de que

en Elimaida, en Persia, había una ciudad célebre por su riqueza de plata y oro. 2

Había en ella un templo extraordinariamente rico, en el cual se guardaban armaduras

de oro, corazas y armas que había dejado allí Alejandro el de Filipo, rey de Macedonia,

el primero que reinó sobre los griegos. 3 Llegado a ella, intentó apoderarse

de la ciudad, pero no pudo, porque, conocidos sus propósitos en la ciudad, 4 le resistieron

con las armas, viéndose forzado a retirarse huyendo, para volverse con gran

pena a Babilonia.

Dijo el autor sagrado que partió Antíoco de Antioquía el año seléucida 147 y que, atravesando el

Eufrates, dirigióse hacia las regiones altas (3:37). Antíoco conoció en su campaña éxitos y de-r

rotas. Pero las guerras habían agotado todavía más las cajas de caudales. Había ido a Oriente en

busca de dinero (3:31), y regresaba más pobre. Pensó entonces solucionar su problema económico

con el asalto de un templo extraordinariamente rico de la provincia de Elimaida. Calculaba él

que tendría más suerte que su padre al intentar el saqueo del templo de Bel. Por el texto griego

aparece que se considera a Elimaida como ciudad, cuando en realidad se daba este nombre a una

región montañosa del Elam. Pudo ser que el traductor interpretara mal la palabra medinah, provincia,

dándole el sentido de ciudad. A partir de Ciro se empleaba la palabra Persia para designar

no solamente la región de Elam, sino también la totalidad del imperio de los aqueménides, particularmente

la región adyacente del golfo Pérsico l.

Malas noticias de occidente (6:5-7).

5 En Persia le alcanzó un correo, que le dio a saber cómo los ejércitos enviados a tierra

de Judea habían sido derrotados; que Lisias había ido contra ella 6 con un ejército

fuerte si los hay y había huido ante los judíos, que se habían hecho muy fuertes

en armas y soldados con el botín grande que habían cogido a los ejércitos por ellos

vencidos; 7 que habían destruido la abominación levantada por él sobre el altar de

Jerusalén y habían cercado de altos muros el santuario, como antes estaba, y la ciudad

de Betsur.

Al revés sufrido en su intento de apoderarse de los tesoros de un templo de Elam se añade la noticia

de una retahíla de fracasos de las tropas sirias en Palestina (4:21-61). Es probable que estas

noticias las recibiera Antíoco a medida que se iban desarrollando los acontecimientos. Es significativo,

para conocer el estilo narrativo del autor, escuchar de boca de un pagano la expresión de

que Judas y los judíos habían destruido “la abominación levantada por él sobre el altar de Jerusa1517

lén.”

Últimos momentos de Antíoco (6:8-13).

8 Cuando recibió estas noticias quedó aterrado e intensamente conmovido; tanto,

que cayó en el lecho enfermo de tristeza al ver que los sucesos no habían correspondido

a sus deseos. 9 Pasó allí muchos días, porque la tristeza se renovaba sin cesar, y

hasta creyó morir. 10 Haciendo llamar a sus amigos, les dijo: “Huye de mis ojos el

sueño y mi corazón desfallece por la preocupación, 11 pensando en qué tribulación y

tempestad me hallo yo, tan bueno, tan amado por mi suave gobierno. 12 Pero ahora

me acuerdo de los males que hice en Jerusalén, de los utensilios de oro y plata que

de allí tomé, de los habitantes de Judea que sin causa exterminé. 13 Ahora reconozco

que por esto me han sobrevenido tantas calamidades y que de mi gran tristeza moriré

en tierra extraña.

¿Dónde alcanzó el correo a Antíoco Epifanes? Según 2 Mac 9:3, se hallaba el rey en Ecbatana.

Es posible que un copista inadvertidamente escribiera este nombre en vez de Ispadana, en el territorio

de Gabiene. Las noticias adversas que había recibido contribuyeron decididamente a

quebrantar la salud y la moral del rey, tanto que, aterrado e intensamente conmovido, cayó en el

lecho (2 Mac 1:5-6), para no levantarse más. De la extraña enfermedad que aquejó a Antíoco escribe

Polibio que el rey “volvióse loco, según dicen algunos, a causa de ciertas manifestaciones

de la cólera divina.” En 2 Mac 9:1ss se describe su repugnante enfermedad. Es evidente que la

descripción de la misma hecha por Jasón de Cirene no es más que una inocente venganza del escritor.

Con expresiones de colorido bíblico dice Antíoco en nuestro texto que “huye el sueño” de

él (Gen 31:40), que su corazón desfallece por la preocupación (1 Sam 17:32). Trata de paliar sus

desventuras con el recuerdo de la popularidad de que gozaba entre los suyos a causa de la suavidad

de sus métodos de gobierno. Pero encuentra una mancha en su pasado: los males que ha causado

a Jerusalén y al templo. Según Flavio Josefo 2, la causa de su muerte debe buscarse en el

saqueo sacrilego del templo de Jerusalén. Es el mismo rey el que achaca a estos hechos sacrilegos

el origen de tantas calamidades que le aquejan (v.13). El Dios de los judíos le ha castigado.

¿Por qué no culpa, en parte, de estos males a los dioses y diosas del templo de Elimaida, que intentó

desvalijar? Porque, a los ojos del autor sagrado, los dioses paganos no existen en realidad;

como el Salmista podría decir que tienen ojos y no ven, oídos y no oyen (Sal 115:5; 135:I6).

A la enfermedad se añade el castigo de tener que morir en “tierra extraña.” Tabe, donde

murió, según testimonio de Polibio, formaba parte del imperio seléucida, en el extremo oriental

del mismo. El autor sagrado escribe, no sin una gran dosis de ironía, que en las puertas de la

muerte tuvo que confesar Antíoco su derrota vencido por el Dios cuyo templo saqueó. Si fue

bueno para sus subditos paganos, no pudo mostrarse más déspota para con los judíos, a quienes

quiso arrebatar su fe.

Testamento y muerte del rey (6:14-17).

14 Y llamando a Filipo, uno de sus amigos, le instituyó por regente de todo el reino, 15

entregándole la diadema, el manto real y el anillo, y encargándole la tutela y educación

de Antíoco, su hijo, hasta ponerlo en el trono. l6 Murió Antíoco allí el año 149. 17

Al saber Lisias la muerte del rey, entronizó en lugar del padre a Antíoco, su hijo, a

quien de joven había educado, y le apellidó Eupator.

1518

La muerte se adueñaba del enfermo. Antes de expirar llamó a Filipo, encomendándole la tutela y

educación de su hijo. Es posible que el monarca moribundo desconfiara de Lisias, a quien había

hecho antes idéntico encargo (3:33), por las graves derrotas que habían sufrido sus tropas en Judea.

Pronto Filipo perderá los derechos de tutela sobre el joven monarca. La muerte sobrevino

durante el verano del año 163 antes de Jesucristo, correspondiente al 149 de la era griega. La noticia

de su muerte se esparció como reguero de pólvora, llegando a oídos de Lisias, quien, prescindiendo

de la última voluntad del rey, y conforme a lo que le manifestó éste antes de emprender

su campaña oriental (3:33), entronizó al hijo de Epifanes, Antíoco V Eupator (163-162).

Afirma Appiano 3 que Antíoco Epifanes murió dejando un niño de nueve años, que los sirios

llamaron Eupator a causa de la bondad y virtudes de su padre. Lisias, añade, fue el tutor del niño.

Cree Bévenot que la noticia de Eusebio4, según la cual contaba Eupator catorce años de edad

cuando sucedió a su padre, es más conforme a la realidad. El mencionado autor se basa en que el

joven monarca intervino personalmente en el ataque de Betsur y de Jerusalén (v.31). Con el reino,

dice Flavio Josefo 5, heredó de su padre el odio contra el pueblo judío.

Judas ataca la ciudadela (6:18-20).

18 Los de la ciudadela tenían a Israel asediado en el santuario, molestándoles de continuo

y apoyando la causa de los gentiles, i9 Judas resolvió quitarlos de en medio, y

para ello convocó a todo el pueblo para cercarlos en forma. 20 Concentradas las tropas,

pusieron el cerco el año 150 y construyeron ballestas y máquinas.

También la noticia de la muerte de Antíoco llegó a Jerusalén, queriendo Judas aprovechar aquel

interregno para eliminar el principal obstáculo para el culto en el templo de Jerusalén. Debió

también Judas calcular que el nombramiento de dos regentes traería división en el ejército, ocasión

que podría aprovechar él para resolver el problema de la ciudadela que el difunto rey había

establecido en el corazón del judaismo (1:35-37). Empezó el cerco el año 150, o sea, el 162 antes

de Jesucristo, utilizando Judas máquinas de guerra, al estilo de los grandes ejércitos.

Fugitivos de la ciudadela en Antioquía (6:21-27).

21 Pero algunos de los sitiados salieron, y, juntándose con ellos otros de los impíos de

Israel, se dirigieron al rey en queja, diciendo: “¿Cuándo será que hagas justicia y

defiendas a nuestros hermanos?” 22 Nosotros con gusto nos hemos sometido a tu padre

y obedecimos sus decretos, viviendo según sus disposiciones. 23 Por este motivo

nos hemos granjeado la enemistad de nuestros conciudadanos y, 24 lo que es más

aún, han matado a todos los nuestros que han caído en sus manos y se han incautado

de nuestros bienes.25 Y no sólo contra nosotros han alzado la mano, sino contra tus

dominios. 26 Ahora mismo están acampados contra la ciudadela en Jerusalén, con el

intento de apoderarse de ella, y han fortificado el templo y la ciudad de Betsur, 27 y

si no les tomas la delantera, harán cosas mayores y no podrás dominarlos.”

Flavio Josefo añade el detalle de que los fugitivos escaparon de noche de la ciudad, marchándose

al campo, donde encontraron algunos judíos apóstatas, con los cuales siguieron camino de Antioquía

para informar al rey6. Los encargados de informar al rey eran judíos apóstatas, que expusieron

al rey que Judas y los suyos consolidaban sus posiciones de día en día. Si se les deja en

paz, no habrá nadie, dentro de poco tiempo, que pueda dominarlos. En 2 Mac 13:3 se dice que

entre los judíos que se entrevistaron con el rey estaba Menelao.

1519

Antíoco Eupator en Idumea (6:28-31).

28 El rey se irritó al oír estas noticias, y convocó a todos sus amigos, a los capitanes

de su ejército y de la caballería. 29 Hasta de los otros reinos y de las islas del mar le

vinieron tropas mercenarias. 30 Alcanzó el número de sus fuerzas a cien mil hombres

de a pie, veinte mil de a caballo y treinta y dos elefantes adiestrados para la guerra;

31 todos los cuales, llegando por la Idumea, acamparon enfrente de Betsur y la combatieron

por largo tiempo con máquinas; pero los cercados hicieron una salida, y,

luchando valientemente, les prendieron fuego.

Seguramente que en la audiencia estaba presente Lisias (2 Mac 13:2). En nombre del rey, convocó

éste un gran consejo de amigos del monarca fallecido y de oficiales del ejército para reclutar

soldados. Es muy probable que haya una hipérbole en el número de los soldados de Lisias. El

elefante se usaba corrientemente en el ejército sirio, pero se tendía a prescindir de él. Aun en el

supuesto de que el número ingente de soldados fuera una realidad, no es de suponer que todos

fueran enviados a Palestina. El itinerario del ejército fue el de siempre: por la costa mediterránea

hasta la altura de Azoto o de Gaza, torciendo luego a izquierda, en dirección a Hebrón. Por mucho

tiempo Betsur resistió al cerco e infligió graves pérdidas al enemigo, pero comprendió Judas

que tal resistencia no podía prolongarse.

Judas abre un nuevo frente de batalla (6:32-41).

32 Judas levantó el cerco que tenía puesto a la ciudadela y vino a acampar junto a

Betzacaría, enfrente del campamento del rey. 33 Este se levantó de madrugada, y,

moviendo el campo a toda prisa, se dirigió por el camino de Betzacaría. Dispuestas

las fuerzas para la batalla, dio con las cornetas la señal de atacar. 34 Los elefantes,

ante los cuales habían puesto zumo de uvas y de moras para excitarlos a la pelea, 35

fueron distribuidos por las falanges, colocando al lado de cada elefante mil hombres,

protegidos con cotas de malla y con yelmos de bronce en la cabeza, y a más quinientos

caballos escogidos 36 precedían a la bestia dondequiera que iba y la acompañaban,

sin apartarse de ella. 37 Sobre éstas iban montadas fuertes torres de madera,

bien protegidas y sujetas al elefante, y en cada una dos o tres nombres valerosos,

que combatían desde las torres, y su indio conductor. 38 El resto de la caballería lo

colocó a la derecha y a la izquierda, en las dos alas del ejército, para hostigar al

enemigo y proteger las falanges. 39 En cuanto el sol comenzó a brillar sobre los escudos

de oro y bronce, brillaron los montes con ellos y resplandecían como llamas de

fuego. 40 Una gran parte del ejército del rey se desplegó en los montes altos, otra en

el llano, y todos iban con paso seguro y buen orden. 41 Los judíos quedaron espantados

al oír el estruendo de tal muchedumbre, el marchar de aquella masa y el chocar

de sus armas. Era a la verdad un ejército extremadamente grande y poderoso.

Judas tenía cercada la ciudadela de Jerusalén mientras los sirios atacaban Betsur. Al recibir noticias

de que la guarnición judía de esta fortaleza veíase desbordada por el enemigo, levantó el

cerco de la ciudadela y pensó en abrir otro frente para distraer las fuerzas enemigas en el lugar

conocido hoy día por Tell-Zacaría. Un judío llamado Rodoco (2 Mac 13:21) reveló al rey los

planes militares de Judas. A este nuevo frente de batalla corrió el grueso de las fuerzas de Lisias,

con innumerable infantería, caballería y algunos elefantes. Con estos animales pensaban los si1520

rios imponerse a los judíos. Con el fin de enardecerlos para la lucha, poníanles delante jugo de

uvas, literalmente “sangre de uvas” (Gen 49:11; Deut 32:14) y de moras; junto a los mismos

había un piquete de infantería y algunos caballos acostumbrados a la lucha. Los testimonios antiguos

que cita Bochart7 prueban que el color blanco excita al elefante (ABEL). La verdadera razón

de colocar jugo de uvas ante los elefantes se nos escapa. Cada elefante llevaba una torre de madera,

que ocupaban algunos guerreros especializados en el lanzamiento de flechas, además del

cornac que conducía al animal.

Judas y sus soldados pudieron contemplar y admirar la disciplina militar y las armas con

que estaba equipado el ejército que debía enfrentarse con ellos. No cabe duda que Lisias logró un

éxito psicológico sobre la moral de las tropas de Judas Macabeo.

Heroísmo de Eleazar (6:42-46).

42 Se acercó Judas con el suyo, se trabó la lucha, y cayeron del ejército del rey seiscientos

hombres. 43 Eleazar, hijo de Savarán, vio una de las bestias protegidas con

coraza regia, que superaba a todas las otras, y, pareciéndole que debía ser la del rey,

44 se propuso salvar a su pueblo y hacerse un nombre eterno. 45 Lleno de valor, corrió

por en medio de la falange hacia ella, matando a derecha y a izquierda y

haciendo que todos se apartasen de él. 46 Llegado al elefante, se puso debajo de él y

le hirió. Cayó el elefante encima de él, y allí mismo murió.

Judas no rehusó el combate. En el primer encuentro cayeron seiscientos soldados del ejército de

Lisias; no dice el autor cuántos fueron los muertos de la parte de Judas. La presión del enemigo

se hacía sentir cada vez más. Debía de ser crítica la situación al decidirse Eleazar a realizar una

hazaña extraordinaria, que o bien podía desbaratar al ejército sirio o terminar con su vida. En contra

de lo que él creía, el elefante en cuestión era el proigumeno, o sea el primer elefante, el que

aventaja a los otros por su estampa y coraje. Muchos Santos Padres han examinado la moralidad

del acto, preguntándose si su hazaña equivale a un suicidio indirecto. San Ambrosio exalta su

valor, intrepidez y menosprecio de la muerte de este héroe, que quiso salvar a Israel dando muerte

al opresor del mismo 8.

Huida y rendición (6:47-54).

47 Viendo los judíos la gran fuerza del rey y el empuje de su ejército, se retiraron. 48

El ejército real los persiguió de cerca en dirección a Jerusalén, y acampó contra la

Judea y el monte Sión. 49 El rey negoció las paces con los de Betsur, que salieron de

la ciudad por no tener ya vituallas para prolongar más la resistencia, pues aquel año

era año de reposo para la tierra. 50 Ocupó el rey Betsur y puso guarnición en ella

para defenderla. 51 Durante mucho tiempo estuvo acampado contra el santuario, y

puso allí ballestas, máquinas y lanzafuegos, catapultas, escorpiones para lanzar

dardos y honderos. 52 Los judíos, por su parte, construyeron máquinas contra las

máquinas enemigas y lucharon durante muchos días, 53 pero escaseaban los víveres

en sus almacenes, por ser el año séptimo, y los que se habían refugiado en Judea

huyendo de los gentiles, habían consumido los restos de las reservas, 54 y como el

hambre se había apoderado de ellos, dejaron en el santuario una poca gente, y los

demás se dispersaron, yendo cada uno a su hogar.

El elefante con la coraza regia había caído muerto, y, sin embargo, la presión del enemigo no ce1521

día, más bien aumentaba de manera amenazadora. El autor sagrado tiende el velo del silencio

sobre la honda impresión que causó en la tropa la muerte de Eleazar; pero, al decirnos que los

soldados judíos emprendieron la fuga hacia Jerusalén, confiesa veladamente que Judas fue derrotado

por el enemigo. Un destacamento de valientes continuaba resistiendo en Betsur, pero pronto

debían también entregarse, acuciados por el hambre. Habíase llegado a la carencia de víveres por

razón del año sabático y porque los judíos traídos de otras regiones habían consumido las reservas.

La tierra, según la Ley mosaica (Ex 23:10-11; Lev 25:2-7; Núm 10:32), debía descansar el

año séptimo, durante el cual era permitido a los pobres apropiarse de cuanto producían espontáneamente

los terrenos baldíos. El año 162 antes de Jesucristo, 150 de la era seléucida, era sabático.

Desde septiembre-octubre del año anterior había cesado todo trabajo agrícola en los campos

cultivados por judíos tradicionalistas. El rey perdonó la vida de los defensores de Betsur. Dejó

allí un destacamento real, con gentes originarias de Siria, de Idumea y judíos apóstatas. Báquides

la fortificó (9:52), cayendo más tarde en manos de Simón (11:65; 14:7-33) 9·

Una vez conquistada la fortaleza de Betsur, atacó Lisias el recinto del templo, empleando

para ello gran cantidad de máquinas de asalto. Los defensores del templo fabricaron armas para

contrarrestar las de los enemigos. Pero la superioridad de éstos era aplastante. Además, desde la

ciudadela controlaban los sirios el área del templo. Ante este panorama, los soldados de Judas

huyeron al campo en busca de alimentos y para salvar sus vidas en las dificultades del desierto.

Lisias pacta con Judas (6:55-63).

55 Supo en esto Lisias que Filipo, a quien el rey Antíoco antes de morir había encomendado

la crianza de su hijo Antíoco hasta instalarle en el trono, 56 había vuelto de

Persia y de Media, y con él las tropas del rey, y que pretendía apoderarse del gobierno

del reino. 57 Dióse prisa entonces Lisias a volverse, diciendo al rey, a los generales

del ejército y a la tropa: “De día en día perdemos fuerzas, escasean las provisiones,

y la plaza que combatimos es muy fuerte, y debemos ocuparnos en las cosas

del reino. 58 Tendamos, pues, la mano a estos hombres, hagamos las paces con ellos y

con todo su pueblo, 59 y convengamos en que vivan según sus leyes, como antes. Precisamente

a causa de estas leyes, que nosotros hemos pretendido abrogar, se han

irritado y han hecho todo esto.” 60 Fue bien acogida la propuesta por el rey y los generales,

y enviaron mensajeros de paz a los judíos, que la aceptaron. 61 El rey y los

generales les juraron, y en virtud de esto salieron de la fortaleza. 62 Entró el rey en el

monte de Sión, y, viendo lo fuerte del sitio, quebrantó el juramento que había hecho

y mandó destruir el muro que lo cercaba. 63 Luego se apresuró a partir, y, volviéndose

a An-tioquía, halló a Filipo dueño de la ciudad y la atacó, logrando apoderarse

de ella por la fuerza.

En un momento crítico intervino la Providencia en favor del pueblo judío. Filipo, que había sido

nombrado regente del imperio y tutor de Antíoco V, reemplazando a Lisias, había llegado a Antioquía

al frente de sus tropas. La noticia alarmó a Lisias, que temía por su posición dentro del

imperio. Entendió Lisias que la política iniciada por Antíoco Epifanes contra Israel no conducía

a nada positivo, por lo que juzgó que debía volverse a la situación existente en tiempos de Antíoco

III. Propuso al rey, a los generales y a la tropa estos sus puntos de vista, que fueron aprobados

unánimemente. Porque, además del peligro de Filipo y de las dificultades militares, existía en

Palestina el problema de la manutención del ejército, agravado por el descanso de los campos

durante el año sabático. Se hicieron proposiciones de paz con los judíos, que se aceptaron inme1522

diatamente, por encontrarse también ellos en situación precaria. Los Macabeos reconocieron la

soberanía seléucida sobre Palestina a cambio de autorizarles a regirse en conformidad a sus leyes

religiosas, “como antes” (v.59). Judas conservará su condición de jefe, subordinado a la autoridad

real de Antioquía (2 Mac 11:22-26). El rey marchó precipitadamente a la capital del reino,

pero antes, como medida de prudencia, abatió el muro que cercaba el monte Sión para quitar a

los judíos toda ocasión de atrincherarse de nuevo allí. Los judíos interpretaron aquel acto como

violación de la libertad de culto y profanación de un lugar santo, mientras que el jefe sirio lo juzgó

como simple medida de seguridad. Antíoco V y su tutor, Lisias, se enfrentaron con las tropas

de Filipo en Antioquía, prevaleciendo sobre él. Filipo pudo escapar a Egipto y ponerse bajo el

amparo de Tolomeo VI Filo-metor (2 Mac 9:29). Supone Flavio Josefo que Antíoco Eupator se

apoderó de Filipo, a quien encarceló y mandó matar poco después 10.

Muerte de Antíoco V y de Lisias (7:1-4).

1 El año 151 salió de Roma Demetrio, hijo de Seleuco, con unos cuantos hombres, y

desembarcó en una ciudad marítima, logrando ser en ella reconocido por rey. 2 Al

entrar en el palacio real de sus padres, el ejército se apoderó de Antíoco y de Lisias

para entregárselos. 3 Al saberlo, dijo: “No quiero ni ver su cara.” 4 Las tropas los

mataron, y así se sentó Demetrio en su trono real.

Seleuco IV Filopator (187-175) duró poco en el trono. En lugar de su hermano Antíoco IV Epifanes

logró que quedara prisionero de los romanos su hijo Demetrio. Pasaron los años. Al enterarse

en su cautiverio de la muerte de su tío Epifanes, Demetrio pidió al senado autorización para

trasladarse a Siria y hacer valer sus derechos al trono de los seléucidas. El senado, sin rechazar la

petición, daba largas al asunto por interesar más a Roma mantener en el trono de Siria al regente

Lisias y a un monarca menor de edad que a un hombre en la plenitud de sus facultades. El enérgico

Demetrio no cejó en sus pretensiones. Un día se presentó ante él su preceptor Diodoro con

la noticia de que el pueblo de Siria odiaba a Lisias y a Antíoco Eupator. Viendo Demetrio la apatía

del senado, cierto día, con el apoyo del historiador Polibio, escapó de Roma, embarcó en una

nave cartaginesa y desembarcó en Trípolis, en Fenicia (2 Mac 14:1). Le acompañaban ocho amigos,

cinco criados y tres jóvenes. El animoso Demetrio, que contaba a la sazón veintidós años de

edad, puso el pie en tierras de Siria el año 151, muy probablemente durante el verano de 161 antes

de Cristo, como se deduce del hecho de hacer parte de su viaje en una nave de Cartago que se

dirigía a Tiro para entregar las primicias que debían ofrecerse a los dioses de esta ciudad 1. En el

viaje de Trípolis a Antioquía (283 kilómetros) le comunicaron que la tropa, o más bien la oficialidad,

se había apoderado de Eupator y de Lisias. Demetrio no quiso ni verlos, actitud ambigua

con la que dejaba las manos libres a la oficialidad para que los ejecutaran, quedando de esta manera

libre de la responsabilidad del asesinato de dos personalidades, oficialmente amigas de Roma.

Esta muerte contribuyó sin duda a su reconocimiento como rey de Siria por los romanos.

Intrigas de Alcimo (7:5-7).

5 Luego se llegaron a él todos los malvados e impíos de Israel, con Alcimo a la cabeza,

que pretendía el sumo sacerdocio; 6 y presentaron al rey muchas acusaciones contra

el pueblo, diciendo: “Judas y sus hermanos han dado muerte a todos tus amigos,

y a nosotros nos han expulsado de nuestra tierra. 7 Te rogamos envíes una persona

de tu confianza que vaya y vea todos los estragos que nos han causado a nosotros

y al territorio del rey, y que los castigue a ellos y a cuantos les prestan auxilio.”

1523

Tan pronto como Demetrio quedó dueño del país, una comisión de judíos helenizantes, capitaneados

por Alcimo, se presentó en Antioquía, culpando a Judas y a sus hermanos de dar muerte a

los amigos del rey. Como consecuencia del pacto firmado entre Lisias y Judas, tuvieron los Macabeos

libertad para ajustar sus cuentas con los judíos apóstatas, que eran perseguidos, vejados y

constreñidos a abandonar las tierras de Palestina. Alcimo, nombre helenizado, del hebraico laqim

(1 Crón 8:19), pertenecía a la estirpe sacerdotal (v.14), pero no era de la familia del sumo sacerdote

Onías 2.

Proposiciones engañosas de paz (7:8-18).

8 Eligió el rey a Báquides, uno de sus amigos, que gobernaba 1 a región del otro lado

del río, hombre grande en el reino y fiel al soberano; 9 y le envió en compañía del

impío Alcimo, a quien instituyó sumo sacerdote, mandándole que tomara venganza

de los hijos de Israel. 10 Partieron con un gran ejército, y, llegados a la tierra de Judá,

enviaron mensajeros a Judas y a sus amigos con palabras engañosas de paz, 11 a

las que ellos no dieron crédito porque veían el gran ejército que traían. 12 Acudieron

a Alcimo y a Báquides muchos escribas reclamando un pacto justo; 13 y los asideos

fueron los primeros entre los hijos de Israel que pidieron la paz, 14 porque se decían:

“Es un sacerdote del linaje de Aarón el que ha llegado con las tropas; no nos engañará.”

15 En efecto, les habló palabras de paz y les juró, diciendo: “No os haremos

mal ni a vosotros ni a vuestros amigos.” 16 Con esto le creyeron; pero prendió a sesenta

de ellos, y en un solo día les dio muerte, según lo que está escrito: 17 “Las carnes

de tus santos y su sangre derramaron en torno de Jerusalén, y no había quien

los enterrase.” 18 El miedo y el espanto se apoderó de todo el pueblo, porque se decían:

“No hay verdad ni justicia, pues han violado los compromisos y juramentos que

habían hecho.”

La acusación hizo mella, enviando Demetrio contra Judas al generalísimo de sus ejércitos, Báquides,

sucesor del difunto Lisias, mientras él marchaba a Babilonia para atajar las pretensiones

de Timarcos. Demetrio le derrotó, recibiendo, por lo mismo, de los babilonios el sobrenombre de

Soter (salvador).

Alcimo acompañaba al generalísimo sirio Báquides en su viaje a Palestina. Propuesto

acaso para el cargo de sumo sacerdote por Antíoco Eupator, busca ahora afanosamente la confirmación

por parte del nuevo soberano, que le “instituyó sumo sacerdote” (v.5). Pero este nombramiento

por real orden no tendría eficacia en la práctica mientras el templo y la ciudad de Jerusalén

permanecieran en manos de los Macabeos y de sus amigos.

Báquides y Alcimo hacen proposiciones de paz a Judas, quien se percató de que el ofrecimiento

no era sincero. Además, ¿por qué ofrecer proposiciones de paz al amparo de un ejército

dispuesto a lanzarse sobre Jerusalén? No fue tan enérgica la actitud de los asideos. Los escribas

cayeron en el lazo que Alcimo les tendía. Quizá estaban ellos dolidos por la conducta de Judas,

que confiaba más en la eficacia de las armas que en las lucubraciones interminables de los soferim.

Los asideos vieron en Alcimo a un personaje perteneciente al linaje sacerdotal. Como hemos

dicho, Alcimo pertenecía a la estirpe sacerdotal, pero no a la familia del sumo sacerdote Onías.

Alcimo engañó a los asideos. Parece que el v.16 debe entenderse en el sentido de que, una vez

estipuladas las paces, Alcimo propuso a Báquides la idea de liquidar a aquellos asideos que se

habían mostrado más reacios a sus ofrecimientos y que en tiempos pasados se distinguieron en la

1524

lucha contra los simpatizantes del helenismo. Se citan en el v.17 unas frases de Sal 79:2 según la

versión de los LXX. Una opinión muy de moda entre los comentaristas (Calés, Castellino, Herkenne)

data la composición del salmo de los años 587-586. Pudo el salmo recibir algunos retoques

en tiempos de los Macabeos (Calés). El estilo empleado en los últimos versículos puede sugerir

la idea de que son obra del traductor griego u otro autor distinto del que escribió el original

hebraico.

Alcimo consolida su pontificado (7:19-25).

19 Báquides, saliendo de Jerusalén, vino a acampar en Bezeta y mandó prender a

muchos de los que habían desertado de él y a algunos del pueblo, y los mató, arrojándolos

a una gran cisterna. 20 Puso luego la provincia en manos de Alcimo, con

tropas para auxiliarle, y se volvió al rey. 21 Alcimo luchaba por asegurarse en el pontificado,

22 juntándose a él todos los perturbadores de su pueblo, que se apoderaron

de la tierra de Judea y causaron a Israel muchos daños. 23 Así que vio Judas los

grandes males que Alcimo y los suyos traían sobre los hijos de Israel, mayores que

los causados por los gentiles, 24 se puso en campaña, y, recorriendo toda la tierra de

Judea, castigó a los apóstatas, que cesaron de andar por ella. 25 Alcimo, viendo que

Judas y los suyos se hacían poderosos, y conociendo, por otra parte, que él no era

capaz de hacerles frente, se volvió al rey, acusándoles de muchos crímenes.

En las cercanías de Bezeta (a seis kilómetros al norte de Betsur) había pozos y cisternas. Las represalias

comenzaron tan pronto como la policía delató a los culpables. El texto puede interpretarse

de dos maneras. Admitiendo la lección de Luciano (ap'autou, de él) se infiere que fueron

arrojados a una cisterna algunos desertores de su ejército, probablemente judíos, que protestaron

por el modo injusto de tratar Báquides a sus hermanos de raza. Otra interpretación, sostenida por

Abel, se apoya en la lección met'autou (con él) y traducen: “que se habían pasado a él.” Según lo

dicho, algunos de los que se incorporaron al partido de Báquides habíanse ensañado antes contra

los helenizantes, intentando ahora borrar su pasado dudoso con alistarse al ejército sirio.

Báquides había sembrado el pánico en su alrededor. Las gentes vivían aparentemente

tranquilas, por lo que juzgó innecesaria su presencia en Palestina, dejando a Alcimo el encargo

de ultimar su misión. Estaba éste obsesionado por la idea de asegurar su pontificado, empleando

para ello más bien métodos de captación. Pero la avalancha y presión de los helenistas y judíos

renegados, que reclamaban un trato de favor, le hicieron impopular. Judas quiso terminar con las

bandas de tránsfugas rencorosos y aprovechados, impidiéndoles circular por el territorio. Por falta

de ejército no pudo Alcimo someter al Macabeo.

Misión y derrota de Nicanor (7:26-32).

26 Envió el rey a Nicanor, uno de sus capitanes más ilustres y enemigo jurado de Israel,

encargándole la destrucción del pueblo. 27 Llegó Nicanor a Jerusalén con un

poderoso ejército, y envió a Judas y a sus hermanos engañosos mensajes de amistad,

28 diciéndoles: “No haya lucha entre nosotros; yo iré a ti con poca gente; nos veremos

y hablaremos como amigos” “29Vino, en efecto, a Judas y se saludaron amistosamente;

pero los enemigos estaban dispuestos a prenderle, 30 Mas, conociendo Judas

que venían a él con engaño, temió y no quiso volver a verle más. 31 Nicanor,

cuando vio descubiertos sus planes, salió a combatir contra Judas cerca de Cafarsalama.

32 El resultado de la lucha fue que cayesen de las tropas de Nicanor unos cinco

1525

mil hombres, huyendo los demás a la ciudad de David.

Demetrio dio crédito a las acusaciones de Alcimo y decidió acabar de una vez con los reaccionarios

judíos. Confió esta tarea a Nicanor, general valiente e incondicional del monarca a toda

prueba. Fue antes amigo de Antíoco Epifanes y general de su ejército (3:38-41). Al parecer tuvo

Nicanor un altercado con Lisias, circunstancia que aprovechó para huir a Roma y ponerse a las

órdenes de Demetrio, pretendiente al trono real de Siria. En Roma preparó la fuga de Demetrio 3.

Antes del año 162 era elefantarco, (2 Mac 14:32), comandante de la sección de los elefantes. Nicanor

llegó a Jerusalén con propósitos aparentemente pacíficos. En vez de apelar a las armas,

sugirió la celebración de una entrevista entre él y Judas Macabeo. A consecuencia de los combates

en Betzacaría y en Jerusalén (6:32-62), Judas se había retirado a tierras de Gofna (Gifne), a

unos veintidós kilómetros al norte de Jerusalén 4. Nicanor envió a Judas tres diputados, llamados

Posidonio, Teódotos y Matatías. Las conversaciones tuvieron en un principio buenos resultados,

firmándose un tratado de paz. Nicanor licenció a muchos soldados que le habían acompañado

hasta Jerusalén, trabando amistad con Judas, cuya personalidad encontraba simpática. Pero Alcimo

protestó de esta camaradería entre Nicanor y su enemigo Judas, acusando al general de

obrar en contra de los intereses de la nación. Dejóse el rey impresionar por Alcimo, enviando a

Nicanor la orden de entregar a Judas encadenado en Antioquía. Las intrigas de Alcimo y la orden

real cogieron de sorpresa a Nicanor, que tomó medidas encaminadas a apoderarse de Judas. En

un choque en el término de Cafarsalama (Deir Salam, a diez kilómetros al norte de Jerusalén)

cayeron cinco mil soldados del ejército de Nicanor (según Sinaítico, Vetus Lat. y Sir., los muertos

fueron quinientos).

Nicanor en el templo (7:33-38).

33 Después de estos sucesos subió Nicanor al monte de Sión, y salieron del templo los

sacerdotes y los ancianos del pueblo para saludarle amigablemente y mostrarle los

holocaustos que se ofrecían por el rey. 34 Pero él, burlándose de ellos, los escarneció

y profanó los holocaustos con altivez, 35 y, airado, juró, diciendo: “Si Judas no se me

entrega y su ejército no se me rinde ahora, cuando vuelva victorioso daré al fuego

este templo.” Y partió lleno de cólera. 36 Salieron los sacerdotes, y de pie, frente al

altar y al templo, clamaron, diciendo: 37 “Tú, Señor, que has elegido esta casa para

que en ella fuese invocado tu nombre y fuese casa de oración y de plegaria para tu

pueblo, 38 toma venganza de este hombre y de su ejército, y caiga al filo de la espada.

Acuérdate de sus blasfemias y no permitas que salgan con sus intentos.”

El amor propio de Nicanor sintió al vivo la derrota de sus tropas en Cafarsalama, descargando

todo su furor sobre el templo y los sacerdotes que lo servían. Aunque el texto diga que Nicanor

subió al templo, en realidad salió de la ciudadela en donde se hospedaba, y descendió hacia el

monte Sión, situado en un nivel inferior, al otro lado del Tiropeón. El uso del verbo subir para

expresar la idea de encaminarse al templo remontaba a los tiempos en que la ciudad estaba edificada

sobre el Ofel. Los sacerdotes impidieron disimuladamente que Nicanor entrara en el recinto

sagrado, cumplimentándole en la misma puerta, desde la cual pudo comprobar la verdad del sacrificio

por el rey. Estos holocaustos por los soberanos reinantes estuvieron en uso durante el período

persa, griego y romano. Los gastos que ocasionaban eran saldados por los mismos monarcas5

(Bar 1:10-12; Esdr 6:8-10). Burlóse Nicanor de los sacerdotes y se burlo despectivamente de

los holocaustos. Desató su lengua en insultos contra los ministros del altar, atreviéndose, en el

1526

paroxismo de su furor, a escupirles en la cara, lo que, además de un ultraje, constituía una impureza

legal. Una idea obsesionaba al general sirio: Judas. Si al regresar de su viaje no se lo entregan,

arrasará el templo.

Batalla de Adasa y muerte de Nicanor (7:39-50).

39 Partió Nicanor de Jerusalén y asentó su campo en Betorón, donde se le agregó un

cuerpo de sirios. 40 En tanto, estaba Judas en Adasa con tres mil hombres, y, orando,

dijo: 41 “Señor, cuando los mensajeros del rey de Siria blasfemaron, un ángel tuyo

vino e hirió a ciento ochenta y cinco mil de ellos. 42 Aplasta así hoy a este ejército

ante nosotros, y que, al verle castigado por su maldad, reconozcan todos que fue por

haber amenazado tu santuario.” 43 Los ejércitos vinieron a las manos el día trece del

mes de Adar, quedando derrotado el de Nicanor y cayendo él mismo el primero en

la lucha. 44 Cuando el ejército se dio cuenta de que Nicanor había caído, arrojó las

armas y huyó. 45 Los persiguieron una jornada de camino, desde Adasa hasta Gazer,

tocando detrás de ellos las cornetas. 46 De todas las aldeas próximas de Judea salían

para acosarlos, y, luchando contra ellos, los mataron al filo de la espada, sin que

quedase ni uno solo. 47 Se apoderaron de sus despojos y de su botín y cortaron a Nicanor

la cabeza y la mano derecha, que orgullosamente había alzado contra Jerusalén.

48 El pueblo se alegró extraordinariamente y celebraron aquel día con gran regocijo,

49 y acordaron celebrarlo cada año el mismo día trece de Adar. 50 Por algún

tiempo gozó de paz la tierra de Judá.

Desde Siria llegaba un nuevo contingente de tropas para reforzar el ejército de Nicanor. Con esta

ayuda creyó él acabar con los reaccionarios judíos, apoderarse de Judas y entregar el templo a las

llamas. Judas siguió de lejos los pasos de Nicanor cuando éste, al frente del nuevo ejército, avanzaba

en dirección a Jerusalén. Judas da por descontado que Yahvé castigará la insolencia de Nicanor,

y, armado con esta confianza ciega, le presenta batalla. Colocó sus soldados en la colina

de Adasa, para lanzarse sobre las tropas de Nicanor tan pronto penetraran por las pendientes que

estrechan el camino en las cercanías de Jirbet Adasa. Nicanor cayó muerto en la refriega. Cortaron

su cabeza y la mano derecha (1 Sam 17:54; Jdt 13:15; 14:1), conforme a las costumbres militares

de aquel tiempo. Más información sobre el particular en 2 Mac 15:30-33. La batalla se dio

el 13 del mes Adar, el último del calendario hebraico, correspondiente a febrero-marzo. Todos

los años en aquel día se celebraba la fiesta de Nicanor (Megillat Taanit), que subsistía aún en el

siglo VIII después de Cristo. Pero, al coincidir con la fiesta de Purim (2 Mac 15:36), cayó en

desuso.

1 De la expoliación de un templo por parte de Antíoco IV hablan los historiadores paganos. Appiano (Syriaca

66) alude a un saqueo del templo de Afrodites en Elimaida; Poli-bio (31:9) y San Jerónimo (In

Danielern 11:44: PL 25:573) mencionan el robo del templo Ar-temides-Diana. En 2 Mac 1:13 se dice

que Antíoco asaltó el templo de Nanea, la misma diosa, al parecer, que Anaites de Eliano (De natura

animalium 12:23).

2 Ant. lud 12:9:1.

3 Syriaca 46.

4 Chron. Armen,

5 Bell.Jud. 1:40.

6 Ant. lud. 12:9,3. La Biblia comentada 2

7 Hierozaicon I 2:27.

8 De officiis 1:40.

1527

9 Véase O. Sellers, The Citadel ofBethzur (Filadelfia 1933).

10 Ant.Jud. 12:10.

1 Polibio, 31:12:12.

2 Flavio Josefo, Ant. lud. 20:10:3.

3 Polibio, 31:14.

4 Flavio Josefo, Bell, lud. 1:45.

5 Flavio Josefo, Contra Ap. 2:77.

Los Romanos entran en escena.

Fama y proezas de los romanos (8:1-8).

1 Llegó a oídos de Judas la fama de los romanos de que eran muy poderosos, que se

mostraban benévolos con todos los que se adherían a ellos, y con quienes a ellos venían

hacían alianza y amistad. 2 Le contaron de sus guerras y de las hazañas que

habían realizado en la Gaíia, apoderándose de ella y sometiéndola a tributo; 3 cuanto

habían hecho en España, apoderándose de las minas de oro y plata que allí hay y

adueñándose de toda la tierra con su prudencia y paciencia, 4 no obstante estar este

país muy distante de ellos; y cómo a los reyes que desde los confines de la tierra

habían ido contra ellos los habían derrotado, infligiéndoles tan gran descalabro, que

los restantes les pagaban tributo cada año. 5 Y que a Filipo y a Perseo, reyes de los

Kittim, los habían derrotado en guerra y los habían subyugado, 6 y a Antíoco el

Grande, rey de Asia, que estuvo en guerra con ellos y que tenía ciento veinte elefantes,

y caballería, y carros, y ejército muy numeroso, le habían vencido 7 y tomado

prisionero, imponiéndole un gran tributo a él y a los que en el reino le sucedieron,

obligándole a dar rehenes 8 y a ceder las mejores provincias, tales como la Jonia, la

Media y la Lidia, que aquéllos cedieron al rey Eumenes.

La mano de los seléucidas pesaba cada día más sobre Israel. La lucha del helenismo contra el

yahvismo arreciaba, agravada por la apostasía de muchos judíos, que buscaban en aquél la libertad

de conciencia y de costumbres que no encontraban en la rígida religión ancestral de Israel. El

“resto de Israel” corría peligro de reducirse a su mínima expresión. Volviendo la vista a su alrededor,

veíase el horizonte cerrado; en medio de tanta soledad vislumbraron una vaga esperanza

en un imperio famoso, de las tierras de los Kittim, que tenía la fama de proteger a los pueblos

pequeños oprimidos por las grandes potencias. En Palestina había llegado la noticia de que Roma

había ayudado a Tolomeo Filometor, a Eumenes, rey de Pérgamo; a Timarco, gobernador de Babilonia.

El senado reconoció a Demetrio como rey amigo, sólo en 160, mientras se “comportara

como tal.” 1 De ello concluyeron los Macabeos que Roma veía con malos ojos la política sectaria

de los seléucidas. Los romanos eran poderosos, invencibles, metódicos, prudentes, tenaces, simples

en el porte externo, fieles a sus palabras y con los pueblos amigos, aliados incondicionales

de las naciones que se acogían a su protección. A ello se añade que ninguno entre ellos lleva diadema

ni viste púrpura, no teniendo, por lo mismo, ocasión de engreírse. En vez de confiar el gobierno

a un dictador despótico, disponen de un senado que mira por el bien del pueblo y por su

buen gobierno. La fama fácilmente hermoseaba y alteraba cuanto concernía a un pueblo conocido

desde Palestina únicamente por el eco de sus estrepitosas victorias. Todo el elogio ditirámbico

1528

a favor de los romanos puede interpretarse como una sátira velada contra los griegos, cuya dominación

y cultura combatían los Macabeos (Penna, Vaccari).

La idea de recabar la ayuda de los romanos se venía incubando desde tiempo. Que Judas

se dirigiera al senado poco antes del advenimiento de Demetrio, puede inferirse de la carta de

recomendación de Cayo Fanio, cónsul en 161 antes de Cristo, cuya finalidad era facilitar el paso

de embajadores judíos a través del territorio de Cos de vuelta de su misión en Roma 2.

La fama de que gozaban los romanos iba respaldada por hechos concretos. Los romanos

se cubrieron de gloria combatiendo contra tois galatais 3. Cartagineses y romanos se disputaron

el dominio de España para apoderarse de sus minas 4. Los reyes de los confines de la tierra son

acaso Aníbal, Asdrúbal, que a través de las columnas de Hércules, situadas al fin del mundo, llegaron

a España.

Los romanos fueron también poderosos en Oriente. Filipo V fue derrotado por los romanos

en Cinocéfale (197 a.C.); la misma suerte corrió Perseo en Pidna, el año 168, por obra de

Emilio Paulo. Antíoco III sucumbió ante el talento militar de Escipión el Africano en la batalla

de Magnesia (190), perdiendo su hegemonía en Oriente y siendo constreñido a pagar un fuerte

tributo. Los historiadores paganos (Appiano, Tito Livio) no dicen que Antíoco cayera prisionero.

El autor sagrado refiere los rumores que circulaban en torno a la derrota de Antíoco, sin comprometer

su propio juicio ni pretender examinar la verdad de los hechos a que se aludía. La India

no perteneció nunca a los seléucidas, ni la Media fue cedida a los romanos. Para obviar esta dificultad,

creen algunos que en el texto original se leían los nombres de Jonia y Nisia, en vez de los

de India y Media, que por un error introdujo en el texto un copista. Es cierto que los romanos

entregaron a Eumenes las regiones de esta parte del Taurus, o sea la Misia, Lidia, Frigia, Licaonia

y parte de Cara y Licia.

Conducía con los aliados y los enemigos (8:9-13).

9 Los griegos quisieron ir contra ellos y aniquilarlos; pero, en cuanto les fue conocido

el propósito, 10 enviaron contra ellos un general que los combatió, cayendo de los

griegos muchos en el campo, siendo llevados cautivos las mujeres, y los hijos, saqueados

los bienes, subyugada la tierra, destruidas las fortalezas y reducidos a servidumbre

hasta hoy. 11 A los demás reinos e islas, cuantos se les opusieron, totalmente

los subyugaron. 12 Pero a sus aliados y amigos que en ellos confían les guardan fidelidad,

y así habían logrado dominar los reinos próximos y remotos. Cuantos saben

de su fama los temen, 13 y cuantos son por ellos ayudados para reinar, reinan, y a los

que no quieren los destituyen, y así han adquirido gran poder.

Quisieron los griegos medir sus fuerzas con Roma, como hicieron antes con Persia; pero fueron

vencidos. En un principio, los romanos se comportaron suavemente en la guerra contra la Liga

Etolia, que se había aliado con Antíoco (190 a.C.). Más tarde mostráronse duros con ellos en la

guerra, que acabó con la destrucción de Corinto por el cónsul Lucio Mummio y la anexión de

Grecia a Roma, formando la provincia romana “de Acaya. Como puede observarse, el autor sagrado

incluye en el cuadro trazado acontecimientos posteriores a los rumores que llegaron a oídos

de Judas. Lo mismo hace al aludir a las islas de Chipre y Creta (ν. 11). Con los aliados son

los romanos buenos amigos. La situación apurada en que se encontraban los judíos ortodoxos les

impedía ver el interés egoísta y el tacto diplomático que imperaba en las relaciones de Roma con

los pueblos aliados.

1529

Régimen democrático de los romanos (8:14-16).

14 Entre ellos nadie lleva diadema ni viste púrpura para engreírse con ella. 15 En vez

de esto se ha creado un senado, y cada día deliberan trescientos veinte senadores,

que de continuo miran por el bien del pueblo y por su buen gobierno. 16 Cada uno

encomienda a uno solo el mando y el dominio de toda su tierra, y todos obedecen a

este único, sin que haya entre ellos envidias ni celos.

En Palestina había llegado la noticia de que el senado se componía de trescientos veinte miembros,

en vez de trescientos, como consta de los autores latinos. Tampoco el senado, en contra de

lo que decía el vulgo y el autor sagrado recoge, se reunía todos los días, pues lo hacía en casos de

necesidad y en las calendas e idus de cada mes. Asimismo era equivocada la noticia de que cada

año se encomendara el mando a un individuo. Según Vaccari, se alude aquí a la institución del

consulado anual. Se sabe que los cónsules romanos eran siempre dos; pero a las expediciones a

tierras lejanas iba solamente uno. Es también posible que la idea de un cónsul naciera en Palestina

por haberse entrevistado los embajadores judíos en Roma con uno solo de los cónsules.

Delegados judíos a Roma (8:17-21).

17 Eligió Judas a Eupolemo, hijo de Juan, hijo de Acco, y a Jasón, hijo de Eleazar, y

los envió a Roma para hacer con ellos amistad y alianza,18 librándose así del yugo

del reino griego, pues veían que el designio de éste era someter a Israel a servidumbre.

19 Llegaron a Roma después de un largo viaje, entraron en el senado, y, tomando

la palabra, dijeron: 20 “Judas Macabeo, sus hermanos y el pueblo de los judíos

nos envían para hacer con vosotros alianza de paz y pedir que nos inscribáis en la

lista de vuestros aliados y amigos.” 21 Estas palabras fueron bien recibidas.

El primer mensajero fue Eupolemo (2 Mac 4:11), con nombre helenizado, pero fiel a los principios

del yahvismo. Se cree que es el autor de una historia de los reyes de Judá, de que hablan Eusebio

5, Clemente de Alejandría y San Jerónimo 6. En ella, aunque respetuoso con el texto sagrado,

tiene una concepción helenista de la historia. La familia de Acco vióse obligada, después del

exilio, a probar sus títulos genealógicos para poder ejercer el sacerdocio (Esdr 2:61; Neh 7:63).

El otro enviado se llamaba Jasón, forma helenizada de la palabra hebraica Josué, o Jesús. Era

hijo de Eleazar, que murió mártir a los noventa años en defensa de la Ley (2 Mac 6:18ss). El viaje

fue largo y, muy probablemente, por mar. Dos cosas pedía Judas a los romanos: trabar amistad

con ellos y obtener ayuda contra el enemigo seléucida.

Documento oficial (8:22-32).

