04 - 10 - 2.026.
DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO.
PRIMERA LECTURA
La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel.
Lectura del libro de Isaías. (5, 1 - 7.)
Voy a cantar en nombre de mi amigo
un canto de amor a su viña.
Mi amigo tenía una viña
en fértil collado.
La entrecavó, la descantó,
y plantó buenas cepas;
construyó en medio una atalaya
y cavó un lagar.
Y esperó que diese uvas,
pero dio agrazones.
Pues ahora, habitantes de Jerusalén,
hombres de Judá,
por favor, sed jueces
entre mí y mi viña.
¿Qué más cabía hacer por mi viña
que yo no lo haya hecho?
¿Por qué, esperando que diera uvas,
dio agrazones?
Pues ahora os diré a vosotros
lo que voy a hacer con mi viña:
quitar su valla
para que sirva de pasto,
derruir su tapia
para que la pisoteen.
La dejaré arrasada:
no la podarán ni la escardarán,
crecerán zarzas y cardos;
prohibiré a las nubes
que lluevan sobre ella.
La viña del Señor de los ejércitos
es la casa de Israel;
son los hombres de Judá
su plantel preferido.
Esperó de ellos derecho,
y ahí tenéis: asesinatos;
esperó justicia,
y ahí tenéis: lamentos.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial:     Sal. 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20.
(R.:Is. 5,7a.) La viña del Señor es la casa de Israel.
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.
Extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río. (R).
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas? (R).
Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. (R).
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor, Dios de los ejércitos, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve. (R).
SEGUNDA LECTURA
Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Filipenses. (4, 6 - 9.)
Hermanos:
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y súplica con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.
Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.
Y el Dios de la paz estará con vosotros.
Palabra de Dios.
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