22 He aquí la copia de la carta que escribieron en tablas de bronce, y que enviaron a

Jerusalén para que les fuese memorial de paz y de alianza: 23 “Salud a los romanos y

al pueblo judío por mar y por tierra para siempre, y que la espada y el enemigo estén

siempre lejos de ellos. 24 Si el pueblo de los romanos fuera el primero atacado o

lo fuese alguno de sus aliados en todo su imperio, 25 el pueblo de los judíos les prestará

auxilio, según las circunstancias lo dicten, con plena lealtad. 26 Al enemigo no le

dará ni suministrará trigo, armas, plata ni naves. Esta es la voluntad de los romanos,

y guardarán este convenio sin compensación ninguna. 27 Asimismo, si primero

1530

el pueblo judío es atacado, los romanos le ayudarán lealmente, según las circunstancias

lo dicten, 28 y al enemigo no le darán ni trigo, ni armas, ni plata, ni naves. Tal es

la voluntad de los romanos. 29 Conforme a estas condiciones se conciertan los romanos

con el pueblo judío. 30 Si después de este acuerdo unos y otros quisieren añadir o

quitar alguna cosa, podrán hacerlo a voluntad, y lo añadido o quitado será o dejará

de ser valedero. 31 Cuanto a los daños que les ha causado el rey Demetrio, ya hemos

escrito a éste diciendo: ¿Por qué impones tan pesado yugo sobre nuestros amigos y

socios los judíos? 32 Si vuelven a quejársenos de ti, les haremos justicia, haciéndote

la guerra por mar y por tierra.”

Era costumbre que tales tratados internacionales se grabaran en bronce; una copia se depositaba

en el Capitolio y la otra se mandaba al Estado con el cual se hacía alianza. Falta en el texto recogido

en el libro sagrado el preámbulo de este documento, que se omitió adrede para evitar la

transcripción de nombres paganos, tales como Capitolio, Júpiter, etc. El documento fue redactado

en latín, con traducción griega, traducido al hebreo por el autor del libro y vertido más tarde al

griego, tal como se ha conservado hoy. En confirmación de la autenticidad del documento se

aduce el hecho de que está redactado en el mismo estilo que los otros contratos firmados entre

los romanos y los griegos, señalándose, en concreto, el aequum foedus encontrado en la isla de

Stampolia (antigua Astupalea), del año 105 antes de Cristo. La analogía entre este contrato y el

que figura en nuestro texto es palpable 7. El documento impone a las dos partes firmantes obligaciones

iguales (aequum foedus).

Los V.3I-32 no forman parte del documento. Más bien contienen la narración hecha por

los embajadores sobre las consecuencias inmediatas del tratado firmado. Un toque de alarma a

Demetrio por parte de los romanos equivalía a un aviso serio.

Báquides en Judea (9:1-6).

1 Cuando Demetrio supo que Nicanor y su ejército habían caído en la batalla, volvió

a enviar por segunda vez a Báquides con Alcimo a tierra de Judá, a la cabeza del ala

derecha de su ejército. 2 Tomaron el camino de la oamea y acamparon en Masalot,

cerca de Arbela, apoderándose de ella y matando a muchos. 3 En el mes primero del

año 152 asentaron su campo enfrente de Jerusalén; 4 pero veinte mil hombres de infantería

y dos mil caballos se dirigieron a Berea. 5 Entre tanto, Judas había acampado

en Laisa con tres mil hombres escogidos, 6 los cuales, viendo la muchedumbre

del ejército, temieron sobremanera, huyendo muchos del campo y no quedando de

todos más que ochocientos.

Este capítulo enlaza con lo dicho en 7:50. El tratado entre los romanos y Judas no impide que

Demetrio mande de nuevo un poderoso ejército contra Judea. Báquides y Alcimo vuelven a Palestina

con el ala derecha del ejército, esto es, con las tropas más aguerridas, que solían estar a

las órdenes inmediatas del rey. Desde el norte de Siria tomó la dirección de Galilea, acampando

cerca de Arbela, el actual Jirbet Irbit, a la altura de Magdala y no lejos del lago de Genesaret.

Masalot, del hebreo mesilloth, escaleras, no es nombre de lugar. Por el texto se deduce que Báquides

marchó a Jerusalén, o porque creía encontrar allí a Judas o para entronizar a Alcimo en

sus funciones sacerdotales en el templo. Al enterarse de que Judas acampaba a unos kilómetros

al norte, fue en busca suya. Las tropas cansadas de Judas temblaron a la vista del numeroso ejército

enemigo.

1531

Cunde el desaliento (9:7-10).

7 Viendo Judas que su ejército se disgregaba y que, sin embargo, la batalla era inminente,

se sintió aplanado, porque no le quedaba tiempo para volverlos a juntar, 8

y, sintiendo que se le rompía el corazón, dijo a los que le quedaban: “Ea, vayamos al

enemigo, a luchar contra él.” 9 Querían ellos disuadirlo, diciendo: “No podremos;

mejor nos sería conservar ahora nuestra vida y volver luego con nuestros hermanos;

entonces podremos combatirlos; por ahora somos muy pocos.” 10 Pero Judas contestó:

“Lejos de mí hacer tal cosa, de huir ante ellos. Si nuestra hora ha llegado, muramos

valerosamente por nuestros hermanos y no empañemos nuestro honor.”

No sabemos las causas que concurrieron al relajamiento total de la moral combativa de las tropas

de Judas. La superioridad numérica del enemigo fue más bien un pretexto para rehuir el combate.

Unos se marcharon, otros quedaron al lado de Judas, pero con una moral muy resquebrajada. Judas

midió justamente lo trágico de la situación, temiendo que su fin se acercaba. Sólo Dios, con

un milagro, podía salvarle. Del pesimismo que invadía a los combatientes, y que influía extraordinariamente

en sus ánimos, se hace eco el mismo autor sagrado.

Encarnizados combates (9:11-16).

11 En esto el campo enemigo se movió y ellos le hicieron frente. La caballería se dividió

en dos partes: los honderos y arqueros del ejército, todos hombres valientes, se

adelantaron, ocupando la primera fila. 12 Estaba Báquides en el ala derecha, e hizo

al sonido de las cornetas avanzar la falange dividida en dos cuerpos. 13 Los de Judas

dieron también la señal, y la tierra tembló al estruendo de los ejércitos. La batalla

fue encarnizada, y duró desde la mañana hasta la tarde. 14 Vio Judas que Báquides,

con el núcleo más fuerte de su ejército, estaba en el ala derecha, y, juntando a los

más animosos, 15 se echó con ellos sobre el enemigo, derrotándolo y persiguiéndolos

hasta el pie de la montaña. 16 Los del ala izquierda, viendo derrotada y en huida la

derecha, pudieron perseguir a Judas y a los suyos por la espalda.

Fue el ejército sirio quien tomó la iniciativa. No se dice que Judas invocara a Dios al principio de

la batalla; apela él al honor para no rehuir el combate, pero parece no acordarse de Dios. Acaso

no quiso el autor sagrado comprometer la causa divina en una lucha que más parecía un suicidio

voluntario que un combate entre dos ejércitos.

Muerte de Judas (9:17-22).

17 La lucha se agravó, cayendo muchos de una y otra parte. 18 Cayó también Judas,

y los restantes huyeron. 19Jonatán y Simón tomaron a Judas, su hermano, y le dieron

sepultura en el sepulcro de sus padres en Modín. 20 Le lloraron, y todo Israel

hizo por él gran duelo y por muchos días hicieron luto, diciendo: 21”Cómo ha caído

el valiente, el salvador de Israel!” 22 Por lo demás, la historia de las guerras de Judas,

sus hazañas, su magnanimidad, son demasiado grandes para ser escritas.

La lucha se agravó, y de una y otra parte cayeron muchos. Entre ellos cayó también Judas. Los

supervivientes de su ejército huyeron a la desbandada. Las gentes de Judas mutilaron el cadáver

1532

de Nicanor (7:47). Era de temer que la misma suerte corriera el de Judas; pero sus hermanos lograron

de Báquides, no sabemos a precio de qué, la autorización de llevarse el cadáver de su

hermano y sepultarlo en Modín.

1 Polibio, 32:7:13.

2 Flavio Josefo, Ant. lud. 14:10:15; NIESE, Festschrift für Noídefee II 81733.

3 Hállase muy difundida la opinión de los que relacionan la mencionada palabra griega con los habitantes.

de la Galia y no de Galacia. Después de los estudios de Mommsen, escribe Bévenot, está fuera de

duda que el término griego tois galatais no se refiere a los gálatas, que se establecieron en Asia Menor

el año 240 antes de Cristo, sometidos por Manlio Vulso el 189 (Τίτο LIVIO, 38:17:37), sino a los galos

del norte de Italia, que apoyaron a Aníbal en la segunda guerra púnica (218-201), siendo vencidos definitivamente

en el año 190 antes de Cristo.

4 Plinio, Nat. Hist. 33:4:6; Estrabón, 3:3.

5 Praep. Evang. 30:34·

6 Schürer, III 474-477; Bellet, l.c., 309-

7 Véase su texto en Bévenot y en CIG, n.248s.

3. Jonatan, Sucesor de Judas (c.9:23-12:54).

Israel a la deriva (9:23-27).

23 Muerto Judas, cobraron ánimo los apóstatas en todo el territorio de Israel y levantaron

cabeza los obradores de la iniquidad. 24 Hubo por aquellos días un hambre

grandísima, y el pueblo se pasó a ellos. 25 Escogió entonces Báquides hombres impíos

y los estableció por señores de la tierra. 26 Buscaban éstos insistentemente el paradero

de los amigos de Judas y los llevaban a Báquides, que los castigaba y escarnecía.

27 Fue ésta una gran tribulación en Israel, cual no se vio desde el tiempo en que no

había entre ellos profetas.

La muerte de Judas sumió a Israel en una situación muy precaria. Los que le habían seguido encerráronse

en sus casas o buscaron asilo en tierras inhospitalarias para no sufrir el oprobio de su

derrota ni escuchar los improperios que les echaban en cara los helenizantes. Los judíos apóstatas

arreciaron en su persecución, aprovechando la coyuntura para vengarse y tomar represalias.

El hambre agravó la situación de los fieles escondidos en sus casas o en los desiertos. El excesivo

rigor por parte de Báquides y los excesos de los apóstatas despertaron a los judíos del sopor

en que yacían y les confirmaron en la necesidad de agruparse bajo un mando y luchar por las reivindicaciones

nacionales.

Elección de Jonatán y su huida al desierto (9:28-34).

28 Reuniéronse entonces todos los amigos de Judas y dijeron a Jonatán: 29 “Desde

que murió tu hermano Judas no apareció ninguno semejante a él, capaz de hacer

frente a los enemigos, a Báquides y a los perseguidores de nuestro pueblo. 30 Pero

hoy te elegimos en su lugar para que seas nuestro jefe y capitán, para que nos lleves

a nuestras batallas.” 31 Aceptó Jonatán el mandato y ocupó desde entonces el puesto

de Judas, su hermano. 32 Cuando Báquides tuvo noticia de ello, le buscó para darle

muerte. 33 Mas, sabiéndolo Jonatán, su hermano Simón y sus parciales, huyeron al

desierto de Tecoa y acamparon junto a las aguas de la cisterna de Asfar. 34 Súpolo

1533

Báquides en un día de sábado, y vino con todo su ejército al otro lado del Jordán.

Jonatán era conocido por su valor y su fidelidad a la memoria de su padre. Al comunicarle los

conjurados que habían pensado en elegirle por jefe (arjon) y caudillo (egoúmenos), no rehusó la

oferta. Con ello se oponía al acuerdo concluido con el general sirio, por lo que tuvo que huir a

uña de caballo al desierto de Tecoa. Era el desierto el único lugar no controlado por las tropas de

Báquides y en donde podían fácilmente ocultarse los que vivían al margen de la ley. Ocias había

hecho una gran obra en el desierto de Tecoa al construir torres y excavar muchas cisternas (2

Crón 26:10) para los pastores y sus rebaños. La de Asfar se hallaba en el lugar que ocupan las

ruinas de Bir-ez-Zaferán, a cinco kilómetros al sur de Tecoa. No nos explicamos el porqué Báquides,

al oír que Jonatán se retiró al desierto de Tecoa, se marchase a Transjordania. Acaso nos

hallamos frente a una glosa muy antigua, ya existente en el texto hebraico, y que pasó a la versión

griega 1.

Traición y castigo de los nabateos (9:35-42).

35 Envió Jonatán a su hermano por jefe de una tropa, y rogó a los nabateos, sus amigos,

les permitieran dejar a su custodia el bagaje, que era mucho. 36 Pero salieron de

Madaba los hijos de Jambri, y se apoderaron de Juan y de cuanto llevaba, y se partieron

con ello. 37 Llegó a Jonatán y a Simón, su hermano, la nueva de que los hijos

de Jambri celebraban una solemne boda con gran pompa y conducían desde Nadabat

la novia, hija de uno de los magnates de Canaán. 38 Y, acordándose de su hermano

Juan, salieron, se ocultaron al abrigo de un monte, 39 alzaron los ojos y vieron

una caravana regocijada y numerosa. Era el novio, que con sus amigos y hermanos

salían al encuentro de la novia con panderos, instrumentos músicos y muchas armas.

40 Lanzándose fuera de su escondite, los de Jonatán los atacaron, quedando

heridos muchos y huyendo los restantes al monte, apoderándose los vencedores de

todos los despojos. 41 Las bodas se convirtieron en llanto; el sonido de la música, en

lamentaciones; 42 y, tomada venganza de la sangre de su hermano, se volvieron a la

ribera pantanosa del Jordán.

Cada uno que se juntaba a Jonatán y acudía a su escondite del desierto ponía a buen recaudo todo

cuanto poseía. Pensó Jonatán confiar la custodia de estos bienes a los nabateos (5:25), de vida

semi-nómada, que habitaban al sudeste del mar Muerto. Juan, hermano suyo, fue el designado

para llevar el bagaje a la tierra de los nabateos y de asegurar a las mujeres e hijos de los combatientes

una morada segura. Juan y su comitiva atravesaron el Jordán, llegando al país de los moabitas.

En el camino les salieron al encuentro los hijos de Jambri, instalados en Madaba (Núm

21:30; 1 Crón 19:7), a treinta y cinco kilómetros al sur de Ammán, asaltando la caravana y matando

al jefe que la conducía. Jonatán quiso vengar la afrenta, y aprovechó la ocasión de celebrarse

una suntuosa boda.

Escaramuza junto al Jordán (9:43-49).

43 Supo el suceso Báquides, y en día de sábado vino con mucha fuerza hasta las márgenes

del Jordán. 44 Dijo entonces Jonatán a los suyos: “Ea, luchemos por nuestra

vida. No es hoy como ayer y anteayer. 45 El peligro nos acosa por delante y por detrás;

ahí y allí, las aguas del Jordán, las márgenes pantanosas y el bosque; no hay

escape. 46 Clamad, pues, al cíelo para que os salve de vuestros enemigos.” Trabóse la

1534

batalla. 47 Alzó Jonatán para herir a Báquides; pero éste retrocedió, esquivando el

golpe. 48 Salvaron Jonatán y los suyos el Jordán, pasando a nado a la ribera opuesta;

pero los enemigos no atravesaron el Jordán para perseguirlos. 49 Aquel día cayeron

como unos mil hombres de los de Báquides.

Llegó a Báquides la noticia del desplazamiento de Jonatán al otro lado del río Jordán y quiso cortarle

la retirada. Aprovechó un sábado, por conocer la costumbre judía de no pasar a la ofensiva

en día de fiesta (2:41). Báquides vadeó el río y se camufló en los matorrales que crecen junto al

mismo, en la ribera izquierda, esperando el regreso de Jonatán. Vióse Jonatán aprisionado entre

el ejército sirio y el Jordán, siendo la situación desesperada. “No es como ayer y anteayer” (Gen

31:2; Jos 4:18; 1 Sam 5:2; 2 Re 13:5), queriendo decir: Jamás nos hemos encontrado en situación

tan comprometida; no hay escape. Jonatán recomienda la oración, pero atacó al mismo tiempo a

Báquides, haciéndole retroceder. Del ejército de Báquides cayeron unos mil hombres, cifra que

Flavio Josefo hace remontar a dos mil. Duro debió de ser el golpe recibido por Báquides, el cual

no se atrevió a vadear el Jordán y perseguir a Jonatán y a su ejército.

Fortificaciones de Báquides (9:50-53).

50 Vuelto éste a Jerusalén, edificó ciudades fuertes en Judea, la fortaleza de Jericó, la

de Emaús, la de Betorón, la de Betel, la de Tamnata, la de Faratón y la de Tefón,

con muros altos y puertas y cerrojos, 51 y poniendo en ellas guarnición para hacer la

guerra a Israel. 52 Fortificó asimismo las ciudades de Betsur y Gazer y la ciudadela,

y puso guarniciones y las abasteció de víveres. 53 Tomó luego a los hijos de los principales

del país como rehenes y los recluyó en la ciudadela de Jerusalén.

Se alargaba desmesuradamente la estancia de Báquides fuera de Antioquía. No valía la pena seguir

la vida nómada de unos pocos guerrilleros descontentos con el gobierno de la nación. Bastaba

levantar sólidas fortalezas en los puntos neurálgicos del país. Jericó ocupaba un lugar clave

que controlaba las rutas de Jerusalén a la TransJordania; Amuás o Emaús era como un centinela

al pie de la Sefela, que guardaba los accesos a Judea y a Jerusalén. Betorón dominaba la región

de Modín y los accesos a las montañas de Efraím. Betel (Beitin) defendía la capital por el septentrión.

A dieciséis kilómetros al norte de Betel se encuentra Tamnata (Jirbet Tibna), en el camino

que une Gofna y Birzeit con la región de Modín. Faratón y Tefón no han sido plenamente identificadas.

Muerte de Alcimo (9:54-57).

54 El año ciento cincuenta y tres, el mes segundo, ordenó Alcimo derribar el muro

del atrio interior del santuario, destruyendo la obra de los profetas. Comenzó a ejecutarlo,

55 pero le sobrevino un ataque apoplético y quedaron suspendidas las obras.

Se le cerró y paralizó la boca, de modo que no pudo ya hablar palabra ni disponer

de su casa. Murió Alcimo en medio de grandes tormentos. 56 Luego que Báquides

vio muerto a Alcimo, se volvió al rey, 57 y la tierra de Judea gozó de paz por dos

años.

Había en el templo un muro de separación entre el atrio de los judíos y el de los gentiles (1 Re

7:12), obra de los profetas, particularmente de Ageo y Zacarías. Que Alcimo pretendiera reemplazarlo

por otro de estilo helenístico o que maquinara quitar toda la barrera entre judíos y paga1535

nos, no es fácil determinarlo. En tiempo de Herodes, la división entre un atrio y otro era señalada

por el soreg, o balaustrada, cuya altura llegaba hasta el pecho.

Segunda expedición de Báquides (9:58-66).

58 Todos los apóstatas tomaron de común acuerdo esta resolución: “Jonatán y los

suyos viven muy tranquilos y confiados; pues bien, hagamos venir a Báquides, y en

una noche los prenderemos a todos.” 59 Fuéronse a Báquides y se aconsejaron con él.

60 En efecto, se dispuso a venir con mucha fuerza. En secreto envió cartas a todos sus

parciales de Judea para que prendieran a Jonatán y a los suyos; lo que no pudieron

hacer, por haber llegado tal designio a conocimiento de ellos. 61 Lejos de eso, tomaron

ellos presos a unos cincuenta hombres de la tierra, cabecillas de aquella conjura,

y les dieron muerte. 62 Luego, Jonatán y Simón, con los suyos, se retiraron a Betbasí,

en el desierto; levantaron lo que estaba arruinado y la fortificaron. 63 Informado

Báquides de esto, reunió toda su gente y avisó a los de Judea. 64 Vino a acampar enfrente

de Betbasí, la atacó durante muchos días empleando máquinas, que construyó

exprofeso. 65 Jonatán dejó en la ciudad a su hermano Simón, y él salió al campo

con un puñado de hombres. 66 Derrotó a Odoaren, a sus hermanos y a los hijos de

Fasirón en sus tiendas, iniciando así sus sucesos y aumentando sus fuerzas.

Los apóstatas judíos diéronse cuenta de que los años de paz eran aprovechados por Jonatán y los

suyos para emprender una nueva ofensiva. La oficialidad siria que custodiaba las fortalezas levantadas

por Báquides no veía mayor peligro en las actividades de los hermanos Macabeos,

acantonados en Modín y pueblos de los alrededores. Los intrigantes judíos acudieron entonces al

crédulo Báquides, quien, creyendo que su campaña sería un paseo triunfal, dirigióse personalmente

a Judea. Sus esperanzas de apoderarse por sorpresa de los Macabeos fracasaron.

Derrota de Báquides y proposiciones de paz (9:67-73).

67 Simón y los suyos salieron de la ciudad, pusieron fuego a las máquinas 68 y atacaron

a Báquides, a quien causaron una gran derrota; le pusieron en grave aprieto,

haciendo fracasar con sus planes su expedición. 69 El se enfureció contra los impíos

que le habían aconsejado ir a Judea, hizo dar muerte a muchos de ellos y resolvió

volverse a su tierra. 70 Así que Jonatán tuvo noticia de ello, le envió embajadores para

concertar la paz y hacerle entrega de los prisioneros. 71 Asintió a ello Báquides y

aceptó las proposiciones, jurando no causarle mal alguno en todos los días de su vida.

72 Hízole entrega de los prisioneros que antes había tomado de la tierra de Judá

y partió para su tierra, no volviendo más a los confines de Judea. 73 Cesó la guerra

en Israel, y Jonatán estableció su residencia en Majmas, donde comenzó a gobernar

al pueblo y exterminar a los impíos de Israel.

El sistema de los dos frentes desconcertó a Báquides. Mientras Jonatán hostigaba las tropas en

torno a Betbasí, Simón aprovechó la coyuntura para hacer una salida e irrumpir sobre los asaltantes.

Según Flavio Josefo 2, el ataque de Jonatán fue de noche. Al verse Báquides cercado por sus

adversarios y atacado de frente y por la espalda, cayó víctima del desánimo, no acertando a idear

una maniobra que le pusiera al abrigo del enemigo. A falta de otras víctimas más codiciadas,

culpó a los impíos judíos de su fracaso, descargando contra ellos el peso de su ira. Humillado,

resolvió regresar a su tierra, pensando que, si los judíos helenizantes tenían cuentas pendientes

1536

con Jonatán, las resolvieran ellos mismos. En este estado de ánimo aceptó sin dificultad la firma

de un armisticio que le sugirió Jonatán. Este retiróse a Majmas, a unos quince kilómetros al norte

de Jerusalén, alejado de las guarniciones griegas de la capital y con libertad de movimientos. El

autor del libro atribuye a Jonatán las prerrogativas que tenían los antiguos jueces de Israel Que

3:10; 4:4; 1 Re 3:9; 2 Re 15:15). El autor sagrado no manifiesta acaso toda la verdad sobre

los motivos que indujeron a los judíos de Palestina a acusar a Jonatán. Lo más probable es

que éste aprovechara todas las circunstancias para humillar a estos apóstatas y dar muerte a los

que se enorgullecían de sus ideales helenistas, apoderándose de sus bienes.

Jonatán halagado por Demetrio (10:1-6).

1 El año 160, Alejandro, hijo de Antíoco Epifanes, se alzó en armas y se apoderó de

Tolemaida, siendo bien acogido y reconocido como rey. 2Informado de ello el rey

Demetrio, juntó muchas tropas y salió a campaña contra él. 3 Al mismo tiempo envió

Demetrio a Jonatán cartas amistosas con promesas de engrandecimiento, 4 porque

se decía: “Apresurémonos a hacer las paces con él antes de que las haga con Alejandro

contra nosotros, 5 acordándose de todos los males que le hemos hecho a él, a sus

hermanos y a su pueblo.” 6 Le dio autoridad para juntar ejército, fabricar armas; le

prometió que le contaría entre sus aliados y le devolvería los rehenes que tenía en la

ciudadela”

La política interna de los seléucidas contribuiría en adelante a afianzar en el poder a Jonatán. No

estaba el pueblo contento con el carácter misántropo y despótico del rey; tampoco los romanos

veían con agrado los éxitos militares de Demetrio. En su victorioso trono debía experimentar la

sacudida de la rebelión desencadenada por Alejandro Bala.

Este, que por su parecido físico hacíase pasar por hijo de Antíoco — el autor sagrado no

quiere dirimir la cuestión de su origen —, fue el instrumento de que se sirvieron los romanos y

los soberanos enemigos Tolomeo VI, Attalo II de Pérgamo y Mitrídates V de Capadocia, para

derrocar a Demetrio. Alejandro era natural de Esmirna, “desconocido y de estirpe incierta” !;

“hombre de ascendencia humilde” 2. Por su temperamento aventurero, el rey Attalo II le revistió

de las insignias reales y lo envió a Cilicia, para que fuera allí una amenaza constante para Demetrio.

En este tiempo, Heráclides, antiguo ministro de Hacienda de Epifanes, queriendo vengar la

muerte de su hermano Timarco por parte de Demetrio, logró, durante el invierno del 153-152

antes de Cristo, que el senado romano reconociera las pretensiones de Alejandro Bala sobre el

trono de Siria. El aventurero Bala llegó a las costas de Siria protegido por la flota egipcia, desembarcando

en Tolemaida y adueñándose de ella por sorpresa. Corría el año 160 de la era seléucida,

152 antes de Cristo.

Tolemaida era una plaza importante que dominaba toda Palestina, y era la base principal

del sistema defensivo de la Fenicia. Podía, además, recibir la ciudad ayuda militar de Egipto, cuyo

rey, Tolomeo VI, veía con buenos ojos el amotinamiento de Alejandro. Demetrio reaccionó

como guerrero y como diplomático. En una carta a Jonatán trata de atraérselo a su causa con

promesas zalameras, convencido de la necesidad que tenía ahora de un aliado al sur del imperio.

Jonatán en Jerusalén (10:7-14).

7 Vino Jonatán y leyó las cartas en presencia del pueblo y de los que se hallaban en

la ciudadela. 8 Un gran temor se apoderó de todos cuantos oyeron que el rey le daba

autoridad para juntar el ejército. 9 Los de la ciudadela le devolvieron los rehenes,

1537

que él entregó luego a los padres de éstos; 10 y estableciendo su residencia en Jerusalén,

comenzó luego a restaurarla y renovarla. 11 Mandó a los obreros construir los

muros y rodear el monte de Sión de un muro de sillares, para mayor fortaleza, como

se hizo. 12 Huyeron todos los extranjeros que había en la fortaleza edificada por Báquides,

13 y abandonó cada uno el lugar en que vivía para irse a su tierra. 14 Sólo en

Betsur quedaron algunos de los que habían abandonado la Ley y los preceptos, porque

les servía de refugio.

Jonatán sacó provecho de las cartas reales, que leyó en Jerusalén en presencia de amigos y de

enemigos. Tan pronto como recibió las epístolas de Demetrio, abandonó Maj mas y se apoderó

de Jerusalén, que convirtió en baluarte de la resistencia judía. Los sirios de la ciudadela escucharon

aterrados el contenido del mensaje real. A los enemigos de Jonatán sólo les quedaba una salida:

huir. Y así lo hicieron. Quedaron en Betsur algunos de ellos, confiados en los recios muros

de la fortaleza y en un cambio de rumbo de la situación política. Las obras de fortificación se

emprendieron rápidamente en Jerusalén. Convenía trabajar a destajo, por cuanto Jonatán había

ido más allá de las atribuciones que le concedía Demetrio.

Proposiciones de Alejandro (10:15-21).

15 Pero al saber el rey Alejandro las promesas que Demetrio había hecho a Jonatán,

y asimismo las guerras, las hazañas que éste y sus hermanos habían realizado y los

trabajos que habían pasado, 16 se dijo: “¿Podremos encontrar otro hombre como éste?

Hagámosle nuestro amigo y aliado.” 17 Y le escribió una carta, cuyo tenor era el

siguiente: 18 “El rey Alejandro, a nuestro hermano Jonatán, salud. 19 Hemos oído de

ti que eres hombre de valor y muy digno de ser amigo nuestro. 20 Hoy te constituímos,

pues, sumo sacerdote de tu nación y te concedemos el título de amigo del rey —

y le envió un vestido de púrpura y una corona de oro — para que mires por nuestros

negocios y guardes nuestra amistad.” 21 Vistióse Jonatán la túnica santa en el

mes séptimo del año ciento sesenta, en la fiesta de los Tabernáculos; alistó tropas y

fabricó armas en gran cantidad.

Alejandro no quiso quedarse corto; a las promesas acompañó las obras. En una carta le hace saber

que le concede la dignidad de sumo sacerdote, reconociéndolo con ello jefe supremo religioso

del judaísmo. Desde la muerte de Alcimo, este cargo estaba vacante. ¿Podía un monarca sirio

conceder tal dignidad? Algunos sumos sacerdotes lo fueron por nombramiento de los seléucidas

(Jasón, Menelao, Alcimo), precedente que Alejandro quiso ahora explotar.

Además, Alejandro le nombró rey aliado suyo. Quizá la mención de las insignias reales

(v.20) sea una glosa. El 15 del mes séptimo se celebraba la fiesta de los Tabernáculos (Lev

23:33-43) Deut 16:13), en la cual inauguró Jonatán su dignidad de sumo sacerdote. De esta manera

llegó un miembro de la familia macabea a la más alta dignidad de la nación. Faltábale que la

misma fuera hereditaria en la familia y que los sirios reconocieran al sumo sacerdote como jefe,

lo que se consiguió bajo Simón (14:41).

Contraofertas de Demetrio (10:22-45).

22 Oído esto por Demetrio, se entristeció mucho y dijo: 23 “¿Qué es lo que hemos

hecho, que Alejandro se nos ha anticipado en hacer amistad con los judíos para ganarse

su apoyo? 24Les escribiré yo con palabras persuasivas, ofreciéndoles ventajas

1538

y mercedes para que se hagan auxiliares míos.” 25 Efectivamente, les envió una carta

del tenor siguiente: “El rey Demetrio, al pueblo de los judíos, salud. 26 Con gran alegría

hemos sabido que os habéis mantenido fieles a nuestra alianza y habéis perseverado

en nuestra amistad y no os habéis unido a nuestros enemigos. 27 Perseverad,

pues, en vuestra fidelidad a nosotros, y os recompensaremos con grandes mercedes

por lo que hiciereis en favor nuestro. 28 Os condonaremos las deudas y os haremos

muchas mercedes. 29 Desde luego, declaro a todos los judíos exentos de tributos y del

impuesto de la sal y del tributo de las coronas. 30 El tercio de la cosecha y la mitad de

la de los árboles frutales, que a mí me toca percibir, renuncio de hoy en adelante a

percibirlo en la tierra de Judá y en los tres distritos a ella anejos, tomados de Samaría

y de Galilea, desde hoy para siempre. 31 Jerusalén será ciudad santa y exenta,

igual que su territorio, de diezmos y tributos. 32 Renuncio también a la autoridad

sobre la ciudadela de Jerusalén y hago de ella entrega al sumo sacerdote, que pondrá

allí los hombres que él escogiere para su guarnición. 33 Todos los judíos que

hayan sido llevados cautivos de tierra de Judá a cualquier parte de mi reino, los doy

por libres gratuitamente, y todos quedarán exentos de tributos, aun de los de ganados.

34 Todas las fiestas, los sábados, las neomenias, los días señalados y los tres días

que preceden y siguen a las fiestas, serán días de exención y de franquicia para todos

los judíos de mi reino. 35 Nadie tendrá autoridad para intentar contra ellos acción

judicial ni molestarlos en cualquier negocio. 36 De los judíos serán incorporados

al ejército del rey hasta treinta mil hombres, dándoseles el sueldo como a todas las

demás tropas del rey, 37 y de ellos serán puestos en las grandes fortalezas del rey, y

asimismo nombrados para los negocios del reino que exigen confianza. De ellos serán

sus jefes y vivirán según sus leyes, como lo ha dispuesto el rey en la tierra de Judá.

38 y los tres distritos tomados a las regiones de Samaría e incorporados a Judea

lo serán de modo que formen una sola circunscripción y no obedezcan a otra autoridad

que a la del sumo sacerdote. 39 De Tolemaida y su distrito hago obsequio al santuario

de Jerusalén para sufragar los gastos del mismo. 40 Doy cada año veinte mil

siclos de plata, pagaderos de los derechos del rey en los lugares que nos pertenecen.

41 Todo el sobrante que los empleados del fisco no hayan entregado, como en los

años anteriores, desde ahora lo destino a las obras del templo. 42 Y los cinco mil siclos

de plata que cada año percibíamos de los tributos del templo, también los condonamos,

y se los damos a los sacerdotes que ejercen las funciones sagradas. 43

Cuantos se acojan al templo de Jerusalén y a todo su recinto, deudores de los impuestos

reales o de cualquier otra deuda, quedarán libres, y también cuanto tenga

en mi reino. 44 Los gastos para edificar y restaurar el templo serán pagados de la

hacienda real. 45Los gastos para la edificación de los muros de Jerusalén y las fortificaciones

de su recinto correrán también por cuenta del rey, y asimismo la edificación

de las murallas en Judea.”

A oídos de Demetrio llegaron las propuestas que Alejandro Bala hizo a Jonatán, y, en un alarde

de generosidad, quiso superarlas. Por aquello de que “nunca segundas partes fueron buenas,”

comprendió Jonatán que no eran sinceros los sentimientos de Demetrio, sino dictados por las necesidades

del momento.

La sal que se sacaba del mar Muerto era propiedad del Estado sirio. El tributo de las coronas

de oro tiene su origen en la costumbre entre los griegos y romanos de enviar cada provin1539

cia una corona de oro al general que ganara una batalla. Más tarde, cada año se enviaba lo equivalente

en dinero (aurum coronarium) 3. Debían los judíos pagar al rey el tercio de las cosechas

y la mitad de la de los árboles frutales. A todo ello renuncia ahora Demetrio con tal de que los

judíos pacten con él. La exención se extiende a Judea, Samaría. Los tres distritos de que habla el

v.30 eran Aferema, Lida y Ramata (11:34).

Demetrio promete la inmunidad de franquicia en las fiestas judías, tales como Pascua,

Pentecostés, fiesta de los Tabernáculos, días en que cada israelita adulto tenía la obligación de ir

al templo (Ex 23:14-17). Serán también conceptuados como festivos los tres días que se calculaban

como necesarios para el viaje de ida y vuelta.

Para subvencionar los gastos del templo les entregará Demetrio la ciudad de Tolemaida y

distrito, con sus derechos aduaneros, además de una suma de quince mil siclos de plata, o sea

unas trescientas mil pesetas. Reconoce el rey el derecho de asilo en el templo, en sentido más

amplio del que entendía la Ley (Ex 21:13-14; Núm 35:9-28). En un exceso de liberalidad sospechosa,

llega incluso a conceder al pueblo judío el derecho de reedificar los muros de Jerusalén,

las fortificaciones de su recinto y las murallas deterioradas de las ciudades fuertes de Judea con

el dinero del rey.

Suspicacia de Jonatán (10:46-47).

46 Cuando Jonatán y el pueblo oyeron estas palabras, no las creyeron ni las aceptaron,

acordándose de los grandes males que había causado en Israel y cuánto los

había atribulado, 47 y se decidieron en favor de Alejandro, que les había hecho proposiciones

de paz, y así le prestaron auxilio todo el tiempo.

Se había excedido Demetrio en su liberalidad para que los judíos le prestaran fe. Jonatán no cayó

en la trampa, adhiriéndose por el momento a la causa de Alejandro, a quien nada tenían que objetar

los judíos. Además, la estrella de Demetrio empezaba a palidecer al perder la amistad de los

romanos y la estima del pueblo.

Derrota de Demetrio (10:48-50).

48 Reunió el rey Alejandro grandes fuerzas y asentó su campo enfrente del de Demetrio.

49 Trabaron la batalla los dos reyes, y huyó el ejército de Demetrio perseguido

por Alejandro, que quedó vencedor. 50 La batalla fue encarnizada y duró hasta la

puesta del sol, cayendo en aquel día el rey Demetrio.

Lacónico es el relato del encuentro de los dos ejércitos. Parece que el de Alejandro contaba con

el apoyo de Jonatán. No se especifica el lugar del encuentro. En el primer encuentro tuvo que

huir el ejército de Alejandro perseguido de cerca por Demetrio. En un segundo combate, que duró

un día entero, Alejandro prevaleció sobre su enemigo, que quedó en el campo de batalla.

¿Cuánto tiempo transcurrió entre el primero y el segundo encuentro? Bévenot calcula un año.

Preparativos de boda (10:51-56).

51 Después de esto, Alejandro envió mensajeros a Tolomeo, rey de Egipto, diciéndole:

52 “Vuelvo a mi reino, he logrado sentarme en el trono de mis padres y recuperar

el gobierno después de derrotar a Demetrio y apoderarme de nuestra tierra. 53 Trabada

la batalla, fue vencido él y su ejército, y nos hemos sentado en el trono de su re1540

ino. 54 Hagamos, pues, alianza; dame tu hija por mujer, y seré tu yerno, y tanto a ti

como a ella os daré presentes dignos de ti.” 55 El rey Tolomeo le respondió diciendo:

“Dichoso el día en que has vuelto a la tierra de tus padres y te sentaste en el trono

real. 56 Con gusto haré lo que me dices. Ven a mi encuentro a Tolemaida, para que

nos veamos y te haga yerno mío, según deseas.”

Tolomeo VI Filometor ocupaba el trono de Egipto. A él acude Alejandro en calidad de rey aliado

para pedirle la mano de su hija Cleopatra. Con este matrimonio pretendía Alejandro borrar la

mancha de su oscuro origen, emparentándose con familias reales. Por su parte, Tolomeo veía con

buenos ojos esta decisión de Alejandro, por creer que de esta manera le serían reconocidos sus

derechos sobre la provincia de Celesiria y regiones adyacentes. Tolomeo señaló a Tolemaida

como lugar de entrevista para ultimar los preparativos de boda.

Bodas en Tolemaida (10:57-60).

57 Partió de Egipto Tolomeo con su hija Cleopatra, y llegaron a Tolemaida el año

ciento sesenta y dos. 58 El rey Alejandro le salió al encuentro, Tolomeo le dio su hija

Cleopatra, y celebraron en Tolemaida las bodas con gran magnificencia, como de

reyes. 59 El rey Alejandro escribió a Jonatán que viniese a su encuentro. 60 Vino con

grande pompa a Tolemaida, se entrevisto con los dos reyes y les hizo obsequios de

oro y plata; también a sus cortesanos les hizo muchos regalos, ganándose con ello su

favor.

A Tolemaida habían llegado las naves de Tolomeo en apoyo de las pretensiones del aventurero

Bala. Al llegar el rey a esta ciudad le pareció encontrarse en su propia casa, calculando que muy

pronto volvería ella a formar parte integrante de Egipto. La boda celebróse con gran boato, “como

de reyes,” con una semana de duración. No podía faltar en la misma el rey amigo Jonatán,

que le ayudó en la lucha contra Demetrio.

Los aguafiestas y reacción de Alejandro (10:61-66).

61 Vinieron apóstatas, mandados de Israel, para acusarle; pero el rey no los atendió,

62 antes mandó quitar a Jonatán sus vestidos y vestirle de púrpura, como se hizo. Le

sentó el rey a su lado 63 y dijo a sus grandes: “Salid con él por medio de la ciudad y

pregonad que nadie se atreva a acusarle sobre ningún negocio y que nadie por ninguna

causa le moleste.” 64 Cuando sus acusadores vieron los honores públicos que se

le hacían y le vieron vestido de púrpura, huyeron todos. 65 Le honró mucho el rey y

le inscribió en el número de sus primeros amigos, y le nombró general y gobernador

de provincia. 66 Después de lo cual volvió Jonatán a Jerusalén en paz y contento.

Creían los apóstatas judíos encontrar en Alejandro el mismo favor que sus partidarios hallaron en

la corte de Demetrio. Pero las cosas habían cambiado mucho. ¿Cómo podía Alejandro volver la

espalda a un amigo y compañero de armas? Que en Palestina no gozara Jonatán del favor de todos,

no interesaba grandemente al monarca sirio; a él le bastaba saber que Jonatán rechazó las

ofertas de Demetrio y se adhirió a su causa. Antes de partir Jonatán para Jerusalén recibió de

Alejandro los títulos de estratega y meridarca. Por el primero le constituía generalísimo de las

tropas de Judea; por el segundo le nombraba gobernador supremo de Judea, dependiendo, por

descontado, del rey de Siria. En la persona de Jonatán se unían el poder religioso, militar y ci1541

vil.

Bravatas de Apolonio (10:67-73).

67 El año ciento sesenta y cinco, Demetrio, hijo de Demetrio, vino de Creta a la tierra

de sus padres. 68 En cuanto Alejandro lo supo, se volvió a Antioquía muy contrariado.

69 Demetrio nombró gobernador de la Celesiria a Apolonio, que juntó un poderoso

ejército y vino a acampar en Jamnia, desde donde envió recado a Jonatán, diciéndole:

70 ”¿Vas a ser tú el único que te levantas contra nosotros y voy a ser yo objeto

de risa y burla por causa tuya? ¿Por qué presumes hacerte fuerte en los montes

contra nosotros? 71 Si tanto confías en tus fuerzas, desciende al llano y midamos las

armas, que conmigo está la fuerza de las ciudades. 72 Pregunta y sabrás quién soy yo

y quiénes los que me prestan auxilio, los cuales dicen que no podrás mantenerte a

pie firme entre nosotros, y que por dos veces fueron vencidos tus padres en esta tierra.

73 No podrás sostener el empuje de mi caballería y de mi ejército en campo

abierto, donde no hay piedras, ni guijarros, ni lugar a donde huir.”

Alejandro llevó una vida licenciosa y orgiástica 4, despreocupado de las cosas del reino, atrayéndose

sobre sí la aversión de todos. La política de su favorito Ammonio de perseguir y matar a

todos los amigos de Demetrio, principalmente sus familiares, indujo al hijo mayor de Demetrio a

derrocar al intruso y restablecer en el trono a los seléucidas. Amparado por veteranos generales,

Demetrio II Nicator partió de Cnido, capital de Caria, y marchóse a Creta con ánimo de reclutar

tropas mercenarias para oponerse al usurpador Alejandro. Logrado su intento, puso al frente de

las mismas al fiel Lestene, desembarcando en las costas de Cilicia, probablemente en Seleucia,

enarbolando la bandera de la rebelión. A Tolemaida, donde residía de ordinario Alejandro, llegó

la noticia del levantamiento de Demetrio II y de su desembarco en Cilicia. Sin perder tiempo,

Alejandro corrió a Antioquía, confiada al gobierno de Jera-ce y Diodoro, para defender la capital

de las tropas del invasor. Mientras el nuevo pretendiente combatía a Alejandro en la parte septentrional

del imperio, Apolonio marchó contra su aliado del sur, Jonatán. Con esta maniobra, al

mismo tiempo que imponía silencio al general judío, cortaba el paso a Tolomeo, rey de Egipto,

en caso de que intentara acudir en ayuda de su yerno.

Jonatán y Simón en lucha con Apolonio (10:74-85).

74 Cuando Jonatán oyó las bravatas de Apolonio, se llenó de indignación y, escogiendo

diez mil hombres, salió de Jerusalén, llevando consigo a Simón, su hermano.

75 Acampó frente a Jope, que le cerró las puertas, porque había en ella una guarnición

de Apolonio. Pero la atacaron, 76 y, atemorizados los ciudadanos, le abrieron las

puertas, quedando Jonatán dueño de Jope. 77 Así que Apolonio tuvo noticia del suceso,

sacó al campo tres mil caballos y una poderosa fuerza de infantería 78 y siguió

el camino de Azoto, fingiendo pasar de largo frente a Jope; pero se volvió en seguida

a la llanura, muy confiado en la numerosa caballería que tenía. Jonatán salió contra

él hacia Azoto, y se trabó la lucha. 79 Apolonio había dejado emboscados mil caballos.

80 Supo Jonatán la asechanza que detrás de sí tenía, y, aunque unos y otros cercaron

el campo y estuvieron lanzando flechas contra el pueblo desde la mañana hasta

la noche, 81 el pueblo se mantuvo firme, según las órdenes de Jonatán, hasta que

la caballería se fatigó. 82 Luego movió Simón sus fuerzas y atacó a la falange, y, como

la caballería estaba ya agotada, los derrotaron y pusieron en fuga. 83 La caballe1542

ría se dispersó por la llanura, huyendo hacia Azoto, y se refugiaron en el templo de

Dagón, su ídolo, para salvarse. 84 Jonatán prendió fuego a Azoto y a las ciudades

cercanas, se apoderó de sus despojos y dio a las llamas el templo de Dagón, abrasando

a los que en él se habían refugiado. 85 El número de los que perecieron por la

espada y por el incendio subió a ocho mil.

Jonatán acepta el desafío y quiere probar que también en la llanura su ejército es superior. Indignado

por las bravatas de Apolonio, salió de Jerusalén al frente de su ejército y marchó contra Jope.

La ciudad filistea resistióse al principio, pero tuvo que rendirse a Jonatán y a su hermano Simón.

En Jamnia, situada a veinte kilómetros al sur, se encontraba Apolonio. Al tener éste noticia

de la toma de Jope por parte de Jonatán, en vez de atacarle fingió huir hacia el sur, en dirección a

Azoto, a quince kilómetros de Jamnia, con el intento de atraer al Macabeo hacia la llanura, donde

la caballería podía maniobrar a su gusto. Pero el astuto Apolonio había dejado emboscados mil

caballos para que se abalanzaran contra el ejército judío, de camino para Azoto, en busca del

enemigo. El lugar donde se agazapó la caballería de Apolonio fue acaso el valle Qatra o el Nahr

Skreir, al norte de Azoto. No cayó Jonatán en la trampa, que descubrió a tiempo. Se entabló la

lucha, logrando Jonatán dar largas a la batalla con el fin de cansar a la caballería. Por su parte,

Simón pudo contra la infantería de Apolonio, que se refugió en Azoto, en el recinto del templo

dedicado a Dagón, confiado en que Jonatán respetaría este lugar sagrado. Era Dagón el dios de

los filisteos, al que representaban con el cuerpo de pez y cabeza de hombre. ¿Cómo podía detenerse

Jonatán ante un lugar sacrilego, donde en otros tiempos fue profanada el arca de la alianza?

(1 Sam 5:2). Sin vacilar un momento, arrimó leña a los muros y dio el templo a las llamas, abrasando

a los que en él se habían refugiado. La mortandad fue espantosa.

Jonatán regresa victorioso (10:86-89).

86 De allí levantó el campo Jonatán y se vino hacia Ascalón, cuyos moradores salieron

a recibirle con gran honor. 87 Jonatán se volvió a Jerusalén con los suyos, cargados

de despojos. 88 Cuando estos sucesos llegaron a oídos del rey Alejandro, concedió

nuevos honores a Jonatán, 89 le envió la fíbula de oro, como es costumbre darla a

los parientes de los reyes, y le dio Acarón con todos sus términos en posesión.

Ascalón recibió entusiásticamente al vencedor de Jope y Azoto. Alejandro premió el valor y fidelidad

de su aliado regalándole una hebilla de oro para su manto de púrpura. Le nombró “pariente

del rey” y añadió a su jurisdicción la ciudad filistea de Acarón, entre Jamnia y Gezer. De

esta manera calculaba Alejandro que su frontera meridional estaba en buenas manos, en el caso

de que su suegro Tolomeo intentara un ataque, que no se hizo esperar.

Tolomeo, dueño de la costa (11:1-8).

1 El rey de Egipto juntó grandes fuerzas, como las arenas del mar, y muchas naves,

con el intento de apoderarse por engaño del reino de Alejandro y agregarlo a su

propio reino. 2 Con pretextos de paz se encaminó a Siria, abriéndosele las puertas de

las ciudades y saliendo todos a recibirle, pues era orden del rey Alejandro que le saliesen

al encuentro, como a suegro suyo. 3 Así que Tolomeo entraba en las ciudades,

ponía en ella guarniciones. 4 Al entrar en Azoto le enseñaron el templo de Dagón incendiado,

la ciudad y sus cercanías destruidas, arrojados en el campo los cadáveres

y al borde de los caminos los montones de los que habían caído en la batalla. 5 Con1543

táronle lo que había hecho Jonatán, con el fin de hacérsele odioso, pero el rey callaba.

6 Vino Jonatán al encuentro del rey en Jope con gran aparato, se saludaron y

durmieron allí. 7 Jonatán le acompañó luego hasta el río llamado Eleutero, y luego

se volvió a Jerusalén. 8 El rey Tolomeo se adueñó de todas las ciudades de la costa

hasta Seleucia del mar, meditando perversos planes contra Alejandro.

Tolomeo había protegido a Alejandro Bala en su logrado intento de ocupar el trono de Siria. A él

entregó su hija Cleopatra, estableciéndose entre ambos monarcas una corriente de simpatía y

amistad. En esta coyuntura en que Alejandro veía amenazado su trono por el norte y sur, se alegra

de que su padre político se dirija a Antioquía, por contribuir esta visita a elevar su prestigio

ante los pueblos vecinos. No sospechaba Alejandro que su suegro abrigara turbios designios; por

lo mismo, dio orden de que le salieran al encuentro y le recibieran con gran boato. El taimado

Tolomeo aprovechó las facilidades que le daba su yerno para minar su poder y apoderarse de su

reino. En cada ciudad que visitaba dejaba una guarnición. En Azoto escuchó sin pestañear el relato

de los destrozos causados a la ciudad por Jonatán, sin pronunciarse en pro o en contra. En

secreto concebía Tolomeo el proyecto de tener en Jonatán a un vasallo incondicional. Obedeciendo

acaso a órdenes de Alejandro, y para granjearse la confianza de Tolomeo, Jonatán acompañó

al rey egipcio hasta el río Eleutero, al norte de Trípolis y a trescientos kilómetros de Jope.

El astuto Jonatán pudo conjeturar que no todo era oro de ley en el proceder de Tolomeo, por lo

que se despidió de él en la frontera de Siria superior y regresó a Jerusalén. Aires de tempestad se

cernían sobre el trono de Alejandro y no quiso Jonatán inmiscuirse en cuestiones de familia.

Tolomeo se declara (11:9-13).

9 Envió embajadores a Demetrio, diciéndole: “Ven, hagamos alianza, y te daré mi

hija, la que tiene Alejandro, y reinarás sobre el reino de tus padres. 10 Me pesa

haberle dado mi hija, pues ha buscado asesinarme.” 11 Υ con calumnias procuraba

hacerle odioso, por codicia de su reino. 12 Al fin le quitó la hija y se la dio a Demetrio,

rompiendo con Alejandro y haciendo manifiestas sus enemistades. 13 Entró Tolomeo

en Antioquía y se ciñó a su cabeza dos coronas: la de Asia y la de Egipto.

Al llegar a Seleucia, puerto de Antioquía, quitóse Tolomeo el antifaz. Desde allí púsose en comunicación

con Demetrio II (10:67), que todavía no había llegado a Antioquía, ofreciéndole como

esposa su hija Cleopatra Tea. Esta, que hasta entonces fue mujer de Alejandro Bala, habíase

fugado de Antioquía para salir al encuentro de su padre en Seleucia. Gomo pretexto para retirar

su confianza a Alejandro alega Tolomeo el designio de éste de asesinarle. Cuenta Flavio Josefo

que, durante su marcha triunfal por las ciudades de la costa, al llegar a Tolemaida fue objeto de

un atentado por parte de Ammonio, favorito de Alejandro. Al negarse éste a entregar al culpable,

se encendió la ira de su suegro Tolomeo.

Mientras Tolomeo se apoderaba de Antioquía y pactaba con Demetrio II, Alejandro encontrábase

en los montes de Cilicia ocupado en sofocar un levantamiento. Los dos ministros suyos,

Hiera-ce y Diodato, no pudiendo hacer frente al ejército de Tolomeo, le abrieron las puertas

de la ciudad y le franquearon el trono de Siria. Gustoso hubiera Tolomeo ceñido la corona de Siria;

pero, ante el temor de Roma, contentóse con anexionar a Egipto, Celesiria y Fenicia, entregando

a Demetrio los otros territorios del imperio sirio.

1544

Muerte de Alejandro (11:14-19).

14 Hallábase por aquellos días el rey Alejandro en Cilicia, por haberse rebelado los

de aquellos lugares, 15 cuando oyó que su suegro venía contra él en son de guerra.

Tolomeo sacó su ejército y le fue al encuentro con poderosas fuerzas y le puso en

huida. 16 Huyó Alejandro a la Arabia en busca de refugio, mientras que el rey Tolomeo

quedó triunfante. 17 El árabe Zabdiel cortó la cabeza a Alejandro y se la envió

a Tolomeo. 18 Tres días más tarde moría el rey Tolomeo, y los suyos, que estaban en

las fortalezas, perecían a mano de los moradores de las mismas. 19 Y así reinó Demetrio

el año ciento sesenta y siete.

Nuestro autor no disimula las simpatías que siente por Alejandro, por el hecho de haber nombrado

a Jonatán sumo sacerdote. Por lo mismo, calla el hecho de que Alejandro tuvo que abandonar

Antioquía precipitadamente, perseguido por las tropas de su suegro, buscando refugio en Arabia,

en una de las regiones colindantes con el desierto, en las cercanías de Alepo, la Beqa o Palmira,

donde fue asesinado por Zabdiel. Pero Tolomeo debía seguirle en el camino hacia la sepultura; a

consecuencia de una herida recibida en la batalla del río Onoporos, al tercer día de haber llegado

la cabeza de Alejandro a Antioquía, dejaba de existir. Demetrio II tomó el sobrenombre de Nicanor

por haber ganado la batalla de Onoporos.

Entrevista de Demetrio y Jonatán (11:20-28).

20 Por aquellos días reunió Jonatán a los hombres de Judea, para tomar la ciudadela

de Jerusalén, contra la cual construyó muchas máquinas de guerra. 21 Pero algunos

de los impíos, enemigos de su propia nación, se fueron al rey y le informaron de cómo

Jonatán tenía asediada la fortaleza. 22 Oído lo cual, se irritó, y, viniendo a Tolemaida,

escribió a Jonatán que levantase el cerco de la ciudadela y viniera a su encuentro

a toda prisa, para conferir con él en Tolemaida. 23 Recibido el mensaje, Jonatán

ordenó continuar el asedio, y se rodeó de algunos ancianos de Israel y sacerdotes,

y resolvió aventurarse al peligro. 24 Tomando consigo plata, oro, un vestido y

otros muchos presentes, fue a ver al rey a Tolemaida, hallando en él buena acogida,

25 no obstante que algunos impíos de su nación le acusaban. 26 Hizo el rey según lo

que habían hecho sus antecesores, honrándole en presencia de todos sus enemigos. 27

Le confirmó en el sacerdocio y en cuantos honores tenía de antes, y le hizo inscribir

en el número de sus primeros amigos. 28 Jonatán solicitó del rey que hiciese libres de

tributos la Judea y las tres toparquías de Samaría, prometiéndole, en cambio, trescientos

talentos.

Jonatán estaba al margen de las luchas por el trono de Siria. Amparándose en las promesas que le

hizo Demetrio I (10:32), Jonatán cercó la ciudadela de Jerusalén con ánimo de acabar con ella.

Durante el asedio llegaron noticias de la muerte de su aliado Alejandro y de la subida al trono de

Demetrio II. Los judíos apóstatas quisieron sacar provecho de la situación acusando a Jonatán.

Demetrio, alarmado, desplazóse a Tolemaida y llamó a cuentas al jefe judío, ordenándole, entre

tanto, levantara el cerco de la ciudadela. Jonatán, rodeado de un grupo de ancianos y sacerdotes,

marchó a Tolemaida. Su nobleza y los presentes que hizo al rey en señal de vasallaje cambiaron

el corazón del monarca. A ambos sería más provechosa una política de acercamiento que el fragor

de las guerras.

1545

Carta de Demetrio (11:29-37).

29 Asintió el rey, y de todas estas cosas escribió a Jonatán una carta del tenor siguiente:

30 “El rey Demetrio a Jonatán, su hermano, y a la nación de los judíos, salud.

31 Os enviamos, para que de ello os informéis, copia de la carta que hemos escrito

a Lástenes, nuestro pariente, acerca de vosotros: 32 El rey Demetrio a Lástenes, su

padre, salud. 33 Hemos resuelto favorecer a la nación de los judíos, nuestros amigos,

que nos han sido fieles. 34 Les confirmamos, pues, la posesión de los territorios de la

Judea y de los tres distritos de Aferema, Lida y Ramata, que fueron desprendidos de

Samaría e incorporados a Judea. Todos los sacrificadores de Jerusalén quedan exentos

del tributo que el rey recibía antes de ellos cada año, de los frutos del campo y

de los árboles. 35 Igualmente los restantes tributos que nos pagaban, de los diezmos,

de las salinas y de las coronas, que nos pertenecen, desde ahora 36 se los condonamos

todos, y serán anulados desde ahora para siempre. 37 Así, pues, haced una copia de

este decreto y entregádsela a Jonatán para que se deposite en el monte santo y en lugar

visible.”

Para dar curso oficial a los tratados de paz concertados entre Demetrio y Jonatán escribió aquél

una carta a Lástenes, el general de Creta que le había ayudado en la conquista de Siria, y que gozaba

ahora de su máxima confianza l. Es posible que la carta fuera entregada a Jonatán durante

su permanencia en Tolemaida y que la llevara consigo a Jerusalén para darla a conocer al pueblo.

Demetrio se muestra generoso con los judíos. Pero, comparando esta carta con el decreto de Demetrio

(10:28-45), se observa la omisión del calificativo de ciudad sagrada que se otorgaba a

Jerusalén y la de otros privilegios. Hay necesariamente una gran diferencia entre las concesiones

arrancadas en circunstancias críticas y las que se otorgan por un rey que domina la situación

y que regula sus liberalidades conforme a la medida de su política.

Maniobras de Tritón (11:38-40).

38 Viendo el rey Demetrio que había llegado a dominar el reino y nadie se le oponía,

disolvió su ejército, enviándolo a sus casas, excepto las fuerzas extranjeras que había

reclutado en las islas de las gentes. Esto le atrajo la enemiga de cuantos habían pertenecido

al ejército de sus padres. 39 Trifón, que había sido antes de los parciales de

Alejandro, cuando vio que las tropas murmuraban contra Demetrio, se dirigió al

árabe Emalcue, que criaba a Antíoco, hijo de Alejandro, niño todavía, 40 apremiándole

para que se lo entregase, a fin de sentarlo en el trono de su padre. Le comunicó

cuanto había hecho Demetrio, y el descontento de su ejército contra él, y permaneció

allí bastantes días.

El erario real estaba en crisis. Para remediar la situación económica disolvió Demetrio su ejército,

exceptuando las fuerzas provenientes de las islas de las gentes (Gen 10:5-32; Sof 2:11). Esta

medida le indispuso con los soldados que le habían apoyado con tanto entusiasmo 2. A ello se

juntó la conducta de Lástenes, “hombre sin religión y sin conciencia, que obligó a su señor a realizar

los actos más indignos” 3. Trifón, nacido en Casiana, distrito de Apamea, general que fue de

Alejandro, al darse cuenta del descontento que cundía entre los soldados que habían sido licenciados,

fue a entrevistarse con el árabe Emalcue, apremiándole para que le entregara a Antíoco,

el hijo de Alejandro (11:54). De la situación tambaleante de Siria dióse perfecta cuenta Jonatán,

1546

quien trató de sacar el mejor partido de ella.

Soldados judíos en Antioquía (11:41-51).

41 Entre tanto, envió Jonatán al rey una súplica para que retirase la guarnición de la

ciudadela de Jerusalén y de las otras fortalezas, porque hostigaban a Israel. 42 Respondió

Demetrio a Jonatán, diciéndole: “No sólo esto te haré a ti y a tu pueblo, sino

que os colmaré de honores cuando llegue la ocasión propicia. 43 Por el momento me

harías un gran favor enviándome algunas tropas auxiliares, porque mi ejército está

disuelto.” 44 Accedió Jonatán, mandándole a Antioquía tres mil hombres escogidos,

de cuya llegada se alegró mucho el rey. 45 Amotináronse contra él los de la ciudad,

en número de ciento veinte mil, pretendiendo matarle. 46 Se recluyó él en su palacio,

mientras los ciudadanos ocupaban las calles de la ciudad y comenzaban el asalto. 47

Llamó el rey en su auxilio a los judíos, que acudieron luego, se distribuyeron por la

ciudad, 48 mataron aquel día hasta cien mil hombres, incendiaron la ciudad y la saquearon.

Así libraron al rey. 49 Cuando vieron los de la ciudad que los judíos eran

dueños de ella a su arbitrio, perdieron el ánimo, y, suplicantes, clamaron al rey, diciendo.

50 “Perdónanos y haz que cesen ya los judíos de combatir contra nosotros y

contra la ciudad.” 51 Y depusieron las armas e hicieron la paz. Los judíos adquirieron

grande gloria ante el rey y ante todo su reino y volvieron a Jerusalén cargados

de botín.

La ciudadela de Jerusalén era una espina clavada en el corazón del judaísmo. Jonatán, especulando

sobre el estado de descomposición del ejército sirio, pide a Demetrio que retire la guarnición

del Acra y de todas las fortalezas de la línea Báquides (9:50-51). Tres mil soldados judíos

de exportación llegaron a Antioquía en un momento crucial. La suerte, en un principio, fue adversa

a los judíos, que combatían en calidad de “tropas extranjeras”4 al lado de las fuerzas adictas

al monarca. Soldados indígenas y extranjeros lograron romper el cinturón de la masa que se

atrepellaba para asaltar el palacio real. Los soldados pasaron a la ofensiva, matando hasta cien

mil hombres, cifra que acaso el mismo autor conceptuaba como aproximada o como medio

hiperbólico para expresar la idea de que hubo una carnicería espantosa. Los soldados judíos regresaron

victoriosos a Jerusalén, cargados de botín y aureolados con la fama de haber conseguido

una relevante victoria.

Un hombre informal (11:52-53).

52 Sentóse Demetrio en su trono, y la tierra calló ante él. 53 No cumplió el rey lo que

había prometido, y se enajenó a Jonatán, porque, además de no corresponder a los

beneficios que le había hecho, le molestaba mucho.

El valor y arrojo de los soldados judíos salvaron a Demetrio. La matanza de Antioquía causó

sensación universal. Por un tiempo “la tierra calló ante él.” Pero la victoria no había henchido sus

arcas exhaustas, lo que le movió a exigir de los judíos el pago de todos los tributos y diezmos

como hasta ahora. Para obligar a Jonatán mandó algunos generales al frente de numeroso ejército

(11:63-74).

1547

Trifon, a la carga (11:54-56).

54 Después de estos sucesos volvió Trifón con el niño Antíoco, a quien proclamó rey,

ciñéndole la corona. 55 Luego se juntaron a él todas las tropas que Demetrio había

licenciado e hicieron a éste la guerra, obligándole a huir derrotado. 56 Trifón se apoderó

de los elefantes y ocupó Antioquía.

No se había granjeado Demetrio la simpatía del pueblo. Trifón lo sabía, y por ello insistió y obtuvo

del árabe Emalcue (11:40) la custodia del pequeño Antíoco VI Dionisios, a quien proclamó

rey, ciñéndole la corona. Los que habían sido licenciados del ejército de Demetrio apoyaron a

Trifón. Creyó Demetrio que se trataba de un vulgar bandolero y salió a su encuentro con pocas

fuerzas. Al primer ataque, el rey tuvo que huir precipitadamente, refugiándose en Seleucia, mientras

Trifón entronizaba al joven monarca de seis años en el palacio real de Antioquía.

Antíoco VI Dionisios y Jonatán (11:57-59).

57 Antíoco el joven escribió a Jonatán, diciéndole: “Yo te confirmo en el sumo sacerdocio

y te constituyo sobre las cuatro ciudades, y serás de los amigos del rey.” 58 Y le

envió vajilla de oro, dándole el derecho de beber en vaso de oro, de vestir púrpura y

llevar la fíbula de oro. 59 A Simón, su hermano, le instituyó general, desde la Escalera

de Tiro hasta los confines de Egipto.

El joven rey escribe lacónicamente a Jonatán, diciéndole que le confirmaba en el cargo de sumo

sacerdote y le constituía sobre las cuatro ciudades y le aseguraba la amistad real. Llama la atención

el número cuatro, cuando anteriormente se ha hablado de tres, que pasaron al dominio de

Jonatán (10:30-38; 11:28). Probablemente la cuarta ciudad era Acarón (10:89). No se olvidó de

honrar a Simón, nombrándole general de la región comprendida entre el actual Kas en-Naqura,

al norte, hasta el llamado torrente de Egipto, o wadi el-Aris, en el sur.

Jonatán recluta nuevas tropas (11:60-62).

60 Partió Jonatán y recorrió las ciudades del lado de acá del río, y se le incorporaron

todas las tropas auxiliares de Siria. Vino a Ascalón y le hicieron los de la ciudad un

recibimiento muy honroso. 61 De allí pasó a Gaza, que le cerró sus puertas, pero él la

asedió e incendió los arrabales, saqueándolos. 62 Entonces los de Gaza le pidieron la

paz, que les fue otorgada, dándole en rehenes los hijos de sus jefes, que envió a Jerusaíén,

y atravesó la tierra hasta llegar a Damasco.

Jonatán abraza la causa del joven monarca y se desplaza por toda la provincia de Abarnahara

(7:8) en busca de soldados mercenarios, preferentemente aquellos que habían pertenecido al

ejército de Demetrio.

En guerra contra Demetrio (11:63-74).

63 En esto tuvo noticias Jonatán de que algunos generales de Demetrio habían llegado

a Cades de Galilea con grandes fuerzas, con el propósito de apartarle de toda intervención

en el gobierno. 64 Dejando a su hermano Simón en Judá, les salió al paso.

65 Simón fue contra Betsur, la combatió muchos días, teniéndola cercada, 66 hasta

1548

que pidieron la paz, que les otorgó. Los arrojó de allí, apoderándose de la ciudad y

poniendo guarnición en ella. 67 Entre tanto, acampó Jonatán con su ejército junto a

las aguas de Genesaret, y muy de madrugada se puso en marcha hacia la llanura de

Asor, 68 donde encontró al ejército extranjero, que había puesto una emboscada en

los montes. Se trabó la batalla, 69 y los emboscados salieron de la celada, 70 y los de

Jonatán huyeron, no quedando a su lado sino Matatías, hijo de Absalón, y Judas,

hijo de Calfi, capitanes del ejército. 71 Jonatán entonces rasgó sus vestiduras, se echó

tierra sobre la cabeza y oró. 72 Volvió luego a la lucha contra los enemigos, los derrotó

y puso en fuga. 73 Viendo esto los que de los suyos huían, se volvieron de nuevo a

él, y todos a una los persiguieron hasta Cades, hasta su campo, donde hizo alto. 74

Cayeron de los extranjeros aquel día unos tres mil hombres. Jonatán se volvió a Jerusaíén.

En tierras de Damasco se enteró Jonatán de la infiltración de generales de Demetrio en Cades de

Neftalí (Jos 19:37; 20:7), en la Alta Galilea. Acaso Demetrio envió por mar su tropa escogida de

legionarios cretenses. Posiblemente, la presencia de estas tropas tenía la misión de advertir a Jonatán

cuan peligroso era su papel de propagandista del joven monarca Antíoco VI. Jonatán no se

arredró por este desplegamiento de fuerzas y marchó contra el enemigo. Entre tanto, el autor sagrado

señala una acción esporádica de Simón contra la fortaleza de Betsur, que cayó en su poder.

Jonatán cayó en la trampa que le había tendido el enemigo al ocultar parte de su ejército

en uno de los valles que descienden de la montaña. Jonatán no contaba con ellos; de ahí que el

primer choque fuéle adverso. Confortado con la oración, vuelve a presentar batalla, que gana.

Embajada a Roma (12:1-4).

1 Viendo Jonatán que las circunstancias le eran favorables, escogió algunos hombres

y los envió a Roma para concertar y renovar la alianza de amistad con los romanos.

2 Y a los espartaños y a otros pueblos envió también cartas sobre lo mismo. 3 Partiendo

para Roma y entrando en el senado, dijeron: “Jo-natán, sumo sacerdote, y la

nación de los judíos nos envían para renovar con vosotros la antigua amistad y

alianza.” 4 Y les fueron entregadas cartas para las autoridades de cada lugar, a fin

de que pudieran volver en paz a la tierra de Judá.

En Siria sucedíanse los reyes, y de la mentalidad de cada uno dependía la paz o agitación en Palestina.

Judas había solicitado en otra ocasión la amistad de los romanos (8:17-55); Jonatán intenta

ahora nuevamente llamar su atención para que se acuerden de Palestina. A este fin mandó

dos embajadores, Numenio y Antípatro (v.16), a Roma para concertar y renovar la amistad. Su

éxito no fue mayor que el de los primeros mensajeros.

Embajada a Esparta (12:5-18).

5 He aquí la copia de las cartas que Jonatán escribió a los espartanos: 6 “Jonatán,

sumo sacerdote, y el senado de la nación, y los sacerdotes, y todo el pueblo de los judíos,

a los de Esparta, sus hermanos, salud. 7 Ya antes recibió Onías, sumo sacerdote,

de Ario, vuestro rey, cartas en que decía que sois hermanos nuestros, como lo

certifica la adjunta copia. 8 Onías acogió con gran honor al mensajero, y recibió letras

en las que claramente se hablaba de alianza y amistad. 9 Nosotros, aunque nada

necesitamos, pues tenemos nuestra confianza en las Escrituras santas que poseemos,

1549

10 hemos resuelto enviaros quien renueve con vosotros la fraternidad y amistad, a fin

de no hacernos extraños a vosotros, pues han transcurrido ya muchos años desde

vuestra embajada, 11 En todo tiempo, en las solemnidades y en los restantes días no

hemos cesado de hacer memoria continua de vosotros en los sacrificios que ofrecemos

y en nuestras oraciones, pues es justo y razonable acordarse de los hermanos. 12

Nos alegramos de vuestra prosperidad. 13 Cuanto a nosotros, han sido muchas las

tribulaciones que nos han sobrevenido y muchas las guerras que nos han hecho los

reyes vecinos. 14 No quisimos en ellas molestaros ni a los demás aliados y amigos, 15

porque contamos con la ayuda que nos viene del cielo, y con ella nos hemos librado

de nuestros enemigos, y éstos fueron humillados. 16 Hemos elegido a Numenio, hijo

de Antíoco, y Antípatro, hijo de Jasón, a quienes enviamos a los romanos para renovar

la antigua amistad y alianza, 17 y les hemos dado el encargo de acercarse a vosotros

y saludaros y entregaros nuestras letras, para renovar la alianza y fraternidad.

18 Esperamos que nos contestéis favorablemente.

Ninguna dificultad opusieron los romanos a un posible contacto diplomático entre Judea y Esparta.

Al deshacer Roma la liga de Acaya (146 a.C.) convirtió a Grecia en provincia romana, dándole

el nombre de Acaya. El rey Ario había escrito antes cartas a Onías, en las que decía que los

judíos eran hermanos de los espartanos. Ario II murió, a los ocho años de edad, en el año 257

antes de Cristo. De ahí que la mayoría de los exegetas suponen que el autor de la carta fue Ario I

(301-265), y el destinatario, el sumo pontífice Onías I, hijo de Jadúa, que ejerció su cargo en 323

antes de Cristo. Su contenido se reproduce más adelante (v. 19-23). Jonatán responde ahora a una

carta escrita hacía siglo y medio. Pero, aunque los judíos no respondieran a la carta que les habían

mandado los espartanos, sin embargo, nunca les olvidaron en sus oraciones (Bar 1:11). Celebra

Jonatán la prosperidad de Esparta. No puede decirse lo mismo de los judíos, que han sido

oprimidos durante años por los reyes vecinos.

Carta del rey Ario (12:19-23).

19 La carta enviada por vosotros era del tenor siguiente: 20 “Ario, rey de los espartanos,

a Onías, sumo sacerdote, salud. 21 Hemos hallado en documentos escritos que

los espartanos y los judíos son hermanos, unos y otros del mismo linaje de Abraham.

22 Desde que esto supimos, juzgamos que hacéis bien en darnos cuenta de vuestra

prosperidad. 23 Nosotros, a la vez, os correspondemos. Vuestros ganados, vuestra

hacienda, es nuestra, y la nuestra, vuestra es. Por eso he dado orden de comunicaros

esto.”

Yacía esta carta en los archivos de la nación o del templo. Supone la carta que entre ambos pueblos

hubo en un tiempo relaciones económicas y comerciales. La amistad debe continuar, idea

que se expresa con frases típicamente orientales (1 Re 20:4; 22:4; 2 Re 3:7).

La crítica se ha ocupado extensamente del intercambio de cartas entre Jonatán y los espartanos.

Un resumen de la cuestión en Penna, 146-149; Abel, 231-233. ¿Son auténticas estas

cartas? Momigliano, entre otros, lo niega 1. Sus argumentos no resuelven la cuestión. En cuanto

al contenido de los mensajes, el autor sagrado no garantiza la verdad de las opiniones que se expresan

en los mismos. El hecho de haber dejado sin contestación la carta del rey Ario en la que el

monarca contaba su hallazgo, demuestra que los judíos acogieron la noticia con escepticismo o

con ironía. Por su parte, el autor sagrado deja a los autores de la carta la responsabilidad sobre el

1550

carácter legendario o histórico del parentesco que, según Ario, existía entre ambos pueblos.

De nuevo en lucha con Demetrio (12:24-32).

24 Tuvo Jonatán noticia de que los capitanes de Demetrio habían vuelto contra él

con fuerzas mayores que antes, 25 y salió de Jerusalén a su encuentro, a la región de

Hamat, porque no quiso darles lugar a que invadiesen la tierra. 26 Los exploradores

enviados a espiar el ejército enemigo volvieron con la noticia de que tenían orden de

caer sobre ellos aquella noche. 27 Así que se puso el sol, ordenó Jonatán a los suyos

velar y estar sobre las armas, prontos a entrar en batalla durante la noche, y puso

centinelas alrededor del campo. 28Cuando los contrarios se dieron cuenta de que Jonatán

y los suyos estaban preparados para la lucha, temieron, perdieron el ánimo,

encendieron fuego en su campamento y se retiraron. 29 no lo advirtieron Jonatán y

los suyos hasta la madrugada, engañados con la vista de los fuegos encendidos. 30

Los persiguió Jonatán, pero no les dio alcance, porque había atravesado el río Eleutero.

31 Entonces se volvió contra los árabes llamados zabadeos, a los que derrotó,

tomándoles despojos. 32 Poniéndose de nuevo en marcha, vino a Damasco, atravesando

todo el territorio.

La noticia de los contactos diplomáticos de Jonatán con los romanos y espartanos puede desaparecer

del texto sagrado sin que el contexto sufra menoscabo. De ahí que el v.24 se conecta con

los hechos que se refieren al final del c. 11. En la batalla de Azor logró Jonatán poner en fuga a

las tropas de Demetrio. Pero no cejó éste en su idea de humillar a los judíos. No debe extrañar

que Jonatán se aventurase a detener al enemigo en la planicie entre Baalbeck y Hamat, a orillas

del río Orontes, por cuanto se le había confiado la custodia de los territorios “del lado de acá del

río” (11:60). Fracasados los planes de Demetrio de un asalto por sorpresa, sus oficiales renunciaron

al combate y se retiraron. Pero podía atacar Jonatán la retaguardia; por este temor idearon la

estratagema de encender fuegos para despistarle. A la mañana siguiente comprobó Jonatán que el

enemigo había huido; quiso salir en su persecución; pero, en las seis o siete horas de que dispuso

el ejército sirio para retirarse, se alejó lo suficiente para no poder darle alcance, habiéndose internado

en los dominios de Demetrio II, más allá del río Eleutero.

Es posible que Jonatán atacara a los árabes zabadeos por ser aliados de los generales de

Demetrio o para vengar la muerte de Alejandro Bala por parte de Zabdiel (11:17).

Obras de fortificación (12:33-38).

33 Simón, entre tanto, se había puesto en marcha, llegando hasta Ascalón y a las

próximas fortalezas; se volvió luego hacia Jope y la tomó, 34 porque había oído que

querían entregar la fortaleza a los parciales de Demetrio, y puso allí guarnición para

conservarla en su poder. 35 Vuelto Jonatán, convocó a los ancianos del pueblo y tomó

con ellos la resolución de edificar fortalezas en Judea, 36 de levantar los muros de

Jerusalén, de erigir un muro fuerte entre la ciudadela y la ciudad, a fin de separar

aquélla de ésta y aislarla, para que los de allí no pudiesen comprar ni vender en ésta.

37 Reunidos los obreros para edificar la ciudad, se vino al suelo un trozo de muralla

que da al valle del este, y lo restauraron, dándole el nombre de Cafenata. 38

Simón edificó también Adida, en la Sefela, y la fortificó y puso puertas y cerrojos.

Confiaba Jonatán en la pericia y energía de Simón, su hermano, hasta permitirle el lujo de alejar1551

se por mucho tiempo y a vanos kilómetros de Jerusalén. Mientras estaba en tierras de Siria, tuvo

que acudir Simón a las ciudades de Ascalón y Jope y aplastar el complot tramado para entregarlas

a los soldados de Demetrio. Hechas las paces, humillado el enemigo, comprendió Jonatán la

necesidad de levantar fortalezas en Judea. De los proyectos pasó a la obra. Mientras en Jerusalén

se levantaba el muro del sector oriental, entre el Ofel y el torrente Cedrón, un trozo del mismo se

derrumbó. A este lienzo de muro le pusieron el mote de Cafenata, del aramaico kaflata, de kefelata,

la doble, por haberse levantado dos veces. Esta parece ser la interpretación más obvia de la

palabra misteriosa Cafenata. Simón llevó a cabo el mismo plan de obras en la Sefela, en donde

edificó la fortaleza de Adida, entre Lida y Ono (Esd 2:33; Neh 7:37; 11:34).

Traición de Trifón (12:39-47).

39 Trataba Trifón de apoderarse del reino de Asia y ceñirse la diadema, quitando de

en medio al rey Antíoco. 40 Pero, temiendo que se le opusiera Jonatán y le hiciera la

guerra, buscaba un medio de apoderarse de él y darle muerte. Con este propósito se

puso en camino de Betsán. 41 Salióle al encuentro Jonatán con cuarenta mil hombres

escogidos para la lucha, y llegó a Betsán. 42 Cuando Trifón vio que Jonatán venía

con tanta fuerza, temió poner manos en él, 43 le acogió muy honrosamente, le presentó

a todos sus amigos y le hizo muchos obsequios, ordenando a su ejército que le

obedeciese como a él mismo. 44 Dijo luego a Jonatán: “¿Por qué molestar a todo el

pueblo, no habiendo guerra entre nosotros ? 45 Mándalos a sus casas, dejando contigo

unos cuantos que te acompañen, y vente conmigo a Tolemaida. Te la entregaré

con las demás fortalezas y pondré a tus órdenes el resto del ejército y los oficiales del

rey. Hecho esto, yo me volveré, que sólo para eso he venido.” 46 Dióle fe Jonatán e

hizo según le decía, licenciando su ejército, que se volvió a la tierra de Judá. 47 Sólo

se reservó tres mil hombres, de los que dejó dos mil en Galilea, llevándose consigo

sólo mil.

El ambicioso Trifón quiso a todo trance escalar el trono de Siria. La personalidad relevante de

Jonatán le era un estorbo serio para realizar sus sueños de grandeza. Maquinó entonces la manera

de quitarlo de en medio. De Siria bajó a Galilea y acampó en Betsán (5:52). A la noticia de la

llegada de Trifón, salióle Jonatán al encuentro llevando un numeroso ejército, que redujo a petición

de Trifón. Jonatán cayó en la trampa, halagado, además, por la promesa de Trifón de entregarle

Tolemaida y otras plazas fuertes de Galilea.

Tolemaida, tumba de Jonatán (12:48-53).

48 En cuanto Jonatán entró en Tolemaida, los tolemenses cerraron las puertas, le

prendieron a él, y a los que le acompañaban los asesinaron. 49 Luego Trifón envió su

ejército y su caballería a la Galilea y a la gran llanura para aniquilar a todos los

parciales de Jonatán. 50 Supieron que había sido preso y muerto Jonatán y los que le

acompañaban, y unos a otros se animaron para salir a campaña para combatir. 51

Al ver sus perseguidores cuan resueltos estaban a luchar por su vida, se volvieron. 52

Se fueron sin ser molestados a la tierra de Judá y lloraron a Jonatán y a los suyos,

temiendo mucho por sí. Todo Israel hizo gran duelo. 53 Entonces todas las naciones

vecinas se propusieron aniquilarlos, diciéndose: “Ya no tienen caudillo que los proteja;

luchemos, pues, contra ellos y borremos su memoria de entre los hombres.”

1552

Tolemaida era ambicionada por los judíos a causa de su posición y como puerto de mar. Demetrio

se lo había prometido antes (10:39), por lo que Jonatán veía ahora realizados los sueños de

sus connacionales. Penetró en la ciudad, y las puertas de la misma cerráronse a sus espaldas.

Tropas apostadas estratégicamente cayeron sobre el valiente caudillo judío y le prendieron. Sus

soldados, embotellados en un lugar donde no era posible moverse, fueron asesinados. A la noticia

de la desaparición de Jonatán levantaron cabeza los enemigos, que pensaban acabar con Israel.

Pero quedaba todavía un caudillo de la madera de los Macabeos: Simón.

1 Véase “Zeitschrift für alttestamentliche Wissenschaft,” 41 (1931) 35-42.

2 Ant. lud. 13:28.

1 tito livio, Epit. 52.

2 justino, 35:1.6.

3 Cicerón, Pro lege agraria 2.12:59.

4 tito livio, Epist. 50; justino, 35.2:2.

1 Dlodoro, 33:4.

2 JUSTINO, 35:2:3.

3 Diodoro, 33:4; justino, 36:1.

4 Dlodoro, 33:4.

1 Prime linee di storia della tradizione maccabaica (Roma 1930) 141-151.

4. Simón, Principe del pueblo Judio (c.13-16).

Simón arenga a los Jadías (13:1-9).

1 Oyó Simón que había reunido Trifón un poderoso ejército para venir contra la tierra

de Judá y aplastarla, 2 y, viendo al pueblo lleno de espanto y de temor, subió a

Jerusalén y reunió al pueblo. 3 Los alentó, diciendo: “Ya sabéis lo que yo, mis hermanos

y la casa de mi padre hemos hecho por las leyes y el santuario, las guerras y

las angustias que hemos soportado. 4 Por esta causa, que es la de Israel, dieron la vida

todos mis hermanos, quedando yo solo. 5 No quiera el cielo que en esta hora de

tribulación rehuya el peligro por amor de la vida, que no valgo yo más que mis

hermanos, 6 antes tomaré la defensa de la nación y del santuario, de nuestras mujeres

e hijos, ahora que, llevadas del odio, se han juntado todas las naciones para

aplastarnos.” 7 Se enardeció el pueblo al oír estas palabras, 8 y a grandes voces respondió,

diciendo: “Sé nuestro caudillo en lugar de Judas y de Jonatán tu hermano. 9

Combate nuestras batallas; cuanto nos digas lo haremos.”

Simón era un guerrero. Mientras Judas luchaba en Gaulan, Simón conducía las tropas de Galilea

a Jerusalén (5:20-23); en Mádaba vengaba la muerte de su hermano Juan (9:67-67); ayudó a su

hermano Jonatán en Azoto (10:74-83); expugnó la fortaleza de Betsur (11:65-66), etc. Simón

salió de Adida (12:38) y marchó a Jerusalén para levantar la moral del pueblo. Arenga a la multitud,

empezando por hacer resaltar la entrega total de su familia a la causa del pueblo judío. Faltando

ellos, muertos unos y encarcelados otros, se resigna a seguir la tradición familiar. La muchedumbre

prorrumpe en gritos de aprobación, declarándolo caudillo (egoúmenos) suyo en lugar

de Jonatán. De la dignidad de sumo pontífice no se dice una palabra.

1553

Primeros encuentros (13:10-13).

10 Juntando todos los hombres de guerra, se dio prisa a concluir los muros de Jerusalén,

que quedó fortificada toda en derredor, 11 Envió a Jonatás, hijo de Absalón,

con bastante fuerza a Jope, que echó de allí a los que la guarnecían, quedándose en

ella. 12 Trifón salió de Tolemaida con un poderoso ejército para invadir la Judea,

llevando consigo a Jonatán preso. 13 Simón acampó en Adida, frente a la llanura.

Las amenazas de Trifón hiciéronse efectivas. Jope, junto al mar, era una plaza fuerte estratégica

contra la amenaza de Trifón desde Tolemaida. Allá fue un tal Jonatás, hijo de Absalón. Se cree

que era hermano de Matatías, hijo de Absalón, de que se habla en 11:70. Jope no sentía ninguna

simpatía por los Macabeos (2 Mac 12:3-7). Jonatán habíase apoderado de la ciudad, estableciendo

allí la guarnición judía (12:13) y algunos comerciantes. Desde este momento, Jope perteneció

a Israel hasta los días de Pompeyo (63 a.C.). Esta hazaña se recuerda en el elogio de Simón

(14:5) y en el elenco de sus glorias.

Engaño de Trifón (13:14-19).

14 Al conocer Trifón que habían nombrado a Simón caudillo en lugar de su hermano

Jonatán y que estaba pronto a trabar batalla, le envió mensajeros, 15 diciendo:

“Hemos detenido a tu hermano a causa de la deuda que tenía en el tesoro real por

los cargos que desempeñaba. 16 Envía, pues, cien talentos de plata y a dos de sus

hijos como rehenes, por que al ser libertado no se rebele contra nosotros, y le dejaremos

libre.” 17 Aunque entendía Simón que hablaban con engaño, envió el dinero y

los dos niños, por no concitar contra sí la enemiga del pueblo, que podría decir: 18

“No ha enviado el dinero y los niños, y por eso pereció Jonatán.” 19 Así, pues, envió

los niños y los cien talentos; pero Trifón, faltando a su palabra, no puso en libertad

a Jonatán.

Es repelente la figura de este general sirio, dominado por la ambición y esclavo de la mentira y

del engaño. Todos los medios le parecen lícitos con tal de conseguir sus tenebrosos fines. Con su

ejército descendía por la costa mediterránea. Pero tuvo noticia de que los judíos le esperaban,

bien pertrechados, con Simón como caudillo. Fue entonces cuando recurrió a la burda estratagema

de pedirle enviara trescientos talentos y dos de sus hijos, con la promesa de libertar a su hermano.

Simón, por temor a lo que dirán, accedió, pero Jonatán no fue puesto en libertad.

Muerte de Jonatán (13:20-24).

20 Trifón emprendió luego la marcha para invadir la tierra y devastarla. Para ello,

rodeando, vino a Adora; pero Simón, con su ejército, le salía al encuentro dondequiera

que él iba. 21 Los de la ciudadela enviaron mensajeros a Trifón, rogándole

que se diera prisa a venir en su socorro por el desierto y les trajese víveres. 22 Preparó

Trifón toda su caballería para llegar aquella noche, pero no pudo a causa de la

mucha nieve que había caído. Llegó a Galaad, 23 y en Bascama dio muerte a Jonatán,

que fue sepultado allí. 24 Después Trifón dio la vuelta y se volvió a su tierra.

Trifón había ganado una batalla diplomática e intentó coronarla con otra bélica. Al frente de sus

1554

tropas bordeaba la costa del Mediterráneo con el intento de torcer a la izquierda y enfilar alguno

de los caminos que por los wadis conducen a Jerusalén. Pero la presencia de Simón en Adida le

infundió temor, tratando entonces de alcanzar la capital haciendo un gran rodeo por tierras de

Idumea, llegando hasta Adora, la actual Dura, situada a ocho kilómetros al sudoeste de Hebrón.

De sus movimientos tuvo noticia Simón, que le acechaba sin cesar, en busca de un momento

propicio para atacarle.

De la ciudadela de Jerusalén pudieron evadirse algunos, que fueron a contar a Trifón la

urgente necesidad que tenían de víveres. Como medio de burlar la vigilancia, y con el fin de

hacer frente a las borrascas del invierno, le aconsejaron que subiera a Jerusalén por el camino del

desierto, pasando por Tecoa y Belén. Una nevada abundante borró toda huella del camino e imposibilitó

la ayuda de urgencia a los de la ciudadela. No son frecuentes en Jerusalén estas tempestades

de nieve, por lo que cogiólos a todos de improviso. Temiendo quedar bloqueados en

tierra extraña, Trifón encaminó sus tropas a la orilla occidental del mar Muerto, hacia las riberas

del Jordán, continuando su marcha hacia Galaad (5:2555). Bascama, que se encontraba en la región

septentrional de TransJordania, al noroeste del lago de Genesaret, fue el lugar donde Trifón,

cansado de arrastrar a Jonatán en calidad de prisionero, le dio muerte. Aunque no lo dice el texto,

es probable que sus dos hijos siguieran el mismo destino.

Mausoleo familiar (13:25-30).

25 Mandó Simón por los restos de su hermano Jonatán, y les dio sepultura en Modín,

la ciudad de sus padres. 26 Todo Israel hizo por él gran duelo y le lloró muchos días.

27 Edificó Simón sobre los sepulcros de sus padres y hermanos un monumento de

piedras labradas por una y otra cara, alto y visible desde muy lejos. 28 Encima levantó

siete pirámides, unas enfrente de otras, dedicadas a su padre, a su madre y a

sus cuatro hermanos. 29 Las asentó sobre sus basas y las rodeó de grandes columnas,

y puso en ellas panoplias para eterna memoria; y junto a las panoplias, naves esculpidas,

que pudieran ser vistas de todos los que navegaban por el mar. 30 Ese sepulcro

que erigió en Modín perdura hasta el día de hoy.

Simón fue en busca de los despojos de su hermano, que enterró en Modín. Hubo el consabido

duelo nacional. Pensó entonces levantar Simón un mausoleo para honrar la memoria de la familia,

inspirándose en la arquitectura griega. Sobre una mole de piedras labradas se colocaron siete

pirámides, dedicadas a su padre, a su madre, a sus cuatro hermanos, y reservándose una para sí.

Para que el monumento pudiera ser visto del mar, tenía que estar emplazado sobre una colina,

quizá en Scheik el-Garbawi, en las afueras de Modín. Sobre los restos de este mausoleo se levantó

más tarde un edificio bizantino.

Trifón en el trono (13:31-32).

31 Trifón, que procedía dolosamente con el joven Antíoco, acabó por darle muerte, 32

se declaró rey en su lugar y ciñó la diadema del Asia, trayendo con esto una gran calamidad

sobre la tierra.

Después de haberse apoderado alevosamente de Jonatán se ensaña Trifón contra el joven Antíoco

VI Dionisios. Sube al trono de Antioquía con el título de autocrator, para significar que escalaba

aquel puesto por sus méritos y no por derecho de sucesión. Arrogábase también el título de

rey de Asia, cuando en realidad era muy insignificante la parte del reino que tenía bajo su mando.

1555

Los historiadores paganos 2 hablan del regicidio de Trifón, aunque discrepan en los detalles de

cómo se llevó a efecto.

Alianza de Simón con Demetrio (13:33-40).

33 Simón edificó las fortalezas de Judea, las rodeó de altas torres y muros fuertes, les

puso puertas y cerrojos y las proveyó de vituallas. 34 Envió algunos hombres escogidos

al rey Demetrio, pidiendo que concediera al país la remisión de los tributos, por

cuanto los actos de Trifón habían sido actos de saqueo. 35 Contestó el rey Demetrio a

estas peticiones enviándo-les letras del tenor siguiente: 36 “El rey Demetrio a Simón,

sumo sacerdote y amigo de los reyes, y a los ancianos y a la nación judía, salud. 37

Hemos recibido la corona de oro y la palma que nos habéis enviado, y estamos dispuestos

a hacer con vosotros una paz definitiva y a escribir a los intendentes reales

que os condonen las deudas. 38 Todo cuanto hemos pactado con vosotros sea firme, y

las fortalezas que habéis edificado sean vuestras. 39 Os perdonamos también las faltas

y las ofensas cometidas hasta este día, y la corona que debéis, y si algún tributo

se cobraba en Jerusalén, ya no se cobre. 40 Si algunos de vosotros estáis dispuestos a

alistaros en nuestro ejército, podréis hacerlo, y que reine entre nosotros la paz.”

Simón comprendió la farsa de los soberanos seléucidas; prescindió de ellos, entregándose a la

consolidación de todas las fortalezas de Judea. La traición del partido de Alejandro (10:46-47)

caló hondamente en su ánimo. Escribió a Demetrio manifestándole que la conducta de rapiña de

Trifón le había desilusionado y que, por consiguiente, estaba dispuesto a pasarse a su bando en

caso de que eximiera al país, exhausto por las guerras, de los tributos. La propuesta de Simón fue

recibida como agua en mayo. Con un aliado en Palestina, la presión de Trifón disminuiría y le

acercaría a Antioquía. Concede Demetrio en su carta el título de sumo sacerdote a Simón, al que

llama amigo de reyes. Le dice que ha recibido la corona de oro (10:11.35) y la palma (2 Mac

14:4).

Autonomía de Israel (13:41-48).

41 El año ciento setenta quedó Israel libre del yugo de los gentiles, 42 y comenzaron a

encabezarse así los documentos y contratos: “El año primero de Simón, gran pontífice,

general y caudillo de los judíos.” 43 En los días aquellos acampó Simón contra

Gazer, y la cercó con sus fuerzas, construyó máquinas de asedio y las aproximó a la

ciudad, acometiendo una de las torres y apoderándose de ella. 44 Invadieron la ciudad

los que estaban en la máquina, produciéndose en aquélla gran conmoción. 45

Los de la ciudad subieron a las murallas con sus mujeres e hijos, rasgadas las vestiduras,

y a grandes voces clamaban pidiendo a Simón la paz, 46 y le decían: “No

obres con nosotros según merecen nuestras maldades, sino según tu misericordia.”

47 Simón se dejó aplacar y suspendió las hostilidades contra ellos, pero expulsó a los

de la ciudad, purificó las casas en que había ídolos, y así hizo su entrada en ella en

medio de cánticos y bendiciones. 48 Después de limpiarla de toda impureza, instaló

en ella gente observante de la Ley, la fortificó, y construyó allí para él una morada.

En las monedas que acuñó se da Simón el nombre de egoumenos. Se posesiona de manera oficial

los dos cargos de sumo sacerdote y etnarca, que ostenta simultáneamente.

En el corazón de Palestina quedaban todavía dos espinas que urgía arrancar aprovechan1556

do las buenas disposiciones de Demetrio: la ciudad de Gazer y la ciudadela de Jerusalén. Contra

la primera marchó Simón con el propósito firme de conquistarla. Decisiva fue la acción de la

gran torre móvil, de madera, llamada en griego elepoli, inventada por Demetrio Poliorcetes (336-

283 a.C.), revestida de recios y puntiagudos clavos de hierro. Constaba de diversos planos; los

soldados del plano superior saltaron sobre los muros y penetraron inesperadamente en la ciudad.

Inmediatamente empezó Simón a fortificar la ciudad, construyendo allí una morada para él. En

las excavaciones practicadas en el lugar por Macalister 3 se han encontrado restos de construcciones

macabaicas y un testimonio del odio que un prisionero sentía por el Macabeo, y que dejó

grabado sobre una piedra (Abel).

La ciudadela desaparece (13:49-54).

49 Los de la ciudadela de Jerusalén no podían salir de ella ni entrar en la región para

comprar o vender, y pasaban mucha escasez, pereciendo de hambre muchos de

ellos. 50 Clamaron a Simón en demanda de paz, y él se la otorgó, echándolos de allí y

limpiando la ciudadela de impurezas. 51 El día veintitrés del mes segundo del año

ciento setenta y uno entró en ella con cánticos, palmas y acompañamiento de cítaras,

címbalos y arpas, con himnos y cánticos, porque había sido aplastado un gran enemigo

de Israel. 52 Estableció que cada año se solemnizara este día con regocijo. 53

Fortificó el monte del templo, que está próximo a la ciudadela, y habitó allí él con los

suyos. 54 Viendo que Juan, su hijo, era hombre animoso, le hizo jefe de todas las tropas,

con residencia en Gazer.

A los sirios del Acra llegó también su hora. Trifón no pudo ayudarles; su situación hacíase cada

día más precaria. Muchos perecieron de hambre. Reducidos a optar por el dilema perecer o pactar,

siguieron el ejemplo de los de Gazer, acudiendo a Simón en demanda de paz, que se les concedió.

El templo fue también objeto de sus desvelos; fortificó sus muros y estableció la residencia

en la Barís, a la que sucederá la torre Antonia en tiempos de Heredes.

Demetrio en una cárcel persa (14:1-3).

1 El año ciento setenta y dos reunió el rey Demetrio sus tropas y se puso en marcha

hacia la Media, en busca de recursos para hacer la guerra a Trifón. 2 Sabido por Arsaces,

rey de Persia y de Media, que Demetrio había invadido su territorio, mandó a

su encuentro a uno de sus generales con el encargo de cogerle vivo. 3 Partió éste y

derrotó a Demetrio, haciéndole prisionero y llevándole a Arsaces, que le encarceló.

El autor sagrado menciona solamente uno de los motivos que tuvo Demetrio para ir a tierras de

Oriente. La razón principal estaba en que los partos amenazaban seriamente la integridad del imperio

en el límite oriental. Mitrídates I (171-138 a.C.), fundador del reino de los partos, había

entrado triunfalmente en Seleucia, junto al Tigris, capital de la provincia de Babilonia, en los

primeros días de julio de 141 antes de Cristo. Ante la crueldad de los partos, griegos, macedonios

e indígenas, pidieron ayuda a Demetrio. Corrió éste a su demanda, y, con la ayuda de persas,

elamitas y de gente de Babilonia, creyó haberlos sometido. Al año siguiente quiso Demetrio penetrar

en la meseta persa, donde ganó muchos combates; pero cayó prisionero con ocasión de

negociar la paz con Mitrídates 1. Fue después internado en Hircania. Mitrídates le rodeó de atenciones,

prometiéndole restablecerle en el trono, y le asignó como esposa a su hija Radoguna. Arsaces

era un nombre común a los reyes partos y significa rey 2.

1557

Oda a Simón (14:4-15).

4 Y disfrutó de paz la tierra de Judá toda la vida de Simón, que procuró la prosperidad

de su pueblo; a todos fue grato su gobierno, y gozó de fama todos los días de su

vida, 5 Y añadió a esta gloria la toma de Jope para puerto, teniendo así entrada a las

islas del mar. 6 Extendió los términos de su nación y mantuvo el dominio de su tierra.

7 Redimió muchos cautivos, se adueñó de Gazer y Betsur y de la ciudadela. Quitó

de ella las impurezas y no hubo quien le resistiera. 8 Cultivaban en paz la tierra, y

la tierra daba sus cosechas, y los árboles del campo sus frutos. 9 Los ancianos se sentaban

en las plazas, todos hablaban de las prosperidades de la tierra, y los jóvenes

vestían como traje de honor el traje de guerra. 10 Abasteció las ciudades y las puso

en estado de defensa. Llegó la fama de su nombre hasta los extremos confines de la

tierra. 11 Hizo reinar la paz en toda la tierra, y gozó Israel de gran bienestar. 12 Cada

uno se sentaba bajo su parra y su higuera, y nada había que les causara temor. 13

Desapareció de la tierra el que les hacía la guerra, y en sus días fueron vencidos reyes.

14 Dio seguridad a los humildes de su pueblo, tuvo celo por la Ley y desterró a

todos los impíos y malvados. 15 Restauró la gloria del santuario y aumentó los vasos

sagrados.

Aunque su autor recurra a veces a hipérboles, sin embargo, todo el mundo reconocía que los

tiempos actuales, en comparación de otros anteriores, marcaban una era de paz y de prosperidad.

Simón dio a Israel un puerto de mar con la anexión definitiva de Jope (13:11); extendió las fronteras

del reino (12:38); se adueñó de Gazer (13:43-47), de Betsur (11:65-66) y del Acra (13:49-

51). La seguridad en las fronteras favoreció el desarrollo de la agricultura (2 Mac 12:1), cultivando

la tierra que manaba leche y miel (Lev 26:4; Deut 8:8; 1 Sam 8:14). Los ancianos tomaban

el sol o el fresco, según las estaciones, en las plazas públicas (Zac 8:4), comentando favorablemente

los acontecimientos.

Renovación de la alianza con Roma y Esparta. (14:16-24)

16 Había llegado a Roma y Esparta la noticia de la muerte de Jonatán, de la que se

dolieron mucho. 17 Pero al saber que Simón, su hermano, le había sucedido en el

sumo sacerdocio y que mandaba en la tierra y en sus ciudades, 18 le escribieron la

renovación de la amistad y la alianza antes hecha con Judas y Jonatán, sus hermanos,

en placas de bronce, 19 que fueron leídas en Jerusalén en la asamblea del pueblo.

He aquí la copia de las letras enviadas por los espartanos: 20 “Los príncipes y la

ciudad de Esparta, a Simón, sumo sacerdote, y a los ancianos, y a los sacerdotes, y a

todo el pueblo de los judíos, sus hermanos, salud. 21 Los mensajeros que habéis

mandado a nuestro pueblo nos han dado noticias de vuestra gloria y honor, y de ello

nos alegramos sobremanera. 22 Hemos registrado en las deliberaciones del pueblo lo

siguiente: Numenio, hijo de Antíoco, y Antípatro, hijo de Jasón, legados de los judíos,

han llegado a nosotros para renovar la antigua amistad. 23 El pueblo resolvió recibir

honrosamente a los mensajeros y depositar una copia de su discurso entre los

documentos públicos para que el pueblo espartano guarde memoria de ello. Y

hemos enviado una copia de esto a Simón, sumo sacerdote.” 24 Después de estos sucesos

envió Simón a Numenio a Roma, para renovar la alianza con los romanos,

mandando por él, como presente, un escudo de oro de mil minas de peso.

1558

El autor sagrado, gran entusiasta de su héroe, emplea una frase vaga y estereotipada para señalar

el pesar que romanos y espartanos sintieron por la muerte de Jonatán. No siendo las relaciones

con estos pueblos de estrecha amistad, no dieron ellos demasiada importancia a la noticia triste

que llegó de Palestina. Por el v.iy se desprende que fueron los romanos los que se adelantaron a

renovar una alianza que hasta entonces había repercutido muy poco en la vida práctica de Palestina.

Un elogio grabado en bronce (14:25-45).

25 Cuando el pueblo oyó tales cosas, se dijeron: “¿Qué gracias podemos dar a Simón

y a sus hijos? 26 Porque valerosamente han combatido contra los enemigos de Israel,

tanto él como sus hermanos y toda su familia, y han afianzado nuestra libertad.” Y

grabaron en placa de bronce, que colgaron de columnas en el monte de Sión, 27la siguiente

escritura: “El día dieciocho del mes de Elul del año ciento setenta y dos, el

año tercero del sumo sacerdote Simón, en Asaramel, 28 en la asamblea general de los

sacerdotes y del pueblo, de los príncipes y ancianos de la nación, se hizo saber esto:

En las muchas guerras que ha habido en nuestras tierras, 29 Simón, hijo de Matatías,

de los hijos de Joarib, así como sus hermanos, se expusieron al peligro e hicieron

frente a los adversarios de su nación por la conservación del santuario y de la Ley, y

ganaron grande gloria para su pueblo. 30 Jonatán los congregó y fue sacerdote hasta

que se reunió con sus padres. 3i Resolvieron entonces los enemigos invadir la tierra,

devastarla y hacerse dueños del santuario; 32 pero se levantó Simón y salió a la defensa

de su pueblo, y con grandes expensas suyas armó a los valientes de su nación y

les pagó la soldada. 33 Fortificó las ciudades de Judea y a Betsur en sus confines,

donde antes dominaban las armas de los enemigos. Puso allí guarnición judía, 34 fortificó

a Jope, junto al mar, y a Gazer, en los confines de Azoto, en la que antes habitaban

los enemigos, e instaló en ellas judíos y los proveyó de cuanto era necesario

para su defensa. 35 Viendo el pueblo la conducta de Simón y la gloria que se proponía

dar a su nación, le hicieron su caudillo y sumo sacerdote, en premio de haber

realizado todas estas proezas y de la justicia y fidelidad que ha guardado a su pueblo,

procurando por todos los medios el engrandecimiento de éste. 36 En sus días todo

prosperó, y los gentiles fueron exterminados de la tierra, y en la misma Jerusalén

los que ocupaban la ciudad de David, que habían convertido en ciudadela, de donde

hacían salidas, profanando los alrededores del santuario, con gran perjuicio de su

santidad. 37 Instaló allí judíos, la fortificó para seguridad de la tierra y de la ciudad,

y dio mayor altura a las murallas de Jerusalén. 38 Por todo esto, el rey Demetrio le

confirió el sumo sacerdocio, 39 y le inscribió en el número de sus amigos y le otorgó

grandes honores, 40 pues supo que los judíos eran tenidos por los romanos como

amigos, aliados y hermanos, y habían sido acogidos con honor los legados de Simón.

41 Los judíos y sacerdotes resolvieron instituir a Simón por príncipe y sumo sacerdote

por siempre, mientras no aparezca un profeta digno de fe, 42 y por su caudillo que

defienda el santuario, instituya inspectores de obras, gobernadores de la tierra, capitanes

de las tropas y alcaides de las fortalezas; 43 que cuide de las cosas sagradas;

que sea de todos obedecido; que se inscriban en su nombre todos los documentos

públicos en la tierra; vista de púrpura y lleve la fíbula de oro. 44 A nadie será lícito,

ya del pueblo, ya de los sacerdotes, traspasar ninguna de estas disposiciones ni con1559

travenir a lo que por él fuere ordenado, o convocar en la tierra asamblea sin su consentimiento,

ni vestir la púrpura ni llevar la fíbula de oro. 45 El que traspasare estas

disposiciones o violare alguna de ellas, incurrirá en castigo.”

En la placa se hace memoria de Matatías, hijo de Joarib (2:1); se mencionan las gestas de Jonatán

(9:73; 10:21; 11:27), desaparecido hacía muy poco, que a su calidad de jefe (9:28-31) juntó la

dignidad de sumo pontífice (10:20). Las gestas de Judas no se mencionan expresamente. La figura

máxima del documento es Simón. Fortificó éste las ciudades de Judea (13:33; 14:5-7); gano

Para la nación las ciudades de Jope y Azoto. Demetrio le confirió la dignidad de sumo sacerdote,

que el pueblo confirmó para él y su descendencia, condicionada, sin embargo, a la aparición de

un profeta que emita sobre el particular el veredicto definitivo. Simón rubricará todos los documentos

con su nombre (13:42). El monarca seléucida habíale concedido el uso del vestido de

púrpura con hebilla de oro para sujetarlo. Toda esta perícopa está concebida por una mentalidad

enteramente adicta a la causa de Simón y empeñada en probar la legitimidad de los títulos religiosos,

civiles y militares que ostenta.

Toma de posesión (14:46-48).

46 Todo el pueblo aprobó conferir a Simón estos poderes y honores, y convino en que

él obrase conforme a ellos. 47 Acepto Simón, agradecido, el sumo sacerdocio y ser

caudillo y jefe de los judíos y de los sacerdotes, ejerciendo el mando supremo. 48

Mandaron que esto se escribiera en láminas de bronce y se pusiese en el atrio del

templo en lugar visible, y que una copia de lo mismo se depositase en el tesoro del

templo, a disposición de Simón y de sus hijos.

Todas las dignidades que se le confieren las ejercía ya Simón, pero le faltaba la consagración de

estos derechos para él y para sus descendientes por parte de toda la asamblea de Israel. Simón

aceptó gustoso los tres cargos (13:42; 14:41-52; 15:1-2). En el texto griego se le llama etnarca,

porque, aunque ejerza los poderes de un rey, es, sin embargo, vasallo del rey de Siria.

Antíoco VIl pacta con Simón (15:1-9).

1 Antíoco, hijo del rey Demetrio, envió desde las islas del mar cartas a Simón, sumo

sacerdote y jefe de los judíos, y a toda la nación. 2 Era el contenido de las cartas del

tenor siguiente: “El rey Antíoco a Simón, sumo sacerdote y jefe de la nación judía,

salud. 3 Como quiera que hombres malvados se hayan apoderado del reino de nuestros

padres, es mi voluntad recobrarlo y restablecerlo en su forma antigua, para lo

cual he reunido un ejército numeroso y equipado de naves de guerra. 4 Me propongo

desembarcar y perseguir a los que han arruinado el reino y asolado sus ciudades. 5

Te ratifico, pues, todas las exenciones que te han hecho los reyes mis predecesores y

todas las mercedes que te han otorgado. 6 Te permito acuñar moneda propia para tu

tierra. 7 Que Jerusalén y su santuario sean libres; que cuantas armas has fabricado

y cuantas fortalezas has levantado y posees, queden en tu poder; 8 que todas las

deudas al tesoro real y cuanto en adelante hubiere de percibir el rey te sea por siempre

condonado. 9 Y cuando nos hubiéremos apoderado del reino, os honraremos, a ti

y a tu nación y al templo, tan magníficamente, que vuestra gloria se extenderá por

toda la tierra.”

1560

La situación política de Siria favorecía la casi total independencia de Israel. Vimos que Demetrio

II fue hecho prisionero por Arsaces (14:3). La noticia llegó a oídos de su hermano menor e hijo

de Demetrio I, Antíoco, que se encontraba en la isla de Rodas. Inmediatamente concibió éste la

idea de conservar a su hermano en el trono y sucederle, en caso de que lo primero no fuera posible.

Reunió mucha tropa, escribió aquí y allá en busca de aliados para derrocar al intruso Trifón.

Desembarcó Antíoco en Asia Menor, siendo proclamado rey en Sides, lo que le valió el sobrenombre

de Sidetes. En sus monedas se complace él en llamarse Evergetes, bienhechor, en tanto

que Flavio Josefo le conoce por el título de Ensebes, piadoso. Con el fin de juntar otros títulos

para ocupar el trono de Siria, aceptó la mano de su cuñada Cleopatra, refugiada en Seleucia, que

había sido, sucesivamente, esposa de Alejandro Bala y de Demetrio II, todavía en vida cuando se

celebró la boda ! Como vimos, Demetrio II en el destierro tomó por esposa a Radoguna. Entre

los posibles aliados de sus planes contaba Antíoco en primer lugar con el pueblo judío, que tanto

odio profesaba a su rival Trifón. En la carta que hemos reproducido se le reconocen a Simón los

títulos de sumo sacerdote y de etnarca. Concediósele el poder acuñar moneda propia, a lo que se

había anticipado Simón. Las pocas monedas conservadas llevan la inscripción Ligullath Sion, la

redención de Sión, con figuras de palmeras entre dos cestas.

Antíoco en el continente (15:10-14).

10 El año ciento setenta y cuatro, Antíoco se puso en marcha hacia su reino, y todas

las tropas se declararon por él, de suerte que muy pocas fueron las que le quedaron

a Trifón. 11 Perseguido por el rey Antíoco, vino huyendo hasta Dora del Mar. 12 Vio

entonces cuántos males se le venían encima, pues las tropas le habían abandonado.

13 Acampó el rey Antíoco contra Dora, con ciento veinte mil hombres y ocho mil caballos.

14 Cercaron la ciudad por mar y por tierra, y la estrecharon, de suerte que

nadie podía salir ni entrar en ella.

Cleopatra Tea llamó a Antíoco Sidetes para que desembarcara en Seleucia y la pusiera al abrigo

de las amenazas de Trifón. El año 174, el 138 antes de Cristo, efectuóse el desembarco. A esta

noticia siguió la deserción de muchos soldados del perverso Trifón, que se pasaron al ejército de

Antíoco. La guerra entre los dos rivales se enconó. Perseguido por Antíoco, Trifón rehuía el

combate marchando en dirección al sur del imperio. Pero aquí le esperaba Simón con su ejército,

dispuesto a interceptarle el paso. Cercado entre dos fuegos, se refugió en Dora del Mar (Jos

11:1), a nueve kilómetros al norte de Cesárea y a igual distancia del promontorio del Carmelo, al

norte. Por tierra y por mar, la ciudad quedó cercada. ¿Cuál fue su suerte? El autor deja la respuesta

para después.

Un mensaje de Roma (15:15-21).

15 En esto llegó de Roma Numenio y los que con él habían ido, trayendo copia de

cartas escritas a los reyes y a las naciones, del tenor siguiente: 16 “Lucio, cónsul de

los romanos, a Tolomeo, salud. 17 Han venido a nosotros embajadores de los judíos,

aliados y amigos nuestros, enviados por Simón, sumo sacerdote, y por la nación de

los judíos, para renovar la antigua amistad y alianza, 18 y han sido portadores de un

escudo de oro de mil minas de peso. 19 En virtud de esto nos ha parecido bien escribir

a* reyes y naciones que no les causen ningún mal ni les hagan la guerra, ni a sus

ciudades ni a su tierra, ni presten auxilio a quienes los combatan. 20 Nos pareció

igualmente bien recibir de ellos el escudo. 21 Si, pues, hombres malhechores, huyen1561

do de ellos, se refugiaran entre vosotros, entregadlos a Simón, sumo sacerdote, para

que los castigue según la ley.”

Una carta de recomendación de Roma era un buen antídoto contra la tentación que podía asaltar

a Antíoco de mover su ejercito contra Simón una vez derrotado Trifón. El firmante del mensaje

es Lucio, que se ha identificado con Lucio Furio Filón, Lucio Cecilio Metello y Lucio Calpurnio

Pisón. Por los datos cronológicos contenidos en 14:1; 24; 27; 15:10, parece que debe identificarse

con el tercero, Lucio Calpurnio Pisón (Abel, Bébenot, Knabenbauer, Vaccari), que fue cónsul

con Popilio Lenas el año 615 de la fundación de Roma, correspondiente al 173 de la era seléucida.

Del contenido de la carta, muy favorable a los judíos, se deduce que Simón había pedido

a los romanos el derecho de poder reclamar a los malhechores refugiados en el extranjero. Los

romanos acceden a la petición, pero no señalan concretamente las medidas que debían tomarse

para que se cumpliera la orden. Un derecho análogo otorgaron los romanos a Herodes 2.

Otros mensajes (15:22-24).

22 En la misma forma escribieron al rey Demetrio, a Átalo, a Ariarates, a Arsaces 23

y a todas las naciones: a Sampsaco, a los espartanos, a Délos y a Mindo, a Sición, a

Caria, a Samos, a Panfilia, a Licia, a Halicarnaso, a Rodas, a Fasélida, a Cos, a Side,

a Arados, a Cortina, a Gnido, a Chipre y a Cirene. 24 Y copia de estas cartas se la

enviaron a Simón, sumo sacerdote.

Entre los destinatarios figura Demetrio II, del cual ignoraban todavía los romanos su encarcelamiento

en Persia. Átalo II, de Pérgamo (159-138), hijo de Eumenio, era prácticamente un vasallo

de Roma. Ariarates V, rey de Capadocia (162-131), conocido también con el nombre de Mitrídates

V Filopator 3, fue educado en Roma y seguía en buenas relaciones con los romanos 4. Arsaces

era rey de los partos (14:2). Las islas del Egeo, Délos, Cos, Samos, Rodas, Chipre y Creta se encontraban

más o menos bajo control romano. Se mencionan las ciudades costeras del Asia Menor

en la Caria: Mindo, Halicarnaso y Gnido. En la costa sur del Asia Menor se hallaba la Licia, con

la ciudad de Fasélida; la Panfilia, con Side; Siro fenicia y la villa de Arados. Cirene está en la

costa septentrional de África. En su enumeración no se sigue el orden geográfico.

Capitulación de Dora (15:25-27).

25 El rey Antíoco acampó enfrente de Dora la Nueva, la estrechó y construyó máquinas

de guerra, quedando Trifón cercado, sin poder entrar ni salir” 26 Simón envió

en ayuda del rey dos mil hombres escogidos y plata y oro y mucho material de guerra.

27 No quiso él recibirlos, antes bien revocó cuanto había pactado antes y rompió

con él.

Vuelve el autor a ocuparse del cerco de Dora. En el hebraico se leía la expresión en te dentera,

que se ha traducido en griego por “en el segundo día” (Vaccari), o segunda vez, como si Antíoco

hubiera abandonado el cerco y lo reanudara. Abel supone que la expresión “Dora la Nueva” se

refiere a un suburbio de la ciudad.

1562

Antíoco recrimina a los Macabeos (15:28-31).

28 Mandó a Atenobio, uno de sus amigos, para tratar con él y decirle: “Vosotros retenéis

a Jope y a Gazer y la fortaleza de Jerusalén, ciudades de mi reino; 29 habéis

devastado sus territorios y causado grandes daños a la tierra, y os habéis adueñado

de muchos lugares de mi reino. 30 Entregad, pues, luego las ciudades que habéis

ocupado y los tributos de que os habéis apoderado fuera de los confines de la Judea;

31 de no hacerlo, pagaréis por ello quinientos talentos de plata, y por los perjuicios

causados y por los tributos de las ciudades percibidos, otros quinientos talentos; y si

no, iré y os haremos la guerra.”

Atenobio es enviado a Simón para exigirle cuentas. Los judíos, que habían celebrado solemnemente

su independencia, se ven forzados a reconocer que Israel era todavía un país sometido a

Siria, con gran autonomía en los momentos en que su amistad favorecía los intereses de Siria.

Se reanudan las hostilidades (15:32-41).

32 Llegado Atenobio, amigo del rey, a Jerusalén, vio la magnificencia de Simón, su

vajilla de oro y plata y la numerosa servidumbre, y quedó maravillado. Oído el

mensaje del rey, 33 respondió Simón: “No hemos tomado tierra ajena, ni de bienes

ajenos nos hemos apoderado, sino de la heredad de nuestros padres, de la que sin

justicia nuestros enemigos se habían adueñado. 34 Aprovechando la ocasión, hemos

recobrado la heredad de nuestros padres. 35 Cuanto a Jope y a Gazer, que reclamáis,

hacían a nuestro pueblo grandes males y asolaban la tierra; por ellas daremos

cien talentos.” Atenobio no le respondió palabra, 36 pero se volvió furioso al rey y le

comunicó las palabras de Simón, su magnificencia y todo cuanto había visto. Airóse

el rey con gran ira. 37 Entre tanto, Trifón, embarcado en una nave, huyó a Ortosiada.

38 El rey instituyó a Cendebeo general de la costa, poniendo en su mano fuerzas

de infantería y caballería, 39 COn el encargo de acampar frente a Judea y edificar a

Cedrón y fortificar sus puertas, a fin de hostigar al pueblo de Israel. El rey se fue en

persecución de Trifón. 40 En cuanto Cendebeo llegó a Jamnia, comenzó a molestar al

pueblo, invadiendo la Judea, haciendo cautivos y muertos. Edificó a Cedrón, 41 y en

ella colocó caballería e infantería, para hacer incursiones por Judea, como se lo

había ordenado el rey.

Atenobio no estaba familiarizado con los suntuosos palacios de los reyes y con los muebles y

vajillas que en ellos se usan. No esperaba Antíoco la respuesta arrogante y autoritativa de Simón.

Su deseo hubiera sido ir él en persona a Jerusalén al frente de un ejército y dar el golpe definitivo,

pero estaba empeñado en perseguir a Trifon, que por mar había huido de Dora y se había refugiado

en Ortosiada, al norte de Trípolis. Alcanzado por el rey Antíoco, se le invitó a que se

suicidara 5. Cendebeo fue nombrado generalísimo (epistrategós) de las tropas de la costa, con lo

cual pasaba a depender de él el propio Simón, que en otro tiempo fue jefe del mismo sector

(11:59).

Alarma de Juan (16:1-3).

1 Subió Juan de Gazer y comunicó a su padre lo que Cendebeo estaba haciendo. 2

1563

Llamó entonces Simón a sus dos hijos mayores, Judas y Juan, y les dijo: “Yo y mis

hermanos y la casa de mi padre hemos combatido por Israel desde nuestra juventud

hasta el presente, y nuestros esfuerzos han sido tan felices, que logramos la libertad

de Israel. 3 Al presente yo estoy ya viejo; pero vosotros, por la misericordia de Dios,

estáis en buena edad; tomad mi puesto y el de mi hermano y salid a luchar por nuestra

nación, y que la ayuda del cielo sea con vosotros.”

Juan, el segundo hijo de Simón, que había sido nombrado generalísimo de las fuerzas judías, con

residencia en Gaza (13:14), percatóse de la gravedad de la situación, por lo que decidió comunicar

a su padre “lo que Cendebeo estaba haciendo.” Simón se considera viejo; tiene todavía fuerzas

para ejercer sus funciones de lider y sumo sacerdote, pero no se cree capacitado para estar

al mando activo del ejército.

Los israelitas victoriosos (16:4-10).

4 Eligieron de la gente de todo el territorio los hombres más aguerridos y caballería,

hasta veinte mil, y partieron contra Cendebeo, pernoctando en Modín. 5 Puestos en

marcha muy de mañana, hacia la llanura, vieron un poderoso ejército de infantería

y caballería que les venía al encuentro. Sólo un torrente había de por medio. 6 Se detuvo

enfrente de ellos Juan con sus hombres; y viendo que los suyos temían atravesar

el torrente, lo hizo él el primero; y sus hombres, viéndole, le siguieron. ? Dividió

su gente, colocando la caballería en medio de los infantes, porque la caballería de los

contrarios era muy numerosa. 8 Resonaron las trompetas sagradas, y Cendebeo y su

ejército quedaron deshechos, cayendo muchos de ellos y huyendo los restantes a la

fortaleza. 9 Quedó herido Judas, el hermano de Juan; pero éste persiguió a los enemigos

hasta llegar a Cedrón, que Cendebeo había edificado, 10 y huyeron hasta las

torres que hay en el territorio de Azoto, que Juan dio al fuego, cayendo de los enemigos

hasta tres mil hombres, y se volvió victorioso a Judá.

Padre e hijos reclutaron rápidamente un ejército considerable, donde por primera vez aparece la

caballería. El nuevo ejército pernoctó en Modín, junto al panteón familiar de los Macabeos. Una

vez electrizado el espíritu al contacto con los despojos mortales de Matatías y de sus hijos, el

ejército israelita marchó en dirección a la llanura para trabar contacto con el enemigo.

Muerte alevosa de Simón (16:11-17).

11 Tolomeo, hijo de Abubos, comandante del campo de Jericó, tenía mucha plata y

oro, 12y era yerno del sumo sacerdote. 13 Se engrió tanto, que quiso hacerse dueño de

la tierra, para lo cual resolvió quitar a traición la vida a Simón y a sus hijos. 14 Visitaba

Simón las ciudades del territorio a fin de proveer a sus necesidades, y bajó a

Jericó con Matatías y Judas, sus hijos, el año ciento setenta y siete, en el mes undécimo,

que es el mes de Sabat. 15 Los recibió el hijo de Abubos con perfidia en una

fortaleza pequeña, llamada Doc, que él había levantado. Les ofreció un gran banquete,

pero ocultó a siete hombres, 16 que, cuando Simón y sus hijos estaban ebrios,

a una señal de Tolomeo se levantaron y, tomando las armas, dieron sobre Simón,

matándole a él, a sus hijos y a algunos de su séquito, 17 cometiendo una gran traición

y devolviendo mal por bien.

1564

Dos años de paz siguieron a la batalla de Cedrón. Simón, libre de los cuidados de la guerra, recorría

la nación en vistas a remediar las deficiencias de la administración y para mejorar el nivel de

vida de sus subditos. Pero no tomó las medidas de seguridad que reclamaban sus dignidades de

jefe religioso y político de Israel. De esta imprevisión abusó un cierto Tolomeo, hijo de Abubos,

acaso idumeo de origen, para apoderarse de él y de los hijos que le acompañaban, asesinándolos

en un banquete. Era Tolomeo un hombre rico, casado con la hija de Simón. Ejercía el cargo de

gobernador del campo de Jericó. Había edificado Tolomeo una fortaleza llamada Doc, verdadero

nido de ladrones, al noroeste de Jericó y sobre el monte Qarantal, a una altura de 492 metros sobre

el mar Muerto. Desde allí dominaba la amplia llanura de Jericó, confiada a sus desvelos. El

mes undécimo (Sabat, enero-febrero) del año 177 (135 a.C.) visitó Simón el territorio de Jericó.

Flavio Josefo dice que únicamente cayó Simón, siendo encarcelados sus dos hijos, a los que Tolomeo

mató después. Según algunos (Cross), Simón es “el hombre de la mentira” de que habla el

peser de Habacuc.

Rápida acción de Tolomeo (16:18-24).

18 Luego escribió Tolomeo al rey para que enviase tropas en su auxilio a fin de poner

en su mano la tierra y las ciudades. 19 Envió otros a Gazer para que se apoderasen

de Juan, y escribió a los oficiales de éste pidiéndoles que se pasasen a él, que les daría

plata y oro y regalos. 20 Mandó otros para que se apoderasen de Jerusalén y del

monte del templo. 21 Pero alguno se adelantó a comunicar a Juan, en Gazer, cómo

habían sido muertos su padre y sus hermanos, y que habían mandado quien le matase

a él. 22 Quedó fuera de sí al oír tales noticias, y, prendiendo a los que venían a él

para darle muerte, los mató, pues sabía lo que intentaban. 23 Los demás sucesos de

Juan, sus guerras y las hazañas que realizó, los muros que levantó y sus obras todas,

24 escritas están en los anales de su pontificado, desde el día en que fue hecho sumo

sacerdote después de su padre.

La ambición indujo a Tolomeo a enviar una embajada a Antíoco comunicándole el caos y esperando

de él ser nombrado gobernador de toda Judea. Pero quedaba Juan, el hijo de Simón. Mientras

éste sitiaba la fortaleza de Doc, colocó Tolomeo sobre la muralla a la madre de Juan, amenazando

arrojarla contra el suelo. Esta visión, dice Flavio Josefo 1, suavizó la acción de Juan, que

alargó el cerco hasta el próximo año sabático, el 133 antes de Cristo, circunstancia que aprovechó

Tolomeo para huir a Filadelfia, matando a la infeliz mujer antes de ausentarse.

Juan, llamado Hircano por haber combatido a los hircanios, reinó treinta y un años, desde 135

hasta 104. Los anales de su reinado se han perdido. Hubo en su tiempo muchas acciones de guerra.

En el primer año de su reinado le sitió Antíoco Sidetes en Jerusalén; concluyó con él un tratado

de paz, desventajosa para los judíos. Con la muerte de Sidetes, al año quinto del reinado de

Juan, el reino seléucida tocó a su fin como potencia mundial, logrando Palestina su independencia

de Siria, realizándose con ello el ideal por el que lucharon los Macabeos durante todos los

días de su vida.

1 Prime linee di storia della tradizione maccabaica (Roma 1930) 141-151.

2 Αρργανο, Syriaca 68; Tito Livio, Epífom. 55; Diodoro, 33:17.

3 The Excavations of Gezer (Londres 1912) I 209.

1 Justino, 36:1.

2 Justino, 36:1-38:9; Appiano, Syriaca 67,

1 Appiano, Syriaca 68; Justino, 36:1.

1565

2 Flavio Josefo, Bell. Ind. I 474.

3 Diodoro, 31:19.

4 Tito Livio, Epist. 42:19; APPIANO, Syríaca 40.

5 Estrabón, 14:668.

1 Ant. lud. 13:8:1.

II Mácabeos.

Autor.

Con esta palabra designamos al que puso por escrito al llamado segundo libro de los Macabeos

tal como aparece en nuestras Biblias. Los dos libros de los Macabeos son dos obras totalmente

distintas, independientes y completas en sí mismas. El segundo libro no es continuación

del primero. Es algo compleja la cuestión del autor de nuestro libro por haber intervenido dos

manos en su composición: Jasón de Cirene, que escribió cinco volúmenes sobre estas historias, y

un epitomador, que los ha resumido en uno. Los cinco volúmenes constituían un rollo en el cual

podíase grabar una obra con una extensión equivalente a los cuatro evangelios y Actos de los

Apóstoles; el compilador lo ha reducido a uno, de la extensión del evangelio de San Marcos. El

autor mismo da testimonio de que su obra es un epítome (2:26-28).

De Jasón de Girene no tenemos más noticias de las que nos ofrece nuestro autor. Algunos

exegetas l lo identifican con el personaje llamado Jasón que envió Judas Macabeo a Roma juntamente

con Eupolemo (1 Mac 8:17). Fue un judío procedente de la diáspora de Alejandría, de

Egipto, que conoció, quizá sólo de oídas, la historia que narra en cinco tomos. El nombre de Jasón

de Cirene fue encontrado en el templo de Tutmosis III en Egipto 2, de lo cual no puede deducirse

que el visitante llamado Cirene fuera nuestro autor. Del libro aparece que Jasón poseía óptima

formación helenística; que conocía la historia de los seléucidas, su administración, costumbres

y títulos correspondientes a las diversas dignidades. Por otra parte, se nos presenta como

judío muy creyente y hasta demasiado crédulo. Es difícil distinguir en el libro actual qué partes

se deben a Jasón y cuáles al epitomador.

Obra personal de éste son: 1) el prólogo (2:20-33); 2) el epílogo (15:38-40). Es profundamente

religioso, devotísimo del templo y defensor celante de la Ley. Por sus escritos se deduce que poseía

una cultura griega respetable. Se le ha calificado de fariseo a causa de su entusiasmo por la

religión judaica e ideas doctrinales. Es sentencia común que sólo el epitomador vióse favorecido

con una inspiración carismática al resumir la obra de Jasón y componer su epítome 3.

Lengua.

Unánimemente se admite que el libro fue escrito en griego, como lo consignó San Jerónimo,

diciendo: “Secundus graecus est, quod ex ipsa quoque phrasi probari potest.” En el cuerpo

del libro, prescindiendo de las cartas que preceden al prólogo (1:1-2:19), pocos hebraísmos se

vislumbran; en cambio, abundan las frases, expresiones y giros auténticamente griegos.

En cuanto a la tradición manuscrita, el libro no ha tenido suerte. Como el I de los Macabeos,

tampoco éste se halla en el códice Vaticano (B) ni en el códice Sinaítico. Aparece en el

Alejandrino (s.V) y el Véneto (s.VIII). Hanhart cree que los dos unciales A y Véneto son los que

mejor retransmiten la forma primitiva del texto, que las versiones latina y armenia suelen con1566

firmar4.

De las versiones antiguas descuellan por su importancia la armenia y la latina, por basarse

en un arquetipo griego, que se ha perdido, según Bévenot5. Al hablar de versiones latinas nos

referimos a los varios textos derivados de una traducción latina antigua. Sabido es que San Jerónimo

no tradujo nuestro libro. No existe más que una traducción latina primitiva, de la que se

han hecho recensiones diversas 6.

Fecha de composición.

Dos cuestiones van incluidas en el enunciado: una, relacionada con la fecha de la composición

del libro por Jasón de Cirene; la otra, con el tiempo en que se hizo el resumen. Para solucionar

ambas cuestiones únicamente disponemos de criterios internos. Basados en que el último

hecho referido es de los tiempos de Antíoco Eupator, se admite que Jasón escribió su obra poco

después del año 16o antes de Cristo. La carta que abre el libro (1:1-9) fue escrita el año 188 de la

era de los seléucidas, es decir, el 124 antes de Cristo. Parece que esta carta movió al autor a escribir

su epítome (Niese, Knabenbauer). Al lado de esta sentencia tradicional se han propuesto

muchas otras. Jasón, según los diversos pareceres, escribió el año 150 (Abel), 130 (Moffat), 130-

125 (Üesterley), ιοο (Penna). El epitomador acabó su obra en 100-50 (LoDs), 70 (Abel, Moffat),

63 (Grim, Bévenot), 50 (Keil), etc. Grimm, Bévenot y Lods creen que lo único seguro y cierto

sobre esta cuestión es que el Epitome fue redactado en el período entre la obra de Jasón y la ruina

de Jerusalén el año 70 antes de Cristo. Pero hay indicios bastante significativos para colocar la

obra del autor sagrado entre los años 100-70 antes de Cristo. ¿Escribió el autor en Palestina?

Por la corrección del lenguaje y por el desconocimiento que demuestra de la topografía

del país se cree que escribió fuera, probablemente en Egipto.

Fuentes del libro.

a) Cartas preliminares (1:1-2:18). — Comienza el libro con unos documentos en forma

de cartas, que no formaban parte de la obra de Jasón. La finalidad que se propuso el autor al resumir

la obra de éste fue dar a conocer a los judíos de Egipto los hechos trascendentales acaecidos

en Judea durante la persecución de los seléucidas, a saber, la restauración del templo y del

culto después de la profanación por Antíoco Epifanes y la acción contra Nicanor, que aseguró la

continuidad del lugar sagrado y el desarrollo del culto. En memoria de estos acontecimientos se

instituyeron la fiesta de la Dedicación o Hanuka, el 25 del mes de Casleu (10:5-8), y la del “Día

de Nicanor,” 13 del mes de Adar (15:7), respectivamente.

Sobre el número de cartas discrepan los autores. Unos admiten en el texto una sola carta

(Momigliano, Niese, Kolbe), otros tres (Laqueur, Bévenot, Rinaldi) y, más comúnmente, dos

(Τοκ-Rey, Herkenne, Abel, Grandclaudon, Penna, Mariani, etc.). Las dos cartas que se distinguen

en el texto son: 1.a, 1:1-9.18-2:18; 2.a, 1:10-17.

La primera fue escrita el año 188 de los seléucidas (124 a.C.). Con el propósito de poner

de relieve la fiesta del mes de Gasleu, la data de la misma, en contra de la costumbre, se pone en

1:9, en vez de ir al final (2:17). La segunda fue enviada a Egipto el año 148 de la era seléucida

(164 a.C.). En la primera se invita a los judíos de Egipto a celebrar la fiesta de la Dedicación del

Templo. En la carta se hace referencia a otra escrita el año 169 (143 a.C.), en la que se anunciaba

la profanación del templo y su purificación. Los judíos de Palestina tratan de inducir a sus hermanos

y correligionarios de Egipto a que abandonen sus templos particulares y abracen la doctrina

mosaica de la unidad de santuario (Deut 12:5-12). A partir de 1:18 se ponen a la consideración

de los destinatarios las razones que militan para la hegemonía del templo de Jerusalén. En la

1567

carta del año 169 la comunidad de Jerusalén aludía tímidamente a la purificación del templo, pero

se muestran todavía reservados por la situación inestable en Palestina, por dificultades políticas

con Egipto. En la del año 188 se ensanchan los corazones y se comunica el entusiasmo a los

judíos de Egipto por la fiesta de la Dedicación.

Rumores sobre la muerte de Antíoco Epifanes en Persia llegaron a Palestina. Los judíos

de Jerusalén apresuráronse a comunicárselo a los de Egipto, en una carta concebida en estilo telegráfico,

haciéndose eco de vagos rumores acerca del lugar y manera como acabó sus días el

mencionado monarca.

Estas cartas preliminares, ¿fueron colocadas en el lugar que hoy ocupan por el epitomador

o se añadieron posteriormente? ¿Compuso el autor sagrado las mencionadas cartas o las encontró

consignadas en otro libro distinto del de Jasón? ¿En qué lengua fueron escritas primitivamente?

En las cartas se observan no pocos semitismos, por lo cual creen algunos que fueron originariamente

escritas en arameo o en hebreo y traducidas al griego. Cabe suponer que el autor las

conoció en su versión griega, hecha por un judío familiarizado con la lengua aramea. Ninguna

razón apoya la hipótesis de la adición posterior de estas cartas al libro de los Macabeos, ya que

su contenido encaja perfectamente en el plan general del libro. Fue el autor mismo quien antepuso

a su obra estas cartas, que confirmaban la tesis que se propuso desarrollar en el libro.

b) La obra de Jasón. — En 2:19-32 dice el autor que su libro es un resumen de una obra

de Jasón en cinco tomos. Este resumen va desde 3:1 hasta 15:37. El fondo, pues, y el contenido

del libro son de Jasón de Cirene. Pudo éste informarse oralmente o utilizar documentos escritos

para conocer la situación político-religiosa de los años anteriores a la persecución de Antíoco

Epifanes. Jasón escribió su obra en griego; el que la resumió no tuvo la molestia de tener que

traducirla. Su labor consistió en compendiar en un solo volumen una obra de cinco tomos. Pero

no por ello cabe concluir que su actividad literaria se circunscribiera a compendiar la obra de Jasón;

más bien debe admitirse que su libro es una composición literaria en la que se utilizan materiales

provenientes del libro de Jasón, que el compendiador redacta con el estilo que le es propio.

Confiesa (2:26-31) que su “obra no ha sido cosa fácil, sino de mucho trabajo, sudores y desvelos.”

La composición del libro fue dificultosa, porque su autor se esforzó en hacerlo interesante y

asequible a los lectores. Puso la máxima diligencia para que su libro fuera claro, diáfano, ameno,

ágil; escogió las frases y palabras que dieran vida y colorido a la narración. En cambio, no se

preocupó de verificar la objetividad y realidad de los hechos narrados por Jasón. De los muchos

que Jasón consignó en su voluminosa obra, el autor seleccionó unos pocos encaminados a exaltar

la figura de Judas y a poner de relieve la intervención de Dios en el éxito de los muchos combates

que tuvo que librar para el triunfo del judaísmo sobre el helenismo.

El libro del epitomador, ¿desborda la obra de Jasón? Dícese en el prólogo que éste narra

la historia de Judas Macabeo y de sus hermanos, las guerras de Antíoco Epifanes y de su hijo

Eupator (2:20-21). Ahora bien, a continuación del prólogo se refieren hechos (3:1-4:6) acaecidos

bajo el reinado de Seleuco IV Filopator (187-175). Al final (14:1-15:37) se cuentan episodios

que rebasan el reinado de Antíoco Eupator (163-162) y se adentran en el de Demetrio I Soter

(162-150). Creemos que las palabras del texto no tienen el sentido tan estricto que le quieren dar

algunos autores (Grandclaudon). A su obra sobre Judas Macabeo pudo Jasón poner unas páginas

introductorias que dieran a conocer la situación política y religiosa de los judíos antes del advenimiento

de Antíoco Epifanes. También los datos que rebasan el remado de Antíoco Eupator se

deben probablemente a Jasón. Según Moffat, a quien siguen Abel y Bellet, las secciones que corresponden

a los cinco libros son las siguientes: 1.a, 3:1-40; 2.a, 4:1-7:42; 3.a, 8:1-10-9; 4.a,

1568

10:10-13:26; 5.a; 14:1; 15-37·

En su libro introdujo Jasón documentos preexistentes. Aparte de las cartas introductorias,

de que hemos hablado, cabe mencionar: 1) carta de Antíoco Epifanes a los judíos (9:19-27); 2)

carta de Lisias a los mismos (11:16-21); 3) de los delegados romanos a los judíos (11:34-38); 4)

Antíoco IV escribe a la nación judía (11:27-33); 5) Antíoco V a Lisias (11:22-26).

Por lo que antecede, quedan deslindados los campos entre lo que es propio de Jasón y lo

que él reprodujo sacándolo de otras fuentes escritas; entre las secciones propias del que resume

(2:20-33; 15:38-40) y las cartas que antepuso él a su obra.

Carácter histórico del libro.

Pocos historiadores le reconocen un fondo histórico superior al I de los Macabeos (Niese,

Schlatter); muchos lo rebajan o niegan totalmente (Wellhausen, Kosters, Lods, Oesterley). El valor

histórico del libro, escribe Lods, es muy precario. Aparece claro que la finalidad del narrador

no es la de destruir, sino la de edificar (l.c., 888). Otros encuentran errores históricos en el libro,

sobre todo en aquellos pasajes que contradicen las noticias contenidas en el I de los Macabeos.

No pocos suponen que el autor ha sacrificado la historia al fin religioso. Las diferencias entre

ambos libros de los Macabeos existen, pero no son irreductibles. Las mismas deben considerarse

bajo la misma perspectiva que los lugares paralelos de los libros de los Reyes y de las Crónicas,

del evangelio de San Juan y de los sinópticos.

La composición de ambos libros es independiente. Sus puntos de contacto se explican por

los hechos mismos y por su sucesión en la realidad. Las divergencias principales afectan a la disposición

cronológica. Además, débese tener en cuenta que la era seléucida no era uniforme en

todas partes. Como es sabido, empieza el año 312 antes de Cristo, con la conquista de Babilonia

por Seleuco.

En Siria y Occidente, el año seléucida empezaba el mes de Tishri (septiembre-octubre), esto es,

el año 312. En Babilonia empezaba con el mes de Nisán (marzo-abril), esto es, el año 311, de lo

que se originaba la diferencia de un año. Es muy probable que Seleuco, personalmente, fijara el

primer año de su gobierno al principio del año macedónico, que coincidía con el otoño de 312

antes de Cristo.

¿Qué sistema emplean los autores de los libros de los Macabeos? Según Kugler, Meyer,

Niese, Lagrange, Grandclaudon, empiezan a contar a partir del año 312; otros exegetas son de

parecer contrario. Bickermann y Abel admiten que el autor del II de los Macabeos parte del año

312, y el del libro I del año 311. Finalmente, Vaccari admite dos cómputos: el que se empleaba

para reseñar hechos profanos, que partía del año 312, y el usado para señalar los hechos pertenecientes

al judaismo, partiendo del año 311. Según el P. Abel, los documentos del c.n de nuestro

libro están fechados según la época del 1.° de octubre de 312, que va desde el 1.° de octubre del

año 165 al 30 de septiembre de 164. La campaña de Lisias Eupator (13:155) debe colocarse en el

verano de 163, un año antes de la fecha verdadera, porque el epitomador fijó la muerte de Antíoco

el año 148, que coincide con el advenimiento de su hijo. Por lo mismo reduce a dos años

(10:3) los tres que separan esta fecha de la profanación del templo. Demetrio llegó a Siria el año

151 seléucida, que va desde octubre de 162 hasta septiembre del 161 (l.c., 19). Seguimos el

cómputo establecido por Abel.

Antes de hablar de errores en el texto conviene determinar exactamente qué sistema cronológico

utilizó el autor sagrado. Podemos todavía preguntar: ¿Entraba en la mente del autor sagrado

la preocupación cronológica de los hechos que refería? ¿Tenía el mismo concepto de la

historia que el autor del primer libro? Ateniéndonos a su propio testimonio (2:20-33), no entra en

1569

sus designios la investigación histórica, de cuya labor hace responsable a Jasón de Cirene. Cree

que éste es un historiador, prestándole su confianza y tomándose la enojosa tarea de resumirlo.

Los hechos narrados de manera patética por Jasón son para nuestro autor sus-tancialmente históricos.

Pero no pudo el hagiógrafo reproducir en su epítome todo lo que escribió Jasón. De la inmensa

selva de datos escogió algunos, que desgajó de su contexto y colocó en otro nuevo, poniéndolo

todo al servicio de sus puntos de vista personales. Ahora bien, este desplazamiento

puede dar la impresión de que el libro es menos histórico en parangón con el I de los Macabeos.

Las mismas indicaciones temporales: “tres años después,” “en la misma época,” etc., pueden

proceder de Jasón o del que resume su obra. En el primer caso pueden no tener ninguna relación

con lo que precede; en el segundo, revisten un sentido impreciso, vago. Esta despreocupación

cronológica no impide que, dada la ocasión, se transcriba un documento y se indique con precisión

un hecho determinado. Pero, dada su poca afición a la acribía histórica, cabe suponer que la

inmensa mayoría de las indicaciones cronológicas que figuran en el libro son obra de Jasón.

Pero, aunque no quiera el autor comportarse como historiador, su libro tiene gran valor

histórico. Su carácter parenético-religioso es compatible con la verdad de los hechos. Su libro

puede entrar en la clasificación de relato histórico edificante, presentado de manera retórica y

poética con el fin de agradar. En la narración se hace hincapié sobre hechos históricos particulares.

Al efecto patético pertenece el juicio que el autor hace de los mismos, que está siempre en

relación con el judaismo ortodoxo. Para el autor Israel ocupa el centro de la historia y todos los

pueblos de la tierra tienen fijos sus ojos sobre este diminuto territorio. Las manifestaciones divinas

(11:8; 12:22; 15:12-16, etc.), que, según el prólogo (2:22), se encontraban consignadas en la

obra de Jasón, entran de lleno en el género patético. Era éste el estilo que preferían ciertos historiadores

helenistas, tales como Teopompo de Chios, Clitarco de Alejandría, Filarco de Naucratis.

En tales escritos se ponía de relieve la intervención visible de Dios en el curso de los acontecimientos,

complaciéndose en narrar apariciones maravillosas. Se conocen libros enteros escritos a

este propósito, como el que lleva por título En torno a la aparición de Júpiter, de Filarco, o Apariciones

de Apolo, de Itros de Paíb7.

En el género patético se manipulaban los números con gran libertad, dándoseles un significado

simbólico y poniéndoles al servicio de la idea dominante del libro o de una sección determinada.

Lo que a nosotros nos parece un despropósito o una cifra exagerada a todas luces no lo

era para el lector antiguo, que conocía la función de los números en el texto. Jasón se inspiró

también en este punto en la tradición popular, que se complacía en poner en evidencia el numerosísimo

ejército enemigo vencido por unos pocos fervientes yahvistas. De la tradición popular,

dice Knabenbauer, proceden gran parte de las informaciones sobre las gestas que el autor narra, y

que se apoyan sobre un rumor popular (l.c., 19). La obra de Jasón, escribe Bellet, puede encuadrarse

en el género de los logoi de las historia de Heródoto. Si no existe inconveniente en clasificar

la obra de Jasón dentro de este género, no lo habrá tampoco en extender al resumen las mismas

características. Con ello no se pone en tela de juicio la veracidad de la Biblia, ya que el autor

sagrado no responde de la objetividad de hechos retransmitidos por fuentes de información defectuosas.

La obra de Jasón era conforme al estilo de su época y le pareció bien escribirla al estilo

histórico de su tiempo. Tenía derecho a obrar así, y los judíos entusiasmábanse en su lectura,

destinada a demostrar la acción de Dios sobre su pueblo fiel. El epitomador, concluye Bellet,

hizo un resumen de la obra de Jasón por considerar aquélla como libro útil. Al emitir su juicio y

al poner en práctica su intento, fue asistido por una inspiración divina, de modo que su obra convirtióse

en libro inspirado, sin dejar por ello de presentar los modos de decir y narrar propios de

la historiografía patética 8.

1570

Al estilo patético corresponden también los epítetos violentos que a menudo salen de la

pluma del autor, los contrastes sagazmente planeados, las reflexiones que esmaltan su narración

sobre el alcance de los acontecimientos. Es difícil establecer el límite entre la historia y el estilo

retórico empleado. Lefévre (DBS 606) opina que Jasón se coloca de parte de la historia; el epitomador,

en cambio, escoge el arte oratorio. Jasón se interesaba por los lugares geográficos y por

las fechas exactas; al epitomador no interesan estos datos, como lo demuestra el hecho de colocar

sucesos en contextos en que no tienen sentido alguno (12:10). Finalmente, sería vano buscar en

esta historiografía griega formada en la escuela de los retóricos la exactitud que reclama la crítica

histórica moderna 9. Cicerón definió la historiografía patética diciendo: “patheticon, quo perturbantur

animi et concitantur(Brutus 11:42). Añadía él que a los retóricos les era lícito “ementiri

in historiis” para que su narración resultara más amena y sugestiva.

Finalidad del autor sagrado.

Para nuestro autor, la historia no es un fin, sino un medio. La gran copia de hechos históricos

del libro de Jasón se reducen a unos pocos que el autor enjuicia desde el punto de vista nacional

y religioso. Cabe al designio general de ilustrar a los judíos de habla griega sobre las glorias

del pueblo escogido y acrecentar su fe en los destinos providenciales de la historia, el autor

fija preferentemente su atención en los destinos del templo. De un cabo al otro del libro nos

hallamos ante una apología del templo de Jerusalén. Una de las cartas que abren el libro tiene

como finalidad inducir a los judíos de Egipto a celebrar la fiesta de la Dedicación del Templo

(1:9). Para ello, el autor hace una exposición sabia sobre su origen y sobre el carácter sobrenatural

del fuego del altar del santuario de Jerusalén. La segunda carta (1:10-17) es un anuncio gozoso

de la muerte del mayor enemigo del templo, Antíoco Epifanes. A lo largo de las secciones que

se distinguen en el libro, que corresponde, según dejamos anotado, a los cinco libros de Jasón, se

esfuerza el autor por comunicar a sus lectores el entusiasmo y devoción hacia el templo que él

profesa. Este lugar era santo e inviolable en tiempos de Onías. Heliodoro intentó profanarlo, pero

terminó ofreciendo un sacrificio al Señor (3:1-40). Gentes malvadas explotaron el templo para

sus intereses particulares. Antíoco lo profanó. La cólera de Dios dejóse sentir sobre Israel, cuyos

pecados expían Eleazar y los siete hermanos Macabeos con su muerte (4:1-7:42). Dios mira propicio

a Israel. El monarca impío es castigado por Dios con una muerte espantosa. Judas Macabeo

purifica el templo e instituye la fiesta de la Dedicación (8:1-10:9). Judas asegura que el

templo será defendido (10:10-13:26). Otro peligro es conjurado; Alcimo, a pesar de haberse

nombrado sumo sacerdote, no ejerce sus funciones en el templo. Nicanor, otro émulo de Antíoco,

es castigado con muerte afrentosa (14:1-15:37). En torno a esta idea central giran las cinco secciones

del libro, que bien pueden considerarse como cinco discursos, cuya finalidad es convencer

y comunicar su entusiasmo por el templo. Cada discurso es un drama con tres personajes: el judío

piadoso (Onías, los mártires, Judas y los suyos); los judíos apóstatas (Simón, Jasón, Menelao,

Alcimo); los gentiles (Heliodoro, Epifanes, Eupator, Lisias, Nicanor). Cada personaje debe proclamar

a su manera la santidad del templo. El libro se cierra con la muerte de Nicanor. Su brazo

fue colgado enfrente del templo. “Y todos, levantando sus ojos al cielo, bendecían al Señor, diciendo:

Bendito el que ha conservado puro este lugar”(15:33-34)10.

Plan de la obra.

La idea del templo determina la estructura del libro, que puede dividirse en dos grandes

partes: 1.a Hechos acaecidos antes de la restauración del santuario (3:1-10,9). 2.a Acontecimientos

posteriores a esta fecha (10:10-15:37).

1571

Introducción (1:1-2:19). A la obra preceden dos cartas de los judíos de Jerusalén a los de

Egipto. En la primera (1:1-9; 18-2:18) les invitan a celebrar la fiesta de la Dedicación. Se extienden

a continuación en consideraciones sobre el origen de la misma, santidad del fuego empleado

en los sacrificios del templo (1:18-36), destino del arca de la alianza (2:1-12), biblioteca de Nehemías

y de Judas (2:13-15). En otra, más corta, se refieren los rumores que circulaban sobre la

muerte de Antíoco Epifanes (1:10-17).

Prólogo del autor (2:20-33), en el que se dan noticias sobre el contenido y naturaleza del

libro de Jasón y de las finalidades y método de trabajo que ha seguido el autor al resumirlo.

1. hechos anteriores a la purificación. (3:1-10:8)

a) Durante el reinado de Seleuco (3:1-4:6):

1) Traición de Simón (3:1-6).

2) Misión de Heliodoro (3:7-40).

3) Onías acusa a Simón (4:1-6).

b) Persecución de Antíoco Epifanes (4:7-7:42):

1) Jasón, sumo sacerdote (4:7-22).

2) Le sucede Menelao (4:23-29).

3) Muere Onías (4:30-38).

4) Lisímaco y Menelao (4:39-50).

5) Arrecia la persecución (5:1-10).

6) Profanación del templo (5:11-27).

7) Edicto de apostasía (6:1-17).

8) Martirio de Eleazar (6:18-31).

9) Mueren los siete hermanos Macabeos (7:1-42).

c) Triunfo del judaismo (8:1-10:9):

1) Primeras victorias de Judas Macabeo (8:1-7).

2) Derrota de Nicanor (8:8-36).

3) Muerte de Antíoco Epifanes (9:1-29).

4) Purificación del templo (10:1-9).

2. sucesos posteriores a la. purificación (10:9-15:37)

a) Judas lucha contra los pueblos vecinos (10:10-13:26):

1) Victoria sobre los idumeos (10:10-23).

2) Derrota de Timoteo (10, 24-38).

3) Primera expedición de Lisias (11:1-15).

4) Documentos para la paz (11:16-38).

5) Ataques a Jope y a Jamnia (12:1-9)·

6) Expedición contra Timoteo (12:10-31).

7) Derrota de Gorgias (12:32-37).

8) Sacrificio por los muertos (12:38-46).

9) Muerte de Menelao (13:1-7).

10) Tratado de paz (13:8-26).

b) Lucha contra Demetrio /(14:1-15:36):

1) Misión de Nicanor (14:1-4).

1572

2) Amistad entre Nicanor, y Judas (14:15-25).

3) íntervención de Alcimo (14:26-36).

4) Suicidio de Racias (14:37-46).

5) Victoria sobre Nicanor (15:1-37). Epílogo del autor sagrado (15:38-40).

Doctrina religiosa.

Basta hojear las páginas del libro para convencerse de su carácter eminentemente religioso.

Al revés del libro I de los Macabeos, éste nombra muchas veces y de manera explícita el santo

nombre de Dios. Yahvé es el Dios de Israel; el Dios que en un tiempo estableció un pacto

con su pueblo predilecto. En el libro se repite la idea de que Dios es creador de todo cuanto

existe (7:23). El pasaje 7:28 es el texto viejo-testamentario en el que con mayor fuerza y claridad

se preconiza la verdad religiosa de que Dios creó lo que existe de lo que antes no era (ouk ek ónton

epóiesen táuta o theós). Ya en el primer verso de la Biblia se encuentra en germen esta verdad.

Por un momento concedemos beligerancia a la hipótesis que interpreta el primer versículo

de la Biblia en el sentido de que allí se habla explícitamente de la creación segunda, y sólo de

manera implícita de la creación primera, o sea, de la nada. Supongamos que el texto pueda interpretarse

de la siguiente manera: “Al principio de la creación por Dios de los cielos y de la tierra,

y (cuando) en la tierra reinaba la confusión y el desorden, y que las tinieblas cubrían la superficie

del océano primordial., dijo entonces Dios: “Que sea la luz.” Aun en este supuesto, con la introducción

en el texto de la trascendental palabra bereshit, en el principio, cubre el autor sagrado la

infranqueable zanja existente entre la eternidad de Dios y la temporalidad “de los cielos y de la

tierra.” El autor sagrado ha reconocido el “existir eterno” como nota esencial exclusiva de Dios,

y, por lo mismo, lo ha enfrentado clara e impresionantemente a todo otro ser que fue creado por

Dios “en el principio.” Para el autor bíblico no hay lugar para la materia cósmica eterna e increada

junto a Aquel que en el principio creó los cielos y la tierra. El escritor sagrado ha concebido

conscientemente a Dios como el “único eternamente existente” y creador de todo otro ser H.

Cualquiera duda que podía existir sobre el sentido de Gen 1:1 se disipa con el mencionado texto

de nuestro libro.

Otra doctrina peculiar de nuestro autor se refiere a la providencia divina. En sus manos

tiene Dios las riendas del universo y dispone los acontecimientos de la historia según su beneplácito.

A los gentiles y profanadores del templo los castiga y tiene providencia de Israel y de su

templo. Pero esto no autoriza a los judíos a dormirse sobre sus laureles y confiar en la incolumidad

del santuario, “porque no eligió el Señor la nación por el lugar, sino el lugar por la nación”

(5:19). Por los pecados de los habitantes de Jerusalén había permitido Dios el desacato de

Antíoco contra el templo (5:17); en caso de estar limpios de todo pecado hubiera castigado la

insolencia del monarca seléucida, como hizo antes con Heliodoro (3:2453).

En el libro aparece visible la idea del pacto. Ninguna necesidad tenía Dios de pactar con

Israel, pero su bondad le impulsó a hacerlo. Dios, que “de nada necesita,” ha tenido a bien establecer

el templo en medio de Israel (14:35). Signo externo de esta alianza es el santuario de Jerusalén.

Dios nunca ha sido infiel a lo pactado. Cuando parece que no presta interés a su pueblo o

al santuario, es porque la otra parte firmante del pacto no cumple lo estipulado. De ahí el interés

de Judas, el héroe predilecto del autor, de que entre los soldados no haya impureza ni pecado. En

el supuesto de estar limpios espiritualmente, Dios no faltará a su promesa, luchará junto a ellos

y no dará ocasión a que los profanos o su mismo pueblo le culpen de infidelidad al pacto de la

alianza (8:15).

1573

Angeles.

Tiene Dios a su servicio agentes que ejecutan sus órdenes. Cuando Heliodoro estaba para

perpetrar su crimen, se le apareció un jinete terrible, armado de armadura de oro. Otros dos jóvenes

fuertes y misteriosos completaron la obra que había empezado aquél (3:25-26). En 2:21 dice

el autor que en la obra de Jasón se hablaba de apariciones celestiales, o sea, de personajes misteriosos

que combatían por el triunfo del judaismo. A veces eran visibles al enemigo (10:29), como

en el caso de “los cinco varones resplandecientes, montados en caballos con frenos de oro”

(10:29), Que protegían a Judas Macabeo, lanzando flechas y rayos contra los enemigos. Dos veces

se dice que estos jóvenes guerreros eran ángeles buenos (11:6; 15:23) que Dios mandaba a su

voluntad por tenerlos a su servicio. Bastaba un reducido número de ellos para inutilizar a valientes

guerreros y derrotar a ejércitos bien pertrechados. La naturaleza de estos ángeles no aparece

bien definida en nuestro libro. A la luz de otros documentos, las ideas que aquí solamente se

apuntan cobran un relieve singular 12.

Vida futura.

La doctrina sobre el más allá caracteriza a este libro. El ser humano muere, Dios jamás.

En este mundo toda la humanidad está sometida al juicio del Creador. Cuando un individuo

traspasa el dintel de la eternidad, sea bueno o malo, se encuentra de nuevo ante un Dios que le

juzga según sus actos. Antíoco, que ahora se ensaña con los Macabeos, no quedará impune

(7:19). Eleazar pudo simular que come carne; puede engañar a los hombres, y salvar así su vida

terrena; pero de las manos del Omnipotente no escapará ni en vida ni en muerte (6:26).

La doctrina de la resurrección es el leit motiv de las respuestas de los siete hermanos Macabeos

en el momento de morir. “El rey del universo resucitará a los que morimos por sus leyes a

una vida eterna” (7:9); “del cielo tenemos estos miembros, que por amor de sus leyes yo desdeño,

esperando recibirlos otra vez de El” (7:11); el cuarto espera ser resucitado por Dios (7:14).

Enjuiciando el autor la colecta de Judas para ofrecer un sacrificio expiatorio por los caídos, dice:

“obra digna y laudable, inspirada en la esperanza de la resurrección” (14:43). Racias arranca sus

entrañas con las dos manos y las arroja contra la tropa, “invocando al Señor de la vida y del espíritu,

que de nuevo se los devolviera” (14:46).

Los fieles ciertamente resucitarán “para la vida” (7:14). Pero ¿cuál será la suerte de

los impíos? “Tú, dice el cuarto hermano Macabeo a Antíoco, no resucitarás para la vida.” ¿Es la

resurrección un privilegio reservado para los justos? El texto es ambiguo, pero puede entenderse

que, mientras a los justos les espera una nueva vida, mejor de la que han perdido, a los impíos les

está reservada en el más allá una vida de sufrimientos. La madre de los Macabeos espera que en

el día de la misericordia, que seguirá a la muerte, le sean devueltos sus hijos (7:29). Todos los

mártires “beberán el agua de la vida eterna”; pero “tú, dice el más pequeño a Antíoco, pagarás en

el juicio divino las justas penas de tu soberbia” (7:36). Parece que la recompensa y el castigo que

recibirán, respectivamente, justos y pecadores, se colocan en el más allá, una vez se deja el mundo

para entrar en la eternidad. Con términos claros se habla en nuestro libro de la suerte reservada

a los justos en el otro mundo. Más oscura aparece la suerte de los reprobos.

Intercesión de los santos.

Hallábase Judas en situación apurada ante el numeroso y aguerrido ejército de Nicanor.

Sus soldados habían perdido la moral. Para animarles les habló largamente; pero, al no lograr

1574

que vibraran de entusiasmo, les contó un “sueño digno de toda fe” (15:11). En el sueño-visión

vio a Onías y a otro personaje, del que aquél hizo esta presentación: “Este es el amador de sus

hermanos, que ora mucho por el pueblo y por la ciudad santa; Jeremías, profeta de Dios” (15:14).

Hacía años que el profeta había muerto; sin embargo, seguía intercediendo por su pueblo mediante

su oración. Sin querer estrujar este texto, al menos cabe ver en él la idea de la existencia

de una comunión entre los justos de este mundo y los justos que han muerto en el Señor.

Expiación por los difuntos.

En el encuentro con Gorgias (12:3255), muchos soldados judíos quedaron en el campo

del honor. Por respeto al sábado, que se venía encima, dejó Judas los cadáveres insepultos para el

día siguiente. Entre tanto, Judas torturaba su mente buscando la razón del porqué había permitido

Dios semejante derrota. La respuesta la encontró al levantar los cadáveres, ya que “en las túnicas

encontraron objetos consagrados a los ídolos de Jamnia, de los prohibidos por la Ley a los

judíos.” A todos les pareció manifiesto que por aquello habían perdido la vida (12:40).

¿Habían cometido una falta grave? ¿Tratábase más bien de una manifestación leve de codicia?

¿Era concebible que unos soldados, paladines del yahvismo, prontos a morir por Dios y

por su patria, al morir recibieran el mismo trato que los paganos ? Entre el pecado de éstos y el

de aquéllos había gran diferencia. ¿Existía para los justos la probabilidad de recibir después de la

muerte un trato de favor? ¿Tenían los justos la posibilidad de purgar su pecado aun después de la

muerte? Así lo comprendió Judas, que mandó hacer una colecta y enviar lo recaudado a Jerusalén

para que se ofrecieran en el templo sacrificios expiatorios para el pecado. Creía Judas en la

supervivencia de las almas; en caso contrario habría sido superfluo y vano orar por los difuntos.

Aún más, creía que los sacrificios de los vivos beneficiarían a los muertos. De este texto emanan

gran número de verdades sobre los novísimos. No entramos en pormenores acerca del origen de

estas creencias que Judas y el autor sagrado manifiestan. La verdad es que tenemos en su testimonio

una prueba evidente de la doctrina según la cual las oraciones de los justos sirven de alivio

a los que murieron piadosamente en el Señor, los cuales, por ciertas impurezas, no pueden

entrar inmediatamente en posesión “de la magnífica recompensa que les está reservada” (12:45)

“· Canonicidad

En contra de lo que pretenden ciertos autores modernos, no puede admitirse que la obra

de Jasón estuviera inspirada. Lo es, en cambio, el resumen que de la misma hizo un autor anónimo.

Quizá hiperbólicamente, asegura el autor que esta labor de resumir le ha costado “mucho

trabajo, sudores y desvelos.” Señal cierta de que Dios, al inspirarle, no le reveló nada nuevo ni le

ahorró el trabajo que hubiera tenido cualquier otro humano al emprender una tarea semejante.

Pero por la inspiración, aunque inconsciente de la misma, era el autor inspirado en todo su trabajo

de redacción, no existiendo error alguno formal en todo lo que él afirmaba y en el modo y grado

que lo hacía. Antes de hablar de errores históricos formales en el libro debe individualizarse

por todos los medios la mente del autor sagrado, ver y definir qué es lo que afirma en cada caso.

El autor sagrado sale fiador únicamente de aquello que quiere afirmar o negar. De ahí que conviene

conocer el género literario del libro. Aparentemente es un libro histórico, y muchos hechos

que allí se refieren son históricos según la mente del autor. Pero ya hemos dicho que al autor sagrado

no le interesa la historia en sí, sino más bien desde el punto de vista religioso. No falsifica

la historia; únicamente la pone al servicio de un ideal superior.

El libro es inspirado, y como a tal lo ha recibido la Iglesia en el canon de libros sagrados.

De él tenemos una mención implícita en Hebr 11:35-36 y en Pastor Hermas (Vis. 1:3.4). Diversas

veces aparece citado por los Santos Padres, como Clemente de Alejandría 14, San Hipólito de

1575

Roma 15, etc. En el concilio de Florencia (1442) fue incluido en el canon, proceder que confirmó

el concilio Tridentino. Los protestantes han combatido su canonicidad, principalmente por contener

doctrinas que no son de su agrado: purgatorio e intercesión de los santos.

Compilador y autor.

A título de introducción, el compilador ha transcrito en el pórtico de su obra unos documentos,

o cartas, que no figuraban en la obra de Jasón, por juzgar que su contenido encajaba perfectamente

en el volumen y confirmaba a las mil maravillas la tesis que se proponía probar. Este

proceder demuestra que, cabe al papel preponderante de compilador de la voluminosa obra de

Jasón, ha aportado algo original, proveniente de otras fuentes de información.

Numero de cartas.

No convienen los autores en determinar el número de cartas de la sección (1:1-2:18). Según

una hipótesis de Penna, a la cual nos adherimos, dos cartas se distinguen en el texto: 1.a, 1:1-

9:18, escrita el año 188 (124 a.C.); 2.a, 1:10-17, del año 148 (164 a.C.). Cualquiera que lea las

dos cartas en este orden advertirá que se procede con lógica. Solamente en esta hipótesis se logran

dos escritos orgánicos y bien definidos en sus fines.

1 Cornely, Introductio II-I, 456.

2 Sayce: “Revue des Etudes Grecques,” 7 (1894) 297.

3 Modernamente se ha escrito “que una providencia especial divina vigilaba sobre la obra de Jasón para

que tuviera todo lo que debía encontrar allí el autor del II de los Macabeos Lo más prudente es dejar

abierta la cuestión de la inspiración de Jasón, aunque no fuese tan completa como la que concede Dios

para toda obra destinada a la revelación pública” (J. Schil-Denberger, Inspiration und Irrtumslosigkeit

des Hl, Schrift; “Fragen der Theologie heute” [Zurich-Colonia 1958] 111-112),

4 Últimamente se ha hecho una edición ecléctica del texto: Maccabaeorum líber II copas usus qaas reliquit

Werner Kappler Edidit Robert Hanhart (Septuaginta, vol.io; Góttin-gen 1959).

5 H. Bévenot, The Armenian Text ofMaccabees: “Journal of Palestine Oriental Society,” 14 (193) 268-283.

6 D. De Bruyne, Le texte grecque des deux premiers livres des Machabées: RB 31 (1922) 31-54; Ídem, Les

anciennes traductions latines des Machabées: “Anécdota Maredsolana,” vol.4 (Maredsous 1932) XV.

7 F. Jacoby, Die Fragmente der griechischen Historiker II (Berlín 1926) 161. Un florilegio de apariciones y

milagros en los autores griegos y latinos paganos se encuentra en la obra de J. Obsequens Ab armo Urbis

conditae CV prodigiorum líber (Leipzig 1910).

8 P. Bellet, El génre /iteran' del II llibre deis Macabas: “Miscellania Bíblica B. Ubach” (Montserrat 1953)

14.

9 La Bible de Jérusalem (París 1948) 16,

10 Véase Lefévre, Macchabées (livresde): DBS 605-606,

11 H. Junker, Die theplogische Chaosvorstellung in der biblischen Schópfungsgeschichte: “Mélanges A.

Robert,” 37

12 J. B. Frey, L'Angélologie juíve au temps de J.C.: “Revue des Sciences Philosophiques et Théologiques,”

20 (1911) 82-83; L· Hackspill, L'Angélologie julve á l'époque néotesta· mentaire: RB 11 (1902) 527-

5SO.

13 Véase Ο'βκίεν, The Scriptural proof for the existence of Purgatory from II Mach. 12, 4355: “Sciences

Ecclésiastiques,” 2 (1949) 80-108; W. Marchell, De resnrrectione et retn-butione secundum 2 Mach. et

4 Mach.: Β 34 (1956) 327-341.

14 Strom. 5:14:97.

15 Com. in Dan. ι,ζΡ,ί-,

1576

Introducción (1:1-2:19).

Fraternidad Judía (1:1-9).

1 “A los hermanos judíos que moran en Egipto, salud. Los hermanos judíos de Jerusalén

y de Judea, paz y felicidad. 2 Que Dios os bendiga, acordándose de su alianza

con Abraham, Isaac y Jacob, sus fieles siervos. 3 Que a todos os dé corazón dispuesto

para venerarle y cumplir con todo ánimo y buena voluntad sus preceptos. 4 Que os

abra el corazón para entender su Ley y sus preceptos, os conceda la paz, 5 oiga vuestras

súplicas, se reconcilie con vosotros y no os abandone en el tiempo de la desgracia.

6 Esta es nuestra oración por vosotros. 7 Reinando Demetrio, el año ciento sesenta

y nueve, nosotros, los judíos, os escribimos cuando nos hallábamos en la gran tribulación

y angustia que nos sobrevino desde que Jasón y los suyos se marcharon de

la tierra santa y del reino. 8 Pues incendiaron el pórtico del templo y derramaron

mucha sangre inocente. Pero suplicamos al Señor, y le ofrecimos sacrificios y flor de

harina, y encendimos las lámparas, y presentamos los panes. 9 Ahora vosotros celebrad

la fiesta de los Tabernáculos en el mes de Casleu. Dada el año ciento ochenta y

ocho.”

Los judíos de Jerusalén se consideran hermanos de los de Egipto, a los que desean la paz (salom),

conforme a la costumbre judía. Después de la toma de Jerusalén por Nabucodonosor (587

a.C.), muchos judíos emigraron a Egipto, estableciéndose principalmente en Alejandría. Unos

papiros aramaicos han puesto al descubierto una colonia militar judía en la isla de Elefantina, a

diez kilómetros al norte de la primera catarata del Nilo y a más de mil del Mediterráneo. Estos

papiros han revelado que tenían los judíos allí residentes no solamente una sinagoga, sino un

templo, en que se ofrecían sacrificios. Destruido el año 411 antes de Cristo, acudieron al sumo

pontífice de Jerusalén para restaurarlo, creyendo ellos que era legítima su erección 1.

Hacia el año 170 antes de Cristo, el hijo de Onías III se refugió en Egipto y construyó en

Leontópolis, a treinta kilómetros al nordeste de El Cairo, un templo, tomando por modelo el de

Jerusalén. Los círculos sacerdotales de la capital teocrática veían con malos ojos aquel lugar de

culto servido por un sacerdote de ascendencia levítica, por oponerse a la ley de la unidad de

santuario (Deut 12:5-12). De ahí la correspondencia epistolar de los ambientes sacerdotales de

Palestina con los judíos de Egipto a fin de convencerles de la necesidad de cesar con las actividades

de culto fuera del templo de

Jerusalén.

La expresión en to nomo (en la Ley) se emplea, según Ruperto de Deutz 2, para expresar

veladamente que los judíos de Egipto, que se jactaban de observar la Ley, no se ajustaban a las

prescripciones de la misma tocante a la unidad del santuario. Su culpa es más grave en los momentos

actuales, en que el templo de Jerusalén ha sido purificado de toda impureza. La desgracia

visitó a los judíos de Egipto en tiempos de Tolomeo Evergetes II Fiscón (145-116); pero es posible

que la persecución fuera un castigo de Dios por haber transgredido ellos la ley de la unidad

del templo 3. Los judíos de Palestina han vivido también momentos muy difíciles. Esta situación

anormal fue creada, más que por los reyes de Siria, por la conducta de Jasón, hermano de Onías,

que se pasó al partido de Antíoco y compró la dignidad de sumo sacerdote (4:7-13).

Como colofón, se invita a los judíos de Egipto a asociarse a sus hermanos de Palestina en

la fiesta de acción de gracias para celebrar la terminación de los males que les aquejaban. Lláma1577

se esta fiesta de los Tabernáculos o de las Encenias, del mes de Casleu. No habla de esta fiesta

nuestro texto, sino de la que instituyó Judas Macabeo (1 Mac 4:59), y que, por celebrarse a la

manera de la antigua solemnidad de los Tabernáculos, recibía también el nombre de fiesta de las

Encenias, del mes de Casleu. La carta lleva la fecha del 188, o sea 124 antes de Cristo. Es muy

probable que esta indicación cronológica fue desplazada a este lugar con el fin de poner de relieve

la fiesta del mes de Casleu. La carta se interrumpe por la inserción de una segunda que da noticia

de la muerte de Antíoco.

Rumores acerca de la muerte de Antíoco (1:10-17).

10 “Los moradores de Jerusalén y de Judea, el senado y Judas, a Aristóbulo, maestro

del rey Tolomeo, del linaje de los sacerdotes ungidos, y a los otros judíos de Egipto,

salud y prosperidad. 11 Librados por Dios de grandes peligros, le damos muchas

gracias, estando prontos a luchar de nuevo contra el rey. 12 Pero Dios mismo ha aniquilado

a los que combatían contra la ciudad santa. 13 Pues cuando ese caudillo, con

el ejército que le acompañaba, que parecía irresistible, llegó a Persia, fueron heridos

en el templo de Nanea, gracias al engaño de los sacerdotes de ésta. 14 Antíoco, acompañado

de sus amigos, vino al lugar como para desposarse con ella y tomar, en virtud

de tal desposorio y a título de dote, sus tesoros. 15 Los sacerdotes de Nanea le

habían hecho esta propuesta, y él, con escasa gente, entró en el recinto del templo.

Cerraron aquéllos las puertas 16 una vez que Antíoco había entrado, y, abriendo

luego una abertura disimulada en el techo, a pedradas aplastaron al caudillo, y a los

acompañantes los descuartizaron, les cortaron sus cabezas y las tiraron fuera. 17 Por

esto bendito sea Dios, que así ha castigado a los impíos.

Envían la carta el pueblo judío, el senado o gerousia (4:44; 11:27; 1 Mac 12:6) y Judas Macabeo.

Entre los destinatarios se hace especial mención de Aristóbulo, preceptor del rey Tolomeo Filometor

(181-145). Era Aristóbulo un filósofo peripatético que escribió y dedicó al rey un comentario

alegórico al Pentateuco, en el cual intentó probar que la Ley mosaica, rectamente entendida,

encerraba todo cuanto han podido enseñar los filósofos griegos4. La noticia que les comunican es

extraordinaria: la muerte del más acérrimo enemigo del judaísmo. Su muerte acaeció en Persia,

dentro del templo dedicado a la diosa Nanea, en donde había entrado por indicación de los sacerdotes

del santuario.

El relato de su muerte difiere de los otros dos textos en que se relata el mismo hecho (9:1-

29; 1 Mac 6:1-14). Los remitentes de la carta se hacen eco de los rumores que les han llegado

sobre la muerte de Antíoco, rumores que el autor del libro recoge a su vez sin responder de su

objetividad real. La fantasía popular atribuyó a la muerte de Antíoco circunstancias que son propias

de la de su padre Antíoco III al intentar el asalto del templo de Bel en Elimaida. Ninguna

importancia concedía el autor sagrado a la leyenda contenida en el texto de la carta. Todo su interés

estriba en relacionar la muerte de Antíoco con la purificación del templo de jerusalén. En

cuanto a los detalles de la narración, los refiere tal como los encontró en el mencionado documento.

Habiendo indicado la fuente de sus informaciones, no era necesario que asumiera la responsabilidad

de su contenido.

El santuario estaba dedicado a Nanea, la antigua Nana babilónica, diosa de la naturaleza y

de la fecundidad, que los griegos identifican con Artemis de Efeso. Los sacerdotes del templo

propusieron a Antíoco su matrimonio con la diosa, con lo que recibiría, a título de dote, los tesoros

depositados en el templo. Granio Liciniano cuenta un hecho análogo del mismo Antíoco; Sé1578

neca5 habla de un posible matrimonio entre Antonio y Minerva. El asesinato salvaje de Antíoco

era el que mejor convenía a un impío de su talla. Por esto, “bendito sea Dios, que así ha castigado

a los impíos.”

El fuego sagrado (1:18-36).

18 Estando, pues, para hacer la purificación del templo en el mes de Casleu, hemos

creído deber nuestro manifestároslo para que también vosotros celebréis la fiesta de

los Tabernáculos y del fuego que se encendió cuando Nehemías, después de edificar

el templo y el altar, ofreció sacrificios. 19 Pues, al ser nuestros padres llevados a Persia,

los sacerdotes piadosos que había entonces, ocultamente tomaron el fuego del altar

y lo escondieron en un hueco, a manera de pozo seco, en el cual lo depositaron,

tan en seguro, que el sitio quedó de todos ignorado. 20 Transcurridos muchos años,

cuando a Dios plugo, Nehemías, que había sido enviado por el rey de Persia, mandó

a los nietos de los sacerdotes que lo habían ocultado a buscar el fuego, y, según ellos

contaron, no hallaron fuego, sino un agua espesa, 21 de la cual les mandó que sacasen.

Cuando las víctimas estaban dispuestas en el altar, ordenó Nehemías a los sacerdotes

que con el agua rociasen la leña y lo que encima de ella había. 22 Cumplido

esto y pasado un poco de tiempo, salió el sol, que antes estaba nublado, y se encendió

un gran fuego, quedando todos maravillados. 23 Y mientras oraban los sacerdotes y

todos los presentes, empezando Jonatán y respondiendo los restantes, 24 hasta Nehemías,

se consumía el sacrificio. La oración era ésta: Señor, Señor Dios, creador de

todas las cosas, temible, fuerte, justo, misericordioso y rey único bondadoso, 25 único

liberal, único justo, omnipotente y eterno, que libras a Israel de todo mal, que elegiste

a nuestros padres y los santificaste, 26 acepta este sacrificio por todo tu pueblo de

Israel, protege tu heredad y santifícala. 27 Congrega a nuestros dispersos, vuelve la

libertad a los que viven en servidumbre entre las naciones, pon los ojos en estos despreciados

y abominados, conozcan las naciones que tú eres nuestro Dios. 28 Aflige a

los que nos oprimen y con insolencia nos ultrajan. 29 Trasplanta tu pueblo a tu lugar

santo, según dijo Moisés. 30 Los sacerdotes, entre tanto, cantaban himnos. 31 Cuando

el sacrificio se hubo consumado, mandó Nehemías derramar el agua restante sobre

grandes piedras; 32 y en cuanto lo hicieron, de la luz del altar se encendió una llama

que la consumió. 33 Cuando esto se hizo notorio y contaron al rey de Persia que en el

lugar donde los sacerdotes llevados cautivos habían ocultado el fuego apareció agua,

con lo cual los que acompañaban a Nehemías habían encendido el sacrificio, 34 después

de hechas averiguaciones, hizo cercar el sitio y lo declaró sagrado. 35 Aquel día

fue día de felicitaciones, en que el rey repartió y recibió ricos presentes. 36 Los de

Nehemías llamaron a aquel sitio Nafta, que quiere decir purificación; pero muchos

le llaman Neftai.

De la historia del fuego sagrado no disponemos de otras fuentes de información, por lo que tampoco

podemos juzgar de su veracidad. Knabenbauer y Gillet dudan de la historicidad de la fiesta

del fuego de Nehemías. Se refiere en la carta una tradición popular que aclara lo del Lev 6:5 (12)

acerca del fuego perpetuo en el altar de los holocaustos. Este carácter popular de la narración se

confirma por el hecho de que no se habla del fuego en la misma fiesta de la purificación (1 Mac

4:54-59) ni se alude a él en 2:16. Si añadimos que el texto griego es defectuoso, puede inferirse

que toda esta historia del fuego es sospechosa; aún más, atendiendo a la misma narración, “non

1579

immerito in dubium voćari potest” (Knabenbauer). Otros consideran el relato como un midrash.

Sea lo que fuere, no por ello queda menoscabada la inerrancia bíblica. El autor reproduce el texto

de una carta de la que no tenemos indicio alguno de que fuera inspirada. El compilador la transcribe

por juzgar que es muy apta para recomendar la fiesta de la purificación, no porque crea en

la historicidad de los detalles que en ella se refieren. Este documento es, pues, inspirado por razón

consignationis, non ratione materiae.

Lo que se dice acerca de la labor de Nehemías corresponde a la exaltación de su personalidad

por parte del pueblo, atribuyéndole obras y proyectos que no le pertenecen. Se habla en el

v.23 de un hombre llamado Jonatán, que difícilmente puede identificarse con algún determinado

homónimo del libro de Nehemías (12:14-18; Esdra 8:6; 10:15). La oración de que hablan los

v.24-29 es el único ejemplo conocido de una plegaria sacrificial.

Al derramar el agua espesa sobrante sobre grandes piedras, se encendió una llama de la

luz del altar, que la consumió. El rey de Persia, cuyo nombre no se menciona, fue testigo de tan

gran prodigio, por lo que hizo cercar el sitio y declaró sagrado el lugar. El líquido misterioso es

llamado neftar, que algunos relacionan con el verbo hebraico kafar, purificar. Según Abel, el

término neftar es una contracción de una palabra compuesta de nephtaatar; nephta, que significa

nafta, y atar, fuego. Nehemías encontró en este juego de palabras un vocablo apropiado para designar

el líquido espeso, o nafta, del cual salió el fuego. Es evidente que el texto habla de la nafta,

de un aceite proveniente de Persia 6.

Este relato, escribe Vigouroux, modelo característico de la hagada judía, contiene mucha

fantasía y datos peregrinos. Nadie se extrañará de ello si tiene en cuenta que las informaciones

proceden de una fuente apócrifa en que el papel de Nehemías es diferente del que le atribuyen

los libros canónicos. El autor sagrado copia simplemente documentos; comprueba su existencia,

sin garantizar la exactitud de las opiniones que allí se expresan 7.

Jeremías esconde el arca (2:1-8).

1 Se halla en antiguos documentos que el profeta Jeremías, al mandar a los deportados

tornar del fuego antes referido, les entregó un ejemplar de la Ley 2 y les recomendó

que no diesen al olvido los preceptos del Señor ni se pervirtiesen a la vista de

los ídolos de oro y de plata y sus adornos. 3 Muchas cosas como éstas les dijo, exhortándolos

a no apartarse jamás del amor de la Ley. 4 También en el documento estaba

escrito que el profeta, por revelación divina, mandó que le siguiesen el tabernáculo

y el arca al encaminarse al monte donde había subido Moisés para ver desde

allí la heredad de Dios. 5 Llegado a él, Jeremías halló una gruta a modo de estancia,

en la cual introdujo el tabernáculo, el arca y el altar de los perfumes, tapando en seguida

la entrada. 6 Algunos de los que le acompañaban vinieron luego para poner

señales por el camino, a fin de poder hallarlo después. 7 Mas así que Jeremías lo supo,

los reprendió, diciéndoles: “Este lugar quedará desconocido hasta que Dios

vuelva a congregar a su pueblo y tenga de él misericordia. 8 Entonces dará a conocer

el paradero de estas cosas, aparecerá su gloria, y asimismo la nube, como se manifestó

al tiempo de Moisés y cuando Salomón pidió que el templo fuese gloriosamente

santificado.”

Los autores de la carta refieren algunas noticias que hallaron en antiguos documentos, de cuya

naturaleza sólo se puede afirmar que no formaban parte de los libros canónicos. Peregrina es la

noticia sobre el arca de la alianza, emplazada en la parte más santa del santuario (1 Re 6:19).

1580

¿Qué suerte corrieron estos objetos sagrados en la destrucción del templo por Nabucodonosor?

Ninguna noticia se ha conservado sobre ello en los libros canónicos, para los cuales ninguna importancia

tendría el arca en los días de la restauración mesiánica. Según el documento apócrifo

citado en la carta, Jeremías la escondió en una gruta del monte Nebo (Djebel Neba, al nordeste

del mar Muerto), borrando cuidadosamente todo indicio que pudiera traicionar el secreto. Tanto

el arca como el tabernáculo y el altar de los perfumes no aparecerán hasta que vuelva Dios a

congregar al pueblo de Israel en los últimos tiempos.

Recuerdos de Salomón (2:9-12).

9 También allí se cuenta cómo el rey sabio ofreció el sacrificio de la dedicación y

terminación del templo; 10 y que así como, cuando Moisés oró al Señor, descendió

fuego del cielo, que consumió el sacrificio, así también, orando Salomón, descendió

fuego y consumió el holocausto. 11 Υ dijo Moisés: “Por no haber sido comido el sacrificio

por el pecado, fue consumido por el fuego.” 12 También Salomón celebró la

fiesta por ocho días.

El prodigio del fuego se realizó también en tiempos de Moisés (Lev 9:22-24), repitiéndose al

ofrecer Salomón el sacrificio de la dedicación del templo (1 Re 8:62; 2 Crón 7:1). Las palabras

que se atribuyen a Moisés no se hallan en ningún texto canónico, pero parece que se refieren al

incidente narrado en Lev 10:16-20. Pero no dice el texto mencionado que el fuego comiera al

macho cabrío. Siete días duraron las fiestas de la dedicación del templo por Salomón (1 Re 8:65;

2 Crón 7:8-10). El día octavo, también festivo, celebróse la gran asamblea (Lev 23:36-39).

La biblioteca de Nehemías y Judas (2:13-15).

13 Esto mismo se refiere en los escritos y memorias de Nehemías; y se dice, además,

que había reunido una biblioteca y puesto en ella los libros de los reyes, los de los

profetas y los de David y las cartas de los reyes sobre las ofrendas. 14Así también

Judas reunió todos los libros dispersos por la guerra que hubimos de sufrir, que

ahora se hallan en nuestro poder. 15 Si, pues, tuviereis de ellos necesidad, mandadnos

quienes os los lleven.

El libro de las memorias de Nehemías nos es desconocido. Acaso sea el que sirvió de base para

la composición del libro canónico que lleva su nombre. Nehemías, en época de restauración nacional

completa, se preocupa de recoger los libros sagrados. Es el primer testimonio sobre la

formación del canon de libros sagrados del Antiguo Testamento. El verbo griego episynagein da

a entender que existía una colección anterior autorizadísima, a la cual se añadieron otros. A este

supuesto se llega atendiendo al significado del verbo: “reunir añadiendo una cosa a una cantidad

determinada.” Existía en tiempos de Nehemías la primera colección formada por los cinco libros

del Pentateuco. A ésta se añadieron los libros de los reyes, que para los LXX son los dos de Samuel

y los de los Reyes. En el canon judío, los libros de los reyes y de los profetas forman la segunda

colección. De la tercera se mencionan “los de David,” con los que se alude a los salmos,

que se coleccionaban bajo el nombre de este monarca, por considerarse el salmista por excelencia.

Las cartas de los reyes sobre las ofrendas designan la colección de epístolas emanadas de la

corte persiana, en las que se autorizaba a los judíos la restauración del templo. Estos libros ocupaban

un lugar de honor y eran considerados como sagrados (8:23; 1 Mac 12:9). Contra ellos se

ensañó el impío Antíoco Epifanes (1 Mac 1:56). Los judíos de Palestina están dispuestos a enviar

1581

a los de Egipto los libros sagrados de que tuvieran ellos necesidad, frase que puede interpretarse

en el sentido de que en Palestina se reconocía la canonicidad de algún que otro libro de la tercera

colección, de que no tenían todavía conocimiento los de Egipto.

Invitación final (2:16-19).

16 Estando nosotros para celebrar la fiesta de la purificación, os escribimos estas letras:

Haréis muy bien en solemnizar estos días. 17 Dios, que ha librado a su pueblo,

nos ha devuelto a todos la heredad, el reino, el sacerdocio y el santuario, 18 como lo

prometió en la Ley. Esperamos, pues, de Dios que pronto tendrá misericordia de nosotros

y nos congregará en el lugar santo de entre todas las naciones que existen bajo

el cielo, 19 pues nos ha librado ya de grandes calamidades y ha purificado el santuario.”

Vuelve la carta a recomendar a los judíos de Egipto la celebración de la dedicación del templo.

La situación político-religiosa reflejada en la conclusión de esta carta parece bastante optimista.

La carta termina de manera abrupta. Es posible que la fecha que aparece en 1:9 se hallara originariamente

al fin de la misma.

1 A. H. Sayce-A. E. Cowley, Aramaic papyri discovered at Assuan (Londres 1906); A. E. Cowley, Aramaic

Papyri of fith Century B. C (Oxford 1923); E. Meyer, Der Papy-rusfund von Elephantine (Leipzig

1912); A. Vincent, La religión des Judéo-Araméens d'Ele-phantine (París 1937).

2 De victoria Verbi Dei 2:4:21: PL 169:1425-1438.

3 A.Sranqe, Le judaisme avant Jesus-Christ 520-557,.

4 Clem. De Alejandría, S trom. 1:22:150; 5:14:17; Eusebio, Praeparatio Evang. 7.14; 8:10; 13:12.

5 Orqtio suasorio. 1:6.

6 En Herkenne (Die Briefe zu Beginn des zweiten Makkabaerbuches: “Biblische Studien,” 8:4, Friburgo i.

Br. 1904) se encuentran expuestas las tentativas para resolver una cuestión que hasta el presente yace en

el misterio.

7 Nephtar: “Dictionnaire de la Bible,” 4:1597-1598.

Prefacio del autor.

La obra de Jasan (2:20-26).

20 La historia de Judas el Macabeo y de sus hermanos, la purificación del gran templo

y la dedicación del altar, 21 las guerras de Antíoco Epifanes y de su hijo Eupator,

22 las apariciones celestes a los que gloriosamente combatían por el judaismo, para

que, aun siendo pocos, recobrasen toda la tierra y pusieran en fuga muchedumbres

de bárbaros, 23 y recuperasen el templo famoso en toda la tierra, y librasen la ciudad,

y restableciesen las leyes que estaban a punto de quedar abolidas, siéndoles el

Señor propicio con toda bondad, 24 fue narrada por Jasón de Cirene en cinco libros,

que nosotros nos proponemos compendiar en un solo volumen. 25 Porque, considerando

el número excesivo de los libros y la dificultad que hallan, por la muchedumbre

de las cosas, los que quieren aplicarse a conocer las historias, 26 hemos pensado

proporcionar solaz del alma a los aficionados a leer y dar a los estudiosos facilidad

para aprender las cosas de memoria; en una palabra, alguna utilidad a todos aquellos

que tomen este libro en sus manos.

1582

Escribió Jasón la historia de las luchas de Judas Macabeo contra los reyes Antíoco Epifanes, Antíoco

Eupator y Demetrio I Soter.

De la personalidad del autor nada se sabe; algunos i lo identifican con el legado mandado

a Roma por Judas Macabeo (1 Mac 8:17) Lleva el sobrenombre de Girene, por ser acaso originario

de esta localidad africana. Del anonimato le ha sacado el autor de nuestro libro. El autor sagrado

trata de compendiar en un solo volumen lo que Jasón dijo en cinco. Con ello se propone

tres fines: 1) proporcionar solaz al alma; 2) ayudar la memoria del lector; 3) ser útil a todos. La

historia de Jasón era muy densa, larga y, al parecer, farragosa.

La obra del autor sagrado (2:27-30).

27 Mas para nosotros esta obra que hemos emprendido no ha sido cosa fácil, sino de

mucho trabajo, sudores y desvelos. 28 Como el que prepara un festín, buscando

complacer a otros, se echa encima una pesada carga, así nosotros, para merecer la

gratitud de muchos, hemos tomado con gusto este trabajo. 29 Dejando al historiador

el oficio de narrar detalladamente las cosas, nos hemos esforzado por seguir las

normas de la condensación. 30 Pues así como el arquitecto que se propone levantar

una casa nueva ha de pensar en el conjunto de la construcción, mientras que el decorador

y pintor sólo tienen que cuidarse de lo que toca a la ornamentación, así creo

yo que nos sucede a nosotros.

Por amor a los lectores se ha impuesto el autor un trabajo de síntesis, que le ha costado sudores y

desvelos. Su labor puede compararse a la del que prepara un festín para satisfacer a los otros,

mientras él se echa encima una pesada carga. El autor y el epitomador tienen cada uno su trabajo

peculiar. A Jasón corresponde la tarea de examinar los hechos con acribía (diakriboun); al que

compendia toca cumplir también con su cometido. Para ilustrar su pensamiento emplea una

comparación sacada del arquitecto y del decorador. La explicación no es inútil, ya que manifiesta

claramente que las características de la obra, su estructura, su composición literaria, lo que se

juzga que se requiere para que uno pueda llamarse autor de un libro, pertenece a Jasón. Parece

que el autor del libro deja a Jasón la responsabilidad de los detalles, mientras reclama para sí la

gloria de haber interpretado fielmente su pensamiento y de haber condensado su obra voluminosa

en un solo tomo. El autor sagrado aprueba las líneas generales de Jasón, pero no puede responder

de los detalles. El no es historiador, y, por lo mismo, no se arroga “el oficio de narrar detalladamente

las cosas.”

El autor y el compilador (2:31-33).

31 Investigar la materia histórica, examinarla en todos sus aspectos y detalles, eso

compete al narrador de la historia; 32 pero procurar el compendio de la narración,

sin llegar a agotar e asunto, toca al compilador, 33 y con esto comenzamos nuestra

narración, después de habernos extendido tanto en el prefacio. Sería una simpleza

mostrarse difusos antes de entrar en materia, para luego ser breves en ésta.

En el texto original aparece clara la idea del hombre que entra en una propiedad de otro (embateuein),

por la que se pasea a su gusto examinando todo hasta el último detalle, llegando al límite

de la indiscreción. Esto es lo que hace el que escribe o narra una historia. Al compilador compete,

en cambio, resumir la narración de manera que reproduzca en pocas palabras el pensamiento

1583

del autor. Con una expresión humorística pone término a su prólogo para no incurrir en el anacronismo

de extenderse antes de entrar en materia, para ser breve luego en ésta.

1. Diversos Hechos Hasta la Purificación del Templo. (c.3:1-10:8).

Duelo entre Ornas y Simón (3:1-6).

1 Hallándose la ciudad en completa paz, observándose exactamente las leyes, por la

piedad del sumo sacerdote Onías y su odio a toda maldad, 2 sucedía que hasta los

mismos reyes honraban el santuario y lo enriquecían con magníficos dones. 3 Y así,

Seleuco, rey de Asía, concedió de sus propias rentas todas las expensas necesarias

para el servicio de los sacrificios. 4 Pero un cierto Simón, de la tribu de Benjamín,

constituido inspector del templo, se enemistó con el sumo sacerdote con motivo de la

fiscalización del mercado de la ciudad. 5 No pudiendo vencer la resistencia de Onías,

se fue a Apolonio, de Tarso, que por aquel tiempo era general de la Celesiria y la

Fenicia, 6 y le hizo saber cómo el tesoro de Jerusalén estaba lleno de riquezas indecibles,

y que la cantidad de oro que allí había era incalculable y no se destinaba al sostenimiento

de los sacrificios, pudiendo el rey apoderarse de ello.

De Onías III hace un gran elogio el autor de Eci 5:1. Fue sobrino de Onías II, contemporáneo de

Tolomeo IV Filopator y Antíoco IV Epifanes. Yahvista hasta los tuétanos (15:12), se opuso a las

tentativas de saqueo del templo por parte de Heliodoro, ministro de Hacienda de Seleuco IV. Su

piedad y odio al pecado le hicieron acreedor a la veneración de todos. Los mismos reyes, Tolomeo

II Filadelfo, Tolomeo III Evergetes y el mismo Antíoco III el Grande, honraban el santuario.

Cuando este último anexionó la Judea a su reino, después de la batalla de Panión (199 a.C.), quiso

superar la magnificencia de los Tolomeos con el intento velado de ganar para la causa seléucida

a los sacerdotes de Jerusalén.

La política de captación había calado hondo en los círculos sacerdótales de Jerusalén.

Cierto Simón, de la tribu de Benjamín (Bilga, leen De Bruyne Y Abel), encargado de la administración

(prostasía) del templo e inspector del mercado público (agoraríamos), entró en conflicto

con Onías, sin que podamos saber las causas. Despechado al no poder vencer la resistencia de

éste, marchó al encuentro de Apolonio, general (strategós) de la Celesiria y de Fenicia, denunciando

las enormes riquezas guardadas en el templo, de las que el rey podía apoderarse, porque

“no se destinaban al sostenimiento de los sacrificios.” Los particulares depositaban en el templo

sus ahorros (Neh 13:5). Decisivo era el paso dado por Simón en la historia de las relaciones entre

el judaísmo y el helenismo. En momentos en que la economía real vivía momentos cruciales eran

sumamente peligrosas semejantes denuncias hechas por un judío con personalidad religiosa relevante.

Diálogo entre Onías y Heliodoro (3:7-14).

7 Apolonio se fue luego a ver al rey y le dio cuenta de los tesoros referidos. Este eligió

a Heliodoro, su ministro de Hacienda, a quien envió con órdenes de apoderarse de

las riquezas. 8 En seguida se puso en viaje Heliodoro, con el pretexto de visitar las

ciudades de Celesiria y Fenicia, pero en realidad para ejecutar el propósito del rey. 9

Llegado a Jerusalén, fue recibido cordialmente por la ciudad y el sumo sacerdote, a

quien dio luego cuenta de lo que le había sido comunicado y del motivo de su venida,

1584

preguntando si lo que se les había dicho se ajustaba a la realidad. 10 El sumo sacerdote

le hizo ver que se trataba de depósitos de viudas y huérfanos 11 y de una cantidad

que pertenecía a Hircano, hijo de Tobías, hombre de muy noble condición, contra

lo que calumniosamente había denunciado el impío Simón; y que, en fin, la suma

de todo el dinero era de cuatrocientos talentos de plata y doscientos de oro,12

siendo del todo imposible cometer tal injusticia contra los que habían confiado en la

santidad del lugar y en la majestad del templo, honrado en toda la tierra. 13 Pero

Heliodoro, en virtud de las órdenes del rey, contestó que aquellos tesoros habían de

ser necesariamente entregados al tesoro real. 14 Señalado día, se preparó a entrar,

dispuesto a apoderarse de tales riquezas, lo que produjo no pequeña conmoción en

toda la ciudad.

Dio orden el rey de apoderarse de unas riquezas que tanto beneficiarían a la economía seléucida.

Nada menos que el primer ministro, Heliodoro, recibió el encargo de ejecutar los propósitos del

rey. Había en el templo una respetable suma perteneciente a la noble familia de los Tobiadas.

Vivía Hircano (184-175) en la fortaleza de Araq-el-Emir, y era descendiente del famoso Tobías

Amonita, contemporáneo de Nehemías (Neh 2:19; 6:6; 13:4). Partidario de los Lagidas, tuvo que

abandonar Jerusalén al apoderarse de ella los seléucidas 2. La declaración de Onías acerca de los

tesoros de Hircano depositados en el templo debió despertar aún más los deseos de Heliodoro de

apoderarse de un dinero propiedad de un enemigo de los seléucidas. Según Onías, la cantidad de

dinero depositado en el templo subía a la respetable suma equivalente a 2.390.000 dólares.

Un pueblo en oración (3:15-22).

15 Los sacerdotes, vestidos de sus túnicas sagradas, se arrojaron ante el altar; clamaban

al cielo, invocando al que había dado ley sobre los depósitos de que les fueran

guardados intactos a quienes los depositaron. 16 Nadie podía mirar el rostro del

sumo sacerdote sin quedar traspasado, porque su aspecto y su color demudado mostraban

la angustia de su alma. 17 El temor que se reflejaba en aquel varón y el temblor

de su cuerpo revelaban a quien le miraba la honda pena de su corazón. 18 Los

ciudadanos salían en tropel de sus casas para acudir a la pública rogativa en favor

del lugar santo, que estaba a punto de ser profanado. 19 Las mujeres, ceñidos los pechos

de saco, llenaban las calles; y las doncellas, recogidas, concurrían unas a las

puertas del templo, otras sobre los muros, algunas miraban furtivamente por las

ventanas, 20 y todos, tendidas las manos al cielo, oraban. 21 Era para mover a compasión

ver la confusa muchedumbre postrada en tierra y la ansiedad del sumo sacerdote,

lleno de angustia. 22 Todos invocaban al Dios omnipotente, pidiendo que los

depósitos fuesen, con plena seguridad, conservados intactos a los depositantes.

Ningún poder humano era capaz de torcer la voluntad de Heliodoro; sólo Dios podía estorbar sus

planes. Sacerdotes y pueblo se entregaban a ruidosas y espectaculares manifestaciones de duelo.

Invocan al Dios “que había dado la ley sobre los depósitos” (Ex 22:7) para que velara por la incolumidad

de los mismos.

Heliodoro fuera de combate (3:23-30).

23 Heliodoro, por su parte, dispuesto a consumar su propósito, estaba ya acompañado

de su escolta junto al gazofilacio, 24 cuando el Señor de los espíritus y Rey de ab1585

soluto poder hizo de él gran muestra a cuantos se habían atrevido a entrar en el

templo. Heridos a la vista del poder de Dios, quedaron impotentes y atemorizados. 25

Se les apareció un jinete terrible. Montaba un caballo adornado de riquísimo caparazón,

que, acometiendo impetuosamente a Heliodoro, le acoceó con las patas traseras.

El que le montaba iba armado de armadura de oro. 26 Aparecieron también

dos jóvenes fuertes, llenos de majestad, magníficamente vestidos, los cuales, colocándose

uno a cada lado de Heliodoro, le azotaban sin cesar, descargando sobre él

fuertes golpes. 27 Al instante, Heliodoro, caído en el suelo y envuelto en tenebrosa oscuridad,

fue recogido y puesto en una litera. 28 Y el que hacía poco, con mucho

acompañamiento y con segura escolta, entraba en el gazofilacio, era ahora llevado,

incapaz de auxiliarse a sí mismo, habiendo experimentado manifiestamente el poder

de Dios; 29 y por la divina virtud yacía mudo, privado de toda esperanza de salud. 30

Los judíos, por su parte, bendecían al Señor, que había defendido el honor de su casa.

Y el templo, poco antes lleno de terror y de turbación, ahora rebosaba de alegría

y regocijo gracias a la intervención del Señor omnipotente.

No fue sordo Dios al clamor de su pueblo. Por su parte, Heliodoro pasó a realizar su cometido.

Entró en el templo, y, cuando sus manos sacrilegas se disponían a saquearlo, el “Señor de los espíritus”—

título que el libro de Henoc emplea repetidamente — demostró que era “Rey de absoluto

poder” al enviar contra Heliodoro y su séquito un jinete que le derribó al suelo, donde fue

acoceado por las patas traseras del caballo. El esplendor y agilidad de los ángeles vengadores

contrasta con la figura ridicula de un ministro seléucida inválido, ciego, acardenalado y mudo

por el alboroto.

Onías le salva la vida (3:31-34).

31 Pronto acudieron algunos de los de Heliodoro, suplicando a Onías que invocase al

Altísimo para que hiciese gracia de la vida al que se hallaba en el último extremo. 32

Y temiendo el sumo sacerdote que el rey llegara a imaginarse que los judíos habían

cometido algún crimen contra Heliodoro, ofreció un sacrificio por la salud de éste. 33

Mientras el sumo sacerdote ofrecía el sacrificio de propiciación, los mismos jóvenes

se aparecieron de nuevo a Heliodoro, con las mismas vestiduras de antes, y, acercándose

a él, le dijeron: “Da muchas gracias a Onías, el sumo sacerdote, pues a él le

debes que el Señor te haya dejado la vida. 34 Tú, pues, castigado por Dios, confiesa

ante todos su poder.” Dicho esto, desaparecieron.

Más que magullamiento general, los jóvenes y las patas traseras del caballo del brioso jinete causaron

a Heliodoro heridas precursoras de su muerte. La situación era comprometida en caso de

que Heliodoro perdiera allí la vida, porque el rey seléucida culparía a los judíos de asesinato de

su ministro. El sumo sacerdote ofreció un sacrificio por la salud de Heliodoro, que se encontraba

en los últimos momentos. Todo el libro segundo de los Macabeos está sembrado de hechos milagrosos.

Otras de sus peculiaridades es la confesión del poder, magnificencia y dominio supremo

de Dios por parte de los gentiles.

Heliodoro regresa a Antioquía (3:35-40).

35 Heliodoro, después de ofrecer un sacrificio al Señor y de hacer grandes votos a

quien le había concedido la vida, se despidió amigablemente de Onías y se volvió con

1586

sus tropas al rey, 36 dando público testimonio de las obras del Dios altísimo, que con

sus ojos había visto, 37 Interrogado por el rey sobre quién sería más apto para enviarlo

a Jerusalén, dijo: 38 “Si tienes a algún enemigo o alguien que conspire contra

tu reino, mándalo allá, que bien castigado vendrá, si es que salva la vida, porque sin

duda que hay en aquel lugar una fuerza divina. 39 El mismo que en los cielos habita

tiene sus ojos puestos sobre aquel lugar para defenderlo y hiere de muerte a los que

a él se llegan con malos propósitos.” 40 Tal fue el episodio de Heliodoro y de la preservación

del gazofilacio.

El que vino a Jerusalén como enemigo de Dios vuelve a sus tierras pregonando sus maravillas y

poder. No debió el monarca quedar convencido del testimonio de su ministro, al que llamó para

que le señalara cuál, a su juicio, sería el más indicado para renovar el intento. A lo que contestó

Heliodoro con buena dosis de ironía: Al que el rey quiera castigar, que bien apaleado regresará,

si es que salva la vida 3.

Rivalidad entre Onías y Simón (4:1-6).

1 El ya mencionado Simón, el delator del tesoro y de la patria, hablaba mal de Onías,

afirmando ser él quien había maltratado a Heliodoro y el autor de todo el mal. 2

Al bienhechor de la ciudad, al defensor de sus ciudadanos, al celador de la Ley, se

atrevía a llamarle traidor al reino. 3 Tan adelante fue esta enemistad, que hasta llegaron

a cometerse homicidios por parte de algunos parciales de Simón; 4 tanto, que

Onías, considerando lo peligroso de estas rivalidades y que Apolonio, hijo de Menesteo,

general de la Celesiria y la Fenicia, favorecía la maldad de Simón, se fue a ver al

rey, 5 no como acusador de sus conciudadanos, sino mirando al interés común, y en

particular al de toda la nación, 6 pues veía que sin la intervención del rey era imposible

lograr la paz en el gobierno y que Simón no cesaría en su locura.

Fundados eran los temores de Onías de que en Antioquía se le acusara de haber intentado asesinar

a Heliodoro (3:32). El calumniador no fue el interesado, sino el malvado Simón. Capitaneaba

éste el grupo de los helenizantes, haciéndose cada día más tirante la enemistad entre conservadores

e innovadores. Por otra parte, sabía Onías que el general de Celesiria y de Fenicia, Apolonio

de Tarso (4:4-23), hijo de Menesteo, apoyaba al partido helenizante. La tensión iba en aumento,

sin que en el horizonte se vislumbrara un destello de esperanza para la causa del judaismo ortodoxo.

Una decisión suprema se le ocurrió a Onías: entrevistarse con el rey y exponerle la situación.

Se engañaba, porque al monarca interesaban agitadores que conmovieran la roca del judaismo

tradicional, haciéndola más flexible a las ideas helenistas.

Jasón, sumo sacerdote (4:7-17).

7 Muerto Seleuco y apoderado del reino Antíoco, por sobrenombre Epifanes, Jasón,

hermano de Onías, comenzó a ambicionar el sumo sacerdocio; 8 y en una audiencia

prometió al rey trescientos sesenta talentos de plata, ochenta talentos más de otras

rentas, 9 y sobre éstos, ciento cincuenta más, si se le autorizaba para instalar un

gimnasio y una mancebía y se concedía a los de Jerusalén la ciudadanía antioquena.

10 Accedió el rey; y Jasón, obtenido el poder, luego se dio a introducir las costumbres

griegas entre sus conciudadanos, 11 Abolió los privilegios otorgados a los judíos

por el favor de los reyes, gracias a las gestiones de Juan, padre de Eupolemo, el que

1587

desempeñó la embajada para obtener la amistad y alianza de los romanos; contra

los derechos ciudadanos introducía costumbres impías. 12 y hasta bajo la misma

acrópolis se atrevió a erigir el gimnasio, obligando a educar allí a los jóvenes más

nobles y a llevar el petaso. 13 Así cundió en alto grado el helenismo y progresó la introducción

de costumbres extranjeras por la desalmada actitud del impío, más que

sumo sacerdote, Jasón. 14 Los sacerdotes ya no se preocupaban del servicio del altar;

antes mostrando poca estima del templo y descuidando los sacrificios, se apresuraban

a tomar parte en los prohibidos ejercicios de la palestra en cuanto eran invitados

a lanzar el disco. 15 Desdeñando los honores patrios, estimaban en mucho las

distinciones griegas. 16 Por lo cual vino sobre ellos la gran calamidad de que aquellos

mismos a quienes envidiaban y a quienes en todo querían imitar se volviesen luego

contra ellos y fuesen sus enemigos y opresores. 17 No es cosa de poco ni que se hace

impunemente violar las leyes divinas, como lo mostrará el tiempo venidero.

A Onías ganó la partida su hermano Jasón (forma helenizada de Josúa, Jesús), que litigaba delante

del nuevo monarca con argumentos más contundentes y prácticos que los esgrimidos por él.

Los reyes seléucidas ambicionaban el dinero y se vendían fácilmente al mejor postor. Pagaba

Palestina al monarca sirio trescientos talentos, cantidad que Jasón prometió elevar a trescientos

sesenta. Lo que pedía era muy del agrado del rey: instalar un gimnasio en Jerusalén para el perfeccionamiento

de los atletas, una mancebía (1 Mac 1:14) para jóvenes de diociocho a veinte

años y la ciudadanía antioquena para los de Jerusalén. Los ejercicios gimnásticos se realizaban

ordinariamente por jóvenes completamente desnudos. La juventud judía helenizante sentía gran

complejo ante las señales externas de la circuncisión, que trataron de disimular con una dolorosa

operación (1 Mac 1:15). La acrópolis, a que se refiere el texto, designa la fortaleza ya existente

en tiempos de Nehemías (Neh 2:8; 7:2) al norte del recinto del templo, que llevaba el nombre de

Baris o Birah. En su lugar se levantó en tiempos de Herodes la fortaleza Antonia. No debe confundirse

con el Acra, de que tanto hablan los libros de los Macabeos. Era el petaso un sombrero

de anchas alas utilizado en los ejercicios atléticos a campo libre para resguardar la cabeza del sol

o del agua. Era emblema de Mercurio, “el efebo perfecto, estilizado por los ejercicios del cuerpo,

delgado y con musculatura fuerte, el dios agonfos, apto para las luchas y concursos”l. Los jóvenes

atletas podían pavonearse por calles y plazas y alardear de progresistas arropados con clámides

de variados colores, el petaso sobre la cabeza, calzado cerrado, a la manera como lucen sus

atuendos deportivos los atletas de nuestros días. Esta moda no dejaba de impresionar vivamente

a todo joven israelita.

Por su proximidad con el templo, el gimnasio era una tentación continua para los sacerdotes

jóvenes y progresistas, quienes podían fácilmente trasladarse de un lugar sagrado a otro

profano. De todos estos males tenía la culpa el malvado Jasón. Fue él el capitosté que introdujo

el helenismo y su culto en el recinto sagrado del templo; el que exaltó la fantasía de los sacerdotes,

que entre sacrificio y sacrificio pasaban al gimnasio y competían con la juventud allí reunida

en el lanzamiento del disco. De ahí que la disciplina sacerdotal se relajara y que se diera más

importancia a las cosas del gimnasio que a su dignidad sacerdotal, que heredaron de sus antepasados.

Acontecía en mayor escala lo que sucede hoy en ciertos ambientes sacerdotales jóvenes,

en los que reina un entusiasmo desmesurado por el deporte, con detrimento del recogimiento

religioso que exige su dignidad.

1588

Los juegos de Tiro (4:18-20).

18 Al celebrarse en Tiro los juegos quinquenales con asistencia del rey, 19 el malvado

Jasón mandó de Jerusalén espectadores, ciudadanos de Antioquía, portadores de

trescientas drac-mas para el sacrificio de Hércules. Pero los que las llevaban pidieron

que no se empleasen en los sacrificios, porque no convenía sino que se destinasen

a otras expensas. 20 Y así aquella cantidad, que iba enviada, según la voluntad

del donante, para el sacrificio de Hércules, por deseo de los portadores fue destinada

a la construcción de trirremes.

En Tiro se celebraban los juegos quinquenales (penteteris, pen-teateris) a imitación de los juegos

olímpicos, de las Panatenas de Atenas y de los juegos píticos de Delfos. A ellos envió Jasón delegados

judíos, portadores de una pequeña ofrenda para el dios Hércules, o sea el dios fenicio

Melqart. Es probable que en esta fiesta se conmemorara el cumplimiento del voto de Alejandro

después de la toma de Tiro. Ario (2:24:6) representa al rey ofreciendo un sacrificio solemne a

Hércules en presencia de las tropas. Si bien era insignificante la cantidad aportada por Jasón, tenía,

no obstante, la significación de una communicatio in sacris con los paganos. Así lo entendieron

los portadores de las dracmas, que pidieron se invirtieran en mejoras del puerto, o quizá a

que con aquel dinero se engalanara una de las naves surtas en el mismo.

Antíoco Epifanes en Jerusalén (4:21-22).

21 Habiendo sido enviado a Egipto Apolonio, de Menesteo, con motivo de la entronización

del rey Tolomeo Filometor, vino a saber Antíoco que aquel soberano era

enemigo de su reino, y se propuso prevenirse contra él. Llegado a Jope, subió a Jerusalén,

22 donde Jasón y la ciudad le hicieron un magnífico recibimiento, y entró en

medio de antorchas y aclamaciones. Condujo luego de allí sus tropas a Fenicia.

Apolonio fue enviado a Egipto, como legado real, a las fiestas de la entronización de Tolomeo

VI Filometor (1 Mac 7:16ss). El embajador supo que los tutores del nuevo rey trataban de reivindicar

la Celesiria, que les pertenecía, por haber sido entregada en dote a Cleopatra por su padre

Antíoco III. Antíoco quiso demostrar que velaba por la integridad del imperio.

Menelao suplanta a Jasón (4:23-29).

23 Pasados tres años, envió Jasón a Menelao, hermano del antes mencionado Simón,

para llevar dinero al rey y para gestionar ciertos asuntos importantes; 24 pero, ganada

la gracia del rey, Menelao le adulaba, dándose aires de hombre influyente, con

lo que obtuvo para sí el sumo sacerdocio, ofreciendo trescientos talentos más que Jasón.

25 Y así, con las credenciales del rey, se vino aquel hombre, que no tenía nada

que le hiciera digno del sacerdocio, sino instintos de tirano cruel y sentimientos de

fiera salvaje. 26 Jasón, que había suplantado a su hermano, fue a su vez suplantado

por otro y forzado a huir a la tierra de Amón. 27 Mas como Menelao, una vez posesionado

del poder, no cumpliese las promesas hechas al rey, 28 a pesar de las reclamaciones

de Sóstrates, alcaide de la acrópolis, a quien pertenecía la exacción de los

tributos, ambos fueron llamados por el rey. 29 A Menelao le reemplazó en el cargo

de sumo sacerdote su hermano Lisímaco, en tanto que Sóstrates dejó que le sustitu1589

yera Grates, jefe de los chipriotas.

De Menelao sabemos que era hermano de Simón (3:4). Flavio Josefo dice que era hermano de

Onías y Jasón, lo que no parece probable. Menelao no era de familia sacerdotal. En las entrevistas

con los dignatarios de la corte debió de criticar la administración de Jasón y echarle en cara la

adopción de métodos demasiado blandos para conseguir la rápida helenización de Palestina. A

ello se juntó la sugerencia de que Palestina podía y debía tributar a las arcas reales trescientos

talentos más de lo que ofrecía Jasón. Con las credenciales del rey y escoltado por un regimiento

de chipriotas, Menelao presentóse a Jasón, exigiendo cuanto antes el cumplimiento de las órdenes

reales. Jasón huyó a la región de los amonitas, poniéndose bajo la protección del Tobiada

Hircano (3:11), partidario de los Tolomeos. Menelao no quiso o no pudo cumplir los compromisos

contraídos con el rey, por lo que fue destituido juntamente con Sóstrates.

Muerte de Onías (4:30-34).

30 Entre tanto, los tarsenses y los maletas se rebelaron por haber sido dados en regalo

a Antioquida, concubina del rey. 31 A toda prisa partió éste para aquietarlos, dejando

encargado del gobierno a Andrónico, uno de sus dignatarios. 32 Menelao, juzgando

la ocasión propicia, arrebató ciertos objetos del templo, que regaló a Andrónico;

otros logró venderlos en Tiro y en las ciudades vecinas. 33 Cuando de esto supo

con certeza Onías, que se hallaba retirado en un lugar de asilo, junto a Dafne, cerca

de Antioquía, le reprendió. 34 Por lo cual, Menelao, llamando aparte a Andrónico, le

pidió que matase a Onías; y aquél, yendo a verle, con dolo, dándole la mano y

haciendo juramento, persuadió a Onías (aunque a éste no dejaba de serle sospechoso)

a que saliese de su asilo, y al instante le mató, sin respeto alguno de la justicia.

Una rebelión de los de Tarso y de los malotas obligó al rey a alejarse de Antioquía en los días en

que debían llegar los dos dignatarios depuestos, Menelao y Sóstrates. Providencial fue para Menelao

esta coyuntura, que aprovechó para ganar el favor de Andrónico 2. La voz de Onías debió

de calar hondo en la conciencia de Andrónico y Menelao, porque también para ellos la enajenación

de objetos sagrados era considerada como un acto idolátrico. Para acallar sus remordimientos

determinaron quitarlo de en medio. Onías, que sospechó lo que se estaba tramando en torno

suyo, refugióse en Dafne. En un paraje hermosísimo, vecino a Antioquía, con árboles y mucha

vegetación, existía un templo al dios Apolo, con privilegio de asilo ·*. Con engaño logró Andrónico

alejar al venerable sacerdote de aquel lugar, lo que aprovechó para asesinarle.

Ejecución de Andrónico (4:35-38).

35 Fue esto motivo de que no sólo los judíos, sino también muchos de las otras naciones

se indignaran y llevasen muy a mal la inicua muerte de tal varón. 36 Vuelto de

Cilicia el rey, se le presentaron los judíos de Antioquía y muchos de los griegos, que

asimismo aborrecían la maldad, para hablarle de la muerte injusta de Onías. 37

Cordialmente se entristeció Antíoco, y, movido de compasión, derramó lágrimas, recordando

la discreción y gran modestia de Onías; 38 e indignado, al instante despojó

a Andrónico del manto de púrpura e hizo que, desgarrados los vestidos, le pasearan

por la ciudad, hasta el sitio mismo en que había impíamente asesinado a Onías. Allí

fue ejecutado aquel criminal, dándole el Señor su merecido.

1590

Griegos y judíos lloraron la muerte de un varón que había conquistado su corazón por su religiosidad,

discreción y modestia. Los primeros veían en su asesinato la violación del derecho de asilo;

los segundos, la muerte ignominiosa de un distinguido personaje de su raza. El se enfureció

contra su ministro por haberse arrogado atribuciones que no le pertenecían y porque había quitado

de en medio una valiosísima pieza en su juego de ajedrez con relación al cargo de sumo sacerdote.

El autor dice que Antíoco derramó lágrimas y lloró la muerte de Onías. Es posible que

estas muestras de pesar fueran una ficción y un pretexto para eliminar a un funcionario que le

resultaba molesto, en primer lugar por haber violado a su antojo el derecho de asilo y por ser

Andrónico un testimonio viviente del asesinato por orden de Antíoco de un hijo de Seleuco 4.

Muerte de Lisímaco (4:39-42).

39 Muchos fueron los robos sacrilegos cometidos en Jerusa-lén por Lisímaco, aconsejado

por Menelao; tantos, que, difundida la fama, se amotinó el pueblo contra Lisímaco,

pero ya cuando muchos objetos de oro habían desaparecido. 40 Excitada la

muchedumbre e inflamada en cólera, armó Lisímaco unos tres mil hombres y comenzaron

a obrar desaforadamente. Era su jefe un cierto Tirano, no menos avanzado

en años que en crueldades. 41 Cuando se dieron cuenta de que Lisímaco los atacaba,

cogieron unos piedras, otros estacas y algunos hasta la ceniza que tenían a

mano, y confusamente las arrojaban contra los que rodeaban a Lisímaco. 42 Fueron

heridos muchos de ellos, algunos derribados y todos ahuyentados; el mismo sacrilego

quedó muerto junto al gazofílacio.

Menelao, el instigador de la muerte de Onías, en apariencia quedó impune. Sus compromisos con

el rey le obligaron a escribir a Lisímaco, diciéndole que reuniera dinero y objetos preciosos,

dondequiera se hallasen, y los enviara a su nombre a Antioquía, Lisímaco fue obediente, pero fue

tan despiadada la expoliación y llevada a cabo con tanta desfachatez, que el pueblo se amotinó.

Lisímaco encontró la muerte junto al gazofilacio del templo.

Menelao triunfante (4:43-50).

43 A propósito de estos hechos se entabló un juicio contra Menelao. 44 Habiendo venido

el rey a Tiro, tres varones enviados por el senado propusieron ante él la causa.

45 Menelao, viéndose ya perdido, prometió mucho dinero a Tolomeo, hijo de Dorimenes,

si le ganaba al rey. 46 Y, en efecto, Tolomeo, llevándolo aparte, hacia un peristilo,

como para tomar el fresco, hizo de mudar de sentencia al rey, 47 que absolvió

de todos sus crímenes a Menelao, autor de toda maldad, y condenó a muerte a aquellos

desdichados, que, si ante los escitas hubieran tenido que defender su causa,

habrían sido dados por inocentes. 48 Sin tardanza fueron al injusto castigo los que

habían tomado la defensa de la ciudad, del templo y de los vasos sagrados. 49 Pero

hasta los tirios, horrorizados de la maldad, les hicieronmagníficos funerales. 50 Entre

tanto, Menelao permanecía en el poder, por la avaricia de los gobernantes, y progresaba

en maldad, convertido en feroz perseguidor de sus conciudadanos.

Esta vez es el sanedrín que se reúne y envía a tres varones a Tiro para que planteen al rey el caso

de Menelao. No culpa el pueblo a Lisímaco, al cual consideran como simple mandatario, sino a

Menelao, el inductor del crimen. Parecía que la causa de éste estaba irremisiblemente perdida,

pero le salvó su sagacidad y astucia. Especulando otra vez con el dinero, se lo prometió abundan1591

te a To-lomeo (1 Mac 3:38; 2 Mac 8:8) en caso de interceder por él ante el rey. Los escitas tenían

la fama de ser el pueblo más bárbaro 5. Todo corazón, por gentil y pagano que sea, se conmueve

ante la opresión de un inocente.

Funestos presagios (5:1-4).

1 Por este tiempo preparó Antíoco su segunda expedición a Egipto, 2 y, por espacio

de casi cuarenta días, por toda la ciudad aparecieron en el aire carreras de jinetes

vestidos con túnicas doradas, armados de lanzas, a semejanza de cohortes, 3 y escuadrones

de caballos en orden de batalla, ataques y cargas de una y otra parte,

movimiento de escudos, multitud de lanzas, espadas desenvainadas, lanzamiento de

dardos, brillar de armaduras de oro y corazas de todo género. 4 Por lo cual, todos

rogaban que tales apariciones fuesen buen presagio.

De una campaña de Antíoco contra Egipto se habla en 1 Mac 1:16-20. Discuten los autores

(Abel, Bévenot, Knabenbauer, etc.) si en nuestro texto se alude a una segunda o a la fase ulterior

de una misma expedición. ¿Qué pensar de los fenómenos naturales o sobrenaturales visibles sobre

el cielo de Palestina por el espacio de cuarenta días? ¿Se trata de una ilusión colectiva?

¿Hubo o no milagro? Debemos tener en cuenta, antes de juzgar de la naturaleza de estas apariciones,

que el número cuarenta es considerado por los semitas como sagrado y simbólico; que en

la terminología empleada se vislumbra el vocabulario empleado por Polibio; que la narración

presenta claras analogías con relatos similares de historiadores paganos l. Knabenbauer enumera

una serie de prodigios de esta índole. Todos los hemos visto, o nuestra fantasía los ha forjado, en

momentos muy críticos y trascendentales para España. Se trata, a nuestro parecer, de fenómenos

naturales, de disposiciones caprichosas de nubes en el firmamento que toman la forma que más

conviene al ánimo del espectador. El autor sagrado cita lo que Jasón de Cirene describe con tanta

facundia de estilo.

Jasan, en Jerusalén (5:5-10).

5 Difundido el rumor de que Antíoco había muerto, tomó Jasón no menos de mil

hombres y atacó de improviso la ciudad. Aunque los moradores corrieron a los muros,

la ciudad fue tomada, y Menelao se refugió en la acrópolis. 6 Jasón hizo sin piedad

gran matanza entre sus conciudadanos, no teniendo en cuenta que una feliz

jornada contra sus conciudadanos es el mayor infortunio; pensando, por el contrario,

que alcanzaba trofeos de enemigos y no de connacionales. 7 Mas no por eso logró

adueñarse del poder, y al fin recibió el oprobio como premio de su traición, teniendo

que huir de nuevo a la tierra de Amón. 8 El fin de su perversa vida fue éste: que,

acosado por Aretas, rey de los árabes, huyendo de ciudad en ciudad, de todos perseguido,

detestado como renegado de su Ley, execrado como verdugo de su patria y de

sus conciudadanos, fue empujado hasta Egipto; 9 y el que a tantos había desterrado

de la patria, vino a acabar en tierra extraña, huyendo a Lacedemonia con la esperanza

de lograr un refugio en gracia del parentesco; 10 y el que a tantos había dejado

sin sepultura, murió sin ser por nadie llorado y privado de sepultura, no sólo del sepulcro

familiar.

Con un millar de beduinos reclutados en TransJordania subió Jasón contra Jerusalén, que capituló

ante él, obligando a Menelao a encerrarse en la fortaleza de Baris. Jasón se excedió en su ac1592

ción, matando a muchos y robando bienes a mansalva, por lo que se atrajo el odio de los judíos

ortodoxos. Los helenizantes preferían el caudillaje de Menelao. Desilusionado, y con el temor de

encontrarse con la tropa de Antíoco, regresó a su escondrijo de Transjordania.

Como el de todos los enemigos del judaismo, el fin de Jasón fue desastroso. Morir en tierra

extraña, sin que nadie le llore ni quien le depare una sepultura digna, lejos del panteón familiar,

era para los antiguos una grave desdicha. Para un sumo sacerdote era el colmo de la degradación

e ignominia. Tal fue la suerte del impío Jasón. Al vanagloriarse Jasón de la hecatombe de

sus connacionales, comenta el autor: “No tuvo en cuenta que una feliz jornada contra sus ciudadanos

es el mayor infortunio.”

Antíoco, en Jerusalén (5:11-16).

11 Llegados a noticia del rey estos sucesos, sospechó que la Judea quería rebelarse; y

así, al volver de Egipto hecho una furia, se apoderó de la ciudad por la fuerza de las

armas 12 y ordenó a los soldados herir sin piedad a los que les salieran al encuentro y

degollar a los que subiesen sobre las casas. 13 Así fueron muertos jóvenes y viejos,

fenecieron hombres y mujeres y niños, y fueron degollados doncellas y niños de pecho.

14 En tres días enteros que duró, perecieron ochenta mil personas; cuarenta mil

cayeron asesinadas, y otras tantas fueron vendidas por esclavos. 15 No satisfecho con

esto, se atrevió a entrar en el templo, el más santo de toda la tierra, siendo su guía el

traidor a la religión y a la patria, Menelao. 16 Con sus impuras manos tomó los vasos

sagrados, y arrebató los dones que por otros reyes habían sido ofrecidos para realzar

la gloria y la dignidad del lugar, entregándolos a manos impuras.

No habiendo salido a su gusto las operaciones de Egipto, descargó Antíoco todo su furor contra

la indefensa ciudad de Jerusalén. De regreso a Siria, torció hacia la ciudad santa para ahogar la

insurrección que, según fuentes seléucidas, se había fraguado allí. Al asesinato en masa siguió la

expoliación del templo, en donde entró con desfachatez acompañado del sumo sacerdote Menelao.

El número de muertos es excesivo, y puede explicarse por el carácter simbólico del número,

por una hipérbole o por corrupción del texto.

Castigo de Dios (5:17-20).

17 Llena el alma de orgullo, Antíoco no veía que, por los pecados de los moradores de

la ciudad, el Señor se había por breve tiempo irritado, y por esto había ocurrido

aquel desacato hacia el lugar. 18 Si no hubiese sido por estar ellos cargados de tantos

pecados, igual que Heliodoro, el enviado del rey Seleuco, para apoderarse del tesoro,

hubiera éste sentido, en cuanto allí puso el pie, reprimida su audacia por los azotes.

19 Pero no eligió el Señor por el lugar, sino el lugar por la nación; 20 por lo cual,

aquél ha tenido que participar de la desdicha del pueblo, así como después participó

en los beneficios del Señor, y, abandonado a la cólera del Omnipotente, de nuevo ha

sido restaurado con gran gloria en la reconciliación del altísimo Señor.

El autor sagrado sale al paso de una objeción que se le podría hacer: ¿Por qué Dios, que castigó

tan severamente a Heliodoro (3:14-4), permanece impasible en el momento presente? Ciertamente,

Dios no interviene ahora, porque ha escogido a Antíoco como instrumento para castigar los

pecados de su pueblo. También en tiempos de Heliodoro existían pecadores, pero no era tan

grande la irreligión como ahora. Entonces un sumo sacerdote legítimo y digno prestaba sus ser1593

vicios en el templo; ahora es intruso el que ejerce las sagradas funciones, y gran parte del pueblo

le sigue fielmente. El castigo es bien merecido. Falsamente creían los judíos que el templo era

inviolable (Jer 7:1-15). El templo no es en sí mismo un fin, sino un medio para conseguir un fin

superior. Si por sus pecados el pueblo se hace indigno de él, puede Dios privarle del santuario,

que sigue los destinos del pueblo judío. Dios se ha apiadado de su pueblo, y el templo ha sido

restaurado con gran alegría (7:33; 8:29).

Antíoco regresa a Siria (5:21-23).

21 En suma, que Antíoco, habiendo arrebatado del templo mil ochocientos talentos, a

toda prisa se retiró a Antioquía, pensando, en su orgullo, que podría navegar por la

tierra y andar por el mar, para vanagloria de su espíritu. 22 Todavía dejó prefectos

que afligieron a la nación en Jerusalén, a un tal Filipo, frigio de nación, más cruel

que el mismo que lo había puesto; y en Garizim, a Andrónico. A los cuales hay que

añadir Menelao, que a todos excedió en maldad contra sus conciudadanos 23 y era el

que peores sentimientos tenía hacia sus compatriotas.

Después de una reflexión teológica, cuenta el autor que Antíoco marchó a Siria con un botín valorado

en casi dos millones de pesetas. Para que no se repitiera otro intento de rebelión, dejó en

Jerusalén una guarnición mandada por el frigio epistates, o gobernador, Filipo (6:11; 8:8). Como

tropa de refuerzo estacionó otra guarnición en Garizim, al mando de Andrónico, distinto del que

se habló en 4:38. Peor que todos ellos era Menelao.

Acción de Apolonio (5:24-27).

24 Más tarde envió todavía Antíoco al abominable Apolonio con un ejército de veintidós

mil hombres, con órdenes de degollar a todos los adultos y vender a las mujeres

y a los jóvenes. 25 Llegó éste a Jerusalén simulando paz, y hasta el día santo del

sábado se estuvo quieto. Entonces, mientras los judíos estaban en la fiesta, dio órdenes

a sus soldados de hacer ejercicios, 26 y mató a todos cuantos salieron a contemplarlos,

e invadiendo luego la ciudad, dio muerte a una gran muchedumbre. 27 Pero

Judas Macabeo, con otros nueve, se retiró al desierto, y con los suyos vivía, a la manera

de las fieras, en los montes, alimentándose de hierbas por no contaminarse.

Sin enlazar los datos cronológicos acumula el autor hechos sobre las calamidades que sobrevinieron

a Jerusalén. La profecía de Daniel 11:30-33 estaba a punto de cumplirse. Pero también

dejaba entrever el profeta (11:34) la salvación, que vendría con Judas Macabeo (1 Mac 2:4), que

se escondió en lugares desérticos para no contaminarse con las impurezas de las ciudades. Mientras

en éstas se comían carnes inmoladas a los ídolos, él y otros se alimentaban de hierbas (10:6).

Persecución religiosa y cultos paganos (6:1-11).

1 No mucho tiempo después mandó el rey a un anciano ateniense para que obligara

a los judíos a dejar la religión de sus padres, prohibiéndoles vivir según las leyes de

Dios; 2 y con orden de que profanara el templo de Jerusalén y lo dedicara a Júpiter

Olímpico, y el de Garizim, según la condición de los moradores del lugar, a Júpiter

Hospitalario. 3 Grave e insoportable era para la muchedumbre el progreso de la

maldad; 4 porque el templo era teatro de libertinajes y orgías de los gentiles, que se

1594

solazaban allí con las meretrices y en los atrios sagrados tenían comercio con las

mujeres, llenándolo todo de inmundicias. 5 El altar mismo estaba lleno de cosas indecentes,

execradas por la Ley. 6 No se observaban los sábados, ni se guardaban las

fiestas patrias, ni siquiera podía uno declararse judío. 7 Al contrario, con inexorable

violencia eran arrastrados a celebrar cada mes el natalicio del rey y a participar en

los sacrificios; y cuando se celebraban las fiestas de Dionisio, eran forzados los judíos

a tomar parte en las procesiones coronados de hiedra.8 Por sugestión de los tolemenses,

se publicó un edicto en las ciudades griegas inmediatas, para obrar de igual

modo con los judíos, obligándolos a participar en los sacrificios 9 y condenando a

muerte a los que no consintiesen en acomodarse a las costumbres gentílicas. Era de

ver qué excesos de desolación tuvieron entonces lugar. 10 Dos mujeres fueron delatadas

por haber circuncidado a sus hijos, y, con los niños colgados de los pechos, las

pasearon por la ciudad y luego las precipitaron de las murallas. 11 Otros que se

habían reunido en próximas cavernas para celebrar ocultos el día séptimo, denunciados

a Filipo, fueron entregados a las llamas. Ni pensaron en defenderse, por el

sumo respeto hacia el día santo.

De Antíoco había emanado un decreto (1 Mac 4:43-64) obligando a todos a regirse por las leyes

y cultura griegas. Para que la orden se cumpliera, puso en ciudades estratégicas observadores

(epískopoi) encargados de denunciar a los recalcitrantes. En nuestro texto se dice que el rey

mandó a un geronta athenaion. Quiso Antíoco que fuera un ateniense el que infundiera a los jerosolimitanos

el helenismo más puro. El Dios de los judíos debía ceder su puesto a Júpiter,

bajo el doble título de Olimpo y Hospitalario. En adelante, en Jerusalén, el antiguo nombre de

Yahvé será suplantado por el de Zeus Olímpico. Los samaritanos, que habían levantado sobre

el Garizim un templo rival al de Jerusalén, solicitaron de Antíoco concediera a su templo el título

de Júpiter Hospitalario 1. En el texto griego se da a Júpiter de Garizim el sobrenombre de enios, o

bien porque su misión consistía en velar por los extranjeros o por aludir al origen extranjero de

los samaritanos (2 Re 17:24).

El venerable ateniense cumplió su misión a las mil maravillas. En el templo de Jerusalén

se repetían escenas que recordaban los cultos sexuales cananeos (2 Re 23:7). Se introducía en el

recinto sagrado toda suerte de inmundicias: carnes impuras, bebidas, vestidos sin lavar, vajilla

contaminada, etc. Sobre el altar sacrificáronse cerdos, según testimonio de Diodoro (39:1:4). Los

sábados no se observaban (1 Mac 1:45-51). Cada mes los judíos eran constreñidos a celebrar el

natalicio del rey, participar en los sacrificios que se inmolaban con este motivo y comer sus carnes.

De esta conmemoración mensual, que algunos (Ürimm, Wilrich) habían puesto en duda, se

han encontrado pruebas fehacientes de su celebración en Egipto, Comagene y Pérgamo desde el

siglo III a.C. hasta los tiempos de Adriano 2.

Era Dionisio el más popular de los dioses. En su honor se organizaba una procesión, a la

que asistían sacerdotes, magistrados, efebos, etc. Las canéforas, que llevaban en sus cestas toda

suerte de primicias y víctimas, figuraban en el cortejo. La efigie del dios iba en sitio de honor

rodeada de sátiros y bacantes. En muchos sitios era considerado como delito mantenerse sobrio

en estas fiestas 3. Plutarco4 relaciona esta fiesta con la de los Tabernáculos. Los judíos helenistas

de Palestina introdujeron en ésta costumbres licenciosas importadas del helenismo.

Ruego del autor (6:12-17).

12 Por esto ruego a aquellos a cuyas manos venga a parar este libro que no se escan1595

dalicen de estos desdichados sucesos, ni piensen que para ruina y no para corrección

de nuestro linaje sucedieron tales cosas. 13 Que no dejar mucho tiempo impunes a

los pecadores, sino aplicarles luego el castigo, es gran beneficio. 14 El Señor aguanta

con paciencia a las otras naciones, para castigarlas cuando han llenado la medida de

sus iniquidades. 15 Mas no obra así con nosotros, que sólo cuando hayamos llegado

al colmo de nuestros pecados ejerce la venganza. 16 Nunca apartará su misericordia

de nosotros; y corrigiendo a su pueblo con la adversidad, no le abandona, 17 sólo para

memoria hemos dicho esto. Ahora prosigamos nuestra narración.

Tantos males abatidos sobre Israel podían despertar la idea de que Dios habíase desentendido

de su pueblo, abandonándolo a su propia suerte. Al contrario, dice el autor, Dios, al que ama,

castiga (7:33). A los judíos les castiga por sus pecados, con lo cual demuestra interés por ellos y

un deseo ardiente de que se conviertan y vivan.

Martirio de Eleazar (6:18-31).

18 A Eleazar, uno de los primeros doctores, varón de avanzada edad y noble aspecto,

abriéndole la boca, querían forzarle a comer carnes de puerco. 19 Pero él, prefiriendo

una muerte gloriosa a una afrentosa vida, iba de su propia voluntad al suplicio, 20

y la escupía, como han de hacer los que tienen valor para rechazar de sí cuanto no es

lícito comer por amor a la vida. 21 Los que presidían el inicuo sacrificio, por la amistad

que de antiguo tenían con aquel varón, tomándole aparte, le exhortaban a traer

cosas de las permitidas, preparadas por él, para simular que había comido las sacrificadas,

según mandato del rey. 22 Haciendo así se libraría de la muerte, y por la antigua

amistad hacían con él este acto de humanidad. 23 Pero él, elevándose a más altas

consideraciones, dignas de su edad, de la nobleza de su vejez, de su bien ganada y

respetada canicie y de la ejemplar vida que desde niño había llevado, digna en todo

de las leyes santas establecidas por Dios, respondió diciendo que cuanto antes le enviasen

al Ades; 24 que era indigno de su ancianidad disimular, no fuera que luego

pudiesen decir los jóvenes que Eleazar, a sus noventa años, se había paganizado con

los extranjeros. 25 “Mi simulación — dijo — por amor de esta corta y perecedera vida,

los induciría a error, y echaría sobre mi vejez una afrenta y un oprobio; 26 pues

aunque al presente lograra librarme de los castigos humanos, de las manos del Omnipotente

no escaparé ni en vida ni en muerte, 27 Por lo cual animosamente entregaré

la vida y me mostraré digno de mi ancianidad, 28 dejando a los jóvenes un ejemplo

noble, para morir valiente y generosamente por nuestras venerables y santas leyes.”

Diciendo esto, tomó el camino del suplicio, 29 conducido por aquellos mismos

que poco antes se mostraban humanos para con él, pero que ahora, enfurecidos a

causa de las palabras proferidas, le azotaban, teniéndolo por insensato. 30 Estando

para morir de los azotes, exhaló un gemido y dijo: “El Señor santísimo ve bien que,

pudiendo librarme de la muerte, doy mi cuerpo a los crueles azotes; pero mi alma

los sufre gozosa por el temor de Dios.” 31 Así acabó la vida, dejando con su muerte,

no sólo a los jóvenes, sino a todos los de su nación, un ejemplo de nobleza y una

memoria de virtud.

Era Eleazar un anciano de noventa años, al que forzaron para que comiese carne de cerdo (Lev

11:7) o simulara comerla. Al negarse a lo uno y a lo otro, lo sometieron al suplicio del tímpano,

1596

consistente en una rueda o cruz a la que se sujetaba al ajusticiado, quebrándosele los huesos

(Hebr 11:35). No pudiendo Eleazar acercar sus manos a la boca por tenerlas sujetas con hierros a

la cruz, escupía la carne porcina que le introducían en la boca. El autor sagrado no describe su

muerte, que Jasón contaba acaso largamente, pero recoge los últimos momentos del mártir, por

constituir un testimonio de su fe en Dios y de respeto hacia la ley de sus padres. Judíos y cristianos

han admirado y exaltado el valor de Eleazar. El libro IV de los Macabeos, capítulos 5-7,

cuenta ampliamente su vida y muerte. San Juan Crisóstomo le llama “protomártir del Antiguo

Testamento” (In sanctos Machabaeos hom.3: PG 50,627); San Gregorio y San Ambrosio afirman

que fue el maestro de los siete hermanos Macabeos.

1 Ant. lud. 12:50:58; Contra Ap. 2:48.

2 A. Momjgliano, I Tobiadi nella preistoria del moto maccabaico: “Atti della R. Accade-mia delle Scienze

de Torino.” 67 (1932) 165-200,

3 Algunos autores (Moffat) distinguen dos tradiciones en el relato y atribuyen al compendiador la tarea de

adornar el texto con noticias sacadas de otras fuentes. Todas estas conjeturas no tienen punto de apoyo,

ya que faltan otros testimonios fidedignos. Véanse en Abel las interpretaciones dadas a este episodio por

el autor del cuarto libro de los Maca-beos, c.1, por Le Syncelle y Ben Gorion. Un estudio más amplio de

esta sección en E. J KERMANN, Héliodore au temple de Jérusalem: “Annuaire de l'Instftut de fhilologie

& d'His-toire Orientales et Slaves,” 7 (1939-1944) 5-40.

1 Dictionnaire des Antiquités, s.v.

2 heródoto, 3:64; dtodoro, 30,7:2.

3 estrabón, 15:2:6.

4 Diodoro, 30,7:23; Juan De Antioquía, Fragm. 58. Véase C. Müuler, Fragmenta Hijos graecorum, 4 (París

1861)

5 Cicerón, In Verrem 2:5:150; Jn Pis. 8:18: “Quis hoc fecit ulla in Scythia tyrannus, ut eos, quos luctu afficeret,

lugere non sineret?”

1 Appiano, 4:4; Plinio, Natur. Hist. 2:56; Tito Livio, Ep. 2:42; 3:10; 24:44; 37:3; Tácito, Hist. 5:13; Flavio

Josefo, Bell. Lud. 6:5:3. Véase También San Gregorio Magno; PL 76:1078.

1 Flavio Josefo, Ant. lud. 12:5:5.

2 E. Schürer, Zu II Mace. 6:7, monatliche Geburtstagsfeier: “Zeistchnft für-neuttesta-mentliche Wissenschaft,”

2 (1901) 48-52.

3 Luciano, Calumníete non temeré credendum 16.

4 Quaestionum convivalium 4:6:1; Tácito, Hist. 5:5.

Martirio de los siete hermanos con su madre (c.7).

No solamente los ancianos, sino también los jóvenes supieron morir en defensa de la Ley.

Esto es lo que trata de demostrar el hagiógrafo al describir brevemente lo que el autor del IV de

los Macabeos ha tratado en dieciséis capítulos. El autor sagrado ha compuesto este capítulo more

rethorum facundo sermone 1, y no con la finalidad de someter a la criba de la crítica los detalles

que en él se mencionan. Difícil es precisar qué partes son propias del que resume y cuáles son las

que proceden de Jasón o de otros documentos. El que sean siete los mártires ha contribuido a que

los críticos pongan en tela de juicio este detalle numérico. San Cipriano relaciona este número

con el de los siete espíritus, siete ángeles que están ante el trono de Dios, siete brazos del

candelabro, siete candelabros del Apocalipsis, las siete columnas de Salomón, las siete mujeres

en Isaías, las siete iglesias, etc. En 4 Mac 14:7 se dice: “¡Oh santo número de los siete hermanos

tan unidos entre sí! Porque de la misma manera que los días de la creación del mundo forman un

círculo piadoso, de la misma manera lo hacen en torno al número siete los jóvenes que han vencido

el temor a los suplicios.” No se sabe cuándo los hermanos Macabeos fueron martirizados;

no puede solucionar la cuestión el hecho de que se hable del rey. Todos los autores convienen en

1597

considerar el relato como obra maestra. Desde el principio al fin crecen de intensidad los tonos

de la conmoción; aumenta la tensión por razón de las circunstancias, de las palabras de los mártires,

de las amenazas del tirano. La antigüedad cristiana celebró la fiesta de su martirio, que, según

una antigua tradición, tuvo lugar en Antioquía. Llámanse Macabeos por hablar de ellos el

libro que lleva este nombre.

Muere el primero de los hermanos (7:1-6).

1 Es muy digno de memoria lo ocurrido a siete hermanos que con su madre fueron

presos, y a quienes el rey quería forzar a comer carnes de puerco prohibidas, y por

negarse a comerlas fueron azotados con zurriagos y nervios de toro.2 Uno de ellos,

tomando la palabra, habló así: “¿A qué preguntas? ¿Qué quieres saber de nosotros?

Estamos prontos a morir antes que traspasar las patrias leyes.” 3 Irritado el rey, ordenó

poner al fuego sartenes y calderos. Cuando comenzaron a hervir, 4 dio orden

de cortar la lengua al que había hablado y de arrancarle el cuero cabelludo, a modo

de los escitas, y cortarle manos y pies a la vista de los otros hermanos y de su madre.

5 Mutilado de todos sus miembros, mandó el rey acercarlo al fuego y, vivo aún, freírle

en la sartén. Mientras el vapor de ésta llegaba bastante a lo lejos, los otros, con la

madre, se exhortaban a morir generosamente, 6 diciendo: “El Señor Dios nuestro

nos mira y tendrá compasión de nosotros, como lo dice Moisés en el cántico de protesta

contra Israel: Tendrá piedad de sus siervos.”

No es probable que en su martirio interviniese el rey personalmente; su presencia es más bien

moral. Para rebajar la moral del joven y quebrantar su entereza se le azotó con zurriagos y nervios

de toro (Act 22:24). Se le somete al tormento utilizado entre los escitas, consistente en

arrancar el cuero cabelludo a los condenados a muerte 3. En boca de los hermanos y de la madre

aparecen palabras del Deut 32:36, dándoseles un sentido más profundo del que tienen en el original.

Martirio de otros cinco (7:7-19).

7 Muerto de esta manera el primero, tomaron al segundo para atormentarle. Y,

arrancando el cuero cabelludo, le preguntaron si estaba dispuesto a comer antes de

ser atormentado en su cuerpo miembro por miembro. 8 El, en su propia lengua, respondió:

“¡No!” Por lo cual en seguida se le dio el mismo tormento que al primero.9

Estando para exhalar el postrer aliento, dijo: “Tú, criminal, nos privas de la vida

presente; pero el Rey del universo nos resucitará a los que morimos por sus leyes a

una vida eterna.” 10 Después el tercero fue expuesto a los insultos, y mandándole sacar

la lengua, luego al punto la sacó, 11 y animosamente extendió las manos, diciendo:

“Del cielo tenemos estos miembros, que por amor de sus leyes yo desdeño, esperando

recibirlos otra vez de El.” 12 Tanto el rey como los que con él estaban se maravillaron

del animoso joven, que en nada temía los tormentos. 13 Muerto éste, sometieron

al cuarto a las mismas torturas; 14 y estando para morir, dijo así: “Más vale

morir a manos de los hombres, poniendo en Dios la esperanza de ser de nuevo resucitado

por El. Pero tú no resucitarás para la vida.” 15 En seguida trajeron al quinto,

que mientras le atormentaban, puestos los ojos en el rey, 16 le dijo: “Tú, aunque

mortal, por tener poder sobre los hombres, haces lo que quieres; pero no pienses

que nuestro linaje haya sido abandonado de Dios. 17 Aguarda un poco, y experimen1598

tarás su gran poder, y verás cómo te atormentará a ti y a tu descendencia.” 18 Después

trajeron al sexto, que, estando ya para morir, dijo: “No te hagas ilusiones; por

nuestras culpas padecemos esto; por haber pecado contra nuestro Dios han sucedido

entre nosotros cosas tan tremendas. 19 Pero tú no creas que quedarás impune por

haber osado luchar contra Dios.”

Al segundo empiezan por arrancarle el cuero cabelludo para obligarle a apostatar. En su lengua

materna — que acaso sea el arameo —, dio un ¡No! rotundo a los que tal infamia le proponían.

Como el primero, habla antes de exhalar su espíritu y manifiesta su fe de que Dios resucitará para

la vida eterna a los que mueren por El. Este sentimiento de la resurrección, comenta San

Agustín, aparece tan diáfano en la respuesta de estos santos mártires, que puede decirse que eran

cristianos por su fe y por su constancia. El tercero maravilló a todos por su intrepidez. El cuarto

manifiesta su fe en la resurrección “a una vida eterna,” favor que no se concederá al rey. Más

explícito se muestra el quinto al preconizar que el Dios de los judíos atormentará a Antíoco y

a su descendencia. Parece que alude a una muerte ignominiosa del rey y de sus descendientes, lo

que se cumplió con el tiempo. Antíoco murió de muerte miserable; su hijo Eupator fue asesinado

(1 Mac 7:4); a Alejandro Bala, presunto hijo del monarca Epifanes, le fue cortada la cabeza por

un árabe (1 Mac 11:17). El sexto hermano confiesa que los pecados de los judíos han desencadenado

esta persecución, que tiene el carácter de prueba temporal momentánea (6:12-17); pero no

escapará por ello Antíoco al castigo que Dios reserva al que eligio como instrumento de su

justicia.

Una madre intrépida (7:20-23).

20 Admirable sobre toda ponderación y digna de eterna memoria se mostró la madre,

que, viendo morir en un solo día a sus siete hijos, lo soportaba animosa, por la

esperanza que tenía en Dios; 2I y en su patria lengua los exhortaba, llena de generosos

sentimientos, y, dando fuerza varonil a sus palabras de mujer, 22 les decía: “Yo

no sé cómo habéis aparecido en mi seno, no os he dado yo el aliento de vida ni compuse

vuestros miembros. 23 El creador del universo, autor del nacimiento del hombre

y hacedor de las cosas todas, ése misericordiosamente os devolverá la vida si

ahora por amor de sus santas leyes la despreciáis.”

Nótese el lenguaje escogido y las profundas ideas que expresa la madre de los Macabeos, impropios

de su sexo y de su cultura.

La madre adoctrina a su pequeño (7:24-29).

24 Antíoco, a pesar de creer que se burlaba de él y de sospechar que con sus palabras

le insultaba, todavía al más joven que quedaba, no sólo de palabra le exhortaba, sino

que hasta con juramento le prometía, si dejaba las leyes patrias, enriquecerle y

hacerle dichoso, tenerle por amigo y darle un honroso empleo. 25 Mas, como el joven

no le prestase atención alguna, llamó el rey a la madre y la mandó que diese al niño

consejos saludables. 2Ó Como insistiese él mucho en ello, prometió ella persuadirle;

27 e inclinándose hacia el niño, burlándose del cruel tirano, en lengua patria le dijo

así: “Hijo, ten compasión de mí, que por nueve meses te llevé en mi seno, que por

tres años te amamanté, que te crié, te eduqué, te alimenté hasta ahora. 28 Ruégote,

hijo, que mires al cielo y a la tierra, y veas cuanto hay en ellos, y entiendas que de la

1599

nada lo hizo todo Dios, y todo el humano linaje ha venido de igual modo. 29 No temas

a este verdugo, antes muéstrate digno de tus hermanos y recibe la muerte, para que

en el día de la misericordia me seas devuelto con ellos.”

No entendía Antíoco lo que la madre profería en lengua aramea, pero sospechó que se burlaba de

él. Sin embargo, no se airó contra ella, por considerar que de todo es capaz una madre a la que de

golpe le arrebaten siete hijos. Trató de ganar al pequeño con promesas cuyo alcance no podía

comprender el niño. Ni siquiera estaba capacitado para entender la lengua griega. En arameo

adoctrinó la madre a su hijo acerca del origen de todo cuanto existe. No quiere decir el texto que

amamantara a su hijo durante tres años, sino significar que durante este tiempo es extraordinario

el sacrificio de una madre para sus hijos. Habla ella a su pequeño un lenguaje elevado, recordándole

que Dios no creó los seres de algo existente, sino ex ouk onton, de lo que no existía, concepto

que expresamos diciendo que Dios creó todo de la nada, ex nihilo sui et sabiecti. Acaba su exhortación

con el pensamiento de que, si Dios crea todas las cosas de la nada, ex nihilo, tiene también

poder para crear de nuevo, por así decir, al hombre para una vida eterna.

Mueren madre e hijo (7:30-42).

30 Estando aún explicándole esto, dijo el joven: “¿Qué esperas? No obedezco el decreto

del rey, sino los mandamientos de la Ley, dada a nuestros padres por Moisés.

31 Tú, inventor de toda maldad contra los hebreos, no escaparás a las manos de Dios.

32 Nosotros por nuestros pecados padecemos, 33 y si nuestro Señor, que es el Dios vivo,

se irrita por un momento para nuestra corrección, de nuevo se reconciliará con

sus siervos; 34 pero tú, impío, el más criminal de los hombres, no te engrías neciamente

y, orgulloso y vanamente confiado, te enciendas contra sus siervos; 35 no estás

aún libre del juicio del Dios omnipotente, que todo lo ve. 36 Mis hermanos, después

de soportado un breve tormento, beben el agua de la vida eterna en virtud de la

alianza de Dios; pero tú pagarás en el juicio divino las justas penas de tu soberbia. 37

Yo, como mis hermanos, entrego mi cuerpo y mi vida por las leyes patrias, pidiendo

a Dios que pronto se muestre propicio a su pueblo, y que tú, a fuerza de torturas y

azotes, confieses que sólo El es Dios. 38 En mí y en mis hermanos se aplacará la cólera

del Omnipotente, que con encendida justicia vino a caer sobre toda nuestra raza.”

39 Furioso el rey, se ensañó contra éste con más crueldad que contra los otros,

llevando muy a mal la burla que de él hacía. 40 Así murió limpio de toda contaminación,

enteramente confiado en el Señor. 41 La última en morir fue la madre. 42 Y esto

baste a propósito de los sacrificios y de los martirios extraordinarios.

El último Macabeo recapitula los conceptos teológicos que sus hermanos manifestaron individualmente

al morir. Al rey le amenaza para el futuro con un juicio severo por parte de Dios, en

tanto que a los mártires les espera una vida eterna. En el ¥.36 extiende su pensamiento fuera de la

familia y llama nuestros hermanos a todos los judíos que sufren persecución por la justicia. Acaba

el muchacho su profunda disertación teológica con una nueva idea relativa al valor expiatorio

del sufrimiento en favor del prójimo.

La Iglesia conservó la memoria de los siete mártires Macabeos y de su madre. Sus reliquias

se veneraban en tiempos de San Jerónimo en Antioquía 4, en donde contempló su sepulcro

Antonino de Placencia5. Más tarde, parte de sus reliquias se depositaron en la iglesia de San Pedro

ad Vincula, en Roma, y otra fue transportada a Colonia, probablemente en tiempos de Barba1600

rroja.

Judas en acción (8:1-7).

1 Entre tanto, Judas Macabeo y los suyos, entrando secretamente en las aldeas, invitaban

a sus parientes y a los que habían permanecido fieles al judaismo, y se les incorporaban,

llegando a juntar hasta seis mil hombres; 2 e invocaban al Señor para

que mirase por su pueblo, de todos conculcado; tuviese piedad del templo, profanado

por impíos; 3 se compadeciese de la ciudad, devastada y casi enteramente arrasada;

escuchase los torrentes de sangre que a él clamaban; 4 se acordase de la inicua

muerte de niños inocentes y de las blasfemias proferidas contra su nombre y mostrase

su ira contra los malvados. 5 Puesto el Macabeo al frente de su tropa, se hizo

irresistible a los gentiles, volviendo el Señor su cólera en misericordia. 6 Llegando de

improviso a las ciudades y aldeas, las incendiaba; y ocupando posiciones convenientes,

triunfaba y ponía en huida a no pocos enemigos. 7 Sobre todo aprovechaba la

noche, como más acomodada para tales incursiones, y por todas partes se difundía

la fama de su valor.

En 5:27 dijo el autor que su héroe, con otros nueve, se retiró al desierto, no para permanecer

ocioso, sino para organizar una resistencia capaz de enfrentarse con los enemigos del judaismo.

La aparición de Judas y sus primeros éxitos es una muestra de que Dios ha cambiado su cólera

en misericordia, gracias a la vida de perfecto israelita que llevaba Judas en el desierto y

por el celo puesto en salvar a Israel del paganismo.

Planes de Nicanor (8:8-11).

8 Viendo Filipo cuánto había progresado aquél en poco tiempo y cómo iban creciendo

sus éxitos, escribió a Tolomeo, general de la Gelesiria y Fenicia, para que viniese

en apoyo de los negocios del rey. 9 Este llamó al instante a Nicanor, hijo de Patroclo,

uno de sus más fieles, y le mandó a Judea, poniendo bajo su mando no menos de

veinte mil hombres de todas las naciones, con el encargo de destruir todo el linaje de

los judíos. También se le agregó Gorgias, general muy experimentado en las cosas

de la guerra. 10 Se proponía Nicanor proporcionar al rey, de la venta de los judíos

cautivos, dos mil talentos, que debían a los romanos como tributo, n y así envió a las

ciudades de la costa invitaciones para que viniesen a comprar esclavos judíos, prometiendo

darles noventa esclavos por talento. No presentía la venganza que el Omnipotente

iba a descargar sobre él.

En este texto desfilan ante el lector personajes que ya le son familiares: Filipo, frigio de origen

(5:22; 6:11), encargado de heleni-zar a Judea; Tolomeo, hijo de Dorimene (4:45), con el sobrenombre

de Macrón (10:12), partidario en un tiempo de Tolomeo VI Filometor, que le nombró

gobernador de Chipre, ocupando igual cargo en Celesiria y Fenicia al abrazar la causa de Antíoco

Epifanes (10:11-12; 1 Mac 3:38). De Nicanor se habla en 1 Mac 3:38, así como de Gorgias.

El papel preponderante que juega Gorgias en la batalla de Emaús, según el texto de 1 Mac, se

atribuye en el nuestro al cortesano Nicanor, por razón de que al autor del epítome le interesa poner

de relieve la acción de Dios contra este enemigo de Israel y preparar de este modo al lector

para que juzgue de la importancia que tiene para Israel el “Día de Nicanor” (15:36). Con el fin de

armonizar nuestro texto con 1 Mac 3:38, algunos lo interpretan en el sentido de que Tolomeo

1601

comunicó a Lisias, primer ministro, los éxitos de Judas. Lisias puso el asunto en manos de Tolomeo,

quien llevó consigo a Nicanor y a Gorgias. Diversas veces hemos aludido a la inmensa

carga económica que pesaba sobre los seléucidas.

Jadas arenga a sus tropas (8:12-21).

12 En cuanto llegó a oídos de Judas que Nicanor se había puesto en marcha, informó

a los suyos de la vida de aquel ejército. 13 Unos, acobardados y sin fe en la venganza

divina, se dieron a la huida, yéndose a otros lugares. 14 Otros vendían cuanto les

quedaba, rogando al Señor les librara del impío Nicanor, que los había vendido antes

de caer en sus manos, 15 si no por ellos, siquiera por la alianza con sus padres y

por su venerando y excelso nombre, que ellos llevaban. 16 Juntando el Macabeo su

gente, en número de seis mil, los exhortó a no acobardarse ante el enemigo ni tener

miedo de la muchedumbre de los gentiles que injustamente venían contra ellos, sino

a combatir valientemente, 17 teniendo ante los ojos el ultraje inferido por aquéllos al

lugar santo, la opresión de la ciudad escarnecida y la disolución de las instituciones

patrias. 18 Ellos, decía, vienen confiados en sus armas y en su valor; nosotros ponemos

la confianza en el Dios omnipotente, que puede con un solo ademán derribar a

los que vienen contra nosotros y al mundo entero. 19 Y trajo a la memoria las ayudas

prestadas a sus padres, lo de Senaquerib, en que ciento ochenta y cinco mil hombres

perecieron, 20 y la batalla dada en Babilonia contra los gálatas, en la que, entrando

en lucha ocho mil judíos y cuatro mil macedonios, y hallándose en grave aprieto, los

ocho mil derrotaron a un ejército de ciento veinte mil, gracias al auxilio del cielo, logrando

de aquella victoria grandes ventajas. 21 Con estos discursos los alentó, y estaban

prontos a morir por las leyes y por la patria.

La cobardía de algunos seguidores de Judas pone de relieve el valor y la fe inquebrantable de

éste. En confirmación de sus palabras adujo Judas ejemplos de la ayuda dispensada por Dios a

sus antepasados. Cita el caso concreto de Senaquerib (2 Re 19,35; 1 Mac 7:41) y el más reciente

de la batalla que tuvo lugar en Babilonia contra los gálatas 1. Se cree que el texto alude a la acción

de Antíoco III contra los mercenarios galos al servicio de Malón, sátrapa que se rebeló en la

Media el año 221 antes de Cristo, o a la de Antíoco Soter (281-261), que, según Appiano 2, mereció

el título que lleva por haber salvado el Asia Menor de la incursión de los gálatas. Muchos

de los soldados del rey seléucida eran de origen judío. La desproporción entre ambos ejércitos y

la victoria de los seis mil soldados de Judas sobre los ciento veinte mil sirios demuestra la intervención

decidida de Dios en la lucha.

Victoria sobre Nicanor (8:22-26).

22 Dividiendo su ejército en cuatro cuerpos, puso al frente de cada uno de ellos a sus

hermanos Simón, José y Jonatán, asignando a cada uno mil quinientos hombres. 23

A Eleazar le mandó leer el libro sagrado; dióles por santo y seña: “Auxilio de Dios”;

y tomando a su mando el primer cuerpo, cargó sobre Nicanor. 24Gracias a la ayuda

del Omnipotente, mataron más de nueve mil hombres, destrozaron la mayor parte

del ejército de Nicanor, obligando a los restantes a huir. 25 Se apoderaron, además,

de todo el dinero de los que habían venido con el propósito de comprarlos. Después,

habiéndolos perseguido largo trecho, 26 se volvieron, obligados por la hora, pues era

víspera del sábado, y por eso no continuaron la persecución.

1602

El texto cita a José entre los hermanos de Judas, lo que parece contradecir al texto de 1 Mac 2:3-

5. El mencionado José puede identificarse con el personaje de que se habla en 1 Mac 5:18.56; o

más bien, considerar su presencia en el texto como un error de los copistas, que escribieron José

en vez de Juan. Una vez enumerados los hermanos de Judas, independientemente de ellos, se cita

a Eleazar. Este nombre aparece en todos los manuscritos griegos, en tanto que los latinos llevan

unánimemente el de Esdras. Es muy probable que este Eleazar no sea el hermano de Judas, sino

un sacerdote encargado de leer algunos versículos del texto sagrado. En este libro, abierto al

azar, debía encontrarse el santo y seña del ejército de Judas, que por disposición divina fueron las

palabras “Auxilio de Dios,” de las dos raíces de las cuales se compone el nombre de Eleazar. La

costumbre de adoptar el ejército una palabra como consigna se conserva todavía hoy. De su uso

en la antigüedad dan fe Jenofonte (Anab. 1:8:17: Zeus soter kai nike) y Vegecio (3:5: Nobiscum

Deus). La operación vióse coronada por el éxito; el ejército de Nicanor sufrió cuantiosas pérdidas,

mayores de las que señala 1 Mac 4:15. El dinero, pronto para comprar a los judíos como esclavos,

cayó en poder de Judas.

Santificación del sábado (8:27-29).

27 Recogidas las armas de los enemigos y los despojos, celebraron el sábado, bendiciendo

de todo corazón al Señor y dándole gracias por haberlos en aquel día librado,

haciéndoles experimentar las primicias de su misericordia. 28 Pasado el sábado, repartieron

el botín con los que habían sufrido persecución, con las viudas y los huérfanos;

el resto se lo distribuyeron entre ellos y sus hijos. 29 Acabado esto, todos a una

hicieron oración, pidiendo al Señor misericordioso se reconciliase plenamente con

sus siervos.

Al término de la jornada y antes del sábado se recogieron las armas (1 Mac 4:23) y los despojos.

En el texto paralelo citado no se habla de la inminencia del día de sábado. Una vez santificado el

día sabático, los soldados se repartieron el botín. Un glosador de alma delicada y fina pudo introducir

en el texto la mención de las viudas y huérfanos.

Derrota de Báquides y de Timoteo (8:30-32).

30 En combates con las tropas de Timoteo y Báquides mataron más de veinte mil de

ellos, y valientemente se apoderaron de altas fortalezas y se hicieron dueños de muchos

despojos, compartiéndolos con los perseguidos, los huérfanos, las viudas y los

ancianos. 31 Las armas, recogidas cuidadosamente, las depositaron en sitios convenientes,

y el resto de los despojos los llevaron a Jerusalén. 32 Al filarca de los que venían

con Timoteo le quitaron la vida por ser hombre impísimo, que había afligido

mucho a los judíos,

Nos hallamos ante un fragmento desplazado de su contexto histórico. En vez de señalar la primera

campaña de Lisias (1 Mac 4, 27-35), de que nuestro autor hablará en el capítulo n, refiere el

fin de las hostilidades entre Judas, Timoteo y Báquides. Ni siquiera se indica el lugar donde se

enfrentaron los dos ejércitos, que por 1 Mac 4:1-22 sabemos que fue junto a Emaús. La acción de

que se habla aquí tuvo lugar después de la purificación del templo y antes del regreso triunfal de

Judas, vencedor en Galaad (1 Mac 5:28-55). Como hemos anotado repetidamente, falta en nuestro

libro la ordenación cronológica de los hechos. En el v.32 se lee el término filarca, que equi1603

vale a jefe de tribu o de clan. En Atenas se daba este título al comandante de un cuerpo de caballería.

Huida de Nicanor (8:33-36).

33 Mientras celebraban sus victorias en la capital de la patria, los que habían incendiado

las puertas sagradas, Calístenes y otros más se refugiaron en una casita, a la

que aquéllos pusieron fuego, recibiendo así éstos el merecido de su impiedad. 34 Y el

muy criminal Nicanor, que había traído a miles de mercaderes para la venta de los

judíos, 35 con la ayuda de Dios quedó humillado por los que despreció, y, despojado

de sus ricas vestiduras, a través de los campos, como esclavo fugitivo, llegó solo a

Antioquía, hondamente acongojado por la pérdida de su ejército. 36 y el que había

tomado a su cargo reunir de la venta de los judíos en Jerusalén el tributo para los

romanos, se hacía pregonero de que los judíos tenían un Dios que luchaba por ellos

y los hacía invulnerables, porque seguían las leyes dadas por El.

Difícil es determinar el sentido que el autor sagrado quiso dar al ν·33; Por existir gran anarquía

entre los códices. Tras un paréntesis, el texto se ocupa nuevamente de Nicanor y de sus planes

diabólicos, encaminados a reunir el dinero que debía pagarse a los romanos por la venta de los

judíos como esclavos. Pero recibió su castigo. Como Heliodoro, tuvo que regresar a su punto de

partida, Antioquía, humillado por aquellos a quienes quería vender como esclavos, viéndose

también constreñido a convertirse en vocero del Dios de los judíos.

1 Rayano Mauro, 7n J/ Moch. 7,

2 Ad Fortunatum n.

3 Heródoto, 4:64.

4 Onomasticon, ed. Lagarde, 172.

3 Itinerariwn; P. GEYER, Itinera Hierosolymitana' Csel 39:190.

1 J. levy, La victoire d'Antiochus I 5t/r les Galates. Ptolomé fils de Makron: “Mélan-ges H. Grégoire” (Bruselas

1950) 681-699.

2 Syriaca 66,

Muerte de Antíoco Epifanes (c.9).

A la serie de muertes violentas y trágicas de los enemigos de Dios no podía faltar la del

más impío de los emperadores seléucidas. Al autor sagrado no le impresionan las campañas gloriosas

de Antíoco por tierras de Oriente; al contrario, le molestan, y hace lo posible para ocultarlas

a los lectores, que deben formarse de él una idea sombría, conforme a la que se granjeó el

monarca por la persecución del pueblo judío y de su Dios. A él, como a todo perseguidor del judaísmo,

alcanzó de lleno la cólera divina, que dispuso providencialmente que el profanador del

templo de Jerusalén encontrara la muerte en un asalto frustrado contra un santuario. En 1 Mac 6,

1-16; 2 Mac 1:10-17 se refiere la muerte de Antíoco; a aquellos relatos sigue ahora un tercero. Si

otras versiones del hecho hubieran existido, seguramente que nuestro autor las habría recogido

en su libro. En todas las versiones de la muerte de Antíoco se hace hincapié en que fue una muerte

lenta, dolorosa, misérrima, acaecida en momentos en que estaba empeñado en recaudar fondos

para la economía del imperio. En los detalles, la diferencia entre las diversas tradiciones son

grandes. La inerrancia del autor sagrado queda a salvo por circunscribirse a transcribir en su libro

las distintas versiones que circulaban acerca de la muerte de Antíoco.

1604

Antíoco regresa de Persia (9:1-4).

1 Acaeció por aquel tiempo que Antíoco hubo de retirarse en desorden de Persia. 2

Había entrado en Persépolis con el propósito de saquear el templo y apoderarse de

la ciudad. Pero, alborotada la muchedumbre, corrió a las armas, obligándole a huir,

y, puesto en fuga por los naturales, hubo de emprender una retirada vergonzosa. 3

Hallándose cerca de Ecbatana, recibió noticia de las derrotas sufridas por Nicanor y

Timoteo, 4 y, encendido en cólera, meditaba vengar en los judíos la injuria de los

que le habían puesto en fuga. Con esto dio orden al conductor de su coche de avanzar

sin interrupción, apresurando la marcha, cuando se cernía ya sobre él el juicio

divino. Pues en su orgullo había dicho: “En cuanto llegue allí, haré de Jeru-salén un

cementerio de judíos.”

Hasta el presente, Antíoco había servido de instrumento de que se valió Dios para castigar los

pecados de su pueblo, pero ha llegado el momento de someterse al juicio divino. No pudo Antíoco

arrebatar los tesoros del templo de Nanea (1:13), por oponérsele airadamente los sacerdotes y

el pueblo. De Elimaida (1 Mac 6:1) quiso marchar directamente a Babilonia (1 Mac 6:4), pero la

idea de impresionar a los partos con un despliegue de fuerzas le obligó a dirigirse a Ecbatana,

capital de la Media. Montó en cólera al recibir noticias de las derrotas de Nicanor y Timoteo, jurando

vengarse de los judíos hasta convertir a Jerusalén en un cementerio del judaísmo.

Antíoco herido de muerte (9:5-10).

5 Pero el Señor, Dios de Israel, que todo lo ve, le hirió con una llaga incurable e invisible.

Apenas había terminado de hablar, se apoderó de él intolerable dolor de entrañas

y agudos tormentos interiores, 6 y muy justamente, puesto que había atormentado

con muchas y extrañas torturas las entrañas de otros. 7 Mas no por esto desistió

de su fiereza; lleno de orgullo y respirando fuego contra los judíos, dio orden

de acelerar la marcha. Mas sucedió que, en medio del ímpetu con que el coche se

movía, cayó de él Antíoco, y con tan desgraciada caída, que todos los miembros de

su cuerpo quedaron magullados. 8 El que con sobrehumana arrogancia se imaginaba

dominar sobre las olas del mar y pensaba poner en balanza la altura de los montes,

ahora, caído en tierra, era llevado en una litera, poniendo de manifiesto ante todos

el poder de Dios, 9 hasta el punto de manar gusanos el cuerpo del impío, y, vivo

aún, entre atroces dolores, caérsele las carnes a pedazos, apestando con su hedor al

ejército. 10 Y al que poco antes parecía coger el cielo con sus manos, nadie ahora le

quería llevar, por la intolerable fetidez.

Avanzaba Antíoco en su carroza real profiriendo amenazas y blasfemias contra los judíos. Dios

no dejó impune semejante altanería y le hirió con una llaga incurable e invisible, que es la enfermedad

propia del orgulloso, según Jeremías (15:18; 30:12-15). Al mal incurable se añadió una

caída, con el consiguiente magullamiento. El que se arrogaba honores divinos y pretendía igualar

el poder de Dios dominando las olas del mar (Is 51:15; Job 38:11) y poner en balanza las alturas

de los montes (Is 40:12), se ve humillado y tendido, impotente, sobre una litera, manando gusanos

de su cuerpo. No se excede Dios en el castigo contra Antíoco; su inmensa soberbia exigía un

castigo ejemplar y humillante. Se ha querido investigar la naturaleza de esta enfermedad, diciendo

unos que fue la helmenthiasis; pero las tentativas fracasan ante el estilo retórico del autor, que

1605

se esfuerza por encontrar en la enfermedad de Antíoco aquellos síntomas externos que en la

apreciación de los hombres son más nauseabundos y repelentes. Puede darse muy bien que la

enfermedad en sí fuese más benigna en la realidad que en el texto.

Palabras de dolor y arrepentimiento (9:11-17).

11 Herido así, comenzó a deponer su excesivo orgullo y a entrar dentro de sí mismo,

azotado por Dios con punzantes dolores. 12 No pudiendo él mismo soportar su hedor,

dijo: “Justo es someterse a Dios y que el mortal no pretenda en su orgullo igualarse

a El.” 13 y oraba el malvado al Señor, de quien no había de alcanzar misericordia, y

decía 14 que la ciudad santa, a la que antes a toda prisa quería llegar para arrasarla

y convertirla en un cementerio, la reedificaría y la declararía libre;15 que a los judíos,

a quienes antes no tenía por dignos de sepultura y cuyos hijos había de arrojar

en pasto a las fieras, los igualaría en todo con los atenienses; 16 que el templo santo,

por él saquea-do, lo enriquecería de los más preciosos dones y devolvería multiplicados

todos los vasos sagrados; que los gastos tocantes a los sacrificios, de sus propias

rentas los suministraría; 17 finalmente, que él mismo se haría judío y recorrería

toda la tierra habitada para pregonar el poder de Dios.

Reflexiona Antíoco, reconoce su culpa, alaba al Dios de Israel, que no le escucha por haber llenado

la copa de sus infidelidades. Vemos en las páginas viejotestamentarias que nunca Dios

vuelve su espalda al pecador que, arrepentido, se reconcilia con El; pero aquí el Dios de Israel

se muestra inflexible para con el enemigo número uno de su heredad. En su lecho de muerte

le asalta el recuerdo de todos los males que ha perpetrado contra Jerusalén y su templo y promete

repararlos con ventajas; pero es tarde; la hora de la justicia divina, del juicio divino, ha sonado

ya. Llega Antíoco al extremo de prometer que, si sana, se hará judío, con todas las consecuencias

que esta decisión traía consigo, obligándose a la observancia de la Torah y a circuncidar la carne

de su prepucio. Las buenas disposiciones que le animan superan a las que le atribuye Daniel

(4:31-34).

Carta a los judíos (9:18-25).

18 Mas como de ningún modo cesaban sus tormentos, porque el justo juicio de Dios

había descargado sobre él, desesperanzado de su salud, escribió a los judíos una carta

en forma de súplica, al tenor siguiente: 19 “A los honrados ciudadanos judíos, mucha

salud, dicha y bienestar, el rey y general Antíoco. 20 Puesta en el cielo mi esperanza,

me alegraría mucho de que gocéis de mucha salud, vosotros y vuestros hijos,

y de que todos vuestros negocios os salgan a deseo. 21 En cuanto a mí, postrado sin

fuerzas en el lecho, recuerdo las pruebas de honor y benevolencia que con amor me

habéis dado. Volviendo de Persia, he caído en una enfermedad muy molesta, y he

creído convemente pensar en la seguridad común, 22 no desesperando de mi estado,

antes confiando mucho que saldré de mi enfermedad, 23 y teniendo en cuenta que

también mi padre, al partir en campaña para las altas provincias, designó sucesor,

24 a fin de que, si algo inesperado le ocurría o les llegaban noticias desagradables, no

se inquietasen sus subditos, sabiendo a quién pertenecía el gobierno, 25 Pensando,

además, que los príncipes limítrofes y vecinos del reino acechan la ocasión en espera

de sucesos, he designado por rey a mi hijo Antíoco, a quien muchas veces ya, recorriendo

las satrapías superiores, recomendé a muchos de vosotros, y a él mismo le he

1606

escrito la carta que va a continuación.

Comprendió el rey que sus días estaban contados y que urgía asegurar el trono a su hijo Antíoco

Eupator contra las pretensiones de Demetrio. A este fin escribe una carta circular en forma de

súplica dirigida a los judíos en general, como si éstos tuvieran en sus manos las riendas del imperio.

Se duda de la autenticidad de la carta por creerse que no encaja con el texto anterior; por la

afirmativa se pronuncian historiadores de la talla de Meyer y Moffat. La carta está redactada en

estilo griego, con fraseología abundante. Junto al título de rey, Antíoco se llama también strategós,

cargo equivalente al de pretor en Roma. De documentos antiguos se desprende que Antíoco

Eupator fue asociado al reino a partir del año 173 antes de Cristo hasta el 178. El autor no reproduce

la carta que Antíoco mandó a su hijo, acaso por no tenerla a mano. En la carta debió el monarca

señalar los regentes del nuevo monarca, menor de edad, que fueron Lisias y Filipo (1 Mac

6:14-17).

Muere Antíoco (9:26-29).

26 Ad, pues, os pido y ruego que, teniendo en cuenta el bien común y el privado,

conservéis vuestra lealtad hacia mí y hacia mi hijo, 27 persuadido de que, siguiendo

con blandura y humanidad mis intenciones, se entenderá con vosotros.” 28 Así, aquel

homicida y blasfemo, presa de horribles sufrimientos, acabó su vida en tierra extranjera,

sobre los montes, con una muerte miserable, como la que él a tantos había

dado. 29 Transportó su cuerpo Filipo, su hermano, que, temiendo a Antíoco, el hijo,

huyó a Egipto, a Tolomeo Filometor.

El tono digno y moderado de las palabras que cierran la carta de Antíoco contrastan con los duros

epítetos de “homicida y blasfemo” con que el texto acompaña a Antíoco hasta el sepulcro. A

pesar de dar prisa al conductor de la carroza real, no llegó vivo a An-tioquía, muriendo en Tabe

1, en los alrededores de Ispahán, en los confines de Persia. Murió Antíoco dentro de los límites

de su imperio, pero fuera de su palacio. El lugar del deceso, según Estrabón, es un terreno montañoso

y a propósito para guarida de ladrones. Filipo se encargó de transportar su cadáver a Antioquía

(1 Mac 6:13) por haber sido nombrado tutor de su hijo y honrado con el título de “amigo”

del rey. Al llegar a la capital tuvo noticia de que Lisias defendía sus derechos de tutor y regente

que le había confiado Antíoco (1 Mac 3:32). Quiso Filipo que prevaleciera la última voluntad del

rey; pero, derrotado por Lisias (1 Mac 6:55-63), huyó a Egipto, refugio de todos los enemigos de

los seléucidas 2.

Purificación del templo (10:1-8).

1 El Macabeo y los suyos, con la ayuda del Señor, lograron ocupar el templo y la

ciudad. 2 Destruyeron las aras alzadas por los extranjeros en las plazas y los bosques

sagrados. 3 Después de dos años de interrupción, purificado el templo, erigieron otro

altar, y con fuego sacado de pedernales ofrecieron sacrificios; encendieron de nuevo

las luces, quemaron el incienso y presentaron los panes de la proposición. 4 Hecho

esto, rogaban al Señor, postrados en tierra, que no volvieran a caer en semejantes

males, sino que, si volvían a pecar alguna vez, El mismo los corrigiese con blandura

y no los entregase a los blasfemos y bárbaros gentiles. 5 El mismo día en que el templo

había sido por los extranjeros profanado, ese mismo fue purificado, el día veinticinco

del mes de Casleu. 6 Con gran regocijo celebraron por ocho días la fiesta, al

1607

modo de la fiesta de los Tabernáculos, recordando cómo poco tiempo hacía hubieron

de pasar la fiesta de los Tabernáculos en los montes y en las cavernas, a modo de

fieras. 7 Por lo cual, llevando tirsos, ramos verdes y palmas, cantaban himnos al que

los había favorecido hasta purificar su templo. 8 Y de común acuerdo dieron un decreto

a toda la nación judía de celebrar cada año las mismas fiestas.

El autor vuelve a enhebrar el hilo de la historia (8:33-36), que interrumpió con el relato de la

muerte de Antíoco. Lo que aquí se dice corresponde a la narración de 1 Mac 4:36-59, con la diferencia

de que, mientras en este último lugar se dice que el culto fue interrumpido por espacio de

tres años, en nuestro texto se habla de dos. Pero no cabe buscar en el libro II de los Macabeos

una cronología con exactitud matemática. El autor de nuestro texto conocía el relato existente

sobre este argumento (1 Mac 4:36-59; 2 Mac 1:8-19), por lo que pasa por alto muchos detalles y

menciona otros. Así, por ejemplo, da mucha importancia al fuego (1:18; 2:1) sagrado, que sacaron

de pedernales (Lev. 10:1; Núm 3:4). Para solemnizar la fiesta se adoptó el ceremonial vigente

en la fiesta de los Tabernáculos, con ocho días de duración. Con satisfacción comprueba

el autor sagrado que el templo, que Heliodoro intentó profanar (3:7-10), que Antíoco Epifanes

saqueó (5:15-21) y dedicó a Júpiter Olímpico (6:2), adquiere su carácter primitivo. La fiesta de la

purificación y dedicación del templo representa para el autor el triunfo del judaísmo sobre el paganismo

1.

1 Polibio, 20:10,

2 Macabeüs 10

2 Sobre la muerte de Antíoco: M. Halleux, La mort d'Antioche IV Epiphanes: “Revue des Etudes Anciennes,”

18 (1916) 77-102; M. Zerwíck, Respondetur interroganti: Quomodo in concordiam redigantur

quae de morte Antiochi IV Epiphanis in libros Mac. triplici modo nar-rantur: VD 19 (1939) 308-314;

M. Dagut, / Mac. and the Death of Antiochus IV Epiphanes; Jbl 72 (1953) I49-IS7.

2.Combates de Judas Macabro hasta el “Dia de Nicanor” (10:9-15:40).

Intrigas en Antioquía (10:9-13).

9 Tal fue el fin de Antíoco, apellidado Epifanes. 10 Ahora contaremos los sucesos de

Antíoco Eupator, hijo del impío, compendiando las calamitosas guerras. 11 Así que

se hizo cargo del reino, puso al frente del gobierno a un cierto Lisias, general en jefe

de la Celesiria y la Fenicia. 12 Tolomeo, llamado Macrón, que se había distinguido

por su amor a la justicia en el trato con los judíos, reparando las iniquidades que

con ellos se habían cometido, procuraba tratarlos amigablemente. 13 Mas por esto

fue denunciado por los cortesanos ante Eupator, y a cada instante tenía que oír que

le tachaban de traidor; pues habiendo dejado Chipre, que Filometor le había confiado,

se había pasado al bando de Antíoco Epifanes. Desesperado, viendo que no

podía desempeñar honrosamente su cargo, se envenenó.

Con satisfacción recuerda todavía el autor la muerte del impío. Su intención es narrar a continuación

algunos hechos sucedidos durante el reinado de Antíoco Eupator, “compendiando las calamitosas

guerras.” Filipo debió ceder a Lisias el puesto de preceptor del rey (1 Mac 6:55; 2 Mac

1608

9:29). Tolomeo Macrón buscaba en los judíos un punto de apoyo y de comprensión que no

hallaba entre sus rivales de Antioquía, que no veían con buenos ojos que un obrero de la hora de

nona ocupara el importante cargo de gobernador de Celesiria y de Fenicia. Macrón sirvió antes a

Tolomeo VI Filometor, a quien traicionó, entregando a Epifanes la isla de Chipre, de la que era

gobernador. Muerto su nuevo amo, quedó su conducta al descubierto, teniendo que soportar el

calificativo de traidor con que le motejaban sus correligionarios de la corte. Desesperado, se suicidó,

dejando con ello manos libres a los enemigos de los judíos.

Judas contra los idumeos (10:14-17).

14 Por entonces Gorgias, nombrado general de aquellas provinciales mantenían tropas

mercenarias y con frecuencia hostigaba a los judíos. 15 Al mismo tiempo que él,

los idumeos, dueños de fortalezas bien situadas, molestaban a los judíos, y, acogiendo

a los huidos de Jerusalen, procuraban fomentar la guerra. l6 Las tropas del Macabeo,

después de hacer oración y pedir a Dios que viniese en su ayuda, acometieron

las fortalezas de los idumeos; 17 y, atacándolas con vigor, se hicieron dueños de las

plazas, rechazaron a cuantos sobre los muros combatían, degollaron a cuantos cayeron

en sus manos y dieron muerte a no menos de veinte mil hombres.

En Palestina se encontraba el general Gorgias (1 Mac 3:38; 2 Mac 8:9) al frente de tropas mercenarias

encargadas de hostigar a los judíos. Por el sur presionaban los idumeos, aliados de los seléucidas,

que acogían a los tránsfugas judíos, disponían de fortalezas en la Idumea del Norte o

Acrabatana y en la Idumea del Sur. Con evidente exageración, señala el autor que el número de

idumeos caídos fue de unos veinte mil.

Venalidad de unos judíos (10:18-23).

18 Habiéndose refugiado unos nueve mil en dos torres muy fuertes y bien abastecidas

para resistir un largo asedio, 19 el Macabeo dejó, para mantener el cerco, a Simón, a

José y a Zaqueo, con bastante gente, y él se dedicó a luchar donde más urgencia

había. 20 Los de Simón, llevados de la avaricia, se dejaron comprar por dinero por

algunos de los que en las torres estaban, recibiendo setenta mil dracmas por dejarlos

escapar. 21 Sabido esto por el Macabeo, reunió a los jefes del pueblo y los acusó de

haber vendido a sus hermanos, dejando huir a sus enemigos, 22 y como a traidores

los hizo matar, apoderándose luego de las dos torres. 23 Dio feliz término a esta empresa,

matando a más de veinte mil en las dos fortalezas.

Mientras la Vulgata dice que algunos (quídam) se atrincheraron en dos fortalezas, el texto griego

señala el número de nueve mil, cifra hiperbólica. Simón es hermano de Judas (1 Mac 2:3); de

José se habla en 1 Mac 5:18-56; Zaqueo puede identificarse con Zacarías, padre de José (1 Mac

5:18). Por setenta mil dracmas, algunos soldados nacionalistas facilitaron la huida de algunos

idumeos sitiados en las fortalezas (v.18). Contra dos traidores se decretó un consejo de guerra; la

empresa acabó felizmente, matando a más de veinte mil entre las dos fortalezas. Este número

indica una vez más la concepción que el autor tiene de la historia. En efecto, ¿cómo pudieron

caer veinte mil hombres entre ambas torres, cuando en ellas habíanse refugiado solamente nueve

mil?

1609

Derrota y muerte de Timoteo (10,24-38).

24 Timoteo, el que antes había sido vencido por los judíos, juntó numerosa fuerza

mercenaria, y, reunida la caballería de Asia en buen número, vino con el propósito

de hacer la Judea presa de guerra. 25 Al acercarse, las tropas del Macabeo se volvieron

a Dios en oración, y, cubierta de polvo la cabeza y cenidos de saco los lomos, 26

se postraron al pie del altar, rogando a Dios que se les mostrase propicio a ellos y

hostil a sus enemigos, oponiéndose a los adversarios según las promesas de la Ley. 27

Terminada la oración, empuñaron las armas, salieron de la ciudad e hicieron alto

cuando estuvieron cerca del enemigo. 28 Antes que del todo amaneciera vinieron a

las manos; los unos tenían como prenda de feliz éxito y de victoria, a más de su valor,

el recurso a su Dios; los otros iban al combate llevados de su pasión. 29 En lo

más duro de la pelea se les aparecieron en el cielo a los adversarios cinco varones

resplandecientes, montados en caballos con frenos de oro, que, poniéndose a la cabeza,

de los judíos 30 y tomando en medio de ellos al Macabeo, le protegían con sus armas,

le guardaban incólume y lanzaban flechas y rayos contra el enemigo, que,

herido de ceguera y espanto, caía. 31 Mataron veinte mil quinientos, y de los jinetes,

seiscientos. 32 El mismo Timoteo huyó a la fortaleza llamada Gazer, plaza muy

guarnecida, donde mandaba Quereas. 33 Las fuerzas del Macabeo, llenas de ardor,

atacaron durante cuatro días la fortaleza. 34 Los de dentro, confiados en la fuerza

del lugar, los ultrajaban sin cesar y proferían palabras impías y jactanciosas contra

los asediantes. 35 Pero, al amanecer el quinto día, veinte jóvenes de los que seguían al

Macabeo, encendidos sus ánimos por las blasfemias, se lanzaron valerosamente a la

muralla y la escalaron con ánimo viril, matando a cuantos se oponían. 36 Y otros tras

ellos la escalaron igualmente en medio del desorden de los asediados, y, poniendo

fuego a las torres y a las puertas, encendieron hogueras, en que quemaron vivos a

los blasfemos. 37 Francas las puertas, penetró el resto del ejército, se apoderó de la

ciudad, dando muerte a Timoteo, que se había escondido en una cisterna; a su hermano

Quereas y Apolofanes. 38 Realizada esta hazaña, con himnos y alabanzas bendecían

al Señor, que tan grandes cosas hacía por Israel, dándoles tan gran victoria.

En todo este relato debe distinguirse entre las circunstancias históricas y la libertad que admite la

historia patética, con finalidades didáctico-religiosas. De Timoteo se habla en 8:30-32. Algunos

lo identifican con el personaje homónimo de 1 Mac 5:6ss, a lo que se opone la situación geográfica

de ambos relatos. En esta perícopa, Jasón de Cirene y su compilador demuestran que la ayuda

divina no faltó, manifestándose de manera visible y aparatosa (3:25; 5:3). Cinco ángeles, visibles

al enemigo e invisibles a los judíos, aparecieron en el aire protegiendo a Judas y disparando

flechas contra los enemigos. ¿Qué valor objetivo concede el autor sagrado a esta aparición?

Encontró él el relato en la obra de Jasón y la transcribió; ya hemos dicho en la introducción

que estas apariciones maravillosas formaban parte de la historia patética aun entre los historiadores

griegos y latinos. Es posible que fueran los enemigos los inventores de esta visión con el fin

de justificar su derrota. De su presencia no se enteraron los judíos. Timoteo huyó a Gazer, donde

mandaba su hermano Quereas.

Derrota de Lisias (11:1-12).

1 Muy poco tiempo después, Lisias, tutor del rey, pariente suyo y regente del reino,

1610

muy apesadumbrado por lo sucedido, 2 juntó alrededor de ochenta mil hombres y

toda la caballería, y vino contra los judíos, pensando hacer de la ciudad una población

griega, 3 someter el templo a tributo, como los santuarios gentiles, y hacer el

sumo sacerdocio vendible y anual, 4 sin tener para nada en cuenta el poder de Dios,

y muy pagado de los millares de sus infantes y caballos y de sus ochenta elefantes. 5

Entrando en Judea, se acercó a Betsur, plaza fuerte situada en un desfiladero y distante

de Jerusalén unos cinco estadios, y la atacó. 6 Así que los del Macabeo supieron

que Lisias estaba atacando la fortaleza, a una con la muchedumbre rogaban al

Señor, entre llantos y gemidos, que enviase un buen ángel para salvar a Israel. 7 El

mismo Macabeo, tomando sus armas, se adelantaba a los demás para ir en socorro

de sus hermanos; 8 y mientras con igual valor todos marchaban llenos de ardimiento,

cerca todavía de Jerusalén, se les apareció en cabeza un jinete vestido de blanco,

armado de armadura de oro y vibrando la lanza. 9 Todos a una bendijeron a Dios

misericordioso y se enardecieron, sintiéndose prontos no sólo a atacar a los hombres

y a los elefantes, sino a penetrar por muros de hierro. 10 Marchaban en orden de batalla,

fiados en aquel auxiliar celestial, señal de la misericordia del Señor hacia ellos,

11 y como leones se lanzaron sobre los enemigos, dejando fuera de combate once mil

infantes y mil seiscientos jinetes. 12 Y haciendo huir a los demás. La mayor parte de

los que se salvaron quedaron desnudos y heridos, y el mismo Lisias se puso en salvo,

huyendo vergonzosamente.

El episodio es paralelo al que se narra en. 1 Mac 4:26-35. Lógicamente, la perícopa debía seguir

a 8:29 y 8:35, pero Jasón tuvo sus razones al colocarla en este contexto. Lisias era tutor (epítropos)

del rey, amigo suyo de infancia y regente del reino (1 Mac 3:32). Con un ejército imponente

— veinte mil soldados más de los que se mencionan en 1 Mac 4:28 — Lisias se dirige a Betsur.

En el texto se fija la distancia en 925 metros, o sea, cinco estadios. El texto se encuentra en mal

estado, siendo muy difícil determinar cuál es la lección primitiva. El códice A lleva la palabra

schoinos, medida de longitud. Según Plinio, un schoinos correspondía a treinta estadios 1, con lo

que se obtiene la distancia aproximada entre Jerusalén y Betsur. Otros códices hablan de cinco

estadios, quinientos y diez mil. Para resolver la dificultad ha propuesto Grimm identificar Betsur

con Beit-Sahur, en el Cedrón, o con la aldea de et-Tur, en el monte de los Olivos.

Tuvo noticias Judas del ataque de Lisias contra Betsur y recurrió súbitamente a la oración,

con palabras que recuerdan Ex 23:30. Escuchó Dios su voz, y he aquí que se presentó a su

vista un jinete vestido de blanco, armado de armadura de oro y vibrando la lanza.

Este ángel bueno (15:23; Tob 5:22) era enviado por Dios para proteger a su pueblo.

Presentóse vestido de blanco (Mt 28:3; Mc 16:5; Jn 20:12; Act 1:10, etc.), estando todavía Judas

en Jerusalén, circunstancia que parece contradecir a 1 Mac (Lc.), en que se dice que Judas acampaba

junto a Betsur. Según nuestro texto, el ángel acompañó a Judas desde Jerusalén a Betsur.

Negociaciones de paz (11:13-38).

13 Como no carecía de discreción, echando sobre sí mismo la culpa de la sufrida derrota

y entendiendo que los hebreos eran invencibles, por tener de su parte al Dios

todopoderoso, les envió un mensajero, 14 proponiéndoles la reconciliación en condiciones

justas y prometiendo persuadir al rey de la necesidad de hacérselos amigos. 15

Aceptó el Macabeo las proposiciones de Lisias, mirando el interés público; y, en

efecto, todo cuanto el Macabeo propuso por escrito a Lisias acerca de las peticiones

1611

de los judíos, fue otorgado por el rey. 16 La carta de Lisias a los judíos era del tenor

siguiente: “Lisias, al pueblo judío, salud. 17Juan y Abesalón, vuestros mensajeros,

me han entregado una comunicación suplicando respuesta a los puntos en ella contenidos.

18 Cuanto era preciso proponer al rey se lo hice saber, y él ha otorgado

cuanto le pareció aceptable. 19 Por tanto, si tenéis vosotros la misma buena voluntad

hacia el reino, yo en adelante procuraré favorecer vuestra causa. 20 En cuanto a los

detalles, he dado encargo a vuestros mensajeros y a los míos de que os los comuniquen

de palabra. 21 Pasadlo bien. Año ciento cuarenta y ocho, a veinticuatro del mes

de Dioscorintio.” 22 La carta del rey decía así: “El rey Antíoco, a su hermano Lisias,

salud. 23 Trasladado a los dioses nuestro padre y queriendo que los subditos de nuestro

reino vivan sin perturbaciones, atentos a sus propios intereses, 24 hemos sabido

que los judíos se niegan a adoptar las costumbres helénicas, como quería nuestro

padre, y prefieren conservar sus propias instituciones, y por esto piden les sea otorgado

vivir según sus leyes. 25 Queriendo, pues, que esta nación viva tranquila, hemos

resuelto que su templo les sea restituido y vivan según las costumbres de sus mayores.

26 Harás, pues, bien en comunicarles esto y concertar con ellos la paz, para que,

sabiendo nuestra voluntad, vivan contentos y alegremente atiendan a sus propios

negocios.” 27 La carta del rey a los judíos es como sigue: “El rey Antíoco, al senado

de los judíos y a los demás judíos, salud. 28 Si gozáis de salud, me alegraré de ello;

nosotros estamos bien. 29 Menelao nos comunica que deseáis volver a juntaros con

los vuestros, 30 y a los que lo hagan hasta el treinta del mes de Xántico les concedemos

la paz y seguridad; 31 y concedemos que los judíos puedan usar de sus comidas

y de sus leyes como antes, y nadie sea en modo alguno molestado por los errores anteriores.

32 He mandado a Menelao que os confirme en estas seguridades. 33 Pasadlo

bien. El año ciento cuarenta y ocho, el día quince del mes de Xántico.” 34 También

los romanos le enviaron una carta, que decía así: “Quinto Mem-mio y Tito Manlio,

legados de los romanos, al pueblo de los judíos, salud.35 Lo que Lisias, pariente del

rey, os ha otorgado, nosotros lo aprobamos. 36 Cuanto a lo que él ha creído deber

someter al rey, enviad luego alguno con instrucciones precisas, a fin de que nosotros

le apoyemos según vuestra conveniencia. Nosotros nos dirigimos a Antioquía. 37 Por

tanto, daos prisa y enviad algunos que nos informen de vuestros deseos. 3§ Pasadlo

bien. El quince del mes de Xántico del año ciento cuarenta y ocho.”

Según 1 Mac 4:35, Lisias regresó a Antioquía avergonzado, reclutando mercenarios para acrecentar

su ejército y volver contra Judas Macabeo. Esto no impide que, viendo las cosas con más

claridad o por haber variado las circunstancias políticas, cambiara de opinión y tratara de negociar

con el enemigo. Hace notar el autor que Lisias “no carecía de discreción” (v.13). Dióse

cuenta de que nadie podía enfrentarse con el Dios todopoderoso de los judíos. Las propuestas

hechas por Lisias fueron aceptadas por Judas, por considerarlas de interés público. Cuatro cartas

contienen negociaciones de paz. El orden que ocupan en el texto no es el que exigen la lógica y

la cronología.

Lisias escribe al pueblo judío anunciando que Juan y Abesalón (1 Mac 2:2; 11:70; 13:11)

le entregaron una comunicación en la que pedían una respuesta sobre puntos concretos. La carta

lleva la fecha del año 148 de la era seléucida (164 a.C.). El nombre del mes Júpiter corintio es

desconocido en la literatura griega. La Vulgata lee Dióscoros, sexto mes del calendario cretense

(febrero-marzo). Las leyes de la crítica textual no autorizan tal cambio, pero parece exigirlo la

1612

correspondencia cronológica.

Antíoco escribe a Lisias diciéndole que está dispuesto a entrar en tratos de paz con los judíos. En

el v.23 supone el rey que su padre Epifanes fue trasladado de este mundo al Olimpo, para regocijarse

en la compañía de los otros dioses. Los autores (Abel, Bévenot, Bickermann, Grandclaudon)

juzgan que a esta carta le corresponde ocupar el último lugar.

A los judíos dirige Antíoco una carta en respuesta a una petición de Menelao. Por la

misma concede un salvoconducto a los judíos que, en el intervalo de quince días, a contar del 15

del mes Xántico hasta el 30 del mismo, deseen marchar a Palestina. Menelao es el sumo sacerdote,

varias veces nombrado con anterioridad (4:27-34. 50). Los destinatarios de la carta son las

autoridades de los judíos (gerousía). La carta está fechada el 15 de abril del año 164 antes de

Cristo, 148 de los seléucidas, y sigue en orden a las de Lisias y de los romanos. Firma la misma

Antíoco Epifanes, o es expedida en su nombre.

También escriben los romanos “al pueblo de los judíos.” A esta carta corresponde ocupar

el segundo lugar en la serie de las cuatro, por confirmar concesiones que Lisias había hecho a los

judíos. Firman la carta Quinto Memmio, la única vez que asoma al escenario de la historia, y Tito

Manlio (o Manilio, Manió), que Niese identifica con Manió Sergio, enviado a Oriente por el

Senado en 165-164. Los romanos no pueden decidir en las cuestiones que se han sometido al

examen del rey antes que no dé éste su parecer. Dicen que van a Antioquía, pero no especifican

si proceden de Egipto o iban a Roma, vía Antioquía, Grecia, o inversamente. La carta está fechada

el 15 del mes Xántico del año 148. La dificultad proveniente de adoptar los romanos el calendario

seléucida queda resuelta al suponer que Jasón unificó la cronología de los documentos,

Acción contra Jope y Jamnia (12:1-9).

1 Concluido este tratado, partió Lisias al rey, y los judíos se entregaron a las labores

del campo. 2 Pero de los jefes que quedaron en la región, Timoteo y Apolonio el de

Genneo, y Jerónimo y Demofón, y a más de éstos Nicanor, gobernador de Chipre, no

les permitían gozar de sosiego y de paz. 3 Por otra parte, los de Jope cometieron un

enorme crimen. Invitaron a los judíos que entre ellos moraban, con sus mujeres e

hijos, a subir en barcas dispuestas por ellos, como si no hubiera enemistad alguna 4

y obrasen conforme al común acuerdo de la ciudad. Aceptaron aquéllos, como deseosos

de la paz y no sospechando nada malo; pero, llegados a alta mar, fueron

echadas al fondo no menos de doscientas personas. 5 Cuando Judas llegó a saber la

crueldad cometida contra los de su nación, dio orden a su gente; e invocando a Dios,

justo juez, 6 vino contra los asesinos de sus hermanos, y de noche puso fuego al puerto,

quemó las naves y mató a cuantos allí se habían refugiado. 7 Habiéndole cerrado

la plaza, se retiró, pero con el propósito de volver de nuevo a exterminar de raíz a

toda la población de Jope. 8 Informado de que los de Jamnia se proponían hacer

otro tanto con los judíos allí domiciliados, 9 cayó de noche sobre ellos e incendió el

puerto y quemó las naves, de modo que la claridad del fuego se veía desde Jerusalén,

a distancia de doscientos cuarenta estadios.

No tardan en reanudarse las luchas de Judas contra Siria. En 1 Mac 5:1-2 se achaca el comienzo

de las mismas a la envidia de las naciones por la prosperidad de Judas. En nuestro texto se hace

responsable de ello a los gobernadores de las aparquías de Celesiria, que azuzan a la población.

El de mayor graduación era Timoteo, que, si no es idéntico al homónimo de 10:37, cabe al menos

identificarlo con el Timoteo de 1 Mac 5:6-11. De Apolonio Genneo no se tienen otras noti1613

cias, como tampoco de Jerónimo y Demofón.

Nicanor hallábase al frente de un destacamento de mercenarios chipriotas y es distinto del

Nicanor protagonista de luchas contra Judea (1 Mac 3:38), hijo de Patroclo (8:9). La aversión de

los helenistas hacia los judíos se manifestó en un episodio lamentable que costó la vida a doscientas

personas. Este crimen es una impiedad. ¿Por qué este paseo en barca? ¿Montaron en ella

por puro placer o para asistir a algún espectáculo náutico? En el programa de los festejos, uno de

los números aprobados por las autoridades incluía un paseo por mar (10-8). El naufragio se achacó

a la .mala voluntad de los helenistas. Siendo judíos la mayoría de los náufragos, corrió la voz

de que se trataba de un plan previamente calculado, A los judíos se les invitó a montar en navíos

preparados para ellos. Al llegar mar adentro, la barca zozobró, hundiéndose con la tripulación.

Judas vengó rápidamente la afrenta. La ciudad fue tomada definitivamente por Simón (1 Mac

13:11; 14:5). También Jamnia fue devastada. Con la hipérbole utilizada quiere decir el autor que

las llamaradas eran visibles desde muy lejos, no pudiendo, sin embargo, divisarse desde Jerusalén,

distante del lugar unos cuarenta y cinco kilómetros.

Judas en Galaad (12:10-31).

10 A nueve estadios de allí, cuando se dirigía contra Timoteo, le salieron al encuentro

no menos de cinco mil árabes y quinientos jinetes. 11 Empeñada la lucha, con la ayuda

de Dios los de Judas salieron vencedores; y los árabes nómadas, vencidos, pidieron

la paz a Judas, comprometiéndose a darles ganado y ayudarles en todo. 12 Judas,

convencido de que en mucho le podían ser útiles, hizo paces con ellos; concluidas

éstas, se retiraron los árabes a sus tiendas.13 Atacó también una ciudad fuerte,

rodeada de foso y murallas altas, poblada por gentes de todas las naciones, que se

llamaba Caspín. 14 Los de dentro, confiados en la fortaleza de los muros y en el

abastecimiento de víveres, insultaban groseramente a los de Judas y les lanzaban

afrentas y dicterios. 15 Los de Judas, invocando al gran Señor del universo, que en

tiempos de Josué, sin arietes ni máquinas de guerra, había derribado los muros de

Jericó, atacaron con fiereza las murallas. 16 Tomada por la voluntad de Dios la ciudad,

hicieron en ella atroz carnicería, hasta parecer como lleno de la sangre que a él

había afluido un vecino estanque de dos estadios de ancho. 17 Después de una marcha

de setecientos cincuenta estadios llegaron a Jaraca, a los judíos llamados tubienses.

18 No pudieron entonces apoderarse de Timoteo, porque, sin emprender nada, se

había ido de aquella región, dejando en cierto lugar una muy fuerte guarnición. 19

Pero Dositeo y Sosípatro, generales del Macabeo, marcharon contra ella, y mataron

a más de diez mil de los que Timoteo había dejado en guarnición. 20 El Macabeo organizó

su ejército por cohortes, puso a aquellos dos al frente de ellas y partió en

busca de Timoteo, que tenía a sus órdenes ciento veinte mil infantes y mil quinientos

jinetes. 21 Así que supo éste la llegada de Judas, envió las mujeres y los niños y toda

la impedimenta a un lugar llamado Camión, que era muy fuerte y de difícil acceso a

causa de lo montuoso y quebrado del terreno. 22 Al aparecer la primera cohorte de

Judas, se apoderó de los enemigos el pánico. Una aparición del que todo lo ve les infundió

tal miedo, que se dieron todos a la fuga, cada uno por su lado, de suerte que

unos a otros se molestaban y con las puntas de las espadas se herían. 23 Judas persiguió

con encarnizamiento a aquellos criminales, matando hasta treinta mil hombres.

24 El mismo Timoteo, caído en manos de Dositeo y Sosípatro, instaba mucho que le

dejasen libre, pues que tenía en su poder a muchos padres y hermanos de judíos,

1614

que no lo pasarían bien si él moría. 25 Dada su palabra con muchas seguridades de

que los restituiría incólumes, le dieron libertad por amor de los hermanos. 26 Partió

Judas contra Camión y contra el santuario de Atargates, donde dio muerte a veinticinco

mil hombres. 27 Después de esta derrota y matanza, emprendió Judas la marcha

hacia Efrón, ciudad fuerte, donde moraba una muchedumbre de diversas naciones.

Jóvenes robustos, ordenados ante los muros, luchaban animosamente, y dentro

había mucha provisión de máquinas y de proyectiles. 28Pero los judíos, invocando

al Omnipotente, que con su poder aplasta las fuerzas enemigas, se apoderaron

de la ciudad y mataron a veinticinco mil de los que estaban dentro. 29Partieron

de allí, atacaron a Escitópolis, que dista de Jerusalén seiscientos estadios. 30 Pero ante

el testimonio de los judíos que allí moraban de que los escitopolita-nos habían sido

benévolos con ellos y en los días de su infortunio les habían guardado muchas deferencias,

31 les dieron las gracias, exhortándolos a continuar siendo benévolos con

los de su linaje; y se vinieron a Jerusalén, próxima ya la fiesta de las Semanas, llamada

de Pentecostés.

La narración, salvo algunas particularidades, es paralela a 1 Mac 5:24-53. El texto puede inducir

a error cuando dice que “a nueve estadios de allí” se enfrentó con un grupo de árabes, ya que fácilmente

podría tomarse la ciudad de Jamnia como punto de referencia. El contexto siguiente induce

a creer que el autor ha juntado bruscamente dos episodios, con lo que se desfiguran las

perspectivas geográficas e históricas. Judas había pasado el Jordán y, al frente de su ejército,

marchaba por la alta planicie de TransJordania. Caspín, que Abel identifica con la actual Kisfín,

al norte de TransJordania, pagó cara su resistencia a Judas. De la horrible carnicería da idea la

imagen utilizada por Jasón de que apareció lleno de sangre un estanque que medía doscientos

setenta metros de largo l. Se discute sobre el significado de Jaraca. Unos la consideran como

nombre propio de lugar, y la identifican con la actual Kerak, a veinte kilómetros al noroeste de

Bosra, en la Batanea. Otros ven en ella un nombre común griego con el significado de trinchera,

campo atrincherado, identificándolo con Diatema (1 Mac 5:8-9). Los judíos de allí llamábanse

tubienses por residir en el país de Tubi (1 Mac 5:13).

Al tener noticia de que Judas llegaba al frente de sus soldados, mandó Timoteo encerrar

en Camión o Carnáin (1 Mac 5:43) a las mujeres y niños, creyendo que por encontrarse allí el

santuario de Astarté, lugar sagrado para los gentiles, respetaría Judas el lugar. Pero nada significaba

la estatua de Astarté para los judíos, acérrimos monoteístas. Judas se apoderó de Camión,

dando muerte a gran número de hombres. Dice el texto que marchó contra el Atargateo, o sea,

contra el templo dedicado a la diosa Syria, llamada Atargates o Deketo. Pero en nuestro texto se

alude más bien al templo de la diosa Astarté, lugar de asilo, que dio su nombre a la población

conocida por Astarot Carnáin (Gen 14:5), o Astarot (Deut 1:4; Jos 8:10)2.

Derrota de Gorgias (12:32-37).

32 Después de la fiesta marcharon contra Gorgias, general de los idumeos. 33 Salió

con tres mil hombres de a pie y trescientos de a caballo; 34 y, trabada la batalla, fueron

pocos los judíos que cayeron. 35 Un cierto Dositeo bacenorense, bravo jinete,

agarró a Gorgias por la clámide, y tiraba de él vigorosamente, queriendo cogerlo vivo;

pero vino sobre él un jinete tracio que le derribó el hombro, y así pudo Gorgias

huir a Maresa. 36 Los soldados de Esdras hallábanse fatigados de la larga lucha; pero

Judas invocó al Señor para que se mostrase su auxiliar y caudillo en la batalla. 37

1615

Entonó en lengua patria un canto de guerra, y, cayendo de improviso sobre los de

Gorgias, los puso en derrota.

Gorgias mandaba el ejército del sur de Palestina, en tierra de Idumea, tomando esta palabra en

sentido amplio (1 Mac 4:15), aliada de los seléucidas. Dositeo no es el mismo personaje de que

se habló en el V.19. El jinete tracio salvó la vida a Gorgias. Los tracios tenían fama de ser buenos

jinetes 3. Maresa o Marisa se encuentra en las inmediaciones de Bet Gibrin (Jos 15:44). Es la

primera vez y la última que se menciona el nombre de Esdras, Esdrín o Esdrías, comandante del

ejército de Judas. La intervención oportuna de Judas atenuó las consecuencias de la derrota, que

nuestro autor deja entrever oscuramente para que el lector no forme un juicio desfavorable de los

soldados campeones del yahvismo.

Sufragios por los muertos (12:38-46).

38 Retrajo Judas su ejército y lo condujo a Odulam. Llegado el día séptimo, purificados

según la costumbre, celebraron allí el sábado. 39 Al día siguiente, como era necesario,

vinieron los de Judas para recoger los cadáveres de los caídos y con sus parientes

depositarlos en los sepulcros de familia. 40 Entonces, bajo las túnicas de los

caídos, encontraron objetos consagrados a los ídolos de Jamnia, de los prohibidos

por la Ley a los judíos; siendo a todos manifiesto que por aquello habían caído. 41

Todos bendijeron al Señor, justo juez, que descubre las cosas ocultas. 42 Volvieron a

la oración, rogando que el pecado cometido les fuese totalmente perdonado; y el noble

Judas exhortó a la tropa a conservarse limpios de pecado, teniendo a la vista el

suceso de los que habían caído, 43 y mandó hacer una colecta en las filas, recogiendo

hasta dos mil dracmas, que envió a Jerusalén para ofrecer sacrificios por el pecado;

obra digna y noble, inspirada en la esperanza de la resurrección; 44 pues si no

hubiera esperado que los muertos resucitarían, superfluo y vano era orar por ellos.

45 Mas creía que a los muertos piadosamente les está reservada una magnífica recompensa.

46 Obra santa y piadosa es orar por los muertos. Por eso hizo el sacrificio

expiatorio por los muertos, para que fuesen absueltos de los pecados.

El sábado veníase encima y no era prudente ponerse al alcance del ejército de Gorgias para retirar

los cadáveres. Judas retrasó su ejército unos quince kilómetros, refugiándose en el lugar del

antiguo Odulam. Los muertos quedaron sobre el campo de batalla a causa de la proximidad del

sábado y para que los soldados no quedasen contaminados al contacto con los cadáveres. Pasada

la fiesta, dióse sepultura a los muertos, acto que, según la Vulgata, realizaron Judas y los suyos.

La noticia de que cada uno de los soldados fue llevado al sepulcro de familia tiene un significado

más bien ideal que real. Al levantar el cuerpo de los caídos en la batalla, comprendió Judas el

porqué de la derrota sufrida: los muertos habíanse contaminado con el pecado de apropiarse el

oro y plata que recubría las estatuas de los ídolos (Deut 7:25) y de llevar escondidas bajo la túnica

ofrendas robadas al templo de Jamnia. Por su pecado los ha castigado Dios. Judas alaba al Señor

por haberle dado a conocer las causas del desastre bélico y por haber demostrado a todos que

nada se oculta a sus ojos. En la oración pidieron a Dios que el pecado no fuera imputado a

los muertos como crimen irremisible. Creían los judíos que los muertos podían alcanzar en el

otro mundo el perdón de algunos pecados, mayormente si los vivientes se interesaban por su

salvación y hacían por ellos acciones satisfactorias (CALMET). Los hechos amonestaban a los

presentes a que no imitaran la conducta de sus compañeros, muertos en castigo de su pecado. Por

1616

el pecado colectivo se ofrecía un becerro, sobre el cual imponían las manos los ancianos de la

asamblea. Su ceremonial se describe largamente en Lev 4:2-5:13. Al final del v.43 hace el epitomador

una reflexión sobre el proceder de Judas, con lo cual manifiesta su fe en la resurrección

de los muertos. Si Judas no esperaba que los soldados muertos resucitaran algún día, era vano y

superfluo orar por ellos. Los v.45-46, en el original griego, dicen: “Así, siendo un pensamiento

santo y bueno considerar que un magnífico galardón está reservado a los que mueren piadosamente,

hizo el sacrificio expiatorio por los difuntos para que fuesen libres del pecado.” Las variantes

de la Vulgata tienden a poner de relieve el valor dogmático del texto. Las palabras “pensamiento

santo y bueno” son palpablemente una glosa redaccional. La Vulgata las conserva y las

une con el contexto siguiente, como si fuese la conclusión lógica de todo el episodio. Sancta ergo

et salutaris est cogitatio pro defunctis exorare, ut a peccatis solvantur.

Tres enseñanzas de gran alcance se desprenden del texto anterior: a) No solamente cree

Judas en la supervivencia de las almas, sino también en la resurrección de los muertos, b) A

los que mueren con sentimientos de religiosa piedad les está reservada una magnífica recompensa

en premio de su conducta religiosa y moral durante el curso de su vida, c) Está convencido

Judas de que un sacrificio ofrecido en sufragio de los difuntos puede lograr que los pecados que

cometieron les sean totalmente perdonados. Los soldados combatieron animosamente por su

Dios y por su patria, pero tuvieron la debilidad de encandilarse por objetos impuros. Con

terminología actual, cabe decir que Judas no veía en ello un pecado mortal, sino más bien una

falta propia de niños irreflexivos. El robo de los objetos no era indicio de un acto de culto con los

ídolos. Ellos, acogiéndose al derecho de guerra, se dejaron arrastrar por la avaricia, cometiendo

con ello un pecado que no trasciende de las esferas de un pecado venial4. Esta impureza, en la

mente de Judas, podía ser causa de que los difuntos no llegaran a la consecución del magnífico

galardón a que tenían derecho por no haber sido totalmente perdonado su pecado. Los que están

en vida, en estado todavía de merecer, pueden, con sus sufragios, lograr que este leve obstáculo

sea removido. Por el carácter del relato puede conjeturarse que el autor sagrado polemiza contra

los negadores de la creencia en la resurrección de que habló en 7:9. En este texto encontramos

esbozada la doctrina de la Iglesia sobre el purgatorio y la práctica de los sufragios por los difuntos,

ut a peccatis solvantur.

Muerte de Menelao (13:1-8).

1El año ciento cuarenta y nueve supieron los de Judas que Antíoco Eupator venía

contra Judea con gran muchedumbre de tropas, 2 y con él Lisias, su tutor y regente

del reino, con un ejército griego de ciento diez mil infantes, cinco mil trescientos jinetes,

veintidós elefantes y trescientos carros armados de hoces. 3 A ellos se había

juntado Menelao, que con grande astucia exhortaba a Antíoco, no llevado de la solicitud

por la patria, sino esperando ser restituido en el poder. 4 Pero el Rey de reyes

excitó la cólera de Antíoco contra aquel criminal; pues como Lisias hiciera ver al rey

que aquél había sido la causa de todos los disturbios, ordenó fuese conducido a Berea

y muerto allí, al estilo del lugar. 5 Había allí una torre como de cincuenta codos

de alto, rodeada por todas partes de cenizas ardientes y coronada por una máquina

giratoria, 6 con la cual arrojaban a las cenizas al ladrón, sacrilego o al autor de algún

otro crimen horrendo. 7 De tal muerte había de acabar el impío Menelao, sin lograr

el honor de la sepultura. 8 Muy justo era que quien tantos pecados cometiera

contra el altar, cuyo fuego y cenizas son santos, en cenizas recibiera la muerte.

1617

La campaña de Lisias tuvo lugar el año 149-150 de la era seléu-cida, correspondiente al año 163-

162 antes de Cristo (1 Mac 6:20). De los cargos honoríficos de Lisias ha hablado el autor en otro

lugar (11:1). Por temor a que Filipo tratara de hacer prevalecer sus derechos de tutor y se amparase

del rey (9:29), llevó consigo Lisias al joven monarca Antíoco Eupator. El texto receptus dice

que “cada uno mandaba un ejército griego de ciento diez mil hombres,” cifra totalmente inaceptable,

que contradice a la de 1 Mac 6:30, y que se opone a la misma mentalidad de Jasón, tan

amante de hinchar los números. Ni griegos ni romanos usaron carros armados de hoces. Se trata

de una costumbre oriental que se extendió por Persia y Egipto l. Poca utilidad tenían tales ingenios

bélicos en un terreno tan quebrado como Palestina. Desde que Judas reconstruyó el templo

de Jerusalén, Menelao residía en Antioquía, aunque nominalmente continuara en su oficio de

sumo sacerdote y jefe de la nación judaica. También para este malvado sonó la hora que “el Rey

de reyes” fijó en sus inescrutables designios para castigarle. Lisias acusóle al rey, quien mandó

fuera ajusticiado en Berea, al estilo del lugar. A un malvado de esta calaña correspondía también

una muerte dolorosa. En Berea se estilaba un género de suplicio digno de él. Se obligaba al condenado

a muerte a subir a una torre de veinticinco metros, llena de cenizas ardientes y coronada

por una máquina giratoria, sobre la cual montaba el reo. A un movimiento de la misma caía éste

fatalmente sobre las brasas, hundiéndose su cuerpo a medida que se agitaba y retorcía por el dolor,

hasta que sobrevenía la muerte. Los persas aplicaban el suplicio de la ceniza 2. El cuerpo de

Menelao fue reducido a ceniza, negándosele los honores de la sepultura. La ceniza que le ahogó

trae a la memoria la ceniza del altar y el fuego sagrado que él había profanado, aplicándosele

la ley del talión (4:26; 5:8-10; 9:6-28).

Batalla de Modín (13:9-17).

9 Iba el rey animado de sentimientos feroces, dispuesto a mostrarse más duro con los

judíos que lo había sido su padre. 10 Informado de ello Judas, mandó a su gente invocar

día y noche al Señor, para que, como siempre, ahora les ayudase, cuando el

pueblo, que apenas había comenzado a respirar, 11 estaba a punto de quedar sin ley,

sin patria y sin templo, y sometido a la tiranía de naciones blasfemas. 12 Cuando todos

a una hubieron rogado al Señor misericordioso con lágrimas y ayunos y postraciones

durante tres días continuos, Judas los animó y ordenó que se preparasen; 13 y

después de consultar a los ancianos, resolvió emprender la marcha antes que el ejército

del rey entrase en Judea y se hiciesen dueños de la ciudad; poniendo la cosa en

manos del Señor, 14 encomendando al Creador del universo el resultado de la batalla

y exhortando a los suyos a luchar animosamente hasta morir por las leyes, por el

templo, por la ciudad, por la patria y sus instituciones. Ordenó su ejército en batalla

junto a Modín. 15 Dio a los suyos el santo y seña: “De Dios es la victoria”; y con la

flor de sus soldados acometió de noche el campamento del rey, matando hasta dos

mil hombres y el mayor de los elefantes con los que llevaba encima. 16 Luego se retiraron

victoriosos, dejando el campo lleno de pánico y de perturbación. 17 Al ser de

día, todo estaba acabado, gracias a la ayuda del Señor, que le había socorrido.

A más peligro, más fervor y oraciones más largas y continuadas. Judas no esperó al enemigo en

Jerusalén; prefirió salirle al encuentro en las cercanías de Modín. Ofrecía este lugar dos grandes

ventajas: la primera se refería a la naturaleza del terreno, montañoso y quebrado, propio para inutilizar

los carros y elefantes del enemigo.

En segundo lugar, por haberse producido en Modín el primer chispazo de la guerra de in1618

dependencia. El lugar influiría favorablemente sobre los ánimos de los combatientes.

Sitio de Betsur (13:18-22).

18 El rey, vista la audacia de los judíos, intentaba adueñarse por astucia de las plazas.

19 Llevó su ejército contra Betsur, plaza fuerte de los judíos, pero se veía rechazado

y derrotado y cada vez menos fuerte. 20Judas proveía de vituallas a los de dentro.

21Un cierto Rodoco, del ejército judío, descubrió al enemigo los secretos de la

defensa. Fue buscado, cogido y encarcelado. 22Por segunda vez el rey entró en tratos

con los de Betsur, y, hechas las paces, se retiró.

Ve el epitomador que su libro se alarga y trata, por consiguiente, de recortar el estilo ampuloso

que empleó en capítulos anteriores. Los hechos que narra corresponden a los que refiere 1 Mac

6:48-63. De Modín fue Lisias hacia el territorio de sus aliados los idumeos, sitiando a Betsur,

con ánimo de avanzar hacia Jerusalén una vez conquistada aquella fortaleza. Rodoco, aunque el

texto no lo diga expresamente, fue muerto en castigo de su traición (10:22).

Tratado de paz (13:23-26).

23 Atacó a Judas, mas fue vencido. Pero, informado de que Filipo, quien había quedado

por regente del rey, se había sublevado en Antioquía, quedó consternado. Luego

pidió la paz a los judíos, jurándoles atender sus justas peticiones; y, reconciliado

con ellos, ofreció sacrificios, honró el templo y ofreció dones. 24 Al Macabeo le acogió

muy bien, y nombró a Egemónidas general desde Tolemaida hasta la región de los

guerrenios. 25 Pero, al llegar a Tolemaida, sus habitantes llevaron muy a mal los

conciertos, e indignados querían romper lo estipulado. 26 Subió entonces Lisias a la

tribuna, se esforzó por defender la causa, logrando aplacarlos, y se volvió a Antioquía.

Tal fue el suceso de la venida y retirada del rey.

Mientras Eupator y el regente Lisias estrechaban el cerco de Betsur, se enteraron de la sublevación

^ de Filipo en Antioquía (19:29). Lisias, que veía en peligro su posición privilegiada, marchó

precipitadamente a Antioquía, lo que le indujo a pactar con los judíos (1 Mac 6:55-63).

Nuestro autor añade que el rey ofreció sacrificios, honró el templo y entregó dones; pero pasa

por alto la noticia de la destrucción de los muros del monte Sión (1 Mac 6:62). El general Egemónidas

nos es desconocido.

Alcimo indispone a los judíos con Demetrio (14:1-11).

1 Al cabo de tres años supieron los de Judas que Demetrio, hijo de Seleuco, había

desembarcado en Trípoli con poderoso ejército y flota 2 y se había hecho dueño de la

tierra, dando muerte a Antíoco y a Lisias, su tutor. 3 Cierto Alcimo, que había sido

antes sumo sacerdote y que en los tiempos de la confusión se había voluntariamente

contaminado, considerando que no había para él otro modo de salvación y de acceso

al altar santo, 4 se vino al rey Demetrio el año ciento cincuenta y uno, trayéndole una

corona de oro, una palma y unos ramos de olivo que se creían procedentes del templo.

Aquel día no pidió nada. 5 Pero, aprovechando la ocasión, propicia a su demencia,

de haber sido llamado a consejo por Demetrio, para preguntarle cuáles eran las

disposiciones y designios de los judíos, respondió: 6 “El partido de los judíos que

1619

llaman asideos, cuyo jefe es Judas Macabeo, fomenta las guerras y las sediciones y

no consiente que el reino goce de paz; 7 por lo cual, yo, despojado de la dignidad paterna,

quiero decir, del sumo sacerdocio, he venido ahora aquí, 8 mirando con toda

lealtad por los intereses del rey y buscando también los de mis conciudadanos, pues,

por la temeridad de aquéllos, toda nuestra nación se halla en ruinas. 9 Date cuenta,

pues, ¡oh rey! de estas cosas; mira por nuestra tierra y nuestra raza oprimida, llevado

de tu desinteresado amor hacia todos. 10 Mientras Judas esté con vida, no podrá

el Estado gozar de paz,” 11 Dicho esto, al punto los restantes amigos, que se hallaban

indispuestos contra Judas, inflaron más el ánimo de Demetrio.

Demetrio escapó de Roma y, a bordo de una nave cartaginesa, desembarcó en las costas de Siria,

en Trípoli, el año 161 antes de Cristo, 151 de la era seléucida (1 Mac 7:1).

Alcimo era de estirpe sacerdotal, pero no de la familia de Onías. Por favor de Eupator y

Lisias, Alcimo sucedió a Menelao en el cargo de sumo sacerdote. Los asideos “fueron los primeros

entre los hijos de Israel que pidieron la paz” (1 Mac 7:13) y reconocieron a Alcimo por legítimo

sumo sacerdote.

Nicanor se dirige a Judea (14:12-14).

12 Logrando que éste llamase luego a Nicanor, comandante anteriormente del cuerpo

de elefantes, y le nombró general de Judea, 13 dándole orden de acabar con Judas,

dispersar a todos los suyos e instalar a Alcimo por sumo sacerdote del santísimo

templo. 14 En seguida, los gentiles, que por temor de Judas habían huido de la Judea,

se agregaron como rebaño a Nicanor, pensando que el infortunio y la calamidad

de los judíos sería su ventura.

Para — distinguir a este Nicanor del homónimo de que habló en 12:2, el autor le caracteriza por

el cargo que tuvo en un tiempo de comandante del grupo de elefantes. Pero los romanos abolieron

el empleo de estos animales en las guerras ya antes del advenir miento de Demetrio.

Revés de Simón en Desáu (14:15-17).

15 Al saber los judíos la venida de Nicanor y la invasión de los gentiles, se cubrieron

de polvo, orando al que eligió a su pueblo para siempre y protegió en todo tiempo

con manifiestos prodigios su heredad. 16 A las órdenes de su jefe, se pusieron luego

en marcha, y vino a darse la batalla junto a la aldea de Desáu. 17 Simón, hermano de

Judas, había venido a las manos con Nicanor; pero, desconcertado un momento por

la repentina llegada de los enemigos, sufrió un revés.

Confortados con la oración, los soldados de Judas presentaron batalla junto a Desáu. Este lugar

nos es desconocido; quizá en el texto primitivo leíase Adasa (1 Mac 7:40), que se encuentra a

unos tres kilómetros de Cafarsalama (1 Mac 7:31) 2.

Amistad entre Judas y Nicanor (14:18-25).

18 A pesar de lo cual, Nicanor, que sabía el valor de los judíos y cuan animosamente

combatían por la patria, temía encomendar a las armas la resolución. 19 Por eso envió

a Posidonio, a Teodoto y a Matatías a proponer conciertos de paz. 20 Después de

1620

un largo examen de las condiciones y de haberlo comunicado el general a la muchedumbre,

de común acuerdo convinieron hacer conciertos de paz. 21 Señalaron el día

en que los dos jefes se reunirían solos, y pusieron dos sillas, una frente a otra. 22 Judas,

sin embargo, había apostado hombres en lugares convenientes, dispuestos a intervenir

si los enemigos cometían alguna perfidia. Así tuvieron el amigable coloquio.

23 En adelante, Nicanor moró en Jerusalén, sin cometer injusticia, y hasta disolvió

las tropas que a manera de rebaños se le habían juntado. 24 A Judas le tenía siempre

a su lado, pues sentía hacia él cordial afecto. 25 Le exhortaba a que se casara y criara

hijos. Y, en efecto, se casó, y, viviendo tranquilamente, disfrutaba de la vida.

Tres mensajeros envió Nicanor a Jerusalén con proposiciones de paz. Difícil es identificar a los

tres enviados. Según 1 Mac 7:27-31, estas negociaciones tuvieron lugar antes del combate de Cafarsalama,

lo que mueve a Grimm, Bévenot, Knabenbauer, a distinguir dos combates, el de Desáu

y el de Cafarsalama. En esta hipótesis, el curso de los acontecimientos sería el siguiente: 1)

batalla de Desáu; 2) negociaciones de paz; 3) derrota de Nicanor en Cafarsalama; 4) amenazas

contra los sacerdotes del templo; 5) derrota y muerte de Nicanor. El v.21 es dudoso críticamente,

pero la idea sustancial es que ambos jefes se entrevistaron en pleno campo, sentados en sillas lujosas,

semejantes a la sella castrensis de los pretores romanos. Aunque la amistad de Nicanor

fuera sincera, sin embargo controlaba de cerca todo movimiento sospechoso del caudillo Judas.

Por indicación de Nicanor, Judas tomó estado, fundó un hogar y gozó de la vida. El verbo koinonein

significa tomar parte en la existencia común de los mortales en vez de guerrear en campaña,

vivir sin hogar ni lugar fijo y matar. La guerra es algo antinatural, por oponerse al instinto de la

procreación y a la armonía que debe existir entre los ciudadanos.

Intrigas de Alcimo (14:26-29).

26 Pero Alcimo, al ver la buena inteligencia de ambos y los pactos concertados, se vino

a Demetrio, acusando a Nicanor de traidora deserción contra el reino, puesto que

se había dado por sucesor a Judas, enemigo del reino. 27 El rey se enojó, e inducido

por las calumnias de aquel malvado, escribió a Nicanor, diciéndole cuánto le habían

desagradado los conciertos hechos y ordenándole que le enviase cuanto antes preso

al Macabeo a Antioquía. 28 Cuando recibió estas órdenes, Nicanor quedó confuso y

sintió gravemente tener que anular lo concertado, sin haber recibido daño alguno de

tal varón. 29 Mas, no siendo posible oponerse al rey, aguardó una ocasión propicia

para ejecutar sus mandatos.

Alcimo veía con malos ojos la camaradería existente entre Nicanor y Judas. De seguir por aquellos

derroteros, sus reivindicaciones quedarían en letra muerta. Por lo mismo acusó a Nicanor de

haber nombrado a Judas diadoco, con lo cual le confería el derecho de ocupar su puesto al morir.

Raptara de relaciones (14:30-36).

30 Observando de su parte el Macabeo que Nicanor se conducía con él más fríamente

y que sus relaciones no eran tan amigables como de costumbre, pensó que tal conducta

era mal indicio; y así reunió a muchos de los suyos y comenzó a guardarse de

Nicanor. 31 Dándose éste cuenta de cuan hábilmente había sido vencido por Judas,

llegó al augustísimo y santo templo en el momento mismo en que los sacerdotes ofrecían

los acostumbrados sacrificios, y les mandó que le entregaran a Judas. 32 Asegu1621

rando ellos con juramento que ignoraban dónde estaba, extendió su diestra hacia el

templo, 33 y juró así: “Si no me entregáis a Judas preso, arrasaré este templo de

Dios, destruiré el altar y elevaré aquí un magnífico templo a Baco.” 34 Los sacerdotes

tendieron las manos al cielo, e invocando al que siempre se había mostrado defensor

de nuestro pueblo, dijeron: 35 “Tú, Señor de todas las cosas, que de nada necesitas,

has tenido a bien establecer este templo de tu morada en medio de nosotros.

36 Preserva, pues, santísimo Señor, por siempre limpia esta casa, que hace poco ha

sido purificada.”

El episodio que en esta perícopa se refiere concuerda fundamentalmente con lo dicho en 1 Mac

7:3355,

Suicidio de Radas (14:37-46).

37 Un cierto Racías, de los ancianos de Jerusalén, fue denunciado a Nicanor como

amante de la ciudad, donde gozaba de muy buena fama, y por su bondad era apellidado

padre de los judíos. 38 En efecto, en los tiempos anteriores había evitado todo

contacto con los gentiles y había atraído sobre sí la acusación de judaismo, exponiendo

por ello su cuerpo y su vida. 39 Deseando Nicanor dar muestra de su mala voluntad

hacia los judíos, mandó más de quinientos soldados a prenderle, 40pues creía

inferir, prendiendo a éste, un golpe a todos los judíos. 41 Estaba la tropa a punto de

apoderarse de la torre de su casa, forzando la puerta de entrada y dada ya la orden

de prenderle fuego. Racías, estando para ser apresado, se echó sobre su espada, 42

prefiriendo morir noblemente antes de caer en manos de criminales y recibir ultrajes

indignos de su nobleza. 43 Mas como a causa de la precipitación no hubiera acertado

a matarse y la tropa invadiera ya la casa, resueltamente corrió al muro y virilmente

se arrojó encima de la tropa. 44 En viéndole se retiraron, y vino a caer en medio

del espacio libre. 45 Aún respiraba, y, enardecido su ánimo, se levantó, y mientras

a torrentes le corría la sangre de las graves heridas, atravesó a la carrera por

entre la muchedumbre, hasta erguirse sobre una roca escarpada. 46 Allí, totalmente

exangüe, se arrancó las entrañas con ambas manos y las arrojó contra la tropa, invocando

al Señor de la vida y del espíritu que de nuevo se las devolviera. Y de esta

manera acabó.

Desairado Nicanor por su fracaso en la captura de Judas, encontró una víctima expiatoria en la

personalidad relevante de Racías, miembro de los ancianos de Jerusalén. El autor describe con

admiración el arrojo de este procer judío, que prefirió darse muerte a caer en manos de gente impía.

Quizá Jasón de Cirene contara lo acaecido con riqueza de detalles; pero nuestro autor se

apodera de aquel relato y lo resume de modo realista, encaminado a poner de relieve los valores

con que contaba el nacionalismo judío. Racías obró de buena fe, y estaba convencido de que

su acción, como la de Eleazar (6:18ss), contribuiría a impresionar favorablemente a sus correligionarios

judíos y a servir de ejemplo de entereza a todos. El autor sagrado siente simpatía por

Racías y no para mientes en el detalle de juzgar de la moralidad de este héroe nacional. Nos sucede

actualmente a nosotros, que admiramos las gestas de un héroe popular, Juan de Serrallonga,

por ejemplo; pero, puestos en el trance de emitir nuestro juicio sobre la moralidad de sus actos,

refrenamos nuestros sentimientos y distinguimos fríamente entre los medios y el fin, entre lo que

se ajusta a la ley suprema de la moralidad y lo que se opone a ella. Desde antiguo esta vivencia

1622

ha sido objeto de vivas discusiones, y hubo heresiarcas (los donatistas) que invocaban el caso de

Racías para justificar la moralidad del suicidio. San Agustín 3 ha expresado su parecer sobre el

caso Racías, diciendo: Factum narratum est, non laudatum; et iudicandum potius quam imitandum.

Heroico fue el acto de Racías, pero no bueno; no todo lo grande es bueno, decía San

Agustín 4. Antiguos comentaristas someten el texto a un examen moral riguroso, tales Cornelio a

Lapide y Calmet.

Racías se mantuvo siempre adicto a las leyes judías, no declinando jamás a la derecha ni

a la izquierda. Hubo otros que, aunque momentáneamente, hicieron concesiones al helenismo; él,

en cambio, combatió de hecho y de palabra contra cualquier contacto o comercio con los gentiles.

Cuanto más relevante era su personalidad, más impresión causaría su captura por las tropas

de Nicanor. Quinientos soldados fueron a prenderle, rodearon su amplio palacio, quizá a las

afueras de Jerusalén, prendiendo fuego a las puertas. Familiares y servidores se encontraban en la

casa de Racías, quienes, asfixiados por el humo de las puertas ardiendo, se refugiaron en la torre

situada en un ángulo del edificio. Habiendo los soldados penetrado en el edificio y llegado a la

torre, comprendió Racías que no había escape posible. En aquel momento, ciego por el odio

hacia el enemigo y obcecado por la idea del honor, atentó contra su vida echándose sobre su espada

(1 Sam 31:4). Con la precipitación falló el primer intento, por lo cual, viéndose ya acorralado

y al alcance de los incircuncisos, corrió hacia el muro y se arrojó sobre la tropa que rodeaba

su casa. Los soldados esquivaron el golpe, y el cuerpo del infeliz dio contra el suelo. Todavía con

vida, se levantó y, por entre la masa de los soldados, corrió hacia una roca que sobresalía, e irguiéndose

sobre ella, se arrancó las entrañas con la mano y las arrojó sobre la tropa siria, cayendo

luego exánime después de invocar al “Señor de la vida y del espíritu que de nuevo se las devolviera.”

El autor subraya la fe de Racías en la resurrección de la carne, devolviéndole Dios la integridad

de su cuerpo. Este episodio encaja perfectamente dentro del libro. Por su carácter tiene

estrecha relación con el martirio de los siete hermanos Macabeos (c.7). Compárase 14:37 con

6:18-23. Aquí, como en el capítulo 7, aparece la fe de los mártires en la resurrección.

Designios de Nicanor (15:1-5).

1 Informado Nicanor de que Judas andaba por los lugares de Samaría, pensó atacarle

con entera seguridad en día de sábado. 2 Los judíos que a la fuerza le seguían

dijeron: “No pretendas aniquilarlos tan salvaje y bárbaramente; respeta el día que

preferentemente ha sido declarado santo por el que todo lo ve.” 3 A lo que aquel

malvado contestó si había soberano en el cielo que hubiera ordenado solemnizar el

día del sábado. 4 Y como ellos le respondiesen: “Sí, hay un Señor, Dios vivo, soberano

del cielo, que ha ordenado celebrar el día séptimo.” 5 “Pues yo — contestó él —

digo que hay un soberano en la tierra que manda tomar las armas y cumplir lo que

conviene al rey.” Con todo, no pudo llevar a cabo su malvado propósito.

Con la muerte de Racías quedaba Nicanor todavía en deuda con el rey, que le reclamaba “enviase

cuanto antes al Macabeo” (14:27). En el ejército tenía Nicanor elementos judíos, apóstatas

unos y ortodoxos otros, aunque de tendencia liberal, que por solidaridad de raza protestaron contra

su designio de echarse encima de Judas y sus gentes en día de sábado y aniquilarlos. Ignoraba

Nicanor que, a consecuencia de un revés (1 Mac 2:32-38), se determinó que podían defenderse

los judíos en caso de ser atacados, pero no tomar la iniciativa del combate (1 Mac 2:41). La

protesta de los judíos enrolados en el ejército de Nicanor demuestra que conservan su fe, al mis1623

mo tiempo que declaran que la ley del sábado es universal, que obliga a todos los hombres indistintamente,

por haber sido promulgada a raíz de la creación del mundo (Gen 2:4). Nicanor no

niega que exista Dios, pero duda de que El haya ordenado el descanso sabático. Sin saber el porqué,

sus proyectos no se realizaron.

Jadas catequiza a los suyos (15:6-11).

6 Mientras Nicanor, en su insensato orgullo, pensaba levantar con Judas y los suyos

un monumental trofeo, 7 éste, puesta siempre su confianza en el socorro del Señor, 8

exhortaba a los suyos a no temer el ataque de los paganos; antes bien, recordando

los auxilios que en tiempos anteriores les habían venido del cielo, esperasen también

ahora del Todopoderoso la victoria, 9 y los alentaba, proponiéndoles testimonios de

la Ley y de los profetas y recordándoles los combates que habían sostenido, dándoles

con esto mucho ánimo. 10 Después de haber levantado sus espíritus, les puso de

manifiesto la falta de fe de los gentiles y la transgresión de sus juramentos; 11 animando

a todos, no tanto con la seguridad de sus escudos y lanzas cuanto con la confianza

de sus alentadoras palabras. Sobre todo los alegró con la relación de un sueño

digno de toda fe.

De nuevo opone el autor dos realidades: la de Nicanor, obcecado por su “insensato orgullo,” y la

de Judas, que condiciona su éxito en la lucha a la ayuda “del Dios de las batallas.” Nicanor piensa

levantar con Judas y los suyos un monumental trofeo, no en el sentido de erigir un monumento

apilando sus cadáveres o amontonando las armas que tenían, sino en el de creer que la victoria

sobre ellos levantaría extraordinariamente su prestigio ante el rey y la nación.

Un sueño misterioso (15:12-16).

12 He aquí el sueño que había tenido: Onías, que había sido sumo sacerdote, hombre

bueno y bondadoso, de venerable aspecto, de suaves maneras, de elegante lenguaje,

que desde su niñez se había ejercitado en toda virtud, tendía sus manos, orando por

toda la comunidad de los judíos. 13 Apareciósele también otro varón, que se destacaba

por la blancura de sus cabellos y por su gloriosa dignidad, nimbado de admirable

y magnífica majestad. 14 Onías dijo: “Este es el amador de sus hermanos, que ora

mucho por el pueblo y por la ciudad santa: Jeremías, profeta de Dios.” 15 Y tenía Jeremías

su diestra y entregaba a Judas una espada de oro, diciéndole: 16 “Toma esta

espada santa, don de Dios, con la cual triunfarás de los enemigos.”

Judas contó un sueño-visión digno de fe (axiópistos). La visión fue la siguiente: apareció el sumo

sacerdote Onías (4:33) en actitud de tender las manos y orando por toda la comunidad de los judíos.

Su bondad y altruismo le caracterizaron ya en vida (3:31; 4:2). Pronto otro venerable anciano

entró en escena; al hacer Onías su presentación, declaró que era Jeremías, profeta de Dios

(2:1-8). De este texto aparece claramente la fe de nuestro autor en la intercesión de los santos a

favor de los mortales.

Preparativos para el combate (15:17-24).

17 Alentados con estas nobles palabras de Judas, capaces de vigorizar y exaltar hasta

el heroísmo las almas de los jóvenes, resolvieron no atrincherarse en el campo, sino

1624

arrojarse valientemente sobre el enemigo, y, luchando con todo valor, decidir la cosa,

puesto que se hallaban en peligro la ciudad, la religión y el templo; 18 pues la solicitud

que por las mujeres, los hijos, los hermanos y parientes tañían era menor que

la que sentían por el templo santo, la más grande y primera de todas las cosas. 19 No

era pequeña la ansiedad de los que en la ciudad habían quedado, inquietos como se

hallaban por la lucha de fuera. 20 Cuando todos esperaban el futuro desenlace, y los

enemigos se acercaban dispuestos en orden de batalla, y los elefantes colocados en

lugares oportunos, y la caballería en las alas, 21 al ver el Macabeo la muchedumbre

que se acercaba, el variado aparato de las armas, la fuerza de los elefantes apostados

en lugares convenientes, levantando las manos al cielo, invocó al Señor, hacedor de

prodigios. Sabía que no por la fuerza de las armas se alcanza la victoria, sino que

Dios la otorga a los que juzga dignos de ella. 22 La invocación fue como sigue: “Tú,

Señor, que enviaste un ángel bajo Ezequías, rey de Judá, que mató del ejército de

Senaquerib a ciento ochenta y cinco mil hombres, 23 envía ahora, Señor de los cielos,

delante de nosotros un ángel bueno que infunda a éstos temor y temblor. 24 Con la

fuerza de tu brazo sean quebrantados los que llegan blasfemando contra tu pueblo

santo.” Y con esto terminó.

La noticia de la visión de Onías y de Jeremías electrizó a los soldados, que decidieron lanzarse a

la ofensiva, conscientes de que de su valor dependía la suerte de sus tres grandes amores: la ciudad,

la religión, el templo. En el lugar paralelo de 1 Mac 7, 43-50 no se habla de los elefantes.

Jasón los introdujo en su texto para obtener un cuadro más impresionante de un general que en

otros tiempos fue elefantarco. En la oración que precedió al combate alude Judas al ángel exterminador

que diezmó el ejército de Senaquerib (2 Re 19:35; 1 Mac 7:41). Pide que mande Dios a

su ángel bueno, como hizo en la expedición de Lisias (11:6-8).

Derrota y muerte de Nicanor (15:25-37).

25 Los de Nicanor avanzaban al son de las cornetas y de los cantos guerreros, 26 en

tanto que los de Judas llegaron a chocar con los enemigos en medio de súplicas y

oraciones. 2? Y mientras luchaban con las manos, oraban en su corazón a Dios; y

así, magníficamente fortalecidos por esta manifestación de Dios, echaron por tierra

no menos de treinta y cinco mil hombres. 28 Terminada la lucha y entregados a la

alegría, hallaron que, revestido de sus armas, estaba Nicanor entre los muertos. 29 Se

produjo un gran clamor y alborozo, bendiciendo al Señor en la lengua patria. 30 Judas,

que en cuerpo y alma estaba todo él atento a la defensa de sus conciudadanos y

había guardado la generosidad de la juventud para sus connacionales, ordenó cortar

a Nicanor la lengua y el brazo hasta el hombro y llevarlos a Jerusalén. 31 Llegado

allí, convocó a los conciudadanos y sacerdotes, y, puesto en pie ante el altar, mandó

venir a los de la ciudadela, 32 mostró a todos la cabeza del impío Nicanor y la mano

que el blasfemo había tendido insolente contra la santa casa del Todopoderoso. 33

Mandó picar en menudos trozos la lengua, echarlos a las aves y suspender enfrente

del templo la mano, como recompensa a su insensatez. 34 γ todos, levantando los ojos

al cielo, bendecían al Señor, diciendo: “Bendito el que ha conservado puro este lugar.”

35 La cabeza de Nicanor se colgó de la ciudadela, visible a todos, como señal

manifiesta del auxilio divino; 36 y por público decreto se mandó no dejar pasar este

día sin solemnizarlo, 37 y que se celebrase el trece del mes duodécimo, que en lengua

1625

siríaca se llama Adar, un día antes del día de Mardoqueo.

¡Qué actitud tan dispar toman los dos ejércitos al iniciar el combate! El de los gentiles avanza al

son de las trompetas y de cantos guerreros; el de Judas, con las armas en la mano, el amor de

Dios en el corazón y la oración a flor de labios. La victoria de Judas fue aplastante; muchos

soldados enemigos cayeron al filo de la espada. Nicanor quedó entre los muertos. Mandó Judas

que le cortaran el brazo hasta el hombro, la lengua y la cabeza, que, como trofeos, debían llevar a

Jerusalén. De la decapitación de cadáveres se habla en la Biblia (Jue 7:25; 1 Sam 17:54; 31:9) Jdt

12:8; 14:1). Los de la ciudadela contemplaron con pavor la cabeza de su jefe. Su lengua, fue picada

y reducida a trozos diminutos y arrojada para ser pasto de las aves del cielo. El brazo de Nicanor

se colocó en un lugar cercano al templo, visible desde su recinto. Probablemente fue puesto

sobre un palo levantado ex profeso o adosado a los muros de la ciudadela.

El 13 del mes de Adar fue declarado fiesta nacional (1 Mac 7:45-50). En el Talmud

(Taanit 2:12) se alude a esta fiesta. Era la víspera de la fiesta de Purim. En atención a esta solemnidad

se prohibió que el día 13, como normalmente corresponde a una vigilia de fiesta grande,

se ayunara y hubiera manifestaciones de duelo. El día 13 de Adar debía computarse como

festivo, día de alegría, por haber desaparecido en él el enemigo de la causa judía. En la historia,

este día fue conocido por el “Día de Nicanor,” que cayó en desuso con el andar de los tiempos.

No parece que sobreviviera al siglo VIII.

Epílogo (15:38-40).

38 Tal fue la historia de Nicanor. Y como desde aquellos días la ciudad ha estado en

posesión de los hebreos, daré aquí fin a mi narración. 39 Si está bien y como conviene

a la narración histórica, es lo que deseaba yo; pero si es imperfecta y mediocre, es

todo lo que he sabido hacer. 40 Como el beber vino puro o sola agua no es grato,

mientras que el vino mezclado con el agua es agradable y gustoso, así también la

disposición del relato siempre uniforme no agrada a los oídos del lector. Y con esto

damos fin a la obra.

El autor sagrado cierra su epítome con una resonante derrota de Nicanor y un triunfo glorioso de

su héroe, Judas Macabeo. Este pierde su vida algo más tarde en lucha con Báquides (1 Mac 9:1-

22), pero no quiere el autor empañar ni empequeñecer la figura de Judas con la narración de

hechos que le sean adversos. La ciudad de Jerusalén no recuperó su total independencia; siguió

perteneciendo al reino seléucida. Como señal externa de sujeción a Siria estaba el Acra, ciudadela,

en el corazón de la capital del judaísmo. Más tarde, en 135, Antíoco Sidetes se apoderó de

Jerusalén y destruyó sus murallas. Pero el templo, que en todo el libro absorbe la atención del

autor, se mantuvo en manos de los judíos, no repitiéndose el sacrilegio de Epifanes de construir

un altar a los dioses paganos. Después de la muerte de Nicanor no se registraron otras destrucciones

parecidas a las que se llevaron a cabo en tiempos de Antíoco Epifanes, ni hubo desmantelamiento

del monte Sión, como en el reinado de Eupa-tor, ni ulteriores tentativas de helenización.

El autor ha logrado el fin que se propuso al escribir su libro, que era el de preconizar dos

fiestas relativas al templo: la de la Dedicación, precedida del castigo de Epifanes, y la del Día

de Nicanor, en conmemoración de la derrota ignominiosa de éste (Abel).

El epílogo termina con una comparación. No es grato beber vino puro o agua sola; pero

es agradable y gustoso el vino mezclado con agua (vinum temperaturu). Aplicando esto último a

su libro, aparece que no fue designio del autor exponer fríamente los hechos, encuadrarlos escru1626

pulosamente en su marco cronológico e investigar todo lo referente a ellos hasta en sus mínimos

detalles. Este método no hubiera sido del agrado del lector. Pero, si se sacrifica la sobriedad de la

historia a un estilo retórico pomposo y patético, se logra una mezcla semejante al vinum temperaturu.

Con ello no quiere decir que en su libro existen mezclados el error y la mentira, sino que su

relato histórico está encaminado a servir de edificación a los lectores; que está escrito con estilo

poético y elegante a fin de que resulte agradable a los oídos de cuantos lo oigan leer (akoas).

Grandclaudon termina la exégesis de este epílogo escribiendo: “Dejamos, pues, a Jasón el fondo

histórico y reconozcamos en el epitomador inspirado la fidelidad a su fuente de información y al

arte de presentarla.”

1 Una más amplia información sobre la fiesta de la Hanuca: F. M. Abel, La féte de la Hanouca: RB 53

(1946) 538-545; H. HOPFL, Das Chanukafest: Β 3 (1922) 165-179; E. So-Lis-Cohen, Hanukkah: The

Feast of Lights (Philadelphia 1937); S. Zeitlin, Hanukka, its origin and its sitznificance: “Jewis Quarterly

Review,” 29 (1938) 1-36; J. Morgenstern, The Chanukkahfestival and the Calendar of ancient Israel:

“Huca,” 20 (1947) 1-136; 21 (1948) 365-490. Según este autor, es la Hanuca una fiesta anterior al exilio.

1 Nat. Hist. 5,10.

1 G. Schumacher, Across the Jordán (Londres 1886) 157-166.

2 Véase F. Cumont, Dea Syria: “Pauly-Wissowa,” t.4 0.2236-2243.

3 Polibio, 5:65:10.

4 IV Sení. d.45 q.2 3.3 ad i.

1 Jenofonte, Anábasis 1:7:10; Polibio, 5:53.10,

2 Verio Máximo, 9:2; ovidio, Ibis 315.

1 Polibio, 31,10,12.

2 Abel: RB 33 (1924) 375

3 Eptst. 204:6-8: PL 33.94.

4 Contra Gaudentium 231:36-40: PL 43:728.

Abreviaturas.

Libros de la Biblia.

Abd Abdías. Jos Josué.

Act Hechos de los Apóstoles. Jue Jueces.

Ag Ageo. Lam Lamentaciones.

Am Amos. Lc Lucas.

Ap Apocalipsis. Lev Levítico.

Bar Baruc. Mac Macabeos.

Cant Cantar de los Cantares. Mal Malaquías.

Col Colosenses. Mc Marcos.

Cor Corintios. Miq Miqueas.

Crón Crónicas. Mt Mateo.

Dan Daniel. Nah Nahum.

Dt Deuteronomio. Neh Nehemías.

Ecl Eclesiastés. Núm Números.

1627

Eclo Eclesiástico. Os Oseas.

Ef Efesios. Par Paralipómenos.

Esd Esdras. Pe Pedro.

Est Ester. Prov Proverbios.

Ex Éxodo. Re Reyes.

Ez Ezequiel. Rom Romanos.

Flm Filemón. Rut Rut.

Fil Filipenses. Sab Sabiduría.

Gal Galatas. Sal Salmos.

Gen Génesis. Sam Samuel.

Hab Habacuc. Sant Santiago.

Heb Hebreos. Sof Sofonías.

Is Isaías. Tes Tesalonicenses.

Jds Judas. Tim Timoteo.

Jdt Judit. Tit Tito.

Jer Jeremías. Tob Tobías.

Jl Joel. Zac Zacarías,

Jn Juan.

Abreviaturas de Revistas y Libros.

Acta Apostolicae Sedis.

Annual Of The American Schools Of Oriental Research.

H. Gressmann, Altorientalische Texte (Berlín Iq262).

Atab. Alttestamentliche Abhandlungen.

Atat. H. Gressmann, Altorientalische Texte Zum Alten Testament (Berlín 19262).

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Bi. Bíblica.

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